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MI TESTAMENTO VITAL

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“Una de las funciones más nobles de la razón consiste en saber si es o no, tiempo de irse de este mundo”.

Con esta cita de Marco Aurelio comenzaba un artículo que publiqué en agosto de 2010 con el mismo título de aquella película de Richard Fleischer, Soylent Green (1973). Disertaba en él sobre esos conceptos tan relacionados: Eutanasia, Muerte Digna, Muerte Asistida.

Hace unos días, no sé con qué motivo, hablábamos mi mujer y yo sobre la conveniencia de hacer testamento vital. Siempre da más tranquilidad conocer (y que otros conozcan) los deseos más personales e íntimos de quien está en proceso de pasar a mejor vida.

Pasar a mejor vida con el menor sufrimiento y la mayor dignidad posibles. De eso trata el testamento vital. Y, añado yo aunque suene prosaico hablando de esos asuntos tan trascendentales, con el menor coste económico que se pueda.

Así, de la misma manera que uno decide, sometido a ciertas normas legales, cómo se debe repartir el patrimonio que deja cuando se va de este mundo, puede también decidir aspectos tan personales como los cuidados o ayudas que debe recibir en tan decisivo trance. Y tanto una como otra decisión han de manifestarse en una declaración personal en pleno uso de facultades mentales, ante notario o ante testigos, y debidamente depositada en registros públicos.

Aspectos tales como si en el supuesto de enfermedad terminal debe ser mantenido vivo a toda costa o, por el contrario, debe ser ayudadomuerte asistidaa morir, si es su voluntad donar los órganos cuando ya no le sean necesarios, si desea ser inhumado o incinerado o si prefiere ritual religioso o pagano, son manifestaciones comunes en el testamento vital,

Incluso, aunque la eutanasia activa no esté aún regulada en nuestras leyes, puede el testador pedir que se le aplique en el caso de que si lo esté en el momento de su fallecimiento.

Por el documento de instrucciones previas, una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarla personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo. El otorgante del documento puede designar, además, un representante para que, llegado el caso, sirva como interlocutor suyo con el médico o el equipo sanitario para procurar el cumplimiento de las instrucciones previas.

(Artº 11, Ley 41/2002) Muerte-digna-imagen

Tras este preámbulo de carácter divulgativo, me voy a centrar en la parte del testamento vital que se refiere al tratamiento del cuerpo una vez que el alma, es decir la vida, lo ha abandonado. Las opciones que se presentan no son demasiadas: inhumación, incineración o embalsamamiento; culto religioso o pagano.

Oscar Wilde, en su lecho de muerte, pidió al amigo que le acompañaba una botella del champan más caro y le dijo: “Me estoy muriendo por encima de mis posibilidades”.

Hoy no hace falta que pidamos champán ni que organicemos fastuosos funerales. El funeral más austero está por encima de las posibilidades de un común mortal y deja temblando una economía familiar modesta.

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Porque el coste de las pompas (pompa (drae): lujo, grandeza, esplendor) fúnebres es disparatado. Entre el oligopolio –monopolio en muchas regiones– que existe, la agresividad comercial de las empresas de pompas fúnebres –que aprovechan los sentimientos de la familia (esa comprensible vergüenza en escatimar calidades y honores)- y la cantidad de “partidas” que componen el proceso (esquelas, tratamiento y traslado del cadáver, féretro, alquiler de sala en tanatorio, lápida y nicho o incineración, coronas, ritos...), un funeral cuesta entre cinco y diez mil euros.

Más el 21%, amigos, porque aunque resulte inconcebible, el gobierno tuvo el delicado detalle, la desvergüenza, de incrementar hace un año el IVA aplicable a los servicios de pompas fúnebres: del 8% al 21%.

¿Por qué diablos, pregunto, tenemos que gastarnos un dineral en esas malditas pompas fúnebres, pagando al estado además un 21% de IVA?

Así que, indignado ante tan inútil despilfarro, procedo a hacer mi propio testamento vital. Tiempo tendré, espero, cuando tenga seguro que es posible lo que pretendo, de redactarlo y registrarlo como exige la ley.

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En grades rasgos mi voluntad es la siguiente:

–         No quiero seguir viviendo cuando ya no me quede conciencia ni salud para vivir dignamente. Trataré de definir ese concepto de dignidad para no dejar dudas inquietantes –o lo que es más arriesgado, una laxa interpretación– a los míos.

–         Quiero que mis órganos, en lo que valgan, sean puestos a disposición de quienes puedan utilizarlos, sin que nadie que no sean ellos obtenga ventaja de ningún tipo.

–         Y, por encima de todo, no quiero que mis deudos gasten en mis exequias nada, absolutamente nada, que pueda ser prescindible.

Así, no quiero que compren un féretro para depositar mis restos; no quiero velatorio ni tanatorio; no quiero flores; no quiero esquelas; no quiero funerales ni entierros; no quiero que paguen a nadie por quemarme.

Y no quiero IVA.

Quiero nada más que quien desee recordarme me recuerde. Y si puedo ser más exigente, sólo para recordarme con la alegría –o como mucho con la nostalgia–  de  los felices tiempos pasados; no con la tristeza de la ausencia.

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Y, entonces ¿qué hacer con mi cadáver?

Esa es la pregunta que me lleva a muchas otras:

¿Hasta qué punto es obligatorio utilizar una empresa de pompas fúnebres?

¿Hasta qué punto es obligatorio adquirir una linda caja de exótica madera y bonitos adornos para que se pudra bajo la tierra o se convierta en cenizas en el crematorio?

¿Qué otras opciones existen para un cuerpo que ya no sirve para nada?

¿Se puede guardar en un arcón en casa, debidamente congelado?

¿Puede ser enterrado en el jardín de su casa, si lo tuvo, o en algún recóndito lugar de cualquier monte?

¿Puede ser incinerado privadamente en el –improbable– caso de que se encuentre lugar adecuado?

¿Puede –igual que está permitido con las cenizas– ser arrojado el cuerpo a la mar, que al fin y al cabo es de nadie, envuelto en un retal de vela y con sendas balas de cañón atadas a las extremidades –como hacían los corsarios– para asegurar la inmersión?

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No sé si alguna de estas opciones es legalmente posible; si alguien lo sabe agradeceré ilumine mi ignorancia. Lo que si tengo claro es que en mi testamento vital eximiré a mi querida familia de gastar en mis “honras fúnebres” más de lo que cuesten unas viejas balas de cañón para hundirme dulcemente en el mar.

A mi ya no me importará, como al chico de esta preciosa balada que os dejo, que los rayos de sol no me alcancen, que la oscuridad y el frío me rodeen, que nadie sepa exactamente dónde estoy o que los peces tomen su justa revancha de tantos como yo me comí.

Os dejo esta preciosa canción, The Ocean BurialGeorge Allen, 1850)


“O! bury me not in the deep, deep sea”;

The words came low and mournfully,

From the pallid lips of a youth, who lay,

On his cabin couch at the close of day.

He had wasted and pined ‘till o’er his brow,

The death-shade had slowly passed, and now,

Where the land and his fond loved home were nigh,

They had gathered around him to see him die.

“O! bury me not in the deep, deep sea,

Where the billowy shroud will roll over me,

Where no light will break through the dark, cold wave,

And no sunbeam rest upon my grave.

It matters not, I have oft been told,

Where the body shall lie when the heart is cold,

Yet grant ye O! grant ye this boon to me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“For in fancy I’ve listened to the well known words,

The free, wild winds, and the songs of the birds;

I have thought of home, of cot and bower,

And of scenes that I loved in childhood’s hour.

