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UN PAR DE HOMBRES NOTABLES (…y José María)

 

¿Cuál es esa “otra” motivación de Jaime, de la que les hablaba ayer?

Él mismo nos la cuenta:

“Nado porque puedo, por los que no pueden”

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“Realmente soy afortunado de poder nadar y hacer lo que me gusta. Pero mi verdadera fortuna ha sido emprender esta andadura con la Asociación Siempre Adelante y desde el primer momento he conocido a algunos afectados por ELA y familiares que han ido reforzando este compromiso y ganas de hacer más y más cosas por ellos.

En todas y cada una de mis Travesías he tenido ganas de abandonar por diferentes motivos. He de reconocer que tengo mucha fuerza de voluntad, pero también tengo que dar las gracias a personas como: mi tío Jose Mari, Gonzalo, Iván, María, Fran, Agueda, Isabel, Juan, Jose Luís,…, que son quienes de verdad me han ayudado a valorar lo que de verdad importa y trasladando esto a las ganas de abandono que comento, suelo pensar y repetirme en esos y otros momentos de flaqueza: “Jaime, lo que te está pasando (frío, cansancio, agobio psicológico por pensar que no avanzas suficiente, …) es algo pasajero, lo que no es pasajero es tener una ELA o similar. Así que, sigue y hazlo por ellos”. (www.jaimecaballeronadador.com)

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Y es aquí donde Jaime conecta, hoy a través mío, con ese otro hombre notable que fue mi querido amigo José María Cervelló Grande. Un hombre Grande de verdad, no solo por el apellido.

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad perra, en el peor sentido del término. Una vez que agarra, ya nunca suelta la presa. Comienza por afectar a la movilidad corporal hasta que, al poco tiempo, te lleva a la silla de ruedas. Continúa paralizando los músculos de la expresión hasta que, poco tiempo después, te impide hablar, incluso casi sonreír levemente. Y sigue sin descanso, afectando al aparato digestivo; ya no puedes comer. Cuando llega a los músculos del aparato respiratorio, aún puedes “vivir” un tiempo si te practican la traqueotomía y añades un aparato respiratorio a los muchos otros artilugios que ya controlan tu vida.

Es poco frecuente y tal vez por eso, porque no hay una “multitud de potenciales clientes”, no se investiga lo suficiente. O quizá sí se investiga y no es posible hallar remedio.

El caso es que mi amigo José María tuvo la mala fortuna de encontrarse con ella justo cuando más podía disfrutar de su vida. Cuando pudo dejar su trabajo, en la parte en que le era necesario para vivir, para dedicarse al trabajo que le gustaba y en el que era maestro en todos los sentidos: el coleccionismo de arte (doctor en Historia del Arte) y la enseñanza del derecho (Abogado del Estado). Lo de “doctor” y “abogado del estado” eran tan solo sus títulos profesionales. Lo importante es que fue notable erudito y coleccionista de libros de arte, gran jurista y magnífico profesor.

“Un día comentamos que tu amor por el libro estaba por encima del propio contenido del libro. Pienso que tu capacidad de disfrutar de la vida, está también por encima de su propio contenido”. (Carmela Mirecki)

“El Maestro no habla; actúa. Cuando su tarea concluye, la gente dice: ¡asombroso, lo hicimos nosotros solos!

El Maestro tiene, pero no posee; actúa, mas no espera nada. Cuando su obra termina, la olvida.

Por eso es imperecedera”. (Lao Tse)

Estas reflexiones, extraídas del memorable regalo que le hizo su mujer, Mª Teresa, cuando cumplió 60 años (un libro en el que una docena de sus íntimos amigos escribimos sobre él), definen con notable concisión y fidelidad la personalidad de José María. Sus libros…su vida; tan imprescindibles aquellos para esta, tan vivida esta para aquellos. Y su maestría en ser maestro.

La evolución de su enfermedad fue dramáticamente progresiva. Cuanto más la ELA avanzaba, más él se hacía intelectualmente fuerte para superarla. Cuando ya no pudo desplazarse para dar sus clases, los alumnos acudían a su casa. Cuando ya no podía siquiera expresarse, sus ojos hablaban por él; incluso los utilizaba para escribir con un programa especial de ordenador. Y cuando ya lo sabía casi todo comenzó, desde su obligada inmovilidad y su incapacidad de comunicación activa, a tomar clases de astronomía, de música… Su obsesión era saber.

