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MI ENCUENTRO CON EL SUPERPETROLERO SAMIRAS

19 marzo, 2019 1 comentario

De junio de 2012.

Como todos los años por estas fechas (en esta ocasión algo más tarde), la Capitana y yo nos disponemos a zarpar en un par de días a bordo de Wanawaki. Destino: Sant Carles de la Rápita (Tarragona), al sur del Delta del Ebro. Pasaremos a bordo algo más de un mes y haremos unas 1.100 millas náuticas (2.100 kms).

Y es que en Sant Carles pasa el verano La Dama. Hace tiempo, mucho si contamos los años transcurridos pero muy poco si sólo lo recordamos, la casa de La Dama (mi padre aún vivía) estaba repleta de familia. Más de 30 almas entre hijos y nietos (los biznietos aún no habían llegado) conviviendo en el mismo caserón, viejo y grande. Hoy la Dama, más vieja como lo es el caserón pero mucho más menuda, vive sola con la señora que le cuida. Por eso y porque la adoramos, sus seis hijos vivos (fuimos ocho), sus nueras y yernos, sus 21 nietos y sus 26 biznietos nos buscamos la vida para que esté poco tiempo sola.

Así que el motivo de la travesía es, como el año pasado, visitar a La Dama. Ella es, ya lo habrán adivinado, mi querida madre, ya en sus 94 pero aún feliz. Apenas ve, apenas oye, apenas anda y apenas recuerda nada que no sean viejos recuerdos de juventud, cuando cualquiera de nosotros se los refrescamos para alegrarle la sonrisa, pero es feliz.

Un año para ella es mucho más que un año para nosotros. Así que no sé si este julio me la podré llevar a navegar, como el año pasado cuando tanto disfrutó. Seguro que sí porque, aunque apenas ve, apenas oye y apenas anda, seguro que recuerda las sensaciones que experimentó entonces cuando “mojando la plata” -como dicen los navegantes cuando la escora del barco casi sumerge la tapa de regala del costado de sotavento-, pasaba su mano por la superficie del mar y, en la exageración de su recuerdo, “tocaba los peces”. Así lo cuenta ella.

Zarpamos el 27 de julio, tal vez un poco demasiado tarde. No me gusta navegar en agosto fuera de mi zona porque los puertos están a reventar de ocupación y de precio. Pero no nos fue posible hacerlo antes por razón del involuntario encuentro que tuve con el petrolero SAMIRAS, cuyas consecuencias se terminaron de reparar ayer día 26.

Sucedió a finales de mayo. Era un día tranquilo, con calor para la época, sin apenas viento y con mar plana. Navegábamos la Capitana y yo solos.

La proa apuntaba al Peñón, a Punta Europa. Yo estaba sentado en la bañera y la Capitana tumbada en la cubierta de proa. Amos enfrascados en nuestras respectivas lecturas.

Le pregunto “¿Qué tal vas? ¿Despejada?”; “Sí”, me responde.

Yo también iba bien; y despejado. Al menos eso creía. Corrijo el timón automático para dejar la proa libre de costa y de buques (estábamos como a cinco millas de Punta Europa y de los buques fondeados en su proximidad) y dejo mayor izada, con puntita de motor, y 2-3 nudos de velocidad. Me siento en la bañera a continuar la lectura.

La siguiente noción de conciencia que tenemos es un tremendo ¡CRASH! y un súbito parón del barco.

Nos habíamos empotrado, literalmente, en el costado de babor de un enorme petrolero que estaba fondeado a apenas media milla de Punta Europa. Aterrado yo, me levanto; aterrada ella, se incorpora. No creíamos lo que nos había pasado. Nos hemos quedado dormidos los dos; al menos durante hora y media. El barco había derivado unos grados con el abatimiento y la corriente; los suficientes para que las aguas que eran libres se convirtieran en una masa de hierro de 300 metros de eslora y 20 de francobordo.

Meto motor atrás para separarme. Miro a la cubierta del petrolero y no veo a nadie. Me dijo luego Carmela que dice haber visto a un par de marineros mirando con prismáticos, incrédulos supongo, al estúpido velero que se les echaba encima; debajo, más bien. El caso es que nadie avisó y yo no vi a nadie.

