COPAGO (un debate electoral)

Los periodos electorales  tienen la virtud de exacerbar las pasiones y reducir, en parecida intensidad, la capacidad intelectual de los debatientes y de sus partidarios. Una vez elegido un tema, le dan vueltas y revueltas; lo estiran y lo encogen; lo manosean con torpeza, lo amasan con el rodillo de las palabras , lo envuelven con falsos argumentos “ideológicos” y, finalmente, se lo arrojan unos a otros como si fueran piedras.

Uno de los asuntos de mayor enjundia electoral en estos días es el “copago”. No hay definición de tal palabra ni en el DRAE, ni en el Diccionario Panhispánico de Dudas ni en el Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Pero todo el mundo sabe lo que es. Algunos, los que dicen estar en contra de su establecimiento, prefieren llamarlo “repago”, porque supone pagar de nuevo por servicios que ya hemos financiado con cotizaciones obligatorias. Utilizan el término con intención más peyorativa que descriptiva para hacerlo aparecer más antipático aún. No les falta razón; porque lo cierto es que continuamente estamos “repagando”, más que “copagando”, agujeros provocados por la corrupción, el despilfarro o la simple mala práctica de gestores y gobernantes.

Los de derechas, es decir el PP, alegan que el copago “no está sobre la mesa”, pero también dicen que la sanidad pública, tal como está hoy organizada, es insostenible, que necesita financiación adicional. Traduzco: “El copago es necesario, aunque no lo vamos a implantar…hasta después de marzo”. Los de la izquierda reniegan de él, pero quieren que el PP lo proponga, a ser posible antes de las elecciones. Traduzco: “El copago es necesario pero nosotros no nos hemos atrevido. Que lo aprueben ellos…pero antes de las elecciones, por Dios”.

Es decir, que todos, en el gobierno y en la oposición, parecen rechazar el copago; y todos saben que llegará. Los que gobiernan quieren implantarlo para sanear las arcas, pero dicen que no lo van a hacer. Los de la oposición dicen que no lo quieren, pero están deseando que los otros lo implanten; tan solo por razones electorales.

Estas son las razones, profundamente ideológicas, que se esconden detrás del copago.

 

¿Qué pienso yo del asunto? Cuando de política económica o social se trata, yo soy de derechas, a veces; y de izquierdas también, a veces. No lo digo porque sea un veleta o no tenga convicciones políticas, sino porque trato de huir del dogmatismo. El mundo en el que estamos y la situación que vivimos no están para recetas tradicionales ni para “paquetes ideológicos” estandarizados. Si a mí me dicen que van a implantar un sistema por el cual todos van a tener que pagar un importe determinado por pasar una consulta de la seguridad social, por una receta médica, por comprar un medicamento, por recibir tratamiento o por pasar por el quirófano, mi postura será de rechazo absoluto. Si me plantean, por el contrario, que solo los “ricos ricos” deberían pagar por utilizar la seguridad social o que utilicen solo la privada, contarán también con mi rechazo. Y si la alternativa fuera, finalmente, dejar las cosas como están ahora, también me opondría frontalmente.

Pero si alguien me propone establecer un sistema por el cual el importe a pagar por los servicios de la sanidad pública sea proporcional a la capacidad adquisitiva del paciente, mi posición cambia totalmente. De un rechazo absoluto, tenderá a un “no me parece mal; veamos los detalles”. ¿O no es de “izquierdas” pretender que quienes más tienen más contribuyan al sostenimiento del estado del bienestar?

Más aún, estoy convencido de que esta posición, que me parece de sentido común, sería aceptada por casi todos los que tienen capacidad o libertad de opinar abstrayéndose de colores políticos o de oportunismos electorales. Lo que no comprendo es por qué no se pone sobre la mesa con claridad. Digo que no lo comprendo, pero sí que lo entiendo: demagogia y maniqueísmo. Miseria política.

 ¿Cuáles han sido las decisiones o las posiciones políticas hasta ahora? Veamos algunos ejemplos:

–         La Generalitat de Cataluña ha aprobado un “copago farmacéutico” de 1 euro por receta emitida, a partir de junio. Ingresará unos 180 millones de euros al año. El PP se ha abstenido; es decir, no está en contra de la medida.

–         El Presidente de la Xunta de Galicia, Núñez Feijóo, propone una fórmula distinta: que los medicamentos recetados por la seguridad social estén más o menos subvencionados según la renta (concepto lamentablemente diferente de la “capacidad adquisitiva”) del paciente. Rechaza el copago por otros conceptos tales como consultas, pruebas diagnósticas o intervenciones quirúrgicas.

