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LAS “FUNDAMENTAL THINGS” (Una entrada intrascendente y Danny Boy)

Cada uno de nosotros tiene varias vidas; o, por expresarlo mejor, mundos diversos en su única vida. El mundo oficial y el privado, el de los compañeros y el de los amigos, el de la obligación y el de la afición, el real –lo que sucede– y el de fantasía-lo que percibe, lo que sueña-. Solemos ser más felices, al menos más espontáneos, en nuestro mundo privado, con nuestros amigos, nuestras aficiones y nuestras fantasías que en el mundo oficial de los compañeros, de las obligaciones y de los sucesos

Yo, en estas últimas semanas especialmente, he estado también entre dos mundos. El de tierra y el de la mar. El de las cosas importantes y el de las “fundamental things”.

Las cosas importantes son las que nos preocupan: El hundimiento de la economía, el rescate y sus dramáticas condiciones, el desempleo, la marcha de los mineros, la prima, los lunes negros y los viernes aún más negros. En fin, las cosas que afectan al discurrir de nuestras vidas y a nuestro bienestar en el largo plazo.

Las fundamental things son las que nos hacen pensar, sentir, disfrutar, sonreir; vivir en el corto plazo…Aquellas a las que se refería Sam/Dooley Wilson (tócala otra vez, Sam) cuando, a petición de Ilsa (Ingrid Bergman), cantaba en el bar de Rick aquella preciosa canción, “As Times Goes By”:

A kiss is still a kiss

A sigh is just a sigh

Te fundamental things apply

As times goes by.

Un beso es aún (y siempre) un beso

Un suspiro es solo (y siempre) un suspiro

Las cosas fundamentales suceden

Conforme pasa el tiempo.

Son las pequeñas cosas sin importancia que nos hacen ser felices o irritarnos por un momento. Las pequeñas cosas fundamentales.

Y así, entre la tierra y el mar, tratando de marginar lo importante y de disfrutar lo fundamental, han transcurrido mis cinco semanas en compañía de la Capitana a bordo del buen Wanawaki. Zarpamos el 27 de junio, como escribí en mi –ya lejana– última entrada, De Nuevo en Busca de La Dama. A disfrutar con ella y a llenar su presente –lo único que le queda- de sonrisas y de recuerdos. El 30 de julio regresamos.

Y en estas cinco semanas, mientras todas aquellas cosas importantes sucedían, yo me iba fijando en algunas de  las “fundamental things”.

EN LA BELLA Y LA BESTIA

La naturaleza suele deparar cosas hermosas, en tanto que el hombre, en sus obras inducidas por la codicia, produce lo horrendo. He aquí un ejemplo que, por su similitud física y por su proximidad geográfica, atrajo mi interés.

Justo pasado Cabo de Gata existe una enorme roca blanca, muy blanca, insertada como si fuera obra de escultor, en una masa rocosa negra, muy negra. Tanto, que se denomina a este cabo próximo a Gata, la “Punta Negra”. Se trata de una extraña formación geológica provocada por acumulación de lava masiva emergente, relativamente común en esas rocas volcánicas de Gata.

El contraste es espectacular.

LA BELLA

Un poco más al norte justo pasado Carboneras, en la Sierra Cabrera que también pertenece al Parque Natural del cabo de Gata-Níjar, se distingue desde el mar un contraste parecido: una formación “rocosa” blanca sobre una montaña oscura. Desde diez millas de la costa el efecto visual sería casi idético pero, como navegábamos próximos, la diferencia era evidente. Esta “formación rocosa” no es producto de un fenómeno geológico, sino obra del hombre, producto de su codicia. Es el hotel Algarrobico, monstruo arquitectónico construido en donde no hay nada más que roca, acantilados y algunas playas escondidas.

 El contraste es espeluznante. La bella y la bestia.

LA BESTIA

EN EL NIÑO FOROFO Y LA DE LAS TETAS GORDAS

No soy especialmente aficionado al futbol, pero sucedió que el día de la final de la copa de Europa entre España e Italia, estábamos amarrados en Altea, uno de los pueblos aún bonitos del Mediterráneo. Había ambientazo con la final y era difícil evadirse. Buscamos un lugar tranquilo, la terraza del RCN, y nos sentamos la Capitana y yo frente a la pantalla mural, con nuestras bebidas: zumo de tomate y gin tonic, respectivamente.

 Había poca gente además de nosotros. Lo más destacable, una familia de cinco o seis miembros. Entre ellos, un niño como de diez años, gordinflón y con gafitas, disfrazado por entero con los símbolos (camiseta, pañuelo, pinturas en cara y brazos) de “la roja”; junto a él, una chavala de “mediana edad”, vestida normal y con unas enormes tetas.

