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CUANDO TENGA 64 (mañana, por ejemplo)

EL GAUCHO MARTIN FIERRO

Una de las obras literarias que más me han impactado, leída de joven y varias veces releída por partes, es el Martín Fierro. Una joya de la literatura gauchesca obra en verso de José Hernández cuya lectura recomiendo y de la que me he aprovechado en algunas entradas de este blog (¿Dónde estás, Gaucho?, La Hora del Duelo -del Gaucho y el Moreno-, ambas de mayo de 2010).
En su segunda parte, La vuelta de Martín Fierro, escrita años después de editar la primera, hay un grandioso duelo de canto y guitarra –la típica payada– entre el propio Martín Fierro y El Moreno. La importancia de este personaje en la obra radica en que su hermano fue asesinado por el Gaucho en una pelea que éste mismo provoco. La primera intención del Moreno cuando buscó a Martín Fierro era, por tanto, la venganza.

Todo el mundo conoció
La intención de aquel moreno:
Era claro el desafío
Dirigido a Martín Fierro,
Hecho con toda arrogancia,
De un modo muy altanero.
Tomó Fierro la guitarra,
Pues siempre se halla dispuesto,
Y ansí cantaron los dos,
En medio de un gran silencio.

Y “ansí” fue como comenzó la payada entre el Gaucho y el Moreno. Pero los ánimos guitarreros y la admiración mutua trocaron pronto en duelo de cantos lo que amenazaba ser duelo de sangre.

ASÍ COMENZÓ FIERRO LA PAYADA

Así dio el Gaucho inicio al combate:

Mientras suene el encordao,
Mientras encuentre el compás
Yo no he de quedarme atrás
Sin defender la parada,

Y he jurado que jamás
Me la han de llevar robada.

Y así, cuando le llegó su turno, respondió el Moreno:

Yo no soy, señores míos,
Sino un pobre guitarrero,
Pero doy gracias al Cielo
Porque puedo, en la ocasión,
Toparme con un cantor
Que esperimente a este negro.

El duelo continúa y ya no es sólo el arte del canto y la guitarra lo que se ventila, sino la sabiduría de cada cual. Y para probarla, el Gaucho le pregunta al Moreno Cuál es el canto del cielo, Cuál el de la tierra, Cuál el canto del mar, Cuál el de la noche. Le pregunta De dónde nace el amor y le pregunta Qué es la ley.

Tras las cumplidas y sabias respuestas del Moreno, le da a éste Fierro la oportunidad de preguntarle a él. Y el Moreno pregunta entonces al Gaucho Para qué el Eterno creó el peso, la medida, la cantidad.

Responde el Gaucho con el mismo tino y, por fin, preguntó el Moreno:

Si responde a esta pregunta
Téngase por vencedor
(Doy la derecha al mejor);
Y respóndame al momento:
¿Cuándo formó Dios el tiempo
Y por qué lo dividió?

Así le respondió Fierro:

Moreno, voy a decir,
Sigún mi saber alcanza:
El tiempo sólo es tardanza
De lo que está por venir;

No tuvo nunca principio
Ni jamás acabará,
Porque el tiempo es una rueda.
Y rueda es eternidá.

Y si el hombre lo divide,
Sólo lo hace, en mi sentir,
Por saber lo que ha vivido
O le resta que vivir.

Es la certera respuesta a tan complicada cuestión de un hombre del campo como fue el Gaucho Martín Fierro. Un hombre revolcado por la vida, que fue feliz y luego desgraciado; que fue arrancado de su tierra y de su familia en injusta leva; que fue hombre de honor y, después, asesino. Y que fue, siempre, fugitivo.

Traigo este poético preámbulo porque mañana, 13 de junio de 2012, sabré lo que he vivido en esa entelequia que es la división del tiempo: habré vivido sesenta y cuatro años o, lo que es lo mismo, 768 meses o 23.360 días o 560.640 horas o algo más de treinta y tres millones y medio de minutos. Esas divisiones artificiales y necesarias de las que habla el Gaucho y, también con acierto, Manuel Vicent en frase que ya he traído varias veces a este blog: “Dios creó el tiempo pero dejó que nosotros hiciéramos las horas.”