Hago inventario de daños. Afortunadamente nada en el casco; solo sufrieron las estructuras metálicas de proa: el botalón, el púlpito y el soporte de fondeo. Las tres estructuras, consecutivamente, absorbieron el impacto y mantuvieron indemne el casco. Bastante suerte tuve para mi colosal torpeza.

El seguro, muy bien gestionado, se hizo cargo de todo e incluso aproveché la varada, necesaria para la reparación, para limpieza y pintura de casco, que ya le tocaba. Me ahorré más de mil euros con el asunto.

Pero durante meses me quedé con la intriga y el temor de que, en una lectura inversa de la intrigante novela de Justin Scott, El Cazador de Barcos, el petrolero SAMIRAS y su capitán me persiguieran hasta dar con mi barco a pique, de la misma manera en que el marino Peter Hardin logró, tras incontables aventuras, acabar con el petrolero LEVIATHAN, causante del hundimiento de su velero y de la muerte de su esposa.

DE NUEVO EN BUSCA DE LA DAMA

25 junio, 2012 23 comentarios

En las próximas semanas voy a estar algo ausente.

Como todos los años por estas fechas (en esta ocasión algo más tarde), la Capitana y yo nos disponemos a zarpar en un par de días a bordo de Wanawaki. Destino: Sant Carles de la Rápita (Tarragona), al sur del Delta del Ebro. Pasaremos a bordo algo más de un mes y haremos unas 1.100 millas náuticas (2.100 kms).

Y es que en Sant Carles pasa el verano La Dama. Hace tiempo, ya bastante si contamos los años transcurridos pero muy poco si sólo lo recordamos, la casa de La Dama (su marido aún vivía) estaba repleta de familia. Más de 30 almas entre hijos y nietos (los biznietos aún no habían llegado) conviviendo en el mismo caserón, viejo y grande. Hoy la Dama, más vieja como lo es el caserón pero mucho más menuda, vive sola con la señora que le cuida. Por eso y porque la adoramos, sus seis hijos vivos (fuimos ocho), sus nueras y yernos, sus 21 nietos y sus 26 biznietos nos buscamos la vida para que esté poco tiempo sola.

MÁS DE 30 ALMAS, ENTRE HIJOS Y NIETOS…(1991)

Así que el motivo de la travesía es, como el año pasado, visitar a La Dama. Ella es, ya lo habréis adivinado, mi querida madre (vid: La Dama, la Capitana y el Mago), ya en sus 94 pero aún feliz. Apenas ve, apenas oye, apenas anda y apenas recuerda nada que no sean viejos recuerdos de juventud, cuando cualquiera de nosotros se los refrescamos para alegrarle la sonrisa, pero es feliz. Su vida transcurre así, entre Madrid y St Carles, entre el mundo real –cada vez menos percibido– y el mundo de la fantasía. Ya muy próxima al cielo, a dónde quiere pronto volar para reunirse con los otros suyos, a los que –aun sin memoria– no puede olvidar.

A la Dama, en casa le llamamos Abuba, derivación de “abuela” en la media lengua de su primera nieta. Aunque su vida ha transcurrido casi toda en Madrid, es navarra de nacimiento y de corazón. Es brava, ingenua, audaz, simpática, entrañable, guapa,…magnífica. Hasta tiene, sin haber jamás entendido de máquinas y mucho menos de estas modernidades electrónicas, su propio blog. Bien es verdad que no sabe ni lo que es un blog, pero ella es su personaje central. El Blog de la Abuba (http://www.abubadaban.blogspot.com.es/) creado por uno de mis hijos, Jaime, que sí es experto en esas artes. Aunque está desactualizado, en “su” blog se relatan algunas de las anécdotas (“mamadas” en nuestro lenguaje, es decir, cosas de mamá) protagonizadas por ella que dan una idea bastante certera de cómo es.

Un año para ella es mucho más que un año para nosotros. En aquella certera explicación de Martín Fierro sobre la división del tiempo que contaba en una de mis recientes entradas (Cuando tenga 64), la perspicacia del Gaucho no diferenciaba la duración del tiempo en función del tiempo vivido por cada uno. Tampoco era necesario el detalle en su payada con el Moreno. Así que no sé si este julio me la podré llevar a navegar, como el año pasado. Seguro que sí porque, aunque apenas ve, apenas oye y apenas anda, seguro que recuerda las sensaciones que experimentó entonces cuando, casi “mojando la plata”como dicen los navegantes cuando la escora del barco casi sumerge la tapa de regala del costado de sotavento-, pasaba su mano por la superficie del mar y, en la exageración de su recuerdo, “tocaba los peces”. Así lo cuenta ella.

