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MY LITTLE DARLING (el amor en la edad tardía)

Hace unos días tuve una interesante conversación con un amigo. Cuando digo interesante quiero decir que no era de política, ni de deportes, ni de todos esos tópicos en los que cada uno mantiene estereotipos formados y es difícil que deje entrar ideas novedosas que le hagan reflexionar.

A este amigo no le he visto más que un par de veces en mi vida, quizá suficientes para saber si tiene sentido empezar a considerarle amigo y esperar un ulterior encuentro o, al contrario, borrarlo del recuerdo. En este caso es, sin duda alguna, lo primero. En la ocasión que refiero había unos cuantos amigos más, a los que conozco poco o casi nada. Propició el encuentro la tenue relación previa a través de una red social, twitter, y la iniciativa de uno de ellos que, de vez en cuando, convoca una “quedada” para tomar unos G&T y hablar de lo importante o de lo intrascendente.

Una vez descrito el escenario, entremos en la conversación.

Como cuando encuentras algo que no buscas, llegamos a ella hablando de otras cosas. Diré, antes de entrar al asunto, que no nos acompañaban nuestras respectivas parejas, lo que siempre concede un cierto margen de libertad para hablar de asuntos relativamente personales. Personales como puede ser por ejemplo, y de hecho fue, la relación de la pareja cuando han pasado “muchos años” desde el inicio. Algo así como “el amor en la edad tardía”. Pero no en la edad tardía de sólo uno de los dos, en el sentido de la película de Isabel Croixet, “Elegy” o de la Lolita de Navokob, que describen más la pasión que el amor. Hablábamos más bien de la “conservación” del amor de pareja en esa edad tardía, transcurridos esos “muchos años”.

“Muchos años” es, como decimos los abogados cuando algo no es exactamente definible, un “concepto jurídico indeterminado”. Es decir que “muchos” pueden ser “pocos” o no demasiados para uno de los contertulios y, francamente, una “barbaridad de tiempo” para el otro. Seis años pueden ser “muchos” para un chico de treinta y muy pocos para mí. Y, claro, cuando uno habla de estas cosas, lo hace sobre la base de su propia experiencia. La mía, cuarenta años; la de mi contertulio de aquella tarde, quince años. Y esa fue la base de partida. A partir de aquí, mis reflexiones.

La vida de pareja pervive sobre la base de dos conceptos, valores o sentimientos, como cada uno quiera nombrarlos. Son nada más, y nada menos, que el afecto profundoque muchos llaman amor– y la lealtad. Constituyen el cimiento de todo lo demás. Faltando el primero, sustentar la relación sólo en el segundo es un error. Supondría un tremendo esfuerzo, inútil en el tiempo. Si el segundo no existe, el afecto muere.

Cuando esos dos sentimientos están consolidados resulta menos complicado mantener el resto de la estructura aunque, sin duda, hay que contribuir cada día a su fortaleza. Una estructura que tiene muchos otros componentes.

Me refiero a la confianza, bien entendida; es decir, confianza “en” y no tanto “con”.

Me refiero al respeto personal. Y no sólo respeto por lo que el otro es o por lo que hace, sino también a mantener el pudor y respetar la intimidad; ese “espacio personal” en lenguaje cursi.

Me refiero a la búsqueda de la diversión, compartiendo aficiones. El tiempo libre, especialmente cuando es mucho, tiene la virtud de unir y el defecto de separar, dependiendo de cómo se utilice.

Me refiero a la independencia respectiva. A no sentirse “atado” ni, mucho menos, “oprimido” por la relación.

Me refiero al mantenimiento del diálogo, compartiendo inquietudes, riendo juntos. No hay escena más desoladora que una pareja sin saber que decir o decirse durante horas.

Me refiero a la comprensión de lo que uno cree son errores del otro. A reducir la crítica y menudear la alabanza.

Me refiero a las manifestaciones de cariño que siempre, sea cual sea el tiempo y la edad, necesitamos. Un beso, un “qué guapa estás” nunca está de más.

Me refiero a la admiración, que no nace de manera espontánea, sino que hay que provocarla.

Me refiero…

Yo he tenido mucha suerte, le decía a mi amigo. Después de estos cuarenta años, con mi ocupación profesional reducida al mínimo y, por tanto, con muchas horas juntos cada día, sigo queriendo, confiando, respetando, divirtiéndome, sintiéndome independiente, conversando, riendo, comprendiendo, piropeando, besando y, sobre todo, admirando a mi mujer.

Cuando terminamos la conversación, me dice mi amigo, lector ocasional de este blog: “¿Por qué no escribes sobre esto?”

No le hice mucho caso en ese momento, pero ya me veis. Y como no hay mejor manera –o, al menos, no la encuentro– para hablar sobre algo tan abstracto como esto del “amor en la edad tardía”, lo hago sobre la propia experiencia personal. El riesgo de ruborizarme es escaso porque mi mujer sólo muy de vez en cuando lee este blog. Y por otro lado poco importa, porque nada digo que no sea cierto. Quizá algún matiz…pero ya se encargará ella de hacérmelo ver.

