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SIETE DÉCADAS

Hoy es trece de junio de 1948

Hoy es trece de junio de 1948, casi mediodía. Estamos (bueno, yo aún no, pero estoy a punto de estar) en el dormitorio principal de la calle de Altamirano, número 48, cuarto piso derecha, hogar familiar de D. Fernando López-Chicheri Urbina, su esposa Dª Blanca Dabán Ruiz de Bucesta y sus cuatro hijos, Fernando, Manolo, Blanca y Javier.

Está mi madre, Blanca, el ginecólogo, amigo de la familia, y una enfermera. Mis hermanos supongo que tienen vedada la presencia en el cuarto, porque ni escucho sus voces ni les veo desde la rendija que tengo frente a mí. Estarán, probablemente, en sus cuartos o en el de jugar, porque es domingo y no tienen colegio. Fernando y Manolo tienen, y es curioso no siendo gemelos, la misma edad, cinco años. Blanca tres y Javier (que siempre ha sido y será Chiky) un año y dos meses. Chiky estará en la cuna.

Todo esto lo sé no porque lo haya visto o me lo haya contado alguien. Lo he oído desde aquí dentro en varias conversaciones. Ellos piensan que si no estás, si no te ven, no te enteras de las cosas. Tal vez ellos no se enteraron, tal vez estaban dormidos cuando la puerta, esta rendija que tengo frente a mis ojos, se abrió ante ellos. Pero yo duermo poco; solo duermo cuando duerme ella. El resto del tiempo estoy atento, tratando de intuir lo que me espera

Sé muchas más cosas, pero hoy solo quiero hablar de hoy.

También sé, y es algo que me ha tenido preocupado estos días, que mi padre, Fernando, no está aquí hoy, 13 de junio, el día más importante de mi vida. Escuché hace pocos días una breve discusión entre él y mamá, de este tenor más o menos (les sorprenderá, pero tengo una capacidad retentiva enorme):-

  • Pero Fernando, ¿cómo no vas a estar cuando nazca el niño? ¿Cómo que te tienes que ir a Mallorca?
  • Te lo juro Blanca, he intentado por todos los medios retrasarlo, pero la Escuela expedicionaria de las Islas empieza en unos días y mi presencia es inevitable. No sabes la pena que me da.

Así que mi padre no pudo darme la bienvenida. Aunque los días siguientes no los recuerdo, sé que compensó su ausencia con creces. No solo en los días posteriores a su vuelta, sino durante toda la vida. Y yo nunca le reproché que no estuviera ese día.

Pero volvamos a hoy. Tras unos minutos de silencio y expectación, solo perturbados por los gemidos controlados de mi madre, acostumbrada ya a estos acontecimientos, se produce el milagro.

  • Muy bien Blanca, te has portado estupendamente, dice el doctor mientras me sujeta por los tobillos con una mano, cabeza abajo, y me da unos leves azotes. Es un niño… Es guapo y parece muy sanote.
  • Buaaaaaa!! grito yo notando los, para mí, salvajes azotes.
  • Déjamelo, doctor, ruega mi madre con algo de dolor, que ya se va, y mucha felicidad, que ya ha venido, dibujadas en su rostro. Déjamelo, repite mientras se descubre su pecho izquierdo.
  • Ah, y llama a Fernando, por favor. Una tenue humedad empaña sus ojos al ser consciente de su ausencia.

Así fue. Nadie me lo ha contado, lo he recordado yo con todos sus detalles.

Cuando el doctor y la enfermera se fueron, después de vestirme, dejar todo en orden y prometer que vendrían mañana, mamá dijo que dejaran entrar a los hermanos (a Chiky lo trajo en brazos la tata) para que me vieran. Todos, después de dar un beso a mamá y controlar sus gritos de alegría, me tocaron con suavidad la cara, las manos, los pies mientras comentaban lo que se les ocurría (“qué guapo es”, “qué feo es” “qué mojado está”, “¿le habéis contado los dedos?”). Chiky no dijo ni pío; ni siquiera me miró a pesar de que la tata se inclinó, con él en sus brazos, hasta casi juntar nuestros rostros. Un girón de su baba mojó mi cara sin desprenderse de la suya. Un nexo de unión, pensé, seremos amigos.

Seremos amigos… Transcurridos apenas seis meses desde este día, debió de ser por navidades de este mismo año, Chiky, “mi amigo”, atentó contra mi vida. No fue por maldad, claro; tal vez fuera por celos.

Aquí tienen el relato resumido de lo que sucedió.

Nuestra primera perra, Carola, nació antes de nacer yo. Tenía la edad de mi hermano Chiky, 14 meses mayor que yo.

No era perro mío, era de la familia. Es más, era familia. Vivió como unos 12 años y mis recuerdos están muy borrosos. Excepto uno, que no es recuerdo propio, sino relatado por mi madre. Se lo cuento.

Yo tenía cinco o seis meses y estaba, como es propio a esa edad, en la cuna; en un cuarto contiguo a la habitación de mis padres.  Carola solía acurrucarse debajo de mi cuna.

Mi madre andaba en la cocina, organizando la comida con las tatas (conmigo, ya éramos cinco hermanos). En esto, escucha unos gemidos extraños de la perra. Al acercarse, menos mal que se acercó, vio a mi hermano Chiky que, en pie junto a la cuna, blandía amenazante, sobre mí, el atizador de la cocina (en aquella época, las cocinas eran de carbón).

