UN PAR DE HOMBRES NOTABLES (…y José María)

11 febrero, 2014 16 comentarios

 

¿Cuál es esa “otra” motivación de Jaime, de la que les hablaba ayer?

Él mismo nos la cuenta:

“Nado porque puedo, por los que no pueden”

jc-bg_home

“Realmente soy afortunado de poder nadar y hacer lo que me gusta. Pero mi verdadera fortuna ha sido emprender esta andadura con la Asociación Siempre Adelante y desde el primer momento he conocido a algunos afectados por ELA y familiares que han ido reforzando este compromiso y ganas de hacer más y más cosas por ellos.

En todas y cada una de mis Travesías he tenido ganas de abandonar por diferentes motivos. He de reconocer que tengo mucha fuerza de voluntad, pero también tengo que dar las gracias a personas como: mi tío Jose Mari, Gonzalo, Iván, María, Fran, Agueda, Isabel, Juan, Jose Luís,…, que son quienes de verdad me han ayudado a valorar lo que de verdad importa y trasladando esto a las ganas de abandono que comento, suelo pensar y repetirme en esos y otros momentos de flaqueza: “Jaime, lo que te está pasando (frío, cansancio, agobio psicológico por pensar que no avanzas suficiente, …) es algo pasajero, lo que no es pasajero es tener una ELA o similar. Así que, sigue y hazlo por ellos”. (www.jaimecaballeronadador.com)

—————————————————-

Y es aquí donde Jaime conecta, hoy a través mío, con ese otro hombre notable que fue mi querido amigo José María Cervelló Grande. Un hombre Grande de verdad, no solo por el apellido.

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad perra, en el peor sentido del término. Una vez que agarra, ya nunca suelta la presa. Comienza por afectar a la movilidad corporal hasta que, al poco tiempo, te lleva a la silla de ruedas. Continúa paralizando los músculos de la expresión hasta que, poco tiempo después, te impide hablar, incluso casi sonreír levemente. Y sigue sin descanso, afectando al aparato digestivo; ya no puedes comer. Cuando llega a los músculos del aparato respiratorio, aún puedes “vivir” un tiempo si te practican la traqueotomía y añades un aparato respiratorio a los muchos otros artilugios que ya controlan tu vida.

Es poco frecuente y tal vez por eso, porque no hay una “multitud de potenciales clientes”, no se investiga lo suficiente. O quizá sí se investiga y no es posible hallar remedio.

El caso es que mi amigo José María tuvo la mala fortuna de encontrarse con ella justo cuando más podía disfrutar de su vida. Cuando pudo dejar su trabajo, en la parte en que le era necesario para vivir, para dedicarse al trabajo que le gustaba y en el que era maestro en todos los sentidos: el coleccionismo de arte (doctor en Historia del Arte) y la enseñanza del derecho (Abogado del Estado). Lo de “doctor” y “abogado del estado” eran tan solo sus títulos profesionales. Lo importante es que fue notable erudito y coleccionista de libros de arte, gran jurista y magnífico profesor.

“Un día comentamos que tu amor por el libro estaba por encima del propio contenido del libro. Pienso que tu capacidad de disfrutar de la vida, está también por encima de su propio contenido”. (Carmela Mirecki)

“El Maestro no habla; actúa. Cuando su tarea concluye, la gente dice: ¡asombroso, lo hicimos nosotros solos!

El Maestro tiene, pero no posee; actúa, mas no espera nada. Cuando su obra termina, la olvida.

Por eso es imperecedera”. (Lao Tse)

Estas reflexiones, extraídas del memorable regalo que le hizo su mujer, Mª Teresa, cuando cumplió 60 años (un libro en el que una docena de sus íntimos amigos escribimos sobre él), definen con notable concisión y fidelidad la personalidad de José María. Sus libros…su vida; tan imprescindibles aquellos para esta, tan vivida esta para aquellos. Y su maestría en ser maestro.

La evolución de su enfermedad fue dramáticamente progresiva. Cuanto más la ELA avanzaba, más él se hacía intelectualmente fuerte para superarla. Cuando ya no pudo desplazarse para dar sus clases, los alumnos acudían a su casa. Cuando ya no podía siquiera expresarse, sus ojos hablaban por él; incluso los utilizaba para escribir con un programa especial de ordenador. Y cuando ya lo sabía casi todo comenzó, desde su obligada inmovilidad y su incapacidad de comunicación activa, a tomar clases de astronomía, de música… Su obsesión era saber.

En sus últimos meses, muchos fueron, solo podía pensar, escuchar y ver. Todo lo demás le estaba vedado.

Y cuando ya no pudo seguir viviendo, se despidió de la vida y de sus amigos con la dignidad de los grandes hombres.

foto_cervello_0

Yo le conocí en 1983, cuando se incorporó al despacho que yo dirigía. Durante 20 años conviví profesionalmente con él. Cuando lo dejó, en 2003, la amistad que siempre habíamos tenido se ensanchó para ocupar el espacio que la relación profesional abandonó. Fue entonces cuando el dedo de la (mala) fortuna le tocó la frente.

Cuando ya la enfermedad hizo garra y él no pudo ya moverse de casa, acudíamos mi mujer y yo con frecuencia a visitarle. No era la “obligada” visita al amigo enfermo, sino la buscada ocasión para volver a verle, contarle nuestras cosas y “escuchar” las suyas aunque ya no pudiera hablar. María Teresa, la mujer que le dedicó su vida entera durante esos años finales y María Jesús, la hermana que le acompañó durante toda la vida, complementaban lo que sus ojos no podían transmitir.

Disfrutábamos con esas tertulias, solos o con otros amigos con los que coincidíamos. Y muy especialmente gozamos de los magníficos conciertos privados que Marta y Pedro, los hijos de Tomás Alfaro, otro de sus grandes amigos, ejecutaban en casa de José María. Ella, al piano; él, al cello.

Un día de agosto de 2009 decidieron entre Dios y él que ya estaba bien; que todo lo que tenía que haberse hecho, estaba hecho; que todo lo que tenía que saber ya lo sabía; y que ya no tenía sentido seguir combatiendo a la maldita ELA puesto que él y su dignidad ya la habían vencido.

Se despidió de María Teresa sabiendo que pronto la volvería a ver. Un par de meses después de que él se fuera ella, que no podía vivir sin él, acudió a su encuentro.