En sus últimos meses, muchos fueron, solo podía pensar, escuchar y ver. Todo lo demás le estaba vedado.

Y cuando ya no pudo seguir viviendo, se despidió de la vida y de sus amigos con la dignidad de los grandes hombres.

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Yo le conocí en 1983, cuando se incorporó al despacho que yo dirigía. Durante 20 años conviví profesionalmente con él. Cuando lo dejó, en 2003, la amistad que siempre habíamos tenido se ensanchó para ocupar el espacio que la relación profesional abandonó. Fue entonces cuando el dedo de la (mala) fortuna le tocó la frente.

Cuando ya la enfermedad hizo garra y él no pudo ya moverse de casa, acudíamos mi mujer y yo con frecuencia a visitarle. No era la “obligada” visita al amigo enfermo, sino la buscada ocasión para volver a verle, contarle nuestras cosas y “escuchar” las suyas aunque ya no pudiera hablar. María Teresa, la mujer que le dedicó su vida entera durante esos años finales y María Jesús, la hermana que le acompañó durante toda la vida, complementaban lo que sus ojos no podían transmitir.

Disfrutábamos con esas tertulias, solos o con otros amigos con los que coincidíamos. Y muy especialmente gozamos de los magníficos conciertos privados que Marta y Pedro, los hijos de Tomás Alfaro, otro de sus grandes amigos, ejecutaban en casa de José María. Ella, al piano; él, al cello.

Un día de agosto de 2009 decidieron entre Dios y él que ya estaba bien; que todo lo que tenía que haberse hecho, estaba hecho; que todo lo que tenía que saber ya lo sabía; y que ya no tenía sentido seguir combatiendo a la maldita ELA puesto que él y su dignidad ya la habían vencido.

Se despidió de María Teresa sabiendo que pronto la volvería a ver. Un par de meses después de que él se fuera ella, que no podía vivir sin él, acudió a su encuentro.

————————————–

Sabrán disculparme esta efusión de emotividad. Tan solo quería rendir homenaje de admiración a Jaime y a José María. Dos hombres notables que, cada uno a su manera, han luchado con grandeza y dignidad contra un maldito enemigo.

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  1. S. Guadiana
    11 febrero, 2014 en 10:14 PM

    Qué alegría!!!

    Después de tanto tiempo asomo un poquito la cabeza por aquí y de pronto veo que has publicado, nada más y nada menos que tres entradas (y yo sin enterarme…), me has dado una enorme alegría, de verdad.

    Qué bien que hayas regresado, el blog y yo, y supongo que todos tus lectores y seguidores, te echábamos mucho de menos y me ha dado un subidón (de alegría, que no de tensión…) al ver que de nuevo estás por aquí.

    Pero me aguantaré el ansia y me las reservo para leerlas con calma el fin de semana, bueno, es probable que solo aguante hasta el viernes, pero al menos quiero intentarlo.

    En serio, bien retornado…

    Abrazo enorme, me guardo esta lectura para el finde!!!

    • 12 febrero, 2014 en 1:56 PM

      Gracias por tu buena acogida, querida Guadiana.
      Espero que te gusten estas “nada menos que tres entradas”.
      Recuerdo los tiempos locos en que, a poco de nacer el blog, escribí ¡31 entradas! en un solo mes (mayo 2010).
      Afortunadamente pasó el sarampión y decidí olvidarme (ya la retomaré con mayor sosiego) de la política.
      Besos, tan enormes como tu abrazo.

  2. Luis Mª Grande
    11 febrero, 2014 en 10:20 PM

    Jaime, nunca he dejado un comentario hasta ahora, aunque lo cierto es que te leo a menudo desde que el año pasado me invitaste a seguir tu blog. Pero hoy no podía dejar de hacerlo, pues los sentimientos que reflejas en este homenaje, y que fueron parte de la más que agradable conversación que mantuvimos entonces sobre José María, me emocionan.

    Como bien dices, un hombre Grande, al que sigo echando mucho de menos. Y me temo que siempre será así.

    Un fuerte abrazo, siempre es un placer leerte, pero hoy aún más.

    Luis Mª Grande

    • 12 febrero, 2014 en 2:00 PM

      Muchas gracias Luis, por leer y por dejar este comentario.
      El otro día conocí a tu hermano en el campo.
      Es bueno echar de menos a la gente que se fue. Significa que dejaron huella y que de ellos aprendimos.
      Un abrazo.

