¿DULCE VIEJO MUNDO? (los suicidios)

“No encuentro otro modo de reaccionar que poner un fin decente a mi vida, antes de tener que comenzar a revolver la basura para encontrar comida”.
(Carta de un farmacéutico jubilado de 77 años, que se suicidó en la plaza Sintagma)

FLORES PARA EL JUBILADO DE SINTAGMA

Las crisis afectan a todos. Los más listos las aprovechan para hacerse ricos o, siéndolo ya, para incrementar sus fortunas. Otros que las tuvieron las pierden, aunque puedan seguir llevando una vida holgada. La mayoría, los que no la tienen, conservan aún su trabajo y con él su vida normal, aunque con la preocupación del cambio a peor. Y los más desafortunados, que son cada vez más, pierden su empleo y con el tiempo la esperanza de vuelta a una vida como la que conocían: sin lujos pero con la relativa seguridad de la vida normal, sin sobresaltos ni angustias.

Pero, como en el poema de La Vida es Sueño, hay otros más desafortunados aún: aquellos que tras perder el trabajo, la esperanza y a veces la dignidad, pierden la vida. Es su cara más cruda: los suicidas de la crisis.

 Al principio eran pocos y raramente merecían el último y dudoso homenaje de una portada en los medios; no era cosa de asustar. Conforme avanza y se profundiza la crisis, los suicidios aumentan y, al ser suceso ya casi cotidiano, tampoco lo merecen. No son ya noticia.

 Estos suicidios son diferentes a los del crack del 29. Aquellos, aunque mucho hay de leyenda, fueron masivos, espectaculares y concentrados en pocos días. Sus víctimas fueron, en general, millonarios y especuladores que perdieron en pocos días lo que tenían y lo que no, y agentes financieros que arruinaron a sus clientes. Durante los cinco días negros del jueves 29 de octubre al siguiente martes, la bolsa se hundió. Para acompañarla en su caída, muchos cuerpos se precipitaron por las ventanas de los rascacielos de Nueva York. Se iniciaba la Gran Depresión.

 Su origen guarda ciertas similitudes con la crisis actual, aunque el desarrollo de la “nuestra” está notablemente más afectado por el contagio que supone la globalización  de los mercados y, sobre todo, por la codicia de sus operadores y el descontrol, cuando no la corrupción, de los garantes de la estabilidad: los gobernantes. Y no será, esperemos, una guerra mundial la que dinamice de nuevo el funcionamiento de las industrias.

EL CRACK. LA GRAN CAIDA

Unas citas sobre el crack del 29 y la gran depresión sobrevenida valdrían, sin quitar una coma, para hoy.

 “Favorecidas por los créditos, las industrias producían bienes a un ritmo muy superior al de las posibilidades de consumo de la mayoría de la población. Así, llego un momento en que las empresas comenzaron a tener dificultades para vender sus productos”.

 Pusieron en la calle a millones de trabajadores y el desempleo comenzó a crecer, a crecer, a crecer…

 “Las consecuencias sociales de la crisis golpearon en particular a los asalariados que, en cifras nunca vistas antes, perdieron sus empleos, sus ahorros y muchos, también sus viviendas. Las largas colas de desocupados en busca de alimento, o durmiendo en las calles cubiertos con cartones y papeles de diario por todo abrigo, fueron una escena habitual de la primero década de 1930”.

EMPLOYMENT OFFICE

La descripción del escenario social no difiere mucho de la actual en los países de la Europa meridional.

OFICINA DE EMPLEO

La ola de suicidios que arrastra esta crisis es diferente de la de los inicios de la Gran Depresión. No es su causa la ruina inmediata sobrevenida como lo fueron los de entonces; los de hoy son más bien consecuencia de una prolongada agonía en la que la desesperanza sucede a la penuria. La desesperanza que genera la impotencia de poder allegar los mínimos recursos para la supervivencia de uno mismo y de su familia.

 El perfil del suicida de esta crisis no es el rico arruinado ni es el pobre de siempre. Las víctimas de hoy son los que tuvieron algo y hoy no tienen nada. Los que fueron autónomos o pequeños empresarios, hoy arruinados, y los parados de larga duración. Aquellos que ven cómo la vida que era ya no es y cómo se van acabando las ayudas de la familia –porque ya no puede o porque no la tienen– y del Estado –porque ya se acabó el plazo de la ayuda– e incluso pierden el techo que tuvieron. Y, entre estos, los que no se resignan a pedir limosna o a rebuscar en los cubos de la basura como el farmacéutico de Sintagma.

Esta macabra epidemia golpea fundamentalmente a la Europa meridional aunque, curiosamente y según datos oficiales, deja a salvo a España.

 Según las estadísticas en Grecia se han suicidado, por causa directa de la crisis, 1.725 personas en los dos últimos años, lo que supone un incremento estadístico de casi un 50%. “Cada cuarenta segundos una persona se quita la vida. Y la situación podría empeorar” (Androulla Vassiliou, Comisaria europea de Sanidad). Los datos de Italia son parecidos y algo menor es la incidencia en Portugal e Irlanda. La incidencia en España, es muy inferior, incluso con una ligera reducción en el índice total de suicidios en el periodo 2007-10.

 Es una tragedia, la peor cara de la crisis. Es predecible y no es evitable. Cuando leemos los datos del paro, la cifra creciente de los de “larga duración” y la de las “familias con todos sus miembros en paro” y estamos convencidos de que va a seguir aumentando porque nadie que pueda parece saber cómo se detiene la espiral, la pregunta que surge es ¿qué pueden hacer cuando el subsidio se acaba, la casa se pierde y ya no hay dinero en el cajón ni queda familia o amigo a quien acudir? ¿Qué haríamos nosotros de encontrarnos en su situación?

 Individualmente nada podemos hacer para evitarlo. Solo podemos pedir a las administraciones y a las instituciones competentes que no les dejen tirados; que no les aboquen a la crítica situación de plantearse si merece o no la penan vivir.

 Qué fácil es escribirlo, qué doloroso imaginarlo, qué triste no querer detenerse a pensar en ello.

F. D. ROOSEVELT A LOS AMERICANOS

En las elecciones americanas de 1932 Franklin D. Roosevelt, candidato demócrata, arrasó con más del 60% de los votos. Cuando llegó al poder la ruina era total. Los bancos no tenían dinero para atender a la masiva avalancha de retirada de efectivo provocada por el miedo al colapso total. Roosevelt agarró el toro por los cuernos y tomo la decisión radical de cerrar los bancos por cuatro días, durante los cuales se reunió con su equipo para buscar una salida.

Al final del cuarto día habló a América. Apelando al patriotismo como única manera de regenerar una cierta confianza en el país y en el sistema, pidió a los americanos no sólo que no continuaran sacando dinero de los bancos, sino que hicieran justo lo contrario: depositar el dinero en los bancos. Durante los días siguientes, millones de ciudadanos hicieron lo que su Líder les pidió. El sistema bancario volvió a funcionar y se inició el camino de la recuperación.

No fue eso lo único que hizo FDR, desde luego, pero sirve como imagen de carisma y liderazgo. Por eso ha sido el Presidente más reelegido de los EEUU, en la etapa más convulsa de su corta historia.

Claro que si alguien nos pidiera hoy que confiáramos en los bancos con la que está cayendo, con lo que se están llevando, con lo que están estafando y con lo que nos están costando, nos daría tal ataque de risa que no quiero siquiera imaginar los efectos en estas macabras estadísticas.

Hoy no solo tenemos un problema industrial y financiero como lo tuvieron entonces. Tenemos un problema de liderazgo y, sobre todo, de confianza. Confianza en el sistema, en el país (sea España, sea Europa) y muy especialmente en nuestros líderes, llámense Merkel, Rajoy, Draghi, Sarkozy o Cameron. El problema es que no hay recambios a la vista.

