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RECUERDOS DE INFANCIA. Los pichones.

20 septiembre, 2015 9 comentarios

La infancia es un privilegio de la vejez. No sé por qué ahora la recuerdo más que nunca.

(Benedetti)

PICHON VOLANDO

Una lectora de la última entrada, Don Amalio, el Pintor, me comentó que le había gustado pero que la encontraba “poco profunda”. No sé qué profundidad puede darse a estos recuerdos de niñez o, quizá sea más acertado, no sé cómo dársela.

Porque estas remembranzas infantiles que me ha dado por devolver a la vida y que, como Benedetti, recuerdo ahora más que nunca, son solo eso: recuerdos; generalmente intrascendentes. Y si los rememoro estos días es porque ellos me lo piden.

Así que seguiré contando cosas que sucedieron y que no tuvieron otro efecto que hacerme disfrutar o sufrir, enfadar o reír. Y sin duda contribuir, en poco cada uno pero en mucho en su conjunto, a mi formación; a ser como soy.

Debíamos de tener entonces 12 ó 13 años. Cuando utilizo el plural es para incluir a mi hermano Chiky, un año mayor que yo y compañero de aventuras y desventuras hasta que nuestras vidas, universitarias primero y profesionales después, tomaron diferentes rumbos: la suya, el de los mares; la mía, el de los despachos.

En aquella época, 1960, poco antes de nuestro internado en Zaragoza, íbamos mucho al Club de Campo. No necesitábamos compañía paterna ni, prácticamente, autorización. Éramos bastante libres y por aquellos años uno podía moverse por Madrid en auto stop o recorrer a pie, si íbamos con perro, los escasos tres kilómetros que separaban nuestra casa del club.

Eran los tiempos en que tuvimos a nuestro perro Fag (vid. Como el Perro de las Lágrimas), con el que pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo libre. Fuera paseando por el barrio o, como en este recuerdo, en el Club de Campo.

Nos gustaba escondernos con Fag tras el talud que hacía de fondo de seguridad en las instalaciones de la cancha de tiro de pichón del club. Estaba, como es lógico, absolutamente prohibido por el peligro de recibir perdigonadas. Pero la escasa vigilancia y nuestra habilidad para sustraernos de ella eliminaban cualquier dificultad. Nuestro objetivo aquél día: buscar con el perro y rescatar a los pichones que caían alicortados.

Y tuvimos éxito. Recogimos tres o cuatro pichones bastante íntegros, muy poco tocados de perdigón. Y nos volvimos, con perro y pichones, la mar de contentos a casa. Dispuestos a salvarles la vida y, una vez curados, devolverlos al cielo.

Les preparamos una especie de casa-nido encima del armario de nuestro cuarto. Les alimentábamos con lo que se nos ocurría: cañamones, granos de arroz, restos de comida… Y cogimos cariño a nuestros pichones; cada día estaban mejor y, aunque no volaban por la casa, saltaban del armario al suelo o a nuestras literas y volvían a su “nido”. El cuarto estaba, obvio es decirlo, hecho una porquería.

Pensábamos con cierta tristeza que en pocos días tendríamos que soltarlos. No sólo porque esa era nuestra intención inicial, sino por las continuas protestas de las tatas ante mamá; tal era la cantidad de mierda que producían los pichones.

PICHONES POSADOS

Una o dos semanas más tarde vinieron nuestros primos Eduardo y Manolo, de Zaragoza, a pasar un par de días a Madrid. Eran (son) de nuestra edad. Mamá les invitó a comer a casa. Después de pasar la mañana con ellos danzando por ahí, llegamos a casa.

  – ¿Qué hay de comer, mamá?, pregunta Chiky.

  – Pollo, hijo, croquetas y pollo.

  – Mmmm, qué rico!

Así que nos sentamos los cuatro en la mesa camilla del cuarto de estar. Mamá no comía con nosotros pero andaba deambulando por aquella zona de la casa.

Charla que te charla, croqueta tras croqueta, la tata nos sirve el pollo

– Qué bueno, dice Manolo.

– Sí, está estupendo, corrobora Eduardo.

Yo iba a mostrar mi acuerdo mientras me llevaba con la mano un muslo a la boca. No sé por qué, me quedo mirando el muslo antes de devorarlo. Me pareció pequeño para ser de pollo. De pronto, me entra una especie de angustia y le digo a Chiky:

– ¿No te parece pequeño este pollo?, le digo.

– ¡¡Los pichones!!

Nos miramos un momento y, al unísono, salimos disparados a nuestro cuarto. Nos subimos a la silla, miramos sobre el armario… Todo limpio, ni cartones, ni papeles, ni cañamones, ni cagadas…, ni pichones.

Volvemos corriendo al cuarto de estar. Mis primos no entendían lo que estaba pasando. La tata, sí. Le preguntamos por mamá, que hace un par de minutos estaba en el cuarto.

– Ha salido. Ha dicho que luego vuelve

Cuando volvimos a verla, por la tarde, nuestro enfado se había diluido.

Cosas de madres, cosas de críos…

Jamás le pedimos explicación. Pero hace pocos días, y ya estamos en el tiempo de hoy, en una de nuestras visitas a su residencia le cuento lo de los pichones. Aunque ya nada recuerda, arrebujada en su cama entrecierra los ojillos y aprieta los labios con esa sonrisa tan pícara suya.

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COMO ENCONTRADO, EL PERRO DE LA CAVERNA

25 diciembre, 2014 29 comentarios

El alfarero se adelantó algunos pasos y con voz clara, firme, aunque sin gritar, pronunció el nombre escogido, Encontrado. El perro ya había levantado la cabeza al verlo, y ahora, escuchado finalmente el nombre por el que esperaba, salió de la caseta de cuerpo entero, ni perro grande ni perro pequeño, un animal joven, esbelto, de pelo crespo, realmente gris, realmente tirando a negro, con la estrecha mancha… 

(La Caverna. José Saramago)

 

Ya saben que me gustan los perros y José Saramago.

Como ya conocen si leyeron lo anterior, el perro de las lágrimas no tenía nombre; era conocido por lo que hizo: beber las lágrimas de la mujer del médico, que tampoco tenía nombre. Como no lo tenía su marido, el médico, ni el niño estrábico, ni la mujer de las gafas oscuras, ni el ladrón… ni ninguno de los demás personajes de El Ensayo sobre la Ceguera (1995).

A todos se les conocía por lo que eran o lo que hacían, no por sus nombres. No hacían falta para conocer cómo era por dentro cada uno de ellos.

Los nombres son importantes en las obras de Saramago. Sea por su ausencia, como en el Ensayo de que hablamos, sea por constituir el argumento central, como en Todos los Nombres (1997), aunque sólo el protagonista aparece con el suyo, sea en fin por su descriptiva belleza, como los nombres de Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas, en Memorial del Convento (1982), una de las novelas, junto con la que cito a continuación, más tiernas y humanistas del autor.

En La Caverna (2000), los personajes sí tenían nombre: Cipriano Algor, el alfarero, su hija Marta y su yerno Marcial, Isaura, el sueño de Cipriano…

Y tenía nombre, grandioso nombre,  Encontrado, el perro que sabía que iba a ser encontrado por Cipriano y que conocía cuál iba a ser su nombre antes de tenerlo. Encontrado, el perro que iba a ser uno más en la familia Algor.

Encontrado

Ya saben también, si leyeron, que hace poco más de una semana perdí  a mi perro, que casi no era mío todavía; porque un perro solo puede “ser” de alguien cuando él ha aceptado pertenecer a ese alguien. Y mi perro no había tenido aún tiempo ni de pensarlo. Mucho menos de decidirlo.