De modo que estas semanas estaré entre la tierra y el mar, entre mi mundo real y su mundo de fantasía. Trataré de traerla un poco hacia el mío y me dejaré llevar un poco hacia el suyo.

LA DAMA EN SUS 93 (julio 2011)

Y si puedo me pasaré por esta casa, cuya puerta dejo abierta. Entrad con confianza y tomad –leed y escuchad– lo que queráis. Que nadie tenga la sensación que embargaba a mi querida Guadiana cuando el año pasado por estas fechas dejé abandonado el blog y subrepticiamente, como con miedo, entró: “He vuelto a entrar en tu espacio y tengo una extraña sensación, me siento como si estuviera deambulando por una casa de la que se han ausentado sus dueños dejando la puerta abierta. Resulta extraño pero me gusta esta sensación de clandestinidad, estoy dando un paseo por aquí y no hay nadie, estoy yo sola, a mi aire, prometo no tocar ni romper nada durante mi visita.”

(Me gustó tu comentario, Guadiana).

Hasta mi vuelta; quizá, antes. Me voy con mi Capitana a ver a La Dama.

Y para ella, esta bella canción de otra dama de su generación:

Moonlight Bay, de Doris Day.

We were sailing along on Moonlight Bay
We could hear the voices ringing
They seemed to say
“You have stolen her heart”
“Now don’t go ‘way”
As we sang love’s old sweet song on Moonlight Bay

(We were sailing along on Moonlight Bay)
(We could hear the voices ringing)
(They seemed to say)
“You have stolen her heart”
“Now don’t go ‘way”
(As we sang love’s old sweet song on Moonlight Bay)

We were sailing along on Moonlight Bay
We could hear the voices ringing
They seemed to say
“You have stolen her heart” (You have stolen her heart)
“Now don’t go ‘way”
As we sang love’s old sweet song on Moonlight Bay
(Sailing through the moonlight on Moonlight Bay)

EL LARGO VIAJE DE UNA VIRGEN

25 febrero, 2012 22 comentarios

VIRGEN DE LAS MERCEDES

Muchos barcos tienen nombres de vírgenes y pocos de dioses. Cierto es que hay muchas más vírgenes que dioses, si no contamos las cientos de deidades mitológicas. Y cierto también que, siendo el marino gente de religión, quizá más por temor que por devoción, pocos pensarían en adoptar nombre de dios pagano para su embarcación excepto, quizá, el de Poseidón, que para algo es el dios del mar.

El barco de la historia de estos días se llamó Nuestra Señora de las Mercedes. La orden que lleva el nombre de esta Virgen fue fundada por San Pedro Nolasco, de quien dicen tuvo la dicha de su aparición, en 1218, y que, de ella, recibió la recomendación de fundar una comunidad para ayudar a socorrer a los que eran llevados cautivos a lugares lejanos. Ni a la Virgen ni al santo les preocupaba, al parecer, cual pudiera ser la razón de la cautividad. Tan solo les interesaba la condición de cautivo y la lejanía de su destino. (Aun saliéndome de la historia, se me ocurre pensar que quizá los de Amaiur pudieran estar interesados en esta fundación religiosa para argumentar las bondades del acercamiento de presos).

Lo cierto es que la Virgen no protegió a la fragata que llevaba su nombre. Muy posiblemente por el hecho de que quienes se trasladaban a lugares lejanos no eran cautivos sino, más bien, captores. Y que lo que llevaban cautivo eran los tesoros de tierras lejanas.