Ambos eran un poema. El crío no hacía el más mínimo gesto, su boca no dibujaba la más tenue sonrisa y sus brazos permanecían inermes y caídos en su regazo. Ni siquiera cuando se marcaba un gol y el pueblo entero rugía, su figura mostraba la menor emoción. No era difícil ver que estaba allí como mascota, no como niño.

Por el contrario, la señora de las tetas gordas, cuya indumentaria era sobria, era pura pasión. Pasión que se desbordaba cuando se marcaba un gol: se levantaba, alzaba los brazos, gritaba y saltaba de emoción y, sobre todo, sacudía arriba y abajo sus enormes apéndices. Yo, con cierto disimulo y sin ningún pudor, dirigía la mirada hacia el bamboleo de sus gordas tetas. Así hasta cuatro veces, pues cuatro fueron los goles que marcó nuestra selección.

La Capitana y yo disfrutamos con el espectáculo. También con el futbol.

EN LA BICICLETA DEL MARINERO

Sucedió en Cartagena. Como las demás cosas que cuento carece de importancia, pero el suceso nos hizo sonreír. La escena me recordó a alguna película de Jacques Tatí o de Chaplin.

Atracábamos en la dársena de Cartagena, un magnífico puerto en una ciudad muy activa y atractiva. Había mucho movimiento en el puerto con barquitos de vela latina saliendo para una regata vespertina. Nos habían asignado un atraque en pantalán pero preferíamos, a pesar del fuerte leveche (viento sur) que soplaba, amarrar en el muelle norte, junto al paseo marítimo. Así se lo gritamos al marinero que ya estaba en el pantalán asignado. “Ningún problema, señor. Deme cinco minutos y estoy allí para echarles una mano.”

Monta el marinero en su bici y sale raudo hacia el muelle norte. Cuando llega al amarre, en lugar de frenar la bici y apearse de ella de manera natural, hace una especie de maniobra circense, sin duda de cara al numeroso público y, con la bicicleta aún en marcha, desciende de ella sin detenerla. Con la lógica de la física, la bici, que aún conservaba inercia suficiente, continúa camino hacia el agua ante la incrédula mirada del marinero que, pudiendo detenerla (o al menos a mí me pareció que podía hacerlo) se limitó asombrado a observar cómo la máquina se zambullía en el agua del puerto.

Inútil tratar de recuperarla; el puerto en esa zona sondaba más de nueve metros. Fue necesaria la intervención del buzo del puerto a la mañana siguiente.

EN EL GRUPO DE SIERRA LEONA

Cuando navegábamos de regreso, Cartagena nos guardaba otra sorpresa. Era la Semana de la Música (también era la Semana del Arte). He comprobado que Cartagena siempre anda de fiesta, pues en el viaje de subida celebraban la Semana Gastronómica. Es una ciudad animada con gente animada que invita a recalar allí cada vez que navegamos por la zona.

En esta ocasión, cuando nos disponíamos a nuestro paseo nocturno para desentumecer el cuerpo y el alma de tantas horas de navegación, nos topamos con un concierto al aire libre. Interpretaba un desconocido –pero soberbio– conjunto de Sierra Leona con un ritmo de esos que te impiden quedarte quieto. Unas trescientas personas se movían –nos movíamos– al ritmo de la música. Bailaban los niños, los adultos, los viejos…hasta los perros bailaban. Era un pueblo feliz, en una noche feliz, dedicándose a algo tan fundamental como bailar y escuchar música, olvidando la tristeza de tantas cosas importantes.

Pasamos un rato inolvidable.

BAILÁBAMOS TODOS…

BAILABAN LOS NIÑOS…

…HASTA LOS PERROS BAILABAN.

Y EN EL JOHNNY CASH DE ALMERIMAR

Otra sorpresa musical encontramos en el puerto de Almerimar, uno de los mejores de la ruta, con magníficas instalaciones y un servicio excelente. Después del yoga de la Capitana, que jamás perdonaba y que en ocasiones hacía antes de zarpar y después de llegar a puerto, e incluso en plena navegación, salimos a nuestro paseo.

Antes de llegar a una de las placitas de este enorme puerto, yo tenía ya las orejas dirigidas como antenas hacia un sonido que me resultaba familiar. Algún aparato estaba emitiendo Ring of Fire, emblemática canción de Johnny Cash, uno de mis favoritos. Esta canción la compuso su mujer, June Carter, en alusión a la pérdida de su amor por Johnny.

