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¿MIL EUROS A QUE EL VIEJO LA PALMA?

“Una de las funciones más nobles de la razón consiste en saber si es o no, tiempo de irse de este mundo”.
Marco Aurelio, Libro III.

Con esta cita comenzaba una entrada que publiqué en agosto de 2010, bajo el título Soylent Green. Disertaba en el escrito, con notable superficialidad, sobre el suicidio, la eutanasia, la muerte asistida, la muerte digna, el testamento vital…. En fin, sobre todas estas convenciones que afectan a las decisiones de uno mismo sobre su propia muerte o, en casos extremos, a las que otros pudieran tomar sobre la vida de uno. Como fondo de escenario (y título de la entrada) utilicé aquella soberbia película, Soylent Green, drama futurista de corte “orweliano” que dirigió Richard Fleischer en 1973. Charlton Heston y Edward G. Robinson dieron vida a los protagonistas.  En ese mundo futuro, aquellos que voluntariamente morían, servían de alimento –debidamente procesados- a los que aún vivían. Recomiendo su visión y, naturalmente, la lectura de mi referida entrada.

 Todos nos recreamos, en ciertos momentos, imaginando nuestra inmortalidad, aunque seamos conscientes de lo efímero del paso por la vida y de la rapidez con que se acerca la despedida. Cuando somos aún jóvenes, la vemos muy lejana o, más certeramente, no pensamos en ella. Pero al acercarnos al umbral ya sabemos que la parca está cerca, a la vuelta de cualquier esquina; solo que no la queremos ver aún.

 

Es ley de vida. Conforme avanzamos en nuestro itinerario vital, tendemos a encerrar el tiempo pasado entre dos fechas y, así, creemos que casi nada duró: todo aquel tiempo pasado cabe en un pensamiento. El tiempo futuro, en cambio, solo tiene punto de partida. Conscientemente lo estiramos, aunque lo sepamos escaso, porque aún no lo conocemos y, desde luego, todavía no lo recordamos. Las horas que nos quedan por vivir son, nos decimos, muchas más –y más intensas-que las vividas, aunque el tiempo por transcurrir sea menor. Leí una frase de Manuel Vicent que tengo grabada a fuego en mi memoria:

“Dios creó el tiempo, pero permitió que nosotros hiciéramos las horas”

Tendemos a perdernos en el tiempo; y pretendemos aprovechar las horas.

—————————–

La cosa se complica sobremanera cuando ya no hablamos de la duración de la vida o del acaecimiento de la muerte de uno mismo, sino de la de los otros. No me refiero ahora a las acciones, omisiones o decisiones que puedan tener que ver con la muerte de los demás. Hablaré, y de ahí viene el título de esta entrada, sobre algo insólito que hace pocas semanas se divulgó y a lo que se dedicó mucha menos atención de lo que el asunto, en mi opinión, requería. No se trataba del debate moral sobre ayudar a morir con dignidad o, por el contrario, mantener a toda costa la vida. El asunto era mucho menos profundo: la vida y la muerte se enfocaban desde una perspectiva puramente financiera. La vida se conceptúa como un instrumento financiero derivado. Explicaré el concepto y el caso a que me refiero:

 “Un derivado financiero -o instrumento derivado- es un producto financiero cuyo valor se basa en el precio de otro activo, y de ahí surge su nombre. El activo del que depende toma el nombre de activo subyacente, por ejemplo el valor de un futuro sobre el petróleo se basa en el precio del petróleo. Se puede decir que cualquier tipo de activo puede llegar a transformarse en subyacente de un derivado. Estos derivados pueden cotizarse en mercados organizados (como las bolsas) o no organizados.”

Ojo, Cualquier tipo de activo.