I had ever hoped to be laid when I died,

In the church-yard there, on the green hill-side;

By the bones of my fathers’ my grave should be,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“Let my death slumbers be where a mother’s prayer,

And a sister’s tear shall be mingled there;

O! ‘twill be sweet, ere the heart’s throb is o’er,

To know when its fountains shall gush no more,

That those it so fondly hath yearned for will come

To plant the first wild-flower of spring on my tomb;

Let me lie where those loved ones will weep over me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“And there is another; her tears would be shed,

For him who lay far in an ocean bed;

In hours that it pains me to think of now,

She hath twined these locks, and hath kissed this brow.

In the hair she hath wreathed, shall the sea-snake hiss?

And the brow she hath pressed, shall the cold wave kiss?

For the sake of that bright one that waiteth for me,

O! bury me not in the deep, deep sea.

“She hath been in my dreams” — his voice failed there;

They gave no heed to his dying prayer;

They have lowered him slow o’er the vessel’s side,

Above him has closed the dark, cold tide;

Where to dip their light wings the sea-fowls rest

Where the blue waves dance o’er the ocean’s crest;

Where the billows bound and the winds sport free;

They have buried him there, in the deep, deep sea.

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  1. 9 junio, 2013 en 7:02 PM

    Saber despedirse en vida, y dejar a los cercanos y amigos las ultimas voluntades, sun que ello les acarree conflictos ni gastos superfluos. Es una de las cosas humanas que más hay que admirar.
    Despedirse dignamente, y separarse de las cosas materiales, para que los cercanos y amigos disfruten de ellos, y todo con plena conciencia, es uno de los últimos placeres que me gustaría disfrutar.
    La muerte tiene que ser tratada como lo que es, con naturalidad.

    • 16 junio, 2013 en 1:03 PM

      Estoy de acuerdo Carlos.
      Algo tan natural, a lo que nadie escapa, ha de tratarse con naturalidad.
      Lo que no es natural, y por eso hay que erradicarlo, es la muerte con dolor y sin dignidad cuando ya es certeza próxima.
      Seguramente te gustará el poema de Spencer, inscrito como epitafio en la lápida de Joseph Conrad:
      Sleep after toil,
      Port after stormy seas,
      Ease after war,
      Death after life
      Does greatly please

      El reposo tras el esfuerzo,
      El refugio tras los procelosos mares.
      Tras la guerra, la paz,
      La muerte tras la vida,
      Placen grandemente.

      Un abrazo

  2. Rafael
    9 junio, 2013 en 7:52 PM

    Dadas tus úlimas voluntades, nos pondrás difícil honrarte cuando nos hayas dejado, aunque siempre permanecerás en mi memoria como compañero de caza y maestro en literatura venatoria. Y por ello, inscribiré tu nombre en la tablilla del primer guarrazo que cobre después de tu fallecimiento, suponiendo que caigas antes que yo, Dios no lo quiera. Un fuerte abrazo Maestro

    • 16 junio, 2013 en 1:07 PM

      Eso si que sería un homenaje, Rafa!!!
      Y te agradezco mucho el exageradísimo “maestro en literatura venatoria”. Ya quisiera.
      La naturaleza, ojalá que no cambie, hará que tu suposición sea certera.
      Un fuerte abrazo.

  3. Corsario
    9 junio, 2013 en 11:41 PM

    Yo propongo buscarse un rio sagrado, pongamos el Ebro, y en uno de los meandros que hay cerca de la carretera que va hacia Alcañiz, preciosos por cierto, montar una sucursal de Benarés,con su ” Ghat” incluido, un magnífico lugar para organizar piras funerarias y barbacoas, además creo que podría ser un buen negocio si convencemos a los futuros clientes que hay posibilidad de reencarnarse.

    Hay que estudiarlo, y sin IVA !

    Abrazos

    corsario

    • 16 junio, 2013 en 1:23 PM

      Me temo, Corsario, que tu sugerencia no podrá llevarse a la práctica: ¡Han prohibido las barbacoas en el monte! Me parece sabia decisión.
      En cuanto a negociar con la muerte, es precisamente lo que critico en la entrada. Ya hay bastantes que sacan dinero de ella, no sólo las empresas de pompas fúnebres. También las de armamento, las luchas de religión, las ideologías radicalizadas, los “estado-negocio”, la industria extractiva…y muchos hospitales.
      Lo malo de la reencarnación es que nunca te reencarnas como tu mismo; y el reencarnado no es consciente de que fue antes de nacer.
      Quién sabe qué o quién fuimos tu y yo antes de ser tu y yo.
      Un abrazo y que los mares te sean propicios.

