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DIÁLOGOS CON MI SOMBRA

Voy por el camino con mi botella y mi sombra. Afortunadamente, mi sombra no bebe.

(Omar Khayyam)

Omar Kahyyam (1048-1131) debió de ser un personaje muy interesante. Nació y vivió en Persia y, además de notable escritor y poeta, destacó como matemático y astrónomo. Su libro de poemas Rubaiyat, escrito en farsi, no es sólo poesía. Es un escaparate de sus ideas sobre la ciencia y el conocimiento, la moral y el comportamiento, la religión y la teología, la felicidad y la nostalgia de lo vivido, la vida y la muerte; sobre lo que hay antes de la vida y lo que nos espera después de la muerte. En fin, sobre casi todo aquello en lo que uno quisiera poder enseñar a los demás.

Confieso que no he leído nada del Rubaiyat pero, ya que me he apropiado de una de las citas de Kahyyam para encabezar este escrito, un mínimo sentido de gratitud me exigía hablar, tras una rápida búsqueda en las fuentes, de su autor.

 BD-URPACYAAORPB

Estos días ando a vueltas con la sombra; más concretamente, con la mía. Con “andar”, no me refiero solo a paseos. También disertamos y en ocasiones hasta discutimos.

Resulta que una lesión pasajera hace que mi actividad física en estos días se reduzca a dar paseos por la zona. En uno de esos paseos, me puse a hablar con mi sombra y, desde entonces, casi no hemos parado. Ni de hablar ni de pasear.

Ya sé que hay gente a la que le gusta hablar sola, cuando no tienen la compañía de otros. A mi mujer, por ejemplo, le gusta mucho. Hace pocos días escuché que hablaba sola. Ante mi extrañeza –no me acostumbro-, me dice: “si, estoy hablando con otro que hablaba solo”.

–         ¿….?

No me contesta.; cuando habla sola, habla sola. Pero le escucho recitar estas estrofas que luego, cuando pude comunicar con ella, me dijo que eran de Machado:

 Converso con el hombre que siempre va conmigo

Quien habla solo espera hablar a Dios un día

Mi soliloquio es plática con este buen amigo

Que me enseñó el secreto de la filantropía.

BDyMuPNCAAEQIuY

Yo casi prefiero hablar con mi sombra.

Es normal que uno lleve casi siempre a rastras a su sombra y sólo la deje en casa por las noches y en los días que el sol se queda en la suya. Lo que no es normal es que suceda lo contrario: que la sombra salga a pasear por su cuenta dejándole a uno tirado.

Eso me sucedió el martes pasado. Fue –o me pareció– tan extraordinario, que incluso lo relaté, aun a riesgo de que me tomaran por loco. Ese riesgo es limitado porque hay pruebas; la propia sombra me enseño fotografías que había tomado durante su aventura.

Mi sombra me contó, a su vuelta, que había andado mucho. Que cruzó los puentes, que llegó hasta los puertos y que, cuando vio el mar, estuvo a punto de zarpar en un velero. Felizmente, le asaltó un cierto temor de no volver a verme y desechó la idea.

Entonces –proseguía su relato- se perdió entre los arrayanes y los acebuches de un bosque próximo (entiendan que era la primera vez que andaba sola; siempre había ido arrastrada –en el sentido literal- por mí, y no conocía o no recordaba los caminos). Muerta de miedo, pudo encontrar la salida del bosque cuando el sol –ella sabe que solo vive de la luz– empezaba a caer.

Aún tuvo tiempo y agallas para seguir viendo mundo hasta que, ya con el sol casi oculto, supo encontrar el camino de vuelta a casa.

El reencuentro no fue demasiado feliz. Discutimos por no sé qué tontería y me dejó.

A la mañana siguiente, afortunadamente, todo estaba olvidado. Ese día le conté algunas historias de sombras que ella jamás había oído.

 BD-UH5ECUAAeZxu

Le conté la de aquel hombre que se vio obligado a separarse de ella, de su sombra, contra su voluntad y ante su incomprensión. Me la sabía casi de memoria, porque cuando la leí me impactó y me causó cierta tristeza.

Comencé el relato (*).

“No  sucedió lo mismo con su sombra. Cuando llegó –no sabe cómo ni por qué llegó– a la ciudad del Fin del Mundo, se separó de ella. Tampoco sabía por qué hubo de separarse.

–         ¿Y cómo es tu tierra?- le preguntó la bibliotecaria.

–         No me acuerdo de nada –dije yo-. Lo siento pero no tengo ni un solo recuerdo. Cuando me quitaron la sombra, todos los recuerdos de mi viejo mundo se fueron juntos.