————————————–

Sabrán disculparme esta efusión de emotividad. Tan solo quería rendir homenaje de admiración a Jaime y a José María. Dos hombres notables que, cada uno a su manera, han luchado con grandeza y dignidad contra un maldito enemigo.

Anuncios

UN PAR DE HOMBRES NOTABLES (Jaime…)

10 febrero, 2014 7 comentarios

Jaime y José María no se conocen. Y ya no tienen posibilidad de hacerlo porque uno vive casi en el mar y otro permanentemente en los cielos.

Yo solo conozco (conocí) a José María. Pero ambos son objeto de mi más profunda admiración y quiero reflejarlo en este blog.

A Jaime (Tolosa, 1975) algunos le llaman “El caballero de la Mancha”. No por identificarle con el Quijote, aunque seguro que algo de quijote tiene, sino porque su apellido es, precisamente, Caballero y su hazaña más notable ha tenido lugar en la Mancha; en el Canal de la Mancha.

Conózcanla.

JAIME CABALLERO, NADADOR

JAIME CABALLERO, NADADOR

El 6 de agosto del año pasado, Jaime Caballero se lanzó a las frías aguas de Dover con el objetivo de cruzar a nado, ida y vuelta sin detenerse, el Canal de la Mancha.

A las 8 am me eché al agua y todo comenzó sin grandes complicaciones ni sorpresas hasta que a la segunda hora empecé a sentir frío y a pedir té caliente…

A las sexta-séptima hora aproximadamente empecé a ver unos objetos flotando y bajo el agua de diversos colores y me resistí a pensar que eran lo que me temía pero pronto empecé a sentir en mis propias carnes que efectivamente eran medusas. Me picaban por todo el cuerpo y esto unido al frío y al festival de olas que tuve durante una media hora al pasar por un banco de arena me hizo pensar seriamente en abandonar…

Al aproximarme a la costa francesa empezaron unas fortísimas corrientes que me impedían mantener un punto de referencia único. Cada vez que miraba para adelante tenía que cambiar de objeto ya que nos íbamos hacia el Oeste con el riesgo de superar Cap Gris Nez y perder la posibilidad de tocar tierra. Pero lo hice.(www.jaimecaballeronadador.com)

Tras “tocar”, literalmente, costa francesa al sur de Calais y sin detenerse, viró 180º para retornar  a Folkstone, a 17 kilómetros de Dover.

Completados casi cien kilómetros, teniendo en cuenta el arco necesario para compensar corrientes, y más de 24 horas de bracear sin descanso, finalizó su hazaña.

Con una temperatura de 13-14 grados, lo digo por experiencia, un simple chapuzón en el mar resulta bastante  desagradable. Piensen en más de 24 horas seguidas nadando en mar abierto, con olas, corrientes y sin protección de neopreno, pues las normas de homologación de records lo prohíben.

Su cuerpo acabó plagado de picaduras de las medusas. Sus huellas se dejan ver en brazos, piernas, cara, espalda… Ni un solo rincón de su cuerpo quedó a salvo. “Tengo infección en la sangre por las picaduras, estoy con antibióticos y me vigilan una marca en la pierna, no se vaya a extender la infección”.

Tardó dos horas en completar los últimos 1.500 metros por las corrientes. “Era frustrante, en el barco creían que estaba desorientado porque no avanzaba”.

Brazada a brazada, para un total de 85.550, se dirigió a Inglaterra. Tragó más agua de lo normal. Sufrió de lo lindo para ingerir alimento. Los plátanos se los tragaba casi enteros. Masticar era un suplicio: “Me metía debajo del agua para comerme los bollos de mermelada. En la superficie me era imposible, tragué un montón de agua cada vez que abría la boca”.

De nuevo las corrientes le alejaron del destino final. Tomó tierra exhausto, desfallecido, como nunca antes le había ocurrido. Su temperatura corporal casi no llegaba los 31 grados. Una hora después las mantas térmicas apenas elevaron esta marca hasta los 33. (http://www.marca.com/2013/08/08/mas_deportes/deportes_aventura)

TRAVESÍA COMPLETADA

TRAVESÍA COMPLETADA

¿Qué puede motivar a un hombre a emprender una aventura como esta, con el sufrimiento asegurado y un evidente riesgo de perder la vida?

Seguramente sus motivaciones son parecidas a las de Jeanne Sócrates, que a sus 70 años dio la vuelta al mundo en solitario a bordo de su Nereyda

O a las de Jessica Watson o Laura Dekker, que hicieron lo mismo con 16 y 14 años…

O las de José Luis Ugarte, en la regata  Around the Globe del 93, a los 65…

O las de Teresa Perales, record de medallas olímpicas que, cuando no nada, tiene que estar en su sillita de ruedas…

O, por pasar del mar a las montañas, las de Carlos Soria que coronó el Anapurna a los 73 años…

O las de Edurne Pasabán, la brava vasca que, a sus 27 años fue la primera mujer del mundo en conquistar los 14 “ochomiles” que unen, casi, la tierra con el cielo.

O, por pasar de los montes a los hielos, las de Amundsen, Scott o Shakelton, conquistadores de los polos…

O, volviendo al mismo mar de Jaime, las de Philippe Croizon que, sin brazos ni piernas, cruzó a nado el mismo Canal de la Mancha desde Folkstone a Calais, justo la ruta inversa que la que nadó Jaime en su travesía de regreso.

Estos grandes hombres y mujeres, cuyas hazañas he tenido el honor de relatar en este blog y que pueden leer pinchando sus “links“, alimentan su corazón del coraje, pundonor, espíritu de superación y desprecio por el riesgo que les impele a nadar durante días en duras condiciones, navegar durante meses por mares peligrosos, conquistar las más elevadas cotas de la tierra y ser los primeros en llegar a donde antes nadie ha llegado.

En ocasiones, superando sus propias limitaciones físicas que a cualquier mortal le impedirían incluso llevar una vida normal.

Suelen ser, además, gentes modestas, que no lo hacen por presunción, por dinero o por vanidad. Seguramente todos ellos tienen parecida modestia a la de Jaime, que expresa sus proezas con esta reflexión:

No hay nada noble en ser superior a otra persona. La verdadera nobleza radica en ser superior a tu antiguo yo.

Siempre adELAnte

Siempre adELAnte

Pero Jaime Caballero, el hombre de la Mancha, tenía otra motivación además de la de la superación continua. Precisamente la que me ha inducido a “emparejarle” con mi querido amigo José María, al que él no conoció.