Para que no nos perdamos, voy al asunto, que será mucho más explicativo. Resulta que una de las instituciones financieras más importantes de Europa, el banco alemán Deutsche Bank ha creado un producto financiero, ciertamente macabro, que comercializa a través de un Fondo de Inversión. El fondo se denomina DB Life Kompass 3 (Deutsche Bank brújula de vida 3), aunque los “traders” de Wall Street lo llaman “life settlement-backed security”. Cualquier inversor puede adquirir participaciones de este fondo igual que si se tratara de invertir en fondos de deuda soberana, valores de renta variable o pagarés de empresa. En estos casos, se sabe en qué se invierte y se intuye (hablando de instrumentos financieros nunca se sabe; sólo se intuye) que se gana o se pierde si la cartera de valores en que se invierte el fondo sube o baja.

Pero, ¿qué pasa con el fondo DB Life Kompass 3? ¿qué quiere decir “brújula de vida“? Lo explico:

El banco alemán ha seleccionado 500 personas de avanzada edad, entre 70 y 90 años (serán el activo subyacente). Sobre cada uno de ellos, emite un certificado (el instrumento derivado) en el que se establece una expectativa de vida determinada de cada viejito. Y es ese instrumento el objeto de inversión de los clientes del banco. ¿Cuál es la apuesta, cuál el riesgo? Si la persona de referencia (el activo subyacente) vive más que la vida que se estimó en el certificado, el banco gana (y el inversor, claro, pierde). Si, por el contrario, la muerte del activo subyacente (del viejito) sobreviene antes de lo estimado, el inversor gana (aunque me extrañaría que el banco perdiese).

Tan simple como eso. Los bancos deseando larga vida a los viejos; los inversores, anhelando su muerte prematura.

Naturalmente el asunto ha dado que hablar. Han intervenido diferentes instituciones (la Defensoría del Pueblo de la Asociación de Bancos Alemanes, la Asociación de Seguros de Vida Secundaria (¿) Alemana y algunos tribunales), pero no se ponen de acuerdo sobre quién debe determinar el trasfondo ético del fondo de inversión. La mayoría de los no afectados (todos menos los inversores y el banco) piensan que este producto financiero es difícilmente compatible con la dignidad humana. Aun así, nadie cuestiona su legalidad. El colmo del cinismo viene de la mano del presidente de la Asociación de Seguros cuando, sin despeinarse, alega que “el modelo de negocio de dicho fondo es, en nuestra opinión, moralmente aceptable. De lo contrario, podríamos inferir que cualquier compañía de seguros de pensiones se beneficia de la muerte temprana de los asegurados”. Sin comentarios.

Todos se llevan las manos a la cabeza, pero nadie quiere perder tajada. En los primeros días, el fondo ha recaudado 200 millones de euros y ya se están planteando otros bancos de inversión como Bear Stearns, Merrill Lynch y USB, aun con cierta vergüenza, entrar en el circo de la muerte.

Lo que no he logrado saber es si los 500 viejos conocen que son “activos subyacentes”; si son conscientes de que hay gente que, por haber invertido su dinero en el dichoso fondo, están deseando que mueran. No lo creo, no podrían vivir con esa sospecha y ese “no poder vivir” inclinaría la balanza del lado de los inversores. Un activo subyacente que se precie de serlo ha de ser neutral; suele desconocer que sobre él se apuesta.

¿Sabéis lo mejor de todo? No os extrañará cuando lo diga: según uno de los abogados que representa a un grupo de inversores, el Deutsche Bank ha utilizado unas tablas de esperanza de vida obsoletas que, cómo no, perjudican a los inversores.

Pero, al fin, la vida es juego y es incierta; la muerte es el premio final, y es segura. Apuesten señores, ¿qué nos jugamos a que este vejete la palma antes de fin de año?

 No es bueno desear la propia muerte si la vida que se vive es digna; y casi siempre lo es. Es indigno desear la muerte del otro, sean cuales fueren los motivos. Pero lo que resulta deleznable es provocar que, por dinero, unos se vean deseando la muerte de otros a quienes no han visto en su vida. Hay algo cutre en todo este asunto.

De todos los suicidios que la historia y la literatura nos han permitido conocer, el más llorado pero también el más justificado fue el de los amantes de Verona, Romeo Montesco y Julieta Capuleto. Ambos deseaban morir, puesto que no les dejaban vivir su dignidad, y ambos deseaban que el otro no sobreviviera a la muerte propia.