–         …Pero, de algo te acordarás ¿no?

–         Solo recuerdo dos cosas –dije-. Una, que la ciudad donde vivía no estaba rodeada por ninguna muralla y, otra, que todos caminábamos arrastrando una sombra. Sí, todos arrastrábamos una sombra. Pero al llegar a esta ciudad, tuve que confiar mi sombra al Guardián de la entrada….Y abandoné a mi sombra.

(Quédate quieto, dijo el Guardián. Y se sacó del bolsillo un cuchillo, introdujo su afilada hoja entre la sombra y el suelo, empezó a blandir el cuchillo como si tanteara algo, de izquierda a derecha y con mano experta arrancó de un tirón la sombra del suelo.

La sombra tembló un poco, como si se debatiera, pero finalmente se dejó despegar del suelo y, exangüe, se acurrucó en un banco. Desgajada de su cuerpo, ofrecía un aspecto mucho más mísero y exhausto del que yo esperaba.)”

 BD-UvO1CcAATKUE

Percibía cómo mi sombra se iba acurrucando más y más contra mí conforme avanzaba en el relato. Sentí su convulsión con la crudeza de la descripción del trabajo del guardián y su cuchillo.

Las lágrimas de mi sombra llegaron después, más avanzado el relato, en el reencuentro final, y antes de su definitiva separación, del hombre con su sombra.

 Sucedió –le contaba a mi sombra, que no perdía ripio– cuando él ya supo quién era y supo, también, que su lugar no era esa ciudad del Fin del Mundo. Esa ciudad fría, de gente sin corazón, sin sombra y sin recuerdos. Esa ciudad misteriosa y habitada por los unicornios, de la que tan difícil era huir.

Él había ya decidido escapar a su lugar, al sitio que le correspondía y donde siempre había habitado: al Despiadado País de las Maravillas. Si no lo hacía, perdería definitivamente su corazón, su sombra y sus recuerdos.

Pero recuerda –le dije a mi sombra– que su sombra estaba en poder del Guardián; antes de huir tenía que recuperarla para volver juntos. Has de saber también –esto se lo decía mirando fijamente a donde yo pensaba que debían de estar sus ojos– que las sombras, cuando están separadas de los cuerpos, van perdiendo vida. Vagando solas languidecen poco a poco hasta que sus formas se diluyen en las otras formas.

BD-VJZfCUAEBEcv

Y le conté el reencuentro.

 “Mi sombra me estaba esperando, sentada en la cama del sótano.

–         Pensaba que ya no vendrías- dijo exhalando un aliento blanco.

–         Te lo prometí. Y yo cumplo mis promesas –dije-. ¡Venga! Salgamos enseguida. Aquí dentro apesta.

–         No puedo subir la escalerilla. Antes lo he intentado pero en vano. Por lo visto estoy mucho más débil de lo que pensaba.

–         Ya te arrastraré yo hasta arriba…”

Así continuó su dialogo con la sombra, con su sombra. Habían trazado el plan de huida pero ella, ahora, se sentía incapaz de seguirle. No era desapego, era simple debilidad. Él cargó su sombra al hombro y empezó a caminar sobre la nieve, rumbo al lago donde encontrarían una salida.

Mientras caminaba y dialogaban sobre el plan, sus riesgos y posibilidades, se le escapó un pensamiento, que apenas si llegó a ser un sentimiento: “sin la sombra, ya me había acostumbrado a una vida más liviana, más cómoda”.

Percibí un temblor en la mía, en mi propia sombra, cuando escuchó de mis labios esas palabras.

El camino hasta el lago era largo; y duro, muy duro. Cada dos por tres tenían que parar a descansar. Y durante todo el camino hablaron sobre sus respectivas experiencias de este tiempo pasado, separados; sobre esta ciudad del Fin del Mundo a la que, sin saber cómo habían llegado y, sin saber por qué, les habían separado.

Al temor de morir antes de llegar, la sombra añadía un sentimiento de inseguridad respecto a la firmeza de la decisión de él de escapar. Cuando, exhaustos, llegaron al lago, el temor se hizo certeza:

“-         Yo me quedo aquí.

La  sombra le dirigió una mirada vaga, con los ojos desenfocados.

–         Me lo he pensado bien. Perdóname, pero he reflexionado mucho sobre ello….No puedo abandonar este lugar  –dijo él.

La sombra, con las manos metidas en los bolsillos, sacudió la cabeza varias veces, lentamente.

–         ¿Y por qué no? Me prometiste que huiríamos de la ciudad… ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? ¿la mujer?

–         Ella también cuenta, claro, pero no es sólo eso. Es que he hecho un descubrimiento. Y por eso he decidido quedarme.

