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AL MENOS UN ASNO HABÍA, SANTIDAD.

LA INFANCIA DE JESÚS

Muchos columnistas de diarios de papel y puntocom han encontrado fácil  inspiración esta semana en el anuncio del último libro del Papa Benedicto XVI: La Infancia de Jesús (ed. Rizzoli). Aunque relata sus años de infancia es, cronológicamente, el último de una trilogía sobre el mismo personaje: Jesús de Nazaret que edita la Librería Editora Vaticana.

A la espera de una lectura más sosegada cuando la obra esté en librerías me atrevo, con no menos derecho que esos columnistas, a escribir algo sobre el asunto.

Lo primero que llama mi atención, e incluso me conmueve, es que el Sumo Pontífice dedique su tiempo a asuntos que no parecen ser de extraordinario interés en estos momentos. Y no ha sido trabajo sencillo, según he podido descubrir, puesto que la obra es fruto de nueve años de trabajo, aunque interrumpido por su acceso al papado y, además, hecho “a golpe de azada”, es decir “a mano y a lapiz, sin otra ayuda que su memoria y su biblioteca”. No, no ha sido un trabajo sencillo…a mano y a lápiz….nueve años de trabajo…para sólo 147 páginas.

Pero en fin, tan asediada está la Iglesia con asuntos de calado, como el caso Vatileaks, la pederastia reconocida y la ocultada, las luchas de poder, los concordatos, privilegios y exenciones fiscales tan cuestionados por muchos, que no viene mal un impacto mediático como este, que no da lugar a conflictos internos, a ataques externos o a posiciones extremas de críticos, adeptos o simplemente observadores. Todos los comentarios periodísticos que he leído enfocan la crónica (o la crítica) desde una perspectiva simpática o, en el peor de los casos, irónica.

Yo no soy especialmente crítico ni adepto; soy más bien observador y, como tal, voy a observar desde la humildad y el profundo desconocimiento, algunas de las cosas sobre las que Ratzinger escribe:

La mula y el buey.

AL MENOS UN ASNO HABÍA, SANTIDAD

“En el evangelio no se habla de animales. Jesús no estaba acompañado en el pesebre de un buey ni de un asno. Aunque, tratándose de un pesebre, la iconografía cristiana…colmó esta laguna…María envolvió al niño en pañales como un reenvío anticipado de la hora de su muerte…”.

Lo más probable es que el Papa tenga razón. Dada la premura del viaje de Nazaret a Belén y el hecho de que, por razón del censo (que tal era el motivo del viaje) y de las aglomeraciones que atrajo, no había sitio disponible en las posadas, la familia debió de “alojarse” en una cueva. Y raro es que en las cuevas se encuentren animales domésticos, más propios de cuadras y establos, a no ser que Joséque no los tenía– los llevara. Pero sin duda sí que había, si no una mula, al menos un asno. El mismo que trajo sobre sus lomos a María durante el trayecto.

Es posible que así sucediera:

“El hijo de José y de María nació, como todos los hijos de los hombres, sucio de la sangre de su madre, viscoso de sus mucosidades y sufriendo en silencio. Lloró porque lo hicieron llorar y llorará siempre por ese solo y único motivo. Envuelto en paños, reposa en el comedero, no lejos del burro, pero no hay peligro de que lo muerda, que al animal lo prendieron corto.”

Los Reyes Magos.

Duda Ratzinger sobre la existencia de los Reyes Magos tal y como hoy los concebimos y, lógicamente, sobre los presentes que le llevaron: el oro, el incienso y la mirra.

“¿Qué clase de hombres eran esos que Mateo describe como Magos venidos de Oriente?” Se pregunta Ratzinger.

“Tal vez fueran astrónomos,..Pero los hombres de los que habla Mateo no eran únicamente astrónomos. Eran «sabios»; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra.”. Concluye

Seguramente tendrá razón el Papa: serían astrónomos. Pero yo más bien creo que todo lo que rodea al nacimiento de Jesús (no a su concepción ni a su muerte y resurrección) fue mucho más natural de lo que la tradición iconográfica nos ha transmitido.

No es fácil pensar que a la cueva de Belén acudieran tres reyes, tres magos o tres sabios astrónomos. Pero sí lo es que, compadecidos por la triste situación de una pareja de jóvenes que no encontraron posada para acogerles –en ese frío invierno– en tan delicado trance, se acercaran tres pastores, que la tradición ha convertido en reyes, y que les ofrecieran presentes más adecuados a su cualidad de pastores que el oro, el incienso o la mirra: la leche, el queso y el pan.

Y así pudo transcurrir:

“El primer pastor avanzó y dijo, Con estas manos mías ordeñé a mis ovejas y recogí la leche de ellas. María, abriendo los ojos, sonrió. Se adelantó el segundo pastor y dijo, a su vez, Con estas manos mías trabajé la leche e hice el queso. María hizo un gesto con la cabeza y volvió a sonreír. Entonces se adelantó el tercer pastor, por un momento pareció que llenaba la cueva con su gran estatura, y dijo, Con estas manos mías amasé este pan que te traigo, con el fuego que sólo dentro de la tierra hay, lo cocí. Y María supo que era él.”

Hay oculto, en este tercer pastor, un personaje clave en la historia:

“Era aquel que en figura de mendigo se le había aparecido una y otra vez, aquel que hablando de sí mismo dijo ser un ángel, aunque sin precisar si del cielo o del infierno. María no pensó, al principio, que pudiese ser él, ahora comprendía que no podía ser otro.”

Era este último pastor más que un rey, más que un mago, más que un sabio astrónomo. Era el mismo Ángel Gabriel.

EL PRIMER PASTOR AVANZÓ Y DIJO…

La Concepción Virginal.

Mucha más enjundia tiene el asunto, ta complicado de entender, de la concepción virginal.

Le preguntan a Ratzinger: ¿Es cierto que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de santa María Virgen?

Sí, sin reservas. Es su respuesta.

Porque el hecho de que  Ratzinger dude de la mula, del buey y de los reyes no es conflictivo. Le sale gratis e, incluso, le da un toque de humanidad al asunto. Pero ¿en la concepción virginal? Ah, en esto no, faltaría más, hasta ahí podríamos llegar: «la Iglesia siempre ha mantenido que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido sin elemento humano, por obra del Espíritu Santo».

¿Ausencia de intervención humana en la concepción? Qué complicado. O creemos a ciegas como dogma de fe, puesto que es asunto humana y científicamente inexplicable, o no creemos. No hay otra opción.

¿No hay otra opción? Quizá haya una intermedia, una mezcla de ambas ¿Cuál? Cualquiera que sea es, sencillamente, complicadísima: quizá la doble intervención, humana y divina. Aquella, utilizada únicamente como mediación necesaria puesto que, aunque el Espíritu fuera Santo, María era humana.

Es difícil creer en esta doble intervención, divina y humana. Pero quizá no tanto como sólo en aquella.

¿No podría haber sido…?

Fue el Espíritu el que primero impulsó la intervención del hombre…:

Un soplo de viento allí mismo nacido golpeó la cara de José, le agitó la barba, sacudió su túnica, y luego dio la vuelta a su alrededor como un remolino que atravesara el desierto, o quizá lo que así le parecía no era más que el aturdimiento causado por una súbita turbulencia de la sangre, el estremecimiento sinuoso que le recorría la espalda como un dedo de fuego, señal de otra y más insistente urgencia.

Sin pronunciar palabra, José entró en la cabaña, se acercó y apartó lentamente la sábana que la cubría. Ella desvió los ojos, alzó un poco la parte inferior de la túnica,…”

…y, después de suceder lo humano, intervino nuevamente el Espíritu para culminar su obra:

“Entonces, el cielo empezó a mudar. Poco a poco, casi sin que pudiera darse cuenta, el violeta se iba tiñendo y se dejaba penetrar por un rosa pálido en la cara interior del techo de nubes, enrojeciéndose luego, hasta desaparecer, estaba allí y dejó de estar, de pronto el espacio reventó en un viento luminoso, se multiplicó en lanzas de oro, hiriendo de pleno y traspasando las nubes, que, sin saberse por qué ni cuándo, habían crecido y eran ahora formidables, barcos gigantescos arbolando incandescentes velas y bogando en un cielo al fin liberado.”

ENTONCES EL CIELO EMPEZÓ A MUDAR…

Y el anuncio de Gabriel.

De todo esto, excepto de la intervención de José que vaya si la conocía, se enteró María cuando ya ante nadie podía ocultar su estado de gracia.

“En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María…El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? EL ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra…porque nada hay imposible para Dios.” (San Lucas 1:26-38)

En la versión alternativa, también este anuncio sobrenatural fue más humano. Igual que los reyes magos bien pudieron ser los pastores, el ángel Gabriel pudo haber sido un mendigo; aquel que amasó el pan que entregó a María cuando Jesús nació.

Y así fue como le anunció la buena nueva:

“Tendió María las manos para recibir la escudilla de barro…y, en el mismo instante en que el cuenco pasaba de unas manos a las otras, dijo el mendigo con poderosísima voz, que el Señor te bendiga, mujer, y te dé todos los hijos que a tu marido plazcan… María sostenía el cuenco en lo cóncavo de las dos manos, cuenco sobre cuenco, como si esperase que el mendigo le depositara algo dentro, y él, sin explicación, así lo hizo, se inclinó hasta el suelo y tomó un puñado de tierra, después, alzando la mano, la dejó escurrir lentamente entre los dedos mientras decía con sorda y resonante voz, El barro al barro, el polvo al polvo, la tierra a la tierra, nada empieza que no tenga fin, todo lo que empieza nace de lo que se acabó.

Se turbó María y preguntó, Eso qué quiere decir, y el mendigo respondió, Mujer, tienes un hijo en tu vientre y ese es el único destino de los hombres, empezar y acabar, acabar y empezar, Cómo has sabido que estoy embarazada, Aún no ha crecido el vientre y ya los hijos brillan en los ojos de las madres,… tú quién eres para no haber necesitado oírlo de mi boca, Soy un ángel, pero no se lo digas a nadie.“

EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO

Me he permitido, en un exceso que algunos llamarán irreverencia, poner juntas –que no contrastar, Dios me libre– algunas de las afirmaciones del Benedicto XVI con las de otro gran hombre. Un hombre del que la Academia Sueca, al concederle el Nobel, destacaba su capacidad de “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”.

He aquí otro punto en común entre estos dos grandes –y tan distintos– hombres. Porque ¿Hay realidad más huidiza que la que sostiene la iglesia en sus dogmas? ¿Hay mayor imaginación que la que contienen las parábolas bíblicas?

Quizá a muchos les escandalice este encuentro fugaz de textos  del Sumo Pontífice con los un filósofo como José Saramago, que fue además miembro del partido comunista. Yo tengo mucho respeto por Benedicto XVI como Papa y por Joseph Ratzinger como teólogo. Y también lo tengo por el gran escritor que fue Saramago. Y este motivo del libro papal, bienvenido sea, me ha permitido leer al primero y releer al segundo

Su obra El Evangelio según Jesucristo (1991), de la que los textos reflejados como “opciones alternativas” han sido extraídos, fue vetada en su país natal, Portugal, y fue muy criticada por gran parte de la sociedad. A mí, como casi toda la obra de Saramago, me enterneció.

Dicho lo cual, acepto todas las críticas que se me hagan por quien considere que he tratado con irreverencia o con simple indelicadeza tan sensible asunto.

—————————–

En cualquier caso, Jesús es un amigo. Hubiera o no animales en la cueva donde nació, fueran reyes o pastores quienes le cumplieron visita y fuera cual fuera el proceso exacto de su concepción, demostró a lo largo de su corta vida terrenal que fue un buen hombre y que hizo el bien por donde pasó. Así lo cuentan y así lo creo. En cuanto a su otra vida, quienes en ella creen le siguen considerando su amigo.

Por eso no está de más despedir estas palabras con un himno cristiano en su honor. No es canción góspel, que aunque a mí me gusta aburre a muchos. La letra, en forma de poema, es de Joseph Scriven (1885). La música la puso Charles Crozat. Y os la dejo en una versión que recuerda más al country que al góspel. Canta Alan Jackson.

WHAT A FRIEND WE HAVE IN JESUS

¿Podemos encontrar un amigo tan leal

Que comparta todas nuestras penas?

  1. What a friend we have in      Jesus,
    All our sins and griefs to bear!
    What a privilege to carry
    Everything to God in prayer!
    Oh, what peace we often forfeit,
    Oh, what needless pain we bear,
    All because we do not carry
    Everything to God in prayer!
  2. Have we trials and      temptations?
    Is there trouble anywhere?
    We should never be discouraged—
    Take it to the Lord in prayer.
    Can we find a friend so faithful,
    Who will all our sorrows share?
    Jesus knows our every weakness;
    Take it to the Lord in prayer.
  3. Are we weak and      heavy-laden,
    Cumbered with a load of care?
    Precious Savior, still our refuge—
    Take it to the Lord in prayer.
    Do thy friends despise, forsake thee?
    Take it to the Lord in prayer!
    In His arms He’ll take and shield thee,
    Thou wilt find a solace there.
  4. Blessed Savior, Thou hast      promised
    Thou wilt all our burdens bear;
    May we ever, Lord, be bringing
    All to Thee in earnest prayer.
    Soon in glory bright, unclouded,
    There will be no need for prayer—
    Rapture, praise, and endless worship
    Will be our sweet portion there.
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  1. Lolita
    26 noviembre, 2012 en 1:10 PM

    Hola Jaime:

    Entiendo que el hecho de que ahora Ratzinger haya puesto en duda si hubo o no hubo animales en la cueva lleve a cuestionar otros asuntos más profundos relacionados con fragmentos bíblicos. Así pues, me quedo con lo que se expresa en uno de tus últimos párrafos -que es lo que verdaderamente importa- y es que Jesús fue un hombre de bien, como nos han enseñado siempre.

    Me hubiera gustado que Ratzinger hubiera continuado esa labor más profunda y de carácter diplomático de Juan Pablo II, hombre de gran personalidad, carismático e incisivo que trató de solucionar problemas reales y de gran trascendencia.

    Me alegra que sigas escribiendo.

    Un abrazo.

    • 28 noviembre, 2012 en 10:18 PM

      Hola Lolita!
      Hace tiempo que no te veía por aquí.
      Yo creo que lo de la mula y el buey lo ha incluido como cebo, para atraer lectores ¿Qué más da si los hubo o no?
      Pero el dato curioso es que todos los comentarios que he leido en la prensa se han referido, casi todos con enfoque irónico pero no agresivo, a este dato. Y más de pasada, a lo importante e incomprensible.
      Me alegra que sigas leyendo.
      Un abrazo

  2. it
    27 noviembre, 2012 en 11:36 AM

    Creo que no hay nada tan noble (y de bonhomía humana) como buscar explicación.
    Ratzinger, además de un erudito teólogo, es una de las mentes más brillantes de nuestro siglo. Sus textos son analizados con lupa por científicos, intelectuales y hasta psiquiatras. Pasan todas las cribas. Hasta las más canallas. Esa proeza ¿literaria? ¿de análisis filosófico o de razonamiento? ya es llamativa por sí sola.

    Hace unos meses estuve en Tierra Santa.
    Me impactó Belén. Y más aún la cueva -diminuta- donde se ubica el nacimiento del Niño Jesús. La precariedad del sitio, la falta de intimidad, incluso los ecos que devuelve la piedra… nacer a la vista de cualquiera, en la indigencia extrema: conmueve si piensas en cualquier hombre y se nubla el entendimiento si piensas -como hacemos los católicos- en un Dios.

    Tu blog, querido Jaime, es una delicia.
    Una auténtica delicia.
    Bkss

    • 28 noviembre, 2012 en 10:33 PM

      Hola It,
      Es la segunda vez que te veo por aquí. Y es la segunda vez que te voy a preguntar ¿quién eres? ¿te conozco?.
      Como dejas una pista, hacia ella me fui. Abrí esa cajita, nonfacitsaltus.blogspot.com, y me quedé enganchado, maravillado por su contenido: la belleza de sus imágenes y la ternura de sus palabras. Me gustó mucho, mucho…Pero me quedé sin saber quien es su autor(a).
      De Ratzinger no he leido nada; no sé como es. Leeré este librito, que ya está en librerias. Tampoco me apasiona la vida de los Papas. Yo me lo pierdo, porque sin duda son personalidades apasionantes.
      Los católicos suelen renegar del autor que llevé a esta entrada: Saramago. Pero es interesante, creativo, perspicaz, muy tierno pero muy critico -sin agresividad-sobre muchos aspectos de la religión. Diré que le cae muy poco simpático Yahveh, el Dios duro, estricto, autoritario y antipático del Antiguo Testamento.
      Si algún día quieres conocer versiones alternativas, aunque quizá ya las conozcas, disfrutarás leyendo Caín y, sobre todo, El Evangelio según Jesucristo.

      Muchísimas gracias por tu comentario final, querida(o) It.

  3. it
    29 noviembre, 2012 en 1:48 PM

    De Ratzinger te puedo decir una cosa: a mí me da muchísima tranquilidad que sea mi coetáneo.
    Ay, Chimet… no saber quién soy… qué triste!

    it

    • 29 noviembre, 2012 en 9:09 PM

      Ya voy teniendo una idea, querida It.
      Y celebro que te tranquilice lo de tu coetáneo.
      Besos

  4. Corsario
    1 diciembre, 2012 en 2:35 PM

    Cuando Ratzinger salió elegido Papa recuerdo que alguien dijo ” humo blanco pasado negro”, no seré yo quien me gaste un solo euro en leer los pensamientos de un Papa represor y rancio, en cambio leeré encantado a Saramago, no hay comparación posible en talento y actitud.

    Supongo que Paloma Gomez Borrero tendrá una opinión diametralmente opuesta.

    Corsario

    • 6 diciembre, 2012 en 7:12 PM

      No se si Paloma, pero muchos millones tienen opinión diametralmente opuesta a la tuya, Corsario.
      Nadie es ni tan bueno como lo ven unos ni tan canalla como lo ven otros. Y nadie es santo o es canalla durante toda su vida. Alguien dijo que todo santo tiene su pasado y todo pecador su futuro. Y es muy cierto.
      A mi, Saramago me gusta mucho, porque conozco sus escritos. De Ratzinger no tengo opinión, como persona quiero decir. Como líder de la iglesia católica, le respeto porque también respeto a quienes le admiran. Es que yo soy muy aburrido Corsario, demasiado poco critico.
      Y ya lo dije en mi entrada: escribí como observador.
      Un abrazo Corsario, y que tengas mares favorables.

  5. brenda joyce
    6 diciembre, 2012 en 12:54 PM

    Benecdicto XVI dice que el matrimonio homosexual es una de las mayores amenazas de la humanidad ….. y yo que creía que lo eran el hambre, las guerras y la injusticia social!

    La Iglesia actual está tan alejada de la realidad como de las ensenanzas de Jesús.

    Que su mayor representante teorice sobre burros y mulas me parece una frivolidad más en estos tiempos que corren. Como verlos con sus vestimentas doradas, sus cálices de oro, y su séquito de cardenales purpura. Al otro lado de las columnas de Bernini más de medio mundo muerto de hambre y miseria. Si Jesucristo resucitara de nuevo se moriría de tristeza al ver tanta injusticia de sus supuestos fieles, y sin duda leería a Saramago y no a Ratzinger!

    • 6 diciembre, 2012 en 7:32 PM

      Hola Brenda,
      Muchas gracias por leer y, más aún por escribier en este blog.
      Supongo que eres la escritora, porque la actriz hace poco que se unió con su tarzán. Una de las primeras lecturas que recuerdo de mi infancia eran la saga de Edgar Rice Burroughs.
      Bueno, al meollo.
      Los representantes de la iglesia dicen muchas, muchísimas burradas. Y, cuando el mundo era más de armas que de palabras, hicieron muchas, muchísimas burradas.
      Creen hablar en nombre de Aquel o de Aquello que, quienes no somos fanáticos, pensamos que representa los valores más elevados. La honestidad, la generosidad, la dignidad, la lealtad.
      Pero no, esos valores no tienen nada que ver con tendencias sexuales ni con contratos matrimoniales.
      Pero supongo que Benedicto XVI dirá también otras cosas en las que personas con criterio y Sentido Común podamos estar de acuerdo; estoy seguro de que sí.
      Y también hay muchos, muchísimos representantes de Cristo (más que de la Iglesia) que se ocupan de todas esas miserias.
      El sentido de mi entrada no era hablar del Papa no de la Iglesia. No estoy preparado. Era mucho más modesto: poner en igualdad de nivel, literario, a dos autores que hablan sobre la misma persona.
      Pero bienvenidos sean estos debates. Y cualesquiera otros que te apetezca iniciar si te paseas un poquito por este blog.
      Un abrazo y muchas gracias.

  6. Corsario
    7 diciembre, 2012 en 11:17 PM

    No sabía que Brenda Joyce se había ido, que guapa era !

    No puedo estar más de acuerdo con las opiniones de BJ sobre el lider de la secta, algunos representantes de la iglesia deberían aprender el significado de la palabra humildad.

    Corsario

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