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UN DUELO DE TEATRO (D. Alfonso Aldama)

“Es tan cierto que de una cuestión en que va empeñada la honra puede salir un acto bufo, como que de una pequeñez verdadera resultar puede un lance de honor”.

(Marqués de Alta-Villa)

Viene a cuento hoy, 27 de marzo y Día Mundial del Teatro, recordar este curioso lance que tuvo lugar  algún día de 1890 y que fue motivado por un nimio suceso ocurrido en un teatro parisino.

Tanto los motivos como el duelo mismo tuvieron verdaderos toques teatrales. Lo relata el propio marqués de Alta-Villa al autor de Lances entre caballeros, marqués de Cabriñana.

Vean lo que sucedió en el teatro, aunque fuera del escenario, y más tarde en el campo del honor, teatro del duelo.

THÈÂTRE DU CHÂTELET. PARÍS

THÈÂTRE DU CHÂTELET. PARÍS

PLANTEAMIENTO.

“Recuerdo que una noche en París estaba yo en cierto teatro, en compañía de uno de los mejores tiradores de espada que existían entonces, español por cierto.”

“Al lado de mi malogrado amigo Alfonso Aldama, siempre nervioso y siempre correcto, se hallaba otro señor que no conocíamos. En uno de los movimientos que Aldama hizo para lanzar sus gemelos sobre tanto como por allí había que ver, debió de rozar con el codo a su vecino, el cual con ademanes descompuestos le dijo:

–         ¡Caballero, me está usted incomodando!”

“Mi amigo, seguro de su fuerza y bravo si los hay, replicó a tamaña impertinencia con una de esas sonrisas que son un tiro; quedóse mirando a su rubio vecino, se retorció los bigotes y no respondió palabra.”

No sabemos si por descuido o intencionadamente, al cabo de unos instantes Aldama volvió a rozar al vecino que “cargado a su vez del aire gascón de mi compañero”, se revolvió con profundo malestar:

–         “Pero, en fin, ¿Es que usted no quiere dejarme en paz?”

Verán ustedes que ni la anterior interpelación ni mucho menos esta, suponían ofensa, ni tan siquiera mala educación de quien las pronunció. Hubiera bastado un “disculpe” por parte de D. Alfonso para destensar el ambiente y disipar cualquier mínima duda respecto a intención agresiva por su parte.

Pero no; Aldama, además de buen tirador y “siempre correcto”, en palabras de Alta-Villa, era bravucón y pendenciero. Así fue su respuesta:

–         “Se me figura, señor mío, que usted no me conoce; voy temiendo que no ha comprendido usted mi actitud y que interpreta mal mi silencio. No gusto de dar escándalos en público pero gusto menos de dejar sin castigo una insolencia…. ¡Espero a usted!”

Se levantó pausadamente D. Alfonso y con vehemencia el vecino, “que partió como un tigre”.

En el pasillo, antes de que el otro terminara de levantar la mano, otra mano-la de Aldama– rasgó el aire y una sonora bofetada alteró el silencio. Lo que inmediatamente siguió fue el intercambio de tarjetas; y a éste, la aglomeración del público que, prefiriendo un escenario real al teatral, abandonó la sala de butacas e invadió el pasillo en cuestión de segundos.

Aparecieron incluso los sargents de ville, con intención –rápidamente desactivada-, de detener a los adversarios.

ESTRENO DE LA TRAVIATA EN PARÍS, S. XIX

ESTRENO DE LA TRAVIATA EN PARÍS, S. XIX

NUDO.

Antes de que llegue la noche está todo dispuesto. Elige armas el ofendido que, aclararé a ustedes por si no lo estaba, fue Aldama. A pesar de que ya todos sabemos que quien recibió primero el roce, luego el codazo y finalmente el bofetón, fue el otro.

Elige Aldama espada, que es aceptada en principio y sin dudar por los padrinos del adversario. Pero, amigos, poco tardan éstos en enterarse del nombre, calidad y destreza de aquél con quien habría de batirse y, conociendo la falta de habilidad de su representado, le plantean la cuestión, con elegancia, a Aldama.

Don Alfonso es, quedó dicho, bravucón y pendenciero; pero también un señor de los pies a la cabeza, como queda demostrado –por primera vez– al renunciar éste a la espada.

De modo que se decide pistola. Y la función continúa.

Justo cuando los contendientes y sus representantes se dirigen al teatro de operaciones, recibe Alta-Villa un aviso confidencial de que el adversario ¡había salido hacía dos meses de una casa de locos!

“Apuro y sorpresa inmensa la nuestra, como ustedes pueden figurarse”, cuenta Alta-Villa en su relato.

Aldama, inmediatamente informado , reflexiona sobre el asunto. Se había llegado ya a la velocidad de no retorno (aunque este término no se conocía entonces) y renunciar al duelo era impensable. Pero, claro,

“Si Aldama mataba al adversario, aquél París entero le hubiese anatemizado. Si no se batía, también; y, si se dejaba matar, el sacrificio era estúpido.”

Pues –y aquí, señores, vemos el segundo y definitivo rasgo de señorío de Aldama– este fue el caso:

“Nuestro bravísimo compañero optó por esto último, y yo lo recuerdo con placer y admiración”.

UN DUELO DE TEATRO

UN DUELO DE TEATRO

DESENLACE.

–         “¿Listo?” –exclamó el juez de campo.

–          “¡Listo! ‘Fuego!” –dijo un padrino.

“Y, en efecto, aquél ser rabioso apunta y tira sobre nuestro compañero, el cual no dispara, permaneciendo sonriente y como si fuera de mármol.”

“Al verse ileso, dice Aldama al adversario:

–         “Vamos, amigo, tira usted muy mal.”

“Puestos de nuevo en guardia, vuelve a darse la voz de ¡fuego!, y después de sufrir el segundo tiro, nuestro amigo dispara al aire con sublime generosidad.”

Dos o tres veces más hubo ¡fuego!, disparos errados por una parte y disparos intencionados al aire por la otra. Finalmente, ya cansado, se dirige Aldama a su adversario, esta vez con simpatía y sin agresividad, pero con una extraordinaria sorna, y le dice:

–         “Amigo mío, vaya usted con Dios; que enseñen a usted educación y a tirar con las armas, y luego me busca cuando guste.”

Así terminó, felizmente y sin sangre, este duelo que nació en un teatro, que tuvo indudables rasgos teatrales pero que fue tan verdad como algunos otros de los duelos de este experto tirador, siempre correcto, bravucón y pendenciero, pero un señor de pies a copa, que fue D. Alfonso Aldama.

HENRI ROCHEFORT (Manet, 1881)

HENRI ROCHEFORT (Manet, 1881)

Como aquel en que Rochefort le atravesó el pecho de parte a parte con su espada.

O cuando se batió a pistola con un general francés en el picadero de un cuartel.

O como tantos otros brillantes asaltos y notables duelos en los que Aldama asombró a la sociedad parisina y a la de Biarritz.

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  1. 27 marzo, 2013 en 7:26 PM

    pero de verdad se picaban por esas tonterias? Me pregunto ¿cuantas muertes habia al mes por duelos?

    • 28 marzo, 2013 en 11:21 PM

      Pues si, Sefa, de verdad. Todo son crónicas fielmente relatadas de sucesos realmente ocurridos.
      Por lo que he leído, la mayoría no terminaba con muerte, especialmente en los lances a espada. Solían ser a primera sangre.
      Abrazos

  2. Redmond
    28 marzo, 2013 en 12:24 PM

    Divertido, pero no creas que admiro este tipo de conductas prepotentes de los llamados caballeros, aunque, eso sí, lo hago con las personas con ingenio. De las que tu eres una muestra. Salud compañero.

    • 28 marzo, 2013 en 11:25 PM

      Quizá ahora resulte divertido, señor G, pero entonces eran asuntos muy serios.
      En cuanto a prepotencia, más severa y dañina es la de hoy. Pero no entre ellos, sino de ellos a nosotros.
      Tu si que eres un prodigio de ingenio, amigo Redmon.
      Un abrazo (y que tengas salud, también).

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