Sucedió el día 16 de diciembre. Estaba conmigo desde el 10, menos de una semana. Seis días conmigo, siete días perdido…

Como Encontrado, Achado... Chado

Encontrado, Achado… Chado

Hace un par de días, el 23 de diciembre, siete días después de haberlo perdido y 13 después de haberlo tenido, mientras viajaba de Cádiz a Madrid para disfrutar navidades en familia, recibo una llamada:

  • ¿Es usted Jaime?
  • Sí, ¿Quién le llama?
  • Mire, soy Pilar, de Maikan, la perrera de Talamanca..
  • ¡¡No me diga que lo han encontrado…!!

La conversación continuó un par de minutos, los necesarios para tratar los detalles.

Ayer por la mañana pasé por Maikán para reconocer al perro. Era él: era Chino.

Era Encontrado

No sé cuál fue su historia durante los siete días en que ha estado perdido.  Sea cual fuere, no quiero que me la cuente; quiero que la olvide. Sé, porque lo vi, que estaba más delgado, temblando y con un enorme bulto en la quijada derecha; tan grande, casi, como su cabeza de cachorro.

Un tumor debe de ser, me dijo José Luis, el responsable de Maikan. Impensable que sea un tumor que, hace sólo siete días, no tenía. Debe de ser, respondí yo, un golpe de un coche o una fuerte tumefacción interna provocada por los esfuerzos en deshacerse del collar y correa que debieron de engancharse en algún escollo de su escapada.

Lo ha traído hoy un señor que lo veía desde hace un par de días deambulando por su finca”, me dijo Pilar.

¿Qué habrá comido durante esta semana un cachorro de cuatro meses que no conocía su nuevo entorno? Nada, supongo. Habrá pasado frío y hambre. Y miedo, mucho miedo.

Pero ya está a salvo, como Encontrado, el perro de La Caverna. Ya tiene de nuevo familia, como Encontrado.

Mañana, antes de viajar de vuelta al sur y después de las gestiones necesarias para retirarlo, iré a por él. Intentaré que olvide estos días y trataré por todos los medios de que ella lo acoja y llegue a tenerle una pizca del cariño que Marta, la hija de Cipriano, tuvo con Encontrado.

Y los “¿Cómo habría sido…?” y “Sin duda hubiera tenido…” que con tristeza preguntaba y afirmaba en mi anterior escrito, se convertirán desde hoy en “¿Cómo será?” y “Sin duda tendrá”. Porque este perro, Encontrado, va a tener historia, no sé si breve o larga, como la tuvieron Carola, Fag I, Tom, Fag II, Fag III y Chino, mis otros perros.

Y le voy a cambiar el nombre: ya no será “Chino”. Pero como Encontrado, nombre acertado para personaje de novela, es poco práctico para un perro de caza, le bautizaré con la versión original: “Achado”. La fonética es importante para un perro de caza. Así que será, simplemente, “Chado”.

Él ya lo sabe, aunque todavía no se lo he dicho.

Así que ya estoy feliz. Sólo queda que ella lo acepte. No aspiro a que lo quiera, que lo querrá. No espero que sea para ella tan importante como lo fue Gypsy en esta preciosa canción con la que les dejo.

Escúchenla y lean la letra. Pero deténganse antes del final, porque es un final muy triste

“Ahora, Gitano es mi perro. Lo encontré en una zanja de la carretera.

Y le he llamado Gitano porque le encaja bien el nombre…”

Así lo cantaba ella. Escuchen a la grandiosa Dolly Parton: Gypsy, Joe and me.

We might have slept in a rail yard or camped by the river bank
We fed ourselves from the fruit of the land
And quenched our thirst with rain
We never did allow no roots to grow beneath our feet
Life just had no pattern for Gypsy Joe and me
All we had was each other and the rags upon our back
The closest thing to a home we new was some abandoned shack
But we had all we needed and the rest we didn’t need
Life was free and simple for Gypsy Joe and me
Now Gypsy was my little dog, I found by the road in a ditch
And so I named him Gypsy, cause that name just seemed to fit
Oh and Joe he was my man, the flower of my soul
Thou he never said he loved me, I just always seemed to know
While standing by the highway, thumbin’ for a ride
The speeding wheels of a passing car, took Gypsy’s life
I lost him where I found him and his loss was misery
Now there’s no more Gypsy, there’s just Joe and me
Well the winter came and the snow did fall
And the night was cold and still
And the rags we wore were not enough
And Joe he caught the chill
And he told me how he loved me
And in my arms he went to sleep
Now there’s no more Gypsy, no more Joe, there’s just me
While standin’ here on the edge of this bridge
Lookin’ down I see
The face of Joe and Gypsy, lookin’ back at me
And somewhere in the distance I can hear them callin’ me
Tonight we’ll be together again
Gypsy, Joe and me

COMO EL PERRO DE LAS LÁGRIMAS

20 diciembre, 2014 27 comentarios

… Se le acercó el perro de las lágrimas, éste sabe siempre cuándo lo necesitan, por eso la mujer del médico se agarró a él, no es que no quisiera bien a todos cuantos se encontraban allí, pero en aquel momento fue tan intensa su impresión de soledad, tan insoportable, que le pareció que sólo podría ser mitigada en la extraña sed con que el perro le bebía las lágrimas.

         (Ensayo de la Ceguera. Saramago)

 

Creí que ya jamás tendría perro.

El último, hablaré de él, murió hace unos diez años. Era el tiempo en que yo dejé mi trabajo, los hijos se iban yendo poco a poco, la casa se nos quedaba demasiado grande y empezamos ella y yo a cambiar nuestras rutinas.

Entre cambios de casa primero, y de latitud después, ni tiempo había de pensar en perro. Y si yo lo hubiera mencionado de nada habría servido. De sobra lo sabía.

Hace unos meses, ya establecidos desde hace tiempo en nuestra casa del sur, le pregunto a ella:

– ¿Me dejarías tener un perro?

– Ni en sueños, respondió, segura de que su firmeza sería suficiente para detener mi posible insistencia.

Y la detuvo, vaya si la detuvo. Yo no entendí su cierre en banda, sin siquiera permitir una argumentación por mi parte o una breve conversación sobre el asunto. Pero lo acepté.

Para mí pensaba: ¿Por qué no me dejará, sabiendo lo que me gustan los perros? Ahora que, además, me acabo de hacer junto con unos amigos con un coto de caza en Jerez, a una hora escasa de casa, para cazar en mano perdiz brava, que me divierte una barbaridad. Y sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de tiempo libre y de espacio que tengo ahora para enseñarle…

Y, caramba, fue precisamente ella, además, la que me regaló mi primer perro de verdad.  

Todo esto pensaba, pero nada decía. Ella puede detener mis palabras pero los pensamientos fluyen sin llamarlos.

No fue hasta hace pocos días cuando un domingo por la tarde me pregunta

– ¿Qué tal tu caza?

Bien, contesto, he bajado cinco perdices.

He de decir que cinco perdices pueden parecer pocas a quien las abate en ojeo o anda tras las fáciles perdices de granja. Pero estas mías son duras de andar, complicadas de bajar y difíciles de cobrar. Así que cinco es una buena percha.

– ¡Qué bien!, me responde.

– Sí, pero sólo he cobrado una.

– ¿Y eso?

– Bueno, es que ya te dije que es un terreno muy complicado. Y sin perro se hace aún mucho más difícil cobrar las que cazo…

Se quedó unos segundos elaborando la respuesta que yo esperaba. No me defraudó.

– Anda, cómprate un perro si quieres.

Así es ella. Todo corazón. Duro a veces pero noble siempre.

De modo que no di un minuto a una posible recapitulación. Le di un beso y un abrazo. Especiales, de agradecimiento. Y en cuanto se levantó me metí en internet a buscar criaderos por la zona.

Luego supe que no le gustó la rapidez de mi gestión. Habría ella preferido que yo sí diera pie a esa posible recapitulación

El caso es que ya tengo perro. La conversación relatada tuvo lugar el domingo, 7 de diciembre. El jueves 11, camino de Madrid, pasé por una aldea medio perdida cerca de Écija a recoger un braco alemán de cinco meses.

Esta es la breve historia de mi nuevo perro. Breve de verdad.

Les contaré, ahora, algo sobre cada uno de mis viejos perros. Advierto que es relato largo para lo que acostumbra este blog. Así que pueden seguir o parar. E, incluso, saltarse a los viejos perros para conocer el epílogo de la historia.

CAROLA

Carola nació antes de nacer yo. Tenía la edad de mi hermano Chiky, 14 meses mayor que yo.

No era perro mío, era de la familia. Es más, era familia. Vivió como unos 12 años y mis recuerdos están muy borrosos. Excepto uno, que no es recuerdo propio, sino relatado por mi madre. Se lo cuento.

Yo tenía cinco o seis meses y estaba, como es propio a esa edad, en la cuna; en un cuarto contiguo a la habitación de mis padres.  Carola solía acurrucarse debajo de mi cuna.

Mi madre andaba en la cocina, organizando la comida con las tatas (conmigo, ya éramos cinco hermanos). En esto, escucha unos gemidos extraños de la perra. Al acercarse, menos mal que se acercó, vio a mi hermano Chiky que, en pie junto a la cuna, blandía amenazante, sobre mí, el atizador de la cocina (en aquella época, las cocinas eran de carbón).

Los celos del benjamín destronado, supongo. El caso es que su intento de acabar conmigo se frustró. Lo más probable es que no hubiera tenido éxito, pero nunca se sabe…

Jamás le he guardado rencor.

Apenas tengo otros recuerdos de Carola. Mientras ella estuvo con nosotros tuvimos algunos otros perros: Dick , Nopy y Sussie, perros de agua de raza indefinida. Y Basilio, un mastín arlequinado al que yo tenía pavor.

A mis cinco o seis años, con Carola y Tía Gloria

FAG I

Carola murió a mis 11 ó 12 años. Pronto tuvo sustituto. Un día aparece mi padre con un perro lobo bastante feo, color marrón claro y rabo ensortijado, tipo siberian husky. Era algo más que cachorro y a nosotros nos pareció precioso.

Nos dijo que se llamaba Fag. Ante nuestra extrañeza por tal nombre, nos comentó que en realidad se llamaba “Fondo de Atenciones Generales”, el nombre del departamento donde se lo habían regalado, dijo. Y que era mejor llamarle por el acrónimo: FAG. Jamás le llamamos por su nombre completo; habría resultado ridículo y, sobre todo, poco práctico.

Chiky y yo disfrutamos como enanos con este perro. Le enseñamos a saltar vallas y alambradas. Era capaz de sortear con limpieza alturas de 1,80 metros.

Le enseñamos a pelear. No había perro que pudiera con él, excepto quizá Coquinero, otro perro lobo más grande que él y con una pinta terrible. Había en el barrio otro perro con el que daba gusto verlo pelear. Solía vivir en una furgoneta verde con carrocería de madera. Se llamaba Tritón.

Si mi hermano lee esto, recordará cómo excitábamos a Fag, estuviera donde estuviera, gritando el nombre de sus enemigos: “¡¡Tritón, Coquinero, Tritón, Coquinero!!” Se ponía a morir.

Y murió.

Chiky y yo estábamos internos en un colegio de Zaragoza. Nos llamaron por teléfono un fin de semana de abril de 1963 a casa de una de nuestras tías de allí para darnos dos noticias: que habíamos tenido un hermano nuevo, Iván, el octavo, y que habían atropellado a Fag frente a la puerta de casa, en la calle Ferraz. Tenía yo casi 15 años.

Fue una muerte trágica. El autobús casi lo partió en dos. Mi hermana Blanca estaba con él y acudió a su lado. El perro, como queriendo aferrarse a la vida, se aferró con una dentellada a Blanca abarcando con su bocaza antebrazo y pantorrilla. Treinta puntos bien cosidos, y el tiempo, borraron las huellas de la involuntaria agresión.

Pero algo de premonitorio tuvo. Veintiséis años después era mi queridísima hermana Blanca la que murió atropellada por un desalmado frente al mismo portal de Ferraz.

TOM

Dos años anduvimos sin perros. Ni los hijos lo reclamábamos ni a mis padres les apetecía. Pero está visto que éramos familia de perro. Así que fue el destino el que nos proporcionó a Tom.

Estábamos mi padre y yo en Puerta de Hierro, sacando de paseo a mi abuelo. Cuando ya nos volvíamos vemos un enorme perraco, un mastín leonés, dando vueltas en el exterior de la cafetería del club. Ante nuestra curiosidad, el camarero nos comentó que llevaba algunos días por ahí, que debía de estar perdido. Como le había echado algo de comer el primer día, ya no abandonó el lugar.

Nos acercamos y jugueteamos un rato con él. Tras unos momentos, mi padre y yo nos miramos. Apenas hicieron falta palabras. Me dijo ¿Nos lo llevamos a casa?

Así lo hicimos. Durante el trayecto de vuelta nos entreteníamos pensando en la manera de explicárselo a mamá. Temíamos que nos echara a los tres.

Entramos en casa, me quedo con Tom en el salón y va mi padre en busca de mi madre

– Blanca, hemos encontrado un cachorrito y nos lo hemos traído.

Cuando entra mi madre y ve al “cachorrito”, de más de 50 kilos, nos mira alternativamente. Nosotros, en silencio expectante; el perro, mirándola a ella, como sabiendo lo que estaba en juego.

Estas son las palabras que recuerdo:

– ¡Qué monada! ¿Nos lo vamos a quedar?

Y naturalmente que se quedó.

Tendría dos o tres años el perro y se quedó en casa otros siete u ocho.

Había una tata en casa, Lola, que llevaba muchos años con nosotros. Quería y cuidaba a Tom más que nadie. Lo mimaba, lo sobaba, lo abrazaba. Y Tom la adoraba. Un día, poco antes de su sacrificio, llamó un cartero a la puerta. Abre Lola y el cartero, al ver a tan enorme animal, da un paso atrás. Lola le dice:

– No se asuste, mi Johnny (ella le llamaba así) es más bueno que el pan. No haría daño a nadie.

Mientras esto dice, se agacha para darle un abrazo. Y cuando esto hace, Tom se vuelve con violencia y le da un mordisco terrible en la cara. El cartero huyó despavorido. Yo me llevé a Lola a urgencias donde le volvieron a colocar la mejilla, prácticamente arrancada, con varias decenas de puntos.

Tanto Lola como Tom olvidaron el asunto y retomaron su tierna amistad como si nada hubiera pasado.

Tenía algo de místico aquel perro. Recuerdo las noches en que le sacábamos al “club de los perros” (una concentración de amigos con perro en el Paseo de Rosales). Salíamos a las doce y hasta las dos no regresábamos. Una noche perdimos al perro. Vueltas y vueltas sin éxito hasta que un amigo nos dijo. “Lo he visto en el templo de Debod”.

Fuimos hacia allí, el antiguo cuartel de la Montaña, y vimos al perro. Estaba echado, con la cabeza erguida y las patas delanteras cruzadas, observando –como adorando– una de las arcadas del templo. Repitió la escapada en varias ocasiones, pero ya siempre sabíamos dónde encontrarle.

Como el dios Anubis. Algo de su sangre tendría.

Un mastín en un piso avejenta deprisa. Se me saltaron las lágrimas cuando vi cómo se dormía lentamente en la mesa del veterinario que le puso la inyección. Debía de ser el año 73.

A mis 17-18 años con Tom, en el jardín de San Carlos

FAG II

No pasé mucho tiempo sin perro. Creo que fue en 1975 cuando ella me regaló uno. El primero realmente mío. Aún no nos habíamos casado.

Me dijo: te regalo un perro si te apetece; elígelo y lo compramos.

¡Vaya si me apetecía! Lo busqué, lo apalabré  y lo fuimos a recoger a un criadero del Cerro de los Ángeles. Le costó cinco mil pesetas.

Era un setter irlandés precioso. Aunque su nombre de verdad era Danny Boy of Broad Acres yo le llamé Fag, como el perro que tuvimos de chavales con el que tanto nos divertimos. Llamarle por su nombre oficial también habría resultado ridículo.

Resultó ser de una línea extraordinaria. Lo llevé a exposiciones de belleza y consiguió algunos títulos de campeón nacional. Sin embargo, no me sirvió para la caza. Posiblemente por culpa mía. Tuve un accidente que me partió la pierna cuando el perro tenía 7 u 8 meses y no pude entrenarle para esa temporada. Luego, me dije, ya era tarde.

Un día lo llevé a los pantanos y arrozales del delta, a acuáticas. Bajé un azulón de un excelente tiro, que cayó en el prado pantanoso al otro lado del canal. Reté al perro que se lanzó bravo en su búsqueda. Saltó al canal, nadó, buscó el pájaro, lo encontró y…se quedó con él justo al otro lado del canal. No hubo manera de que me lo trajera.

Así que crucé yo el canal, era invierno, estaba frío y mis botas eran cortas. Cogí el pato y me fui. Fag vino tras de mí pero no volvió a cazar conmigo.

Murió de muy viejo, como a los 15 años. Recuerdo que ella y yo comentábamos a menudo la necesidad de llevarlo al veterinario para su último viaje. Cada vez que lo hacíamos, el perro, tumbado porque ya casi no podía levantarse, se incorporaba y medio saltaba como si fuera un cachorro.

Sin duda, entendía lo que hablábamos.

 

Preciosa estampa. Fag II en 1978

Preciosa estampa. Fag II en 1978

A Fag II también le enseñé a saltar

A Fag II también le enseñé a saltar

FAG III

Aún tuve un tercer FAG. Un Schnauzer gigante (Riessenschnauzer). Este no fue regalo de nadie. Teníamos en aquel tiempo un chalet grande en Pozuelo y pensé que sería bueno tener un perro guardián. Así que me lo regalé yo. Debía de ser el año 91 ó 92.

Era fuerte como un toro. Lo adiestré muy bien pero solo me hacía caso a mí. Cuando yo no estaba en casa (trabajaba mucho en aquella época) hacía lo que quería.

Por mucho que cerráramos el jardín y revisáramos cada posible agujero en la alambrada, siempre encontraba hueco por el que fugarse.

Un día me contó mi hijo mayor que preguntó a un vecino por su bóxer, que hacía tiempo no veía. El vecino le contestó: “¡Pero hombre Tano, qué me preguntas; si me lo mató tu perro!”

A mí me extraña mucho, porque de haber sido cierto me habría enterado y, desde luego, habría habido denuncia o jaleo de algún tipo. Pero así me lo contó el chaval.

Fag III no murió en casa. Me convencí de que no era el perro que debíamos tener y lo regalé.

Fag III, al que mi hijo pequeño llamaba "Mononegro".

Fag III, al que mi hijo pequeño llamaba “Mononegro”.

CHINO

Chino ha sido el mejor perro que he tenido. Fue regalo de un buen amigo de trabajo y de caza.

Era un teckel de pelo duro. Entró en casa cuando Fag III aún no había salido, en 95 ó 96.

Dicen de los teckel que son cabezotas y complicados de adiestrar, pero el mío no lo fue. Le dediqué interés y tiempo y terminó siendo el teckel mejor adiestrado, en disciplina y en caza, de todos los que conocí.

Me avisaba de las reses que se acercaban y yo aún no veía. Él tampoco, pero su olfato y la sensibilidad de sus plantas, que percibían el lejano trote a través del suelo, suplían con creces el hándicap de su escasa altura, que le impedía ver.

Acostumbrado a la “sesión de fotos” al final de la jornada de caza, a una señal mía se incorporaba y saltaba sobre la grupa, o se sentaba al lado, del guarro más espectacular. En cuanto escuchaba unos cuantos “click” entendía que ya tenía que bajarse.

Se subía a la grupa...

Se subía a la grupa…

Su lance más bravo. Estábamos en un pequeño cortadero de traviesa en el que nuestro puesto era el único.  Al pasar el perrero con su rehala, me cambio al otro lado de la raya. Tomo macuto, rifle y demás trastos, incluido perro, y cuando me estoy organizando al otro lado escucho una ladra aislada: un perrete trae un cochino de vuelta.

Dejo todo y tomo el rifle. Sujeto la correa de Chino (en el puesto siempre lo llevo con correa) pisándola con el pié. La ladra se acerca y rompe al cortadero una guarra enorme. Le acierto en los cuartos traseros y cae al lado contrario. El podenco que va tras ella se le echa encima. Chino, nervioso, se suelta de mi pie y se va a ellos. Revuelo de perro chico, perro grande y guarra enorme.

Dejo el rifle, saco en cuchillo y me acerco a rematar. Pero decido antes que  prefiero ver cómo se desarrolla la escena y espero junto al barullo. El podenco se aburre o se asusta y se marcha. Dejo que siga la escena y la lucha, ahora solos, entre Chino y el jabalí. Durante algo más de un minuto disfruto con la bravura de mi perro, agarrando cuando podía y esquivando tarascadas. Y, sobre todo, eludiendo el peligroso frente a frente.

Hasta que llega el momento en que veo cómo la cochina lo tiene ante su enorme boca abierta y el perro, agotado, parece incapaz de reaccionar.

Entonces, cuando ya sé que me toca a mí, afirmo el cuchillo y acabo el lance. Nos volvimos felices y orgullosos, con seis guarros cobrados.

Chino fue un magnífico compañero y un gran cazador. Superó varios lances con jabalíes pero no pudo superar una pelea con un perro de la familia. De la mía, no de la suya. En San Carlos, casa de veraneo familiar en tiempos, se enredó en una pelea con el drahtar de un sobrino. Casi lo parte en dos. Yo no estaba. Lo llevaron a curarse pero ya nunca fue el mismo.

Murió como mueren los perros de caza que no mueren de viejos o a colmillos de guarro. Bajo las ruedas de un coche.

Tampoco estaba yo. Debió de ser por 2003 ó 2004.

...o se sentaba junto al cochino más grande...

…o se sentaba junto al cochino más grande…

Estos han sido mis perros y esta su historia, breve y mal contada.

En cuanto a la historia del perro que inicia este relato, no la va a tener. Lamentablemente, no ha dado opción; ni a él de tener historia ni a mí de contarla.

Chino le llamé. Observarán que soy repetitivo con los nombres. Quizá sea porque de este modo, en un perro tienes dos, o varios, el que vive y el que recuerdas de su mismo nombre.

No me dio opción. La sexta noche de su vida conmigo, es decir el martes de la semana siguiente a su recogida, decidió escaparse. Durante esos días había estado algo acobardado por el cambio radical en sus costumbres: de su criadero al aire libre, correteando con sus hermanos y primos, al ruido de Madrid, a los ascensores, las puertas, el suelo de madera del piso o el asfáltico de la ciudad…

Esa sexta noche, víspera de mi vuelta al sur y al día en que ella lo conocería, y un par de días antes de su bautismo de campo en busca de las perdices bravas, estaba saliendo de su “depresión”. Le veía más animado, correteaba al extremo de su correa extensible, mantenía su corto rabo alzado en lugar de apretado contra el culo…En fin, parecía otro perro.

Un tirón fuerte de la correa me pilló desprevenido. Chino salió como alma que lleva el diablo, corriendo veloz y sin parar con la correa arrastrada…

Lo busqué casi toda la noche y parte de la mañana siguiente. Di razón de la pérdida donde había que darla, puse carteles…

Ya no creo que aparezca.

Y también creo que, si no aparece, jamás ya tendré perro.

Por eso me apetecía contarles la historia de los que sí tuve.

Como el perro de las lágrimas.

Como el perro de las lágrimas.

 ¿Cómo habría sido este perro? ¿Fiel como Carola? ¿Valiente como Fag I? ¿Noble como Tom? ¿Hermoso como Fag II? ¿Fuerte como Fag III?

¿Tan buen cazador como Chino?

Sin duda hubiera tenido algo de cada uno, fidelidad, valentía, nobleza, belleza, fortaleza y bravura cazadora. Porque, mal me está el decirlo, todos aquellos tuvieron algo de mí.

Pero lo que sí creo es que tuvo, en su vida efímera conmigo, más sensibilidad que ninguno. No digo que hubiera tenido; digo que tuvo.

Porque él supo, no sé cómo lo supo, que de haber vuelto ese miércoles conmigo a la casa del sur, donde ella nos esperaba, no hubiera sido feliz.

No sé cómo lo supo. No sé en qué pudo haber intuido esa ausencia de felicidad futura que le indujo a buscar, escapando hacia la oscuridad, la incertidumbre; quizá la muerte.

Fue una sensibilidad parecida a la que invadió al Perro de las Lágrimas, cuando ya la mujer del médico había logrado salvar a todos. Cuando el llanto inconsolable, por todo lo que había pasado, surgió en el lugar del alborozo por el triunfo conseguido.

El Perro de las Lágrimas bebió las lágrimas.

Chino se escapó para que no surgieran

ASÍ LO VEO YO (La triple PPP)

3 diciembre, 2014 8 comentarios

 

Como politólogo no tengo precio. Quiero decir que soy mal analista y peor predictor; nadie daría un euro por mis opiniones.

Aun así este blog se llenó, en sus inicios, de artículos políticos. Tan convulsa era la situación entre 2010 y 2012 que no podía evitar tomar parte. Eso sí, casi todos los escribía con referencias históricas, culturales y, sobre todo, musicales. Por algo el subtítulo del blog.

Escribí bastante sobre la indignación prevista por Hessel, antes de que el 15 M estallara, y mucho sobre el propio movimiento que ha desembocado en este big bang que representa PODEMOS.

Más de dos años hace que no toco la política. Pero está hoy tan increíblemente revuelta que es ella la que me toca a mí.

Así que ahí va mi análisis.

ASÍ ESTAMOS.

La primera P.

El partido más fuerte, el PP, está profundamente desprestigiado tanto por sus incumplimientos electorales como por la corrupción interna.

Es posible, y muchos así lo justifican, que dada la profundidad de la crisis en que el entorno y ZP nos habían sumido, no fuera posible cumplir el programa que  aupó a MR al poder. Eso pudiera quizá justificar las acciones que adoptó, pero no el engaño en las promesas que hizo y que sabía que no podría cumplir.

La corrupción, tanto dentro del partido como en muchas de las administraciones gestionadas por él, era de sobra conocida por el propio partido. Quizá no toda, pero sí mucha. Y nada ha hecho hasta que todo empezó a estallar como bomba de racimo. Y aun así, las acciones fueron (y son) tímidas, forzadas e insuficientes.

Ha perdido el PP mucho apoyo, millones de electores. Su suerte, es que apenas (quizá excepto entre los más jóvenes) hay trasvases a otros partidos. Son los votos hibernados de la abstención cabreada.

La segunda P.

El PS (sin vocales, ya que la “O” de obrero la ha perdido en favor de la tercera P y la “E” de español está en franca deriva), continúa en caída libre.

A  la destrucción desde dentro provocada por la nefasta gestión de ZP, siguió la travesía del desierto de RB, que no arañó ni un voto de tantos como iba perdiendo el PP.

La vaciedad intelectual de su actual líder, pese a su Doctorado, es notable. Su discurso, bien estructurado en la forma, peca de artificialidad, vaguedad y oportunismo. Cierto es que su tarea es complicada. El PP tiene todo el arco del centro derecha para ubicarse cómodamente en tanto que este PS ha de maniobrar entre dos lindes difusas que cada vez se estrechan más: si se acerca a la derecha, pierde más por la izquierda. Si hace lo contrario, sucede lo contrario.

Así, los votos que pierde los pierde de verdad. Hacia uno u otro lado según cómo se desplace en cada momento.

La tercera P.

PODEMOS (PD), el nuevo fenómeno político, la explosión de luz en la oscuridad de tanta gente, es la tercera P. La única que ni retrocede ni se estanca.

Continúa su imparable ascenso acaparando, cada vez con más facilidad, dos amplios sectores sociales: el de la izquierda ideológica y  el de los cabreados, cualquiera que sea su ideología o tendencia.

Ha emergido con estruendosa brillantez. La pobreza, la corrupción, las desigualdades, las tropelías o torpezas de las otras P’s y los escaparates mediáticos son su combustible. Líderes radicales, intelectualmente solventes y muy buenos comunicadores son sus conductores.

Sus argumentos y diagnósticos se sostienen sin demasiado proceso intelectual. Basta ver lo que ha sucedido en estos últimos años para que la mayoría, y no solo sus potenciales votantes, exclamemos: “¡Coño, si es que tienen razón!”.

Otra cosa son sus propuestas, pero cuando la pasión se desata es el instinto, más que el razonado análisis, el que mueve la voluntad electoral.

Tanta fuerza tiene hoy que incluso sus pequeños asuntos de corrupción son capaces, sin apenas esfuerzo y ninguna disculpa, de transformar en triunfo.

ASÍ TRANSCURRIRÁ 2015.

¿Qué sucederá en este año, clave para el futuro?

La primera P.

Veo tres factores a su favor:

  1. La corrupción, tras estas semanas convulsas, perderá virulencia. Es probable que surjan nuevos casos y que los descubiertos evolucionen a peor. Pero el cinismo y la inteligencia, aún presumible en Rajoy y cierta en SSS, harán que los casos conocidos y los que puedan venir, se conviertan en “episodios del pasado, de antiguos dirigentes que ya no están”. Los que lo hicieron van entrando en la cárcel: Matas, Bárcenas, Fabra,… Y algunos más entrarán sin duda.
  2. La mejoría económica, que hoy solo se percibe en la macro, se hará más evidente en la calle. La reducción de los costes de deuda y energéticos así como el efecto retardado de algunas de las reformas permitirán poner sobre el tapete medidas de ayuda a las clases desfavorecidas. Si se consolida la creación de empleo y se concluyen pactos con los sindicatos, atemorizados por el avance de la tercera P, la caída del PP tocará fondo y comenzará un paulatino ascenso.
  3. No sólo hay votos a recuperar; también los hay a ganar. La debilidad del PS es proporcionalmente inversa al fortalecimiento del PP. El sector “centrista” de los votantes del PS prefiere un acercamiento entre ambos partidos a las veleidades de Pedro hacia PD. Cuanto más se acerque a ellos, más ganará el PP. De ahí la insistencia en el pacto PP-PS; el objetivo del PP, más que lograr el pacto, es que PS lo rechace. Tiempo habrá. Por otro lado, los votos hibernados por causa de las derivas en la ley del aborto y en política penitenciaria regresarán. El voto útil y el voto del miedo juegan a su favor.

La segunda P.

Todo lo que puede evolucionar juega en su contra. Hablemos también de tres factores; todos en negativo.

  1. La ambigüedad de PS, prisionero entre una derecha que no va a perder más y una izquierda radical que se acerca hacia una socialdemocracia atemperando sus propuestas, le debilitan sobremanera. Sánchez no puede ceder hoy, aunque sin duda lo hará en el futuro, a las propuestas del PP de grosse koalition. Se le abriría un agujero por su izquierda.
  2. La ambigüedad del PS en política territorial hará que pierda aún más apoyo social en “territorio común”. Al mismo tiempo, su estructura federal debilitará su fuerza en Cataluña, ya muy mermada por esta misma causa.
  3. Sánchez no ha sido una buena elección como líder del PS. Su afición por nadar entre dos aguas y la debilidad intelectual de sus mensajes exasperan a parte importante del aparato y, especialmente, a Susana Díaz. Está por ver que la propia SD no de un golpe de mano y apee a PS del PS. Y, de paso, a los Carmonas, Gómez y otros mediocres personajes que lastran al partido.

La tercera P.