FRAGATA NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

Nuestra Señora de las Mercedes zarpó de Montevideo, al mando del Capitán de Navío Don Jose Manuel de Goicoa y Labart, el 9 de agosto de 1804. Provenía del puerto del Callao, en Perú. Su destino era España, el Puerto de Cádiz. Acompañaban a la Mercedes las fragatas, también de la armada, Medea, Clara y Fama, así como otras cuatro embarcaciones comerciales a las que daban protección: el Castor, la Joaquina, la Dos Amigas y el Astigarraga. Las embarcaciones, tanto las de guerra como las privadas, iban hasta la cofa de tesoros, principalmente plata y oro, extraído de las minas de Perú. Pero también estibaban riquezas privadas (joyas, metales preciosos, telas de vicuña y especias) y la recaudación de la corona española. No es necesario decir que el origen de toda esa riqueza expoliada era Sudamérica.

La duración de una travesía de esas características podría estimarse entre dos y tres meses, dependiendo de los vientos. Teniendo en cuenta los vientos alisios, que soplan de SE en el hemisferio sur y de NE por encima del Ecuador, una travesía con derrota SSW-NNE como la de esta flota es rápida y predecible en su primera mitad, hasta llegar al Ecuador. Una vez sobrepasado este, la ceñida con velas cuadras la hace complicada.

Aún así el viaje fue bien, sin complicaciones, hasta el sur de Portugal. El puerto de destino estaba próximo, apenas a 70 millas; una singladura apenas. La flota había sorteado el riesgo de piratería y, por otro lado, España no estaba en aquellos años en conflictos bélicos con otras naciones europeas. De modo que arribar a puerto era cuestión de horas.

Pero el 5 de octubre de 1804, a la altura del Cabo de Santa María, el viaje se trunca. Una flotilla de fragatas de la armada británica sorprende a la flota española. Aquella sabía cuál era su objetivo; ésta no lo sospechó hasta que tuvo a las fragatas, ahora enemigas, a su barlovento y a distancia de “tiro de pistola”. Imposible la huída, impensable el ataque. Don José Bustamante, Almirante al mando de la española ordena, demasiado tarde, zafarrancho de combate. El mando británico, Comodoro y Vicealmirante de la marina británica Graham Moore, bota una embarcación auxiliar al mando del Lieutenant Ascott hacia la Medea para negociar con Bustamante los términos de una rendición incondicional e inmediata, sin combate y sin sangre. A bordo de la Medea le reciben el Almirante Bustamante y el Mayor General Diego de Alvear y Ponce de León, segundo comandante de la escuadra, a quien acompañaba su hijo Carlos. En la Mercedes viajaban la mujer de Don Diego y sus otros siete hijos.

EL CAÑONAZO IMPACTA EN LA SANTA BARBARA DE LA FRAGATA

Al ver que tardaba en volver, la HMS Indefatigable de Moore dispara un cañonazo de aviso sin apuntar a objetivo.

La flotilla británica confunde la llamada al bote de Ascott con un aviso de orden de combate y el cañoneo empieza. La batalla naval dura poco. Uno de los primeros cañonazos impacta en la santa bárbara de la Mercedes que tarda minutos en hundirse con su tesoro y su tripulación, 230 personas entre las que se encuentran la mujer y los siete hijos de Don Diego. Bustamante rinde entonces la flota que, apresada, toma rumbo a las islas británicas.

Dos meses después, el 14 de diciembre, España declara la guerra a los ingleses. En mala hora; el año siguiente España pierde su flota y con ella su hegemonía marítima: Trafalgar.

Hoy, 25 de febrero de 2012, doscientos siete años después de su salida de Montevideo, el tesoro de Nuestra Señora de las Mercedes llega a España. No a Cádiz, sino a Torrejón; y no a bordo de la Mercedes, sino a bordo de los Hércules del ejército español.

———–

La historia de la negociación con la empresa que rescató el tesoro Odissey Explorer Marine y los juicios en jurisdicción española y americana no es objeto de esta entrada y está, con mucha más información y detalle, explicada en todos los medios de comunicación. Solo comentaré el mérito y la torpeza de quienes extrajeron el tesoro del pecio. El mérito de haber sabido localizarlo con exactitud a la profundidad en que se encontraba y de haber puesto todo su conocimiento, recursos económicos y técnica en su rescate. La torpeza de haber simulado que se trataba de un barco británico, el Sussex, hundido en 1694. El engaño se descubrió porque las monedas fueron acuñadas muchos años después de que el barco británico se hundiera.

Este dato, junto con el hecho de que, por tratarse de una fragata de la armada y no comercial su contenido pertenece al estado de bandera aunque el pecio esté en aguas internacionales, han sido determinantes para que el litigio se fallara a favor de España.