El caso es que de vez en cuando no viene mal hablar “en público” de estas cosas.

Lo dicho, he tenido suerte. Y si alguna vez la perdiera, me invadiría una profunda tristeza. Como la que siente Johnny Cash cuando canta esta preciosa y triste canción: Good Bye, Little Darling.

¿Sabéis lo que creo? Que me gusta tanto esta canción que tan sólo he buscado una excusa para traerla.

Decía Johnny Cash:

Adios, mi vida, te quiero
Te querré hasta el día que muera
¿Soñarás conmigo donde quiera que estés?
Adios, mi vida, adiós.

Goodbye little darlin’, we’re parting
Parting don’t always mean goodbye
Although we have to part
You’re always in my heart
Goodbye, little darlin’, goodbye

Goodbye, little darlin’, I’ll miss you
Miss you like the stars would miss the sky
I hate to see you go
I’m gonna miss you so
Goodbye, little darlin’, goodbye

Goodbye, little darlin’, I love you
Love you until the day I die
Would you dream a dream of me
Wherever you may be?
Goodbye, little darlin’, goodbye

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  1. juan luis
    4 junio, 2012 en 12:42 AM

    Disfrutando desde el principio hasta el final, reflexionando sobre como es la salud de mi relación(según eta estructura que planteas…….) y en próximos encuentros podremos seguir ahondando en este y otros temas que son igual de importantes….(hijos..)
    Agradecido por tus palabras del principio, y dejando que el tiempo diga, pero creo que vamos por buen camino……

    Gracias

    Me sorprendiste con Rafael del Estad, ahora con Johnny Cash (ambos están de siempre en mis canciones favoritas) te dejo la otra canción que me marca de él y que tiene mucho que ver con amor y amistad..

    • 4 junio, 2012 en 11:28 PM

      Hola Juan Luis
      ¿La salud de la relación? Recién nacida, como un bebé lozano de cuatro quilos y con una vida por delante llena de novedades.
      Hablaremos de hijos, y de todo lo que surja.
      A Rafael del Estad lo conocí tarde, sin buscarlo. A Johnny (el de la voz ronca y el alma dulce), del que hay bastante en este blog, como hay de Joan Baez, Woody y Arlo Guthrie, Pete Seeger, Ray Charles, Mahalia Jackson, Emmylou Harris y tantos otros, le conozco de siempre y siempre nos hemos llevado bien.
      Esta canción, Hurt, es muy triste. Ya sabía que se iba cuando la cantó (no la compuso él) y se ve en el viejo rostro el dolor de su cansada alma. Trabajó demasiado, ganó demasiado, tomó demasiado. Se arrepintió demasiado tarde.

      Si pudiera volver a empezar
      A un millón de millas de aquí
      Me cuidaría más
      Encontraría la manera.

      Llevo esta corona de espinas
      Sobre mi trono de mentiroso
      Lleno de pensamientos rotos
      Que no puedo reparar

      Bueno amigo, basta de tristezas. Hagamos las cosas de manera que no haya tristeza al recordarlas.
      Un abrazo

  2. Odile
    4 junio, 2012 en 5:59 PM

    Estábamos abrazados…
    Medio dormidos.
    Sin separarnos demasiado,
    no fuera a ser,
    que a la vuelta del sueño
    no nos encontráramos …

    • 4 junio, 2012 en 11:42 PM

      Odile, Odile….
      Qué preciosas palabras.
      Cuando nos conozcamos un poco más (¿llegará ese día?) te invitaré a acompañar a mi querida poetisa anónima que tantas veces ha aparecido en este blog con sus Poesías Inéditas.
      Y cuando llegue ese día, no nos separaremos demasiado…
      Un beso muy fuerte

  3. javierhalffter
    17 junio, 2012 en 6:29 PM

    Cuanto amor y cuanta razón rezuma tu escrito.
    Yo tambien estoy trabajando en lo llamo el atardecer de la vida. La época en la que lo que pensábamos en el amanecer y en el mediodía de la vida deja de ser importanteacto y se sustituye por aquello que es importante ahora.
    Un fuerte abrazo y seguiremos en contacto

    • 19 junio, 2012 en 9:40 PM

      Hola Javier,
      Me alegro de verte por aquí, muchas gracias por entrar. Hace unos días recomendé a un amigo una entrada de hace meses, sobre esos amaneceres y atardeceres de la vida. Ahí va el link:
      https://jchicheri.wordpress.com/2010/10/09/las-edades-del-hombre-i/
      Y también hace poco, felicité a alguien que ha cumplido algunos años más que yo con auqella canción de Casablanca, As Times Goes By, que habla de la importancia de las “fundamental things”, que siempre permanecen aunque el tiempo pase.
      Seguiremos en contacto.
      Un fuerte abrazo

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