Love is a burning thing

And it makes a fiery ring

Bound by wild desire

I fell into a ring of fire

I went down, down, down

And the flames went higher

And it burns, burns, burns

The ring of fire, the ring of fire.

Conforme avanzábamos, la música se hacía más presente. Al desembocar en la plaza me doy cuenta de que el origen no era un aparato. Era la transmutación del propio Johnny Cash, fallecido hace ya nueve años, con algunas connotaciones de Bob Dylan e, incluso, de Leonard Cohen. La voz era la del primero.

Me quedé un buen rato (“anda, vámonos ya”, no cesaba de decir la Capitana) escuchando entre el resto de los espectadores: media docena de niños que jugaban sin escuchar, cuatro o seis viejos lugareños sentados en los bancos y unos cuantos inmigrantes que no tenían otra cosa mejor que hacer. Yo tarareaba sus canciones, todas para mí conocidas; él se fijo en mí e incluso me invitó a subir al “escenario”, unas cuantas cajas de madera apiladas. Naturalmente, decliné la amable invitación.

 Nos sentamos en una de las terrazas de la propia plaza en la que nos informaron de que el country singer había sido contratado por los restaurantes de la zona para atraer público. Cenamos entre los dos ensalada de tomate, pollo y hamburguesa, con un par de cervezas. Las raciones no eran abundantes. El precio tampoco lo era: ¡5,50 € entre los dos!

Y pasamos una noche muy agradable.

CASH, DYLAN, COHEN…?

Muchas otras pequeñas cosas fundamentales sucedieron, como la cena de miles de sardinas con que nos homenajeó mi ahijado Guillo en su casa de Valencia, como el magnífico servicio y profesionalidad de Sport Nautic, en Denia, que nos reparó en menos de 24 horas el génova que vientos duros habían inutilizado, como el ambientazo feliz y desinhibido en algunos otros puertos, como Alicante y Torrevieja, atestados de gente feliz que, por unos días, quiso olvidar las cosas importantes.

Y, sobre todo, como las que sucedieron durante los días que estuvimos en la casa de La Dama, que era precisamente el objeto de nuestro viaje.

 Y muchas otras cosas sin sentido observamos. Como el colosal despilfarro del Port America Cup, en Valencia, hoy rebautizado como Marina Real Juan Carlos I, con sus kilométricos paseos y malecones por los que casi nadie camina, sus faraónicas construcciones que nadie ocupa y que se hunden en el abandono y sus jardines con paseos solados con madera de teka, ya ajada y levantada por falta de dinero para mantenerla. Como la nueva marina que acaba de construir la Junta en el puerto de Garrucha, que tras la inversión, se mantiene vacía porque nadie la atiende.

 Pero las “fundamental things” no son nunca negativas. Por eso, casi ya no recuerdo los malos recuerdos.

————————

Este fue parte de nuestro mundo durante esas cinco semanas. Intrascendentemente feliz.

Una de las lecturas que llevé a bordo habla también de dos mundos. Casi toda la obra de Haruki Murakami, al que me refiero, se desarrolla a caballo del mundo real y el de la fantasía. Esta lo hace con mucha mayor nitidez, con mucha mayor confusión: “El Fin del Mundo y una Despiadado País de las maravillas”.

Dos historias transcurren de manera simultánea en dos escenarios –dos mundos– totalmente dispares. No hay conexión entre una y otra, entre uno y otro. Hasta que el protagonista de la historia llega a saber –a intuir-, al final de la obra, que él mismo es el personaje central de ambas. Las torpes notas que inconscientemente logra extraer de un viejo acordeón en uno de los mundos le recuerdan a una canción que él mismo –ahora ya sabe que es él– canta en el otro mundo.

 Él ya sabe quién es y cree saber, incluso, a qué mundo pertenece. Toma la decisión lógica y supera los insalvables obstáculos que le retienen en su mundo inconsciente –el Fin del Mundo– para escapar definitivamente hacia el real. Pero en el último suspiro, en la última llamada de su corazón, que sabe que perderá, decide quedarse.

Ha preferido quedarse en el mundo de las personas que no tienen corazón pero que son buenas, el mundo en el que no existe el dinero ni el odio, pero tampoco los recuerdos ni el futuro. El mundo en donde habitan los unicornios. El mundo de las “Fundamental Things”.

Jamás volverá, ya no puede, al Despiadado País de las Maravillas; ese mundo real, el de las Cosas Importantes, en el que aún podría conservar su corazón y su sombra…

La canción que une ambos mundos, en esta fantasía de Murakami, es Danny Boy, una de las canciones míticas del folk irlandés, de mediados del XIX. He escuchado a Celtic Woman, a Eva Cassidy, a Deanne Durbin…Pero mi debilidad por Joan Baez es ya conocida…Con ella os dejo.