–         Has encontrado su corazón ¿verdad? Has decidido vivir con ella en el bosque y pretendes alejarme a mí.”

 

Tras un diálogo de excusas, justificaciones y dolor, sobre todo dolor por ambas partes, él y su sombra, llegó el momento de la despedida.

“-         Tengo que irme ya –dijo la sombra-. No me hago a la idea de que no volvamos a vernos jamás. Ahora debería despedirme, pero no sé qué decirte. Por más que las busco, no se me ocurren las palabras apropiadas.

Él volvió a quitarse la gorra, sacudió la nieve, y se la puso de nuevo.

–         Espero que seas feliz –le deseó la sombra-. Me gustabas, y no te digo esto porque sea tu sombra, ¿sabes?

–         Gracias – dijo él.”

No hubo más palabras. La sombra se sumergió en el lago o eso le pareció a él, sorprendido de que las sombras tuvieran peso y volumen suficiente para vencer la resistencia de la superficie. El caso es que la sombra, lentamente, perdió su forma, su color y se hizo agua.

Y él volvió, con una infinita tristeza, ya para siempre sin corazón y sin sombra, al Fin del Mundo.

 BD-UgtqCcAAuTL6

Después de unos segundos de silencio, mi sombra se derrumbó. Su temblor se convirtió en espasmos y estos en desolado llanto.

Ahora no se me despega. Salimos incluso en las noches de luna. Porque es cierto que una buena luna permite caminar a uno con su sombra.

Como la sombra de luna que seguía a Cat Stevens cuando cantaba aquella preciosa canción: Moonshadow.

(*) Diálogos extraídos de El Fin del Mundo y un Despiadado País de las Maravillas, de Haruki Murakami


I’m being followed by a moon shadow
moon shadow-moon shadow
leaping and hopping on a moon shadow
moon shadow-moon shadow
and if I ever lose my hands
lose my plough, lose my land
oh, if I ever lose my hands
oh, if…
I won’t have to work no more
and if I ever lose my eyes
If my colours all run dry
yes, if I ever lose my eyes
oh if …
I won’t have to cry no more.
yes, I’m being followed by a moon shadow
moon shadow – moon shadow
leaping and hopping on a moon shadow
moon shadow – moon shadow
and if I ever lose my legs
I won’t moan and I won’t beg
of (oh)* if I ever lose my legs
oh if…
I won’t have to walk no more
And if I ever lose my mouth
all my teeth, north and south
yes, if I ever lose my mouth
oh if…
I won’t have to talk…
Did it take long to find me
I ask the faithful light
Ooh did it take long to find me
And are you going to stay the night
I’m being followed by a moon shadow
moon shadow – moon shadow
leaping and hopping on a moon shadow
moon shadow – moon shadow
moon shadow – moon shadow
moon shadow – moon shadow

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  1. Hipolito
    1 marzo, 2013 en 10:15 PM

    Mi primer perro de caza,un Spaniel Breton,se llamaba Shadow,me ha recordado usted,mis conversaciones camperas con el.

    • 2 marzo, 2013 en 9:28 PM

      Y cuánto se habla con los perros, sobre todo el el campo.
      Gracias por leer y escribir en este blog, Hipólito.
      Un abrazo.

  2. Joselito
    1 marzo, 2013 en 10:47 PM

    Hola Jaime, qué alegría leerte de nuevo, especialmente por la deriva de la imaginación, para la que, desde hace años, espero que nosmdesmalguna grata sorpresa, adicional a la de hoy.

    Me ha encantado tu entrada. Ojalá que podamos leerte más de este nuevo género en los próximos tiempos.

    Espero que pase pronto la lesión pasajera.

    Un fuerte abrazo para tí y otro para tu capitana,

    Joselito

    • 2 marzo, 2013 en 9:31 PM

      Hola Joselito,
      Tengo otra amiga, a la que no conozco (ventaja de estas redes que permiten tener amigos desconocidos)que también me insiste.
      Muchas gracias por seguir por ahí.
      Un abrazo fuerte a los tuyos.

  3. Juan Luis
    2 marzo, 2013 en 10:58 AM

    …. Luces y Sombras: que pena que la connotación de “sombra” sea algo negativo, gris o falto de luz…
    Una sombra es como un amigo, que aparece cuando lo buscamos y siempre está ahí… Una sombra es alguien al que no tenemos vergüenza de contarle nuestros pensamientos , un confidente ….
    Incluso la compañía perenne …. Seré tu sombra.
    Un relato precioso aunque triste en el fondo, donde miedos y soledad parecen fluir, y donde mirar a la sombra es mirar a un pasado no lejano….
    No hace mucho un amigo común , D.Jesus, hablaba de amaneceres y atardeceres .
    Cada uno da una sombra diferente, llena de matices y colores… Me quedo con esta parte de una sombra…. La vida reflejada de cada uno, como una fotografia de los momentos vividos, un libro escrito en el suelo….
    Para qué haya sombra hace falta luz, esa luz siempre estará detrás ….pensemos quien es nuetra luz , quien nos alumbra nos quiere y cuida … Y así seremos felices por tener una sombra …

    • 2 marzo, 2013 en 9:36 PM

      Caramba Juan Luis,
      Si me hubieras mandado antes este comentario lo habría incluido en la entrada.
      Pero claro, las respuestas suelen suceder a las preguntas, las consecuencias a las causas…y no a revés.
      Algún día podríamos escribir sobre los bucles del tiempo, esos que permiten que los actos trastoquen en su lugar en el tiempo.
      Un día escribí sobre la ucronía y me divertí bastante.
      Un abrazo y muchas gracias.

      • Juan Luis
        2 marzo, 2013 en 11:39 PM

        Encantado de divagar en los bucles de tiempo y el tiempo en si…..eso que el hombre ha inventado para medir algo que es infinito….. Y esto enlaza con el post anterior de estrellas .

        Porque quizás ya no estemos y lo que ahora vemos es el resplandor de lo que un día brilló…. Es decir, lo que ahora vemos en este presente ,en muchas estrellas ,es el pasado ….

        Bucle de tiempo …. Ufff!! Esto me va a encantar ( sabe que los relojes son una de mis pasiones ??)

      • 8 marzo, 2013 en 9:43 PM

        Suelo a veces hablar del tiempo, cuando hay algo que me hace más evidente lo rápido que pasa. Recuerdo algún interesante comentario tuyo cuando hablé de mis sesenta y cuatro, que ya se fueron.
        De relojes también. En una entrada, hace mucho, me apropié (citando a su autor) de un escrito suyo, de mucho tiempo atrás. En algún párrafo decía:
        “Al llegar a una plaza el discípulo creyó que había salido la luna llena sobre los tejados, pero sólo era la esfera iluminada del reloj de una torre, donde también había una veleta oxidada en forma de gallo. En ese momento sonaron doce campanadas y el Maestro le hizo observar al discípulo que aquel reloj no tenía agujas ni números. Su esfera parecía la córnea de un ojo que les miraba en la oscuridad. El tiempo también es el silencio, de modo que a una edad lo más sabio a veces es callar, pero nunca obedecer, dijo el Maestro.”
        El tiempo y los relojes. Ese mismo autor, que para mí es un filósofo, también decía: “Dios creo el tiempo, pero dejó que nosotros hiciéramos las horas”.
        Ya te digo, un filósofo.
        Un abrazo Juan Luis.

  4. Sarah Guadiana
    5 marzo, 2013 en 9:00 PM

    Jaime, ¡qué relato tan bonito! Qué relatazo!!!

    No eran mini-relatos, era un boceto de algo muy bueno, perooooo que muy bueno. Me encanta este giro…

    Me cae muy bien tu sombra aventurera, aventurera y al mismo tiempo fiel y sensible. La he percibido como si de una criatura se tratase, una criatura de poca edad, que siente curiosidad por descubrir lo que el mundo le puede ofrecer pero que al mismo tiempo no quiere perder la referencia de lo que le proporciona seguridad, el cuerpo que da sentido a su existencia… es decir de ti.

    Y me ha conmovido ver como ella se conmovía y podía identificarse con la sombra de ese cuento que hablaba de otra sombra (por cierto, me imagino el por qué de la discusión a su regreso y celebro que al día siguiente todo se hubiera olvidado).

    No me ha parecido un relato triste, en absoluto, me ha parecido muy, muy tierno. No es una sombra triste, es una sombra audaz, como ya he dicho, aventurera pero apegada a su razón de ser, pegada a su seguridad y que se conmueve al escuchar el relato sobre otra sombra que sí perdió su referencia o que fue abandonada por esta (él). Una maravillosa sombra con una gran capacidad de empatía.

    Por cierto, a mi sombra también le ha encantado (se ha puesto muy pesada insistiendo en que te lo dijera).
    Mi sombra va un poco por libre… es de las que normalmente no se separa pero de vez en cuando también hace de las suyas y va por donde quiere, sobre todo si no le gusta mi estado de ánimo, entonces se enfada un poco y decide irse a su “bola”. No le gusta verme preocupada o triste y lo demuestra (ella es muy positiva y alegre y le gusta verme contenta y guasona) y ahí me hace sombra a mi, hasta que yo recupero “mi estar” y por lo tanto mi papel, entonces el orden se recupera y ella vuelve a ser feliz en su papel de sombra… en general nos llevamos muy bien y también hablamos mucho.

    Para mi las sombras no son grises, ni tienen connotaciones negativas (esto va para Juan Luis), al contrario, son amigos (aquí estoy de acuerdo con Juan Luis) invisibles o ligeramente visibles pero incorpóreos… Ahora que me acuerdo, el verano pasado le compré a un hippy una cartulina negra con unas siluetas muy difuminadas hechas con lápiz blanco y el proceso de compra fue un momento muy bonito, él las tenía expuestas en la calle, en las escaleras de un museo y yo pasé por delante y me llamaron la atención y a medida que caminaba me iba encantando con lo que veía hasta que una de ellas me hizo parar. Me quedé durante un rato mirando esa cartulina y le pregunté cuánto costaba, él me miraba y me dijo, 40 euros, y me preguntó ¿te gusta?, ¿por qué te gusta?, ¿por qué esa y no cualquiera de las otras? yo lo miré, volví a mirar mi cartulina y le respondí a las tres preguntas seguidas: Sí, porque me llama, las otras tan solo me gustan. Entonces él se acercó y me dio un abrazo, Fue un abrazo bonito, un momento bonito. Por supuesto me la vendió (a otra persona que le preguntó el precio, la miró y le dijo que no estaban en venta). Desde entonces tengo más de una sombra.

    Y menudo rollo acabo de largar…

    En fin, que me ha encantado todo, el giro literario, el relato y la sombra. Algún día publicarás una serie de relatos y yo iré a que me firmes mi ejemplar, aunque tenga que ir a los madriles o a los cádices (mejor esto último, casi lo prefiero).

    Un beso mío y otro de parte de mi sombra (no cuenta en el contador de “followers” pero está).

    Nota: Después de esto te juro que el siguiente en mi lista de espera es “El Fin del Mundo y un Despiadado País de las Maravillas, de Haruki Murakami. Si ha podido inspirarte esta preciosidad de relato, no me lo voy a perder.

    • Juan Luis
      8 marzo, 2013 en 8:53 PM

      Sarah muchas gracias por la mención….. jaime hace que nos encontremos también en este pequeño rincón del mundo ….
      Soy optimistas por naturaleza y en un mundo de colores….los grises para otro, no para mi….por eso decía que era una pena que sombra tuviese para algunos esa connotación negativa …..
      Muchos besos y gracias de nuevo por acordarte de este servidor

      • 8 marzo, 2013 en 10:24 PM

        Guadiana está en esta casa desde el principio casi. Incluso, cuado estoy fuera mucho tiempo, se pasa por aquí; investiga, husmea, toquetea las cosas -aunque luego las deja como estaban- y, sobre todo, la cuida.
        Mi próximo experimento será intentar pintar mi sombra de algún color atractivo.
        Un abrazo.

    • 8 marzo, 2013 en 10:02 PM

      Uyyyyyyy! Qué comentario! ¿Por dónde le meto el diente? En fin, iré por orden.
      Pues mira, Guadiana, no me gustaba demasiado el cuento, pero nada más empezar a leer tu comentario me va gustando más.
      Los minirelatos…¿te refieres a las fotos de twitter? La verdad es que no pensé nada más que en TT cuando las colgué. Por la noche, bajando varios libros de mi mesilla, ya leídos, a la biblioteca, vi el de HM y me acordé de su sombra y entonces de la mía. Y decidí que se conocieran. Nada más.
      Me gustan tus reflexiones sobre la sombra; y me gusta el carácter de la tuya. Pídele consejo cuando estés baja.
      Y la sombra de tu hippie me recurda mucho, muchísimo, a la historia del mago. Sólo los detalles y los personajes cambian. Lo fundamental, el enamoramiento instantáneo, permanece en ambos.
      No tengo arte para escribir nada más que lo que escribo. Pero si ese día llegara, iría yo a llevarte los relatos. Con el mago y la Capitana.
      El Fin del Mundo…no es lo mejor de Murakami. Hay que conocer al autor para sacar jugo a ese libro (bueno, casi a cualquiera de los suyos). Pero es creativo, tierno y crudo a la vez. Incomprensible siempre.
      Quizá recuerdes que algo de este libro saqué en Fundamental Things. También de El Pájaro que da Cuerda al Mundo en otra entrada. En fin, Murakami me gusta, me entretiene, me enseña y, en ocasiones, me inspira.
      Un beso muy fuerte y muchísimas gracias.

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