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MI ENCUENTRO CON EL SUPERPETROLERO SAMIRAS

19 marzo, 2019 1 comentario

De junio de 2012.

Como todos los años por estas fechas (en esta ocasión algo más tarde), la Capitana y yo nos disponemos a zarpar en un par de días a bordo de Wanawaki. Destino: Sant Carles de la Rápita (Tarragona), al sur del Delta del Ebro. Pasaremos a bordo algo más de un mes y haremos unas 1.100 millas náuticas (2.100 kms).

Y es que en Sant Carles pasa el verano La Dama. Hace tiempo, mucho si contamos los años transcurridos pero muy poco si sólo lo recordamos, la casa de La Dama (mi padre aún vivía) estaba repleta de familia. Más de 30 almas entre hijos y nietos (los biznietos aún no habían llegado) conviviendo en el mismo caserón, viejo y grande. Hoy la Dama, más vieja como lo es el caserón pero mucho más menuda, vive sola con la señora que le cuida. Por eso y porque la adoramos, sus seis hijos vivos (fuimos ocho), sus nueras y yernos, sus 21 nietos y sus 26 biznietos nos buscamos la vida para que esté poco tiempo sola.

Así que el motivo de la travesía es, como el año pasado, visitar a La Dama. Ella es, ya lo habrán adivinado, mi querida madre, ya en sus 94 pero aún feliz. Apenas ve, apenas oye, apenas anda y apenas recuerda nada que no sean viejos recuerdos de juventud, cuando cualquiera de nosotros se los refrescamos para alegrarle la sonrisa, pero es feliz.

Un año para ella es mucho más que un año para nosotros. Así que no sé si este julio me la podré llevar a navegar, como el año pasado cuando tanto disfrutó. Seguro que sí porque, aunque apenas ve, apenas oye y apenas anda, seguro que recuerda las sensaciones que experimentó entonces cuando “mojando la plata” -como dicen los navegantes cuando la escora del barco casi sumerge la tapa de regala del costado de sotavento-, pasaba su mano por la superficie del mar y, en la exageración de su recuerdo, “tocaba los peces”. Así lo cuenta ella.

Zarpamos el 27 de julio, tal vez un poco demasiado tarde. No me gusta navegar en agosto fuera de mi zona porque los puertos están a reventar de ocupación y de precio. Pero no nos fue posible hacerlo antes por razón del involuntario encuentro que tuve con el petrolero SAMIRAS, cuyas consecuencias se terminaron de reparar ayer día 26.

Sucedió a finales de mayo. Era un día tranquilo, con calor para la época, sin apenas viento y con mar plana. Navegábamos la Capitana y yo solos.

La proa apuntaba al Peñón, a Punta Europa. Yo estaba sentado en la bañera y la Capitana tumbada en la cubierta de proa. Amos enfrascados en nuestras respectivas lecturas.

Le pregunto “¿Qué tal vas? ¿Despejada?”; “Sí”, me responde.

Yo también iba bien; y despejado. Al menos eso creía. Corrijo el timón automático para dejar la proa libre de costa y de buques (estábamos como a cinco millas de Punta Europa y de los buques fondeados en su proximidad) y dejo mayor izada, con puntita de motor, y 2-3 nudos de velocidad. Me siento en la bañera a continuar la lectura.

La siguiente noción de conciencia que tenemos es un tremendo ¡CRASH! y un súbito parón del barco.

Nos habíamos empotrado, literalmente, en el costado de babor de un enorme petrolero que estaba fondeado a apenas media milla de Punta Europa. Aterrado yo, me levanto; aterrada ella, se incorpora. No creíamos lo que nos había pasado. Nos hemos quedado dormidos los dos; al menos durante hora y media. El barco había derivado unos grados con el abatimiento y la corriente; los suficientes para que las aguas que eran libres se convirtieran en una masa de hierro de 300 metros de eslora y 20 de francobordo.