Todo parece favorecer a PD.

Lo lógico es pensar que, tras el estallido espectacular de su aparición y de su reciente evolución, perderá pasión en el apoyo pero ganará amplitud. Los millones que hoy le aplauden lo harán con menos entusiasmo pero seguirán haciéndolo. Y su viaje hacia posiciones menos radicales le aportará nueva clientela.

Pablo es mucho Pablo. Y Tania Sánchez es una “magnífica adversaria”. En la pelea, no hay mejor contrincante que el que se pone, sin aparentarlo, a tu favor. De modo que, con la ayuda del adversario, se irá tragando poco a poco al adversario.

Y así, con una Izquierda Unida desunida y debilitada, un PS en continuado declive y una UPyD carcomida por la soberbia de su jefa, PD continuará avanzando en esa tierra de nadie, abandonada por los adversarios naturales.

¿Y CUANDO LLEGUE EL MOMENTO?

Todos dicen que las encuestas son sólo encuestas. Que marcan tendencia pero que no suponen que la voluntad expresada en una pregunta coincida con la que se expresaría ante una urna.

Suelen decirlo, claro, los que salen mal en la foto. Que hoy son todos menos PD.

A PD esto le asusta, pero es susto con gusto. A los demás les acojona.

A la calle le entusiasma; a la empresa le aterra. Los pobres aplauden; los ricos tiemblan. Los medios, algunos de los cuales –propiedad de “gente de derechas”- han hecho su agosto, comienzan a retirar apoyo. Tanta audiencia pueden generar encumbrándoles como derrumbándoles.

De modo, que cada grupo, cada clase, cada sector, cada medio, cada partido, prepara sus estrategias para que dentro de doce meses no se produzca el cataclismo.

Y no se producirá. Las tendencias que intuyo en estos meses, el temor al cambio profundo, al ¿qué va a pasar si ganan estos? y la ley D’Hont impedirán que se produzca. El éxito de PD está asegurado; el triunfo absoluto (ser partido ganador) lo veo improbable.

Aunque, como dijo Franco cuando volaron a Carrero, no hay mal que por bien no venga. El revulsivo que ha supuesto la aparición de PD no va a traer sino cosas buenas: temor de los políticos respecto a la gestión de los bienes públicos, mayor transparencia en la gestión, menos corrupción y mayor apoyo a quienes lo necesitan.

Así que seguirá gobernando la primera P, con apoyo circunstancial de la segunda P y con la escrutadora presión y vigilancia de la tercera P.

 

 

 

MI TESTAMENTO VITAL

9 junio, 2013 23 comentarios

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“Una de las funciones más nobles de la razón consiste en saber si es o no, tiempo de irse de este mundo”.

Con esta cita de Marco Aurelio comenzaba un artículo que publiqué en agosto de 2010 con el mismo título de aquella película de Richard Fleischer, Soylent Green (1973). Disertaba en él sobre esos conceptos tan relacionados: Eutanasia, Muerte Digna, Muerte Asistida.

Hace unos días, no sé con qué motivo, hablábamos mi mujer y yo sobre la conveniencia de hacer testamento vital. Siempre da más tranquilidad conocer (y que otros conozcan) los deseos más personales e íntimos de quien está en proceso de pasar a mejor vida.

Pasar a mejor vida con el menor sufrimiento y la mayor dignidad posibles. De eso trata el testamento vital. Y, añado yo aunque suene prosaico hablando de esos asuntos tan trascendentales, con el menor coste económico que se pueda.

Así, de la misma manera que uno decide, sometido a ciertas normas legales, cómo se debe repartir el patrimonio que deja cuando se va de este mundo, puede también decidir aspectos tan personales como los cuidados o ayudas que debe recibir en tan decisivo trance. Y tanto una como otra decisión han de manifestarse en una declaración personal en pleno uso de facultades mentales, ante notario o ante testigos, y debidamente depositada en registros públicos.

Aspectos tales como si en el supuesto de enfermedad terminal debe ser mantenido vivo a toda costa o, por el contrario, debe ser ayudadomuerte asistidaa morir, si es su voluntad donar los órganos cuando ya no le sean necesarios, si desea ser inhumado o incinerado o si prefiere ritual religioso o pagano, son manifestaciones comunes en el testamento vital,

Incluso, aunque la eutanasia activa no esté aún regulada en nuestras leyes, puede el testador pedir que se le aplique en el caso de que si lo esté en el momento de su fallecimiento.

Por el documento de instrucciones previas, una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarla personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo. El otorgante del documento puede designar, además, un representante para que, llegado el caso, sirva como interlocutor suyo con el médico o el equipo sanitario para procurar el cumplimiento de las instrucciones previas.

(Artº 11, Ley 41/2002) Muerte-digna-imagen

Tras este preámbulo de carácter divulgativo, me voy a centrar en la parte del testamento vital que se refiere al tratamiento del cuerpo una vez que el alma, es decir la vida, lo ha abandonado. Las opciones que se presentan no son demasiadas: inhumación, incineración o embalsamamiento; culto religioso o pagano.

Oscar Wilde, en su lecho de muerte, pidió al amigo que le acompañaba una botella del champan más caro y le dijo: “Me estoy muriendo por encima de mis posibilidades”.

Hoy no hace falta que pidamos champán ni que organicemos fastuosos funerales. El funeral más austero está por encima de las posibilidades de un común mortal y deja temblando una economía familiar modesta.

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Porque el coste de las pompas (pompa (drae): lujo, grandeza, esplendor) fúnebres es disparatado. Entre el oligopolio –monopolio en muchas regiones– que existe, la agresividad comercial de las empresas de pompas fúnebres –que aprovechan los sentimientos de la familia (esa comprensible vergüenza en escatimar calidades y honores)- y la cantidad de “partidas” que componen el proceso (esquelas, tratamiento y traslado del cadáver, féretro, alquiler de sala en tanatorio, lápida y nicho o incineración, coronas, ritos...), un funeral cuesta entre cinco y diez mil euros.

Más el 21%, amigos, porque aunque resulte inconcebible, el gobierno tuvo el delicado detalle, la desvergüenza, de incrementar hace un año el IVA aplicable a los servicios de pompas fúnebres: del 8% al 21%.

¿Por qué diablos, pregunto, tenemos que gastarnos un dineral en esas malditas pompas fúnebres, pagando al estado además un 21% de IVA?

Así que, indignado ante tan inútil despilfarro, procedo a hacer mi propio testamento vital. Tiempo tendré, espero, cuando tenga seguro que es posible lo que pretendo, de redactarlo y registrarlo como exige la ley.

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En grades rasgos mi voluntad es la siguiente:

–         No quiero seguir viviendo cuando ya no me quede conciencia ni salud para vivir dignamente. Trataré de definir ese concepto de dignidad para no dejar dudas inquietantes –o lo que es más arriesgado, una laxa interpretación– a los míos.

–         Quiero que mis órganos, en lo que valgan, sean puestos a disposición de quienes puedan utilizarlos, sin que nadie que no sean ellos obtenga ventaja de ningún tipo.

–         Y, por encima de todo, no quiero que mis deudos gasten en mis exequias nada, absolutamente nada, que pueda ser prescindible.

Así, no quiero que compren un féretro para depositar mis restos; no quiero velatorio ni tanatorio; no quiero flores; no quiero esquelas; no quiero funerales ni entierros; no quiero que paguen a nadie por quemarme.

Y no quiero IVA.

Quiero nada más que quien desee recordarme me recuerde. Y si puedo ser más exigente, sólo para recordarme con la alegría –o como mucho con la nostalgia–  de  los felices tiempos pasados; no con la tristeza de la ausencia.

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Y, entonces ¿qué hacer con mi cadáver?

Esa es la pregunta que me lleva a muchas otras:

¿Hasta qué punto es obligatorio utilizar una empresa de pompas fúnebres?

¿Hasta qué punto es obligatorio adquirir una linda caja de exótica madera y bonitos adornos para que se pudra bajo la tierra o se convierta en cenizas en el crematorio?

