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EL CORAJE DE JEANNE, LA VIUDA DEL MAR

Todo lo que pido es el cielo sobre mi

y el mar a mis pies.

Un pincel en mis manos

y los colores de un amanecer.

Una hoja en blanco

y un tiempo para vivir.

Todo lo que pido es

el cielo sobre mí

y el mar a mis pies.

(Dolores Tranche)

Casi todas las historias que relatan aventuras marinas contienen elevadas dosis de romanticismo, de coraje y de soledad. La que hoy les cuento no es excepción. De una profunda tristeza surge el coraje que lleva a Jeanne, la viuda del mar, a enfrentarse sola durante años, a los procelosos océanos.

Los lectores habituales de este blog recordarán a aquellas chiquillas, Jessica Watson y Laura Dekker en sus aventuras marinas. La primera, Jessica, circumnavegó la tierra, 23.000 millas en solitario, a bordo de un pequeño velero de 10 metros de eslora. Tenía 16 años. *(Jessica Watson, olé)

La segunda, Laura, completó su vuelta al mundo en solitario algo más joven aún (la empezó con 14 años). Por su juventud, era una niña, su hazaña generó polémica. Las instituciones de protección al menor han impedido que su record quede registrado en el Libro Guinness. *(Heroínas del Mar ¿dónde está el límite?)

Bendita seas, juventud, que cierras los ojos ante el riesgo y abres el corazón a las aventuras.

En mi historia de hoy no hay juventud, sino madurez, casi vejez. No hay ceguera ante el riesgo, sino conciencia de él. Y hay sobre todo, como en las aventuras de las chiquillas, corazón, mucho corazón.

JEANNE SOCRATES, La viuda del mar

JEANNE SOCRATES, La viuda del mar

Jeanne y George Socrates tuvieron la visión y la suerte de poderse retirar relativamente jóvenes, a los cincuenta y tantos, para empezar una vida libre de ataduras y juntos. Eligieron vivir donde la libertad y la soledad abundan: en el mar.

Jeanne apenas conocía el mar. Sus primeros escarceos, ya casi en sus cincuenta, fueron con el windsurf y a bordo de pequeñas embarcaciones de regata.  Tras una breve experiencia en regatas mayores y con tripulación experta, adquirieron en julio de 1997 su propio barco: un Najad 361 (10,5 metros); aunque de escasa eslora, sólido y bueno para navegar en aguas abiertas.

Nereida le bautizaron, como las ninfas griegas, las hijas de Nereo, Dios de los Mares, más antiguo aún que Poseidón, y de Doris, hija a su vez de Océano y de Tetis. Las hermosas Nereidas, la ninfas que vivían en el fondo de los océanos y que sólo emergían para ayudar a los navegantes ¿Qué mejor nombre para una embarcación?

NEREIDA I

NEREIDA I

Durante los cinco años que siguieron, Jeanne y George navegaron todos los mares: los de Escandinavia, los de las islas británicas y los de la península ibérica. Cruzaron al Caribe y nortearon hacia la costa este de Estados Unidos, hasta Cape Breton en Nueva Escocia (Canadá).

En 2001 iniciaron vuelta al sur: Miami, Grenada, Bahamas, Cuba, Haití, Dominica, Puerto rico, British Virgin Islands…

En septiembre de ese mismo año, a George le diagnostican un cáncer. Termina su tratamiento en mayo de 2002 y vuelve a bordo: Trinidad Tobago, Venezuela, Puerto La Cruz, Los Roques, Las Aves, Bonaire…

“Esperábamos volver por año nuevo –relata Jeanne en su blog-, pero no pudo ser. George abandonó la lucha –y la vida– en marzo de 2003.”

Imagino la dureza de la situación: Jeanne tiene 60 años, los últimos cinco intensamente vividos en compañía de su inseparable George, que era quien llevaba el peso de la navegación y quien conocía a fondo el barco y las artes de la navegación. Y que era, por encima de todo, su compañero de vida.

Dejar el barco, dejar el mar, volver a casa, al abandonado hogar, a la familia, a los amigos que aún quedan… ¿Qué, si no, para una mujer de 60 años que ha quedado sola?

“Decidí continuar sola, aunque era tarea ardua empezar a conocer –y saber manejar por mí sola- todos los sistemas del Nereida y ser capaz de resolver todos los problemas que se presentaran. Afortunadamente los amigos acudieron en mi ayuda con expertos consejos, útiles herramientas y más fuertes músculos. Y, sobre todo, con lo más necesario: apoyo moral.

