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TERRIBLE DUELO EN MANILA

Soy consciente de que abusar demasiado  de un tema, especialmente cuando no se trata de editar una monografía sobre el mismo, sino tan sólo de publicar entradas personales en un blog de contenido general, puede ahuyentar lectores y aburrir a los fieles. Pero, amigos, hasta extraer todo el jugo a esta joya que es el libro Lances entre Caballeros, aún me quedan algunos lances que contar; y sé que si los interrumpo para escribir sobre otras cosas, no volveré a ellos.

Este que hoy cuento adolece del glamour y de la fama que tuvieron los duelos de los pretendientes al trono o de los presidentes del gobierno de España; pero resulta inconcebible por la nimiedad de sus causas y por el tiempo que perduró el rencor; y terrible por lo trágico de sus consecuencias.

Fue concebido  a bordo de una fragata que zarpó de Cádiz y ejecutado, cinco meses después, a la arribada de la fragata a la Bahía de Manila. Esta vez la fuente no es las Memorias Íntimas de Fernández de Córdova, sino el archivo del desconocido D. Nicanor de la Cortina.

FRAGATA MARCELINO JANE, 1875

FRAGATA MARCELINO JANE, 1875

Sucedió en Manila, algún día de 1870.

Unos meses antes, zarpaba de Cádiz una fragata española con destino a Filipinas, con derrota de doblar Cabo de Buena Esperanza. El Canal de Suez acababa de ser inaugurado, el 17 de noviembre de 1869, pero durante años las fragatas continuaron haciendo la ruta tradicional.

A bordo coincidieron dos jefes del ejército, con el mismo cargo de teniente coronel, pero de edad muy diferente: “viejo el uno y el otro joven”. El viejo provenía del ejército de la península y, a sus setenta años, su grado le venía por escalafón.

El otro tendría unos treinta años y venía de Cuba, entonces en guerra. Las oportunidades de ascenso, por méritos en campaña, eran mucho más tempranas: “…su bizarro comportamiento en aquella campaña justificaba la alta graduación con que adornaba sus bocamangas”. Ambos estaban destinados al ejército de Filipinas y, dado que el más joven tenía cierta mayor antigüedad en el empleo de teniente coronel le fue asignado, de acuerdo con las costumbres y los reglamentos, el mando de la expedición. Naturalmente, a las órdenes del capitán de la fragata mientras esta estuviera en el mar.

Bastante humillación era para el viejo oficial coincidir con un niñato con su mismo grado, y al que le doblaba la edad para, encima, quedar a sus órdenes en la expedición. Pero la humillación tornó en colérico odio cuando,

“Al salir de Cádiz y verificarse la primera comida a bordo, el capitán colocó a su derecha al más joven y a su izquierda al de más edad. Esta, entre otras, era una de las distinciones el jefe de la expedición: sentarse en la mesa en el sitio de preferencia, o sea a la derecha del capitán de la nave. En el acto de comenzar la comida, el capitán cedió la preferencia en servirse al más caracterizado, y éste correctamente aceptó el agasajo e hizo plato al capitán. Una vez hecho esto, deferente sin duda con la edad y consideraciones de compañerismo, sirvió también al de su misma clase, y al ofrecerle el plato fue rechazado por aquél en forma desabrida y algo violenta.”

Para qué les quiero contar. El viejo estimó mortificante la fineza del joven y éste calificó tal conducta de grosera. Por menos se han declarado guerras, así que pronto dejaron planteada una cuestión de honor que se solventaría en el momento de llegar a tierra.

Cinco meses duró la travesía, sin que entre ellos se cruzase palabra que no fuera estrictamente necesaria y sin que el asunto que motivó la cuestión de honor fuera traído a conversación por nadie.

Pero les viejos humillados no olvidan.

“Ya en la bahía de Manila, y en el momento de fondear, el de más edad se acercó al joven cortésmente y, con gran disimulo, le preguntó dónde podía enviar y con quién se entenderían dos amigos suyos. Indicó el joven sitio, citó dos nombres, y pocas horas después estaban concertadas las condiciones del duelo.”

Duras condiciones, vive Dios: lance a revólver de reglamento, a quince pasos, avanzando hasta tocarse, y disparar apuntando y a discreción.

El joven recibió el tiro, se tambaleó...

El joven recibió el tiro, se tambaleó…

Lean la transcripción del terrible duelo:

“Colocados en el terreno a la distancia convenida, y dada la voz de ¡marchen!, el veterano jefe avanzó unos cinco pasos, se detuvo, apuntó e hizo fuego. El joven recibió el tiro, se tambaleó como si fuera a caerse, y de la mano derecha cuyo brazo había permanecido en guardia alta en el acto de dispararle su adversario, se le escapó el arma. Por un esfuerzo de la voluntad, trabajosamente se sostuvo en pie, se agachó tratando de recoger el revólver con la mano derecha, cosa que le fue imposible. Y entonces, cogiéndolo con ambas manos, avanzó hasta llegar a su enemigo, que le esperaba en guardia, y apoyando casi el cañón en la garganta, disparó.”

Reconocidos por los doctores, se observó que el más joven tenía atravesado el antebrazo y brazo derecho, con dos orificios de entrada y salida del proyectil por el costado y la espalda entre costillas. Anduvo entre la vida y la muerte durante casi un año.

El viejo tenía sólo un orificio, un tremendo agujero en la garganta sin salida. La muerte vino a su encuentro antes de que transcurriera la noche siguiente a la de este día.

Nadie recuerda el nombre del teniente coronel de más edad. El que lo mató en tan cruel combate fue D. Horacio Sava y Navas.

 

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  1. Juan Luis
    27 marzo, 2013 en 1:12 AM

    Varias cosas sorprenden, además de la estupidez que llevo a este duelo. Una que respetasen el tiempo y otra que no estuviesen permitidos los duelos en alta mar ( a bordo de la fragata ).
    Un placer leer estos mini relatos….. Gracias Jaime

    • 28 marzo, 2013 en 11:19 PM

      Todo en los duelos sorprende desde nuestra perspectiva. Pero fíjate si en aquellos tiempos era considerado normal, que hasta los presidentes del gobierno se batían entre ellos.
      En cuanto a batirse en alta mar…si en tierra hacían causa de pequeñas irregularidades del terreno, imagina lo que sería en un barco moviéndose a capricho del mar.
      Gracias a ti, Juan Luis.
      Un abrazo.

  2. Mauricio Corvera di Salina
    17 abril, 2013 en 6:06 PM

    Supongo que el joven Coronel, pese a sobrevivir seria consideradi indigno a partir de dicho duelo en que vuknero la etiqueta del lance al acercarse a su oponente

  3. Mauricio Corvera di Salina
    17 abril, 2013 en 6:07 PM

    Supongo que el joven Coronel, pese a sobrevivir seria considerado indigno a partir de dicho duelo en que vulnero la etiqueta del lance al acercarse a su oponente

    • 17 abril, 2013 en 9:14 PM

      Hola Salina.
      No me contestó sobre su relación con el príncipe.
      Cierto es que el teniente coronel se comportó con deshonor, pero no vulneró las reglas pactadas, puesto que el combate se acordó “a quince pasos, avanzando hasta tocarse…y disparando a discreción”. Una salvajada, sin margen de error para quien tuvo la valentía de aguantar el disparo contrario y prudencia para guardar munición.
      Un abrazo

      • Mauricio Corvera di Salina
        22 abril, 2013 en 6:05 PM

        Che non era un duello in cerca di riparazione di un onore infangato, ma una macelleria cercando la morte inevitabile di un concorrente!!!! Porca Miseria!!! Cuesto non era un vero duello d’onore

      • 5 mayo, 2013 en 11:07 PM

        El abuso, signare, conduce a la degradación. Fue un “duelo de honor” en el sentido que tenía tal concepto en la época.
        Pero no fue un duelo en defensa del HONOR, como hoy lo entendemos algunos; no muchos.
        Mis saludos.

      • Mauricio Corvera di Salina
        25 julio, 2013 en 1:44 AM

        Io sono attualmente il conteggio reale di Salina, Fabricio non e altro que il personaggio del romanzo e il film. Ma mantenere il mio anonimato e cortesia siciliana. I miei rispetti Signore Chicheri, nome di risonanze di LombardIa, certo?

      • 28 julio, 2013 en 12:03 AM

        Me alegra saberlo, don Mauricio.
        Y me alegra también que siga asomándose a este blog de vez en cuando.
        Ha estado usted cerca. El primer Chicheri que vino a España provenía de Bellinzona, la capital del Cantón suizo Ticino. Se trataba del coronel Carlos Chichery que, al mando de un batallón de los tercios del Barón Teodoro Redding, a principios del XIX, vino a guerrear del lado de los españoles en la guerra de la Independencia (que los ingleses, aliados también, llamaron la Peninsulan War).
        Fue herido y se quedó en la región de Murcia (SE español). Se enamoró de la bella España y de una bella española, con la que se caso.
        Todos existimos por un cúmulo de circunstancias casuales…
        Me contaron que hubo otro Chichery en la Guerra de Sucesión, a principios del XVIII, pero tengo pocas noticia de él.
        Un abrazo

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