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INFANTICIDIOS (y la locura científica)

Herodes entonces, cuando se vio burlado por los sabios, se enojó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los sabios. (Mateo 2.16)

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La historia está plagada de infanticidios. La cita de San Mateo que encabeza este artículo cuenta el que quizá fue el más aterrador. El Rey Herodes, advertido por los Magos de que iba a nacer un nuevo Rey de los Judíos y temeroso de perder su trono, mandó degollar a todos los niños de Belén menores de dos años. Así lo cuenta la Biblia y así han de creerlo las gentes cristianas.

LA MUERTE DE LOS INOCENTES. CARL HEINRICH BLOCH

Hace una semana cumplía el centenario de la detención de Enriqueta Martín Ripollés. El 27 de febrero de 1912, alertada por una vecina, la policía entra en el domicilio de Enriqueta, misteriosa mujer de doble vida y tortuosa personalidad. Enriqueta practicaba la mendicidad por las mañanas para robar niños que se despistaban del cuidado de sus padres. Algunas noches era invitada a fiestas de la alta burguesía y de la clase política catalana. En estas fiestas captaba los clientes para su prostíbulo infantil, nutrido con los niños secuestrados.

Este es un extracto del pavoroso relato de su detención:

 “A través del largo y oscuro pasillo había varias habitaciones, las cuales estaban decoradas suntuosamente con caros muebles, al más puro estilo de cualquier casa de citas de la época. Pero lo más escalofriante fue hallar los huesos semicalcinados de más de 10 pequeños, de los que se había extraído el tuétano.
Enriqueta Martí se disfrazaba por las mañanas de mendiga y recorría las calles y mercados de la ciudad. Cuando veía a un niño alejado de sus padres lo cogía y se lo llevaba hacia su piso. Allí los ponía al servicio de clientes de gran poder adquisitivo, que abusaban de ellos, para asesinarlos a continuación y extraerles algunos órganos, la sangre, el tuétano y elaborar pócimas que después vendía a personas enfermas.”

 Enriqueta fue condenada a garrote vil. Pero murió antes de ejecutar sentencia: el 12 de mayo de 1913, a consecuencia de la brutal paliza que le dieron sus compañeras de prisión. Fue una muerte justa.

ENRIQUETA MARTÍ RIPOLLES

El colombiano Luis Alfredo Garavito Cubillos, tuvo una infancia terrible. Durante años recibió maltratos físicos y abusos sexuales que marcaron toda su vida de asesino de niños. Las motivaciones de Garavito no eran como las de Enriqueta. Aquel estaba, simple y llanamente, loco de remate. Aducía que los asesinatos de los niños le eran inducidos por el mismo diablo.

 “Personalmente pienso como decía el apóstol San Pablo en ‘Romanos’, capítulo 7, versículo 15, porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Aparezco como un ser diabólico, despiadado y malvado pero eso no es así, soy un ser humano que sufrí terriblemente y sigo sufriendo…” Así decía Luis Alfredo Garavito en su confesión.

Fue juzgado por 172 asesinatos y condenado por 138. Su sentencia no fue la muerte, sino la reclusión de por vida. Ha tenido varios intentos de suicidio pero ninguno ha prosperado. Seguramente porque no ha puesto suficiente interés. Hoy continúa recluido en la prisión de máxima seguridad de Valledupar, al norte de Colombia.

LUIS ALBERTO GARAVITO

Son estos algunos de los casos más truculentos de matanzas de inocentes. Unas, como la de Herodes, inducidas por el miedo; por el miedo de perder el poder. Otras, como la de Enriqueta, por la codicia económica y social. Y otras finalmente, como la de Garavito, por la locura.

Miedo, poder, codicia, locura. Son algunas de las pasiones venenosas que impulsan y dirigen este extraño mundo. La derrota de los valores tradicionales y de los derechos naturales por un progresismo científico y social mal entendido, es otra. Cada vez más peligrosa, porque la fantasía y el progreso no tienen límites; y la estulticia humana tampoco.