Pero en seguida me di cuenta de que si quería –y era lo que yo quería- continuar navegando y viviendo a bordo del Nereida, la ayuda para solucionar los problemas inmediatos no era suficiente. Tenía que ser yo capaz de resolverlos y de afrontar cualquier situación inesperada por mí misma.”

Y Jeanne hubo de reciclarse. Estudió, se examinó y obtuvo el título de RYA Ocean Yachtmaster. Quizá no fuera suficiente, pero era necesario.

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Dejó Bonaire pocos meses después de la muerte de George y navegó algún tiempo “en conserva” con barcos de amigos hasta Colón. Cruzó el Canal de Panamá y la proa de Nereida miró por primera vez el Pacífico. En las noches estrelladas, Nereida y Jeanne debatían los detalles de  su proyecto ya concebido: como homenaje a George, darían la vuelta al mundo; ellas dos solas.

Así lo decidieron y así, tras tomar parte en varias regatas para continuar adquiriendo experiencia, lo intentaron.

En diciembre de 2006, en San Diego, comienza Jeanne la preparación de Nereida para una circunnavegación “cruisisng style”, es decir relajada. Zarpa de Zihuatanejo, Mexico, el 27 de marzo de 2007. En mayo de 2008, cuando estaba a punto de completar la vuelta, la mala suerte le alcanzó de nuevo: esta vez fue Nereida quien le abandonó. Encalló en un arrecife y su alma voló junto a George.

De nuevo se plantea ¿qué hacer? A sus 64 años quizá sea ya llegado el tiempo de dejarlo. Quizá sea ya tiempo de vivir en la tierra, con los suyos; de recordar los pasados tiempos del mar, de su mar.

¿Dejarlo? ¿Por qué, si aún me queda vida y coraje?

Jeanne vuelve a tomar la decisión contraria a lo que muchos considerarían, en su situación, sentido común. La que le pide su corazón y, seguro, también George desde arriba. Se hace con un nuevo velero pero mantiene su lealtad al que tantos ratos felices le hizo pasar. El nuevo barco será también un Najad; algo –poco- más grande que el anterior: 38 pies. Y mantendrá el mismo nombre: Nereida.

EL NUEVO NEREIDA

EL NUEVO NEREIDA

Y su nuevo proyecto será aún más ambicioso: una vuelta al mundo pero a lo grande. Nada de “cruising style”: en solitario y sin escalas. Como la niña Jessica Watson; como la diosa Ellen McArtur.

Y con este proyecto zarpa de Canarias en noviembre de 2009 con el nuevo Nereida. Tampoco ahora tendrá suerte. Una avería en el motor le obliga a hacer escala en Capetown, donde Nereida permanece varios meses.

Por tercera vez Jeanne, la perseverante, intenta la aventura. Zarpa de Victoria, British Columbia (Canadá) en octubre de 2010. Pero a cien millas de Cabo de Hornos, con duras condiciones de mar y viento, olas de 5-6 mts y vientos de 40’, Nereida sufre serios daños. Jeanne, ya experta navegante, logra con reparaciones de urgencia continuar navegando y completar la vuelta por los cinco grandes cabos. Pero ya no es una “non stop circumnavigation”. Habrá que intentarlo de nuevo. Es ya agosto de 2012; Jeanne tiene 69 años.

¿Dejarlo? No, ya no. Todavía no.

Así que Jeanne inicia su cuarta vuelta al mundo y su tercer intento sin escalas. Vuelve a zarpar de Victoria el 22 de octubre de 2012. A mediados de este mayo en el que aún estamos, cruzaba el ecuador de vuelta a casa. Y a la hora que esto escribo, 28-5-13 a 16.41 UTC, Nereida está en posición exacta 19.223100 N, 172.867208 W, navegando con rumbo 359º, a 6,3 kn de velocidad.

Todo parece funcionar bien, excepto su ordenador personal. Pero ese no es necesario para navegar.

Nereida y Jeanne conocen bien el camino de vuelta a casa. Y esta vez lo conseguirán, sin duda. Y, si es necesario, las ninfas emergerán para acompañarla en sus últimas singladuras.

Jeanne, la Viuda del Mar, la brava, la perseverante, la de corazón valiente. La que logró extraer una vida intensa de una triste muerte. Que las Ninfas te acompañen y que los Dioses del mar te protejan siempre.

Descansa tranquila. Te lo has ganado.

Y, si es necesario, las ninfas emergerán...

Y, si es necesario, las ninfas emergerán…

Para que la acompañe en sus últimas millas, le dejo esta bonita canción de Celtic Woman: Sailing

 Sailing, I am sailing
Home again cross the sea
I am sailing stormy waters,  to be near you
To be free

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  1. Corsario
    1 junio, 2013 en 12:04 PM

    Me alegra mucho por Jeanne y su bonita historia de amor: A. porque el TIC TAC no para y me voy haciendo mayor, B. porque pienso que a partir de los 70 pueden hacerse muchas cosas interesantes, C. porque lo importante es que cuando uno envejezca o le toque marcharse de este barrio lo haga con un montón de planes inacabados.
    Entiendo perfectamente ese espíritu de nomadismo de Jeanne, a mi me pasa algo parecido. Cuando estas mucho tiempo parado hay algo que te impulsa al movimiento, es reveladora esa frase: “Cuando me preguntan por qué viajo, suelo responder que sé muy bien de qué huyo, pero no lo que busco”. De alguna forma viajamos para buscarnos a nosotros mismos, no importa a donde vayamos, al final siempre queremos estar en un sitio distinto del que estamos. Los océanos tienen la ventaja de no guardar memorias y por tanto tampoco recuerdos, cuando llevas varios días navegando a vela, de manera especial en los trópicos, “tristes trópicos” los llamaba Norman Lewis, sientes una gran paz al vivir en plena armonía con la naturaleza y tu barco. Algunos navegantes, cuando se hacen viejos, o no tanto, emprenden una especie de peregrinación que les acerca al sitio donde desean acabar sus días, le paso a Moitissier, Chichester, Jack London, R.L.Stevenson y algunos más, algo así como pasa con los elefantes. Supongo que los navegantes jóvenes tendrán otras razones.
    Por cierto con tantas idas y venidas de Jeanne no me he enterado de cual es su “Home port”, su casa. Supongo que cerca de Hawái.
    Hace pocos días, en un viaje de Durban hacia Angola, me di cuenta de la importancia del movimiento, el viaje en sí dura 8 días pero por razones comerciales al final fueron 20, con lo que 12 días permanecimos a la deriva en distintos lugares de la costa occidental de África, donde pensaba que podía encontrar pesca. Cuando llevaba 3 días parado, con una mar llana bajo un sol implacable, notaba cierta inquietud, necesitaba navegar, avanzar hacia algún sitio, sin importar cual. Al final las paradas resultaron muy provechosas, conseguimos pescar más de 500 kilos de: palometas, chicharros, atunes , dorados y calamares, un verdadero maná, que siendo yo pecetariano viene muy bien a mi dieta. Espero que, en mi navegación hacia Halifax, podamos parar en la zona de Flemish Cape, temible en invierno, para pescar unos hermosos bacalaos.

    Darme un buen barco (el Najad lo es) y el mundo será mío.

    Saludos

    CORSARIO

    • 1 junio, 2013 en 8:27 PM

      Interesantes reflexiones.
      La frase que citas es de Montaigne y la hizo suya Bruce Chatwin, viajero y escritor de libros de viajes, contador de historias y estudioso de culturas (no creas que lo sabía, pero como es cita interesante, la he investigado).
      No sé cuál es el puerto base de Jeanne. Cuando zarpó con el primer Nereida con su marido lo hizo desde Suecia, pero supongo que fue porque el astillero de los Najad es sueco.
      Su zona de navegación, o al menos de muchas de sus salidas/llegadas, es Canada. Costa Atlántica con Nereida I y pacífica con nereida II.
      Abrazos y buena pesca.

  2. Corsario
    2 junio, 2013 en 2:17 PM

    A Bruce Chatwin le gustaba parafrasear aforismos, como este de Cyril Connolly: ” Dentro de todo viajero hay un anacoreta que ansia quedarse en su casa”, aludiendo a la indecisión que le asaltabja cuando pensaba en su proximo destino, era un viajero compulsivo. Supongo que muy promiscuo, y aunque murio de sida a edad temprana, a el siempre le gustaba decir que era un virus exótico que solo lo habían padecido en el mundo 10 campesinos chinos y también lo encontraron en una orca varada en las costas de Nueva Zelanda, una imaginación desbordante si duda y enormemente simpatico y culto ,según dicen los que le conocieron, a mi me recordaba a Rimbaud, un “enfant terrible”.

    • 4 junio, 2013 en 12:45 AM

      Nunca he leído nada suyo ¿alguna recomendación?

  3. Corsario
    4 junio, 2013 en 1:46 AM

    1. En la patagonia
    2. Los trazos de la cancion

    Son viajes reales pero tambien imaginados. El decia que no le gustaba que le encasillaran como escritor de libros de viajes. Su genero es un poco inclasificable, a mi me gusta mucho como escribe.

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