Con esta imagen me quedo. El romanticismo del suicidio y del deseo de la muerte del prójimo. Lo cantaba extraordinariamente bien el poeta Sabina en aquella preciosa canción:  Y Morirme Contigo si te Matas.

 …lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.


Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecínas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

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  1. Tano López-Chicheri Ruiz-Larrea
    1 marzo, 2012 en 4:31 PM

    Hablando del tiempo, no del atmosférico, que ese ya lo tengo muy visto, mal previsto y menos estudiado de lo debido, sino sobre ¿MIL EUROS A QUE EL VIEJO LA PALMA?
    te transmito, no telepáticamente que lo domino poco, sino tecleando mis ideas sobre el tiempo. Para Einstein el Tiempo y el Espacio, como cualquier otra magnitud física, son relativos. O sea, resumiendo La Teoría de la Relatividad en una palabra (que ya es resumir): depende. Es decir, según te pille ese día. La vida, dijo alguien, es un delicado equilibrio entre partículas elementales, átomos, moléculas, células, órganos, seres, sociedades, países, planetas, sistemas solares, galaxias y alguna otra cosita que haya por ahí. La vida no transcurre, es decir pasa el tiempo y se acaba. ¡Qué va! ¡Ni mucho menos! Lo que pasa es que la bioquímica y el resto de las guarradas, o sea reacciones químicas, o sea intercambio de electrones a fin de cuentas, que ocurren en nuestro cuerpo tienen una duración. Unas reacciones duran unos segundos, otras minutos y hay otras, que afectan al conjunto de maquinaria, que llegan a durar hasta 75 o más años. Pero no porque pasa el tiempo, ¡que no!. Que el tiempo no es el culpable del envejecimiento. Que lo que origina el atardecer de la vida y los pensamientos vespertinos, como los que expones hablando de Soylent Green (¡¡que peliculón!!), es que la bioquímica humana le está diciendo al comandante (cerebro) de la nave: ¡tío que se te acaba el combustible! ¡que la película se termina, así que espabila y suelta tu rollo filosófico de las últimas viñetas! Entonces uno se percata y piensa ¿y después? Ah! ¡Esa es la pregunta del millón! Pues casi todos te hablan de la vida eterna o algo parecido, con antropológica visión de un mundo celestial o infernal con su premio y su castigo. Y no hay nada más terrorífico que pensar en algo que sea eterno. Da lo mismo si piensas que eso eterno sea premio o castigo. Lo terrorífico es pensar que NUNCA ACABA. ¡Quien no ha escuchado a otra persona decir eso de “cuando pienso en la eternidad es que me dan como mareos”! ¿Y por qué nos parece terrorífico? ¿Y por qué nos marea? Ahí es donde entra el concepto de TIEMPO. La cuestión es que nuestro cerebro no concibe que la existencia esté exenta de tiempo. Por eso la eternidad nos da vértigo. Porque en el concepto de eternidad no existe el tiempo. Y todo esto se podría, por analogía, aplicar al espacio y a la otra tercera magnitud física que nos afecta: la energía. Tiempo, espacio y energía son los tres conceptos básicos que podemos medir con mucha precisión, que los tenemos perfectamente asumidos y que si alguno de ellos desaparece, nos entra un vértigo cerebro-corporal que nos descoloca. Pero, a fin de cuentas, son solamente CONCEPTOS, a pesar de su definición como magnitudes físicas. Nadie puede tocar el Tiempo, ni el Espacio ni la Energía, pero sentimos las consecuencias de estos conceptos como si fueran pedradas ¿Tendrán los animales (los que definimos como irracionales) un concepto del tiempo? Hay tribus de esas que llamamos salvajes que en su lenguaje (los que han llegado a contactar con ellos así lo afirman) no existe la palabra tiempo. No planifican. No prevén. Simplemente conocen y saben lo que tienen que hacer en cada instante de su permanente presente. Como mucho tienen una percepción adicional (algunos dirían extrasensorial) y saben que va a llover o que se acerca un animal o que ¡no comas eso niño que te envenenas!. Seguro que esas tribus se adelantaron a Soylent Green unos cuantos miles de años comiéndose a más de un congénere, eso si, procesado con los medios de los que disponían para cocinar. Así que ya ves, una película futurista que imita hechos del lejano pasado humano.
    Pues eso, resumiendo: Que si alguno de los que invierte en DB Life Kompass 3 es de la Mafia y sabe que pierde sus dineros si los viejecitos viven mucho, no te quiero ni contar lo poco que van a duras estos activos subyacentes si los inversores averiguan sus nombres y domicilio. Van a ser subyacentes de verdad, con camisa de madera, antes de lo que se imaginan.
    Todo este rollo es la penitencia que recibes por haberte equivocado, y enviarme un correo por error, para contactar conmigo. ¡Podrías haberme enviado un jamón de bellota o un montón de placas fotovoltaicas! Las dos cosas me vienen de perillas.
    Por Álora bien pero con escasa o nula lluvia. El inútil de ZP se ha puesto a contar nubes y según iban pasando se las ha dado todas a los de UGT y Comisiones y los piquetes las tiene retenidas.
    Un abrazo primo Bolo