Y si vienes, cuando las flores hayan muerto,
Y yo este, tal vez, también muerta
Vendrás y encontraras el lugar donde descanso.
Arrodíllate y reza un “Ave” por mí.

Y oiré sobre mí tus suaves pasos
Y todos mis sueños serán cálidos y dulces.
Si no olvidas decirme que me amas
Dormiré en paz hasta que te reúnas conmigo

 

 

Oh Danny boy, the pipes, the pipes are calling

From glen to glen, and down the mountain side

The summer’s gone, and all the flowers are dying

‘Tis you, ‘tis you must go and I must bide.

But come ye back when summer’s in the meadow

Or when the valley’s hushed and white with snow

‘Tis I’ll be here in sunshine or in shadow

Oh Danny boy, oh Danny boy, I love you so.

And if you come, when all the flowers are dying

And I am dead, as dead I well may be

You’ll come and find the place where I am lying

And kneel and say an “Ave” there for me.

And I shall hear, tho’ soft you tread above me

And all my dreams will warm and sweeter be

If you’ll not fail to tell me that you love me

I’ll simply sleep in peace until you come to me.

I’ll simply sleep in peace until you come to me.

 

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  1. Sarah Guadiana
    22 agosto, 2012 en 12:20 AM

    Hola Jaime,

    Bienvenido a tu casa.

    Ya sabes o ya deberías saber que me encantan este tipo de entradas, las que hablan de las “fundamental things”, esas que muestran más la parte de alma, de espíritu que aquellas que hablan de las “horribles cosas importantes” (y digo horribles porque las cosas importantes no son tan bonitas ni tan interesantes ni tan gratificantes como las cosas fundamentales) que muestran más la parte mental .
    Yo también, aún teniendo que vivir en ese mundo de mi vida, el real, para disfrutar me quedo con el privado, con las “fundamental things” y cuanto más “little” mejor. Es decir, como el protagonista de tu libro yo también elegiría el Fin del Mundo renunciando al Despiadado País de las Maravillas.

    Está claro que has pasado 5 semanas estupendas, llenas de momentos y momentazos..

    “La bella y la bestia”, no podían estar mejor tituladas las imágenes, a la bella no recuerdo haberla conocido a la bestia sí, bueno, conocer no la conocí, la conocieron (hace unos años) mis ojos que durante unos minutos se quedaron cuadrados.

    Lo de Altea… fantástico, pena que los que metieron en el “embolado” al niño no tuvieran ojos para ver que al pobre ni le iba ni le venía el evento, la que se tenía que haber puesto todo el attrezzo era la “delantera” que celebraba los goles, la escena hubiera resultado redonda y el espectáculo, total (aunque debió ser espectáculo de todos modos).

    El episodio de la bici del Marinero Estupefacto Superman, genial, he visualizado la escena y me he muerto de risa.

    La foto del perro bailando es preciosa, es evidente que había alegría y disfrute en ese lugar.

    Bueno y todo lo demás, todo me parece encantador (salvo que no sé por qué “naturalmente” declinaste la invitación de Johnny Cash II???), de las miles de sardinas no voy a decir nada más que ¡¡tremendo y delicioso exceso!!. Y de las horribles cosas importantes de Valencia no voy a decir nada de nada.

    En fin, que repito, bienvenido a tu casa, prepara las pilas con calma para el otoño.

    Ah!!!!!, olvidaba un detalle, siento que en este viaje no hayas encontrado un Hada, aunque me alegro que no se te haya ocurrido traerte a la “delantera de Altea” para hacerle compañía a Merlín (por aquello de ser del mismo pueblo), creo que él no te lo hubiera perdonado.

    Un abrazo querido amigo

    S. Guadiana

    • 26 agosto, 2012 en 6:13 PM

      Hola Guadiana, fiel amiga.
      Una de las cosas buenas de estas “Fundamental Things” es que son sólo de uno mismo, al menos hasta que las comparte. Y es libre de darles más o menos importancia, de olvidarlas o de recrearlas.
      Las importantes son de todos y hablar sobre ellas es repetir lo que otros han dicho ya, además de -generalmente- enfadarse, cabrearse, indignarse,…como con el asunto del parlamentario del que hoy hemos hablado. Por eso me resisto desde hace ya algún tiempo a escribir sobre política…aunque no tendré más remedio que entrar porque casi no hay otra cosa en el entorno.
      Veo que has leido con interés y encontrado certeros comentarios para cada situación.
      La bella es bella de verdad. Extraña más bien. Destaca desde la distancia nada más doblar Cabo Gata.
      El Hada zarpó conmigo…y conmigo volvió a puerto. Ella necesitó un mago, que hoy es amigo de los dos. Yo no echo de menos otra hada.
      Un abrazo muy fuerte.