¿Qué otras opciones existen para un cuerpo que ya no sirve para nada?

¿Se puede guardar en un arcón en casa, debidamente congelado?

¿Puede ser enterrado en el jardín de su casa, si lo tuvo, o en algún recóndito lugar de cualquier monte?

¿Puede ser incinerado privadamente en el –improbable– caso de que se encuentre lugar adecuado?

¿Puede –igual que está permitido con las cenizas– ser arrojado el cuerpo a la mar, que al fin y al cabo es de nadie, envuelto en un retal de vela y con sendas balas de cañón atadas a las extremidades –como hacían los corsarios– para asegurar la inmersión?

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No sé si alguna de estas opciones es legalmente posible; si alguien lo sabe agradeceré ilumine mi ignorancia. Lo que si tengo claro es que en mi testamento vital eximiré a mi querida familia de gastar en mis “honras fúnebres” más de lo que cuesten unas viejas balas de cañón para hundirme dulcemente en el mar.

A mi ya no me importará, como al chico de esta preciosa balada que os dejo, que los rayos de sol no me alcancen, que la oscuridad y el frío me rodeen, que nadie sepa exactamente dónde estoy o que los peces tomen su justa revancha de tantos como yo me comí.

Os dejo esta preciosa canción, The Ocean BurialGeorge Allen, 1850)


“O! bury me not in the deep, deep sea”;

The words came low and mournfully,

From the pallid lips of a youth, who lay,

On his cabin couch at the close of day.

He had wasted and pined ‘till o’er his brow,

The death-shade had slowly passed, and now,

Where the land and his fond loved home were nigh,

They had gathered around him to see him die.

“O! bury me not in the deep, deep sea,

Where the billowy shroud will roll over me,

Where no light will break through the dark, cold wave,

And no sunbeam rest upon my grave.

It matters not, I have oft been told,

Where the body shall lie when the heart is cold,

Yet grant ye O! grant ye this boon to me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“For in fancy I’ve listened to the well known words,

The free, wild winds, and the songs of the birds;

I have thought of home, of cot and bower,

And of scenes that I loved in childhood’s hour.

I had ever hoped to be laid when I died,

In the church-yard there, on the green hill-side;

By the bones of my fathers’ my grave should be,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“Let my death slumbers be where a mother’s prayer,

And a sister’s tear shall be mingled there;

O! ‘twill be sweet, ere the heart’s throb is o’er,

To know when its fountains shall gush no more,

That those it so fondly hath yearned for will come

To plant the first wild-flower of spring on my tomb;

Let me lie where those loved ones will weep over me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“And there is another; her tears would be shed,

For him who lay far in an ocean bed;

In hours that it pains me to think of now,

She hath twined these locks, and hath kissed this brow.

In the hair she hath wreathed, shall the sea-snake hiss?

And the brow she hath pressed, shall the cold wave kiss?

For the sake of that bright one that waiteth for me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“She hath been in my dreams” — his voice failed there;

They gave no heed to his dying prayer;

They have lowered him slow o’er the vessel’s side,

Above him has closed the dark, cold tide;

Where to dip their light wings the sea-fowls rest

Where the blue waves dance o’er the ocean’s crest;

Where the billows bound and the winds sport free;

They have buried him there, in the deep, deep sea.

EL LEÓN DE CORSARIO

1 junio, 2013 2 comentarios

Hoy, por primera vez, publico una entrada de otro autor.

Se trata de un personaje notable, asiduo lector de este blog y autor de interesantes comentarios cuando encuentra sugerentes las historias que en él se cuentan.

Poco a poco he ido conociendo a Corsario a través de sus comentarios: sus aficiones, sus viajes, sus aventuras; en fin, su manera de vida. En algunas cosas, especialmente en sus aficiones y en su manera de ser, me recuerda a mí mismo, aunque él es mucho más viajero y aventurero. Su vida transcurre más en el mar que en la tierra. Y, como verán, conoce a los leones ¡Incluso tuvo uno en su casa!

Un día me contó que para celebrar su cincuenta cumpleaños no se le ocurrió otra cosa que cruzar a nado el estrecho ¡Con 50 tacos y con un par !Fíjense ustedes si es singular el personaje.

No pasan los años...Cruce del estrecho con 50 años.

No pasan los años…Cruce del estrecho con 50 años.

Hoy, ya, le conozco tanto que es como si fuera mi hermano.

Con esta introducción sobre la personalidad de su autor convierto en entrada, dándole el protagonismo que merece, el comentario que escribió sobre mi reciente entrada de los Leones Comedores de Hombres.

Sigan sus consejos si alguna vez se topan de bruces con un león.

Va por el Corsario:

Qué buena idea la del viejo Pereira, no tan viejo por cierto, de espantar a los Leones con palmadas. Qué impresionante es contemplar a un león en la selva; junto con el tigre y el caballo son los animales terrestres más bellos.

Preciosa la foto de los dos machos en el Masai-Mara y que mala leche hay que tener para descerrajar un tiro a un animal de este porte, esos cazadores de magnum con White hunters protegiéndoles. Que se atrevan con lanzas como hacían los viejos guerreros Masai!

Hace un par de años estuve visitando una reserva de animales salvajes cerca de Ciudad del Cabo. Había una granja que criaba leones y se podía entrar al recinto con un cuidador experto. Estuve a punto de entrar pero me pareció muy caro solo por acariciarlo. Tampoco estaba muy seguro de que se portaran bien y yo hacía mucho tiempo que no iba por casa…además de encontrarme medio tullido después de haber hecho una visita a los tiburones blancos de Seal Island, en una zodiac que me dejo la espalda destrozada con los pantocazos.

Aprendí una cosa que me dijo el cuidador en caso de que entrara al recinto de los leones: me tenía que quitar las gafas de sol; tenía que haber “eye contact” con el felino, me dijo. Así que si ahora me encuentro con un león no olvidaré a Pereira con sus palmadas y al cuidador que me dijo que tenía que mirar a los ojos a los leones y nunca darles la espalda. Eso es lo que haré cuando me los encuentre.

A ver si encuentro una foto del hombre que susurraba a los leones y que es igualito a Vd. D. Jaime.

(Nota de D. Jaime: El hombre que susurraba a los leones es Kevin Richardson. Ud se refiere, creo, a Mike Penman, que también jugaba con leones)

Kevin Richardson, el hombre que susurraba a los leones.

Kevin Richardson, el hombre que susurraba a los leones.

Esa historia de la manada de 15 leones devoradores de hombres, que no conocía, recuerda las historias de Swartkrans de las que hablaba Bruce Chatwin sobre el exterminador de los homínidos , un depredador al que solo le gustaba nuestra carne.

Hace muchos años, cuando desembarqué en el antiguo Lourenço Marques, hoy Maputo, estuve a punto de visitar la cueva de Swartkrans, un yacimiento prehistórico cerca de Johannesburgo, donde se han encontrado fósiles de homínidos de cerca de dos millones de años, parientes de nuestra amiga “Lucy” sin duda, en el pleistoceno, y que inspiraron el libro “The hunters or the hunted ”, su autor C.K. Brain , un libro que he buscado insistentemente sin encontrarlo y en el que hablan de que los habitantes de la cueva fueron víctimas de los grandes felinos.

El resumen del libro es una pregunta que por ahora no tiene respuesta : ¿son los restos de estos antiguos homínidos , encontrados en 3 cuevas de un valle sudafricano, la evidencia de que nuestros antepasados ocuparon esas cavernas o son los restos que dejaron los carnívoros que cazaban a los homínidos? Los paleontólogos están en ello, supongo que retrotraerse a la edad de hielo debe ser apasionante.

Aquellos felinos debían de ser parientes cercanos de los leones comedores de hombres de ahora. Posiblemente en aquel tiempo geológico los felinos fueran el grupo dominante ¿volverán a serlo? Mejor eso que su extinción.