OTRAS AREAS DE BUSQUEDA DEL ODISSEY FRENTE A MI CASA

Esta es la historia, breve, de un largo viaje. Dos siglos después de su inicio y casi cinco años antes de su desenlace, fui testigo directo, aunque no muy cercano, de una parte de la historia. El tesoro se rescató en mayo de 2007. La empresa Odissey le dio demasiada publicidad (sus acciones cotizan en la bolsa americana y el hallazgo era importante). Algunas instituciones españolas, entre ellas el Organismo de Historia y Cultura Naval de la Armada y el Ministerio de Cultura se interesaron por el asunto y, por los datos que reveló Odissey, dedujeron sin demasiada dificultad que el pecio correspondía al Nuestra Señora de las Mercedes.

La armada alertó a las Guardia Civil del Mar. El buque Odissey Explorer estaba a la sazón atracado en el puerto de Gibraltar aunque el tesoro ya volaba rumbo a las Américas.

A bordo de mi Wanawaki hicimos alguna entrada a Gibraltar para verlo de cerca. Ya la prensa y las televisiones hablaban del asunto y un buen día zarpé más temprano de lo habitual rumbo a la roca. Cerca de ella, preferí quedarme navegando en lugar de entrar en la bahía. A media mañana veo asomar la proa del Odisey por detrás de Punta Europa y media hora después observo que unas patrulleras de la Guardia Civil, acompañadas de neumáticas armadas, se acercan e interceptan al Odissey a tres o cuatro millas de la Roca.

Al día siguiente me entero por los medios que el juzgado de la Línea había dictado orden de detención del Odissey, que las patrulleras que intervinieron eran la Descubierta y la Río Pisuerga, conocidas por aquí y que, en medio de una tremenda tensión se produce el siguiente diálogo entre el comandante de la Descubierta y el Odisey:

“-Somos un buque de guerra español. ¿Sabe que está usted en aguas españolas?

-Estamos en aguas internacionales. (el ‘Odyssey Explorer’ proporciona su posición).

-Negativo. Está usted en el Mar Territorial Español. Le conmino a que corrija su posición o nos veremos obligados a abordarles. Cumplo una orden judicial y ésta es mi misión.”

“El viento de Levante en la zona, con rachas de hasta 28 nudos, hacían arriesgado intentar el abordaje del barco. La patrullera solicitó hasta en tres ocasiones al buque explorador que pusiera rumbo a Algeciras. Al no obedecer a sus órdenes, el buque de la Armada cortó la proa del ‘Odyssey Explorer’ mientras la patrullera se colocaba junto a su costado de estribor. A las 11.09, el cazatesoros se plegó a las exigencias de los barcos españoles y puso proa a Algeciras.”

(El texto entrecomillado no es del autor)

EL ODISSEY CON LA PATRUYERA A SU ESTRIBOR

El largo viaje ha terminado. Atrás, en el fondo del océano atlántico, quedan los restos de 269 hombres y mujeres que no pudieron terminarlo. Entre ellos, la mujer y los siete hijos de Don Diego de Alvear y Ponce de León.

Reposan con Los que Nunca Volvieron.

Don Diego habría preferido que su familia quedara en tierra uruguaya para, desde Cádiz, cantarle:

My lover stands on golden sands…
somewhere beyond the sea,
she’s there, waiting for me”

(En algún lugar, más allá del mar, ella me está esperando)

Beyond the Sea, Bobby Darin.

 

 

Somewhere beyond the sea,
Somewhere, waiting for me,
My lover stands on golden sands
And watches the ships that go sailing.

Somewhere beyond the sea,
She’s there, watching for me.
If I could fly like birds on high
Then straight to her arms, I’d go sailing.

It’s far beyond a star,
It’s near beyond the moon.
I know beyond a doubt
My heart will lead me there soon.

We’ll meet beyond the shore,
We’ll kiss just as before.
Happy we’ll be, beyond the sea
And never again I’ll go sailing,
Some sailing.