Meto motor atrás para separarme. Miro a la cubierta del petrolero y no veo a nadie. Me dijo luego Carmela que dice haber visto a un par de marineros mirando con prismáticos, incrédulos supongo, al estúpido velero que se les echaba encima; debajo, más bien. El caso es que nadie avisó y yo no vi a nadie.

Hago inventario de daños. Afortunadamente nada en el casco; solo sufrieron las estructuras metálicas de proa: el botalón, el púlpito y el soporte de fondeo. Las tres estructuras, consecutivamente, absorbieron el impacto y mantuvieron indemne el casco. Bastante suerte tuve para mi colosal torpeza.

El seguro, muy bien gestionado, se hizo cargo de todo e incluso aproveché la varada, necesaria para la reparación, para limpieza y pintura de casco, que ya le tocaba. Me ahorré más de mil euros con el asunto.

Pero durante meses me quedé con la intriga y el temor de que, en una lectura inversa de la intrigante novela de Justin Scott, El Cazador de Barcos, el petrolero SAMIRAS y su capitán me persiguieran hasta dar con mi barco a pique, de la misma manera en que el marino Peter Hardin logró, tras incontables aventuras, acabar con el petrolero LEVIATHAN, causante del hundimiento de su velero y de la muerte de su esposa.

DE NUEVO EN BUSCA DE LA DAMA

25 junio, 2012 23 comentarios

En las próximas semanas voy a estar algo ausente.

Como todos los años por estas fechas (en esta ocasión algo más tarde), la Capitana y yo nos disponemos a zarpar en un par de días a bordo de Wanawaki. Destino: Sant Carles de la Rápita (Tarragona), al sur del Delta del Ebro. Pasaremos a bordo algo más de un mes y haremos unas 1.100 millas náuticas (2.100 kms).

Y es que en Sant Carles pasa el verano La Dama. Hace tiempo, ya bastante si contamos los años transcurridos pero muy poco si sólo lo recordamos, la casa de La Dama (su marido aún vivía) estaba repleta de familia. Más de 30 almas entre hijos y nietos (los biznietos aún no habían llegado) conviviendo en el mismo caserón, viejo y grande. Hoy la Dama, más vieja como lo es el caserón pero mucho más menuda, vive sola con la señora que le cuida. Por eso y porque la adoramos, sus seis hijos vivos (fuimos ocho), sus nueras y yernos, sus 21 nietos y sus 26 biznietos nos buscamos la vida para que esté poco tiempo sola.

MÁS DE 30 ALMAS, ENTRE HIJOS Y NIETOS…(1991)

Así que el motivo de la travesía es, como el año pasado, visitar a La Dama. Ella es, ya lo habréis adivinado, mi querida madre (vid: La Dama, la Capitana y el Mago), ya en sus 94 pero aún feliz. Apenas ve, apenas oye, apenas anda y apenas recuerda nada que no sean viejos recuerdos de juventud, cuando cualquiera de nosotros se los refrescamos para alegrarle la sonrisa, pero es feliz. Su vida transcurre así, entre Madrid y St Carles, entre el mundo real –cada vez menos percibido– y el mundo de la fantasía. Ya muy próxima al cielo, a dónde quiere pronto volar para reunirse con los otros suyos, a los que –aun sin memoria– no puede olvidar.

A la Dama, en casa le llamamos Abuba, derivación de “abuela” en la media lengua de su primera nieta. Aunque su vida ha transcurrido casi toda en Madrid, es navarra de nacimiento y de corazón. Es brava, ingenua, audaz, simpática, entrañable, guapa,…magnífica. Hasta tiene, sin haber jamás entendido de máquinas y mucho menos de estas modernidades electrónicas, su propio blog. Bien es verdad que no sabe ni lo que es un blog, pero ella es su personaje central. El Blog de la Abuba (http://www.abubadaban.blogspot.com.es/) creado por uno de mis hijos, Jaime, que sí es experto en esas artes. Aunque está desactualizado, en “su” blog se relatan algunas de las anécdotas (“mamadas” en nuestro lenguaje, es decir, cosas de mamá) protagonizadas por ella que dan una idea bastante certera de cómo es.

Un año para ella es mucho más que un año para nosotros. En aquella certera explicación de Martín Fierro sobre la división del tiempo que contaba en una de mis recientes entradas (Cuando tenga 64), la perspicacia del Gaucho no diferenciaba la duración del tiempo en función del tiempo vivido por cada uno. Tampoco era necesario el detalle en su payada con el Moreno. Así que no sé si este julio me la podré llevar a navegar, como el año pasado. Seguro que sí porque, aunque apenas ve, apenas oye y apenas anda, seguro que recuerda las sensaciones que experimentó entonces cuando, casi “mojando la plata”como dicen los navegantes cuando la escora del barco casi sumerge la tapa de regala del costado de sotavento-, pasaba su mano por la superficie del mar y, en la exageración de su recuerdo, “tocaba los peces”. Así lo cuenta ella.

De modo que estas semanas estaré entre la tierra y el mar, entre mi mundo real y su mundo de fantasía. Trataré de traerla un poco hacia el mío y me dejaré llevar un poco hacia el suyo.

LA DAMA EN SUS 93 (julio 2011)

Y si puedo me pasaré por esta casa, cuya puerta dejo abierta. Entrad con confianza y tomad –leed y escuchad– lo que queráis. Que nadie tenga la sensación que embargaba a mi querida Guadiana cuando el año pasado por estas fechas dejé abandonado el blog y subrepticiamente, como con miedo, entró: “He vuelto a entrar en tu espacio y tengo una extraña sensación, me siento como si estuviera deambulando por una casa de la que se han ausentado sus dueños dejando la puerta abierta. Resulta extraño pero me gusta esta sensación de clandestinidad, estoy dando un paseo por aquí y no hay nadie, estoy yo sola, a mi aire, prometo no tocar ni romper nada durante mi visita.”

(Me gustó tu comentario, Guadiana).

Hasta mi vuelta; quizá, antes. Me voy con mi Capitana a ver a La Dama.

Y para ella, esta bella canción de otra dama de su generación:

Moonlight Bay, de Doris Day.

We were sailing along on Moonlight Bay
We could hear the voices ringing
They seemed to say
“You have stolen her heart”
“Now don’t go ‘way”
As we sang love’s old sweet song on Moonlight Bay

(We were sailing along on Moonlight Bay)
(We could hear the voices ringing)
(They seemed to say)
“You have stolen her heart”
“Now don’t go ‘way”
(As we sang love’s old sweet song on Moonlight Bay)

We were sailing along on Moonlight Bay
We could hear the voices ringing
They seemed to say
“You have stolen her heart” (You have stolen her heart)
“Now don’t go ‘way”
As we sang love’s old sweet song on Moonlight Bay
(Sailing through the moonlight on Moonlight Bay)

EL EXTRATERRESTRE

11 enero, 2012 10 comentarios

EL TRIUNFO DEL EXTRATERRESTRE

Ya metido en cosas serias y abandonada por unos días la tontería política, a la que ya volveré, hoy sigo en el mundo de la aventura; de la grandeza humana. Pero hablaré, paradójicamente, de extraterrestres. En concreto, de uno.

No es que lo fuera, pero tal fue su hazaña que así empezaron a llamarle: El Extraterrestre. Hasta entonces, era tan solo Yves Parlier: un navegante francés. Como franceses son, sin duda, los mejores navegantes del mundo, cuando de navegación extrema se trata.

La navegación de aventura está plagada de historias sublimes y también de tragedias. De actos heroicos, de triunfos, de muertes, de desapariciones. No hay derrotas como en otro tipos de competiciones; el hecho de iniciar la competición extrema o la aventura en solitario constituye en sí mismo un mérito notable; terminarla, un éxito, aunque no sea un triunfo. Muy pocos casos de comportamientos innobles se dan en este deporte; no hay doping, zancadillas, juego sucio, tongo,…Tan es así, que alguno de los pocos hechos indignos aislados que sucedieron, terminó con el supremo y último acto de honor (o, quizá, de cobardía; los extremos se tocan): el suicido, para lavar su honor, del indigno. Este fue el caso de Donald Crowhurst, relatado en otra entrada de este blog (héroes y villanos). Quiso triunfar con engaño en la Golden Globe Race de 1968; al no poder afrontar su indignidad descubierta, se quitó la vida.

La hazaña de Ives Parlier es digna de ser contada una y mil veces. Navegante desde crío y con muchos miles de millas en su haber (mini-transat, figaro, varias vendée globe, ruta del ron, etc.) el año 2000-01 tomó la salida en la Vendée, regata de vuelta al mundo en solitario (dirección W-E dejando los tres cabos por babor), sin escalas y sin posibilidad de recibir ayuda externa de ningún tipo. Su experiencia anterior en esta regata era premonitoria: en 1992 rompió el palo nada más zarpar; demoró tres semanas en salir de nuevo. En 1996 chocó con un contenedor y tuvo que abandonar.

La flota zarpó el 18 de diciembre de 2000. Yves gobernaba el Aquitaine Innovations. Tomo pronto la cabeza de la flota y pocos días después de dejar Buena Esperanza por babor, rompió el mástil. Estaba próximo a las Islas Kerguelen, en el índico, más cerca de la Antártida que de cualquier otra tierra. No son mares pacíficos los de esa zona. Olas de 10 metros y vientos de 50 nudos, además de extremas temperaturas, son fenómenos frecuentes.

APAREJO DE FORTUNA

Yves no se planteó abandonar. Frente a la ambición de triunfo de otros compañeros de aventuras (“Only victory is beautiful”solo la victoria es hermosa– decía su skipper en la Ruta del Rhum, Michel Malinovski), Parlier mantenía la filosofía de Bernard Moittessier: “La aventura en sí es hermosa”. Rechazó el rescate y cualquier ayuda externa. Quería llegar a la meta, Sables d’Olonne por sus propios medios y en competición, aunque sabía que llegaría en último lugar. Antes de romper, el mástil –carbono– que tuvo que reparar tenía 25 metros. El barco, que con sus propios medios tuvo que reflotar después de haber embarrancado, 60 pies (20 metros). Y a bordo solo llevaba lo imprescindible. Y a estos efectos, no tiene la consideración de “imprescindible” el equipo necesario para, transportar, reparar, soldar y colocar el mástil roto. Ni “imprescindible” es la alimentación precisa para un mes adicional de regata.

 Como pudo, compuso un aparejo de fortuna y puso proa a Nueva Zelanza, a la Isla Stewart. Muchos cientos de millas de procelosos océanos para afrontarlos con un barco roto.

Así relata la web Nautiblog la odisea:

Parlier logró recuperar un par de fragmentos del palo de carbono, los subió a bordo y se puso a rumiar una solución.

Con un aparejo de fortuna provisional, formado por un trozo de palo para izar la vela mayor con cuatro rizos y el tormentín, puso rumbo hacia las Islas Stewart, al sur de Nueva Zelanda, navegando a 7 nudos, lejos de las planeadas a 30 nudos de los días anteriores, con el barco maltrecho y agotado arribó a la bahía de North Arm, el 8 de enero. Una ensenada protegida y con fondo de arena donde echó el ancla, pero garreó y el barco varó.

VARADO EN LA ENSENADA DE NORTH ARM

Parlier se construyó un pequeño chinchorro con dos cajones de plástico a los que trincó unos depósitos de combustible (las normas de la regata permiten cualquier arreglo siempre que no se acepte ayuda exterior o se desembarque en tierra más allá de la línea de la pleamar) y vestido con su traje de supervivencia, fondeó otro ancla, largó algunos cabos a tierra y ayudándose con los winches consiguió reflotar el barco e inició los trabajos de reparación del aparejo con la intención de continuar en regata.

 Serró y pulió los fragmentos, diseñó una abrazadera de fibra de carbono para unir los dos trozos del palo y preparó la resina que daría rigidez a la unión. Encerró los fragmentos en una caja de plástico, les aplicó el calor de cinco bombillas y de su camping gas y logró cocer un nuevo palo de 18 metros de alto que colocó en el casco ayudándose de la botavara, a guisa de palanca, y de sus outriggers, un trabajo para el que habitualmente se necesita una grúa.

CHINCHORRO DE FORTUNA

 Con el barco en condiciones de navegar de nuevo volvió a la regata, un mes después del accidente. Eso sí, sin camping gas para preparar su comida liofilizada. Y, lo peor, a medida que pasaban los días, le quedaban cada vez menos alimentos. Las limitaciones de peso en estos barcos de competición son tan rigurosas que las raciones que se embarcan están pensadas al detalle. Apenas para 115 días de regata, un 10% más del tiempo empleado por Christophe Auguin, el ganador de la edición anterior con 105 días.

 «Me alimento como un bebé», bromearía Parlier poco después. Redujo su dieta a unas 800 calorías diarias (muy poco, teniendo en cuenta el desgaste que supone tripular en solitario un barco así). Pidió a Jeantot permiso para abrir la balsa salvavidas y extraer las raciones de supervivencia, anzuelos y una línea de nylon. Largó un curricán por la popa, pero los peces raramente entran a un señuelo que se mueve a más de 10 nudos.

 Al doblar el cabo de Hornos, la situación era dramática. Parlier había acabado hasta con su chocolate (con lo que le gusta!) y empezaba a sentir los mordiscos del hambre. Paladeó las últimas tabletas de sus raciones de supervivencia y volvió a poner en marcha su ingenio. Con una bolsa de velas preparó a proa un ingenio para atrapar el ‘krill’ que embarcaba con los rociones. Y, cada mañana, paseaba ansioso por el barco para recoger los minúsculos peces voladores que saltaban sobre la cubierta. También empezó a recolectar algas y a colgarlas de los guardamancebos para comerlas una vez secas.”

REPARANDO EL MASTIL

Culminó la regata el 16 de marzo de 2001, un mes después que Desjoyeaux, el ganador. Pero nadie duda de que el triunfo fue para Yves Parlier, el Extraterrestre. Disfrutó de la belleza de la aventura y de la belleza del triunfo, aunque no ganara la carrera. Se alimentó de coraje.

 Poco tiempo después, el 14 de julio de 2002, fue nombrado caballero de la Legión de Honor.

—————–

Música sobre el mar hay mucha. Incluso he tenido la tentación de traer algo del Holandés Errante (Wagner), aquel barco de vela cuyo capitán hizo un pacto con el diablo y fue por ello condenado a navegar eternamente por los océanos del mundo. Pero no quiero perder lectores y, además, el Extraterrestre llegó a tierra; maltrecho, pero llegó. En cambio, os dejo esta maravilla que me trae recuerdos nostálgicos de niñez: Listen to the Ocean. Cuando yo era niño, envidiaba a Frederick y estaba enamorado de Nina. Con ellos os dejo.

 Hay un mundo de sol y arena
Repleto de cielo y lejos de tierra
Donde la brisa del atardecer acaricia la costa
Como una suave caricia


There’s a world of sun and sand
Full of sky and far from land
Where evening breezes caress the shore
Like a gentle comforting hand

Fragrant blossoms, honey bees
Careless laughter upon the breeze
And lovers fading to pools of deep
Purple shadows among the trees

Listen to the ocean, echoes of a million seashells
Forever it’s in motion
Moving to a rhythmic and unwritten music
That’s played eternally

The sound of a seagull’s distant cry
His wings like parentheses drawn in the sky
And two white birds clinging like foam
To the crest of a wave rolling by

The silence of noon, the clamour of night
The heat of the day when the fish won’t bite
These are the things that remind me of
The day you sailed out of sight

Listen to the ocean, echoes of a million seashells
Forever it’s in motion
Moving to a rhythmic and unwritten music
That’s played eternally

SON DE MAR (Sailing down my golden river)

7 junio, 2011 13 comentarios

La chimenea hace ya tiempo que no trabaja. Aquellos días de enero en que el temporal fuerte de levante se adueñaba de estas costas ya pasaron y aunque la primavera no ha sido, no está siendo, pacífica, el sol empieza a calentar y los vientos a perder furia. Por su parte, el León del Invierno (entrada de 22-1-11) ha cambiado el pelaje y la melena comienza a volverse algo más rala para capear mejor los calores.

Y aquí estamos, esperando a que pase esta borrasca de primeros de junio para largar amarras. El barco, WANAWAKI, ya está arranchado y mañana temprano terminaremos de estibar. Todo está en orden para, si el tiempo lo permite, zarpar mañana temprano. Punto de origen, desembocadura del Guadiaro; punto de destino, desembocadura del Ebro. Unos cuantos días por el delta, y vuelta a casa.

¿Qué cómo es la vida en un pequeño barco? Depende de para quien. Muchos no la soportarían, muchos la envidiarían. Quienes la conocen, la disfrutan como pocas otras cosas . Claro, que hablamos de un mes, no de toda la vida. Aunque conozco gente que vive en su barco, no se si por carecer de casa o por no quererla y parecen felices. Pero eso es otra cosa; esa vida es otra vida: la vida de los trotamundos o de los que no tienen otros recursos que su barco.

La vida, durante las largas horas de navegación, es deliciosamente rutinaria. La música y la lectura que el León en Invierno disfrutaba frente a su chimenea, le acompañan también a bordo. El crepitar de los leños de enero es ahora el rumor del viento deslizándose entre las velas y de la proa del casco abriendo su camino en la mar mullida. La música, casi siempre agradable al oído, estorba a veces estos otros sonidos; nunca sucede al revés.  

En ocasiones no es así. A veces la mar se encrespa y requiere tu atención; o el viento arrecia y tienes que ocuparte de trimar, arribar rumbo o arriar; o un sonido diferente a los otros te pide que le prestes atención para ver si algo que no debiera suceder puede suceder. El mediterráneo y el mes de junio no siempre son previsibles.

Y al anochecer, excepto que la luna hipnotice y el mar se ponga mimoso, atracaremos en cualquier puerto o fondearemos en cualquier abrigo y, tras dar alivio al cuerpo con un paseo o unas cuantas brazadas, cenaremos a bordo; a la luz del candil y de las estrellas.

Y mañana será otro día. Muy parecido al de hoy, vuelta a la rutina, al casi dolce far niente. Los sentidos alerta para captar todo lo que la naturaleza te regala y el cuerpo dejándose llevar por el barco que se deja llevar por el viento.

Reflexionaba el León en Invierno: “cuando ya se va el dios sol y antes de que se vean las estrellas, encenderemos la chimenea con las piñas que recogimos ayer y nos sentaremos a hablar, a escribir, a leer, a escuchar”.

Reflexionará estos días el león del verano: “cuando ya las estrellas se apaguen y el sol remonte el horizonte, largaremos amarras, izaremos las velas y después nos sentaremos a hablar, a escribir, a leer, a escuchar”.

Y, tanto en invierno como en verano, en otoño como en primavera, “la ambición que el león aún mantiene es, nada más y nada menos que ser razonablemente, rutinariamente, feliz”.

Y, en cada momento, da gracias a la vida. Que Dios nos siga guardando.

Wanawaki ya está “a son de mar”, listo para acogernos; listo para mañana zarpar. Esta noche dormiremos los tres, el barco, la capitana y yo, tranquilos e ilusionados.

Hace tiempo que no traigo música de Pete Seeger, ya conocéis mi devoción por él. Cuando no cantaba Union Songs, gospel o canción política, derivaba hacia lo bucólico o romántico. Esta es una preciosa canción romántica: Sailing Down My Golden River (navegando por my río dorado).

 

SAILING DOWN MY GOLDEN RIVER

 


Sailing down my golden river,

Sun and water all my own,

Yet I was never alone.

Sun and water, old life givers,

I’ll have them where e’er I roam,

And I was not far from home.

Sunlight glancing on the water,

Life and death are all my own,

Yet I was never alone.

Life to raise my sons and daughters,

Golden sparkles in the foam,

And I was not far from home.

Sailing down this winding highway,

Travelers from near and far,

Yet I was never alone.

Exploring all the little by-ways,

Sighting all the distant stars,

And I was not far from home.

 

 

 

 

 

HEROES Y VILLANOS

24 mayo, 2010 6 comentarios

Hoy tampoco toca política. Hablaré de comportamientos humanos, de miserias y grandezas; de dignidad y de coraje. Hace unas semanas publicaba un “post”: “Tres Noticias, Tres Ejemplos” en el que refería tres ejemplos de superación, dignidad y coraje, de tres personas totalmente diferentes unas de otras y en situaciones que nada tenían que ver unas con otras. Hace sólo unos días publicaba otro: “Jessica Watson, Olé”, sobre la impresionante hazaña de una chiquilla de 16 años que ha circumnavegado el globo en solitario.

Esta entrada de hoy tiene que ver con las dos referidas. Con la primera, porque se trata de tres comportamientos humanos muy notables, aunque los tres sucedidos con ocasión de un mismo acontecimiento. Con la segunda, porque ese evento al que me refiero era, también, una circumnavegación  en solitario: La Golden Globe Race, antecedente de las míticas BOC Challenge, posteriormente  Velux 5 Oceans y la Vendée Globe.

La historia me la cuenta, yo no conocía los detalles, un buen amigo y buen marino y navegante, además de “recordman” de cruce a nado del estrecho de Gibraltar en mayores de 50 años. Algunos de los que lean esto le identificarán sin demora.

La historia se enmarca en la Golden Globe Race, vuelta al mundo a vela y en solitario; en su edición de 1968. Al contrario que en otras competiciones similares, en esta aventura no se requería, para tomar parte en ella, historial de experto navegante. Esto permitió que además de la crème de la créme de la época, Sir Francis Chichester, Robin Knox-Johnston, Bernard Moitessier, Nigel Tetley y otros, se inscribiera algún neófito con ganas de fama y de triunfo. Este fue el entonces desconocido en el mundo de la vela, aunque navegante amateur, Donald Crowhurst, de 36 años de edad.

Donald construyo para la aventura un trimarán, el Teignmouth Electron, de 40 pies (12 metros), algo novedoso en la época, y mucho más inseguro que los monocascos. Con la premura de tiempo, no pudo completar todo el equipo de seguridad que ideó para compensar tal inseguridad. Tomó la salida con precipitación el último día del plazo permitido, el 31 de octubre de 1968.

Los problemas comenzaron pronto. Durante las primeras semanas la distancia navegada era muy inferior a la planeada y, lo que es peor, con parte del equipo de seguridad sin equipar, la navegación por los mares del sur, por latitudes  “roaring forties” (los “40 rugientes”, como llaman a las latitudes entre los 40º y 50º sur*) suponía un serio riesgo para su vida. Ante esta situación las alternativas eran: la retirada, arruinado y humillado, o continuar la carrera, seguro de su derrota y con riesgo para su vida.

No tomó ninguna de las dos. Adoptó la peor. Convencido de que los adelantos de la época dificultarían el descubrimiento de la trampa, optó por mantenerse navegando por la zona del atlántico sur durante unos cuantos meses, mientras el resto de la flota continuaba la circumnavegación, con la idea de reincorporarse a la competición y “llegar” a la meta en último lugar. Llegando el último no pensaba que nadie fuera a comprobar el rumbo por él seguido. Mientras tanto, iría reportando posiciones falsas. Tan falsas que hubo ocasiones en las que, por los reportes de la organización, el mundo casi le aclamaba ya como virtual campeón.

La competición la ganó Robin Knox-Johnston. Cuando llegó a meta, la organización todavía pensaba que Donald quedaría segundo (y quizá primero una vez computada la diferencia en los días de salida de cada uno).

Pero, finalmente, Donald Crowhurst no ganó. Perdió; perdió la dignidad y la vida. Enloquecido probablemente por el mundo de falsedad que a su alrededor había creado (un navegante solitario, sólo en un entorno hostil durante muchos meses,  se tiene nada mas que a sí mismo y a su imaginación) y aterrorizado ante la perspectiva de dar la cara ante el mundo, decidió saltar por la borda y acabar con todo. Sucedió el 1 de julio de 1969.

Es la historia de un comportamiento indigno al que, quizá, un rasgo final de dignidad  o de cobardía, quién sabe lo que él sintió, puso fin.

Las otras dos conductas a que me refería al principio:

–         Robin Knox-Johnston, ganador de la competición, donó su premio (el equivalente de unos 70 mil euros de hoy) a la viuda e hijo de Crowhurst. Donó el premio pero mantuvo la gloria.

–         Bernard Moitessier, que iba en segunda posición tras Robin decidió sorpresivamente, después de casi seis meses de navegación y con el Cabo de Hornos ya superado y encarando el atlántico en la “recta” final hacia meta, abandonar la carrera para continuar dando otra vuelta al mundo, en solitario pero no en competición. Renunció a la gloria por “su” gloria.

 Agradezco a mi amigo marino que me haya facilitado esta historia, que habla del comportamiento humano ante la adversidad y de la que podemos tomar interesantes lecciones en estos´tiempos confusos.

* Por debajo de esas latitudes se “denominan” a efectos de navegación, los “furious fifties” y los “shrieking –aullantes- sixties”

JESSICA WATSON ¡OLÉ!

17 mayo, 2010 14 comentarios

La edad de los jóvenes está en permanente debate cuando hablamos de sus derechos (Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo), de sus deberes o de sus responsabilidades (Ley penal del menor). Los 16 años pueden ser suficientes para decidir interrumpir el embarazo o insuficientes para asumir responsabilidades penales o, incluso, para comprar una cajetilla de tabaco o una cerveza.

No voy a opinar ahora sobre esto, tiempo habrá de hablar sobre la juventud, pero a la vista de lo que ha hecho esta chiquilla, ¡vaya si son suficientes esos 16 años para asumir responsabilidades y tomar decisiones!

Porque Jessica Watson, australiana, 16 años, acaba de finalizar su vuelta al mundo en solitario, después de recorrer 23.000 millas, en un velero chiquito, 10 metros de eslora. Un velero de 10 metros es un cascarón al que una ola de un metro zarandea como si fuera un barquito de papel en un estanque al que hemos arrojado una piedra. Jessica ha tenido que gestionar calmas, correr o capear temporales, reparar averías, pasar miedos y disfrutar del mar y de su hazaña, durante siete meses de travesía en solitario. Y todo esto con 16 añitos.

Muy pocos adultos han emprendido y completado una hazaña similar. Como menciona la entrada del video que os acompaño, “ha habido más gente en el espacio de los que han navegado alrededor del mundo en solitario”.

Dicen que a lo mejor no homologan su record porque, parece ser, debiera haber navegado por latitudes más septentrionales entre Hornos y Buena Esperanza. Pero, qué más da, la no homologación no quita mérito a su hazaña.

Su página web, que recomiendo visitéis es:
http://www.jessicawatson.com.au

Bravo, Jessica. Que tu ejemplo cunda. Además, eres preciosa.