    • 4 marzo, 2012 en 8:20 PM

      Hola Tano (primo).
      Especifico el parentesco porque por aquí recala, a veces, otro Tano: mi hijo. El armador del Sawa Sawa del que hablo en otro comentario.
      Vaya pedazo de comentario. Así, al peso, debe de ser magnífico. Ahora lo leo y te contesto. Antes de eso, muchas gracias por leer el blog y por el esfuerzo de comentar.
      Leoleoleoleoleoleoleoleoleoleo………..Joder qué largo.
      Tienes razón en muchas cosas. Es una buena reflexión filosófico-química. Supera con mucho las pretensiones de mi comentario. Porque yo trataba de hablar de la vida de personas, en particular de los 500 viejitos objeto de la apuesta. Pero también la vida de uno es cosa química, en lo físico, que es de lo que tratamos. “Vivir es matar células poco a poco”; al principio, otras van naciendo, pero cuando ya ninguna nace, es cuestión de tiempo.
      El tiempo. Es cierto, el tiempo no pasa; ahí está, estático e impreturbable. Somos nosotros los que pasamos a través de él. Pero, para el caso, es lo mismo.
      ¿Vivir eternamente? Tienes razón. Nadie querría. Recuerdo una obra de Jardiel Poncela (Cuatro Corazones con freno y marcha atrás). Los protagonistas ingieren un elixir de la eterna juventud y adquieren la capacidad de vivir eternamente. Convencidos de ser eternamente felices, su vida se convierte pronto en insoportable tortura. Eso nos pasaría a todos.
      Pero entre vivir eternamente y morir prematuramente hay mucho trecho. Uno debe morirse cuando se tiene que morir. Pero todos pensamos, al final, lo mismo:
      “Me apetece tan poco morirme que será lo último que haga en esta vida”.
      Y lo que viene después de la vida es, tan solo, lo que cada uno cree, desea, teme o espera que venga.
      Un abrazo primo

  2. Redmond_g
    2 marzo, 2012 en 11:38 AM

    Interesante artículo Chicheri, en el que coincido en muchas cosas. Pero hay una cuestión que todo el mundo, al que le oído o leído algo sobre la muerte del género humano no dice. Cual es que en el momento de apagarse el cuerpo, especialmente el cerebro, toda consideración previa desaparece como la niebla de noviembre al entrar la tarde de la vida. Cualquier asunto sobre la vida, las creencias, el pensamiento y los recuerdos estan sustentados en los sentidos que tenía el cuerpo y, éstos, han desaparecido con la pérdida de 21 gramos, que es lo que al parecer pesa lo que se va.Así las cosas, el lenguaje y el pensamiento ya no nos sirve para conseguir comunicación, ni sabemos si la vamos a tener o necesirtar con otros muertos o con los vivos. Las reglas de ésta naturaleza ya no sirven. Todo es desconocido. Espero al menos que tengamos algo como unas manos para acer cosas, como jugar a palmas. Algun desquite me llegará…