Un artículo publicado en este blog en agosto de 2010 “Soylent Green” (a él también me refería en la última entrada: ¿Mil euros a que el viejo la palma?) motivó un animado debate sobre la eugenesia. Un lector, buen amigo y persona culta de la que siempre se aprende, decía:

 “…Ello abriría un panorama, cuando menos, aterrador: dejar en manos de las mayorías políticas, grupos de expertos, comisiones políticas, sociales o científicas, o “comités éticos”, en definitiva en manos de “grupos de hombres” con la consecuente subjetividad y falibilidad de sus criterios, la definición de quienes, entre sus semejantes, tengan la consideración de seres humanos “defectuosos” o “no deseados” en el proyecto genético del futuro.”

 Aunque yo no trataba la eugenesia en mi artículo, el comentario venía a cuento porque no está demasiado alejada de la eutanasia. Mi respuesta a esa parte del comentario fue:

 “…No he hablado de eugenesia en mi entrada porque bastante atrevimiento hay con meterme en lo que me he metido. Pero, por supuesto, rechazo cualquier corriente que trate de incorporar la eugenesia a este debate (me refería, no al particular entre el lector y yo, sino al debate social sobre eutanasia y muerte digna) si su intención es practicarla como en Esparta, arrojando a los niños débiles (a juicio del Consejo de ancianos) por el barranco del monte Taigeto, e incluso a la manera que describía Aldous Huxley en Un Mundo Feliz (Brave New World), con las cinco castas de Alfa a Epsilon.”

 Es decir que, en lo fundamental, en el rechazo a la eugenesia, estábamos de acuerdo.

CIENTÍFICOS GIUBILINI Y MINERVA

Viene todo esto a cuento de una tremenda noticia publicada hace poco que, sorprendentemente, ha dado lugar a escaso debate. Tanto déficit, tanta política de bajos vuelos y tanto sindicato, apenas dejan hueco en los medios para lo transcendente. La noticia se relacionaba con un artículo publicado en el Journal of Medical Ethics: After-birth abortion: why should the baby live? De Alberto Giubilini y Francesca Minerva (Aborto postparto: ¿Por qué debe el niño vivir?). Solo el título da terror.

Defienden los autores la eticidad de acabar con la vida del recién nacido, en las mismas condiciones que se acabaría con ella si fuese un feto y aún no hubiese nacido.

La línea argumental de los autores es sencilla (copio directamente de la fuente):

 “1. El aborto está ampliamente aceptado incluso por razones que no tienen que ver con la salud del feto
2. El estatus moral de un niño es equivalente al de un feto, es decir, no puede ser considerada una “persona” en un sentido moralmente relevante.
3. El hecho de que ambos sean potencialmente personas es irrelevante para la decisión actual.
4. La adopción no es siempre la mejor solución en la vida real. Por tanto hablemos de “aborto post parto”, y evitemos los términos “infanticidio” o “eutanasia infantil”.

Como referencia, mencionan algunos casos. Cuando una anormalidad no se ha detectado durante el embarazo o se produce durante el parto. Cuando un síndrome de Down no detectado, o la asfixia perinatal, por ejemplo, pueden causar graves daños cerebrales y provocar deficiencia mental grave y / o deficiencias físicas comparables a aquellas para las cuales una mujer puede solicitar un aborto.

Pero aunque, incluso se pudiera admitir que pueden llevar una vida con cierta dignidad, habría que tener en cuenta otras circunstancias. Hay que considerar la posibilidad de que acompañar una vida con esas deficiencias suponga unas dificultades psíquicas, sociales, o económicas que serían muy gravosas para su entorno.

Es decir, todo lo que en “algún sitio” es considerado como razón suficiente para acabar con la vida de un feto, debe ser válido para acabar con la vida de un niño.”

29 SEMANAS

La lectura resulta estremecedora, especialmente los párrafos destacados. No sólo justifican los autores su teoría en los graves trastornos en el niño, sino en las dificultades que para el entorno (sacrificio familiar o, incluso, coste gravoso para la sanidad pública) podría suponer la existencia, incluso con cierta dignidad, de ese niño.