  4. 10 junio, 2013 en 7:04 AM

    Contemplar la propia muerte es un ejercicio sano, quizás porque ese es el punto en el que las cosas adquieren su auténtica dimensión: lo importante vs lo superfluo desfilan con una claridad insolente. Me preocupa no el mal que haya hecho en mi vida, porque el arrepentimiento cura, sino el bien que haya dejado de hacer.
    Lo del IVA, top canallada.

    • 16 junio, 2013 en 1:32 PM

      Hola Elvira.
      “Contemplar tu propia muerte”… Suena poético, pero no me gusta porque habla en presente. De la muerte propia siempre hay que hablar en futuro. Y esperar que ese futuro tarde, excepto cuando ya esté uno tan jodido que ansíe su llegada.
      Lo superfluo es la propia muerte; lo importante es cómo has vivido hasta ese momento. Y saber (nunca lo sabes, sólo lo intuyes) si te recordarán con orgullo.
      A mi si que me preocuparía el mal que haya podido hacer. Porque el arrepentimiento, como bien dices, cura. Pero sólo cura al que lo hizo, no a los que lo sufrieron.
      Si hay tiempo material, además del arrepentimiento estaría bien la reposición. Pero eso es mucho pedir para un moribundo.
      Un abrazo Elvira.

  5. Jesus
    10 junio, 2013 en 7:30 PM

    El unico riesgo, amigo mio, es que decida si está Vd. en las condiciones vitales que justifiquen la “ayuda” a su muerte, prevista en su testamento vital, sean la señora de la limpieza com cargo sindicak, un perrofluta colocado ahi por enchufe y algun otro sobornable por sus “deudos” a quien ya resulte Vd. incomodo

    • 16 junio, 2013 en 1:38 PM

      Igual que en las últimas voluntades se suele nombrar un albacea que las interprete y las ejecute, en el testamento vital se nombra un representante para que, en caso de que no puedas expresar tu voluntad en ese momento, sea él quien lo haga; y siempre siguiendo tu voluntad escrita.
      No caben pues, legalmente, terceros interesados que la vulneren. Si alguien lo hiciera sería bajo su responsabilidad, no bajo tu representación.
      Un abrazo Jesús.

  6. Julie
    12 junio, 2013 en 12:22 PM

    Querido Jaime:

    Es cierto que morir, en la actualidad, es caro; pero no sería menos caro -creo yo- en el caso de que la eutanasia activa estuviese regulada. Imagino -aunque sea imaginar demasiado- que dicha forma de morir llevaría aparejadas o anexas muchas condiciones legales que, al final, llevarían a la comercialización de una “muerte a la carta” por la empresa privada.

    Y sí, es más romántico e íntimo ser enterrado en el propio jardín, aunque me temo que por cuestiones de salubridad -como todos sabemos- no es posible. Ya prohibieron en su tiempo los enterramientos en las iglesias.

    Yo opto por agarrarme a la vida hasta el último suspiro.

    • 16 junio, 2013 en 1:56 PM

      Hola Julie.
      Es la primera vez que te veo (al menos bajo ese nombre) por aquí.
      Muchas gracias por leer el blog y por escribir tu comentario.
      En mi entrada me refería, con un puntito de ironía, a la carestía del “post mortem” y no tanto al mantenimiento excesivo de la vida cuando ya no es vida digna.
      Y tampoco digo que sea partidario de la eutanasia activa sin más, es decir si no está justificada. Soy absolutamente partidario de la muerte asistida; de la muerte digna.
      En SOYLENT GREEN, puedes ver, aunque supongo las conoces, las diferencias y similitudes entre los tres conceptos.
      https://jchicheri.wordpress.com/2010/08/08/soylent-green/