  3. Juan José Garnica Alvear
    12 febrero, 2014 en 11:00 AM

    Jaime , precioso y conmovedor sobre tu amigo Jose Maria , del que ya me habías hablado … un abrazo juanjo

    • 12 febrero, 2014 en 2:02 PM

      Dichosos los ojos que te leen Juanjo.
      Me alegra que, ya que no nos vemos apenas, entres de vez en cuando a este blog.
      Un abrazo y gracias por tu comentario.

  4. Corsario
    12 febrero, 2014 en 11:12 AM

    terrible enfermedad y todo un ejemplo el de tu amigo José María.

    Te recomiendo un libro de Jack London que se llama “Lobo de Mar” , “Sea Wolf”, si lo lees en inglés mejor. Es sobre El Capitán de un ballenero que contrae una extraña enfermedad (yo creo que se trataba de ELA ahora que veo la descripción que haces), y que al final solo puede mover los ojos pero que conserva un cerebro extraordinario. Las conversaciones filosóficas sobre la vida y la muerte ,con el que fue su grumete, son antológicas.

    El libro es magnifico, para mi el mejor de Jack London y eso que tiene muchos buenísimos.

    abrazos

    Corsario

    • 12 febrero, 2014 en 2:05 PM

      Me bajaré el Lobo de Mar en cuanto vuelva a mi mar.
      También Martes con mi Viejo Profesor, de Mitch Albom, que relata las conversaciones de un alumno con su antiguo profesor, afectado por la ELA.
      Que Dios y los demás dioses de los mares nos protejan de esos males.
      Abrazos Corsario.

  5. M Soledad Acedo Grande
    12 febrero, 2014 en 12:15 PM

    El un gran hombre, tu un gran amigo. Tus palabras y sentimientos son un gran regalo para su familia.

    • 12 febrero, 2014 en 2:07 PM

      Muchas gracias Soledad.
      Tuvimos la fortuna de haberle conocido.
      Alguien, no recuerdo quién, dijo:
      “No lloremos por haberlo perdido; alegrémonos de haberlo disfrutado”.
      Un abrazo.

  6. Joselito
    15 febrero, 2014 en 12:54 PM

    Hola Jaime,

    Gracias por retomar con ritmo tu blog. Aunque el día a día nos ocupe, sigue siendo un placer leerte.

    No conocía la iniciativa de Jaime y me parece que tiene mucho mérito lo que está haciendo para dar a conocer la maldita enfermedad del ELA.

    Aunque no suele darse en niños, tengo unos amigos que tienen una hija enferma desde su nacimiento y es una enfermedad demoledora.

    Al escribir de José María me has “movido” muchas recuerdos. Su memoria será ya imborrable para los que tuvimos la fortuna de conocerle y de poder visitarle durante los años que duró su enfermedad.

    Para aquellos que no pudieron hacerlo, o que no le conocían, escribió un blog, en el que periódicamente escribía y nos daba grandes lecciones sobre cómo afrontar la vida, sus valores y cómo estaba afrontando su enfermedad. Creo que le ayudó mucho en sus últimos meses

    La lección que nos dio al escribirlo se asemeja a las hazañas de Jaime. Releyendo esta mañana su blog describió el proceso de la siguiente manera:

    “Lo que hago es que yo preparo el texto en la cabeza, y cuando lo tengo listo, trabajo con María Teresa que tiene una hoja con el abecedario. Yo voy mirando las letras, ella va adivinando las que son y así va escribiendo el texto. En esta tarea difícil, tediosa y cansada, es el amor el que da fuerzas e ilusión. Todo es puro trabajo humano que nunca podremos olvidar.

    Después, María Teresa lo pasa al ordenador, se lo envía a Juanjo Torres y él se ocupa de colgarlo”.

    Creo que sobran las palabras…

    Gracias por darme a conocer las hazañas de Jaime, al que seguiré a partir de ahora, y por recordarme las de José María.

    También María Teresa nos enseñó una magnífica lección de amor incondicional.

    Como él decía, en la “lotería de la vida” nos tocó el conocerle y él, sin duda alguna, dejó una gran “huella” en muchísimas personas.

    El Premio del IE que lleva su nombre, así como su Cátedra, y su Biblioteca en el Prado, también ayuda para que su recuerdo siga presente.

