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ASÍ LO VEO YO (La triple PPP)

3 diciembre, 2014 8 comentarios

 

Como politólogo no tengo precio. Quiero decir que soy mal analista y peor predictor; nadie daría un euro por mis opiniones.

Aun así este blog se llenó, en sus inicios, de artículos políticos. Tan convulsa era la situación entre 2010 y 2012 que no podía evitar tomar parte. Eso sí, casi todos los escribía con referencias históricas, culturales y, sobre todo, musicales. Por algo el subtítulo del blog.

Escribí bastante sobre la indignación prevista por Hessel, antes de que el 15 M estallara, y mucho sobre el propio movimiento que ha desembocado en este big bang que representa PODEMOS.

Más de dos años hace que no toco la política. Pero está hoy tan increíblemente revuelta que es ella la que me toca a mí.

Así que ahí va mi análisis.

ASÍ ESTAMOS.

La primera P.

El partido más fuerte, el PP, está profundamente desprestigiado tanto por sus incumplimientos electorales como por la corrupción interna.

Es posible, y muchos así lo justifican, que dada la profundidad de la crisis en que el entorno y ZP nos habían sumido, no fuera posible cumplir el programa que  aupó a MR al poder. Eso pudiera quizá justificar las acciones que adoptó, pero no el engaño en las promesas que hizo y que sabía que no podría cumplir.

La corrupción, tanto dentro del partido como en muchas de las administraciones gestionadas por él, era de sobra conocida por el propio partido. Quizá no toda, pero sí mucha. Y nada ha hecho hasta que todo empezó a estallar como bomba de racimo. Y aun así, las acciones fueron (y son) tímidas, forzadas e insuficientes.

Ha perdido el PP mucho apoyo, millones de electores. Su suerte, es que apenas (quizá excepto entre los más jóvenes) hay trasvases a otros partidos. Son los votos hibernados de la abstención cabreada.

La segunda P.

El PS (sin vocales, ya que la “O” de obrero la ha perdido en favor de la tercera P y la “E” de español está en franca deriva), continúa en caída libre.

A  la destrucción desde dentro provocada por la nefasta gestión de ZP, siguió la travesía del desierto de RB, que no arañó ni un voto de tantos como iba perdiendo el PP.

La vaciedad intelectual de su actual líder, pese a su Doctorado, es notable. Su discurso, bien estructurado en la forma, peca de artificialidad, vaguedad y oportunismo. Cierto es que su tarea es complicada. El PP tiene todo el arco del centro derecha para ubicarse cómodamente en tanto que este PS ha de maniobrar entre dos lindes difusas que cada vez se estrechan más: si se acerca a la derecha, pierde más por la izquierda. Si hace lo contrario, sucede lo contrario.

Así, los votos que pierde los pierde de verdad. Hacia uno u otro lado según cómo se desplace en cada momento.

La tercera P.

PODEMOS (PD), el nuevo fenómeno político, la explosión de luz en la oscuridad de tanta gente, es la tercera P. La única que ni retrocede ni se estanca.

Continúa su imparable ascenso acaparando, cada vez con más facilidad, dos amplios sectores sociales: el de la izquierda ideológica y  el de los cabreados, cualquiera que sea su ideología o tendencia.

Ha emergido con estruendosa brillantez. La pobreza, la corrupción, las desigualdades, las tropelías o torpezas de las otras P’s y los escaparates mediáticos son su combustible. Líderes radicales, intelectualmente solventes y muy buenos comunicadores son sus conductores.

Sus argumentos y diagnósticos se sostienen sin demasiado proceso intelectual. Basta ver lo que ha sucedido en estos últimos años para que la mayoría, y no solo sus potenciales votantes, exclamemos: “¡Coño, si es que tienen razón!”.

Otra cosa son sus propuestas, pero cuando la pasión se desata es el instinto, más que el razonado análisis, el que mueve la voluntad electoral.

Tanta fuerza tiene hoy que incluso sus pequeños asuntos de corrupción son capaces, sin apenas esfuerzo y ninguna disculpa, de transformar en triunfo.

ASÍ TRANSCURRIRÁ 2015.

¿Qué sucederá en este año, clave para el futuro?

La primera P.

Veo tres factores a su favor:

  1. La corrupción, tras estas semanas convulsas, perderá virulencia. Es probable que surjan nuevos casos y que los descubiertos evolucionen a peor. Pero el cinismo y la inteligencia, aún presumible en Rajoy y cierta en SSS, harán que los casos conocidos y los que puedan venir, se conviertan en “episodios del pasado, de antiguos dirigentes que ya no están”. Los que lo hicieron van entrando en la cárcel: Matas, Bárcenas, Fabra,… Y algunos más entrarán sin duda.
  2. La mejoría económica, que hoy solo se percibe en la macro, se hará más evidente en la calle. La reducción de los costes de deuda y energéticos así como el efecto retardado de algunas de las reformas permitirán poner sobre el tapete medidas de ayuda a las clases desfavorecidas. Si se consolida la creación de empleo y se concluyen pactos con los sindicatos, atemorizados por el avance de la tercera P, la caída del PP tocará fondo y comenzará un paulatino ascenso.
  3. No sólo hay votos a recuperar; también los hay a ganar. La debilidad del PS es proporcionalmente inversa al fortalecimiento del PP. El sector “centrista” de los votantes del PS prefiere un acercamiento entre ambos partidos a las veleidades de Pedro hacia PD. Cuanto más se acerque a ellos, más ganará el PP. De ahí la insistencia en el pacto PP-PS; el objetivo del PP, más que lograr el pacto, es que PS lo rechace. Tiempo habrá. Por otro lado, los votos hibernados por causa de las derivas en la ley del aborto y en política penitenciaria regresarán. El voto útil y el voto del miedo juegan a su favor.

La segunda P.

Todo lo que puede evolucionar juega en su contra. Hablemos también de tres factores; todos en negativo.

  1. La ambigüedad de PS, prisionero entre una derecha que no va a perder más y una izquierda radical que se acerca hacia una socialdemocracia atemperando sus propuestas, le debilitan sobremanera. Sánchez no puede ceder hoy, aunque sin duda lo hará en el futuro, a las propuestas del PP de grosse koalition. Se le abriría un agujero por su izquierda.
  2. La ambigüedad del PS en política territorial hará que pierda aún más apoyo social en “territorio común”. Al mismo tiempo, su estructura federal debilitará su fuerza en Cataluña, ya muy mermada por esta misma causa.
  3. Sánchez no ha sido una buena elección como líder del PS. Su afición por nadar entre dos aguas y la debilidad intelectual de sus mensajes exasperan a parte importante del aparato y, especialmente, a Susana Díaz. Está por ver que la propia SD no de un golpe de mano y apee a PS del PS. Y, de paso, a los Carmonas, Gómez y otros mediocres personajes que lastran al partido.

La tercera P.

Todo parece favorecer a PD.

Lo lógico es pensar que, tras el estallido espectacular de su aparición y de su reciente evolución, perderá pasión en el apoyo pero ganará amplitud. Los millones que hoy le aplauden lo harán con menos entusiasmo pero seguirán haciéndolo. Y su viaje hacia posiciones menos radicales le aportará nueva clientela.

Pablo es mucho Pablo. Y Tania Sánchez es una “magnífica adversaria”. En la pelea, no hay mejor contrincante que el que se pone, sin aparentarlo, a tu favor. De modo que, con la ayuda del adversario, se irá tragando poco a poco al adversario.

Y así, con una Izquierda Unida desunida y debilitada, un PS en continuado declive y una UPyD carcomida por la soberbia de su jefa, PD continuará avanzando en esa tierra de nadie, abandonada por los adversarios naturales.

¿Y CUANDO LLEGUE EL MOMENTO?

Todos dicen que las encuestas son sólo encuestas. Que marcan tendencia pero que no suponen que la voluntad expresada en una pregunta coincida con la que se expresaría ante una urna.

Suelen decirlo, claro, los que salen mal en la foto. Que hoy son todos menos PD.

A PD esto le asusta, pero es susto con gusto. A los demás les acojona.

A la calle le entusiasma; a la empresa le aterra. Los pobres aplauden; los ricos tiemblan. Los medios, algunos de los cuales –propiedad de “gente de derechas”- han hecho su agosto, comienzan a retirar apoyo. Tanta audiencia pueden generar encumbrándoles como derrumbándoles.

De modo, que cada grupo, cada clase, cada sector, cada medio, cada partido, prepara sus estrategias para que dentro de doce meses no se produzca el cataclismo.

Y no se producirá. Las tendencias que intuyo en estos meses, el temor al cambio profundo, al ¿qué va a pasar si ganan estos? y la ley D’Hont impedirán que se produzca. El éxito de PD está asegurado; el triunfo absoluto (ser partido ganador) lo veo improbable.