Los celos del benjamín destronado, supongo. El caso es que su intento de acabar conmigo se frustró. Lo más probable es que no hubiera tenido éxito, pero nunca se sabe…

Jamás le he guardado rencor. No solo eso, sino que siempre nos hemos llevado muy bien y nos queremos un montón.

(Extracto de https://jchicheri.wordpress.com/2014/12/20/como-el-perro-de-las-lagrimas/)

 

Este fue el primer día de mi vida. Llegué a ella tan feliz y tan activo, después de nueve meses de encierro, que a los pocos minutos de la entrada de mis hermanos me dormí tan profundamente que no recuerdo nada más. Cuando me desperté, comencé a vivir.

La familia antes de llegar yo. Papá, mamá, 

Fernando, Manolo, Blanca y Javier.


 

Hoy es también trece de junio de 2018. Setenta años han transcurrido sin apenas darme cuenta.

Setenta años llevo andando por la vida, recorriendo sus caminos. He volado por autopistas, he conducido por carreteras, he caminado por senderos y he deambulado por trochas cochineras de difícil transitar. Los caminos por los que la vida transita no son siempre buenos o siempre malos. De todo hay en tan largo trayecto. Pero lo que sí es cierto es que serán mejores o peores en función de la elección que tomes en cada cruce y, sobre todo, de las veces que se aparezca en tu camino la diosa Fortuna.

Nunca, antes de llegar al cruce, sabes con certeza cuál de los caminos en que el tuyo se bifurca va a resultar de más cómodo andar. Igual que nunca sabrás si el que dejaste, el que no tomaste, hubiera sido mejor que el que elegiste.

Desde este trece de junio de hoy trato de ver, con la vista ya gastada y muchos de los caminos ya borrados, cómo ha sido todo esto que he pasado, que me ha pasado, desde aquél otro trece de junio que con tanta claridad he recordado y relatado. La cumbre desde donde observo tiene buena perspectiva, pero mi vista, ya les digo, no llega a todos los rincones. Y el camino está, en muchas partes de su recorrido, ya borrado ya oculto por la vegetación enredada en la memoria.

Trataré de recordar algunas de las etapas de tan largo camino. Tal vez se las cuente; tal vez las guarde para mí, ya veré. Nada de especial tienen; son muy parecidas a las de cualquier mortal que haya andado caminos parecidos, en tiempo y lugar, a los míos. Pero son mis etapas, mis caminos.

Lo que sí puedo decir, aun antes de zambullirme en los recuerdos, es que las decisiones que tomé en cada bifurcación no han sido malas. No sé cómo podrian haber sido las alternativas, eso queda en el mundo paralelo de las ucronías.

Y también puedo decir que tenido suerte.

  1. jjgarnicaalvear@yahoo.es
    13 junio, 2018 de 12:39 PM

    Muchas Felicidades!!!

    Enviado desde mi iPhone

    • 14 junio, 2018 de 11:46 PM

      Muchas gracias Juanjo.
      Abrazos.

  2. Maria Josefa
    13 junio, 2018 de 2:52 PM

    Que sigas igual d feliz el resto de tu vida Sefa amiga d tu hermano Fernando y navarra como tu madre

    • 14 junio, 2018 de 11:46 PM

      Gracias Navarrica!
      Un Abrazo.

  3. Juan J Cervera
    13 junio, 2018 de 6:23 PM

    Muchas felicidades !!!!!!
    Yo cumpliré 71 el mes que viene y no tengo recuerdos tan nítidos de mis primeros momentos. Sí recuerdo en cambio -y son muy buenos los recuerdos- algunos caminos en los que hemos coincidido. Brindo por ellos…
    Un abrazo fuerte,
    Juanjo Cervera

    • 14 junio, 2018 de 11:48 PM

      Gracias Juanjo.
      Vamos a tratar de mantener la distancia. Y a mantenernos optimistas y, sobre todo, amigos.
      Un abrazo

  4. Pepe Beotas
    14 junio, 2018 de 8:39 AM

    Querido Bolo, muchas felicidades por tu cumpleaños, ¡ seguimos dando guerra !, disfrutando de la vida y descifrando nuestras señas de identidad.
    Hemos tenido una suerte extraordinaria al ser queridos por nuestras familias (la de origen y la del libro de familia -creo que ya no existe-) y muchos amigos. Esto, junto a la entrega a los demás, son clave para la felicidad.
    Abrazos fuertes para ti y Carmela

    • 14 junio, 2018 de 11:50 PM

      Gracias amigo Pepe.

      Sí, esa es la clave de la vida. Optimismo, dignidad, buenos amigos y buena familia.
      Y mucha suerte, que la tenemos.

      Abrazos.

  5. Jose Luis Cores
    15 junio, 2018 de 7:57 PM

    Muchas felicidades Jaime. Como de costumbre, y no se por que, lo que escribes me resulta entrañable y relajante. Te echaba de menos.
    Un abrazo..
    JLCores

  6. 16 junio, 2018 de 8:54 PM

    Muchas Gracias José Luis.
    Ahora escribo poco aquí. Mis tonterías suelo divulgarlas por FB. Es más cómodo y rápido y, ya sabes, con la edad nos hacemos vaguetes.
    Un abrazo.

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