Sé lo que he vivido. No sabré –nadie lo sabe en su propio caso-, y es en lo único en que yerra Fierro, lo que me resta por vivir. Será poco o será mucho, siempre en los términos relativos de ese tiempo entendido como la rueda eterna que el Gaucho canta. Pero algo será: segundos o años. Lo que me dé Dios de vida.

Cumplir años a edades como la mía tiene siempre un poso de tristeza, o quizá solo melancolía. Uno recuerda, con nostalgia, lo que ya pasó y cómo lo pasó. Y uno sabe con certeza que lo que queda, en tiempo, es mucho menos que lo que ya –tan rápido– pasó. Y entonces sólo espera que la vida que queda transcurra más lenta, mucho más lenta, que la vida que se recuerda.

Y uno, yo, piensa que la única solución es no dejar pasar las horas sin llenarlas de vida. Nunca sabes si la hora que sigue a la próxima existirá.

Aún así, no puedo evitar la tristeza de no poder ya volver a poder cantar, de la manera en que antes la cantaba, aquella simpática canción que Paul McCartney publicó en 1967, cuando yo tenía tan solo 19 años, en el álbum Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band.

Me refiero, naturalmente, a When I’m Sixty Four.

Un chico joven canta a su amada cómo ve la vida cuando sea viejo: cuando tenga 64 años, como yo mañana. Cómo será él y cómo su relación con ella. Se preguntará, le preguntará, si lo va a seguir amando, necesitando, cuidando…

Paul no fue premonitorio. Aquella a la que cantó, Linda, con la que se casó en 1969, no le pudo seguir amando, cuidando, necesitando…, ya que murió en 1998. Y fue precisamente el día en que Paul cumplió 64 años, el 18 de junio de 2006, cuando se separó de su segunda esposa, de cuyo divorció quedó casi arruinado y con una profunda depresión. Paul cumplirá dentro de una semana, el día 18, 70 años. No está Linda para felicitarle; en su lugar lo hará su actual esposa, Nancy Shevell.

LA BANDA DE CORAZONES SOLITARIOS DEL SARGENTO PEPPERS

When I’m Sixty Four, cuando yo tenga sesenta y cuatro, mañana por ejemplo, podré decir que he tenido mucha suerte, como reconocía hace días en My Little Darling. Ese día, mañana, podré decir de aquella que durante los últimos cuarenta años me necesitó y me cuidó:

“She still needs me, she still feeds me, she still loves me, now that I’m Sixty Four”.

Y, en lo que de mí dependa, trataré de seguir llenando de vida las horas que queden para que los días que vengan –aun con el inevitable deterioro físico– sean parecidos a como fueron los pasados: razonablemente felices y dignamente vividos. Y para que, cuando recuerde los tiempos que aún no han pasado, me sienta satisfecho de cómo los he vivido.

Porque, como cantaba Fierro, “el tiempo es sólo tardanza de lo que está por venir”.

¡Felicidades, amigo!

Cuando me haga viejo y se me caiga el pelo
Dentro de muchos años
….
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me cuidarás
Cuando tenga sesenta y cuatro?

 

When I get older losing my hair,
Many years from now
Will you still be sending me the Valentine,
Birthday greetings, bottle of wine

If I’d been out till quarter to three
Wold you lock the door
Will you still need me, will you still feed me
When I’m sixty-four.

You’ll be older too,
And if you say the word I could stay with you.

I could be handy mending a fuse
When your lights have gone
You can knit a sweater by the fireside
Sunday morning go for a ride

Doing a garden, digging the weeds,
Who could ask for more
Will you still need me, will you still feed me
When I’m sixty-four.

Every summer we can rent a cottage in the Isle of Wight,
if it’s not too dear
We shall scrimp and save
Grandchildren on your knee
Vera, Chuck & Dave

Send me a postcard, drop me a line
Stating point of view
Indicater precisely what you mean to say
Yours sincerely, wasting away

Give me your answer, fill in a form,
Mine for evermore,
Will you still need me, will you still feed me
When I’m sixty-four