    Gracias y Un fuerte abrazo, para tí y otro para tu capitana.

    Joselito

    • 18 febrero, 2014 en 7:40 PM

      Hola Joselito.
      Muchas gracias por tus recuerdos. Este método de escribir su blog que cuentas es impresionante.
      “Lo que hago es que yo preparo el texto en la cabeza, y cuando lo tengo listo, trabajo con María Teresa que tiene una hoja con el abecedario. Yo voy mirando las letras, ella va adivinando las que son y así va escribiendo el texto. En esta tarea difícil, tediosa y cansada, es el amor el que da fuerzas e ilusión. Todo es puro trabajo humano que nunca podremos olvidar.

      Después, María Teresa lo pasa al ordenador, se lo envía a Juanjo Torres y él se ocupa de colgarlo”.
      Yo creo que fue después de que ya ni siquiera podía “escribir” con los ojos en su PC especial.
      Qué tipo tan grande!!
      Un abrazo.

  7. 17 febrero, 2014 en 2:53 PM

    Mil gracias Jaime por este emotivo relato al que me siento tan ligada. La ELA es una enfermedad atrozmente cruel que sume a los que la padecen y a sus seres querido en una tristeza e impotencia de imposible descripción que acaba abocando a una gran soledad . Visibilizarla y apoyar a los que luchan por mejorar las condiciones de vida de los enfermos es fundamental.

    • 18 febrero, 2014 en 8:00 PM

      Hola Lola.
      Gracias por entrar en el blog.
      He estado leyendo Querido Ricardo. El libro me recuerda mucho al que escribimos para José María, aunque este fue regalo en vida de “su Lola”, Mª Teresa. Ambos hablan de la suerte y del orgullo de haberles conocido.
      La frase de tu prólogo:
      “La cruel enfermedad…cedía finalmente al coraje, la entereza y el valor que le habían hecho frente sin desmayo desde el principio”
      Contiene también el mismo sentimiento que la de este escrito:
      “…y que ya no tenía sentido seguir combatiendo a la maldita ELA puesto que él y su dignidad ya la habían vencido.”
      Y es que una enfermedad como esta solo puede soportarse, y vencerse, desde la dignidad y el coraje.
      Un beso muy fuerte.

  8. S. Guadiana
    22 febrero, 2014 en 12:06 PM

    Jaime, creo que vas a tener que ampliar el nombre del blog, a este complejo mundo le falta ternura y aquí no solo hay sentido común y música, hay mucho más, así que ve pensando en ampliar el nombre.

    Siempre ha sido un placer leerte (compartiendo o no tu criterio o posicionamientos), pero este tipo de entradas, tan humanas, me gustan especialmente.

    Aquí he podido ampliar mi propia respuesta en mi comentario de la anterior entrada, en la mente de personas como Jaime no está solo la superación del reto, está también la solidaridad y la generosidad, ahora me resulta más fácil entender sus mentes.

    Y esta entrada me parece un emotivo homenaje a una persona también especial, realmente dos porque su mujer estuvo a la altura de la situación y las circunstancias, afrontaron la lucha juntos. Creo que todos deberíamos ser así de especiales, aunque ojalá no nos tengamos enfrentar a esa situación.
    En todo caso estos amigos tuyos son un excelente ejemplo, gracias por compartirlo.

    Un tercer abrazo

    Guadiana

    PD:

    Has puesto sentido común y ternura pero falta la música, con tu permiso voy a poner algo

    (Procura no perder el ritmo de escritura)

    • 24 febrero, 2014 en 8:12 PM

      Gracias a ti, Guadiana.
      Si, eran, sobre todo Jose María, muy especiales. Como bien dices, ojalá no pasemos por esas situaciones que nos obliguen a elegir entre la depresión o la dignidad.
      Lo del nombre del blog vamos a dejarlo. Ni a los perros se les cambia el nombre que se les puso. Mejor que no tengan nombre, como los que siempre aparecen en las novelas de Saramago.
      Pero has venido, qué oportuna, a llenar el hueco que yo he dejado. Las últimas entradas no contenían música porque no encontraba (o no buscaba) la que hubiera sido adecuada. Y vas tú y me mandas estas tres piezas…Que paso inmediatamente a escuchar.
      Añade un abrazo grande a los besos anteriores.

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