Aunque, como dijo Franco cuando volaron a Carrero, no hay mal que por bien no venga. El revulsivo que ha supuesto la aparición de PD no va a traer sino cosas buenas: temor de los políticos respecto a la gestión de los bienes públicos, mayor transparencia en la gestión, menos corrupción y mayor apoyo a quienes lo necesitan.

Así que seguirá gobernando la primera P, con apoyo circunstancial de la segunda P y con la escrutadora presión y vigilancia de la tercera P.

 

 

 

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EL HONOR DEL GENERAL (Duelo del General Seoane)

23 marzo, 2013 Deja un comentario

Cuenta Cabriñana en su libro Lances entre Caballeros un interesante duelo extraído, como muchos otros, de las Memorias Íntimas del General Fernández de Córdova.

Trae su causa este duelo del ambiente de rebelón militar y de la Guardia Real que desembocó en el Motín de La Granja de San Ildefonso. Como consecuencia de estos hechos, la reina Cristina se vio obligada a restablecer la Constitución de 1812 y a nombrar un nuevo gobierno progresista que ella misma había hecho caer con la destitución, pocos meses antes, del Presidente progresista Juan Álvarez Mendizábal y el inmediato nombramiento de Francisco Javier Istúriz (el duelo entre ambos quedó relatado en la reciente entrada Duelo entre Presidentes), hecho que a su vez fue el detonante de las revueltas militares.

EL MOTÍN DE LA GRANJA (los sargentos con la Reina)

EL MOTÍN DE LA GRANJA (los sargentos con la Reina)

El protagonista de este relato es Don Antonio Seoane Hoyos que, a la sazón, era Capitán General de Madrid y poco después Ministro de la Guerra, cargo al que renunció tras haberlo ejercido durante apenas veinte días. Fue también, algunos años después, Presidente del Congreso de los Diputados.

Seoane (Alcalá del Río 1790-Puerto de Santa María 1864) era progresista, como Mendizábal, e íntimo suyo. Como ustedes recordarán, actuó como padrino y testigo en el duelo de éste con Istúriz.

De su señorío da fe el duelo que voy a relatarles. De otras virtudes o defectos suyos, poco sé: me remito al criterio de quienes mejor le conocían:

“Carácter impresionable y en cierto modo fosfórico el del general D. Antonio de Seoane. Hombre pundonoroso, leal, consecuente, de gran corazón pero de limitadas facultades mentales, capaz de actos heroicos pero desprovisto del conjunto de dotes que requiere el puesto de general en jefe, principalmente en épocas de guerra civil”
(Historia general de España, de Modesto Lafuente y Juan Varela)

Puestos debidamente los antecedentes históricos y personales vayamos al lance, para cuyos detalles me basaré, como no, en Cabriñana y Córdova. Dio el asunto mucho que hablar en Madrid y en todas partes de España. Las razones, los detalles y los protagonistas no eran para menos. Vamos a ellos.

El diálogo entre los sargentos amotinados y la Reina Cristina.

El diálogo entre los sargentos amotinados y la Reina Cristina.

Como quedó dicho, Seoane era el Capitán General de Madrid y Diputado a Cortes cuando sucedieron los hechos. He aquí la causa:

“En una discusión acalorada que se trabó en el Congreso con motivo de si la Guardia estaba bien asistida y si tenía o no cada oficial un cinto de onzas, como había asegurado Mendizábal en otra sesión, y refiriéndose a la conducta política de los Regimientos de la Guardia, dijo Seoane que sus oficiales merecían cada uno arrastrar un grillete; que se habían conducido cobardemente y como genízaros en Pozuelo de Aravaca, negándose a marchar con su brigada que mandaba Van-Halen, ínterin no dejaran sus puestos los Ministros de la Corona.” 

Esta pública y osada declaración de Seoane, Capitán General, soliviantó a la oficialidad a sus órdenes. Ya sabemos que, cuando de ofensas se trata, no sirven jerarquías. Y a pesar de estar muchos de ellos convalecientes “curándose de sus enfermedades y heridas” recibidas en combates recientes, una treintena de oficiales se comisionaron para desafiar al general y nombraron a tres compañeros, previamente sorteados de entre ellos, para batirse con el General.

Tocó la suerte a al General Manzano, a Castro y otro de nombre no recordado. “En el café de Lorenzini se sorteó el primero que debía batirse con el general, resultando éste ser el General Manzano. Nombraron padrino al General Fernández de Córdova.

Seoane aceptó el reto, nombrando para sus padrinos al brigadier Infante y al Comandante de la Milicia Nacional de Bilbao, coronel Arana

Así pues, el desafío estaba lanzado y aceptado. Faltaba establecer las condiciones.

El título de este escrito alude al honor del General. Y lo demostró éste con creces, como se verá, y no sólo por aceptar batirse en duelo con tres adversarios, uno tras otro.

Seoane gozaba de fama de consumado tirador y fueron precisamente sus padrinos quienes propusieron la pistola como arma en el duelo. Pero aquél no quería ventaja, así que el lance se estableció de manera que fuera la suerte de uno la que determinara la muy probable muerte del otro.

Se decidió la distancia de cinco pasos...

Se decidió la distancia de cinco pasos…

Se decidió una distancia de cinco pasos (¡cinco pasos para pistola!) a fin de dar opción a Manzano, el menos avezado a pistola. Pero, además, convinieron en que solo una (¡solo una!) pistola se cargara. Los dos dispararían al tiempo, al pronunciar el número tres, pero tan sólo una pistola escupiría la mortal bala.

“Tales eran las sencillas pero terribles condiciones que debían igualar la suerte, conocida la desventaja de Manzano a la pistola respecto de Seoane. Los amigos del General debían llevar las suyas y yo las mías, que eran inglesas y de combate. Llegamos al terreno (fuera de la Puerta de Hierro, camino de El Pardo). Ninguno de los desafiados daba la menor señal de flaqueza. Resolviose en el campo, por los cuatro padrinos, que se cargara con mis pistolas, pero cargadas con la pólvora perteneciente a los cartuchos de la caja del General, por ser de Robert.”
“Cargadas las pistolas, una de ellas sin bala, colocáronse detrás de un matorral. Por haber ejecutado yo aquella operación (se refiere Córdova a la carga), no permití que fuera Manzano quien primero eligiese, como lo pretendía Seoane, que insistió mucho en ser el que tomara la pistola que su contrario le abandonara.”

Ya todo estaba como debía estar. Pero aún tuvo tiempo el General para dar prueba de su honor, como relata el padrino de su adversario:

“Me llamó el General a su lado y llevándome algo distante, y con voz entera que el peligro no hacía temblar, me dijo:
“- Córdova, si Manzano me mata, será probablemente asesinado esta noche por los patriotas de Madrid. Yo debo evitarlo. Tome usted este pasaporte con el cual podrá circular por todas partes y llegar al ejército y a su regimiento. Con esta carta –añadió- mi criado le entregará uno de mis caballos, y he aquí, además, este bolsillo…contiene 25 onzas, de que habrá menester el subalterno para salvarse.”

Córdova, conmovido por el rasgo de caballerosidad de Seoane, aceptó el pasaporte, pero no así el dinero ni el caballo: “Si Manzano no lo tiene (el dinero) se lo daremos sus compañeros; si necesita caballo, yo pondré a su disposición el mío; pero todos agradecemos, incluso Manzano, los generosos propósitos de usted.”

GENERAL FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA

GENERAL FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA

Ya no quedaban palabras que decir. Era el turno de que las pistolas hablaran.

“A la voz de uno, que yo di, Manzano apunto al cuerpo del General, y este lo mantuvo inmóvil. A la voz de dos, Manzano permaneció inmóvil, pero siempre apuntando. Seoane lo hizo a la cabeza de su contrario.”
“A la voz de tres no se oyó más que una sola detonación de las dos pistolas, y Seoane cayó al suelo desplomado. Todos le creímos muerto. No fue así, por fortuna. La pólvora fulminante estaba descompuesta y había perdido la mayor parte de su fuerza. La bala no tuvo la necesaria para penetrar en el cuerpo, pero sí la suficiente para fractura una costilla y doblar la otra sobre el hígado. El primer dolor fue atroz, pero Seoane se repuso pronto y se levantó; quería seguir el combate y que se cargaran otra vez las pistolas.”

Tanto Córdova como los demás padrinos insistieron con energía en detener el combate. Seoane, no obstante, declaró en seguida que se ratificaba en lo dicho en las Cortes y Manzano, consecuente, que no consentía el ultraje y que continuarían, en otro momento, batiéndose.

El General anduvo semanas entre la vida y la muerte. Sus adversarios “iban diariamente a interesarse por la salud del General y a preguntar cuándo ésta le permitiría asistir al duelo aplazado”.

Tan memorable combate –y las circunstancias que lo rodearon– traspasó el ámbito personal y el inmediato de amigos, para afirmar con mayor énfasis las posiciones políticas de los moderados, en favor de Manzano y de los progresistas “con mucha energía y efervescencia”, en favor de Seoane. La cuestión de honor se convirtió en cuestión de partidos.