      No comparto tu opinión sobre el coste de la muerte o de la vida mantenida. Es posible que esa “muerte a la carta” comercializada por empresas privadas sea costosa; pero sólo lo es para el “cliente”. Para el sistema de salud es infinitamente más caro mantener tantas situaciones de vida vegetativa. Discúlpame la crudeza de la expresión.
      Si, supongo que enterrar en jardines no sea posible, excepto las urnitas con las cenizas.
      Y, respecto a tu comentario final, ojalá que ese último suspiro tarde en llegar y llegues bien hasta él. Yo estoy también de acuerdo, siempre que llegue a él con conciencia.
      Como decía mi sabio padre: “Dios me dé un minuto más de cabeza que de vida”.
      Un abrazo Julie

  7. Jesus
    12 junio, 2013 en 2:16 PM

    Para completar mi comentario le dejo dos referencias a post de mi blog;

    http://reflexionesheteroclitas.blogspot.com.es/search?updated-min=2007-01-01T00:00:00%2B01:00&updated-max=2008-01-01T00:00:00%2B01:00&max-results=19

    http://reflexionesheteroclitas.blogspot.com.es/2010/05/malthus.html

    Mi opinion al respecto se resume en ellos mejor que en mi comentario

    Cariñoso abrazo

    • 16 junio, 2013 en 2:14 PM

      Bueno, Jesús, tu comentario anterior era un poco “de coña”. Estas entradas (que en su momento leí) ya son otra cosa.
      No estamos muy en desacuerdo en lo fundamental. Como tu dices, no hay reglas fijas. Y los conceptos de dignidad (de vida digna) son muy diferentes en función de quién los exprese: un PDI, un tipo con sentido común o la Conferencia Episcopal (te linkeo el modelo de testamento vital de la CE).
      Respecto a la eugenesia, estoy bastante de acuerdo contigo. Ya la traté marginalmente en esta entrada. Una filosofía agresiva convierte la eugenesia en infanticidio.

      https://jchicheri.wordpress.com/2012/03/03/infanticidios-y-la-locura-cientifica/

      http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/testamento-vital.html

      Un abrazo Jesús. Hace tiempo que no escribes.

  8. S. Guadiana
    12 junio, 2013 en 10:39 PM

    Estoy de acuerdo en todo, tampoco quiero “pompas” por obligación ni IVA (por rebeldía).

    El “Testamento vital”, ahora llamado “Instrucciones previas”, está bien y por lo que tengo entendido, no es imprescindible su registro oficial, ni en los Registros autonómicos ni en el Registro nacional,( bueno, si lo registras en el autonómico ya queda registrado en el nacional).
    La normativa gallega dice que la ausencia de inscripción de un documento de instrucciones previas válidamente otorgado (ante notario o ante tres testigos, con sus limitaciones…)no impedirá su aplicabilidad, es más, un documento posterior no inscrito dejaría sin valor a otro anterior sí inscrito.

    Ayer, mis tareas de investigación sobre el tema fueron de lo más provechoso y divertido, me acerqué a freír a preguntas a un asesor jurídico del ámbito sanitario y el rato no tuvo desperdicio. Entré preguntándole ¿cómo está el tema del testamento vital? a lo que él respondió y me proporcionó la normativa estatal y autonómica correspondiente. Hasta ahí, todo normal.

    Al verlo tan dispuesto, decidí traspasarle todas las preguntas que planteas sobre ¿y qué hacer con mi cadáver? y lo hice en primera persona: “Juan Carlos ¿puedo arrojar un cadáver al mar?
    ¿puedo enterrarlo en el jardín o en el monte? ¿podría mantenerlo congelado en un arcón en casa?…me refiero a si legalmente puedo…” Tenías que haber visto su cara cuando respondió “¡¡¡me estás dando miedo!!!” (mis carcajadas se oyeron en kilómetros), le dije, “¡tranquilo!,nunca tiraría un cuerpo al mar sin ponerle, por lo menos, dos balas de cañón”.
    Empezó a reír y me dijo que grabaría en su memoria esa conversación, por si tenía que informar a la policía, a lo que contesté “a ver si ahora me vas a cargar con todos los posibles cuerpos que el mar pueda devolver “… fue divertidísimo…

    Y también productivo ya que me remitió a la Policía Mortuoria, cuerpo que yo ni sabía que existía.

    Aquí dejo un hipervínculo a su reglamento, que tampoco tiene desperdicio, que da respuesta a alguna de tus preguntas, va desde tipos de cadáver hasta los de los ataúdes, transportes, etc, etc, aunque después de leerlo, muy por encima, no me ha quedado claro si un cadáver del Grupo II puede ser arrojado al mar, explícitamente dice que los del Grupo I no pueden, pero ¿¿¿los del Grupo II???.

    http://www.coam.org/pls/portal/docs/PAGE/COAM/COAM_AYUDA_PROFESIONAL/PDF/20-07-1974.pdf

    Aquí hay reglamentos por comunidades autónomas, creo…

    http://www.funespana.es/legislacion.asp

    Un abrazo, vital.

    Guadiana

    • 18 junio, 2013 en 9:35 PM

      Hola Guadiana, mis disculpas por el retraso.
      “El mar devuelve a los muertos de barcos aún por naufragar”. Di a Juan Carlos que lea la entrada Por los que Nunca Volvieron, y que no te culpe de nada.
      Me alegra que hayas pasado un buen rapo investigando y charlando con Carlos.
      Pero dile también que necesitamos respuestas: ¿Sirve lo de la incineración casera? ¿Lo del mar? ¿Lo de la criogenización? Aunque esto último creo que es sólo para vivos…habría que explorarlo.
      En fin, ¿Qué sistemas hay para ahorrar en el enorme coste de las pompas?
      Me leeré luego el link de la Policía Mortuoria (vaya nombre!). Lo he activado cuando ya tenía escrita respuesta y se me ha borrado. Y esas cosas…molestan mucho.
      Un beso Guadianita.

  9. S. Guadiana
    20 junio, 2013 en 4:55 PM

    Disculpado por el retraso, no hay retraso sólo tenía que llegar el momento…

    Me temo que la Policía Mortuoria no autorizaría ninguna de las alternativas caseras por aquello de la “salud pública”, ya sabes.

    Aunque lo del mar sigo sin tenerlo claro, un cadáver del grupo I de ninguna manera se puede arrojar al mar, vamos a etiquetarlos, para abreviar, como aquellos “infecto contagiosos” o radiactivos o cosas similares…. pero un cadáver del grupo II, digamos aquellos procedentes de una muerte natural (sin añadidos que ataquen en exceso a esa “salud pública”) no lo acabo de tener claro.

    Cierto es que todavía no me he leído con calma el artículo 24 : Prácticas de sanidad mortuoria en buques, pero entre otras cosas dice:
    “En caso de que en cualquier barco español, con Médico o no a bordo, se produzca un cadáver de los incluidos en el grupo I del artículo 8º de este Reglamento, no se podrá arrojar al mismo al mar. Por el Capitán del barco se adoptarán las medidas necesarias para depositarlo en lugar del buque que no tenga contacto con la tripulación y pasaje, ni con la carga. De disponer de radio el buque, dará conocimiento por ella a la autoridad del puerto de arribada de la existencia a bordo de dicho cadáver”.
    Aunque suene siniestro,,,, me resulta entretenido y curioso este tema.

    Un beso enorme

    Guadiana

  10. Javier
    21 julio, 2013 en 11:52 AM

    Hola Jaime:

    Creo que la solución ideal para tu dilema es la donación del cuerpo a la Ciencia y la Investigación. Es una solución gratuita y generosa que evita convencionalismos costosos, sobre todo inutiles para los que creemos que el cuerpo es solamente un envoltorio de nuestro verdadero yo.

    Pero es muy importante que se les llame en las primeras horas tras el fallecimiento. Puedes ponerte en contacto con la Asociación Nacional de Donantes de Cuerpo a la Ciencia a través del mail info@donantesdecuerpo.com., Teléfonos oficina: 902 518 220 / 96 275 0295 (Horario de 9:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00) Telf. 24 h (EN CASO DE FALLECIMIENTO) : 664 600 664

    De todas maneras, creo que la cortesia impone una buena esquela y mas en el caso de una persona de tu relevancia social y profesional. También deberás permitir que se haga un funeral civil o religioso, para hacer una despedida colectiva que siempre conforta a los deudos. Tus amigos acudirán tristes y, reunidos en torno a tu recuerdo acabarán a carcajadas, como pasa siempre que se evoca a una persona divertida.

    Tu que eres una persona desprendida, consideralo la ultima invitación que harás a quien te aprecia (y si, puedes pedir que se sirvan cañas, que encima tiene un IVA reducido).

    Un abrazo,

    • 22 julio, 2013 en 11:49 PM

      Hola Javier.
      Me alegra saber de tí.
      Muchas gracias por tu comentario. Sorprende agradablemente recibirlo cuando el blog lleva tanto tiempo inactivo.
      Y gracias por tus sugerencias.
      Ya me las arreglaré para llamar a las pocas horas de mi fallecimiento. No sé cómo, pero lo haré.
      O, quizá, se lo encargue a alguien.
      Y, claro, gracias por lo de “tu relevancia social y profesional”. Elogio en todo caso inmerecido.
      Lo del funeralito y la esquelita lo dejaré a criterio de los que queden. Eso si, les pondré un tope.
      Tus últimos comentarios me recuerdan a una película que vi hace años: Un Funeral de Muerte, creo que se llamaba.
      Un abrazo Javier.

  11. Ana Galbete
    8 septiembre, 2013 en 9:00 PM

    Hola Bolo,
    Estoy de acuerdo en la conveniencia de hacer un testamento vital ,pero no le hagas a la pobre Carmela,por muy en forma que este,tener que tirar tu cuerpo serrano al mar y encima con dos balas de cañón ,que para conseguirlas tiene que salir de Sotogrande,doble faena.
    Bromas a parte,todo lo que dice Javier me parece perfecto.
    Un abrazo
    Ana

    ,

    • 16 septiembre, 2013 en 11:30 PM

      Hola Anuska.
      Mil perdones por el retraso en responder a tu comentario. Apenas entro en el blog. Cuesta muchísimo retomar las viejas costumbres; supongo que los fríos y las chimeneas del otoño tardío me animarán.
      Carmela sabe (o ya le enseñaré) utilizar la eriza de la mayor como cabestraste. Las balas no son problema, se consiguen en cualquier mercado de armas de desecho.
      Un abrazo fuerte. Y sigue leyendo el blog y aportando sensatos comentarios.

  12. Memoria Rom
    20 octubre, 2016 en 2:55 AM

    Un cadáver en el mar me parece un poco guarrada.

    • 20 octubre, 2016 en 1:16 PM

      Muchas gracias por su cometario.
      Me gusta que diga “me parece” en lugar de “es”.
      Porque, desde luego, no es una guarrada. Ni a mi me lo parece.
      Fijesé que con las balas de cañón se sumerge inmediatamente, de modo que nadie lo ve. Además, los peces dan buena cuenta del asunto inmediatamente, tanto de las partes blandas como de las duras.
      Así que pronto, muy pronto, no queda nada. Excepto el alma, claro; pero esa nadie sabe a dónde vuela.
      Compárelo con el sistema tradicional. Cortar árboles para hacer cajas; quemar combustibles para convertir en cenizas, que se meten en una urna de plástico ¡¡de plástico!!. Enterrar y esconder los restos de modo que nadie pueda comerlos y hacerlos desaparecer inmediatamente.

      Eso sí que es, me parece a mí, una verdadera guarrada.

      Reciba mi consideración y aprecio.

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