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LA GUERRA DE LOS CIEN DÍAS (Guerra o Paz)

Al final de mi última entrada (La Guerra de los Cien Días: Waterloo o Jericó) aludí, a modo de símil, a estas batallas. Y sugería que Rajoy debería ser más Josué que Bonaparte. Sobre todo, porque Napoleón perdió y Josué ganó. Bien es cierto que este último, tras hacer caer las murallas de Jericó con el sonar de las trompetas, masacró a golpe de espada a la población sin diferenciar viejos de niños, hombres de mujeres, civiles de soldados, hombres de animales: “Destruyeron a filo de espada todo lo que había en la ciudad: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos” (Josué 6:21).

Por eso, abatidas las murallas del poder socialista a golpe de urna, el Presidente Rajoy debe dejar las espadas y buscar el acuerdo, no la confrontación.

Tal como están hoy las cosas, con déficit y paro desbocados, la economía en recesión, la deuda creciendo y los mercados haciendo sangre, los recortes de los Presupuestos Generales del Estado –ya lo dije- son necesarios. Estando donde estamos, en una Europa débil en su gobierno interior pero con una Alemania fuerte y prepotente que tira de la economía y manda en ella, no nos queda otra. El camino alternativo del relajamiento de la consolidación fiscal para facilitar el crecimiento ya no es una opción; España no puede salirse de la senda marcada por Bruselas. Es así de sencillo; así de trágico.

Pero dicho lo dicho, hay recortes en los PGE que no se entienden; unos, por defecto, otros por exceso. No tiene sentido que, frente a una reducción del gasto ministerial de 17%, el gasto de la Casa Real se mantenga con un mínimo “tijeretazo” del 2%, sobre todo ahora que SM ha dejado las regatas. Y que la inversión en I+D+I caiga en un tremendo 30%. No es solo cuestión de imagen. No tiene justificación de ningún tipo.

 

Al margen de mis acuerdos y desacuerdos con lo hecho, detallados parcialmente en mi anterior entrada, queda mucha tarea pendiente. Muy especialmente en todo lo que afecta a la regeneración política y el restablecimiento de la confianza en las instituciones democráticas.

– Porque nada se ha hablado, aún, de modificar los sistemas de elección o renovación del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial.

– Nada se ha dicho, aún, sobre la inhabilitación a los imputados por corrupción para que no puedan ser elegibles en urnas o designados para otros cargos políticos.

– Nada se sabe, todavía, sobre la dinamiización de la acción de la Justicia contra servidores públicos corruptos para llegar, más pronto que tarde, hasta el final: su encarcelamiento y la devolución de lo robado.

– Nada sobre la ampliación del periodo de prescripción para delitos fiscales, que en muchos casos derivan directamente de la corrupción política.

– Nada sobre la incompatibilidad de parlamentarios y altos cargos (y, en ciertos casos, familiares) para ejercer, tras su mandato, ciertos cargos en empresas privadas cuya actividad depende en gran medida de la Administración.

– Nada sobre incompatibilidad en la percepción de pensiones y el desarrollo de actividad personal o profesional para determinados ex cargos. Como la que tienen el resto de los mortales.

– Nada sobre el cierre o reprivatización de la mayoría de cadenas de TV autonómicas o locales cuya única utilidad es servir de escaparate a la administración que las sostiene y que suponen oscuros pozos de dinero, de amiguismo y de venganza.

– Nada oímos sobre la “recentralización”, de competencias eliminando superposición de instancias administrativas atomizadas a través de tantos niveles: central, comunidades, diputaciones, municipios.

– Y, last but not least, nada sobre la eliminación de delegaciones en el exterior de ciertas comunidades autónomas.

Yo entiendo que sea la economía lo prioritario porque estamos hoy más que nunca, más que en aquel mayo 10, al borde del abismo. Pero todos estos asuntos no son baladíes; son extraordinariamente importantes porque, mientras no se corrijan, seguirán siendo fuente y causa de corrupción. Nuestra política, nuestros políticos, necesitan por encima de todo recuperar la confianza de los ciudadanos. Porque si no, nadie creerá que cualquiera de las decisiones que toman sea de buena fe. Es la eterna contradicción entre lo urgente y lo importante: abordemos lo urgente y se olvidarán de lo importante.

El Estado del Bienestar es la gran bestia negra a la que nadie se atreve, de frente y por derecho, enfrentar. Y hay que hacerlo porque necesita una fina labor de tijera. Y que no se me entienda mal. No hablo de recorte de prestaciones. No hablo de cierres de centros de salud, de escuelas, de quirófanos, de salas de urgencia. Ni de reducción de prestaciones de desempleo o de pensiones. Hablo de mejoras en la gestión, de sistemas de copago discriminatorio, de congelación (¿por qué no, si los sueldos de funcionarios se han congelado?) de las pensiones más elevadas.

Hablo de coger el toro por los cuernos sin complejos de falsas ideologías y de torpes pragmatismos. Hablo de tomar decisiones y ser capaz de explicarlas sin que la mitad de la población se considere atacada directamente por el gobierno que no han votado y la otra mitad traicionada por el gobierno que han votado.

Hablo de Sentido Común, con mayúsculas.

Y si hay que incrementar impuestos, que se haga. Sin complejos y sin servidumbres. Como ya se hizo el 30 de diciembre. Necesitamos más ingresos fiscales porque los recortes no son suficientes. Pero que se exija más a quien más capacidad tiene de asumirlo sin que el consumo se vea afectado. Que no me digan que no se puede subir el IVA para determinados productos o servicios cuya demanda no se ha visto afectada por la crisis. Es un dato, no una suposición, que las empresas vinculadas al “lujo” han incrementado ingresos en estos años de crisis. No es disparatado crear un tercer tramo de IVA, parecido al antiguo Impuesto del Lujo.

Que no me digan que no se puede establecer un impuesto extraordinario, bien planteado (no como el inútil Impuesto de Patrimonio), para las grandes fortunas, que afecte a las “súper rentas” no invertidas, a los elevados patrimonios ociosos o a las inconcebibles indemnizaciones millonarias de las que cada día nos asombramos leyendo la prensa.

Y, por Dios, de una vez por todas, un plan serio y no solo de imagen, para combatir el fraude fiscal serio y no solo la pequeña economía sumergida. Con voluntad de eliminarlo y no solo para quedar bien ante la opinión pública. Contra el fraude tributario y la deslocalización de rentas a paraísos fiscales que permite evadir miles de millones.

No podemos admitir que este gobierno, como el anterior lo fue, sea fuerte con los défiles y débil frente a los fuerte.

Y si se hace así, resultará muy sencillo de explicar a la opinión pública. A Mariano Rajoy, que permanece medio escondido, le resultará sencillo hablar alto y claro de lo que ha hecho y de por qué lo ha hecho. Y muchos de los que hoy, manipulados por el partido en el que creen, reniegan de sus decisiones, comenzarán a renegar de quienes las critiquen. Porque sabrán que estas decisiones son las correctas, las que reparten equitativamente los esfuerzos y las que pueden ayudar al país a salir de la ruina económica y moral en la que está sucumbiendo.

Y si así se hace, Mariano Rajoy podrá extender la mano con dignidad hacia Alfredo Pérez Rubalcaba y este podrá estrecharla con lealtad. Porque dignidad y lealtad, liderazgo en una palabra, es lo que más falta nos hace hoy.

Guerra o Paz. Ustedes tienen la palabra. Si hay guerra, alguno de ustedes ganará y todos nosotros la perderemos. Pero no olviden –y repito la cita de ayer– lo que dijo Wellington tras su victoria en Waterloo: “Excepto una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada.”

Prefiero la Paz. Es hora de un Pacto por la Lealtad, por la lealtad de los políticos hacia su pueblo.

Malditos sean ante la historia si no llegan a la paz.

Música de Paz hay mucha. Quizá la más universal sea la de John Lennon, Give Peace a Chance. Hoy voy a dejaros una menos conocida: Last Night I had the Strangest Dream (Anoche tuve el sueño más extraño). Muchos de los míos la cantan: Johnny Cash, el del alma cálida y la voz rota; Simon & Garfunkel; Pete Seeger,…incluso John Denver. Para hoy, me gusta la versión de Serena Ryder. Con ella os dejo.

 

Last night I had the strangest dream
I’d ever dreamed before
I dreamed the world had all agreed
To put an end to war

I dreamed I saw a mighty room
Filled with women and men
And the paper they were signing said
They’d never fight again

And when the paper was all signed
And a million copies made
They all joined hands and bowed their heads
And grateful pray’rs were prayed

And the people in the streets below
Were dancing ‘round and ‘round
While swords and guns and uniforms
Were scattered on the ground

Last night I had the strangest dream
I’d never dreamed before
I dreamed the world had all agreed
To put an end to war.

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  1. Redmond G
    12 abril, 2012 en 1:02 PM

    Esta claro que los derechos de conquista empiezan por lo que, entérminos militares, se llama la “explotación del éxito” y parece que el sr. Raxoy ( y sus huestes) tienen muy claro como se debe explotar el éxito, casándolo, encubriéndolo, con las medidas necesarias ante la crisis. Ya nos han advertido desde EEUU y desde el FMI que las medidas que ya hay que tomar, tanto en la UE como en España son las de comienzo del crecimiento, no solo recortes. Se desoye ésto y seguiremos hundidos en la miseria. Esto es la ramera de Josué, que la dejó vivir con su padre, despues de la toma de Jericó. Claro que Josué no es Raxoy, y…Dios tiene que estar en todas, no solo con el PP

    • 13 abril, 2012 en 10:28 PM

      Tienes razón Redmon; no se puede extrangular el crecimiento solo con recortes. Pero si no se hacen -o se hacen poco- y se inyecta dinero, que no tenemos, en la economía, ese dinero será cada vez más caro, habrá que dedicar más presupuesto al servicio de deuda y no habremos ganado nada.
      Yo sería partidario de relajar los tiempos y atrasar el escenario de consolidación dos o tres años. Pero eso hoy no lo puede (no nos dejan) hacer un país aislado -y menos nosotros- dentro del euro.
      A mi me da la sensación de que la hipercatividad de Rajoy con las reformas que están anunciando, aunque están metiendo la pata en muchs cosas, dará resultado (algo de resultado). Esperemos que sea antes de la debacle.
      Abrazos

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