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DUELO ENTRE MONTPENSIER Y EL INFANTE BORBON

EL DUQUE DE MONTPENSIER

EL DUQUE DE MONTPENSIER

Por las venas de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier (Neully-sur Seine, 31 julio 1824) corrían caudales de sangre real. Hijo del rey de Francia Luis Felipe de Orleans, cuñado de la reina de España Isabel II, padre de la reina consorte de España María de las Mercedes y suegro por tanto del rey Alfonso XII.

 Él mismo quiso ser rey de España y maniobró lo que pudo para lograrlo. De su fracaso culpó al General Prim, de cuyo asesinato muchos le consideran inductor. Pero, como otros sostienen con razón, el motivo fundamental por el que perdió cualquier posibilidad de acceder al trono fue el duelo que hoy traigo aquí.

Montpensier fue ambicioso, conspirador, instigador, vanidoso…Quizá tuviera virtudes, pero entre ellas no se hallaba la de encajar con buen talante las críticas que se le hacían.

Al menos, las que provenían de la familia política. Su concuñado, el Infante de España y duque de Sevilla, don Enrique María Fernando Carlos Francisco Luis de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (Sevilla, 17 abril 1823), que también destilaba nobleza y sangre real por sus poros, conocía las maniobras del duque y no dudó en hacer de ellas pública acusación. Fueron duras sus críticas. No pensó el infante, probablemente, en el efecto que podrían tener.

EL INFANTE D. ENRIQUE

EL INFANTE D. ENRIQUE

Del desafío y subsiguiente duelo, que como consecuencia de tales críticas tuvo lugar el 12 de marzo de 1870, muchos han escrito. Hoy, siguiendo la serie de Lances de Honor, me apetece hacerlo a mí.

En el libro que traté en mi anterior entrada, LANCES ENTRE CABALLEROS, se describe fielmente el duelo entre el duque y el infante y sus motivos. No así sus consecuencias, excepto la más directa: la muerte de uno de ellos. El autor, marqués de Cabriñana, transcribe directamente las actas levantadas por los padrinos de ambos contendientes, actas que toma prestadas Cabriñana de “nuestro querido amigo don Andrés Mellado”.

Son dos actas muy completas y con muy cuidada redacción.

La primera de ellas, fechada el 11 de marzo, describe el motivo del desafío, que no es otro que la pública denuncia del Infante de las maniobras del duque para conquistar el trono, denuncia trufada de finos insultos. Transcribe también el acta las cartas cruzadas entre los duelistas, el debate entre los padrinos sobre la procedencia –en ausencia de disculpas del ofensor– de haber lugar el duelo y, finalmente, da cuenta de las decisiones sobre las reglas del duelo.

La segunda, de 12 de marzo, contiene la crónica, muy detallada, “del lance de honor concertado en el día de ayer”.

 Vayamos hoy con la primera. Seré fiel en lo transcrito y trataré de serlo en lo por mi resumido.

 “En Madrid, a 11 de marzo de 1870, siendo las nueve de la noche, reunidos en la casa morada del Excmo. Sr. General D. Frenando F. de Córdova, calle de Alcalá nº 70, con dicho señor, el excelentísimo Sr. General Alaminos, el Sr. Coronel don Felipe de Solís y Campuzano, el Sr. D. Emigdio Santamaría, D. Andrés Ortiz, y D. Federico Rubio; los tres primeros en representación del Sr. Duque de Montpensier, y los últimos en la del Sr. Infante D. Enrique de Borbón, a fin de dirimir las cuestiones pendientes entre dichos señores, se constituyeron en tribunal de honor, pasando a examinar los antecedentes del asunto, que son los que resultan de los siguientes documentos:”

Entre los documentos, glosaré o resumiré lo destacable, empezando por el doc. nº 1: La ofensa del Infante.

“Cumple a mi honor romper el silencio –dice el Infante– …desde la llegada a Madrid del Duque se hace correr la especie de hallarme acobardado o en tratos sumisos con aquél…

La especie es tan malévolamente calumniosa y tan inicua, como la que hace depender la coronación de Antonio I por el distinguido general Prim, en un depósito de millones como pago del servicio”

Tras esta indisimulada acusación de la ambición del duque y de su pretendido soborno a Prim, comienza con el ataque directo:

“Soy y seré el más decidido enemigo del duque francés…

No hay causa…que entibie el hondo desprecio que me inspira su persona, sentimiento justísimo que por su truhanería política experimenta todo hombre digno…

…Este príncipe tan taimado como el jesuitismo de sus abuelos, cuya conducta infame tan claramente describe la historia de Francia, habría sido proclamado rey en las aguas de Cádiz si un ilustre compañero mío de marina no se negara…

…Dicen los mercenarios ¡que Montpensier es un ser perfecto, y el iris de paz y Dios de la Bondad!…

El liberalismo de Montpensier, conducido por la fiebre de hacerse rey, es tan interesado que se merece la terrible lección que, de cuando en cuando, impone la justicia de las naciones indignadas.”

(Siguen algunas exaltadas frases patrióticas sobre Gibraltar, el levantamiento del Dos de Mayo, Daoiz, Velarde y los héroes del Carral. “Antes era la invasión armada contra nuestra patria y hoy es la invasión hipócrita, jesuítica y sobornadora de los orleanistas contra nuestra patria”.)

“Montpensier representa el nudo de la conspiración orleanista contra el emperador Napoleón III, en la que entraron ciertos españoles de señalada clase.”

Esta es la carta que inicia el terrible proceso. Dirigida a Montpensier, lleva fecha de 7 de marzo y se publica en el diario La Época.

La respuesta del Duque, muy escueta y formalista, sólo inquiere al Infante si es él quien lo ha suscrito y si responde de su contenido. Lleva fecha de 8 de marzo.

El 9 de marzo D. Enrique contesta, asumiendo la firma y la responsabilidad del contenido.

MOSAICO EN EL PANTEON DE HOMBRES ILUSTRES, MADRID

MOSAICO EN EL PANTEON DE HOMBRES ILUSTRES, MADRID

Las siguientes comunicaciones son ya entre los padrinos. A la primera de los del Duque (“Tenemos cerca de V. A. una misión de honra de parte del Sr. Duque…”), el Infante responde con una implícita solicitud de aplazamiento (“…no puedo prescindir de acompañarme de personas que se entiendan con ustedes, de las cuales alguna se halla fuera de Madrid”), que es tomada como cobardía por aquellos (“…No podemos menos de extrañar que V. A. tomando ocasión de ausencia de personas que desea le acompañen, pretenda diferir…No se acostumbra entre personas de honor diferir a esta obligación de los caballeros…”).

Estas tres comunicaciones llevan fecha de 10 de marzo.

El Infante no puede soportar, por caballero, que por tal no le tomen (“Dados los bélicos ardores que por el contexto de la última carta de ustedes se descubren…me siento animado a satisfacerles con premura.”) y contesta el día 11 de marzo (“….y por más que aún no tengo los servicios de las personas que deseaba me acompañaran en este caso, he suplicado y obtenido de los señores…) aviniéndose a consumar el asunto en la fecha sugerida por la representación de Montpensier.

Es esta la razón por la que sus padrinos, con tal presión y urgencia escogidos, no tienen sangre, o al menos títulos, de nobleza,

El acta relata, a continuación de la descripción de los documentos, las discusiones sobre si podría o no llegarse a una “solución satisfactoria por medio de explicaciones decorosas” que evitase el derramamiento de sangre:

“Y después de discurrir ampliamente sobre el asunto se convino por unanimidad que no cabía este recurso sin que resultara retirado el manifiesto impreso del señor infante D. Enrique.”

Aún así, uno de los representantes del Infante pretendió aflojar la tensión y desactivar el reto aduciendo “que el documento estaba inspirado por un sentimiento especialmente político y que bajo ese punto de vista perdía su carácter personal”. Esta maniobra de elusión fue enérgicamente rechazada por la representación del Duque.

Ya no había más que hablar, excepto de los detalles del duelo. Todos aceptan que, siendo el Duque el ofendido, a él le cabe el derecho de elegir las armas. Se opta por las pistolas con la anuencia de ambas partes. Ya solo queda definir las reglas del encuentro.

“De igual manera, después de templados razonamientos y maduras consideraciones, fueron acordándose por unanimidad los siguientes particulares:

  1. Se colocarán los combatientes a nueve metros de distancia uno de otro.
  2. Si el primer disparo por una u otra parte no diese resultado, se acortará un metro de distancia, quedando ocho entre los combatientes.
  3. No podrá disminuirse la distancia de ocho metros, cualquiera que sea el número de disparos efectuados infructuosamente.
  4. Los disparos se harán sucesivamente y no a la misma voz por parte de ambos, por demostrar la experiencia que, en la práctica, siempre se adelanta o se retrasa alguno.
  5. Se echará a la suerte cuál deba disparar primero, continuándose después por orden sucesivo.
  6. El combate no terminará hasta resultar herida.
  7. Si al ser herido alguno llevara hecho un disparo menos que su adversario, tendrá derecho a hacer fuego para igualarse.
  8. Se echará a la suerte la elección del puesto que hayan de ocupar los combatientes.
  9. Se repartirá el sol, para que no hiera de frente a los que combatan.
  10. Se cargarán las dos pistolas con intervención de testigos de una y otra parte.
  11. Se echará a la suerte la pistola que corresponda a cada uno.
  12. Se permitirá el uso de gafas al Sr. Duque por llevarlas habitualmente.
  13. A las diez de la mañana del día, sábado, 12 del actual, habrán de encontrarse los señores infante D- Enrique y Duque de Montpensier, acompañados de sus respectivos testigos y facultativos, en el ex portazgo de las ventas de Alcorcón.”

Con estas trece reglas, nada se dejaba al azar, excepto los sorteos acordados de pistolas, puestos y orden de disparo.

Los representantes de uno y otro proceden, una vez hecho el reglamento, al “reconocimiento de dos pistolas de combate compradas el día anterior en la casa de Hormaechea, calle de Alcalá nº 5, y no estando al pelo, ni teniendo señales de haber sido usadas ni ensayadas, se aceptaron por ambas partes.”

DOS PISTOLAS DE COMBATE...DE CASA HORMAECHEA.

DOS PISTOLAS DE COMBATE…DE CASA HORMAECHEA.

Todo estaba ya dicho. El duelo se fija para el día siguiente, 12 de marzo de 1870 a las diez de su mañana. Transcurridos sólo cinco días de la publicación de la carta del Infante, y un día después de su última misiva comunicando la aceptación.

Y también transcurrirá sólo un día para el desenlace, que tendré mucho gusto en contarles mañana.

En el dudoso caso de que alguno de los que esto leyeren no supiera del resultado del duelo, hará muy bien en abstenerse de investigar las fuentes.

 ——————————————

Casi en la misma época, pero a miles de kilómetros de distancia, los duelos eran también comunes. No era privilegio de clase en aquellos territorios incivilizados del salvaje oeste, pero algunos duelos tenían mucha mayor grandeza que los de príncipes y duques.

Como el que nos contó Fred Zinnemann en aquel extraordinario film, Solo Ante el Peligro (High Noon, 1952) en el que Will Kane (Gary Cooper) sólo, se bate con cuatro forajidos. La música es inolvidable:

HIHG NOON, por Frankie Lane.

 

Do not forsake me, oh, my darlin’,
On this, our wedding day.
Do not forsake me, oh, my darlin’,
Wait; wait alone.
I do not know what fate awaits me.
I only know I must be brave.
For I must face a man who hates me,
Or lie a coward, a craven coward;
Or lie a coward in my grave.

Oh, to be torn ‘twixt love an’ duty.
S’posin’ I lose my fair-haired beauty.
Look at that big hand move along,
Nearing high noon.

He made a vow while in state prison:
Vowed it would be my life for his an’,
I’m not afraid of death but, oh, what shall I do,
If you leave me?

Do not forsake me, oh, my darlin’:
You made that promise as a bride.
Do not forsake me, oh, my darlin’.
Although you’re grievin’, don’t think of leavin’,
Now that I need you by my side.

Wait along, (Wait along.)
Wait along.
Wait along. (Wait along, wait along, wait along, wait along.)

 

 

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