Como sucede en situaciones parecidas, los autores se quejan de que sus palabras y argumentos se han “sacado de su contexto teórico y académico”.

El mayor peligro que veo yo a estas filosofías sociales no es tanto –o no es sólo– su posible aceptación en las condiciones y circunstancias del momento, sino su evolución en el tiempo. Porque lo que ayer nos podía parecer aberrante, hoy lo debatimos con normalidad forzando argumentos a favor, especialmente los de conveniencia social, y minimizando las razones en contra, generalmente las éticas. Y mañana, nos parecerá cosa normal, admitida por la sociedad sin prejuicios, escrúpulos o malas conciencias.

Y lo que es peor, las razones para cometer lo que hoy la mayoría calificaríamos de infanticidio, se irán con el tiempo relajando: se abandonará la sola concurrencia del supuesto concreto y se hablará de plazos (por ejemplo, se podrá acabar con la vida del niño antes de que cumpla un año); se fortalecerán las razones personales (por ejemplo, falta de medios económicos para mantener al niño); se relajarán los motivos objetivos (por ejemplo, una cojera podrá ser razón suficiente).

Soy consciente de que exagero, pero es permisible la hipérbole cuando de detener una aberración se trata.

36 SEMANAS Y POCOS DIAS

Los niños son la parte más débil de la sociedad, pero al tiempo y con el tiempo son su fuerza. La garantía de la continuidad de la especie humana con la dignidad que le fue dada en su creación o se ganó en su evolución.

Acabemos con los Herodes, Enriquetas, Garavitos o científicos iluminados antes de que ellos acaben con la especie humana o con su dignidad.

The death of a baby is like a stone cast into the stillness of a quiet pool;
the concentric ripples of despair sweep out in all directions,
affecting many, many people. (Frain)

(La muerte de un niño es como la caída de una piedra en la quietud de un estanque. Las ondas concéntricas de desesperación se desplazan en todas direcciones afectando a mucha, mucha gente.)
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“Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.” (Marcos 10:13-16)

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Una de las canciones tradicionales que más tristeza me provocaban cuando era chaval, era esta que relataba la muerte de una niña, ahogada en un estanque (como el de la cita de Frain) al caer en él. Su padre contemplaba la escena sin poder salvarla.

 Ruby lips above the water,
Blowing bubbles, soft and fine,
But, alas, I was no swimmer,
So I lost my Clementine.

(Sus labios rubies asomaban,
Exhalando burbujas, suaves y finas,
Pero, por desgracia, yo no sabía nadar.
Así perdí a mi Clementine)

Nosotros sí sabemos nadar. No dejemos que los maten.

Todos conocéis esta canción. Aun así, os la dejo: My Darling Clementine. Canta Freddie Quinn.

 

In a cavern, in a canyon,
Excavating for a mine
Dwelt a miner forty niner,
And his daughter Clementine
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
Thou art lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
Light she was and like a fairy,
And her shoes were number nine,
Herring boxes, without topses,
Sandals were for Clementine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
Thou art lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
Drove she ducklings to the water
Ev’ry morning just at nine,
Hit her foot against a splinter,
Fell into the foaming brine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
Thou art lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
Ruby lips above the water,
Blowing bubbles, soft and fine,
But, alas, I was no swimmer,
So I lost my Clementine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
Thou art lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine
How I missed her! How I missed her,
How I missed my Clementine,
But I kissed her little sister,
I forgot my Clementine.
Oh my darling, oh my darling,
Oh my darling, Clementine!
Thou art lost and gone forever
Dreadful sorry, Clementine

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  1. pepephelipe
    4 marzo, 2012 en 12:08 AM