SON DE MAR (Sailing down my golden river)

7 junio, 2011 13 comentarios

La chimenea hace ya tiempo que no trabaja. Aquellos días de enero en que el temporal fuerte de levante se adueñaba de estas costas ya pasaron y aunque la primavera no ha sido, no está siendo, pacífica, el sol empieza a calentar y los vientos a perder furia. Por su parte, el León del Invierno (entrada de 22-1-11) ha cambiado el pelaje y la melena comienza a volverse algo más rala para capear mejor los calores.

Y aquí estamos, esperando a que pase esta borrasca de primeros de junio para largar amarras. El barco, WANAWAKI, ya está arranchado y mañana temprano terminaremos de estibar. Todo está en orden para, si el tiempo lo permite, zarpar mañana temprano. Punto de origen, desembocadura del Guadiaro; punto de destino, desembocadura del Ebro. Unos cuantos días por el delta, y vuelta a casa.

¿Qué cómo es la vida en un pequeño barco? Depende de para quien. Muchos no la soportarían, muchos la envidiarían. Quienes la conocen, la disfrutan como pocas otras cosas . Claro, que hablamos de un mes, no de toda la vida. Aunque conozco gente que vive en su barco, no se si por carecer de casa o por no quererla y parecen felices. Pero eso es otra cosa; esa vida es otra vida: la vida de los trotamundos o de los que no tienen otros recursos que su barco.

La vida, durante las largas horas de navegación, es deliciosamente rutinaria. La música y la lectura que el León en Invierno disfrutaba frente a su chimenea, le acompañan también a bordo. El crepitar de los leños de enero es ahora el rumor del viento deslizándose entre las velas y de la proa del casco abriendo su camino en la mar mullida. La música, casi siempre agradable al oído, estorba a veces estos otros sonidos; nunca sucede al revés.  

En ocasiones no es así. A veces la mar se encrespa y requiere tu atención; o el viento arrecia y tienes que ocuparte de trimar, arribar rumbo o arriar; o un sonido diferente a los otros te pide que le prestes atención para ver si algo que no debiera suceder puede suceder. El mediterráneo y el mes de junio no siempre son previsibles.

Y al anochecer, excepto que la luna hipnotice y el mar se ponga mimoso, atracaremos en cualquier puerto o fondearemos en cualquier abrigo y, tras dar alivio al cuerpo con un paseo o unas cuantas brazadas, cenaremos a bordo; a la luz del candil y de las estrellas.

Y mañana será otro día. Muy parecido al de hoy, vuelta a la rutina, al casi dolce far niente. Los sentidos alerta para captar todo lo que la naturaleza te regala y el cuerpo dejándose llevar por el barco que se deja llevar por el viento.

Reflexionaba el León en Invierno: “cuando ya se va el dios sol y antes de que se vean las estrellas, encenderemos la chimenea con las piñas que recogimos ayer y nos sentaremos a hablar, a escribir, a leer, a escuchar”.

Reflexionará estos días el león del verano: “cuando ya las estrellas se apaguen y el sol remonte el horizonte, largaremos amarras, izaremos las velas y después nos sentaremos a hablar, a escribir, a leer, a escuchar”.

Y, tanto en invierno como en verano, en otoño como en primavera, “la ambición que el león aún mantiene es, nada más y nada menos que ser razonablemente, rutinariamente, feliz”.

Y, en cada momento, da gracias a la vida. Que Dios nos siga guardando.

Wanawaki ya está “a son de mar”, listo para acogernos; listo para mañana zarpar. Esta noche dormiremos los tres, el barco, la capitana y yo, tranquilos e ilusionados.

Hace tiempo que no traigo música de Pete Seeger, ya conocéis mi devoción por él. Cuando no cantaba Union Songs, gospel o canción política, derivaba hacia lo bucólico o romántico. Esta es una preciosa canción romántica: Sailing Down My Golden River (navegando por my río dorado).

 

SAILING DOWN MY GOLDEN RIVER

 


Sailing down my golden river,

Sun and water all my own,

Yet I was never alone.

Sun and water, old life givers,

I’ll have them where e’er I roam,

And I was not far from home.

Sunlight glancing on the water,

Life and death are all my own,

Yet I was never alone.

Life to raise my sons and daughters,

Golden sparkles in the foam,

And I was not far from home.

Sailing down this winding highway,

Travelers from near and far,

Yet I was never alone.

Exploring all the little by-ways,

Sighting all the distant stars,

And I was not far from home.