Cuando me haga viejo y se me caiga el pelo
Dentro de muchos años
¿Seguirás enviándome una tarjeta el Día de los Enamorados?
¿Me felicitarás el cumpleaños con una botella de vino?
Si no hubiera vuelto a las tres menos cuarto
¿Cerrarías la puerta con llave?
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me alimentarás
Cuando tenga sesenta y cuatro años?
Tú también serás vieja
Pero si dijeras esa palabra
Podría quedarme contigo
Podría serte útil, arreglaría los plomos
Cuando se fuera la luz
Tú podrías hacer punto junto al fuego
Saldríamos a pasear los domingos por la mañana
Cuidar el jardín, arrancar las malas hierbas
¿Quién puede pedir más?
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me alimentarás
Cuando tenga sesenta y cuatro años?
En verano podríamos alquilar un chalet en la Isla de Wight
Si no es demasiado caro
Tendríamos que apretarnos el cinturón
Los nietos en las rodillas
Vera, Chuck y Dave
Envíame una postal, escríbeme unas líneas
Diciendo lo que piensas
Indica con precisión lo que quieres decir
Tuyo sinceramente, consumiéndose
Dame tu respuesta, rellena el formulario
Mía por siempre
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me alimentarás
Cuando tenga sesenta y cuatro años?

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  1. OLOMAN
    12 junio, 2012 en 10:29 PM

    Con este post te has lucido, se nota que estás madurando. Mañana te felicitaré aunque es aniversario de tristes recuerdos

    • 15 junio, 2012 en 10:30 PM

      Hola Manolo.
      No sabes tu lo que estoy madurando…cada año un poco más.
      Un abrazo y muchas gracias por seguir en el blog

  2. 12 junio, 2012 en 11:25 PM

    Tras mis numerosos viajes a “la argentina” he tratado de comprender que hace un Gaucho. Es curioso en sus costumbres, en sus formas y tradiciones , en el amor por la tierra y su caballo….es un nómada(pero con apego a lo anterior). Pensando en usted y en sus viajes, su amor al mar y esa tierra del sur casi diría (y aun le conozco poco) que es un Gaucho de Soto…..y parece que le veo junto a su China (mujer Gaucha) contando aventuras o en los silencios de la noche junto a la hoguera…..
    Amigo mío, los dos últimos post han tocado mi fibre por infinidad de factores, y todos ellos relacionados con amor y edad (las cosas que más me importan y quiero aprender a afrontar……..en breve haga otro de la Familia y terminamos la ronda de mis preocupaciones).
    Yo sólo le digo que la edad lo es todo……si se sabe leer e interpretar la partitura que toca y si sabemos que esa edad es un baremo que no sirve para medir al espíritu y a ese Géminis(que como yo) a ese niño que llevamos dentro.
    Le paso un link interesante, espero le guste y le dejo con un bolero que me encanta y que va de horas, de tiempo y amor ( ….que no marquen las horas)

    Bolero

    Link
    http://www.magazinedigital.com/salud/psicologia/reportaje/cnt_id/6992

    Con todo mi aprecio

    Juan Luis

    • 15 junio, 2012 en 10:51 PM

      Hola Juan Luis.
      Me gusta verte por aquí, hay más “espacio” para charlar y menos “gentío” que en nuestro foro habitual.
      “Gaucho de Soto”…es casi un oximoron, como dicen ahora. La vida del gaucho era, como dices, apegada al campo, a su china, a su tropilla y a su querencia. Pocos lujos tenían y mucho trabajo para sacar la familia adelante.De la familia es dificil hablar o, al menos, escribir. Baste hoy leer los consejos del Gaucho a sus hijos que aparecen en una de las imágenes de esta entrada:

      Los hermanos sean unidos
      Porque esa es la ley primera
      Tengan unión verdadera
      En cualquier tiempo que sea
      Porque si entre ellos pelean
      Los devoran los de “ajuera”

      Buen bolero. Cantaba este y otros con mi buen amigo Miguel, al que despedí hace poco desde aquí, y que no conoció la “edad tardía”.
      Y buen link. Te mando, de vuelta, este de una entrada que publiqué hace tiempo sobre las edades del hombre. Seguro que te gustará.
      https://jchicheri.wordpress.com/2010/10/09/las-edades-del-hombre-i/
      Un abrazo Juan Luis

