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UNA, DOS Y TRES…

PATXI ANDIÓN

Una dos y tres…

 

La actividad cinegética se complementaba con algunas actividades accesorias. Convocábamos concursos de relatos, cuyo tema tenía que estar relacionado con la caza en Las Navas, entre los socios que quisieran participar; establecíamos premios al mejor cochino y venado de la temporada, a la mejor fotografía y, de vez en cuando, se sorteaba entre los socios un original que el buen montero y mejor artista Pepe Vega Osorio dibujaba en la propia asamblea de socios. Y nunca faltaba, como cierre de temporada el día que se daba el gancho del Guindo, la guitarra y la profunda voz de otro de nuestros queridos socios, Patxi Andión que, aunque aumentaba la melancolía a que nos había llevado la buena comida y los licores, contribuía a reducir la tristeza de fin de temporada.”

Esta es la segunda etapa de mi vida en la que coincidí con el amigo Patxi. Fue a partir de los noventa. Estábamos en el mismo grupo de caza, un grupo estupendo, de buena gente y de buenos cazadores (en sentido ético, si me permiten la expresión los enemigos de la caza, no de expertos o buscadores de trofeos) que compartimos una precisa zona junto a la reserva del Cijara en Herrera del Duque, Badajoz.

La primera fue cuando éramos algo menos que adolescentes. Vivíamos en el mismo barrio de Madrid, Argüelles, y aunque no íbamos al mismo colegio nuestras vidas se cruzaban de vez en cuando. Mi hermano Chiky, el Bucanero, recuerda que a Patxi le gustaba Petisa, hija de la duquesa de Valencia, una chavala muy “avanzada” para la época en que estábamos. Era brava, guapa y simpática. Vivía en el Paseo de Rosales y los balcones de nuestras casas se enfrentaban en el patio de manzana; ella, un quinto en Rosales; nosotros, un tercero en Ferraz. De vez en cuando nos disparábamos perdigones con la escopeta de aire comprimido. Nunca hubo daños.

La madre de Petisa era una mujer atípica. Daba un poco de miedo por su tamaño y desenvoltura, pero al tiempo ejercía una tremenda atracción sobre nosotros, chavales de 14 o 15 años. Iba siempre con vaqueros y una camisa cuyas puntas inferiores ataba a su cintura y llevaba el paquete de tabaco insertado entre el borde del pantalón y el cuerpo. Hablaba fuerte, con tacos, y nos enseñaba cosas extrañas, como liar un cigarrillo con una mano. Tenía en casa más de diez perros, algunos gatos, un mono y hasta un par de serpientes en la bañera. Era una mujer genial. Yo creo que Chiky recuerda el gusto de Patxi por Petisa, la hija, porque a él también le hacía tilín.

De aquellos últimos años de la década de los cincuenta y primeros de los sesenta vienen mis primeros recuerdos de Patxi. Por lo que hablamos en nuestra “segunda etapa” sus recuerdos eran más intensos que los míos. Recordaba mucho, y con mucho cariño, a mi querida hermana Blanca, “la chica más guapa del barrio”, me decía. Yo creo que le gustaba más que Petisa; o, tal vez, de otra manera. No sé, supongo que ahora la volverá a ver allá arriba, donde ella está desde aquel fatídico 13 de junio de 1998, triste día de mi 50 cumpleaños. Me decía también que yo era la envidia de todo el barrio por mi Bultaco Matador MK3, una preciosa moto de campo que mi padre tuvo el detalle de regalarme, a mis 20 años, cuando yo le pregunté si me podía avalar unas letras para comprarla yo con mis escasísimos y muy esporádicos ingresos.

Después, muchos, muchísimos años después, le vendí otra moto. La BMW K100 RS que me había auto regalado por mi 40 cumpleaños, en 1988. El primer verano le hice unos 7000 kilómetros. En los 22 años siguientes le hice unos 10.000. Así que como no la usaba y a él le encantaba, se la vendí. Cuando me preguntó el precio le dije que lo pusiera él.

Estos son algunos de los recuerdos que tengo de Patxi, además de los muchísimos de Las Navas, de nuestras cenas de grupo, de sus cantos cuando los ganchos de la Garganta del Guindo, de alguna partida de golf y de alguna comida o cena en su precioso dúplex de la Plaza de Oriente o en su bonita casa en la Sierra Blanca, arriba de Marbella.

Hace poco, y es la última vez que nos encontramos, le entregué y le dediqué mi vida. Me refiero a mi vida en letras, ese nuevo recorrido que hace poco terminé y que está condensado en SIETE DÉCADAS. Pocos días después me mandó un mensaje para invitarme al concierto de su 50 aniversario como artista, La Hora Lobicán, que dio el 25 de noviembre en Galileo Galilei. Y hace solo un par de días me entero de la triste, tristísima noticia: Patxi ha muerto en terrible accidente algo pasada la madrugada. Supongo que volvería de un aguardo de cochino en algún campo de Soria.

 

Patxi, disfruta de la vida allá arriba como disfrutaste aquí abajo. Dale mil besos a mi hermanita Blanca. También a mi hermano Nacho y a mis padres, que los encontrarás por ahí… Ah, y un fortísimo abrazo a Pepe Vega Osorio, aquel simpático pintor amigo nuestro de la vida y de la caza que aparece contigo al principio de esta despedida y que se fue también hace unos años de repente, como tú.

Un fortísimo abrazo, querido Patxi. Ojalá Gloria no sufra demasiado tu ausencia.

 

PATXI EN LAS NAVAS

 

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