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SALOMÓN, AHMED Y OTRAS MAJESTADES

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.

….

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

(De un poema de Rubén Darío A Margarita Debayle)

Los elefantes y la realeza han estado siempre muy unidos. Fuere como regalo a Princesas o aliados, como ayuda para las batallas o, simplemente, como objetivo de caza.

Pero no son los elefantes víctimas exclusivas de reyes o poderosos. También fueron utilizados para diversión de todos y luego muertos en la humillación de una vejez cautiva o condenados por haber tratado de recuperar, en un momento de lucidez, su naturaleza salvaje.

Estos últimos días, la sociedad se ha convulsionado por el accidente de un rey que estaba cazando un elefante. Los frentes se han abierto contra el Rey cazador, no tanto por el hecho de la caza como por su oportunidad, dadas las circunstancias críticas por las que el Reino transita. Muy pocos lamentan el accidente del Rey; muchos lloran, con lágrimas de cocodrilo, la intuida muerte del elefante.

No hablaré ahora (ya antes lo hice) del suceso, que ya muchos lo han hecho y lo seguirán haciendo. No caeré aquí en la demagogia de las comparaciones ni en la sensiblería de la crueldad de la caza pues, aunque no de elefantes, yo mismo soy cazador. Hablaré de los elefantes; de sus majestades, los Elefantes. Y si algún rey sale mencionado, como en el poema de Rubén Darío que encabeza este escrito, será solo por necesidades del guión.

Quizá sea ocioso hablar de las características físicas de los elefantes, pues de sobra son conocidas. Quizá no tanto sus cualidades “morales”. Su capacidad de comunicación, su lenguaje, es muy superior a la de la mayoría de las especies, Su capacidad de trabajo, no solo por su fuerza bruta, también; son capaces de trabajar en equipo, ayudándose mutuamente e incluso especializándose. Su conciencia, en términos de memoria y de manifestación de determinados sentimientos –afecto, odio, celos– es notable.

Hay en la historia, real y ficticia, elefantes nobles y heroicos que vivieron y murieron en libertad o, al menos, en una libertad relativa. Pocos se conocen porque de los elefantes realmente libres, apenas se saben vidas ni se conocen nombres.

Pero la historia también nos habla de otros elefantes, la mayoría, nobles en naturaleza pero humillados en vida. Algunos de ellos, como quedó dicho, fueron muertos cuando mostraron al mundo su naturaleza salvaje casi perdida.

Recordemos algunos.

SALOMÓN (El Viaje del Elefante)

Salomón.

Hay mucha literatura que habla de elefantes; casi toda sobre su caza. Sólo algunos libros hablan de ellos como personajes y no como víctimas. Destacaré a Salomón (que fue luego Solimán), el protagonista de  El Viaje del Elefante, una deliciosa obra del Nobel José Saramago. El libro cuenta la historia –real, según su autor– del viaje de Salomón, un elefante asiático que el Rey  Juan III de Portugal quiso regalar a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria.

Los elefantes no son regalos que puedan empaquetarse y entregar en mano, de modo que Salomón emprendió un largo y fatigoso viaje entre los dos países. Salomón hace gala, durante las muchas jornadas del periplo, de sus dotes de animal inteligente. Todo gira alrededor del elefante y, también, de su muy juicioso cuidador, el cornaca Suhbro. No era habitual, en aquella Europa del siglo XVI, ver un elefante rodeado de una impresionante parafernalia de soldados, escuderos, carros de heno, cuidadores, nobles y otros oficios que, además, era despedido con tristeza por un Rey en origen y recibido con alegría por otro en destino.

Salomón llega a ser consciente de que es él el protagonista de tan curiosa aventura. De lo que nadie sabe que lo sea es de los milagros que, con su necesaria participación, se producen en pueblos y ciudades. Salomón y Suhbro si lo saben. Ambos respiran por la misma trompa y piensan con el mismo cerebro; son, en fin, uña y carne.

Salomón llegó triunfal a Viena en medio de los vítores del pueblo que, conocedor de la leyenda que le precedía, fue además testigo directo de cómo salvó a una niña de pocos años cuando todos pensaban que moriría aplastada bajo sus enormes patas. Murió, intuyo que feliz, dos años después de su llegada a Viena.

Ninguno de los que le conoció, vio pasar, oyó hablar de él o leyó el relato de Saramago, podremos olvidar a Salomón.

JUMBO

Jumbo.

Si Salomón fue un “real” elefante, por la gente a la que perteneció, fue Jumbo un elefante real, es decir, conocido e identificado, “con cara y ojos” como dirían algunos. Y no era, como aquel, asiático. Jumbo era un elefante africano, un verdadero Loxodonta Africana que vivió en la segunda mitad del siglo XIX. He de decir que también fue un elefante viajero.

Su itinerario vital partió de su Abisinia natal. Estuvo en París, Londres, Estados Unidos y Canadá, donde murió. Dicen, yo no lo creo, que ha sido el elefante más grande del mundo. De ahí, quizá, su popularidad.

Tuvo Jumbo una muerte triste, aunque no indigna, y desde luego impropia de un elefante. En 1985 fue atropellado por una locomotora cuando, junto con su cuidador, se disponía a embarcar en el tren de la estación de Ontario, en Canadá. Cuentan las crónicas que su cuidador lloró su pérdida durante mucho tiempo.

Fue, al menos, un elefante admirado y querido, no sólo utilizado.

AHMED (Museo nacional de Nairobi)

Ahmed.

Grande de entre los grandes, el de los largos colmillos. En tamaño, majestad y dignidad. De este si puedo creer que fuera el elefante más grande que jamás haya existido. Nunca perdió la libertad, nunca viajó fuera de su hábitat natural, en Kenya. Por eso, por haber sido libre y por no haber sufrido manipulación del hombre, creo firmemente que ha sido el paquidermo más grande, en todos los sentidos de la palabra.

Ahmed vivió feliz durante la mayor parte de su vida (desde que esta fue conocida y antes de que lo fuera) en la reserva Keniata de Marsabit. Vivió feliz y murió con grandeza. No derribado por un disparo como los elefantes sin nombre, no atropellado por una locomotora como Jumbo, no en un circo como Topsy, no en un zoológico como tantos otros. Murió de viejo y en libertad, como mueren los grandes elefantes. Hoy, con su majestuosa naturaleza inmortalizada en el desierto de Nairobi, es un símbolo en Kenia, por cierto uno de los pocos paises africanos donde está prohibida la caza.

Gloria por siempre para Ahmed.

ABUL ABASS

Abul Abass.

Ya que hablamos de elefantes viajeros, diré que Abul fue el primero que visitó la Europa del norte. Mucho antes, Anibal el cartaginés ya había cruzado los pirineos de norte a sur con su ejército y sus elefantes de guerra.

Abul fue un regalo que hizo el califa Harun al-Rachid al emperador Carlomagno a finales del siglo VIII. Fue también elefante de guerra, pero no murió en guerra. Después de una vida relativamente placentera, pues era juguete de rey como lo fue Salomón, enfermó de neumonía por causa de su afición a los baños.

Nadie pensó, ni él, que las aguas del Rin son mucho más frías que las del Indo. Jamás el cornaca Suhbro, el de Salomón, habría permitido que Abul se sumergiera en las helazas corrientes del Rin.

TOPSY

Topsy, Mary, Black Diamond.

Entramos en la categoría de los elefantes tristes. De los que tienen la trompa curva que, como dice la tradición hindú, trae malos augurios. Son los elefantes de circo. Los que desde muy jóvenes fueron capturados, entrenados y encerrados para felicidad de los hombres cuando estos son, aún, niños.

En los circos, son más comunes las elefantas que los machos. Parece que son, al contrario que en otras especies (y no me refiero a ninguna en concreto), notablemente más dóciles y fáciles de convencer que sus congéneres masculinos. Tan solo lo parece; el caso, como veréis, es que una hembra que se rebela tiene más peligro que una estampida de grandes machos. Sabido es que las elefantas viejas, también llamadas “matriarcas“, son las que dominan y dirigen la manada. Incluso los ejemplares machos mayores acuden a su protección y liderazgo cuando la presencia de un depredador (manadas de leones en busca de criaturas jóvenes) es intuida.

Topsy trabajó en un circo, en el Forepaugh, de Coney Island. Pero, siendo “mujer”, no puso fáciles las cosas. Cuando decidió elevar la trompa al cielo de la carpa para recuperar su dignidad, mató a tres o cuatro de sus domadores. No resulta extraño que fuera condenada a muerte. Pero es asombroso conocer que, en el país de la silla eléctrica y aun antes de ser ésta inventada, fuera ejecutada por similar procedimiento. A la sazón, Edison andaba con sus experimentos y decidió que era oportuno probarlos con Topsy. Así, se le aplicaron, tras calzarle zapatos de metal, 6.600 voltios de muerte. Como era un circo, la muerte se produjo ante más de mil personas. Edison sacó partido de la hazaña produciendo una película que se expuso en teatros de medio mundo.

Triste vida, triste muerte la de Topsy. Como lo fue la de Mary, otra elefanta de circo (Sparks World Famous Show)  castigada por matar a uno de sus domadores. Me resisto a relatar su truculenta muerte.

Y como lo fue la de Black Diamond, también explotado en un circo y, como las anteriores, condenado a muerte por mostrar su lado salvaje y vengarse de algunos humanos. La ley del talión.

…………………………..

De todas las vidas de todos los elefantes, las más conocidas son las de los de circo. Pero son, también, las más tristes. Pocos elefantes libres fueron individualmente conocidos o, mejor dicho, tuvieron el deshonor de recibir nombres dados por los hombres. Excepto el grandioso Ahmed.

Y de todas estas historias de todas aquellas vidas, me quedo con la de Salomón, que vivió su etapa del viaje como un rey a pesar de ser cautivo. Se le quiso, se le admiró; y se le dejó morir cuando él quiso morir.

Como sublime colofón de las imágenes que incluyo en este artículo, os dejo una preciosa imagen de elefantes, más bien de Olifantes, cuyo nombre original era Mumakil. Fueron los Olifantes, originales de las tierras australes de Harad, los que utilizaron los Haradrim en la batalla de la Tierra Media contra Saurón, el Señor Oscuro, el más poderosos de los servidores de Morgoth.

¿Qué otra canción podría incorporar a esta entrada que no fuera The Elephant Song? Es muy posible, es casi seguro, que no la conozcáis. Escuchadla. La canta Kamhal, cuya voz recuerda a la de Eddie Arnold.

 

Decidme, preguntó el elefante

Decidme hermanos, si podéis

Por qué estando el mundo lleno de criaturas

Tenemos que vivir temiendo al hombre

Decidme, preguntó el elefante

Por qué ha de ser así.

Tenemos que escapar de hombres y cazadores

Nunca a salvo, nunca libres.

 


The elephant song

Tell me said the elephant
Tell me brothers if you can
Why all the world is full of creatures
Yet we grow in fear of man
Tell me said the elephant
tell me why this has to be
we have to run from man and hunter
never safe and never free

refrain:

-people kill without regret
although they fly by jumbo-jet
let the word all may remember
let the children not forget.

Gentle is the elephant
Pulling loads and everything
we love to hear the children laughing
when we,re in the circus-ring
Happy was the elephant
Happy was his jungle life
and then they came, the cruel hunters
with their rifle and their knives

refrain:…

Listen, please listen, said the elephant
if we want the world we know, to stay alife
Then man and beast, we must work together
And together we will survive

Listen said the elephant
It is conservation time
So take the warning when we trumpet
For the future of mankind

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  1. Lolita
    18 abril, 2012 en 1:08 AM

    Hola Jaime,

    ¡Llevo todo el día queriendo escribir, pero el trabajo manda!

    Respecto a la polémica escapada del Rey y los “brotes” de sentimiento republicano, he escuchado cosas como que un Rey no puede tener vida privada.Y ahora, hago la siguiente pregunta:¿Un presidente de república puede tener vida privada?

    Otra más: ¿Una república con su correspondiente presidente nos garantizaría ejemplaridad?No sé si recuerdan ustedes a Jacques Chirac y los últimos acontecimientos.

    ¿Por qué se relaciona en España este concepto con la izquierda en el 2012?¿Nos ha ido mal con nuestro Rey en todo este tiempo de tranquilidad?¿Son iguales las circunstancias de los españoles en la actualidad que en la época de la Segunda República?¿Tiene una república un menor coste que una monarquía?Después de las últimas hornadas de políticos corruptos: ¿Una república sería garantía de estabilidad?

    ¿Acaso es necesario este debate mientras que doña Cristina -la de Argentina- nos expropia?¿Por qué los españoles a veces somos tan insensatos parándonos en nimiedades que solo hacen enfrentarnos entre nosotros por asuntos poco trascendentes mientras alguien de fuera aprovecha para quitarnos “la merienda” de la forma más rastrera y aprovechando horas bajas en las que, según políticos y tertulianos, estamos al borde del abismo?