      • Juan Luis
        20 junio, 2012 en 12:03 AM

        Ciertamente, leerte me lleva directamente a la reflexión, al rascar por dentro a mi mente ( aun verde por la pronta edad, pero con ganas de sembrar el camino que algún día correré). He leído el link sobre las edades del hombre , Dios que maravilla!!! Y pensé rápidamente en esto:

        “Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
        En la próxima trataría de cometer más errores.
        No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
        Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
        tomaría muy pocas cosas con seriedad.
        Sería menos higiénico.
        Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
        más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
        Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
        más helados y menos habas, tendría más problemas
        reales y menos imaginarios.
        Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
        cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
        Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
        solamente buenos momentos.
        Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
        no te pierdas el ahora.
        Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
        una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
        Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
        Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
        de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
        Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
        y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
        Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.”

        Yo he tenido la suerte de años 40 poder replantearme la vida ( ojalá haya sido un acierto, de momento lo es), pero esta claro que Seneca ( cordobés como yo) lo dijo con sensatez …”no es mas rico el que mas tiene sino el que menos desea”

        Ando en ello, en vivir la vida y las horas mirando a mis hijas y disfrutando de esos momentos que no volverán y que muchos padres jamás vieron….

        Gracias por tu tiempo (el que dedicas a escribir y hacerme reflexionar)

      • 22 junio, 2012 en 7:51 PM

        Hola de nuevo amigo Juan Luis.
        Borges era sabio, pero rezumaba una profunda tristeza. Sería por su ceguera clarividente o por su espíritu introspectivo, pero rezumaba tristeza.
        De cualquier modo, es ese el sentimiento que -creo- debemos tratar de evitar: entristecernos por lo que hemos vivido o arrepentirnos de lo lo que hicimos y de lo que no hicimos.
        Me quedo, de todo el poema, con la parte que más me va: “Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.”Es algo más que el “carpe diem”.
        Y, por eso, decía yo al final de mi escrito: “Para que, cuando recuerde los tiempos que aún no han pasado, me sienta satisfecho de cómo los he vivido.”
        En fin, para no tener que sentir lo que siente Borges en su poema.
        Dichoso tu que, según veo, vas por el buen camino.
        Gracias por tus comentarios.
        Un abrazo

  3. JOSE LUIS CORES
    13 junio, 2012 en 6:15 AM

    Muchas felicidades. Que te vaya todo bien. Un abrazao. JLCores.

    • 15 junio, 2012 en 10:53 PM

      Hola Jose Luis
      Me alegra verte aquí, aunque menudees poco tus apariciones.
      A ver si te llamo en alguna de mis visitas a Madrid y charlamos del pasado y del futuro.
      Muchas gracias y un abrazo

  4. Joselito
    13 junio, 2012 en 8:16 AM

    Muchas Felicidades Jaime !!!!

    Esta tarde, con mi costilla, te cantaremos algo

    Un fuerte abrazo

    • 15 junio, 2012 en 10:54 PM

      Gracias Joselito.
      Besos a la costilla y al cachorro.

  5. Sarah Guadiana
    13 junio, 2012 en 10:17 PM

    Hola Jaime,
    muchas, muchas, muchas felicidades!!!!!
    Me ha encantado la entrada y la anterior también aunque no te lo haya dicho.

    Vale que a veces el tiempo o lo rápido que pasa asusta, desde luego no a los 20 años, ahí encanta que vuele por esa sensación de que la vida está empezando y hay mucho que descubrir y hacer y pasar …. pero aunque no te conozco tengo la sensación de que sabes aprovecharlo y disfrutarlo – del tiempo sigo hablando-, corra lo que corra, valorando aquello y a aquellos que en su paso te acompañan y eso es lo importante, creo….

    Que pases o hayas pasado un estupendo cumpleaños y que le siga una estupenda y todavía larga vida

    Un cariñoso abrazo

    Guadiana

    • 15 junio, 2012 en 11:00 PM

      Hola querida Guadiana.
      Muchas gracias por tu felicitación y por seguir escribiendo.
      Si, trato de sacarle partido al tiempo. Pasa tan raudo que casi antes de que llegue ya lo estás recordando. Y si no los has aprovechado, no tendrás nada que recordar.
      Gracias por tus deseos de estupenda y larga vida. En uno de los cuentos de Murakami que he leido recientemente, un viejo le deseaba a una niña de veinte años: “Que tu vida sea rica y fructífera; y que ninguna sombra la empañe jamás”.
      Eso mismo te deseo.
      Un beso muy fuerte.

  6. guadalupe
    17 junio, 2012 en 7:43 PM

    Hola Jaime, aunque sea con bastante retraso deseo felicitarte. Es curioso, mi marido cumple años un día antes, el doce de junio, Te deseo lo mejor y, sobre todo, que mantengas esa pulsión vital tan envidiable. La transmites y es estupenda. Un beso muy cariñoso.

    • 19 junio, 2012 en 9:42 PM

      Gracias Guadalupe
      ¡¡¡Ya te echaba de menos!!!
      Ya se que escribo poco ahora, custión de inspiración. Como cantaba Serrat “Pero hoy las musas han pasao de mi, andarán de vacaciones”.
      Un beso muy fuerte

  7. Odile
    22 junio, 2012 en 3:58 PM

    Bien sûr, nous eûmes des orages
    Vingt ans d’amour, c’est l’amour fol
    Mille fois tu pris ton bagage
    Mille fois je pris mon envol
    Et chaque meuble se souvient
    Dans cette chambre sans berceau
    Des éclats des vieilles tempêtes
    Plus rien ne ressemblait à rien
    Tu avais perdu le goût de l’eau
    Et moi celui de la conquête

    Mais mon amour
    Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
    De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
    Je t’aime encore tu sais je t’aime

    Moi, je sais tous tes sortilèges
    Tu sais tous mes envoûtements
    Tu m’as gardé de pièges en pièges
    Je t’ai perdue de temps en temps
    Bien sûr tu pris quelques amants
    Il fallait bien passer le temps
    Il faut bien que le corps exulte
    Finalement finalement
    Il nous fallut bien du talent
    Pour être vieux sans être adultes

    Oh, mon amour
    Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
    De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
    Je t’aime encore, tu sais, je t’aime

    Et plus le temps nous fait cortège
    Et plus le temps nous fait tourment
    Mais n’est-ce pas le pire piège
    Que vivre en paix pour des amants
    Bien sûr tu pleures un peu moins tôt
    Je me déchire un peu plus tard
    Nous protégeons moins nos mystères
    On laisse moins faire le hasard
    On se méfie du fil de l’eau
    Mais c’est toujours la tendre guerre

    Oh, mon amour…
    Mon doux mon tendre mon merveilleux amour
    De l’aube claire jusqu’à la fin du jour
    Je t’aime encore tu sais je t’aime

    • 22 junio, 2012 en 8:12 PM

      Hola mi querida Odile.
      Preciosa canción, “Los viejos amantes”, de Jacques Brel. Con “Ne me quitte pas”, lo más hermoso que se ha hecho en música
      Me lleva a tiempos, aunque también viejos, muy vivos en el recuerdo.
      Je t’aime encore, tu sais, je t’aime…
      …Odile.
      Un beso