      • Sarah Guadiana
        29 agosto, 2012 en 7:39 PM

        Cuando se comparten las “fundamental things” ya se están recreando, con lo que vuelven a tener su momento. Son siempre valiosas.

        Me ha matado (“positivísimamente”)la frase, no, la verdad todo el párrafo “el Hada zarpó conmigo………..” qué bonito!!!!

        Eres todo un romántico y francamente creo que la Capitana, Jefa de Relaciones con los Proveedores de Comunicaciones y Suministros Varios y hasta ahora, también Hada, no se puede quejar (bueno, a lo mejor sí, de algo, quizá…no sé), siempre dices cosas bonitas sobre ella y por supuesto no dudo de que las merezca, me parece delicioso el reconocimiento.

        Besos y mis saludos a tu 2ª Gran Dama

        Nota:tomo como 1ª a la que antes llegó a este mundo y te trajo a él.

      • 5 septiembre, 2012 en 11:17 PM

        Hola Guadiana, amiga.
        De nuevo mis disculpas por tardar tanto en contestar. Llegará de nuevo el tiempo en que me venga la inspiración y entre más a menudo en el Sentido Común.
        A lo mejor es cierto que tengo algo de romántico; esas cosas se perciben mejor desde fuera. Se lo preguntaré a la pequeña dama: “Oye Carmela, ¿me encuentras romántico?”. Temo mucho la respuesta: “¿Estás tonto o qué?”.
        O alguna similar.
        Pero seguro que luego, de reojo y cuando yo no me de cuenta, me mirará con ternura.
        ¿Lo ves? Quizá sí lo sea.
        Un beso muy fuerte.

  2. guadalupe
    24 agosto, 2012 en 5:23 PM

    Hola Jaime, que alegría volver a saber de ti.
    Corroboro todo lo que escribe mi buena amiga Guadiana (lo cierto es que hoy, charlando de múltiples cosas, me comentó que le había encantado tu entrada). Tengo claro que son “aquellas pequeñas cosas”, las fundamentales, las que proporcionan los momentos de felicidad, los pequeños detalles que se instalan en el alma, los que recordaremos siempre.
    Me encanta que hayas sido tan feliz en esas cinco semanas que comentas.
    Un abrazo.

    • 26 agosto, 2012 en 6:19 PM

      Hola mi querida Guadalupe.
      Vaya par de buenas amigas que me he echado por aquellas tierras. Las primeras que dan la bienvenida despues de las ausencias; las últimas que quedan en las despedidas.
      Como “aquellas pequeñas cosas”, las que proporcionan los momentos de felicidad, sois dos personas fundamentales en este blog.
      Un beso.

  3. Redmond
    20 septiembre, 2012 en 8:54 AM

    Como ves, querido compañero, la vida en estos tiempos de retirada, cuando la edad ya no es un problema sino un coñazo, llega el tiempo de sacar provecho a cuanto antes dejabamos como accesorio, replegandonos a la observación y el disfrute y dejándo la acción para lo imprescindible. Leer,escribir,pintar, oir música y tocar la armónica o la flauta es la forma de vivir. Por eso los hijos pienasan que no nos enteramos de nada y que que sabemos poco o mal. Acaban de descubrir el mundo,despues de tenerlo muy pisado nosotros. Un abrazo James.

    • 23 septiembre, 2012 en 8:04 PM

      Muy acertados comentarios que suscribo al cien por cien, querido Redmond.
      También recordar es una forma de vivir (mi viejita, La Dama, no se cansa de repetirlo, a pesar de que apenas recuerda). Recordar cuando éramos chavales ¿recuerdas?,cuando nos comíamos el mundo y nos bebíamos todo el vino del Quinto Toro.
      Abrazos.

  4. it
    10 octubre, 2012 en 1:53 PM

    Todos los que nos habitan y nos hacen ser quienes somos… seres poliédricos libres de mostrar cualquier faz… Las pequeñas cosas esenciales… la gente pequeña… los pequeños detalles que hacen un todo. Tú SÍ que sabes, Jaime!
    Un beso

    • 10 octubre, 2012 en 8:06 PM

      ¿Quién serás It? Con ese nombre que recuerda a un monstruo de Stephen King…pero que seguramente rezumas bondad.
      Me gusta tu comentario.
      Muchas gracias y un beso.

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