    Dejo por un rato de leer el libro de Jaime Jr para leer, como siempre, tu ultimo post.
    No tengo hijos y, por eso, no puedo hablar “en primera persona” pero solo a nivel “conceptual”. Lo del infanticidio es algo de historico y muy radicado en muchas culturas: sin hablar de poblaciones lejanas, en las islas Canarias (en Lanzarote en particular) se practicaba el infaticidio en periodos de carestía o de guerras (a veces se mataban los niños y a veces las niñas… ). Pero esto antes de la “conquista” (1402)…
    Ahora, China y Pakistan siguen con esta “practica” terrible.
    Hablar de esto, en el tercero milenio y en sociedades “evolucionadas” me parece algo de monstruoso y de increible: existen ya todos lo sistemas posibles para impedir la procreación y, por eso, me parece absurdo pensar a matar crios y que esta “practica” no sea “eticamente relevante”… Personalmento considero el aborto solo en algunos casos y no como “normal” practica anticoncepción. Pero es mi “etica”…
    No se puede comparar a la eutanasia (pienso que quien ha tenido familiares enfermos “terminales” ha pensado en algun momento a esta solucion…) sino una situacion de “facilitar” una sociedad “feliz” y sin algo que pueda dar “problemas” (las teorias de Malthus sobre el control de los nacimientos y su “desarollo” de la utilidad de las guerras para reducir la poblacion…). Aberrante!
    Pero te puedo decir que, hace algunos años, leí un articulo sobre un periodico medico donde algunos profesores de quejaban del hecho que, despues la adopcion del casco obligatorio para los motociclistas, los donantes de organos disminuyeron en manera preocupante, con una subida de las lesiones cerebrales invalidantes y con consiguiente subida de los gastos publicos para mantener en vida estos enfermos y los en la espera de trasplantes… Es esta la “logica” de la sociedad?

    Quiero tambien recordar otro libro muy significativo, “Logan’s Run” de William F. Nolan, en la pelicula “cult” de 1976, donde se mataban los “viejos” de 30 años en el “Carousel”, con dos resultados: producir energia y reducir los habitantes …

    Gracias por hablar de la cancion … nunca me puse el “problema” de traducir el texto ingles y ahora comprendo la tristez de esta canción…
    Un saludo!
    Pier

    • 4 marzo, 2012 en 8:51 PM

      Hola Pier.
      Muchas gracias por volver a esta casa. A ver si menudeas más las visitas.
      Vas a terminas de “Chicheris” y sus escritos hasta las orejas.
      En las civlizaciones incultas o subdesarrolladas (utilizando conceptos actuales) era más común. Si lees mi entrada sobre el canibalismo (Comeos los unos a los Otros), hasta se los comían. Lo de estos “científicos iluminados” es otra cosa. La referencia histórica más próxima es, quizá, la de Esparta: hacían lo mismo que estos pretenden, aunque de manera un poco más “silvestre”. Los niños que nacían con alguna malformación eran arrojados al barranco del monte Taigeto.
      Yo estoy bastante en tu linea, que es la del Sentido Común. Sin estúpidos progresismos y sin prejuicios puritanos. Excluyendo (y respetando naturalmente) los planteamientos basados en la religión, el aborto y la eutanasia deben ser tenidos en cuenta como recursos extraordinarios cuando la vida que queda por vivir está alejada de la más mínima dignidad.
      No conocía la película Cult. Si tengo ocasión la veré (la visionaré, como dicen ahora en neolengua)
      Ún abrazo Pier

  2. Redmond
    6 marzo, 2012 en 1:56 PM

    Te veo resucitando a Lombrosso.
    El infanticidio, entiendo, no es mas que un homicidio cualificado por la indefensión de la víctima. Pero es muy arriesgado, sino desviado, traer a colación el supuesto de la despenalización del aborto acompañando a la consideración del infanticidio… Y digo “despenalización” a sabiendas que es tendencia habitual el hablar de ello como del “aborto” sin mas, para acarrear conceptos salidos por las creencias y/o confesiones.

    • 11 marzo, 2012 en 9:09 PM

      Nada que ver con Lombroso, amigo Redmon.
      Y tampoco hablo del aborto ni de su despenalización, ni de creencias o confesiones.
      Hablo de eugenesia, de infanticidio, pues tal es acabar con la vida de un nacido y del riesgo de la evolución en el tiempo de ciertas filosofías. Estoy seguro que incluso la señorita Aido consideraría que un niño (no un feto)es un “ser humano”.
      Abrazos,…y no trates de confundirme con extrañas interpretaciones de lo que no he dicho.

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