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PUTAS INDIGNADAS (con mucha razón)

Sobre ti, severa arroja

La sociedad su desprecio

Se burla de tu congoja

Y se acuerda de tu precio

(Sergio López Corona)

Pregunta de fácil respuesta: ¿Qué es más indigno, vender el cuerpo o vender el alma?

La mayoría dirá: vender el alma, naturalmente. Muchos también se preguntarán: ¿Pero, por qué ha de ser indigno vender el cuerpo?

Dicen que la prostitución es el oficio más viejo del mundo. Algunos historiadores sitúan su origen en Sumeria, considerada la civilización más antigua conocida, y la vinculan a tradiciones religiosas. En Babilonia, dicen los historiadores, las mujeres tenían la obligación de acudir al menos una vez en su vida al templo Militta para vender su cuerpo, por precio simbólico y como símbolo de hospitalidad, a un extranjero. Podría decirse, pues, que la prostitución tiene origen religioso y objetivo filantrópico.

Mucho antes de eso y en el mismo entorno geográfico, un hombre ya había vendido su alma al diablo (a la sazón, no existían otros hombres a quien venderla) y mató a su hermano. Mató porque no podía soportar que Dios prefiriera a Abel antes que a él mismo, siendo el mayor de los dos. Así cuenta la Biblia la vileza de Caín, aunque si hacemos caso a otros autores más coetáneos, la maldad venía de arriba. Leed, si no, la divertida versión de José Saramago en su Caín.

Desde entonces, los vendedores de sus almas, los corruptos, han proliferado mucho más que las vendedoras de sus cuerpos, las prostitutas. Y, desde luego, con mucho mayor daño para sus congéneres. Los corruptos roban, matan, provocan guerras, contagian su mal y, en fin, pudren lo que tocan y crean infelicidad a su alrededor.

Las prostitutas, por el contrario, generan felicidad aunque sea efímera. No roban, excepto quizá el corazón de algún enamorado y por poco tiempo. No matan, excepto quizá el tedio de quien perdió otro amor. Y no provocan guerras, aunque alguna, quizá, haya influido en quien las provocó. Y ya hace tiempo que, con el debido cuidado, no contagian su mal a nadie, si es que lo tienen.

Y a pesar de todo esto, muchos corruptos, con nombre, siguen siendo considerados personas respetables y dignas de adulación e imitación en tanto que las putas, la mayoría sin nombre, continúan siendo despreciadas y marginadas, cuando no maltratadas y explotadas.

BAILE EN MOULIN ROUGE. TOULOUSE-LAUTREC

Hoy, en homenaje a estas mujeres denigradas, hablaré de ellas: de las putas.  Ya escribí sobre ellas hace más de un año en la entrada Izas, Rabizas y…Esperanza. Disgregué sobre la regulación de su actividad, no prohibida pero tampoco claramente autorizada, y del desamparo en que se encuentran.

Las putas están indignadas; siempre lo han estado pero ahora con más razón. Y para mostrar su indignación se manifiestan en la red: http://prostitutasindignadas.wordpress.com/, y en las calles.

En estos tiempos de azares y de angustias, la calle, que siempre ha sido sinónimo de desamparo, tiene la virtud de acoger a los menesterosos, a los que por ellos claman o a los que, colectivamente, reivindican cualquier derecho real o pretendidamente conculcado; o que, simplemente, quieren hacer alarde o evangelio de sus creencias. Así, las calles se llenan de acrónimos y fechas reivindicativas: 15M, JMJ, 29M, AVT, PAH, DRY…Hoy les toca a PI, Prostitutas Indignadas.

El pasado día 26 el colectivo PI salió a las calles de Barcelona en pacífica manifestación. Su idea inicial era copar su espacio natural, aquel en que son más numerosas: El Raval. Por nombre completo, San Ramón del Raval (los santos y las putas siempre han estado muy próximos). El caso es que sus propios vecinos, a través de la agrupación vecinal, les pusieron pegas. Dijeron a las putas que por qué no se iban a la Plaza de Sant Jaume, más amplia, mejor escaparate y sede del Ayuntamiento que ahora les quiere agredir.

“No estamos en contra de la prostitución, sino de que hayan elegido el Raval para manifestarse; es estigmatizar aún más el barrio”.

Total, que rechazadas por sus vecinos, partieron con armas y bagajes hacia el destino propuesto por aquellos.

“Camufladas con máscaras y con el apoyo de diversas entidades sociales, unas 400 prostitutas han recorrido las calles más céntricas de Barcelona hasta concentrase en la plaza Sant Jaume, sede del Ayuntamiento de la ciudad”.

NANA. MANET

El catalizador de esta indignación ahora manifestada es el proyecto de modificación de la Ordenanza de Civismo de 2005. Este proyecto endurecerá mucho más el control sobre la actividad para culminar con “el estadio ideal último de la abolición”, según ha declarado el conseller de Bienestar Social y Familia, Josep Lluís Cleries. En este ataque consideran la prostitución como “un sistema de esclavitud que en una sociedad como la nuestra no tiene que tener cabida”.

Hipocresía. Saben que la abolición es imposible pero, en lugar de regularla como cualquier otra actividad, aunque atendiendo a su innegable especialidad, persiguiendo a muerte la explotación y el proxenetismo, prefieren ir a lo fácil. Esconderla para que no ensucie las lindas calles de Barcelona.

Una de las primeras medidas que quieren adoptar es el endurecimiento de sanciones a los clientes incrementándolas y facultando a la guardia urbana a imponerlas directamente: “300 euros por negociar en la calle, 750 si esto se produce a menos de 200 metros de una escuela y entre los 1.500 y 3.000 euros en caso de que se mantengan relaciones sexuales en el espacio público”. Más caras serán las multas a las “putitas de carretera”. Basándose en “criterios de seguridad” (¿quizá sea por el riesgo de que la mirada del camionero deje la carretera para dirigirse a la señora?) pretenden incrementarlas hasta ¡30.000 €!

Mientras que Cataluña renuncia a la regulación de la actividad y persigue su abolición, Madrid, según declaraciones de Esparanza Aguirre que reflejé en la entrada Izas…, era partidaria de aquella:

Hay que garantizar que, si quieren ejercer la prostitución, puedan hacerlo libremente. Que puedan tener una regulación y que la ley garantice que no van a ser extorsionados por otros”. “Si alguien quiere pagar por el sexo, no veo por qué lo debemos prohibir

Sin dudarlo, me inclino por la regulación frente a la abolición. Aquella es posible y beneficiosa; ésta, imposible e hipócrita. Pero las declaraciones sin acción no sirven. La ultraliberal Esperanza haría muy bien en hacer lo que dijo.

Montse Neira, trabajadora sexual e impulsora de la manifestación, ha explicado que, “por encima de todo”, quieren ser escuchadas. “Ahora mismo las prostitutas no podemos hablar. Se nos trata como si no tuviéramos capacidad de pensar o decidir”.

María de Mágdala, la Magdalena, fue escuchada por Jesús. En El Evangelio Según Jesucristo, otra vez Saramago, cuenta con lucidez y ternura la vida de ambos.

Y si yo mucho pequé

Más pecó la Magdalena

Y luego la hicieron santa

Cuando vieron que era buena.

Escuchad a las Putas Indignadas. No las escondáis, no las ignoréis, echadles una mano. Como Jesús escuchó, ayudo y se dejó ayudar por aquella que, antes de ser Santa, fue Puta.

Hay una preciosa canción de folk americano, de autor desconocido que viene bien a este escrito. Se trata de La Casa del Sol Naciente (The House of the Rising Sun). Cuenta la vida triste de alguien que terminó en ella. Quizá la versión más conocida sea la de The Animals, pero a mi me gusta mucho más la voz potente y penetrante de Joan Baez.

Hay una casa en New Orleans

La llaman El Sol Naciente

Ha sido la ruina de muchas pobres chicas

Y yo, Dios mío, soy una de ellas.

 

There is a house in New Orleans,
they call the rising sun.
It`s been the ruin for many a poor
girl, and me, oh Lord, I`m one.

My mother was a taylor,

she sewed our new blue jeans,
my father was a gambling man,

down in New Orleans.
If I had listened to what my mother said,
I`d have been at home today,
but I was young and foolish, oh, God,
let a rambler lead me astray.

Oh Mothers, tell your children not to do what I have done,
to spend their lives in sin and misery
in the house of the rising sun.

I`m going back to New Orleans, my race is almost run,
I`m going back to spend my life beneath the rising sun

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