Era menester, pensó Córdova, terminar con dignidad, y sin desórdenes ni muertes, este asunto. Y así, reunió a los oficiales de la guardia y les expuso:

“La afrenta está lavada. El General y el representante de ustedes han expuesto igualmente sus vidas, y aquél ha estado y continúa en peligro de muerte ¿Qué otra reparación ha de buscarse? Si continúan ustedes pretendiendo batirse todos contra uno, las condiciones dejarán de ser iguales y dignas, por lo tanto, de caballeros, puesto que cada uno de ustedes se arriesgará una vez sola y, el General, tantas veces como oficiales de la Guardia residen en Madrid.”

Córdova habló del honor de quien él no representaba. Nadie osó añadir una paraba más que no fuera de asentimiento.

Excepto el General Seoane, que seguía afirmando que él estaba dispuesto sólo contra todos. Aunque finalmente, “ante la conducta delicada de sus adversarios, acabó por retirar cuantas palabras ofensivas había pronunciado en su discurso.”

Y así terminó aquel lance en el que, ante todo, venció el Honor y la Gallardía de un General que:

“…investido con una de las representaciones más altas del Estado, dio muestra tan sublime de lealtad caballeresca con su adversario, y no vaciló en deponer por un instante su carácter, su autoridad y su jerarquía para acudir al Terreno del Honor—“

La mejor música para el Honor, es el Silencio.

Es ardid de Caballeros, cevallos para vencellos.

Es ardid de Caballeros, cevallos para vencellos.

DOS DUELOS SINGULARES (Espronceda y Narváez)

21 marzo, 2013 Deja un comentario

Estos dos duelos que hoy traigo tuvieron poca transcendencia, a no ser por la personalidad del desafiante, en el primer caso, y lo peculiar del motivo y del escenario, en el segundo,

JOSÉ ESPRONCEDA

JOSÉ ESPRONCEDA

Espronceda fue uno de los más reconocidos poetas del romanticismo. Nació poco antes de los levantamientos del dos de mayo y murió muy joven, a los 39 años, casi en los preparativos de su boda. Fue, también, periodista y político liberal. Y, como casi todos los duelistas, hombre de honor, pendenciero y valiente.

Pues resulta que allá por el año 1837, el periodista D. Andrés Borrego, moderado, escribe un artículo que, sin ser demasiado agresivo, ofende a Luis González Brabo, diputado por Cádiz y militante del partido progresista. También fue Brabo, cómo no, Presidente del Consejo de Ministros desde el 5 de diciembre de 1843 a 5 de mayo de 1844 gracias al apoyo de Ramón Narváez, Duque de Valencia, que le sucedió en el cargo durante el siguiente trienio.

Ya conocemos cómo se tomaban estas cosas en aquella época. A cuenta del dichoso artículo, Brabo desafía a duelo a Borrego. Éste, sin cruzar ni dos palabras más, pide a quien había de ser su representante, el coronel de caballería D. Juan de la Pezuela, conde de Cheste, que haga lo que deba.

Bravo toma como testigos a D. José Espronceda y al Conde de la Navas, a quien ya conocemos de anteriores duelos. De este último dice el General Córdova que era “hombre muy irascible y de carácter violento”.

LUIS GONZALEZ BRABO

LUIS GONZALEZ BRABO

Los testigos de Brabo marcan las condiciones del duelo, “que son aceptadas por los de Borrego con marcada repugnancia”, pues debían de ser muy ventajosas para aquél: pistola, apuntar, avanzar y disparar “hasta que unos de los dos quedara fuera de combate”.

El duelo no tuvo historia, ya que hubo de suspenderse porque una de las pistolas estaba inutilizada (es el primer caso que nos encontramos, puesto que las pistolas de otros duelos, ya fueran de Hormaechea como en el duelo del Duque y del Infante o de Borrego, como en el de Mendizábal con Istúriz, estaban bien a punto). Brabo, haciendo poco honor a su nombre, declara el duelo terminado y rehúsa nuevo combate.

Pero, señores, aquí no acaba la historia. Espronceda, el protagonista en la sombra, aún no ha dicho “esta boca es mía”.

JUAN DE LA PEZUELA

JUAN DE LA PEZUELA

Al rehusar Brabo continuar el combate, es la representación de su adversario, D. Juan de la Pezuela, quien se arroga el derecho de dar publicidad al asunto. Relata éste lo ocurrido en una carta

“…en términos que Espronceda consideró ofensivos para la representación que ostentaba”.

Y, ni corto ni perezoso,

“Exige con violencia una reparación por las armas a Pezuela y aceptado por éste el nuevo reto, concertaron inmediatamente un duelo a sable, del que fue testigo único el general Ros de Olano.”

¿Ven que fáciles son las cosas cuando las ganas no faltan? el duelo original entre Borrego y Barbo, apenas iniciado y no culminado, da lugar a un nuevo reto entre sus testigos.

“El encuentro tuvo lugar detrás de las tapias del cementerio de San Martín., y Espronceda recibió una fuerte contusión en el dedo pulgar de la mano derecha”.

Los intentos de Ros de Olano por dar por concluido el lance se enfrentaron con la firmeza y las ganas de pelea de Espronceda, que:

“Excitado por su herida, desoyó los ruegos del único testigo y juez de campo, y avanzando con inusitada furia, llegó a arrinconar a su adversario, que no podía romper más, adosado, como estaba, a las tapias del cementerio.
Pezuela tenía mayor dominio del sable que el Espronceda; quería a éste como un hermano, y trataba de contenerle sin herirle nuevamente; pero el furioso poeta seguía arremetiéndole, sin escuchar las voces de Ros de Olano. Y, entonces, su adversario le descargó una tremenda cuchillada, que dio con él en tierra, rompiéndole una clavícula.”

Aquí termina el combate, que por unos minutos interrumpió la amistad que se profesaban Pezuela y Espronceda, ambos hombres de letras y compañeros en la tertulia del Café del Príncipe, mejor conocido como El Parnasillo, que aún hoy existe Su amistad se consolidó tras el combate.

EL PARNASILLO, EN 1836

EL PARNASILLO, EN 1836

Antes mencioné al padrino, no de duelo sino político, de González Brabo. El general Narvaez, Duque de Valencia que, como ya dije fue también Presidente del Gobierno entre 1844 y 1846 y en otras seis ocasiones, después de esta. El cargo de Presidente del Gobierno en aquella época tenía, como tuve ocasión de mencionar en Duelo entre Presidentes, poca seriedad.

Él será el protagonista del siguiente reto que, aunque tampoco se consumó, tuvo extraordinaria singularidad tanto por sus protagonistas como por los motivos. Resulta que el General Narváez mantenía relaciones sentimentales, que más tarde se consolidaron en matrimonio, con la bella Marie Alexandrine, hija de los Condes de Tascher de la Pagérie.

Estando Narváez un día de 1942 cenando en casa de sus futuros suegros, en compañía de otros invitados de renombre, tornó la conversación en asuntos relativos a la guerra con los franceses y, más en concreto, a las batallas en que había participado Narváez a las órdenes de Mina.

Algo, cualquier tontería –que ya conocemos la sensibilidad de estos señores– de un comentario de uno de los coroneles franceses, debió de molestar a Narváez que, a pesar de estar en plena cena, invitado en una casa que, además, es la de sus suegros, y en presencia de su novia, se levantó iracundo olvidando sus modales y el lugar en que se encontraba y, con voces destempladas, estalló:

“Yo me c…en usted,… y en todos los franceses, …y en el ejército francés, …y en Luis Felipe,…y en Francia,…”

No es posible dice el relator, testigo de la situación, describir la estupefacción y la sorpresa de todos los que presenciaban la escena.

“La prometida de Narváez se desmayó; los franceses se levantaron de la mesa y la comida se dio por terminada. El coronel francés designó a sus padrinos y Narváez nombró para representarle a Córdova y a Escosura, que aceptaron la representación con la condición de que su apadrinado retirase previamente todas las frases injuriosas para los franceses, con excepción del coronel.”

La labor de los padrinos fue en este caso conciliadora. No como en el duelo de Montpensier y D. Enrique, en el que pedían sangre ni como en el duelo de Borrego y Brabo, en el que se retaron y se batieron ellos mismos.

En esta ocasión, y una vez se evaporaron los efluvios del alcohol ingerido, las actitudes se calmaron y, en vez de duelo, hubo boda.

GENERAL D. RAMÓN DE NARVÁEZ

GENERAL D. RAMÓN DE NARVÁEZ

Ya estoy harto de buscar música de duelos. Como hemos hablado de las guerras con los franceses, a Narváez le habría gustado cantarle al coronel francés esta Copla de Arapiles, que recuerda con cierta chirigota la paliza que le dieron los aliados, madados por Lord Wellington (Velintón en la copla), a los gabachos de Marmont  en la batalla de Los Arapiles, Salamanca.. Las imágenes del video youtube son espléndidas.

Velintón en Arapiles

a Marmont y sus marciales,

para comer les dispuso

un buen pisto de tomate.