    • 4 marzo, 2012 en 8:37 PM

      Hola Redmon,
      Gracias por entrar de nuevo.
      Complicado debate. Nadie sabe, excepto los muertoa –que una vez muertos yo no se si saben-, que es lo que hay “detrás”. Ni quizá ellos, si siguen siendo “ellos” saben ya lo que pasa aquí; si tienen recuerdos de esa vida previa.
      Todo es desconocido; solo hay creencias, esperanzas o temores. Es lo interesante porque, si fuera conocido, tendríamos muchos problemas. Los brokers financieros especularían con todo ello. Quizá los bancos extenderían las hipotecas a cien, doscientos años…
      Hablan algunos, de aquellos que “han visto la luz” en esas situaciones entre la vida y la muerte, cuando ya casi se han ido y nadie espera que vuelvan. Que vieron casi de cerca lo que hay tras la puerta. Yo creo que es fantasía.
      Quizá esta señora que ha aparecido hoy en los medios, que con 95 años y muerta según todos, fue introducida en un ataud. A los cinco días salió de él. Muerta (es un decir) de hambre.
      Un abrazo

  3. Redmond_g
    2 marzo, 2012 en 11:41 AM

    ¡Vaya! se me ha ido una “h” cuando estaba “haciendolo”. Llegaré a mas viejo y seguiré haciendo las cosas con prisas.Genio y figura…

  4. Redmond_g
    2 marzo, 2012 en 11:49 AM

    De todas maneras, lo mas cierto de morir es que nos integramos en la naturaleza, que es una parte del Cosmos,y, éste la aproximación o vestíbulo de el desconocimento total y absoluto. Suicidarse no es mas que querer acabar de sufrir sin coste económico alguno…

    • 4 marzo, 2012 en 8:38 PM

      A veces cuesta. Lee (o relee si ya lo hiciste) el Club de los Suicidas, de R.L. Stevenson.
      Abrazos

  5. Señor G
    1 marzo, 2015 en 11:36 PM

    Buena reflexión.La verdad es que el tiempo, convención derivada de los sentidos y sin los cuales no es nada, es la otra cara en el espejo espejo del espacio, pues sin este el tiempo nada es tampoco y el espació sin el tiempo el vacío que nada contiene. Luego en este concurso de convenciones que están sometidas al cuerpo, cuando este declina y termina por desaparecer, hace que todo ello no tenga sentido. Tras la muerte, todo se desvanecerá o quizá, empecemos a ver el sentido de lo que entendemos por vida. Gracias Jaime por hacernos partícipes de tu pensamiento.

    • 2 marzo, 2015 en 11:31 PM

      Ya tuvimos un interesante coloquio cuando publiqué esta entrada. Cuando aún no eras el señor G, sino tan sólo Redmon_G, que ya es bastante.
      Como sucede con las cosas materiales, que sólo existen en la medida en que eres consciente de su existencia, sucede con el tiempo: sólo existe en la medida en que cada uno viajamos a través de él; cuando dejamos de viajar, deja de existir.
      Lo mismo con el espacio, pues como sabiamente dices, no es uno sin el otro.

      Me gustó la definición del tiempo que daba el Gaucho Fierro en su payada con el Moreno, a pregunta de éste:

      Moreno, voy a decir,
      Sigún mi saber alcanza:
      El tiempo sólo es tardanza
      De lo que está por venir;

      No tuvo nunca principio
      Ni jamás acabará,
      Porque el tiempo es una rueda.
      Y rueda es eternidá.

      Y si el hombre lo divide,
      Sólo lo hace, en mi sentir,
      Por saber lo que ha vivido
      O le resta que vivir.

      Muchas gracias señor G. Es un gusto tenerte como lector.
      Abrazos

  1. 3 marzo, 2012 en 9:59 PM

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