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¡A LAS BARRICADAS! (4) (no country for young men)

El 22 de abril de 2010, publiqué “A las Barricadas”, tercera entrada de la serie. Fue aquel abril un mes convulso, previo al mayo en que Zapatero (El Lamento de un Hombre Roto) traicionó su programa para no seguir hundiendo su país. Fue aquel abril un mes ruidoso, en el que medios de comunicación, fiscales, exfiscales y tribunales pugnaban por hacer torpe política ante un débil gobierno acogotado desde todos los frentes. Fue, recordaréis, el mes en que se inicia la caza de Garzón. Fue, recuerdo, el mes en que nació este blog.

 En la entrada que cito, escribí el siguiente párrafo:

 “Como sigan los unos y los otros enredando y los medios haciendo de caja de resonancia, dentro de pocos días veremos a los fachas de verdad, vistiendo bravucones sus camisas azules y desfilando cuarteleros y retadores por las calles de Madrid. Los anarquistas renacerán, revolucionarios, y refundarán la FAI. Alguno, de un lado o de otro, en un pueblo perdido, sacará su vieja escopeta de caza o la escondida pistola del cajón y sucederá algo serio. Algún descerebrado repartirá armas clandestinamente y se armará la marimorena. Surgirán los viejos fantasmas del terror…….Casas Viejas.”

 Hoy estas palabras recobran macabra actualidad y renovada amenaza. Los sucesos de Valencia, provocados por una torpe derecha y alimentados por una izquierda despechada y vengativa, corren el riesgo de desbordarse y de exacerbar las pasiones de odio y venganza. La causa inmediata es ciertamente anecdótica: los recortes en educación provocan una consecuencia física ciertamente molesta, el frío en las aulas. El origen de la causa es menos anecdótico: la corrupción de políticos y empresarios, el despilfarro de recursos públicos y la mala gestión de los que aún no han sido robados.

EL ORIGEN, LOS ESTUDIANTES

Pero una cosa es el origen del movimiento callejero de los estudiantes, que siempre ha existido, y otra muy distinta el aprovechamiento político de ese movimiento. Las balas no son en sí mismas dañinas; lo es su velocidad de impacto. Las armas no son mortíferas; lo es su utilización por hombres despechados con sed de venganza o de repararación de honores heridos. Una manifestación de estudiantes es la cosa más normal del mundo. Pero cuando ya no son solo estudiantes, sino que el colectivo está trufado de “antisistemas” y otros aprovechados agresivos; cuando ya no es solo protesta por algo, sino revancha por lo perdido; cuando el objetivo no es solo alterar el ritmo de la calle, sino atacar las sedes del partido odiado; cuando la acción de lucha está no ya justificada, sino alentada por el partido que ha perdido las urnas y que quiere ganar la calle,…Entonces, el riesgo de confrontación social se hace amenaza próxima y el frío en las aulas da paso a las llamas en la calle.

 ¿Quién es tan inocente que no crea, aunque pueda justificarlo, que el PSOE y otras “izquierdas” están avivando la llama? ¿Quién tan ciego que no vea a Rubalcaba, maestro del agitprop, como “la mano que mece la cuna”? ¿Quién tan lego que no sepa leer pancartas y banderas ajenas a las aulas?

 Cinco años han tenido los colectivos de estudiantes para salir a las calles; los parados andaluces para correr a gorrazos a los ladrones de sus subsidios; los autónomos para plantarse ante las puertas de las haciendas a exigir el pago de lo debido; los trabajadores para clamar representación leal a sindicatos; los mallorquines para pegar fuego a los palacios que los corruptos compraron con su dinero,… Razones no han faltado. Pero durante este tiempo, los estudiantes no tenían quien les movilizara, los corruptos andaluces, valencianos o mallorquines andaban protegidos por sus gobiernos y los parados engañados por los sindicatos. Así, la calle ha permanecido tranquila durante años aunque tras los tabiques ardía la rabia.

LA UTILIZACION, LOS "ACOMPAÑANTES"

La derecha, excepto cuando se trata de Papas o de víctimas del terrorismo, no es amiga de las calles, no tiene capacidad de movilización ni siquiera frente a actos de gobierno infames. Pero, !ay¡, cuando por torpe acción u omisión ocurre lo que no debiera ocurrir, las calles se llenan de multitudes gritando “nunca mais”, “vosotros fascistas sois los terroristas” o cualquier otro mantra de fácil manipulación para mentes sin criterio propio.

 Aún recuerdo los tiempos en que el Gran Monje, a la sazón ministro de educación, combatía desde el gobierno al Cojo Manteca y los suyos en aquellas revoluciones estudiantiles de finales de los ochenta. ¿Qué hacía la oposición? Desde luego, cualquier cosa menos alentar, justificar o unirse a la revuelta. Probablemente si algo de esto hubiera hecho, la calle se habría tranquilizado de inmediato. Así es esta derecha, tan lejana, tan incompatible con las calles.

 Hoy, el Gran Monje tiene otro cojo manteca; pero esta vez de su lado. Su nombre, Alberto Martinez, presidente de la Federación Valenciana de Estudiantes. No usa muleta porque tiene dos piernas; viste kuffiya (pañuelo palestino) porque es símbolo, parece ser, de progresismo. En tiempos, Rubalcaba combatió al cojo, líder moral de la revuelta. Hoy se sirve de él, con otro nombre y otro aspecto. Quien esto lea que no piense que critico a Alberto. Al contrario; todo el que de buena fe lidera almas y cuerpos merece mi admiración. Mi crítica se dirige hacia aquel que antes combatió al mismo del que hoy se sirve.

LA MANIPULACION ("ciego" agredido, según un periodista; en su mano, la porra del poli)

Siento mucho en tono de esta entrada; suelo ser bastante neutral, quizá inducido por el título de este blog, pero en este asunto no puedo serlo; sólo trato de ser objetivo. Motivos para la protesta hay, vaya si los hay; y también los hubo en estos años recientes, vaya si los hubo. Y causantes de tales motivos también; unos y otros. Pero rechazo de plano la utilización política que se está haciendo de esta “primavera valenciana”, como se ha dado en llamar la revuelta en las redes sociales. Me repugna la manipulación de este chavalerío descontento para fines de venganza política. Y se me revuelven las tripas cuando escucho de boca o leo de pluma de periodistas y políticos sectarios –y de quienes les bailan el agua– esas estúpidas, insensatas e interesadas referencias a “apaleamiento de adolescentes”, “estáis masacrando a nuestros hijos” y mensajes similares.

Leo que ha habido cuarenta y tantos detenidos, ninguno de los cuales es estudiante del instituto origen de la protesta. Escucho que ha habido diez y siete heridos, once de ellos policías. He visto imágenes de golpes de la policía a chavales y a menos chavales. Todo esto entra dentro de lo normal en una protesta callejera. Pero no, desde luego, en una protesta callejera de “niños de instituto”.

 Y que nadie piense que defiendo a los gobernantes valencianos ni a sus fuerzas de orden público. O que lo piensen si quieren, me importa un carajo; no se trata de eso. Está claro que lo que debería haber sido un inteligente control de la situación se ha convertido en torpe ejercicio de represión por parte de la fuerza pública y de inaceptable justificación de su actuación por parte de la fuerza política.

Y LA REPRESIÓN, que sin duda la hubo.

Yo voy a lo que voy. Esto no es una manifestación de “adolescentes”. Ni es una protesta espontánea. Lo fue el 15M, movimiento ilusionante y hoy tristemente dormido. Esto, no. Esto está manejado por el Gran Monje. No ha aceptado la derrota y, además, le indigna que un gobierno de derechas esté adoptando medidas que cuadraban más a un gobierno socialista y que, por cobardía, no se atrevió a tomar. Sí, me refiero a la limitación de los millonarios sueldos de banqueros, a la dación en pago, a la activación de los cobros de deudas por proveedores de la administración, a la subida progresiva de impuestos sobre la renta y sobre el capital…y a las que vendrán.

La venganza de los derrotados se ventila hoy en las calles. Pero ni siquiera los asaltos a las sedes de PP en Andalucía les van a salvar de otra nueva venganza de las urnas.

—————
Empecé esta entrada con un párrafo de aquella otra del mismo título de 22 de abril de 2010. Y la termino repitiendo la misma música que en aquella colgué: Times are getting hard (los tiempos se están poniendo duros, muchachos). Es oportuna. (Y, además, os traduzco la letra)

Emulando el título de aquella película, No Country for Old Men, este no es, hoy, un país para jóvenes. De eso va esta canción:

Times are getting hard, boys…I’m gonna leave this place.

Los tiempos se están poniendo duros, muchachos,
El dinero escasea.
Si las cosas no mejoran
Me marcharé de aquí.


Times are getting hard, boys
Money’s getting scarce
If things don’t get no better, boys
Gonna leave this place.

Take my true love by the hand
Lead her thru the town
Saying good-bye to everyone
Good-bye to everyone.

Take my bible from the bed
Shotgun from the wall
Take old Sal and hitch her up
The wagon for to haul.

Pile the chairs and beds up high
Let nothing drag the ground
Sal can pull and we can push
We’re bound to leave this town.

Made a crop a year ago
It withered to the ground
Tried to get some credit
But the banker turned me down.

But I’m goin’ to Californ-i-ay
Where everything is green
Goin’ to have the best ole farm
That you have ever seen.
 Traducción libre
Los tiempos se están poniendo difíciles, amigos
El dinero escasea
Si no empieza a mejorar
Voy a dejar este lugar.