Y tanto les dio

que los fastidió,

y a contarlo fueron

a Napoleón.

¡Viva Velintón!

¡Viva, viva el lord Velintón!

DUELO ENTRE PRESIDENTES

19 marzo, 2013 8 comentarios

conspiracion real

A estas alturas y con tantos duelos leídos, algunos de ellos aquí relatados, debería estar ya curado de sorpresas. Porque malo es que combatan en duelo generales, diputados, almirantes, periodistas, poetas…muchos de ellos, además, amigos entre sí. Pero lo de los dos protagonistas de hoy es, créanme, increíble.

No fue el duelo en sí, que por fortuna no trajo sangre, lo importante. Ni tampoco lo fueron sus motivos, pues ya nos tienen acostumbrados estos duelistas a la futilidad de sus razones. Contaré detalles sobre ambos, duelo y motivos, pero me centraré sobre todo en lo más relevante: la personalidad de sus protagonistas.

Porque, asómbrense conmigo, ambos fueron, Presidentes del Gobierno de España. Uno, cuando el duelo tuvo lugar; el otro, al suceder a aquel unos meses después.

 ¿Pueden imaginar ustedes que el Sr. Zapatero y su sucesor, el Sr. Rajoy, se hubieran batido en duelo a pistola poco antes de las elecciones generales de marzo de 2004?

Cierto es que, en aquella época, el que no era Presidente del Consejo de Ministros de España no era prácticamente nadie. Nuestro razonable conocimiento de aquella etapa nos permite recordar a los que tuvieron más protagonismo o a aquellos con cuyo mandato coincidió algún hecho de relevancia histórica. El mejor conocedor de la historia de aquel siglo no recordará, me atrevo a apostar, más del quince por ciento de los que fueron presidentes. Imposible imagino recordar a todos.

Dichosos nuestros nietos que, cuando ya mayores les pidan recordar a los presidentes de la ultima parte del XX y primera del XXI –un periodo de 40 años– contesten, ayudándose de los dedos de una mano: Suarez, González, Aznar, Zapatero, Rajoy,…

–         Se olvida usted de uno.

–         ¿Qué olvido uno? No, no creo…Ah, sí, Calvo Sotelo. Pero bueno, su mandató fue muy efímero, no llegó ni a dos años.

Pues bien, les diré que en los 106 años que transcurren entre el inicio de la Regencia de Cristina de Borbón-Dos Sicilias, en 1833, y el final de la guerra civil, en 1939, España tuvo la friolera de 135 Presidentes de Gobierno. Una media de 1,23 años de mandato en un periodo tan dilatado de tiempo es algo fascinante. O inquietante. Desde luego, muy representativo de la convulsión política que dominó  aquellos tiempos.

Después de esta breve curiosidad histórica, les presentaré a los contendientes del duelo de hoy:

JUAN ÁLVAREZ MENDIZABAL

JUAN ÁLVAREZ MENDIZABAL

El ofendido, y a su vez retador en el duelo, fue Don Juan de Dios Álvarez Mendizábal. El impulsor de una de las desamortizaciones (reprivatizaciones) de las tierras comunales y las de propiedad de la iglesia.

Nació  D. Juan de Dios gaditano y fue liberal. Ocupó las carteras ministeriales de Estado y Hacienda y fue Presidente del Gobierno entre el 25 de septiembre de 1835 y el 15 de mayo de 1836.

El ofensor, el que aceptó el reto a pesar de los esfuerzos de su padrino por desactivarlo, fue Don Francisco Javier de Istúriz Montero.

Nació gaditano, como su oponente, y fue, como él, liberal. Ocupó las carteras de Gobernación y Estado (esta en tres ocasiones) y fue también Presidente del Gobierno en tres ocasiones, en los periodos 15 mayo a 16 agosto de 1836, 5 abril 1846 a 28 de enero 1847 y 14 enero a 30 de junio de 1858.

En su primer mandato sucedió, precisamente, a Mendizábal. En el último, le sucedió Leopoldo O’Donnell.

Su amistad inicial con Mendizábal (ambos participaron en la conspiración liberal) derivó, por desavenencias relacionadas sobre todo con la desamortización, en manifiesta enemistad.

Tanta, que hubieron de batirse en duelo.

FRANCISCO JAVIER ISTÚRIZ

FRANCISCO JAVIER ISTÚRIZ

Así lo relataba el jefe del Ejército, D. Miguel Imaz en una carta (de 16-4-1836) dirigida al General Córdova que, como hemos visto, siempre estaba presente en asuntos de duelos, y que está recogida en el libro Lances entre Caballeros:

“No puede usted imaginarse al extremo en que las pasiones están irritadas; y para darle un tipo voy a referirle a usted circunstancialmente un lance de esta mañana, resultado de haber dicho Istúriz a Mendizábal “que no representaba con dignidad su destino, etc.”, según verá usted en los papeles.”

Observen que la carta es de abril del 36 y que el lance referido es de “esta mañana”. Realmente tuvo lugar en la madrugada del 13 de abril de 1836 ¡Cuando Mendizábal ostentaba el cargo de Presidente del Gobierno de España! Un presidente participando en un duelo a pistola con su adversario político.

Enterado Mendizábal del comentario de Istúriz, de su “terrible ofensa”, escribe “cuatro renglones” a Seoane, que actuaría como su testigo, para que le hiciera saber al adversario que “estaba resuelto a que muriese Istúriz o lo matase a él, o le diese una satisfacción tan pública como había sido el insulto.”

Así lo hizo Seoane. Mientras éste se ocupaba del mandado, Mendizábal “se encerró con un escribiente y se ocupó durante una porción de horas en arreglar todos los papeles, disposiciones, etcétera.”

Istúriz nombró al Conde de las Navas como su representante que, al habla con Seoane y, yo creo que más por responsabilidad que por cobardía, trató de “componer” el lance. Éste dijo que “o satisfacción o duelo”; Navas contestó que duelo.

De modo y manera que cuando Seoane vuelve a casa, pues había tenido que ir al Pardo, se encontró con una carta de Las Navas en que le decía que “podrían estar a las seis de la mañana de hoy pasado el puente de Segovia”.

Eran expeditivos estos políticos, sin duda.

Las Navas trató aún de evitar, con mañas, el lance. Vean:

“Concurrieron a la hora citada, primero Istúriz y más tarde Mendizábal. Dijo Las Navas que estaba apurado porque no encontraba la llave de la caja en la que estaban las pistolas; contestó Seoane: “yo traigo pistolas”. Pero rebuscando encontró Las Navas la llave.

Las Navas quiso treinta pasos; Seoane, veinte. Las pistolas eran de Borrego, magníficas, hechas ad hoc para estos lances.

Tiró Mendizábal; después Istúriz; no se dieron. Tomó Seoane la pistola de Mendizábal y empezó a cargar de nuevo; Las Navas se lamento de que el lance siguiera…”

Seoane, muy firme, repitió que satisfacción o duelo. Finalmente, Istúriz, una vez que ambos habían probado pundonor y corazón para el peligro, pronunció medidas palabras de disculpa que el otro aceptó.

El acta del duelo reflejó lo que ellos quisieron que reflejara. Ni demasiada disculpa, ni demasiada amistad, ni demasiada animadversión; sin faltar algo ni sobrar nada; el lance, serio pero sin sangre.

Si hubiera habido muerte, de uno o de otro, incluso si hubiera habido sangre, Istúriz no habría sido jamás Presidente del Gobierno de España. Aunque, con tantos como hubo, nada de nuestra historia habría sido alterada.

No sé ustedes, pero yo no concibo que España hubiera estado en manos de esos locos.

Aunque, de igual modo, estoy convencido de que aquellos locos no hubieran concebido una España, como la de hoy, gobernada por esta panda de inútiles efectivos y corruptos presuntos.

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Nada pasó en el duelo, pero siempre es mejor dejar las pistolas en casa y no tentar al destino. Así le decía su madre a Billie Joe, un joven vaquero que quería presumir de hombre.

‘Don’t take your guns to town, son
Leave your guns at home, Bill
Don’t take your guns to town.’

No lleves las pistolas a la ciudad Billie, déjalas en casa.

Billie, como Mendizábal, como Istúriz, como otros tantos, era presumido y valiente. Pero no tuvo la suerte de ellos.

Hoy les dejo a Johhny Cash, al gran Johnny, al que hace tiempo tengo olvidado.

DON’T TAKE YOUR GUNS TO TOWN.

 

 

A young cowboy named Billy Joe
Grew restless on the farm
A boy filled with wanderlust
Who really meant no harm
He changed his clothes and shined his boots
And combed his dark hair down
And his mother cried as he walked out;

Refrain:
‘Don’t take your guns to town, son
Leave your guns at home, Bill
Don’t take your guns to town.’