Mañana les hablaré de esa otra motivación y también de José María, que no sé si sabría nadar aunque era gaditano, que nunca escaló ni exploró los polos y que, probablemente, nunca navegó.

Pero que fue, como todos aquellos superhombres, paradigma de pundonor, superación y, por encima de todo, de dignidad.

LA MALETA VIEJA DE CUERO… LAS 588 CARTAS… Y ELLA.

12 enero, 2014 44 comentarios

Nueve de junio de 2013. Esta es la fecha de mi última entrada en el blog. Nunca, desde que nació en abril de 2010, había estado tanto tiempo fuera de él. Y no saben ustedes lo que cuesta volver a retomar las rutinas; incluso de las actividades que uno disfruta y, cuando las deja, añora.

Quizá, a la vista del título de mi última entrada, “Mi Testamento Vital”, alguno de mis pocos pero muy especiales lectores haya podido pensar que tal título encerraba una suerte de despedida. Nada más lejos de mi intención.

Les contaré las razones de tan larga ausencia.

La culpable de todo ha sido la vieja maleta de cuero. Bueno, más que ella, su contenido. Me ha tenido entretenido casi absorbiendo la totalidad de mi tiempo de casa, que suele iniciarse con la puesta de sol, durante los últimos cuatro meses. Desde que sucedió aquello.

Fue con ocasión de su segunda rotura de cadera cuando no nos quedó más remedio que ingresarla. Lo habíamos considerado hace unos meses, pero un razonable pudor o ese inevitable sentimiento de deslealtad hacia ella, que siempre fue leal con los suyos, nos impidió hacerlo. El incidente de la cadera no nos dejó otra opción. No podía seguir su sistema de vida; una cuidadora 24 horas al día no era suficiente para atender a todas sus necesidades en esta nueva situación de absoluta dependencia.

Ella tiene 95 años. Apenas ve, apenas oye, apenas recuerda y ya no puede andar. Pero es de un optimismo exultante. Cuando está con los suyos es feliz. Cuando no está… nadie sabe qué piensa ni cómo se siente. Supongo que triste, infinitamente triste, aunque no creo que recuerde los tiempos felices, que fueron casi todos los de su vida. En todo caso, esa tristeza también la sentía en su casa cuando estaba sola.

Por suerte, como apenas recuerda, no hace las dos preguntas que más tememos: ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuándo me lleváis a casa?

La tristeza no depende del lugar en el que transcurra la última fase de la vida, sino del hecho de que sea la última fase. Sin pasado, porque no recuerda; sin futuro, porque no lo tiene; y sin presente, excepto la visita esporádica de algún rostro vagamente conocido que cuando le da el beso, cariñoso más que nunca, reconoce como el de uno de sus queridos hijos…

……………………………

Con ella en la residencia, sin posibilidades de retorno, la casa familiar ya no lo seguía siendo. Sesenta y cinco años de intensa vida en ella, centro de reunión de la gran familia con ocasión de celebraciones de cualquier tipo, habían terminado. Con la emoción contenida por la necesidad de hacerlo, nos pusimos a la tarea.

Y así, entre la familia, los anticuarios y los chamarileros vaciamos ese piso enorme de todo lo que se había ido acumulando durante varias generaciones. El piano Pleyel, la panoplia de espadas orientales, la armadura de samurái, el revólver de plata Adams, Deane & Adams que el príncipe Alberto regaló a mi tatarabuelo D. Cayetano de Urbina y Daoiz, el precioso retrato de D. Cayetano, pintado en 1857 por Valeriani, con la urna que contiene la bala que le hirió de muerte en la batalla de Maella, las jamugas y los bargueños, las docenas de cuadros, buenos y malos, los espejos, las lámparas de techo, de mesa o de suelo, los relicarios, los abanicos de nácar y marfil, los muebles que ellos, con esfuerzo, compraron antes de casarse y los que fueron haciendo o comprando después, los cientos de fotos con sus marcos, los trofeos de bridge y de golf, los libros antiguos y los modernos, el sillón con mando eléctrico y masaje que él necesitó cuando le costaba levantarse de los otros, la cama articulada y con barreras que ella necesitó para no caerse, las camas que aún quedaban de los hijos que ya se fueron, desperdigadas por las numerosas habitaciones, los miles de tesoritos acumulados durante lustros, todo el vestuario de ellos, todas las cuberterías, mantelerías, cristalerías… y los cientos de otras cosas que ya no recuerdo,…

…Y la maleta pequeña y vieja de cuero.

Todos conocíamos la existencia de aquella maleta y de su contenido aunque por pereza, o quizá por pudor, la hubiéramos abierto y husmeado su contenido tan pocas veces.

En una maleta cabe una vida… o dos. Por lo menos, una parte de la vida de ellos, sin duda la más importante. Porque ese era el contenido de la vieja y pequeña maleta: La vida de ellos durante el quinquenio triste de la guerra y la inmediata posguerra.

La misma pequeña maleta de cuero que él utilizaba hace casi ochenta años en sus viajes desde el frente para reunirse con ella.

Yo me llevé la maleta. La abrí, ya en mi casa, y la dejé así durante unas cuantas horas, para que absorbiera esta nueva atmósfera… 

 LA MALETA LLENA

La vacié y la tiré…

                                  LA MALETA VACIA

Su contenido lo ordené, lo clasifiqué, lo leí de principio a fin, lo glosé y lo desglosé…

                                 FUERA DE LA MALETA

Y, finalmente, lo volví a guardar en otro lugar más idóneo para seguir conservando aquellos viejos papeles, llenos de vida.

                                   YA LEIDAS Y ARCHIVADAS

 La maleta contenía 588 cartas de amor. Las que ella había recibido de él desde que se conocieron, en septiembre de 1936, hasta poco antes de que, tras enormes dificultades de todo tipo, contrajeron matrimonio un 9 de agosto de 1941.

No están todas las que él escribió, pero casi seiscientas cartas en cuatro años y medio son suficientes para saber qué y cómo pasó por ellos, entre ellos y ante ellos. No se guardó ninguna (miento, solo una) de las que ella escribió, pero tampoco son necesarias. Sus alegrías, sus penas y sus sentimientos están tan bien reflejadas en las de él que poco habría añadido, excepto mucho trabajo, leer las de ella.

Y esta historia que voy a contar es la que contenía la maleta. La historia de ellos reflejada en aquellas Cartas de Amor en Tiempos de Guerra. Ese periodo de sus vidas tan intenso en aquella España peligrosa y convulsa de la guerra y la posguerra…

                                                                                               ………………………………………………………………………………………..

Seguramente, ya habrán adivinado que “Ella” es mi querida madre.

Y esta es mi excusa. Ha sido esta pequeña gran historia familiar la causante de mi prolongada ausencia. Con esas 588 cartas he reconstruido, casi 80 años después, el relato de sus vidas durante aquellos cinco años. Lo que precede es transcripción de algunos párrafos de los capítulos iniciales del libro que, por delegación asumida (aunque él ya no está con nosotros) y sobre todo inspiración de mi padre, he tenido el honor de poder escribir. Pero no se asusten, no les voy a contar la historia. Solo quería contarles las razones de mi ausencia.

PORTADA LIBRO 2

Para que sus descendientes, solo ellos, puedan conocer lo que yo, leyendo las cartas, he conocido. Para que disfruten como yo lo he hecho y para que sonrían y se enternezcan como yo he sonreído y me he enternecido.

Pero, sobre todo, para que aquellos tiempos que fueron suyos no caigan en el olvido de los tiempos que no son de nadie.

Ah, y sepan que a pesar de que, como ya he dicho, Ella apenas oye y ya nada recuerda, cuando le leo algún párrafo escogido del libro me mira absorta, con sus ojillos muy abiertos y casi sin pestañear y con la totalidad de sus escasos recursos sensoriales en posición de alerta. Y noto, aunque es sensación apenas perceptible, cómo su corazón tiembla.

MI TESTAMENTO VITAL

9 junio, 2013 23 comentarios

 imagesCARRXGIA

“Una de las funciones más nobles de la razón consiste en saber si es o no, tiempo de irse de este mundo”.

Con esta cita de Marco Aurelio comenzaba un artículo que publiqué en agosto de 2010 con el mismo título de aquella película de Richard Fleischer, Soylent Green (1973). Disertaba en él sobre esos conceptos tan relacionados: Eutanasia, Muerte Digna, Muerte Asistida.

Hace unos días, no sé con qué motivo, hablábamos mi mujer y yo sobre la conveniencia de hacer testamento vital. Siempre da más tranquilidad conocer (y que otros conozcan) los deseos más personales e íntimos de quien está en proceso de pasar a mejor vida.

Pasar a mejor vida con el menor sufrimiento y la mayor dignidad posibles. De eso trata el testamento vital. Y, añado yo aunque suene prosaico hablando de esos asuntos tan trascendentales, con el menor coste económico que se pueda.

Así, de la misma manera que uno decide, sometido a ciertas normas legales, cómo se debe repartir el patrimonio que deja cuando se va de este mundo, puede también decidir aspectos tan personales como los cuidados o ayudas que debe recibir en tan decisivo trance. Y tanto una como otra decisión han de manifestarse en una declaración personal en pleno uso de facultades mentales, ante notario o ante testigos, y debidamente depositada en registros públicos.

Aspectos tales como si en el supuesto de enfermedad terminal debe ser mantenido vivo a toda costa o, por el contrario, debe ser ayudadomuerte asistidaa morir, si es su voluntad donar los órganos cuando ya no le sean necesarios, si desea ser inhumado o incinerado o si prefiere ritual religioso o pagano, son manifestaciones comunes en el testamento vital,

Incluso, aunque la eutanasia activa no esté aún regulada en nuestras leyes, puede el testador pedir que se le aplique en el caso de que si lo esté en el momento de su fallecimiento.

Por el documento de instrucciones previas, una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarla personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo. El otorgante del documento puede designar, además, un representante para que, llegado el caso, sirva como interlocutor suyo con el médico o el equipo sanitario para procurar el cumplimiento de las instrucciones previas.

(Artº 11, Ley 41/2002) Muerte-digna-imagen

Tras este preámbulo de carácter divulgativo, me voy a centrar en la parte del testamento vital que se refiere al tratamiento del cuerpo una vez que el alma, es decir la vida, lo ha abandonado. Las opciones que se presentan no son demasiadas: inhumación, incineración o embalsamamiento; culto religioso o pagano.

Oscar Wilde, en su lecho de muerte, pidió al amigo que le acompañaba una botella del champan más caro y le dijo: “Me estoy muriendo por encima de mis posibilidades”.

Hoy no hace falta que pidamos champán ni que organicemos fastuosos funerales. El funeral más austero está por encima de las posibilidades de un común mortal y deja temblando una economía familiar modesta.

imagesCAAR2ZB7

Porque el coste de las pompas (pompa (drae): lujo, grandeza, esplendor) fúnebres es disparatado. Entre el oligopolio –monopolio en muchas regiones– que existe, la agresividad comercial de las empresas de pompas fúnebres –que aprovechan los sentimientos de la familia (esa comprensible vergüenza en escatimar calidades y honores)- y la cantidad de “partidas” que componen el proceso (esquelas, tratamiento y traslado del cadáver, féretro, alquiler de sala en tanatorio, lápida y nicho o incineración, coronas, ritos...), un funeral cuesta entre cinco y diez mil euros.

Más el 21%, amigos, porque aunque resulte inconcebible, el gobierno tuvo el delicado detalle, la desvergüenza, de incrementar hace un año el IVA aplicable a los servicios de pompas fúnebres: del 8% al 21%.

¿Por qué diablos, pregunto, tenemos que gastarnos un dineral en esas malditas pompas fúnebres, pagando al estado además un 21% de IVA?

Así que, indignado ante tan inútil despilfarro, procedo a hacer mi propio testamento vital. Tiempo tendré, espero, cuando tenga seguro que es posible lo que pretendo, de redactarlo y registrarlo como exige la ley.

158

En grades rasgos mi voluntad es la siguiente:

–         No quiero seguir viviendo cuando ya no me quede conciencia ni salud para vivir dignamente. Trataré de definir ese concepto de dignidad para no dejar dudas inquietantes –o lo que es más arriesgado, una laxa interpretación– a los míos.

–         Quiero que mis órganos, en lo que valgan, sean puestos a disposición de quienes puedan utilizarlos, sin que nadie que no sean ellos obtenga ventaja de ningún tipo.

–         Y, por encima de todo, no quiero que mis deudos gasten en mis exequias nada, absolutamente nada, que pueda ser prescindible.

Así, no quiero que compren un féretro para depositar mis restos; no quiero velatorio ni tanatorio; no quiero flores; no quiero esquelas; no quiero funerales ni entierros; no quiero que paguen a nadie por quemarme.

Y no quiero IVA.

Quiero nada más que quien desee recordarme me recuerde. Y si puedo ser más exigente, sólo para recordarme con la alegría –o como mucho con la nostalgia–  de  los felices tiempos pasados; no con la tristeza de la ausencia.

untitled

Y, entonces ¿qué hacer con mi cadáver?

Esa es la pregunta que me lleva a muchas otras:

¿Hasta qué punto es obligatorio utilizar una empresa de pompas fúnebres?

¿Hasta qué punto es obligatorio adquirir una linda caja de exótica madera y bonitos adornos para que se pudra bajo la tierra o se convierta en cenizas en el crematorio?

¿Qué otras opciones existen para un cuerpo que ya no sirve para nada?

¿Se puede guardar en un arcón en casa, debidamente congelado?

¿Puede ser enterrado en el jardín de su casa, si lo tuvo, o en algún recóndito lugar de cualquier monte?

¿Puede ser incinerado privadamente en el –improbable– caso de que se encuentre lugar adecuado?

¿Puede –igual que está permitido con las cenizas– ser arrojado el cuerpo a la mar, que al fin y al cabo es de nadie, envuelto en un retal de vela y con sendas balas de cañón atadas a las extremidades –como hacían los corsarios– para asegurar la inmersión?

imagesCAIZZ24B

No sé si alguna de estas opciones es legalmente posible; si alguien lo sabe agradeceré ilumine mi ignorancia. Lo que si tengo claro es que en mi testamento vital eximiré a mi querida familia de gastar en mis “honras fúnebres” más de lo que cuesten unas viejas balas de cañón para hundirme dulcemente en el mar.

A mi ya no me importará, como al chico de esta preciosa balada que os dejo, que los rayos de sol no me alcancen, que la oscuridad y el frío me rodeen, que nadie sepa exactamente dónde estoy o que los peces tomen su justa revancha de tantos como yo me comí.

Os dejo esta preciosa canción, The Ocean BurialGeorge Allen, 1850)


“O! bury me not in the deep, deep sea”;

The words came low and mournfully,

From the pallid lips of a youth, who lay,

On his cabin couch at the close of day.

He had wasted and pined ‘till o’er his brow,

The death-shade had slowly passed, and now,

Where the land and his fond loved home were nigh,

They had gathered around him to see him die.

“O! bury me not in the deep, deep sea,

Where the billowy shroud will roll over me,

Where no light will break through the dark, cold wave,

And no sunbeam rest upon my grave.

It matters not, I have oft been told,

Where the body shall lie when the heart is cold,

Yet grant ye O! grant ye this boon to me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“For in fancy I’ve listened to the well known words,

The free, wild winds, and the songs of the birds;

I have thought of home, of cot and bower,

And of scenes that I loved in childhood’s hour.

I had ever hoped to be laid when I died,

In the church-yard there, on the green hill-side;

By the bones of my fathers’ my grave should be,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“Let my death slumbers be where a mother’s prayer,

And a sister’s tear shall be mingled there;

O! ‘twill be sweet, ere the heart’s throb is o’er,

To know when its fountains shall gush no more,

That those it so fondly hath yearned for will come

To plant the first wild-flower of spring on my tomb;

Let me lie where those loved ones will weep over me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“And there is another; her tears would be shed,

For him who lay far in an ocean bed;

In hours that it pains me to think of now,

She hath twined these locks, and hath kissed this brow.

In the hair she hath wreathed, shall the sea-snake hiss?

And the brow she hath pressed, shall the cold wave kiss?

For the sake of that bright one that waiteth for me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“She hath been in my dreams” — his voice failed there;

They gave no heed to his dying prayer;

They have lowered him slow o’er the vessel’s side,

Above him has closed the dark, cold tide;

Where to dip their light wings the sea-fowls rest

Where the blue waves dance o’er the ocean’s crest;

Where the billows bound and the winds sport free;

They have buried him there, in the deep, deep sea.

EL LEÓN DE CORSARIO

1 junio, 2013 2 comentarios

Hoy, por primera vez, publico una entrada de otro autor.

Se trata de un personaje notable, asiduo lector de este blog y autor de interesantes comentarios cuando encuentra sugerentes las historias que en él se cuentan.

Poco a poco he ido conociendo a Corsario a través de sus comentarios: sus aficiones, sus viajes, sus aventuras; en fin, su manera de vida. En algunas cosas, especialmente en sus aficiones y en su manera de ser, me recuerda a mí mismo, aunque él es mucho más viajero y aventurero. Su vida transcurre más en el mar que en la tierra. Y, como verán, conoce a los leones ¡Incluso tuvo uno en su casa!

Un día me contó que para celebrar su cincuenta cumpleaños no se le ocurrió otra cosa que cruzar a nado el estrecho ¡Con 50 tacos y con un par !Fíjense ustedes si es singular el personaje.

No pasan los años...Cruce del estrecho con 50 años.

No pasan los años…Cruce del estrecho con 50 años.

Hoy, ya, le conozco tanto que es como si fuera mi hermano.

Con esta introducción sobre la personalidad de su autor convierto en entrada, dándole el protagonismo que merece, el comentario que escribió sobre mi reciente entrada de los Leones Comedores de Hombres.

Sigan sus consejos si alguna vez se topan de bruces con un león.

Va por el Corsario:

Qué buena idea la del viejo Pereira, no tan viejo por cierto, de espantar a los Leones con palmadas. Qué impresionante es contemplar a un león en la selva; junto con el tigre y el caballo son los animales terrestres más bellos.

Preciosa la foto de los dos machos en el Masai-Mara y que mala leche hay que tener para descerrajar un tiro a un animal de este porte, esos cazadores de magnum con White hunters protegiéndoles. Que se atrevan con lanzas como hacían los viejos guerreros Masai!

Hace un par de años estuve visitando una reserva de animales salvajes cerca de Ciudad del Cabo. Había una granja que criaba leones y se podía entrar al recinto con un cuidador experto. Estuve a punto de entrar pero me pareció muy caro solo por acariciarlo. Tampoco estaba muy seguro de que se portaran bien y yo hacía mucho tiempo que no iba por casa…además de encontrarme medio tullido después de haber hecho una visita a los tiburones blancos de Seal Island, en una zodiac que me dejo la espalda destrozada con los pantocazos.

Aprendí una cosa que me dijo el cuidador en caso de que entrara al recinto de los leones: me tenía que quitar las gafas de sol; tenía que haber “eye contact” con el felino, me dijo. Así que si ahora me encuentro con un león no olvidaré a Pereira con sus palmadas y al cuidador que me dijo que tenía que mirar a los ojos a los leones y nunca darles la espalda. Eso es lo que haré cuando me los encuentre.

A ver si encuentro una foto del hombre que susurraba a los leones y que es igualito a Vd. D. Jaime.

(Nota de D. Jaime: El hombre que susurraba a los leones es Kevin Richardson. Ud se refiere, creo, a Mike Penman, que también jugaba con leones)

Kevin Richardson, el hombre que susurraba a los leones.

Kevin Richardson, el hombre que susurraba a los leones.

Esa historia de la manada de 15 leones devoradores de hombres, que no conocía, recuerda las historias de Swartkrans de las que hablaba Bruce Chatwin sobre el exterminador de los homínidos , un depredador al que solo le gustaba nuestra carne.

Hace muchos años, cuando desembarqué en el antiguo Lourenço Marques, hoy Maputo, estuve a punto de visitar la cueva de Swartkrans, un yacimiento prehistórico cerca de Johannesburgo, donde se han encontrado fósiles de homínidos de cerca de dos millones de años, parientes de nuestra amiga “Lucy” sin duda, en el pleistoceno, y que inspiraron el libro “The hunters or the hunted ”, su autor C.K. Brain , un libro que he buscado insistentemente sin encontrarlo y en el que hablan de que los habitantes de la cueva fueron víctimas de los grandes felinos.

El resumen del libro es una pregunta que por ahora no tiene respuesta : ¿son los restos de estos antiguos homínidos , encontrados en 3 cuevas de un valle sudafricano, la evidencia de que nuestros antepasados ocuparon esas cavernas o son los restos que dejaron los carnívoros que cazaban a los homínidos? Los paleontólogos están en ello, supongo que retrotraerse a la edad de hielo debe ser apasionante.

Aquellos felinos debían de ser parientes cercanos de los leones comedores de hombres de ahora. Posiblemente en aquel tiempo geológico los felinos fueran el grupo dominante ¿volverán a serlo? Mejor eso que su extinción.

El último león con el que conviví hace unos 25 años (el único) lo saqué de un barco; de contrabando. Una barbaridad lo reconozco. Lo llevé a casa y convivió con mis hijas pequeñas unos meses. Lo adoraban, era un precioso cachorro de 2 meses al que llamamos Jackie.

Los vecinos venían a verlo con frecuencia pero, conforme pasaba el tiempo y el león crecía, notábamos que teníamos menos visitas y, además, en el ascensor nos ponían mala cara. La gente de las ciudades es muy rara, siempre lo he dicho.

Al final no me quedó más remedio que dejarlo al cuidado de una vecina, una señora viejecita y muy simpática que vivía con una de sus  hijas, que tenía el síndrome de down. Habitaban un chaletito con jardín donde el león campaba a sus anchas. La señora estaba encantada con el león porque, cuando lo sacaba a pasear por la urbanización, todos los perros enormes de guarda echaban a correr nada mas olerlo.

Recuerdo cuando me contó que una tarde de verano, un mayordomo recién contratado les sirvió el té y cuando vio a la viejecita, el león y la niña sesteando en el sofá, se le cayó la bandeja del susto.

El pobre león creció y tuvimos que darlo en adopción. Siempre se portó bien, pero no sé qué hubiera ocurrido si se hubiera quedado con nosotros, en el piso, convertido en un león de melena negra de 200 kilos. De vez en cuando nos acordamos de él; Jackie siempre formará parte de nuestras vidas.

Por cierto la versión de Whimmoweh de MIRIAM MAKEBA, es muchísimo mejor que la de Pete Seeger; ella era una Reina Zulú.

Pues nada, Corsario, aquí tienes a Miriam Makeba. Tienes razón, es una versión magnífica; mucho más África.

AMORES DE VIEJOS (Gina & Gina)

30 mayo, 2013 7 comentarios

Quizá sea amor y nadie lo entiende.

Quizá sea miedo a la soledad.

Quizá sea, tan solo, ternura.

Quizá no sea nada más que ambición.

Un poco de todo hay en estas situaciones, cada vez más frecuentes: amor, soledad, ternura, ambición…Entre los directamente involucrados, entiéndase, porque lo que sienten los indirectamente afectados es puro acojonamiento de quedarse sin herencia.

imagesCAHN4EJQ

Resulta que don Alfredo Di Stéfano, el ídolo del balompié antiguo, dice que se ha enamorado de doña Gina Gonzalez. Él tiene 86 años; ella 36. Y quieren casarse. Él aporta al matrimonio una considerable fortuna y cinco hijos. Ella, tan solo juventud. Y, asegura Gina, “aunque suene un poco particular, estoy enamorada de él”.

Sus hijos no lo entienden; o no lo creen, que para el caso es lo msmo. Dicen que la tal Gina es una aprovechada. Una cazafortunas que quiere sacar ventaja de la debilitada salud mental de su padre y que por tanto es su deber hacer todo lo posible por defenderle de ella. En consecuencia, han iniciado el proceso de su incapacitación.

 Aseguran que no es por motivos económicos, sino para protegerle; “en su exclusivo interés”.

«Ante el deterioro evidente de las facultades físicas e intelectuales que se viene observando en nuestro padre desde hace meses, sus cinco hijos, previo diagnóstico médico de su estado de salud, tomamos la decisión de solicitar ante los juzgados competentes, y en su exclusivo interés, su declaración de incapacidad, promoviendo de forma simultánea la adopción de medidas cautelares, en orden a la preservación de su patrimonio».

De momento, hasta que el juez decida, don Alfredo está incomunicado, encerrado en su casa y sin móvil desde hace meses. Los hijos han tocado a rebato familiar y han establecido una especie de guardia pretoriana  que no deja entrar a Gina ni a sus amigos ni deja salir a La Saeta Rubia.

 alfredo y gina

En estos mismos días leo una noticia muy similar, aunque con otra Gina de protagonista. Pero en ésta, los papeles están cambiados. Se trata de la Gina que nos enamoró a muchos de chavales. De la bellísima Gina Lollobrigida.

La Gina de este cuento tiene 85 años, un marido y un hijo.

Su capricho, un guaperas italiano de 25 años, un “toyboy”, de nombre Andrea Vicciola y de profesión ayudante de lavandería.

No pretende Gina, como don Alfredo, matrimonio. Su proyecto es mucho más peligroso a juicio de su familia: quiere adoptar legalmente a Andrea. Según cuenta a quien quiera escuchar, le ha tomado tal cariño que “no quiere que le falte absolutamente de nada.”

Salvando las diferencias, la reacción de los familiares es idéntica. Marido e hijo han puesto pies en pared ante tan singular proyecto que, dicen, además de destruir a la familia acabaría con el patrimonio de la actriz. Ya se han puesto en manos de abogados para solicitar su incapacitación parcial. También en su interés –el de Gina– naturalmente.

El miedo de la familia no es infundado. El joven alardea entre sus amistades de poseer el «Jaguar más bonito de toda Italia», regalo que Lollobrigida le hizo a principios de año. No es el único obsequio que ha recibido durante su intensa relación. El joven, según se dice, ya ha anunciado que en breve la actriz “le regalará un yate y en las próximas semanas, Andrea llevará a Gina a un rally del que temen no regrese.”

gina

Así son estas cosas de los romances crepusculares. Amor, soledad, ternura, ambición…Y, por encima de todo, el miedo de los herederos a que algún espabilado se quede con la pasta que, a poco tiempo que pase y si el cielo o el infierno ayudan, debería ser suya; sólo suya.

Yo, que soy hombre objetivo, entiendo a todas las partes.

El futbolista y la actriz, los viejos, que han trabajado duro durante toda su vida para vivir una tranquila vejez ¿no tienen derecho a comprarse un capricho, por caro que resulte?

La joven Gina y el ayudante de lavandería, a los que Dios sólo ha dado belleza ¿no tienen derecho a “venderla”, probablemente acompañada de una cierta dedicación, y quizá ternura, a esos viejitos que quieren comprarla?

La familia de los viejitos enamorados ¿no tiene derecho a defender, por medios admitidos en derecho, lo que en derecho les correspondería más tarde o más temprano?

Pues si todas las partes tienen su derecho y su parte de razón, siéntense y negocien. Hay muchos amores que se comparten, se compran o se venden. Que ninguna de las partes pretenda quedarse con todo ni llevarse algo a cambio de nada.

Para que la parte más débil, que no es otra que los viejitos caprichosos, puedan disfrutar durante los pocos años que les quedan de vida de ese sucedáneo de amor que al menos atenúe su inmensa soledad.

 Se lo han ganado…y no les queda nada más.

image_content_medium_178124_20130202010024

A ellos, sólo a ellos, dedico preciosa esta canción. Como si no hubiera habido nadie más que ellos dos…o por si algún día llegaran a encontrarse.

La Chanson des Vieux Amants.

Jacques Brel

Bien sûr nous eûmes des orages
Vingt ans d’amour c’est l’amour fol
Mille fois tu pris ton bagage
Mille fois je pris mon envol
Et chaque meuble se souvient
Dans cette chambre sans berceau
Des éclats des vieilles tempêtes
Plus rien ne ressemblait à rien
Tu avais perdu le goût de l’eau
Et moi celui de la conquête

Mais mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

Moi je sais tous les sortilèges
Tu sais tous mes envoûtements
Tu m’as gardé de piège en piège
Je t’ai perdue de temps en temps
Bien sûr tu pris quelques amants
Il fallait bien passer le temps
Il faut bien que le corps exulte
Finalement finalement
Il nous fallut bien du talent
Pour être vieux sans être adultes

Oh mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

Et plus le temps nous fait cortège
Et plus le temps nous fait tourment
Mais n’est-ce pas le pire piège
Que vivre en paix pour des amants

Bien sûr tu pleures un peux moins tôt
Je me déchire un peu plus tard
Nous protégeons moins nos mystères
On laisse moins faire le hasard
On se méfie du fil de l’eau
Mais c’est toujours la tendre guerre

Oh mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

EL CORAJE DE JEANNE, LA VIUDA DEL MAR

28 mayo, 2013 5 comentarios

Todo lo que pido es el cielo sobre mi

y el mar a mis pies.

Un pincel en mis manos

y los colores de un amanecer.

Una hoja en blanco

y un tiempo para vivir.

Todo lo que pido es

el cielo sobre mí

y el mar a mis pies.

(Dolores Tranche)

Casi todas las historias que relatan aventuras marinas contienen elevadas dosis de romanticismo, de coraje y de soledad. La que hoy les cuento no es excepción. De una profunda tristeza surge el coraje que lleva a Jeanne, la viuda del mar, a enfrentarse sola durante años, a los procelosos océanos.

Los lectores habituales de este blog recordarán a aquellas chiquillas, Jessica Watson y Laura Dekker en sus aventuras marinas. La primera, Jessica, circumnavegó la tierra, 23.000 millas en solitario, a bordo de un pequeño velero de 10 metros de eslora. Tenía 16 años. *(Jessica Watson, olé)

La segunda, Laura, completó su vuelta al mundo en solitario algo más joven aún (la empezó con 14 años). Por su juventud, era una niña, su hazaña generó polémica. Las instituciones de protección al menor han impedido que su record quede registrado en el Libro Guinness. *(Heroínas del Mar ¿dónde está el límite?)

Bendita seas, juventud, que cierras los ojos ante el riesgo y abres el corazón a las aventuras.

En mi historia de hoy no hay juventud, sino madurez, casi vejez. No hay ceguera ante el riesgo, sino conciencia de él. Y hay sobre todo, como en las aventuras de las chiquillas, corazón, mucho corazón.

JEANNE SOCRATES, La viuda del mar

JEANNE SOCRATES, La viuda del mar

Jeanne y George Socrates tuvieron la visión y la suerte de poderse retirar relativamente jóvenes, a los cincuenta y tantos, para empezar una vida libre de ataduras y juntos. Eligieron vivir donde la libertad y la soledad abundan: en el mar.

Jeanne apenas conocía el mar. Sus primeros escarceos, ya casi en sus cincuenta, fueron con el windsurf y a bordo de pequeñas embarcaciones de regata.  Tras una breve experiencia en regatas mayores y con tripulación experta, adquirieron en julio de 1997 su propio barco: un Najad 361 (10,5 metros); aunque de escasa eslora, sólido y bueno para navegar en aguas abiertas.

Nereida le bautizaron, como las ninfas griegas, las hijas de Nereo, Dios de los Mares, más antiguo aún que Poseidón, y de Doris, hija a su vez de Océano y de Tetis. Las hermosas Nereidas, la ninfas que vivían en el fondo de los océanos y que sólo emergían para ayudar a los navegantes ¿Qué mejor nombre para una embarcación?

NEREIDA I

NEREIDA I

Durante los cinco años que siguieron, Jeanne y George navegaron todos los mares: los de Escandinavia, los de las islas británicas y los de la península ibérica. Cruzaron al Caribe y nortearon hacia la costa este de Estados Unidos, hasta Cape Breton en Nueva Escocia (Canadá).

En 2001 iniciaron vuelta al sur: Miami, Grenada, Bahamas, Cuba, Haití, Dominica, Puerto rico, British Virgin Islands…

En septiembre de ese mismo año, a George le diagnostican un cáncer. Termina su tratamiento en mayo de 2002 y vuelve a bordo: Trinidad Tobago, Venezuela, Puerto La Cruz, Los Roques, Las Aves, Bonaire…

“Esperábamos volver por año nuevo –relata Jeanne en su blog-, pero no pudo ser. George abandonó la lucha –y la vida– en marzo de 2003.”

Imagino la dureza de la situación: Jeanne tiene 60 años, los últimos cinco intensamente vividos en compañía de su inseparable George, que era quien llevaba el peso de la navegación y quien conocía a fondo el barco y las artes de la navegación. Y que era, por encima de todo, su compañero de vida.

Dejar el barco, dejar el mar, volver a casa, al abandonado hogar, a la familia, a los amigos que aún quedan… ¿Qué, si no, para una mujer de 60 años que ha quedado sola?

“Decidí continuar sola, aunque era tarea ardua empezar a conocer –y saber manejar por mí sola- todos los sistemas del Nereida y ser capaz de resolver todos los problemas que se presentaran. Afortunadamente los amigos acudieron en mi ayuda con expertos consejos, útiles herramientas y más fuertes músculos. Y, sobre todo, con lo más necesario: apoyo moral.

Pero en seguida me di cuenta de que si quería –y era lo que yo quería- continuar navegando y viviendo a bordo del Nereida, la ayuda para solucionar los problemas inmediatos no era suficiente. Tenía que ser yo capaz de resolverlos y de afrontar cualquier situación inesperada por mí misma.”

Y Jeanne hubo de reciclarse. Estudió, se examinó y obtuvo el título de RYA Ocean Yachtmaster. Quizá no fuera suficiente, pero era necesario.

untitled

Dejó Bonaire pocos meses después de la muerte de George y navegó algún tiempo “en conserva” con barcos de amigos hasta Colón. Cruzó el Canal de Panamá y la proa de Nereida miró por primera vez el Pacífico. En las noches estrelladas, Nereida y Jeanne debatían los detalles de  su proyecto ya concebido: como homenaje a George, darían la vuelta al mundo; ellas dos solas.

Así lo decidieron y así, tras tomar parte en varias regatas para continuar adquiriendo experiencia, lo intentaron.

En diciembre de 2006, en San Diego, comienza Jeanne la preparación de Nereida para una circunnavegación “cruisisng style”, es decir relajada. Zarpa de Zihuatanejo, Mexico, el 27 de marzo de 2007. En mayo de 2008, cuando estaba a punto de completar la vuelta, la mala suerte le alcanzó de nuevo: esta vez fue Nereida quien le abandonó. Encalló en un arrecife y su alma voló junto a George.

De nuevo se plantea ¿qué hacer? A sus 64 años quizá sea ya llegado el tiempo de dejarlo. Quizá sea ya tiempo de vivir en la tierra, con los suyos; de recordar los pasados tiempos del mar, de su mar.

¿Dejarlo? ¿Por qué, si aún me queda vida y coraje?

Jeanne vuelve a tomar la decisión contraria a lo que muchos considerarían, en su situación, sentido común. La que le pide su corazón y, seguro, también George desde arriba. Se hace con un nuevo velero pero mantiene su lealtad al que tantos ratos felices le hizo pasar. El nuevo barco será también un Najad; algo –poco- más grande que el anterior: 38 pies. Y mantendrá el mismo nombre: Nereida.

EL NUEVO NEREIDA

EL NUEVO NEREIDA

Y su nuevo proyecto será aún más ambicioso: una vuelta al mundo pero a lo grande. Nada de “cruising style”: en solitario y sin escalas. Como la niña Jessica Watson; como la diosa Ellen McArtur.

Y con este proyecto zarpa de Canarias en noviembre de 2009 con el nuevo Nereida. Tampoco ahora tendrá suerte. Una avería en el motor le obliga a hacer escala en Capetown, donde Nereida permanece varios meses.

Por tercera vez Jeanne, la perseverante, intenta la aventura. Zarpa de Victoria, British Columbia (Canadá) en octubre de 2010. Pero a cien millas de Cabo de Hornos, con duras condiciones de mar y viento, olas de 5-6 mts y vientos de 40’, Nereida sufre serios daños. Jeanne, ya experta navegante, logra con reparaciones de urgencia continuar navegando y completar la vuelta por los cinco grandes cabos. Pero ya no es una “non stop circumnavigation”. Habrá que intentarlo de nuevo. Es ya agosto de 2012; Jeanne tiene 69 años.

¿Dejarlo? No, ya no. Todavía no.

Así que Jeanne inicia su cuarta vuelta al mundo y su tercer intento sin escalas. Vuelve a zarpar de Victoria el 22 de octubre de 2012. A mediados de este mayo en el que aún estamos, cruzaba el ecuador de vuelta a casa. Y a la hora que esto escribo, 28-5-13 a 16.41 UTC, Nereida está en posición exacta 19.223100 N, 172.867208 W, navegando con rumbo 359º, a 6,3 kn de velocidad.

Todo parece funcionar bien, excepto su ordenador personal. Pero ese no es necesario para navegar.

Nereida y Jeanne conocen bien el camino de vuelta a casa. Y esta vez lo conseguirán, sin duda. Y, si es necesario, las ninfas emergerán para acompañarla en sus últimas singladuras.

Jeanne, la Viuda del Mar, la brava, la perseverante, la de corazón valiente. La que logró extraer una vida intensa de una triste muerte. Que las Ninfas te acompañen y que los Dioses del mar te protejan siempre.

Descansa tranquila. Te lo has ganado.

Y, si es necesario, las ninfas emergerán...

Y, si es necesario, las ninfas emergerán…

Para que la acompañe en sus últimas millas, le dejo esta bonita canción de Celtic Woman: Sailing

 Sailing, I am sailing
Home again cross the sea
I am sailing stormy waters,  to be near you
To be free