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AMORES DE VIEJOS (Gina & Gina)

Quizá sea amor y nadie lo entiende.

Quizá sea miedo a la soledad.

Quizá sea, tan solo, ternura.

Quizá no sea nada más que ambición.

Un poco de todo hay en estas situaciones, cada vez más frecuentes: amor, soledad, ternura, ambición…Entre los directamente involucrados, entiéndase, porque lo que sienten los indirectamente afectados es puro acojonamiento de quedarse sin herencia.

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Resulta que don Alfredo Di Stéfano, el ídolo del balompié antiguo, dice que se ha enamorado de doña Gina Gonzalez. Él tiene 86 años; ella 36. Y quieren casarse. Él aporta al matrimonio una considerable fortuna y cinco hijos. Ella, tan solo juventud. Y, asegura Gina, “aunque suene un poco particular, estoy enamorada de él”.

Sus hijos no lo entienden; o no lo creen, que para el caso es lo msmo. Dicen que la tal Gina es una aprovechada. Una cazafortunas que quiere sacar ventaja de la debilitada salud mental de su padre y que por tanto es su deber hacer todo lo posible por defenderle de ella. En consecuencia, han iniciado el proceso de su incapacitación.

 Aseguran que no es por motivos económicos, sino para protegerle; “en su exclusivo interés”.

«Ante el deterioro evidente de las facultades físicas e intelectuales que se viene observando en nuestro padre desde hace meses, sus cinco hijos, previo diagnóstico médico de su estado de salud, tomamos la decisión de solicitar ante los juzgados competentes, y en su exclusivo interés, su declaración de incapacidad, promoviendo de forma simultánea la adopción de medidas cautelares, en orden a la preservación de su patrimonio».

De momento, hasta que el juez decida, don Alfredo está incomunicado, encerrado en su casa y sin móvil desde hace meses. Los hijos han tocado a rebato familiar y han establecido una especie de guardia pretoriana  que no deja entrar a Gina ni a sus amigos ni deja salir a La Saeta Rubia.

 alfredo y gina

En estos mismos días leo una noticia muy similar, aunque con otra Gina de protagonista. Pero en ésta, los papeles están cambiados. Se trata de la Gina que nos enamoró a muchos de chavales. De la bellísima Gina Lollobrigida.

La Gina de este cuento tiene 85 años, un marido y un hijo.

Su capricho, un guaperas italiano de 25 años, un “toyboy”, de nombre Andrea Vicciola y de profesión ayudante de lavandería.

No pretende Gina, como don Alfredo, matrimonio. Su proyecto es mucho más peligroso a juicio de su familia: quiere adoptar legalmente a Andrea. Según cuenta a quien quiera escuchar, le ha tomado tal cariño que “no quiere que le falte absolutamente de nada.”

Salvando las diferencias, la reacción de los familiares es idéntica. Marido e hijo han puesto pies en pared ante tan singular proyecto que, dicen, además de destruir a la familia acabaría con el patrimonio de la actriz. Ya se han puesto en manos de abogados para solicitar su incapacitación parcial. También en su interés –el de Gina– naturalmente.

El miedo de la familia no es infundado. El joven alardea entre sus amistades de poseer el «Jaguar más bonito de toda Italia», regalo que Lollobrigida le hizo a principios de año. No es el único obsequio que ha recibido durante su intensa relación. El joven, según se dice, ya ha anunciado que en breve la actriz “le regalará un yate y en las próximas semanas, Andrea llevará a Gina a un rally del que temen no regrese.”

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Así son estas cosas de los romances crepusculares. Amor, soledad, ternura, ambición…Y, por encima de todo, el miedo de los herederos a que algún espabilado se quede con la pasta que, a poco tiempo que pase y si el cielo o el infierno ayudan, debería ser suya; sólo suya.

Yo, que soy hombre objetivo, entiendo a todas las partes.

El futbolista y la actriz, los viejos, que han trabajado duro durante toda su vida para vivir una tranquila vejez ¿no tienen derecho a comprarse un capricho, por caro que resulte?

La joven Gina y el ayudante de lavandería, a los que Dios sólo ha dado belleza ¿no tienen derecho a “venderla”, probablemente acompañada de una cierta dedicación, y quizá ternura, a esos viejitos que quieren comprarla?

La familia de los viejitos enamorados ¿no tiene derecho a defender, por medios admitidos en derecho, lo que en derecho les correspondería más tarde o más temprano?

Pues si todas las partes tienen su derecho y su parte de razón, siéntense y negocien. Hay muchos amores que se comparten, se compran o se venden. Que ninguna de las partes pretenda quedarse con todo ni llevarse algo a cambio de nada.

Para que la parte más débil, que no es otra que los viejitos caprichosos, puedan disfrutar durante los pocos años que les quedan de vida de ese sucedáneo de amor que al menos atenúe su inmensa soledad.

 Se lo han ganado…y no les queda nada más.

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A ellos, sólo a ellos, dedico preciosa esta canción. Como si no hubiera habido nadie más que ellos dos…o por si algún día llegaran a encontrarse.

La Chanson des Vieux Amants.

Jacques Brel

Bien sûr nous eûmes des orages
Vingt ans d’amour c’est l’amour fol
Mille fois tu pris ton bagage
Mille fois je pris mon envol
Et chaque meuble se souvient
Dans cette chambre sans berceau
Des éclats des vieilles tempêtes
Plus rien ne ressemblait à rien
Tu avais perdu le goût de l’eau
Et moi celui de la conquête

Mais mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

Moi je sais tous les sortilèges
Tu sais tous mes envoûtements
Tu m’as gardé de piège en piège
Je t’ai perdue de temps en temps
Bien sûr tu pris quelques amants
Il fallait bien passer le temps
Il faut bien que le corps exulte
Finalement finalement
Il nous fallut bien du talent
Pour être vieux sans être adultes

Oh mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

Et plus le temps nous fait cortège
Et plus le temps nous fait tourment
Mais n’est-ce pas le pire piège
Que vivre en paix pour des amants

Bien sûr tu pleures un peux moins tôt
Je me déchire un peu plus tard
Nous protégeons moins nos mystères
On laisse moins faire le hasard
On se méfie du fil de l’eau
Mais c’est toujours la tendre guerre

Oh mon amour
Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
Je t’aime encore tu sais je t’aime

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  1. Corsario
    31 mayo, 2013 en 12:09 PM

    Jovenes de corazón
    Ligeramente más viejos en otras zonas..

    CORSARIO

  2. jose maria de retana
    1 junio, 2013 en 9:40 AM

    Mi queridísimo Bolo, en México, donde como bien sabes tienen un arte muy especial para concentrar en breves palabras la sabiduría popular, como allí los llaman: dicharachos; hay uno que viene que ni pintado a tu entrada de hoy y dice… “Todo lo que no suena a lógico, suena a metálico”.
    Un abrazo fuerte y buena mar!!
    Reti

    • 1 junio, 2013 en 7:54 PM

      Acertada frase Reti.
      Seguro que es así, que tanto la joven Gina como el toyboy de la vieja Gina buscan solo platita. Pero siempre hay que dar una mínima esperanza al romanticismo.
      Aun así, como sugiero en la entrada ¿no puede comprar compañía un viejito y pagar con el dinero ganado con su esfuerzo?
      Abrazos

  3. odile
    3 junio, 2013 en 12:00 PM

    Mais mon amour
    Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
    De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
    Je t’aime encore tu sais je t’aime

    • 4 junio, 2013 en 12:50 AM

      Moi aussi, ma belle, ma cherie Odile.
      ¿Recuerdas esa canción que un día te dediqué?
      Wherever you may be, will you dream a dream of me…
      Besos, madame la capitaine.

  4. Beotas
    4 junio, 2013 en 12:11 AM

    Querido Bolo, qué buén tema el de tu reflexión de hoy: toda la vida algunos miembros de las familias han esperado la herencia del ancestro (no por ellos mismos …¡ no !…. sino por sus hijos…o así ) y …. siempre una cuita domestica, un amor o la demencia del causante, daba al traste con esas esperanzas. Lo que en el inigualable lenguaje del juego del “mus” llamamos “la carrera del señorito”.
    En esas situaciones, cada cual cual vive su ensoñación la del amor o la del dinero…., todo tan efimero. Pero , ¿ quien debe ser incapacitado?, la respuesta juridica es clara: el que no sea capaz de saber lo que quiere, al que le falte la voluntad, tan esencial, como explicó Schopenhauer (para solaz de tu capitana). Solo se incapacita al que no sea capaz de decidir, aunque la decisión sea querer más a una Gina que a algún hijo (en muchos casos más que puesto en razón, como ha señalado La Justicia).
    De todos modos 50 años de diferencia (por más que pueda parecer que gusta esa esperanza) es como dicen los navarros un “contradiós”, al menos como base del amor, otra cosa es la cooperación. Ahí la carrera es de todos los señoritos y señoritas que la corren… .
    Abrazos desde mis sabáticos meses, precedentes a mi recuperado compromiso con lo público.

    Ahora una bonita canción de viejo blusero (J.J, cale): “Call Me The Breeze”, en una versión muy original de la bella voz y musicalidad de “Beth Orton” ya la conoces porque iba en uno de mios envios periódicos:


    Abrazos.

    • 4 junio, 2013 en 1:00 AM

      Así son estas cosas, “una cuita doméstica, un amor o la demencia del causante…” y, por el otro lado, la expectativa defraudada, la ambición, el derecho (civil y natural)… Una mezcla de todo, como casi todo en esta vida.
      Pero la incapacitación no debería caber cuando quien está en pleno uso de sus facultades mentales, decide mandar a los suyos al carajo porque se enamora, cree que se enamora o simplemente se encoña con una chavalita 50 años más joven que le hace caso y le da cariño interesado.
      ¿O si?
      Aunque sea un contradiós o, como decía Reti en anterior comentario, si “todo lo que no suena a lógico, suena a metálico”.
      La canción, magnífica.
      Abrazos Pepe.

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