He sang a song as on he rode,
His guns hung at his hips
He rode into a cattle town,
A smile upon his lips
He stopped and walked into a bar and laid his money down
But his mother’s words echoed again;

Refrain:
‘Don’t take your guns to town, son
Leave your guns at home, Bill
Don’t take your guns to town.’

He drank his first strong liquor then to calm his shaking hand
And tried to tell himself at last he had become a man
A dusty cowpoke at his side began to laugh him down
And he heard again his mother’s words;

Refrain:
‘Don’t take your guns to town, son
Leave your guns at home, Bill
Don’t take your guns to town.’

Bill was raged and Billy Joe reached for his gun to draw
But the stranger drew his gun and fired before he even saw
As Billy Joe fell to the floor the crowd all gathered ‘round
And wondered at his final words;

Refrain:
‘Don’t take your guns to town, son
Leave your guns at home, Bill
Don’t take your guns to town.’

 

 

BRONCA EN EL CONGRESO (y duelo Topete-Campoamor)

17 marzo, 2013 6 comentarios

Pocas cosas hay tan aburridas como asistir a un debate sobre el Estado de la Nación o a una Sesión de Control del gobierno en el Congreso de los Diputados. Lo que cada uno va a decir o responder es perfectamente predecible. No hay sorpresas, ni en los debates ni en las votaciones.
Si tan solo fuera aburrimiento, tendría un pase. El problema real es la falta de nivel intelectual en las intervenciones; la zafiedad del debate. Aún está fresco el espectáculo bochornoso de la sesión de control del último miércoles: Ponferrada, el yerno ladrón y el tesorero corrupto impidieron que se hiciera política en un país sometido en una profunda crisis económica y, lo que es peor, de valores.

Echo de menos una bronca de verdad. A palos.

En ocasiones, nos llega noticia de que en algún país se ha producido una sesión parlamentaria “subida de tono”. La más reciente, hace pocos meses, sucedió en el parlamento ucraniano por una cuestión de lenguas (se debatía permitir como oficial el idioma ruso en algunas regiones). Peleas serias han sucedido también en India, Taiwán, Corea, Uruguay, Bolivia, Chile…Países que, sin ser exóticos, nos pillan lejanos.

¿Por qué no aquí? me pregunto ¿Por qué este congreso tan inútil, tan aburrido, tan zafio…y tan pacífico?

BRONCA EN EL CONGRESO

BRONCA EN EL CONGRESO

Pero no siempre fue así.

En el libro de cuyos relatos me nutro estos días, Lances entre Caballeros (quizá a ustedes les canse tanta referencia al mismo; yo me lo paso muy bien), se relata una simpática sesión parlamentaria que pudo terminar, en aquella época en la que por un quítame allá esas pajas salían a relucir las espadas y a tronar las pistolas, con duelos y con muertos. Afortunadamente no fue así.

Viene además a cuento este relato en estos días porque, precisamente, el inductor involuntario de la trifulca fue un Papa; mejor dicho, la alusión a un Papa: Su Santidad Pío IX. Sucedió en la sesión parlamentaria de 16 de junio de 1871.

Las Cortes acababan de ser constituidas tras las elecciones generales que  tuvieron lugar pocos meses antes, el 8 de marzo. En ellas triunfó la coalición de los partidos Progresista, Democrático y Unión Liberal, con 235 escaños. En la oposición quedaron, atomizados, los monárquicos, carlistas, católicos y conservadores-moderados y otros varios, con 158 asientos entre todos. Curioso es que aún quedaba un reducto de “monpensieristas”, con Antonio de Orleans, el verdugo del Infante Borbón y rey frustrado, a la cabeza.

El presidente de la cámara era don Salustiano Olózaga.

D. SALUSTIANO OLÓZAGA

D. SALUSTIANO OLÓZAGA

Sucedió que al inicio de la sesión se leyó una proposición de don Ramón Nocedal, de la Comunión Católico-Monárquica, redactada en estos términos:

“Pedimos al Congreso se sirva declarar que, asociándose al sentimiento general del católico pueblo español y de toda la cristiandad, ve con indecible satisfacción y vivísima alegría que haya llegado al vigesimoquinto aniversario de su glorioso pontificado nuestro santísimo padre Pío IX, a pesar de la persecución inaudita que sufre, víctima inocente y propiciatoria de los extravíos, errores y crímenes que afligen en la época presente al género humano y pervierten el orden social, el cual solamente puede restaurarse siguiendo la palabra infalible del augusto Vicario de Jesucristo en la tierra.”

Redacción harto empalagosa y, en las circunstancias de aquel congreso donde los católicos –como partido– eran minoría, bastante provocadora. Don Ramón, que presentó con energía teatral su proposición, buscaba sin duda incitar los ánimos.

Los incipientes murmullos, que amenazaban convertirse en rugidos, fueron atemperados por el Ministro de Gobernación, Sr. Sagasta que así se dirigió al proponente:

“Si la proposición hubiera venido despojada del carácter político, el gobierno la habría aceptado, pues en su ánimo estaba felicitar al Padre común de los fieles.”

Para no cerrarse en banda, intervino el diputado Juan Bautista Topete, de la mayoría, y sugirió que la proposición se dividiera en dos partes: la primera, acabaría con la mención a Pío IX; la segunda, la parte política, sería el resto: desde “…a pesar de la persecución inaudita…”. A esto se llama dividir el problema.

D. JUAN BAUTISTA TOPETE

D. JUAN BAUTISTA TOPETE

Ya que ha salido a colación y que esta serie de relatos trata de los Lances de Honor, hablemos del duelo de Don Juan Bautista Topete  Fue este caballero de todo: Vicealmirante, político, héroe de guerra y, cómo no, duelista ¿Quién, que se preciara de caballero en aquella época, no lo era?

Tuvo cierta repercusión su duelo con el poeta D. Ramón de Campoamor que en este breve inciso les cuento. Sucedió con ocasión del nombramiento de Don Augusto Ulloa y Castañón como Ministro de Marina del gobierno O’Donnell, en 1863. Los marinos rechazaban a Ulloa. Pero Campoamor tenía buen concepto de él.

Vean por qué tipo de tonterías se batía en duelo la gente:

“El célebre poeta Ramón de Campoamor, furibundo defensor de la monarquía isabelina, escribió entonces un artículo contra los jefes de la Armada, en el que decía: “¿Por qué no queréis al Sr. Ulloa? ¿Porque no ha cogido una ostra en su vida?” Los marinos, apenas lo leyeron en La Época, nombraron a Juan Bautista Topete, gran tirador al sable y a la pistola, para que desafiase a Campoamor en duelo. Y como éste, aunque bondadoso y jovial, nunca rehusaba los lances de armas, aceptó el reto del impetuoso Topete.

Fueron padrinos de Campoamor el general Reina y el Barón de Villatardi; de Topete, los generales de Marina Quesada y Prast. Concertóse el duelo a sable, y se verificó en la quinta de Salamanca. Los sables los proporcionó Moreno Benítez y estaban afilados cual navajas de afeitar. Una vez frente a frente los dos adversarios, diose la señal y comenzó la lucha.

Muy pronto pudo advertir Campoamor la superioridad de su destreza: el marino atacaba vigorosamente, pero sin resultado, ya que el poeta paraba sus golpes con facilidad. Aquél, cegado por la ira, menudeaba los tajos y reveses, que siempre encontraban su quite. Campoamor, a su vez, atacó sin lograr tocarle, pero la duración del asalto fue desventajosa para Topete, y Campoamor acabó hiriéndole en la frente. Topete, con el rostro ensangrentado, dio un rugido y se lanzó sobre el poeta. Éste acudió a la parada, y le hirió una segunda vez en la mano derecha, desarmándolo. Entonces el bravo marino exclamó con rabia:

¡Condenación! ¿Qué dirán mis compañeros?

El general Reina, interponiéndose, le respondió:

Dirán que ha sido usted un valiente; pero con las armas hiere la casualidad.

Campoamor en seguida se acercó a Topete y le dio un abrazo, y desde entonces fueron buenos camaradas.”

D. RAMÓN DE CAMPOAMOR

D. RAMÓN DE CAMPOAMOR

Aquí termino el inciso, con disculpas por la digresión, y continúo con la sesión parlamentaria.

A pesar de la enmienda transaccional de Topete, el gobierno no quería ni de lejos que la Cámara felicitara a su Santidad. Así que la rechaza de plano a pesar de venir de filas amigas.

Se solicita votación nominal y, antes de comenzar, se levanta el diputado conde de Canga-Argüelles, también de Unión Católica, y pide le dejen leer un documento. Vean ustedes la provocación, pues el tal documento es, nada más y nada menos, parte de una encíclica de de Pío IX. Olózaga estuvo tentado de dejarle pero el Ministro de Estado se negó en redondo.

Para que os quiero contar. Los católicos, que predican la paz, se lanzan a la guerra.

“Horrible fue el alboroto que se desencadenó entonces en la Cámara. Todas las oposiciones prorrumpieron en vehementes protestas, contestadas por la mayoría con gritos despreciativos e ironías indignas. Arreciaba la lluvia de imprecaciones; era aquello el diluvio, en el que veíase náufraga y pidiendo inútil auxilio la nave de la presidencia.