El último león con el que conviví hace unos 25 años (el único) lo saqué de un barco; de contrabando. Una barbaridad lo reconozco. Lo llevé a casa y convivió con mis hijas pequeñas unos meses. Lo adoraban, era un precioso cachorro de 2 meses al que llamamos Jackie.

Los vecinos venían a verlo con frecuencia pero, conforme pasaba el tiempo y el león crecía, notábamos que teníamos menos visitas y, además, en el ascensor nos ponían mala cara. La gente de las ciudades es muy rara, siempre lo he dicho.

Al final no me quedó más remedio que dejarlo al cuidado de una vecina, una señora viejecita y muy simpática que vivía con una de sus  hijas, que tenía el síndrome de down. Habitaban un chaletito con jardín donde el león campaba a sus anchas. La señora estaba encantada con el león porque, cuando lo sacaba a pasear por la urbanización, todos los perros enormes de guarda echaban a correr nada mas olerlo.

Recuerdo cuando me contó que una tarde de verano, un mayordomo recién contratado les sirvió el té y cuando vio a la viejecita, el león y la niña sesteando en el sofá, se le cayó la bandeja del susto.

El pobre león creció y tuvimos que darlo en adopción. Siempre se portó bien, pero no sé qué hubiera ocurrido si se hubiera quedado con nosotros, en el piso, convertido en un león de melena negra de 200 kilos. De vez en cuando nos acordamos de él; Jackie siempre formará parte de nuestras vidas.

Por cierto la versión de Whimmoweh de MIRIAM MAKEBA, es muchísimo mejor que la de Pete Seeger; ella era una Reina Zulú.

Pues nada, Corsario, aquí tienes a Miriam Makeba. Tienes razón, es una versión magnífica; mucho más África.

AMORES DE VIEJOS (Gina & Gina)

30 mayo, 2013 7 comentarios

Quizá sea amor y nadie lo entiende.

Quizá sea miedo a la soledad.

Quizá sea, tan solo, ternura.

Quizá no sea nada más que ambición.

Un poco de todo hay en estas situaciones, cada vez más frecuentes: amor, soledad, ternura, ambición…Entre los directamente involucrados, entiéndase, porque lo que sienten los indirectamente afectados es puro acojonamiento de quedarse sin herencia.

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Resulta que don Alfredo Di Stéfano, el ídolo del balompié antiguo, dice que se ha enamorado de doña Gina Gonzalez. Él tiene 86 años; ella 36. Y quieren casarse. Él aporta al matrimonio una considerable fortuna y cinco hijos. Ella, tan solo juventud. Y, asegura Gina, “aunque suene un poco particular, estoy enamorada de él”.

Sus hijos no lo entienden; o no lo creen, que para el caso es lo msmo. Dicen que la tal Gina es una aprovechada. Una cazafortunas que quiere sacar ventaja de la debilitada salud mental de su padre y que por tanto es su deber hacer todo lo posible por defenderle de ella. En consecuencia, han iniciado el proceso de su incapacitación.

 Aseguran que no es por motivos económicos, sino para protegerle; “en su exclusivo interés”.

«Ante el deterioro evidente de las facultades físicas e intelectuales que se viene observando en nuestro padre desde hace meses, sus cinco hijos, previo diagnóstico médico de su estado de salud, tomamos la decisión de solicitar ante los juzgados competentes, y en su exclusivo interés, su declaración de incapacidad, promoviendo de forma simultánea la adopción de medidas cautelares, en orden a la preservación de su patrimonio».

De momento, hasta que el juez decida, don Alfredo está incomunicado, encerrado en su casa y sin móvil desde hace meses. Los hijos han tocado a rebato familiar y han establecido una especie de guardia pretoriana  que no deja entrar a Gina ni a sus amigos ni deja salir a La Saeta Rubia.

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En estos mismos días leo una noticia muy similar, aunque con otra Gina de protagonista. Pero en ésta, los papeles están cambiados. Se trata de la Gina que nos enamoró a muchos de chavales. De la bellísima Gina Lollobrigida.

La Gina de este cuento tiene 85 años, un marido y un hijo.

Su capricho, un guaperas italiano de 25 años, un “toyboy”, de nombre Andrea Vicciola y de profesión ayudante de lavandería.

No pretende Gina, como don Alfredo, matrimonio. Su proyecto es mucho más peligroso a juicio de su familia: quiere adoptar legalmente a Andrea. Según cuenta a quien quiera escuchar, le ha tomado tal cariño que “no quiere que le falte absolutamente de nada.”

Salvando las diferencias, la reacción de los familiares es idéntica. Marido e hijo han puesto pies en pared ante tan singular proyecto que, dicen, además de destruir a la familia acabaría con el patrimonio de la actriz. Ya se han puesto en manos de abogados para solicitar su incapacitación parcial. También en su interés –el de Gina– naturalmente.

El miedo de la familia no es infundado. El joven alardea entre sus amistades de poseer el «Jaguar más bonito de toda Italia», regalo que Lollobrigida le hizo a principios de año. No es el único obsequio que ha recibido durante su intensa relación. El joven, según se dice, ya ha anunciado que en breve la actriz “le regalará un yate y en las próximas semanas, Andrea llevará a Gina a un rally del que temen no regrese.”

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Así son estas cosas de los romances crepusculares. Amor, soledad, ternura, ambición…Y, por encima de todo, el miedo de los herederos a que algún espabilado se quede con la pasta que, a poco tiempo que pase y si el cielo o el infierno ayudan, debería ser suya; sólo suya.

Yo, que soy hombre objetivo, entiendo a todas las partes.

El futbolista y la actriz, los viejos, que han trabajado duro durante toda su vida para vivir una tranquila vejez ¿no tienen derecho a comprarse un capricho, por caro que resulte?

La joven Gina y el ayudante de lavandería, a los que Dios sólo ha dado belleza ¿no tienen derecho a “venderla”, probablemente acompañada de una cierta dedicación, y quizá ternura, a esos viejitos que quieren comprarla?

La familia de los viejitos enamorados ¿no tiene derecho a defender, por medios admitidos en derecho, lo que en derecho les correspondería más tarde o más temprano?

Pues si todas las partes tienen su derecho y su parte de razón, siéntense y negocien. Hay muchos amores que se comparten, se compran o se venden. Que ninguna de las partes pretenda quedarse con todo ni llevarse algo a cambio de nada.

Para que la parte más débil, que no es otra que los viejitos caprichosos, puedan disfrutar durante los pocos años que les quedan de vida de ese sucedáneo de amor que al menos atenúe su inmensa soledad.

 Se lo han ganado…y no les queda nada más.

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A ellos, sólo a ellos, dedico preciosa esta canción. Como si no hubiera habido nadie más que ellos dos…o por si algún día llegaran a encontrarse.

La Chanson des Vieux Amants.

Jacques Brel

Bien sûr nous eûmes des orages
Vingt ans d’amour c’est l’amour fol
Mille fois tu pris ton bagage
Mille fois je pris mon envol
Et chaque meuble se souvient
Dans cette chambre sans berceau
Des éclats des vieilles tempêtes
Plus rien ne ressemblait à rien
Tu avais perdu le goût de l’eau
Et moi celui de la conquête

Mais mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

Moi je sais tous les sortilèges
Tu sais tous mes envoûtements
Tu m’as gardé de piège en piège
Je t’ai perdue de temps en temps
Bien sûr tu pris quelques amants
Il fallait bien passer le temps
Il faut bien que le corps exulte
Finalement finalement
Il nous fallut bien du talent
Pour être vieux sans être adultes

Oh mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

Et plus le temps nous fait cortège
Et plus le temps nous fait tourment
Mais n’est-ce pas le pire piège
Que vivre en paix pour des amants

Bien sûr tu pleures un peux moins tôt
Je me déchire un peu plus tard
Nous protégeons moins nos mystères
On laisse moins faire le hasard
On se méfie du fil de l’eau
Mais c’est toujours la tendre guerre

Oh mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime