Archivo

Posts Tagged ‘DOLLY PARTON’

COMO ENCONTRADO, EL PERRO DE LA CAVERNA

25 diciembre, 2014 29 comentarios

El alfarero se adelantó algunos pasos y con voz clara, firme, aunque sin gritar, pronunció el nombre escogido, Encontrado. El perro ya había levantado la cabeza al verlo, y ahora, escuchado finalmente el nombre por el que esperaba, salió de la caseta de cuerpo entero, ni perro grande ni perro pequeño, un animal joven, esbelto, de pelo crespo, realmente gris, realmente tirando a negro, con la estrecha mancha… 

(La Caverna. José Saramago)

 

Ya saben que me gustan los perros y José Saramago.

Como ya conocen si leyeron lo anterior, el perro de las lágrimas no tenía nombre; era conocido por lo que hizo: beber las lágrimas de la mujer del médico, que tampoco tenía nombre. Como no lo tenía su marido, el médico, ni el niño estrábico, ni la mujer de las gafas oscuras, ni el ladrón… ni ninguno de los demás personajes de El Ensayo sobre la Ceguera (1995).

A todos se les conocía por lo que eran o lo que hacían, no por sus nombres. No hacían falta para conocer cómo era por dentro cada uno de ellos.

Los nombres son importantes en las obras de Saramago. Sea por su ausencia, como en el Ensayo de que hablamos, sea por constituir el argumento central, como en Todos los Nombres (1997), aunque sólo el protagonista aparece con el suyo, sea en fin por su descriptiva belleza, como los nombres de Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas, en Memorial del Convento (1982), una de las novelas, junto con la que cito a continuación, más tiernas y humanistas del autor.

En La Caverna (2000), los personajes sí tenían nombre: Cipriano Algor, el alfarero, su hija Marta y su yerno Marcial, Isaura, el sueño de Cipriano…

Y tenía nombre, grandioso nombre,  Encontrado, el perro que sabía que iba a ser encontrado por Cipriano y que conocía cuál iba a ser su nombre antes de tenerlo. Encontrado, el perro que iba a ser uno más en la familia Algor.

Encontrado

Ya saben también, si leyeron, que hace poco más de una semana perdí  a mi perro, que casi no era mío todavía; porque un perro solo puede “ser” de alguien cuando él ha aceptado pertenecer a ese alguien. Y mi perro no había tenido aún tiempo ni de pensarlo. Mucho menos de decidirlo.

Sucedió el día 16 de diciembre. Estaba conmigo desde el 10, menos de una semana. Seis días conmigo, siete días perdido…

Como Encontrado, Achado... Chado

Encontrado, Achado… Chado

Hace un par de días, el 23 de diciembre, siete días después de haberlo perdido y 13 después de haberlo tenido, mientras viajaba de Cádiz a Madrid para disfrutar navidades en familia, recibo una llamada:

  • ¿Es usted Jaime?
  • Sí, ¿Quién le llama?
  • Mire, soy Pilar, de Maikan, la perrera de Talamanca..
  • ¡¡No me diga que lo han encontrado…!!

La conversación continuó un par de minutos, los necesarios para tratar los detalles.

Ayer por la mañana pasé por Maikán para reconocer al perro. Era él: era Chino.

Era Encontrado

No sé cuál fue su historia durante los siete días en que ha estado perdido.  Sea cual fuere, no quiero que me la cuente; quiero que la olvide. Sé, porque lo vi, que estaba más delgado, temblando y con un enorme bulto en la quijada derecha; tan grande, casi, como su cabeza de cachorro.

Un tumor debe de ser, me dijo José Luis, el responsable de Maikan. Impensable que sea un tumor que, hace sólo siete días, no tenía. Debe de ser, respondí yo, un golpe de un coche o una fuerte tumefacción interna provocada por los esfuerzos en deshacerse del collar y correa que debieron de engancharse en algún escollo de su escapada.

Lo ha traído hoy un señor que lo veía desde hace un par de días deambulando por su finca”, me dijo Pilar.

¿Qué habrá comido durante esta semana un cachorro de cuatro meses que no conocía su nuevo entorno? Nada, supongo. Habrá pasado frío y hambre. Y miedo, mucho miedo.

Pero ya está a salvo, como Encontrado, el perro de La Caverna. Ya tiene de nuevo familia, como Encontrado.

Mañana, antes de viajar de vuelta al sur y después de las gestiones necesarias para retirarlo, iré a por él. Intentaré que olvide estos días y trataré por todos los medios de que ella lo acoja y llegue a tenerle una pizca del cariño que Marta, la hija de Cipriano, tuvo con Encontrado.

Y los “¿Cómo habría sido…?” y “Sin duda hubiera tenido…” que con tristeza preguntaba y afirmaba en mi anterior escrito, se convertirán desde hoy en “¿Cómo será?” y “Sin duda tendrá”. Porque este perro, Encontrado, va a tener historia, no sé si breve o larga, como la tuvieron Carola, Fag I, Tom, Fag II, Fag III y Chino, mis otros perros.

Y le voy a cambiar el nombre: ya no será “Chino”. Pero como Encontrado, nombre acertado para personaje de novela, es poco práctico para un perro de caza, le bautizaré con la versión original: “Achado”. La fonética es importante para un perro de caza. Así que será, simplemente, “Chado”.

Él ya lo sabe, aunque todavía no se lo he dicho.

Así que ya estoy feliz. Sólo queda que ella lo acepte. No aspiro a que lo quiera, que lo querrá. No espero que sea para ella tan importante como lo fue Gypsy en esta preciosa canción con la que les dejo.

Escúchenla y lean la letra. Pero deténganse antes del final, porque es un final muy triste

“Ahora, Gitano es mi perro. Lo encontré en una zanja de la carretera.

Y le he llamado Gitano porque le encaja bien el nombre…”

Así lo cantaba ella. Escuchen a la grandiosa Dolly Parton: Gypsy, Joe and me.

We might have slept in a rail yard or camped by the river bank
We fed ourselves from the fruit of the land
And quenched our thirst with rain
We never did allow no roots to grow beneath our feet
Life just had no pattern for Gypsy Joe and me
All we had was each other and the rags upon our back
The closest thing to a home we new was some abandoned shack
But we had all we needed and the rest we didn’t need
Life was free and simple for Gypsy Joe and me
Now Gypsy was my little dog, I found by the road in a ditch
And so I named him Gypsy, cause that name just seemed to fit
Oh and Joe he was my man, the flower of my soul
Thou he never said he loved me, I just always seemed to know
While standing by the highway, thumbin’ for a ride
The speeding wheels of a passing car, took Gypsy’s life
I lost him where I found him and his loss was misery
Now there’s no more Gypsy, there’s just Joe and me
Well the winter came and the snow did fall
And the night was cold and still
And the rags we wore were not enough
And Joe he caught the chill
And he told me how he loved me
And in my arms he went to sleep
Now there’s no more Gypsy, no more Joe, there’s just me
While standin’ here on the edge of this bridge
Lookin’ down I see
The face of Joe and Gypsy, lookin’ back at me
And somewhere in the distance I can hear them callin’ me
Tonight we’ll be together again
Gypsy, Joe and me

Anuncios

ESOS “TESORITOS DE MIERDA”…

9 noviembre, 2012 18 comentarios

EL TRASLADO

–         Hola hijo ¿qué tal?

–         Hola padre. Hasta las narices de limpiar todos estos “tesoritos de mierda” de Liza.

Transcurría esta conversación a la vuelta de mi hijo Alejandro de NY, donde había pasado un par de años, a su país de residencia habitual, Panamá. Con él llevó a su novia canadiense –con la que se casaba semanas después– y ésta llevó con ella todas sus pertenencias, ya que trasladaba su centro de intereses vitales con carácter definitivo.

Muchas de esas pertenencias eran lo que mi hijo, en acertada definición y harto de limpiar y ordenar, calificó como “tesoritos de mierda”.

Los tesoritos

Recientemente he cambiado mi domicilio ocasional –hace años que no es el  habitual– de Madrid. En un serio ejercicio de “regreso” (de “downsizing”) he pasado de un piso de 270 metros (en el que aterricé hace años desde un chalet de doble superficie) a un “loft” de muy poco más de cien; suficiente para lo poco que venimos a Madrid y lo escasa que ha quedado ya la familia.

Imagínense a una señora de Botero tratando de introducir sus pies, luego sus piernas, después sus muslos y finalmente sus generosas nalgas, en una braguita talla adolescente. Algo parecido, eliminando el elemento morboso o sensual, se experimenta al tratar de introducir una vida de tantos años y tanto trasto a la espalda en un caparazón chico, del tamaño de cuando uno empieza su vida adulta.

En esta tesitura, obligado por una pura cuestión física y aconsejado por el sentido común, he tenido que afrontar la realidad: todo no cabe; hay que desprenderse de más de la mitad; de mucho más de la mitad. Y así, con tesón digno de empeños más nobles, comencé hace días a trabajar en un proceso de selección de muebles, cuadros, marcos, fotos, libros, documentos, ropa, alfombras, adornos, lámparas, vajillas, cristalerías, cuberterías, baterías de cocina, enseres domésticos varios y chorradas de todo tipo.

Había que decidir cuáles se venían con nosotros y cuáles no.

Y de estos últimos, es decir de los objetos que no vendrían con nosotros, seleccionar aquellos que estando aún en buen uso podrían guardarse en trasteros para nunca más utilizarlos, los que se podían regalar a familiares o amigos, los que se podrían entregar en centros de beneficencia y, finalmente, aquellos de los que habría definitivamente que prescindir.

En esta labor, me vino al recuerdo la conversación con mi hijo. Los tesoritos de mierda me rodeaban físicamente, apilados y desordenados fuera de sus escondites y lugares habituales donde no molestaban. Suponían además una parte importante de mis preocupaciones cotidianas.

Pertenecen estos tesoritos a todas y cada una de las categorías antes citadas en función del destino final; muy especialmente, a la primera: las cosas que se vienen con nosotros y que seguirán siendo inútiles; y a la última: las que hay que tirar definitivamente para no volver a verlas.

El ejercicio de selección duró días y me sumergió en una permanente duda:

¿Qué hago con esto?… No lo he visto en años, pero qué pena tirarlo… Si no lo tiro ¿dónde lo pongo?… Joder, es que me lo regaló fulanito…Coño, aún recuerdo el día en que gané este trofeo…Y el día en que me concedieron esta plaquita…¿Cómo voy a tirarlo?…¿Quizá lo podría querer menganito?…

Espera…no, no voy a tirarlo. Cuando ya faltemos, seguro que mis hijos disfrutarán con todas estas cosas y nos recordarán…

(Y una mierda, dirían mis hijos si escucharan mis pensamientos. No nos dejes el marrón; tíralo tu)

LOS TESORITOS DE MIERDA

Los recuerdos de una vida

Así son los traslados en estas edades tardías que algunos tenemos aún la suerte de vivir y, sobre todo, de disfrutar. Nos cuesta despegarnos de las cosas acumuladas a lo largo de la vida como nos cuesta quitarnos esos kilos que ya sobran.

Sin embargo, afrontada con filosofía, la tarea se convierte en un emotivo repaso visual de tu vida pasada. Es más que simplemente recordarla. El recuerdo, sólo, evoca imágenes ideales, no reales, y ciertamente con poco detalle; pero si ese recuerdo es motivado por un “tesorito de mierda” sostenido en tus manos y que posiblemente no vuelvas a ver, tu mente te transporta al pasado con una inmediatez digna de las películas de H. G. Wells y sin apenas esfuerzo de imaginación. Y los detalles se te aparecen vívidos y reales.

Y así, vuelves a vivir aquel día en que organizaste –y ganaste esta copa tan linda– aquella regata de windsurf. Recuerdas quién estuvo, qué vientos y mar tuviste, qué orgullo te embargó cuando te entregaron el trofeo…

O aquel otro en el que, muerto de miedo, diste tu primera charla profesional ante más de cien personas y te felicitaron, y te dieron esta plaquita de plata con el agradecimiento cincelado en ella que ahora, con cierta añoranza, vuelves a leer después de tantos años…

O los felices días del viaje de novios en que recorríamos con nuestras motos de campo el Valle de Arán y, al atardecer, muertos de cansancio y sucios de barro, como nos vemos en esta foto, ¿ves, te acuerdas?, nos refugiábamos en la iglesita de Artiés a escuchar aquellos conciertos de música barroca que descubrimos la tarde de aquel lejano martes lluvioso de agosto del 77…

O quizá recuerdes el primer beso fugaz con aquella novia efímera que tuviste y que, como no fue cosa seria, le contaste a tu mujer e, incluso, mantuviste sin ocultar esta fotografía en la que aparece tan chiquilla…

O te emociones al contemplar esta otra imagen en la que caminas abrazando la cintura de una novia menos fugaz. Tan menos fugaz que es la que hoy, cuarenta años después, contempla conmigo y con indisimulada emoción esta fotografía en blanco y negro que revelé, como hacía entonces, en mi laboratorio doméstico.

O recreas los felices días de campo, setas y caza furtiva (con los cartuchos que yo mismo me fabricaba en mi maquinita de recargar), que pasamos en lo de Manolo Corona -¿ves estas fotos?- con mi querida hermana Blanca, a la que tanto queríamos y que murió en un día triste, el de mis cincuenta. Un día que debió haber sido de conmemoración y alegría pero que fue de muerte y de tristeza infinita…

O te ves de nuevo en aquella sierra, cuando abatiste tu primer trofeo de caza cuando no tenías un duro y cazabas medio de matute; este ciervo de ocho puntas, ya descolorido, que ahora te observa desde sus cuencas vacías y que hoy sin duda dejarías que siguiera su trote. Pero que, entonces, te colmó de satisfacción…

O sopesas si tirar o dar en la parroquia estos trajes que, a pesar de que aún están de buen uso, tus hijos no quieren; y que tu sabes que no te los volverás a poner porque ya usas poca corbata y, además, te va a costar quitar esos tres o cuatro kilos que permitirían un digno portar con la chaqueta debidamente abotonada y sin hacer arrugas…

O quizá te entristezca saber que no tiene sentido conservar estas cajas de música, ya viejas pero que alguna aún ¿la escuchas, mi niña? Funciona. Las que con ilusión traías a tu mujer, una cada vez, a la vuelta de los viajes de trabajo…

…EL DÍA EN QUE ORGANICÉ AQUELLA REGATA…

Las decisiones

Y así pasan las horas de los días previos al traslado. Hechos, ella y yo, un mar de dudas entre la nostalgia del pasado, la realidad del presente y la magra posibilidad física y espacial del futuro.

Y es entonces cuando vienen de golpe, porque no podemos estar toda la vida que queda decidiendo que hacer con la vida que pasó, las decisiones: drásticas, radicales, frías. Fuera nostalgia, no hay tiempo para blandenguerías ni espacio para tesoritos de mierda. Que los recuerdos aprendan a recordar sin ayudas externas.

Y fue entonces cuando vino a casa un platero que convirtió en moneda de cambio unos cuantos kilos de plata, que tenían bellas formas de copa, de árbol, de vela, de jarra, de barco, y que habían sido ganados con orgullo y esfuerzo en competiciones de buena lid…

Y también vino un señor que se llevó los trajes y otros enseres que se acababan de convertir en inútiles y que ya decidiría él que hacer con ellos…

Y luego vino un sobrino que se llevó, en su viejísima furgoneta hippie que le hizo feliz años atrás y que dentro de poco será uno de sus “tesoritos de mierda”, un par de sofás y un enorme cuadro pintado por otra sobrinita mía en sus inicios de pintora…

Y después vino un camión que se llevó todas las sillas, mesas, lámparas y trastos, trastos, trastos que habíamos desechado, a no sé dónde…

Y, finalmente, vine yo y tiré el ciervo de ocho puntas, los diplomas, las plaquitas conmemorativas, las cajas de música, los ceniceritos de ónix, las botellas de licor con formas de fantasía, los trofeos que no eran de plata, los miles de jabones, geles, peines y cepillitos de dientes que traíamos de los hoteles en nuestros viajes iniciales, los viejos archivos de documentos que ya nunca serán necesarios, los marcos descuadrados, los cables de viejos ordenadores, los cargadores de viejos teléfonos, las docenas de bolígrafos medio buenos y con su tinta reseca, la caja de puros con humidificador, las pipas, las casitas -“pedreras”- de porcelana, las botellas de vino cosecha 70’s que guardaba para las ocasiones que nunca vinieron, hasta que el vino se pudrió, los…

Y tras tirar para siempre todos esos tesoritos de mierda que un día nos alegraron la vida y que hoy nos la amargarían si no sabemos hacerles frente, descansé; descansamos.

