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DE RATAS (gigantes, mutantes, de dos patas)

La lectura del Antiguo Testamento inspira sentimientos variados; desde el humor, cuando es Caín quien nos la cuenta a través de la magistral pluma de Saramago, hasta el horror que nos provoca la lectura directa de algunos de sus libros.

 Uno de los relatos más impactantes (Éxodo) es el de las diez plagas de Egipto con las que Yahveh castigó al faraón por no liberar a los judíos. De las diez plagas, cuatro fueron en forma de masivas invasiones de animales: las ranas, los mosquitos, los animales silvestres y las langostas. Raro es que Dios no pensara en las ratas en lugar de las ranas, bichos estos que no muerden, no roban comida, no transmiten enfermedades, no tienen lo que se dice un mal carácter y, además, han cobijado príncipes bajo su verdosa y viscosa piel. Desde luego, las ranas inspiran cualquier cosa menos terror. Para mí tengo que se trató de un error de comprensión de Moisés que creyó entender a Yahveh  “ranas” en lugar de “ratas”; o de Aarón que fue quien ejecutó la orden de Moisés. Aunque ignoro si en el lenguaje en que Yahveh transmitía sus instrucciones -quizá el hebreo-  ambas palabras eran tan similares como los son en nuestra lengua.

 El caso es que la plaga de las ratas, pendiente desde la biblia, la estamos sufriendo ahora. Cada semana se conocen nuevos casos. Las ratas invaden poblaciones que en tiempos fueron seguramente suyas y ahora están pobladas por humanos. La más reciente, en la Isla de Montecristo, donde se ubicaba la legendaria prisión en la que, según contó Alejandro Dumas, encerraron a Edmond Dantés, el Conde de Montecristo.

La isla tiene cuatro kilómetros cuadrados; pertenece al archipiélago toscano y está muy próxima a la isla de Giglio, junto a cuyo litoral aún permanece escorado, reposando sobre el fondo del mar, el Costa Concordia. Supongo que la rata que abandonó el barco antes que la tripulación y el pasaje, la rata Schettino, es de diferente especie que las ratas negras. El caso es que en Montecristo, deshabitada de humanos –tan solo mora en ella un guardia y su familia-, viven hoy unas diez mil ratas negras.

Montecristo no es caso aislado. Desde hace algunos años vienen sucediendo plagas de roedores. En estas últimas semanas las ratas han invadido algunas ciudades de México, parte de las islas Galápagos, varias ciudades de Centroamérica, Brisbane (Australia), Soweto (Sudáfrica)….Y, en menor medida, algunas ciudades españolas como Tenerife, Oviedo, Barcelona…

En algunos lugares, bien sea por inmigración de países exóticos o porque estén mutando, las invasoras son ratas gigantes. Como las de Bradford, (UK), las del Bronx (NY), las de Bogotá o de Florida. He leído que una rata inglesa, muerta a tiros por un ciudadano, tenía nada menos que 78 centímetros de longitud.

Las ratas están unidas a los humanos desde tiempos remotos. Tenemos, con ellas, gustos comunes. A los humanos nos gusta producir basura; a las ratas devorarla. Nosotros vivimos en ciudades; ellas en nuestras alcantarillas y en nuestros sótanos. Las ratas nos conocen, nos necesitan y nos envidian; nosotros las despreciamos y las tememos. Y tienen, además, una enorme ventaja sobre nosotros. El hombre (la mujer) procrea entre cero y cinco criaturas en ochenta años; la capacidad de reproducción de las ratas es asombrosa: en menos de un año, un solo ejemplar procrea cincuenta nuevas ratas. ¿Adónde llegaremos en unos años si no las combatimos con eficacia?

No es solo el hecho de que compartamos alimentación y hábitat lo que nos acerca a ellas. La utilización de las ratas como cobayas, introduciendo en su organismo virus humanos e inoculando en humanos los anticuerpos que ellas crean, está provocando una mutación en doble dirección. Las ratas se agigantan; pronto irán perdiendo su cola, que no utilizan; pronto, algunas especies ya lo hacen, andarán sobre sus patas traseras y aprenderán a utilizar sus “manos” para otros menesteres; y pronto, conforme vayan adquiriendo nuestras habilidades, iremos perdiendo el temor que nos producen y las iremos adoptando como mascotas. Y este contacto, cada vez más próximo, está produciendo efectos. De la misma manera que ellas invaden nuestras casas y comen nuestra comida, muchos humanos adquieren hábitos de comportamiento que hace poco solo eran atribuibles a las ratas.