  8. Odile
    22 junio, 2012 en 4:26 PM

    Al verme Céfalo me saludó y me dijo: -¡Oh, Sócrates, cuán raras
    veces bajas a vernos al Pireo! No debía ser esto; pues si yo tuviera aún
    fuerzas para ir sin embarazo a la ciudad, no haría falta que tú vinieras
    aquí, sino que iríamos nosotros a tu casa. Pero como no es así, eres tú el
    que tienes que llegarte por acá con más frecuencia: has de saber, en
    efecto, que cuanto más amortiguados están en mí los placeres del
    cuerpo, tanto más crecen los deseos y satisfacciones de la conversación;
    no dejes, pues, de acompañarte de estos jóvenes y de venir aquí con
    nosotros, como a casa de amigos y de la mayor intimidad.
    Y en verdad, Céfalo -dije yo-, me agrada conversar con personas de
    edad; pues me parece necesario informarme de ellos, como
    de quienes han recorrido por delante un camino por el que quizá
    también nosotros tengamos que pasar, cuál es él, si áspero y difícil o
    fácil y expedito. y con gusto oiría de ti qué opinión tienes de esto, pues
    que has llegado a aquella edad que los poetas llaman «el umbral de la
    vejez»: si lo declaras período desgraciado de la vida o cómo lo
    calificas.
    III. -Yo te diré, por Zeus -replicó-, cómo se me muestra, ¡oh,
    Sócrates!: muchas veces nos reunimos, confirmando el antiguo
    proverbio, unos cuantos, próximamente de la misma edad; y entonces
    la mayor parte de los reunidos se lamentan echando de menos y
    recordando los placeres juveniles del amor, de la bebida y los
    banquetes y otras cosas tocantes a esto, y se afligen como si hubieran
    perdido grandes bienes y como si entonces hubieran vivido bien y
    ahora ni siquiera viviesen. Algunos se duelen también de los ultrajes
    que su vejez recibe de sus mismos allegados y sobre ello se extienden
    en la cantinela de los males que aquélla les causa. y a mí me parece,
    Sócrates, que éstos inculpan a lo que no es culpable; porque si fuera ésa
    la causa, yo hubiera sufrido con la vejez lo mismo que ellos, y no
    menos todos los demás que han llegado a tal edad. Pero lo cierto es que
    he encontrado a muchos que no se hallaban de tal temple; en una
    ocasión estaba junto a Sófocles, el poeta, cuando alguien le preguntó:
    «¿Qué tal andas, Sófocles, con respecto al amor? ¿Eres capaz todavía
    de estar con una mujer?». y él repuso: «No me hables, buen hombre;
    me he librado de él con la mayor satisfacción, como quien escapa de un
    amo furioso y salvaje». Entonces me pareció que había hablado bien, y
    no me lo parece menos ahora; porque, en efecto, con la vejez se
    produce una gran paz y libertad en lo que respecta a tales cosas.
    Cuando afloja y remite la tensión de los deseos, ocurre exactamente lo
    que Sófocles decía: que nos libramos de muchos y furiosos tiranos.
    Pero tanto de estas quejas cuanto de las que se refieren a los allegados,
    no hay más que una causa, y no es, Sócrates, la vejez, sino el carácter
    de los hombres; pues para los cuerdos y bien humorados, la vejez no es
    de gran pesadumbre, yal que no lo es, no ya la vejez, ¡oh, Sócrates!,
    sino la juventud le resulta enojosa.
    IV: Admirado yo con lo que él decía, quise que siguiera hablando, y le
    estimulé diciendo: -Pienso, Céfalo, que los más no habrán de creer
    estas cosas cuando te las oigan decir, sino que supondrán que tú
    soportas fácilmente la vejez no por tu carácter, sino por tener gran
    fortuna; pues dicen que para los ricos hay muchos consuelos.
    -Verdad es eso -repuso él-. No las creen, en efecto; y lo que dicen no
    carece de valor, aunque no tiene tanto como ellos piensan, sino que
    aquí viene bien el dicho de Temístocles a un ciudadano de Sérifos, que
    le insultaba diciéndole que su gloria no se la debía a sí mismo, sino a
    su patria. «Ni yo -replicó- sería renombrado si fuera de Sérifos, ni tú
    tampoco aun siendo de Atenas» Y a los que sin ser ricos llevan con
    de pena la vejez se les acomoda el mismo razonamiento: que ni el hombre
    discreto puede soportar fácilmente la vejez en la pobreza, ni el
    insensato, aun siendo rico, puede estar en ella satisfecho.
    -¿Y qué, Céfalo -díjele-, lo que tienes lo has heredado en su mayor
    parte o es más lo que tú has agregado por ti?
    -¿Lo que yo he agregado, Sócrates? -replicó-. En cosas de negocios
    yo he sido un hombre intermedio entre mi abuelo y mi padre; porque
    mi abuelo, que llevaba mi mismo nombre, habiendo heredado una