Pero no tiré fotos, aunque nos inundan; y no tiré libros, aunque apenas nos caben ahora; y no tiré las cartas que fueron escritas por personas que se querían, aunque ya nadie nunca vuelva a leerlas; y no tiré nuestras cartas porque quizá, cuando uno de los dos ya no esté, sí vuelvan a ser leídas…

Eso son tesoros de verdad, no tesoritos de mierda.

Y tampoco tiré mi colección de perritos de porcelana, interrumpida hace mucho, pero a la que guardo especial cariño. Quizá sea porque todos los perritos los compré yo y nadie me regaló ninguno.

LA COLECCIÓN DE PERRITOS DE PORCELANA

Y las sorpresas olvidadas

En esta ardua tarea también encontré algunas cosas. Entre viejos papeles, una cuartilla suelta, escrita con lapicero:

Cuando algún día seas capaz de oír la melodía que produce

            Un sentimiento de amor

O el dulce canto que provoca un rayo de sol cuando rompe por primera vez

            En los ojos de un niño,

Tal vez entonces seas capaz de comprender que todo esto es igual

Que la creación de las naciones

O la muerte de los reyes.

Creo saber quién es su autor, autora en este caso. Algo de ella navega por este blog.

Y también encontré interesantes diálogos cibernéticos de los primeros tiempos del correo electrónico. Viejas cartas de uno de mis hijos, el de los tesoritos, que hace ya muchos años cambió estas tierras por las de El Salvador, Afganistán, Panamá, Haití… y que darían para biografiar su parte de vida ya transcurrida. Cuentan tremendas historias de personas que nunca pudieron acumular esos tesoritos de mierda que a todos nos sobran. Tan solo conservan duros recuerdos de triste niñez, noches heladas y días ardientes. Y mortales hambrunas.

Algún día con su permiso, o mejor con su propia pluma, las relataré.

Y la música

Como la historia de aquella niña cuyo único tesoro era el abrigo de muchos colores que su mamá tejió para ella, aprovechando una caja de retales que alguien le regaló. Nadie la comprendía, pero ella era feliz embutida en su Coat of Many Colours. Y con la historia que su madre le contó sobre José y la Biblia.

La escribió Dolly Parton (ya conocéis mi debilidad por la música country). Ella misma la canta junto con Melissa Etheridge en esta preciosa versión.

So with patches on my britches
Holes in both my shoes
In my coat of many colors
I hurried off to school
Just to find the others laughing
And making fun of me
In my coat of many colors
My momma made for me

Así, con remiendos en los calzones

Y agujeros en los zapatos

Corrí a la escuela

Con mi abrigo de muchos colores.

Solo para ver a todos reírse de mí.

No lo podía entender,

Ya que me sentía rica…

Les relaté la historia

Que mi madre me contó

Y por qué mi abrigo de muchos colores

Tenía más valor que toda su ropa.

 

 

Back through the years
I go wonderin once again
Back to the seasons of my youth
I recall a box of rags that someone gave us
And how my momma put the rags to use
There were rags of many colors
Every piece was small
And I didn’t have a coat
And it was way down in the fall
Momma sewed the rags together
Sewin every piece with love
She made my coat of many colors
That I was so proud of
As she sewed, she told a story
From the bible, she had read
About a coat of many colors
Joseph wore and then she said
Perhaps this coat will bring you
Good luck and happiness
And I just couldnt wait to wear it
And momma blessed it with a kiss
Chorus:

My coat of many colors
That my momma made for me
Made only from rags
But I wore it so proudly
Although we had no money
I was rich as I could be
In my coat of many colors
My momma made for me

So with patches on my britches
Holes in both my shoes
In my coat of many colors
I hurried off to school
Just to find the others laughing
And making fun of me
In my coat of many colors
My momma made for me

And oh I couldnt understand it
For I felt I was rich
And I told them of the love
My momma sewed in every stitch
And I told em all the story
Momma told me while she sewed
And how my coat of many colors
Was worth more than all their clothes

But they didn’t understand it
And I tried to make them see
That one is only poor
Only if they choose to be
Now I know we had no money
But I was rich as I could be
In my coat of many colors
My momma made for me
Made just for me