Tomaré a mi viejo amor de la mano
La llevaré por la ciudad
Diciendo adios a todo el mundo
Adios a todo el mundo.

Cogeré la biblia de mi cama
El arma de la pared
Engancharé al viejo Sal a la carreta
Apilaré sillas y camas.

Nada quedará en el suelo
Sal tirará y nosotros empujaremos
Tenemos que dejar este lugar.

La última cosecha
Se perdió
Intenté pedir crédito
Y el banco me rechazó.

Pero me voy a California
Donde todo es verde
Levantaré la mejor granja
Que en tu vida hayas visto

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  1. Rafael Rubio
    23 febrero, 2012 en 11:26 PM

    Querido Jaime, comparto casi al 100% tu lectura de situación y comentarios al respecto. Y digo sólo “casi”, porque me parece percibir en tu discurso ciertos dejes más propios de quienes con enorme e indudable buena intención, confunden la objetividad con la búsqueda obsesiva de la equidistancia entre 2 puntos. El equilibrio, y el Sentido Común, pueden encontrarse en el justo término medio, cuando los 2 extremos están en posiciones equivalentemente sesgadas. Cuando un extremo “se sale del mapa”, cayendo en el radicalismo mas sectario, la bella y atractiva, por aparentemente moderada, equidistancia, solo puede llevar al desequilibrio e incluso, a la diletancia. Muy humildemente creo que en estos momentos lo que hace falta son ideas claras, pocas y simples, firmeza, coraje y determinación en el timón, convicción y fuerza moral para tomar riesgos y seguir avanzando en la resolución de los problemas que tenemos. Por ejemplo, en este caso concreto que abordas, Ley, más Ley y ni más ni menos que Ley. Y que caiga todo su peso sobre quien se sienta legitimado para transgredirla, por mucha simpatía romántica que pudieran generar sus aparentes motivaciones. La lucha revolucionaria en la calle es transgredir la Ley y desborda los limites de la Democracia que nos hemos dado. Y quienes la lideren, inciten o ejecuten, que asuman sus responsabilidades penales. Y punto. Sin mas empatía mal entendida, ni complejos. El 68 paso a la Historia hace 44 años. Un fuerte abrazo, Rafael

    • 25 febrero, 2012 en 10:39 PM

      Querido Rafa.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Como decía jack el Destripador, vayamos por partes.
      Cuando alguien dice estar “casi” de acuerdo, ese “casi”, que parece poco, es bastante más que el resto del asunto del que el “casi” es un trozo.
      Tienes razón al decir “me parece percibir”; porque es muy diferente a veces lo que uno percibe con lo que el otro quiere decir. Y como yo, que soy el que primero habló, veo que has percibido erroneamente, aquí se podría zanjar el asunto. Porque si tu argumento se basa en una percepción incorrecta, ya no hay debate.
      Pero como a tí te gusta el debate, sigamos.
      A partir de la “percepción”, tu también te sales del mapa de mi discurso (entiéndelo bien: del mapa de mi discurso). Porque estás aseverando que una de las posiciones que adoptan los personajes es radical y sectaria. Y no se a cuál te refieres: a la de los manifestantes ajenos al instituto, a la del Gran Monje, a la de los polis o a la de los responsables de los polis. Supongo que te refieres a los “antisistema”, manifestantes profesionales y agresivos.
      Y una vez identificado el sujeto radical y sectario, si no me he perdido por el camino, lo conviertes en transgresor, lo que no me parece mal. Pero he de recordarte que la ley, que repetidas veces mencionas, se está aplicando; en efecto, la poli ha detenido a cuarenta y tantos “radicales-sectarios-transgresores”, les ha tomado la filiación y les ha mantenido en calabozo un tiempito. Pero hay una cosa importante: no es la poli la que condena; son los jueces. Y si hay motivo, habrá juicio.
      Lo que creo percibir de tu comentario (esta vez soy yo el que puede equivocarse en la percepción) es que cuando hablas de Ley, Ley y Ley, y de todo su peso, te estás refiriendo, a lo mejor, a una mucho mayor contundencia policial. Y ahí no estoy de acuerdo.
      Como tampoco estoy de acuerdo en considerar el radicalismo o el sectarismo, ni siquiera la lucha revolucionaria en la calle, como transgresiones a la ley o atentados contra la democracia “que nos hemos dado”. Sólo cuando esas conductas están acompañadas de violencia son transgresoras.
      Ah, y el 68 fue un buen movimiento. Como lo ha sido el 15M. Lo malo, lo pernicioso, lo peligroso, lo que puede llevar a la confrontación es su manipulación.
      Pero seguramente tienes razón en lo que decías al principio con el “casi”: nuestras discrepancias son asunto de pura geometría.
      Un abrazo fuerte

    • 25 febrero, 2012 en 10:42 PM

      Quizá debieras leer de nuevo la entrada. Ese “casi” se empequeñecería. Seguro.

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