    Si, señores; el Rey se fue a una cacería invitado por amigos, y no es mi intención justificarle ni dejarle de justificar, juzgarle ni dejarle de juzgar, pero sí es mi intención avisarles de que “se nos va el vino en catas”. Parece que no hemos evolucionado en “actitud social” desde el Desastre del 98, solo hay que leer los mensajes sensacionalistas por un lado o a modo de broma en twitter por otro cuando “el asunto” no está para bromas.

    ¿Iremos todos los españoles “a una” (no como Tomás Gómez) algún día como los habitantes de EEUU?Como decía un tuitero amigo: “¿Tendremos conciencia de pueblo algún día?”. Seguro que doña Cristina de Argentina no tiene valor a hacerle más de una fechoría similar a Obama.

    Gracias a Dios, parece que Europa nos dará cobijo en este asunto.

    Sé que este comentario me va a costar un par de tortas literarias, pero es mi opinión y todos tenemos una.

    Un abrazo.

    PD: No seais malos conmigo, please.

    • 20 abril, 2012 en 10:45 PM

      Hola Lolita
      Perdona la tardanza en contestar. Como me meto en el blog cada varios días, aprovecho para contestar cuando cuelgo nueva entrada.
      ¡¡Se te ve realmente enfadada!!La culpa la tiene twitter. Es broma y no es broma. En un asunto como este, y con las sensibilidades y odios que hay por aquí, la inmediatez de la comunicación en twitter y la enorme cantidad de participantes en un debate así, y todos a la vez, enardece a los opinantes y radicaliza sus posiciones.
      Si no hubiera twitter, los enfados serían menores (o menos conocidos) y las posiciones menos radicales.
      En cuanto al fondo del asunto: ¿monarquía o república? Yo no soy monárquico en el sentido de que considere la monarquía mejor sistema que la república. Y no soy republicano en el sentido de que considere república mejor que monarquía. En una palabra: no soy visceral. Para los paises tradicionalmente republicanos, su sistema es adecuado: no se plantean otro. Para un pais monárquico como el nuestro ¿qué ventajas aportaría cambiar a república? Ninguna o muy pocas. Se habla de coste; no creo que haya diferencia. Se habla de democracia, que sea elegido y no por sangre; ¿qué más da, si el sistema democrático está amparado por una constitución que garantiza la división de poderes y limita el poder del jefe del estado a un “el rey reina pero no gobierna”?
      En fin, yo no veo ventajas a una república. Y si le veo, hoy, una desventaja. Un presidente elegido es, por naturaleza, perteneneciente a un partido; tiene una ideología que, seguramente, no garantizaría la neutralidad.
      Y dicho todo lo anterior, la aventura del Rey me ha parecido un tremendo ejercicio de irresponsabilidad. Por la manera en que ha ocurrido (nadie parecía saberlo) y por el momento en que ha ocurrido (en la semana más crítica para España en muchos meses).
      Un beso.

      • Lolita
        21 abril, 2012 en 11:25 AM

        ¡Hola Jaime!

        No estoy enfadada, solo me asombra la postura cerrada de algunos para defender algo sin reflexionar acerca del contexto actual de España.

        Por las preguntas que hice, ya puedes ver que no soy partidaria de una república. Creo que ni es el momento, ni en España estamos preparados socialmente. Arrastramos demasiados lastres ideológicos del pasado que no favorecen esta opción y el modus operandi de algunos políticos en los últimos años, tampoco anima a “una nueva aventura”.

        ¿Por qué cambiar algo que ha dado estabilidad a España durante un largo periodo de tiempo?

        Incluso voy a arriesgarme a decir que apuesto por don Felipe, preparado desde la infancia -la cual tal vez ni tuvo- y de caracter moderado y prudente.

        “En tiempo de tribulación, no conviene hacer mudanza” (S. Ignacio de Loyola), ni planteársela. Lo que conviene es centrar esfuerzos para salir de esta crisis.

        Besos.

      • 21 abril, 2012 en 10:09 PM

        Ya se que no estás enfadada Lolita. Era solo vehemencia.
        Yo tampoco soy partidario de la república. Como dicen los anglosajones, if it works, why fix it? Si funciona, ¿para qué cambiarlo? Un Presidente republicano añadiría dificultad a las dificultades.
        Y, como tu (y contra muchos monárquicos o juancarlistas) creo que el momento del relevo ha llegado. Felipe (VI) tiene buena preparación y ya va siendo mayorcito.
        Besos

  1. 20 abril, 2012 en 10:30 PM

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