Desencadenados los vientos, no teniendo ya la tempestad oral bastantes pulmones para silbar, bastó un ademán algo enérgico de Canga-Argüelles sobre el hombro de Núñez de Arce para transformar la sesión, de parlamentaria que era, en imprecativa para todos y contundente y dolorosa para muchos.

Saltaron de sus bancos los padres de la patria, y arremolinándose en medio del salón los de carácter más enérgico, viéronse al aire brazos y palos, y a Olózaga y a Serrano (1) correr bastón en mano en las partes de mayor peligro, pidiendo a los carlistas que se moderasen por amor al Papa, y a los amadeistas que se contuviesen por amor al rey.”

Esta es la divertidísima crónica de la bronca del Congreso de los Diputados que tuvo lugar en aquel 16 de junio de 1971. Se saldó con contusiones, pero sin demasiada sangre.

Avergonzados, los diputados se reunieron de nuevo en sesión secreta. Les ahorro a ustedes las declaraciones de paz y disculpas de Canga-Argüelles, aceptadas de inmediato por Olózaga en nombre de la Cámara.El duelo se evitó.

A Su Santidad Pío IX jamás le llegó la felicitación de las Cortes españolas.

(1) Serrano era Presidente del gobierno, antes de que lo fuera mi tatarabuelo Malcampo, a quién a su vez sucedió Don Práxedes Mateo Sagasta.

CONDE DE CANGA-ARGÜELLES

CONDE DE CANGA-ARGÜELLES

Hoy, a falta de mejor inspiración, vuelvo a traer ópera. Apenas verán la conexión con este asunto, pero aprovecharé que estamos en 1871, cuando Giuseppe Verdi estrenó Aída en El Cairo; y aprovecharé que el enamorado de Aida era también militar, buen guerrero y con sensibilidad de poeta. Vamos, una mezcla entre Topete y Campoamor: el Comandante Radamés.
A la bellísima Aída dedica esta extraordinaria aria: Celeste Aída. Canta Alfredo Kraus.

DUELO ENTRE EL DUQUE Y EL INFANTE (el desenlace)

11 marzo, 2013 2 comentarios

Con la puntualidad de quien sabe que tiene que resolver un asunto de vida o muerte, y nunca mejor dicho, los contendientes y sus padrinos, testigos y facultativos, “Siendo las diez del día, se presentaron en el ex portazgo de las ventas de Alcorcón el Sr. Infante D. Enrique de Borbón y el Sr. Duque de Montpensier, acompañados de los infrascritos y de los doctores D. José Sumsi y D. Luis Leira.”

Recordemos que los duelos estaban legalmente prohibidos, aunque socialmente permitidos cuando no alentados. Muy especialmente entre las clases altas –los contendientes, por ejemplo– y la milicia, a cuyo más alto estamento pertenecían varios de los padrinos. Por eso, que junto al lugar del duelo existiera una Escuela de Tiro militar, no les preocupó lo más mínimo. Al contrario, lo utilizaron como coartada.

“Acto continuo se dirigieron todos los referidos a la Escuela de Tiro de la Dehesa de los Carabancheles, y obtenida la licencia del Sr. Comandante jefe de aquel puesto militar para probar unas pistolas, se eligió un lugar próximo al blanco de los tiros de cañon”.

En el lugar, dos padrinos miden la distancia de nueve metros. Paréceles a todos que la distancia queda corta y, de consuno, deciden alargarla en un metro: “En cuya virtud se midió y rayó a uno y otro extremo la distancia de diez metros, fijándola además con dos piquetes”.

La suerte en el orden de los disparos favoreció a D. Enrique. La suerte en el orden de elección de puesto sonrió a D. Enrique. Tal parecía que la diosa fortuna iba a sonreírle durante todo aquel día.

Cuando el duelo estaba a punto de comenzar, el Sr. Coronel don Felipe de Solís y Campuzano, advierte sobre la existencia de un cierto desnivel en el terreno que podría perjudicar al Sr. Duque, su pupilo: “…pero haciéndosele observar por todos los demás compañeros de una y otra parte que todo aquel terreno era accidentado; que aquella línea era la más regular que podía escogerse, y que preveyendo (sic) dicho inconveniente se había acordado en la noche anterior que decidiera la suerte, el Sr. Solís retiró su reclamación.”

Ya los duelistas están, en sus puestos respectivos. Ya nada parece que pueda impedir el duelo. Las armas se cargan con intervención de una y otra parte y, en el sorteo para la elección de pistola, “correspondió este derecho al Sr. Infante D. Enrique.”

Tres de tres. Los tres azares del reglamento acordado en la noche anterior sonríen al infante. Ya no hay nada más que hablar; comienza el duelo:

Comienza el duelo.

Comienza el duelo.

“Entregadas a dicho señor y al Sr. Duque de Montpensier sus armas respectivas, se dio la voz de “atención”, y perteneciendo al Sr. D. Enrique disparar primero, hizo fuego sin resultado, y respondió con su disparo el Sr. Duque con igual suceso”.

El primer asalto resulta, pues, nulo y sin sangre. Hay que proseguir.

Los padrinos debaten en ese momento sobre la “condición establecida núm. 2º”, esto es, la de acortar en un metro la distancia si en el primer turno de disparos no había resultado. Acordaron no hacerlo.

Segunda regla alterada, si bien por unanimidad de los redactores y tras oportuno debate.

“Disparó por segunda vez el Sr. Infante sin que ocurriera novedad.”

“Hizo su disparo el Sr. Duque, y la bala, dando entre la caja y la llave de la pistola de su adversario, se partió en dos: media quedó incrustada entre los muelles, y la otra mitad, chocando en la levita por encima de la clavícula derecha, rompió el paño sin penetrar en el chaleco. Reconocido el Sr. Infante por los facultativos, y preguntado…si sentía alguna molestia en el punto o alguna dificultad que le estorbase, contestó negativamente repetidas veces.”

El segundo asalto, ganado a los puntos por el Sr. Duque.

Aunque el combate no debería acabar hasta “resultar herida”, según la condición sexta, el General Alaminos (uno de los padrinos del Duque) se acerca al Sr. Rubio para plantearle “si aquel accidente no sería bastante a dejar en lugar honroso a las partes, sin ser necesario que continuase el duelo”.

¡Qué cerca estuvieron de salvar una vida!

El Sr. Rubio acepta la propuesta, que plantean al resto de la representación. Después de discutirla “con el mejor ánimo”, concluyen unánimemente que la condición número 6, que requiere sangre, ha de ser literalmente cumplida. Hago notar que, tras vulnerar los padrinos dos de sus propias reglas, deciden que la más importante, la que decide que haya o no haya un muerto, ha de ser literalmente respetada. Aducen para ello no cuestiones de humanidad, sino de publicidad y de “decoro” de los propios combatientes. En esto sí demostraron los nobles padrinos ser buitres sedientos de sangre.

Y, así, “…dada la publicidad del caso, el carácter de las personas, el hecho de haberse alterado ya benignamente las dos condiciones más duras del combate y lo ocasionados que son estos sucesos a ser materia de prolongadas interpretaciones que dejan peor parado el decoro de los combatientes, aun habiendo sufrido todos los peligros del duelo, se acordó por unanimidad que continuase.”

Y continuó, vaya si continuó.

“Hizo su tercer disparo el Infante D, Enrique, sin resultado.”

“Disparó en su turno el Sr. Duque y cayó en tierra el Infante D. Enrique.”

...y el infante cayó al suelo.

…y el infante cayó al suelo.

 “Reconocido por los doctores Sumbi, Leira y Rubio, resultó tener una herida penetrante en la región temporal derecha; las arterias temporales estaban rotas; la masa cerebral, perforada; la vida de relación y de sensibilidad, abolida; la respiración, estertorosa.”

El resto, ya poco importa; tan sólo, las formalidades “legales”.

“Acompañado por testigos de una y otra parte hasta que vino una camilla que, recogiéndolo, llevó el cuerpo del Sr. Infante al próximo campamento, se convocaron los infrascritos para la sesión presente, y acordaron levantar este acta en cumplimiento de la ley y de los usos y costumbres de los Lances de Honor, disponiendo además se escriban en el número necesario para entragar una a los herederos del Infante D. Enrique de Borbón, otra al Sr. Duque de Montpensier, una a cada testigo y otra para que el Sr. Teniente General D. Fernando Fernandez de Córdova se encargue de depositarla en tiempo oportuno en alguno de los establecimientos públicos encargado de la custodia de papeles.”

Siguen las firmas de los presentes:

Firmas de las Actas del duelo

Firmas de las Actas del duelo

Así reparaban estos salvajes, que se decían nobles y se creían educados, ciertas desavenencias que no debieran haber llegado, en el peor de los casos, a la enemistad o al desprecio. Se trataba de personas formadas, influyentes y educadas en sociedad, pero que tenían un concepto peculiar del honor. El honor entendido como exigencia de respeto, en ciertos casos de sumisión, por encima de cualquier otra cosa.

A D. Enrique, ese “honor” mancillado del duque le costó su vida a los 47 años de edad.

Para el Duque, los acontecimientos se precipitaron. El mismo 12 de marzo de 1870, día del duelo, es juzgado por un Consejo de Guerra y condenado ¡a un mes de destierro! El Consejo considera que la muerte del infante es consecuencia de un accidente.

El 16 de noviembre de 1870, las Cortes españolas eligen a Amadeo de Saboya, candidato de Prim, para ocupar el trono de España. El príncipe italiano obtiene 191 votos frente a los 27 del duque francés.

El 30 de diciembre de 1870, Juan Prim cae asesinado.

Muchos, con razón, sostienen que Montpensier no pudo ser rey por haber matado en duelo al Infante. Muchos, con razón, sostienen que Montpensier indjo y financió el asesinato de Prim porque fue quien le impidió ser rey de España.

Aun así, logró estar próximo al trono cuando su hija, María de las Mercedes, se casó seis años más tarde con su propio primo, Alfonso XII rey de España. Fue una proximidad efímera porque María de las Mercedes, solo cinco meses después de su boda y con sólo 18 años, se fue de este mundo.

La tumba del Infante D. Enrique.

La tumba del Infante D. Enrique.

Montpensier murió en 1890 en Sanlucar de Barrameda. A propósito de esto, me voy a permitir traer a colación otro entronque familiar.

Como comenté en mi anterior entrada, Lances entre Caballeros, el autor de la obra, Julio Urbina Ceballos-Escalera, marqués de Cabriñana, era tío carnal de mi abuela, María Teresa Urbina y Malcampo. El apellido Malcampo lo llevó con honor su abuelo, y por tanto tatarabuelo mío, D. José Malcampo y Monje.

Traigo este breve recuerdo familiar porque Don José murió también en Sanlucar de Barrameda (donde había nacido) diez años antes de que lo hiciera Montpensier. No cabe duda de que, por las posiciones respectivas y actividades de cada uno, tuvieron intensas relaciones, no sé si de amistad y tampoco sé si de duelos; pero seguro que políticas y, quizá de guerra, si que fueron.

En la lápida que mi tatarabuelo tiene en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, Cádiz, puede leerse

Aquí yacen los restos del Contraalmirante Don José Malcampo y Monje,
Marqués de san Rafael, Conde de Joló y Vizconde de Mindanao,
Senador del Reino, Presidente del Consejo de Ministros, con cartera de Estado y marina en 1871.
Capitán General y Gobernador de las Islas Filipinas en 1874. Conquistador de Joló en 1876.
Falleció en Sanlucar de Barrameda el 23 de mayo de 1880, a los 52 años de edad.
RIP.

Junto al sarcófago aún quedan los restos de una corona en la que se puede leer:

“A mi inolvidable y querido esposo”.

Lástima que muriera tan joven, a pesar de que Dios le regalara unos cuantos años de vida tras haber caído herido en la batalla de Pagalungan, Mindanao, cuando una bala le atravesó el pecho de parte a parte. Cuantos lo vieron, dijeron que fue un milagro que lograra vivir.

Debió de ser, sin duda, un gran tipo. Algún día escribiré sobre él.

D. José Malcampo y Monge

D. José Malcampo y Monge

La canción de hoy no va de duelos ni de honores. Pondré el precioso romance que habla de aquella chiquilla que, precisamente en el parque de los “Mompansié”, conoció al real mozo, muy cortesano, de Madrid, con bigote y patillas. Se casó con él. A los cinco meses, con 18 años, murió.

Adiós princesita hermosa, adiós carita de rosa…

María de las Mercedes, Concha Piquer.


Una dalia cuidaba Sevilla
en el parque de los Mompansié,
ataviada de blanca mantilla
parecía una rosa de té.
De Madrid con bigote y patillas
vino un real mozo muy cortesano
que a Mercedes besó en las mejillas
pues son los niños primos hermanos.
Y un idilio de amor empezó a sonreir…,
mientras cantan en tono menor
por la orillita del Guadalquivir:

María de las Mercedes,
no te vayas de Sevilla,
que en nardo trocarse puede
el clavel de tus mejillas.
Que quieras o que no quieras
y aunque tú no dices nada
se nota por tus ojeras
que estás muy enamorada.
Rosita de Alejandria,
Amor te prendió en sus redes
y puede ser que algún día
amor te cueste la vía,
María de las Mercedes.

Una tarde la primavera
Merceditas cambió de color
y Alfonsito, que estaba a su vera,
fue y le dijo: ¿Qué tienes, mi amor?
Y lo mismo que una lamparita
se fue apagando la soberana,
y las rosas que había en su carita
se le volvieron de porcelana.
Y Mercedes murió empezando a vivir,
y en la plaza de Oriente, hay dolor,
para llorarla fue todo Madrid.

María de las Mercedes,
mi rosa más sevillana,
¿por qué te vas de mis redes
de la noche a la mañana?
De amores son mis heridas
y de amor mi desengaño
al verte dejar la vida
a los dieciocho años.
Adiós, princesita hermosa,
que ya besarme no puedes.
Adiós, carita de rosa,
adiós, mi querida esposa,
María aa …
María de las Mercedes.

Tomado de AlbumCancionYLetra.com
En hombros por los Madriles,
cuatro duques la llevaron
y se contaban por miles
los claveles que la echaron.
Te vas camino del cielo
sin un hijo que te herede.
España viste de duelo
y el rey no tiene consuelo,
María de las Mercedes.

DUELO ENTRE MONTPENSIER Y EL INFANTE BORBON

9 marzo, 2013 Deja un comentario
EL DUQUE DE MONTPENSIER

EL DUQUE DE MONTPENSIER

Por las venas de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier (Neully-sur Seine, 31 julio 1824) corrían caudales de sangre real. Hijo del rey de Francia Luis Felipe de Orleans, cuñado de la reina de España Isabel II, padre de la reina consorte de España María de las Mercedes y suegro por tanto del rey Alfonso XII.

 Él mismo quiso ser rey de España y maniobró lo que pudo para lograrlo. De su fracaso culpó al General Prim, de cuyo asesinato muchos le consideran inductor. Pero, como otros sostienen con razón, el motivo fundamental por el que perdió cualquier posibilidad de acceder al trono fue el duelo que hoy traigo aquí.

Montpensier fue ambicioso, conspirador, instigador, vanidoso…Quizá tuviera virtudes, pero entre ellas no se hallaba la de encajar con buen talante las críticas que se le hacían.

Al menos, las que provenían de la familia política. Su concuñado, el Infante de España y duque de Sevilla, don Enrique María Fernando Carlos Francisco Luis de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (Sevilla, 17 abril 1823), que también destilaba nobleza y sangre real por sus poros, conocía las maniobras del duque y no dudó en hacer de ellas pública acusación. Fueron duras sus críticas. No pensó el infante, probablemente, en el efecto que podrían tener.

EL INFANTE D. ENRIQUE

EL INFANTE D. ENRIQUE

Del desafío y subsiguiente duelo, que como consecuencia de tales críticas tuvo lugar el 12 de marzo de 1870, muchos han escrito. Hoy, siguiendo la serie de Lances de Honor, me apetece hacerlo a mí.

En el libro que traté en mi anterior entrada, LANCES ENTRE CABALLEROS, se describe fielmente el duelo entre el duque y el infante y sus motivos. No así sus consecuencias, excepto la más directa: la muerte de uno de ellos. El autor, marqués de Cabriñana, transcribe directamente las actas levantadas por los padrinos de ambos contendientes, actas que toma prestadas Cabriñana de “nuestro querido amigo don Andrés Mellado”.

Son dos actas muy completas y con muy cuidada redacción.

La primera de ellas, fechada el 11 de marzo, describe el motivo del desafío, que no es otro que la pública denuncia del Infante de las maniobras del duque para conquistar el trono, denuncia trufada de finos insultos. Transcribe también el acta las cartas cruzadas entre los duelistas, el debate entre los padrinos sobre la procedencia –en ausencia de disculpas del ofensor– de haber lugar el duelo y, finalmente, da cuenta de las decisiones sobre las reglas del duelo.

La segunda, de 12 de marzo, contiene la crónica, muy detallada, “del lance de honor concertado en el día de ayer”.

 Vayamos hoy con la primera. Seré fiel en lo transcrito y trataré de serlo en lo por mi resumido.

 “En Madrid, a 11 de marzo de 1870, siendo las nueve de la noche, reunidos en la casa morada del Excmo. Sr. General D. Frenando F. de Córdova, calle de Alcalá nº 70, con dicho señor, el excelentísimo Sr. General Alaminos, el Sr. Coronel don Felipe de Solís y Campuzano, el Sr. D. Emigdio Santamaría, D. Andrés Ortiz, y D. Federico Rubio; los tres primeros en representación del Sr. Duque de Montpensier, y los últimos en la del Sr. Infante D. Enrique de Borbón, a fin de dirimir las cuestiones pendientes entre dichos señores, se constituyeron en tribunal de honor, pasando a examinar los antecedentes del asunto, que son los que resultan de los siguientes documentos:”

Entre los documentos, glosaré o resumiré lo destacable, empezando por el doc. nº 1: La ofensa del Infante.

“Cumple a mi honor romper el silencio –dice el Infante– …desde la llegada a Madrid del Duque se hace correr la especie de hallarme acobardado o en tratos sumisos con aquél…

La especie es tan malévolamente calumniosa y tan inicua, como la que hace depender la coronación de Antonio I por el distinguido general Prim, en un depósito de millones como pago del servicio”

Tras esta indisimulada acusación de la ambición del duque y de su pretendido soborno a Prim, comienza con el ataque directo:

“Soy y seré el más decidido enemigo del duque francés…

No hay causa…que entibie el hondo desprecio que me inspira su persona, sentimiento justísimo que por su truhanería política experimenta todo hombre digno…

…Este príncipe tan taimado como el jesuitismo de sus abuelos, cuya conducta infame tan claramente describe la historia de Francia, habría sido proclamado rey en las aguas de Cádiz si un ilustre compañero mío de marina no se negara…

…Dicen los mercenarios ¡que Montpensier es un ser perfecto, y el iris de paz y Dios de la Bondad!…

El liberalismo de Montpensier, conducido por la fiebre de hacerse rey, es tan interesado que se merece la terrible lección que, de cuando en cuando, impone la justicia de las naciones indignadas.”

(Siguen algunas exaltadas frases patrióticas sobre Gibraltar, el levantamiento del Dos de Mayo, Daoiz, Velarde y los héroes del Carral. “Antes era la invasión armada contra nuestra patria y hoy es la invasión hipócrita, jesuítica y sobornadora de los orleanistas contra nuestra patria”.)

“Montpensier representa el nudo de la conspiración orleanista contra el emperador Napoleón III, en la que entraron ciertos españoles de señalada clase.”

Esta es la carta que inicia el terrible proceso. Dirigida a Montpensier, lleva fecha de 7 de marzo y se publica en el diario La Época.

La respuesta del Duque, muy escueta y formalista, sólo inquiere al Infante si es él quien lo ha suscrito y si responde de su contenido. Lleva fecha de 8 de marzo.

El 9 de marzo D. Enrique contesta, asumiendo la firma y la responsabilidad del contenido.

MOSAICO EN EL PANTEON DE HOMBRES ILUSTRES, MADRID

MOSAICO EN EL PANTEON DE HOMBRES ILUSTRES, MADRID

Las siguientes comunicaciones son ya entre los padrinos. A la primera de los del Duque (“Tenemos cerca de V. A. una misión de honra de parte del Sr. Duque…”), el Infante responde con una implícita solicitud de aplazamiento (“…no puedo prescindir de acompañarme de personas que se entiendan con ustedes, de las cuales alguna se halla fuera de Madrid”), que es tomada como cobardía por aquellos (“…No podemos menos de extrañar que V. A. tomando ocasión de ausencia de personas que desea le acompañen, pretenda diferir…No se acostumbra entre personas de honor diferir a esta obligación de los caballeros…”).

Estas tres comunicaciones llevan fecha de 10 de marzo.

El Infante no puede soportar, por caballero, que por tal no le tomen (“Dados los bélicos ardores que por el contexto de la última carta de ustedes se descubren…me siento animado a satisfacerles con premura.”) y contesta el día 11 de marzo (“….y por más que aún no tengo los servicios de las personas que deseaba me acompañaran en este caso, he suplicado y obtenido de los señores…) aviniéndose a consumar el asunto en la fecha sugerida por la representación de Montpensier.

Es esta la razón por la que sus padrinos, con tal presión y urgencia escogidos, no tienen sangre, o al menos títulos, de nobleza,

El acta relata, a continuación de la descripción de los documentos, las discusiones sobre si podría o no llegarse a una “solución satisfactoria por medio de explicaciones decorosas” que evitase el derramamiento de sangre:

“Y después de discurrir ampliamente sobre el asunto se convino por unanimidad que no cabía este recurso sin que resultara retirado el manifiesto impreso del señor infante D. Enrique.”

Aún así, uno de los representantes del Infante pretendió aflojar la tensión y desactivar el reto aduciendo “que el documento estaba inspirado por un sentimiento especialmente político y que bajo ese punto de vista perdía su carácter personal”. Esta maniobra de elusión fue enérgicamente rechazada por la representación del Duque.

Ya no había más que hablar, excepto de los detalles del duelo. Todos aceptan que, siendo el Duque el ofendido, a él le cabe el derecho de elegir las armas. Se opta por las pistolas con la anuencia de ambas partes. Ya solo queda definir las reglas del encuentro.

“De igual manera, después de templados razonamientos y maduras consideraciones, fueron acordándose por unanimidad los siguientes particulares:

  1. Se colocarán los combatientes a nueve metros de distancia uno de otro.
  2. Si el primer disparo por una u otra parte no diese resultado, se acortará un metro de distancia, quedando ocho entre los combatientes.
  3. No podrá disminuirse la distancia de ocho metros, cualquiera que sea el número de disparos efectuados infructuosamente.
  4. Los disparos se harán sucesivamente y no a la misma voz por parte de ambos, por demostrar la experiencia que, en la práctica, siempre se adelanta o se retrasa alguno.
  5. Se echará a la suerte cuál deba disparar primero, continuándose después por orden sucesivo.
  6. El combate no terminará hasta resultar herida.
  7. Si al ser herido alguno llevara hecho un disparo menos que su adversario, tendrá derecho a hacer fuego para igualarse.
  8. Se echará a la suerte la elección del puesto que hayan de ocupar los combatientes.
  9. Se repartirá el sol, para que no hiera de frente a los que combatan.
  10. Se cargarán las dos pistolas con intervención de testigos de una y otra parte.
  11. Se echará a la suerte la pistola que corresponda a cada uno.
  12. Se permitirá el uso de gafas al Sr. Duque por llevarlas habitualmente.
  13. A las diez de la mañana del día, sábado, 12 del actual, habrán de encontrarse los señores infante D- Enrique y Duque de Montpensier, acompañados de sus respectivos testigos y facultativos, en el ex portazgo de las ventas de Alcorcón.”

Con estas trece reglas, nada se dejaba al azar, excepto los sorteos acordados de pistolas, puestos y orden de disparo.

Los representantes de uno y otro proceden, una vez hecho el reglamento, al “reconocimiento de dos pistolas de combate compradas el día anterior en la casa de Hormaechea, calle de Alcalá nº 5, y no estando al pelo, ni teniendo señales de haber sido usadas ni ensayadas, se aceptaron por ambas partes.”

DOS PISTOLAS DE COMBATE...DE CASA HORMAECHEA.

DOS PISTOLAS DE COMBATE…DE CASA HORMAECHEA.

Todo estaba ya dicho. El duelo se fija para el día siguiente, 12 de marzo de 1870 a las diez de su mañana. Transcurridos sólo cinco días de la publicación de la carta del Infante, y un día después de su última misiva comunicando la aceptación.

Y también transcurrirá sólo un día para el desenlace, que tendré mucho gusto en contarles mañana.

En el dudoso caso de que alguno de los que esto leyeren no supiera del resultado del duelo, hará muy bien en abstenerse de investigar las fuentes.

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Casi en la misma época, pero a miles de kilómetros de distancia, los duelos eran también comunes. No era privilegio de clase en aquellos territorios incivilizados del salvaje oeste, pero algunos duelos tenían mucha mayor grandeza que los de príncipes y duques.

Como el que nos contó Fred Zinnemann en aquel extraordinario film, Solo Ante el Peligro (High Noon, 1952) en el que Will Kane (Gary Cooper) sólo, se bate con cuatro forajidos. La música es inolvidable:

HIHG NOON, por Frankie Lane.

 

Do not forsake me, oh, my darlin’,
On this, our wedding day.
Do not forsake me, oh, my darlin’,
Wait; wait alone.
I do not know what fate awaits me.
I only know I must be brave.
For I must face a man who hates me,
Or lie a coward, a craven coward;
Or lie a coward in my grave.

Oh, to be torn ‘twixt love an’ duty.
S’posin’ I lose my fair-haired beauty.
Look at that big hand move along,
Nearing high noon.

He made a vow while in state prison:
Vowed it would be my life for his an’,
I’m not afraid of death but, oh, what shall I do,
If you leave me?

Do not forsake me, oh, my darlin’:
You made that promise as a bride.
Do not forsake me, oh, my darlin’.
Although you’re grievin’, don’t think of leavin’,
Now that I need you by my side.

Wait along, (Wait along.)
Wait along.
Wait along. (Wait along, wait along, wait along, wait along.)