–         Ana mato, ministra de sanidad, rechaza (dice que rechaza) la idea. Critica la propuesta de Feijóo, pero no critica, en cambio, la abstención de su partido en la propuesta de CiU.

–         Javier Arenas, a las puertas de su tan ansiada presidencia de la Junta de Andalucía, dice en cambio que “no le gusta nada lo de Mas” (cobrar por receta) ¿Qué otra cosa decir, a un paso del poder?

 Y ¿qué dicen los que más mandan?

–         Rajoy: “Este asunto no está sobre la mesa; no ha sido debatido en el consejo de ministros ni en la comisión delegada para asuntos económicos. Personalmente, no soy partidario del copago en sanidad”. No hace falta ser tan astuto o tan gallego como él para interpretar términos como “no ha sido debatido”  (deja abierta la posibilidad –seguridad, diría yo– de que lo sea más pronto que tarde) o como “personalmente” (porque una cosa es su opinión actual y otra la de su gobierno en su momento).

–         Rubalcaba: “Mariano Rajoy impondrá el copago sanitario después de las andaluzas”. “El copago es injusto e ineficaz; supone un impuesto para los enfermos”.  No hace falta ser tan maquiavelo como él para saber que su previsión se cumplirá,  aunque su crítica es falaz.

Este es el escenario. El de los intereses creados, el de la falsa ideología, la demagogia, el maniqueísmo. Ninguno habla con nobleza; todos con interés.

El copago se implantará, no me cabe duda. Pero las medidas que se adopten no deberían ser solo recaudatorias. Habrían de tender a la equidad y a la solidaridad. A mí me parece razonable que se establezcan precios de medicamentos crecientes en función de la capacidad adquisitiva. ¿Es justo, cuando los recursos públicos son escasos, que un jubilado con alta capacidad adquisitiva y nadie a su cargo tenga gratis los medicamentos, y un trabajador con bajo sueldo –o en paro- y familia a su cargo haya de pagar por ellos? Creo que no. Es un ejemplo real, no demagógico. Tan real como que dentro de unos meses yo seré uno de esos “injustamente” beneficiados. Y si con el precio de los medicamentos no es suficiente, que se continue por las consultas, las urgencias o las intervenciones, pero respetando el mismo principio de solidaridad.

¿Que es difícil de gestionar? Pues que se pongan los medios. Bastante controlados estamos para que con un click de ratón se sepa si uno ha de pagar o no. ¿Que “se escapan” los de la economía sumergida? Pues que se escapen; y que se les persiga por otros medios.

Seamos serios. Tenemos uno de los mejores sistemas de salud pública del mundo que hoy está en apuros. Tratemos de evitar el peligro de su deterioro, sin ideologías ni demagogias. Solo se necesita sentido común para analizar el problema, mayor coordinación de los sistemas informáticos autonómicos, algo de imaginación y capacidad para generar sinergias y eliminar ineficiencias y, finalmente, firmeza para, sin complejos, establecer un sistema de financiación razonable.

Todos los argumentos de la izquierda para oponerse al copago serán fácilmente rebatibles si el sistema que se implanta es justo, equitativo y solidario. Todos los complejos de la derecha para implantar el copago serán vencibles si, reuniendo la propuesta las cualidades mencionadas, se pacta con la izquierda.

 Si la mayoría de los países de nuestro entorno tienen sistemas públicos de sanidad eficaces y casi todos han establecido un copago. ¿Por qué hemos de ser diferentes? Será, quizá, porque en nuestra clase política sobra demagogia y falta nobleza. Los políticos actúan más como trileros que como servidores públicos. Es como si los médicos, la otra parte en este escenario de intereses creados, que nada tiene que ver en este falso debate, dejaran de actuar como tales o su papel fuera asumido por farsantes.

 Es complicado traer música a esta entrada. Pero pensando, pensando, y ya que he hablado de médicos farsantes, se me ocurre llamar a Despina, la doncella de la divertida ópera de Mozart, “Così Fan Tutte”, toda ella farsa y engaño. Despina, que es doncella, se disfraza de médico para curar a unos falsos albaneses de una fingida enfermedad. Todo es engaño, como en este debate sobre el copago que pretende ser  serio y es, todo él, falsedad y fingimiento.

DESPINA; LA DONCELLA, EL MEDICO

 Esta entrada no da para más, lo siento. Estudios, encuestas, estadísticas y declaraciones sobran en los medios y en la red. Lo único que he pretendido es dar mi opinión.

 Os dejo con el falso doctor Eccovi que, en realidad, es la doncella Despina: “Eccovi il medico, signora belle”

 

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  1. Redmond
    21 marzo, 2012 en 9:04 AM

    Estoy de acuerdo contigo en casi todo. De cualquier forma creo que para hacer una reforma del sistema de financiación de la sanidad pública deberia implantarse con caracter previo una profunda reforma de la prestación farmaceutica. ¿Cuando se van a dar los medicamentos con la dosis justa que necesita el paciente? Si se hiciera como en EEUU que la provisión de medicinas se hace con la dosis prescrita y con el nombre del enfermo en el frasco o tubo, se ahorraría una muy importante cantidad de euros. Ahora, ademas de prescribir por encima de las dosis, los sobrantes de medicinas se tiran a la basura, dejándolos previamente caducar.¿Porqué no se hace? Supongo que la presión de la industria química es insoportable para nuestros políticos, es mas fácil sacar los cuartos a los pensionistas…

    • 24 marzo, 2012 en 5:02 PM

      Hola Redmon.
      Temo esa expresión, “en casi todo”. La última vez que alguien me la dijo, refiriéndose a algo que dije o que escribí, supuso una enmienda a la totalidad y el inicio de un debate sobre “casi todo”.
      Pero veo que este no es el caso.
      Tienes razón, aunque el medicamento es sólo una parte del coste de la sanidad. Pero me da la sensación de que ya se está empezando a poner coto a las grandes. Las dosis medidas y los genéricos ya están en marcha, aunque suceden cosas muy curiosas. Mi caso.
      Yo soy “enfermo crónico”; pero no te asustes, no es grave; ni siquiera molesto. Tengo que tomar, hasta que me muera, unos determinados medicamentos. Desde hace mucho tiempo se habla de la receta electrónica, que supongo te permite ir a la farmacia sin necesidad de pasar antes por consulta y adquirir las medicinas. El control será, supongo, informático. Parece una cosa sencilla, pero no se por qué no se hace ya. El caso es que cada tres meses tengo que ir a consulta, consumir mi tiempo, el del médico, el de los auxiliares y el de la inspección médica que tiene que aprobar una de las recetas. Esa es una parte del coste inasumible de la salud pública.
      En cuanto a los genéricos, la última vez me los recetaron. Me resultó curioso ver que el precio del genérico era el mismo que el del medicamento de marca. Supongo que los laboratorios de genéricos subieron precios en cuanto se aprobó la norma.
      El que no corre vuela.
      Un abrazo

  2. Sarah Guadiana
    21 marzo, 2012 en 9:57 PM

    Jaime,
    En general estoy de acuerdo con casi todo lo que dices en esta entrada.

    De entrada soy de las que dicen repago porque eso es lo que realmente es, un repago y no un copago y lo que más me molesta es que la implantación de este repago sea producto de esa mala gestión a la que también haces referencia. Una mala gestión que había cuando había dinero o “licencia para gastar” y que sigue produciéndose cuando hay menos dinero. Se intenta ahorrar más o despilfarrar menos en algunas cosas pero creo que sigue habiendo una mala gestión. En mi ciudad (no sé si ya se aplica en toda la comunidad autónoma) hace ya unos meses hicieron recortes en alguna que otra prestación sanitaria, lo eliminaron con nocturnidad y alevosía y así de un plumazo logran suavizar dos problemas, demoras plazos de consultas y ( se supone) ahorro de dinero.

    La verdad es que para hacer recortes en gastos no hay que tener un master en economía, en ese caso habría millones de ciudadanos con el título correspondiente, porque llevan toda su vida o parte de ella, recortando de donde en teoría ya no se puede recortar más, lo que hace falta es generar ingresos, eso lo tengo claro, pero tampoco recurriendo a lo más fácil, que eso también lo hace cualquiera.

    Estoy de acuerdo en que aunque en este momento “no está sobre la mesa” (es cierto, lo tienen escondido debajo de la mesa) muy pronto sí que va a estar y ya bien cocinado y emplatado. Coincido contigo en que solo será aceptable si es justo y solidario y tenemos que pensar que efectivamente deben pagar más los que tengan mayor capacidad adquisitiva, pero a mi lo que me preocupa es que en este caso, en las prestaciones sanitarias, el que más va a pagar no es el que más tiene, aquí el que más va a pagar va a ser el que más prestaciones necesita, es decir, los ancianos (pensionistas) y los enfermos crónicos y por lo que yo veo cada día te puedo asegurar que no son mayoría esos que más tienen.

    Naturalmente habrá que esperar a ver como viene cocinada y emplatada la medida……

    También estoy de acuerdo en que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo y que hay que protegerlo, no lo dudes.

    Besos

    Guadiana

    PD: También estoy de acuerdo con Redmond, ir a una especie de sistema unidosis en las prescipciones de fármacos sería un ahorro considerable.

    • 24 marzo, 2012 en 5:11 PM

      Hola Guadiana.
      Otra con la fórmula del “casi todo”. Pero ya le he perdido el miedo.
      Desde fuera se vé relativamente sencillo el problema; es decir, algunas de las soluciones al problema. Lo de las monodosis de que habla Redmond, la receta elctrónica, establecimiento de un “repago” con sentido, los genéricos, la mejor organización de las urgencias,…Con tapar una docena de agujeros del colador se resuelve la mitad del problema. Lo que yo creo que sucede es que falta sentido común y sobra trasnochada ideología y debilidad ante los fuertes (laboratorios y otros grupos de presión). Por eso, sin analizar demasiado el problema y con las urgencias de recortar, toman medidas con nocturnidad, que son poco eficaces y levantan ampollas.
      Un abrazo

  3. andreas guadalupe
    28 marzo, 2012 en 1:31 AM

    Hola Jaime, a mí me gusta la entrada en su totalidad y también comparto lo de plantarle un poco de cara a laboratorios y otros grupos de presión. Pero añadiría algo más al copago y es una campaña de educación civico-sanitaria o como se llame que tuviera slogans tipo “Como lo pago lo cuido”, “Evitaré colapsar las urgencias con males menores que pueden esperar al día siguiente”, “Antes de ir al centro de salud pensaré si realmente es tan necesario” ……… En fin, que me pone enferma esta mentalidad tan chabacana de como lo pago lo esquilmo. Como creo firmemente que tenemos un modelo sanitario único en el mundo y puesto que yo también contribuyo a que exista, me niego a que todo el mundo ponga el grito en el cielo por el copago o el repago y no pensemos en los millones de euros que despilfarramos los usuarios del sistema por falta de autocrítica. Quiero seguir teniendo la asistencia sanitaria que tengo y por eso quiero protegerla de estafadores de cualquier ámbito aunque sean jubilados que tienen la mesilla de noche colapsada de medicación que no piensan tomar y que han mareado al médico con tonterías que se solucionarían con una buena infusión de tila. Menciono a los jubilados porque siempre se les pone como ejemplos de victimas del copago pero lo aplico a todos los que con tanta ligereza abusamos de un modelo sanitario que requiere una revisión detallada y profunda para que pueda subsistir. El domingo por la noche desde mi casa presencié una escena que confirmó mi idea de que el copago no solo es necesario, sino fundamental para poner coto a los vampiros del sistema. Además del copago añadiría un plus elevadísimo para los “jetas”(perdón por la expresión) que llaman a la ambulancia sin necesidad, privando de recursos a infartados, accidentados y demás que la necesitan con urgencia. Es obvio que funcionamos mejor cuando nos tocan el bolsillo que por un sentido de la responsabilidad, no tenemos más que pensar en lo rápido que levantamos el pié del acelerador cuando intuimos el radar. Un beso.

    • 31 marzo, 2012 en 9:52 PM

      Hola Guadalupe
      ¡Muchas gracias!
      No estoy muy seguro de qque las campañas públicas, sean incentivadoras (“Hacienda somos todos”) o disuasorias (Como la que creo que ha emprendido Madrid de emitir facturas “pro forma” con el coste de algunas actuaciones médicas de la SS), sean eficaces. Sí estoy seguro de que cuestan dinero.
      Todo lo que dices tiene sentido. Como casi todas las opiniones que aplican el sentido común. Y el sentido común invita a pensar que un copago “solidario” o desincentivador para determinadas costumbres es necesario, pero también que nada se puede establecer con carácter general: que tods paguen.
      En algunas actuaciones públicas, como recates en el mar, asistencia de los bomberos a llamada de particulares y algunas otras, son “refacturadas” a quienes las motivan si se prueba que ha habido una desproporción entre el riesgo real y el socorro solicitado. Como tu ejemplo de la ambulancia.
      El problema es definir los conceptos: riesgo real.
      Lo ideal es que todos tuviéramos ese sentido de la resonsabilidad al que te refieres.
      Un abrazo

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