    fortuna poco más o menos como la que yo tengo hoy, la multiplicó
    varias veces, y Lisanias, mi padre, la redujo aún a menos de lo que
    ahora es. Yo me contento con no dejársela a éstos disminuida, sino un
    poco mayor que la recibí.
    -Te lo preguntaba -dije- porque me parecía que no tenías excesivo
    amor a las riquezas, y esto les ocurre generalmente a los que no las han
    adquirido por sí mismos, pues los que las han adquirido se pegan a ellas
    doblemente, con amor como el de los poetas a sus poemas y el de los
    padres a sus hijos: el mismo afán muestran los enriquecidos en relación
    con sus riquezas, como por obra propia, y también, igual que los
    demás, por la utilidad que les procuran. y son hombres de trato difícil
    porque no se prestan a hablar más que del dinero.
    -Dices verdad -aseveró él.
    V. -No hay duda -dije yo-; pero contéstame a esto otro. ¿Cuál es la
    mayor ventaja que, según tú, se saca de tener gran fortuna?
    -Es algo -dijo él- de lo que quizá no podría convencer a la mayor
    parte de las gentes con mis palabras. Porque has de saber, Sócrates –
    siguió-, que, cuando un hombre empieza a pensar en que va a morir, le
    entra miedo y preocupación por cosas por las que antes no le entraban,
    y las fábulas que se cuentan acerca del Hades, de que el que ha
    delinquido aquí tiene que pagar allí la pena, fábulas hasta entonces
    tomadas a risa, le trastornan el alma con miedo de que sean verdaderas;
    y ya por la debilidad de la vejez, ya en razón de estar más cerca del
    mundo de allá, empieza a verlas con mayor luz. y se llena con ello de
    recelo y temor y repasa y examina si ha ofendido a alguien en algo. y el
    que halla que ha pecado largamente en su vida se despierta
    frecuentemente del sueño lleno de pavor, como los niños, y vive en una
    desgraciada expectación. Pero al que no tiene conciencia de ninguna
    injusticia le asiste constantemente una grata y perpetua esperanza,
    bienhechora «nodriza de la vejez», según frase de Píndaro:
    donosamente, en efecto, dijo aquél, ¡oh, Sócrates!, que al que pasa la
    vida en justicia y piedad,
    le acompaña una dulce esperanza
    animadora del corazón, nodriza de la vejez,
    que rige, soberana,
    la mente tornadiza de los mortales.
    -En lo que habló con razón y de muy admirable manera. Ahí pongo
    yo el principal valor de las riquezas, no ya respecto de cualquiera, sino
    del discreto; pues para no engañar ni mentir, ni aun involuntariamente,
    y para no estar en deuda de sacrificios con ningún dios ni de dinero con
    ningún hombre, y partirse así sin miedo al mundo de allá, ayuda no
    poco la posesión de las riquezas. Tiene también otros muchos
    provechos; pero, uno por otro, yo sostendría, ¡oh, Sócrates!, que para lo
    que he dicho es para lo que es más útil la fortuna al hombre sensato.
    -De perlas -contesté yo- es lo que dices, Céfalo; pero eso mismo de
    que hablamos, esto es, la justicia, ¿afirmaremos que es simplemente el
    decir la verdad y el devolver a cada uno lo que de él se haya recibido, o
    estas mismas cosas se hacen unas veces con justicia y otras sin ella?
    Pongo por caso: si alguno recibe unas armas de un amigo estando éste
    en su juicio, y ese amigo se las pide después de vuelto loco, todo el
    mundo diría que no debe devolvérselas y que no obraría en justicia
    devolviéndoselas ni diciendo adrede todas l&s verdades a quien se
    halla en semejante estado.
    -Bien dices -afirmó él.
    -Por lo tanto, no se confma la justicia en decir la verdad ni en
    devolver lo que se ha recibido.
    -Sí de cierto, ¡oh, Sócrates! -dijo interrumpiendo Polemarco-, si
    hemos de dar crédito a Simónides.
    -Bien -dijo Céfalo-, os hago entrega de la discusión, pues tengo que
    atender al sacrificio.

    • 22 junio, 2012 en 8:29 PM

      Caramba Odile, sabio texto.
      De eso va la vida, según yo la veo; de un sabio equilibrio entre el bienestar, el caracter, la dignidad (o justicia)…y la edad.
      Siendo el último -la edad- el único elemento no controlable, la felicidad en esa “edad tardía”, a la que quienes tenemos suerte llegamos,reside en el caracter para adaptarse a ella, el bienestar para que no hayas de ocuparte sólo de sobrevivir y la nobleza con la que ha transcurrido la vida pasada, de manera que estés satisfecho con ella.
      Sabio Céfalo.
      Muchos besos Odile.

  1. 25 junio, 2012 en 9:53 PM

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