Como en el relato de La Peste que nos dejó Mario Camús, las ratas fueron apareciendo aisladas al principio; no se les daba importancia. Demasiado tarde, cuando empiezan las enfermedades y las muertes, los habitantes de Orán se hacen conscientes de la situación. Las ratas invaden la ciudad y la peste comienza a corromper a los hombres. ¿Qué hacen las autoridades? Primero niegan la evidencia; cuando no tienen otro remedio que aceptarla, crean una comisión de desratización ineficaz; cuando ya no pueden combatirlas, cierran la ciudad a los que quieren entrar y a los que quieren salir. La crisis social y económica se adueña de la ciudad.

Hoy no tenemos más que leer la prensa, escuchar la radio o ver la televisión para cerciorarnos de que las ratas mutantes, las ratas humanas están entre nosotros. Aún no son plaga, pero ya son demasiadas. Hablan, andan, visten y comen como nosotros. Tal es su parecido físico, tal la perfección de la mutación, que las creemos de los nuestros. Adoptan nuestras costumbres y, poco a poco, van copando los sillones del poder, los micrófonos de los medios, los puestos en los consejos de las grandes empresas… A veces, incluso las tomamos como ejemplos, como mitos, como ídolos a los que emular.

Pero son ratas. O, al menos, actúan como ratas. Aprovechando que carecemos de armas eficaces para descubrirlas primero y exterminarlas después, se introducen en los resortes de poder financiero o político y, al principio con cautela y después con descaro, roban, engañan, manipulan y corrompen todo lo que tocan. Todos conocemos ratas mutantes, ratas de dos patas. Pero poco podemos hacer por defendernos porque no tenemos las armas adecuadas; embaucados por su juego, hemos prescindido de ellas.

Nuestro esfuerzo debe dirigirse a protegernos de la mutación; a no convertirnos también en ratas.

En Orán, la peste acabó y las ratas fueron exterminadas. Aquí, aún estamos lejos de acabar con ellas. Los hombres, los que aún no somos ratas, estamos perdido el control. Estamos mezclados con ellas y solo nos salvará mantenernos humanos, no caer en la inmundicia moral de las ratas y, ya que no podemos combatirlas, escapar de ellas manteniendo intacta nuestra dignidad.

————–

¿Música de ratas? No he encontrado apropiada. Hoy prescindo de mis Dylan, Seeger, Guthrie, Baez, Sabinas y Serrats porque, aunque cantaron mucho sobre la indignidad, no se les conocen cantos a las ratas. Pero he encontrado un simpatiquísimo corrido de Paquita la del Barrio. Verdaderamente enfadada por alguna deslealtad amorosa, pone a caldo al culpable. No he oído tantos insultos juntos en mi vida.

Escuchadla. Merece la pena. Y pensad, mientras la escucháis, en cualquiera de las ratas mutantes que tenemos entre nosotros.

Paquita La Del Barrio – Rata De Dos Patas

Rata inmunda
animal rastrero
escoria de la vida
adefesio mal hecho

Infrahumano
espectro del infierno
maldita sabandija
cuánto daño me has hecho

Alimaña
culebra ponzoñosa
deshecho de la vida
te odio y te desprecio

Rata de dos patas
te estoy hablando a ti
porque un bicho rastrero
aún siendo el más maldito
comparado contigo
se queda muy chiquito

Maldita sanguijuela
maldita cucaracha
que infectas donde picas
que hieres y que matas

Alimaña
culebra ponzoñosa
deshecho de la vida
te odio y te desprecio

Rata de dos patas
te estoy hablando a ti
porque un bicho rastrero
aún siendo el más maldito
comparado contigo
se queda muy chiquito

Me estás oyendo inútil
hiena del infierno
cuanto te odio y te desprecio!

Maldita sanguijuela
maldita cucaracha
que infectas donde picas
que hieres y que matas

Alimaña
culebra ponzoñosa
deshecho de la vida
te odio y te desprecio

Rata de dos patas
te estoy hablando a ti
porque un bicho rastrero
aun siendo el mas maldito
comparado contigo
se queda muy chiquito.

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  1. jlc
    3 febrero, 2012 en 7:59 PM

    Que grande es Paquita, un top ten sin duda, lo gracioso de la canción es que tiene subtitulos en inglés, si lo hubiera sabido Amy Winehouse ¡¡

    JLC

    • 15 febrero, 2012 en 10:57 PM

      Yo no la conocía,pero por lo visto y por comentarios que me han hecho, es bastante popular.
      Y la canción, soberbia. Vaya enfado que tenía.
      Abrazos

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