Y como no hay, apelo de nuevo a Rajoy:

Don Mariano, diríjase de una vez a sus ciudadanos, al “conjunto de la ciudadanía” como a usted le gusta llamarnos. Hágalo directamente, sin ministros intermediarios; hágalo para dar un mensaje completo, no de medidas parciales; hágalo para dar un mensaje de esperanza, no de conformidad; hágalo para convencer, no para imponer. Hágalo ya, no lo demore.

Hágalo. Quizá con unas palabras bien dichas haga cambiar la fatal decisión de alguno que esté al borde de la locura del suicidio.

M. RAJOY, SOLO A LOS SUYOS

Lucinda Williams publicó en 1992 su álbum Sweet Old World. Debía de pasar por momentos tristes, pues la mayor parte de los temas musicales del álbum versan sobre la muerte y el suicidio. Y aunque la canción que da título al álbum trata de cantars las bellezas de la vida que se deja, es tan triste y melancólico el tono de la canción que casi es una invitación a dejarla.

Os la dejo en versión de Emmylou Harris y Neil.

Mira lo que perdiste al dejar este mundo
Este dulce mundo
…..
Promesas que se cumplieron…

 

See what you lost when you left this world, this sweet old world
See what you lost when you left this world, this sweet old world

The breath from your own lips, the touch of fingertips
A sweet and tender kiss
The sound of a midnight train, wearing someone’s ring
Someone calling your name
Somebody so warm cradled in your arm
Didn’t you think you were worth anything

See what you lost when you left this world, this sweet old world
See what you lost when you left this world, this sweet old world

Millions of us in love, promises made good
Your own flesh and blood
Looking for some truth, dancing with no shoes
The beat, the rhythm, the blues
The pounding of your heart’s drum together with another one
Didn’t you think anyone loved you

See what you lost when you left this world, this sweet old world
See what you lost when you left this world, this sweet old world

Anuncios
  1. corsario
    24 mayo, 2012 en 9:12 PM

    TREMENDO Y TRISTE:

    “La tremenda crisis griega se sigue cobrando víctimas en forma de suicidios. Este jueves se ha quitado la vida un músico de 60 años arrastrando con él a su madre de 90. Según testigos presenciales, se han tirado al vacío unidos de la mano desde la azotea de un edificio en el capitalino barrio de Metaxourgeio.

    Ambos compartían un apartamento en la primera planta de la construcción, de cinco pisos. Sus vecinos han dicho a la prensa griega que el músico estaba desempleado y pasaba grandes apuros económicos.

    El fallecido dejó el miércoles una nota de auxilio en una página web para músicos y poetas: “Mi nombre es Antonios Perris. Durante 20 años he cuidado de mi madre de 90 años de edad. Desde hace tres o cuatro años sufre Alzheimer y recientemente ha sido diagnosticada con esquizofrenia y otros problemas de salud. Los hogares de ancianos no aceptan pacientes que suponen tal carga. El problema es que yo no estaba preparado y no tenía efectivo cuando se produjo de súbito la crisis económica. A pesar de tener propiedades y haber vendido todo lo que he podido, me he quedado sin dinero y ya no tengo para comer”, escribió el músico.

    “Recientemente he sufrido de nuevos y serios problemas de salud. Ninguna solución viene a mi cabeza. Suficientes propiedades pero no dinero en efectivo, lo que significa no comida. ¿Alguien conoce alguna solución?” preguntaba Perris desesperado en la web Stixoi.info.

    También escribió algunos versos sobre la situación económica y política en Grecia: “Estamos gobernados por ladrones y todos sus acólitos” o “Las órdenes me dicen que me suiciden”, son algunas de las frases.”

    • 24 mayo, 2012 en 10:23 PM

      Triste, muy triste.
      Y habrá muchos más casos, es terrible. Cuando ya nada tienes y, lo que es peor, nada esperas, la muerte puede ser la única ventana de libertad.
      Un abrazo

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: