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NOVENTA SUR, CERO CERO OESTE

Daré descanso a la política por unos días. Estas últimas semanas han sido demasiado intensas y este blog lo ha sentido. Pasaré por unos días de la gente que, bajo la excusa del altruismo, dirige sus energías  y nuestros recursos a colmar sus propias vanidades y que usa del poder del que son fiduciarios como un fin en sí mismo, sea para mantenerse en él sea, en ocasiones,  para su lucro personal.

 Pasaré, al menos por hoy, de los políticos y hablaré de otra clase de gente. De la que en estos días, y en días como estos de hace un siglo, han sido protagonistas de notables hazañas.

 Hay personas que están hechas de una pasta especial, diferente a la del común de los mortales. Entre sus preocupaciones, la política, la economía o el artificio social no cuentan, o cuentan poco. Sus proyectos difieren de los nuestros, su felicidad tiene otros parámetros, sus objetivos son a veces inalcanzables pero, sobre todo, incomprensibles para la mayoría de nosotros. Algunos miran a las alturas, como Edurne Pasabán (Tres noticias, tres ejemplos); otros surcan mares sin querer ver horizontes de tierra, como Jessica Watson y otras heroinas del mar (Heroinas del mar ¿dónde está el límite?). Los más inquietos buscan descubrir lo ignoto; los más corajudos tratan de alcanzar lo inalcanzable; los más ambiciosos anhelan batir los tiempos, las distancias o las alturas que otros antes consiguieron.

 Los de hoy, aquellos a los que hoy quiero homenajear, tienen o tuvieron inquietud, coraje y ambición. Pusieron un Norte en sus vidas: conseguir llegar al Polo Sur.

ROALD AMUNDSEN

Hace algo menos de un mes, el 14 de diciembre de 2011, se cumplía exactamente un siglo de la culminación de una epopeya. El ciudadano noruego Roald Amundsen y sus cinco acompañantes llegaron, por vez primera en la historia del hombre, a las coordenadas 90º 0´ 00´´ S, 00º 0´00´´ W, es decir, al Polo Sur geográfico. El punto más septentrional del globo terráqueo.

 La hazaña de Roald Amundsen no fue solo una epopeya. Fue también, y muy especialmente, una competición. Una competición entre hombres y, en gran medida, entre naciones, en aquellos años de finales del XIX y principios del XX en los que el ansia de conquistar tierras desconocidas enfebrecía a los países desarrollados de occidente. Las naciones pugnaban por colocar banderas; los hombres, por inscribir sus nombres en la historia. Las naciones buscaban la riqueza; los hombres, la grandeza.

 Pero los libros de historia solo guardan lugar de honor para los pioneros. Los que tuvieron el honor de ser los primeros. Por eso fue que Amundsen decidió alterar sus planes 180º, literalmente, ciento ochenta grados. Su expedición estaba preparada para la conquista del Polo Norte, pero sucedió que alguien se le adelantó (Robert Peary, 1909, aunque luego se demostró que no fue cierto) y el noruego, con sus preparativos muy avanzados y los patrocinios ya conseguidos, no quiso conformarse con ser segundo. El norte ya no le servía; ya, otros, lo habían hollado. Convenció a gobierno y patrocinadores de que mantuvieran las ayudas aunque prefirió mantener oculto durante un tiempo su cambio de planes.

 Trabajó un año en silencio sin que, en apariencia, nada hubiera alterado el plan original. Tan solo, su pensamiento dejó de dirigirse a los 90º, cero minutos, cero segundos Norte y se volvió a los 90º, cero minutos, cero segundos Sur. Un giro de 180 grados. Y nada dijo porque, sobre todo, no quería alertar a su competidor. Su honor y el de su país estaban en juego.

ROBERT FALCON SCOTT

Por los mismos días, otro aventurero preparaba expedición similar. Se trataba del británico Robert Falcon Scott. Robert estaba tranquilo porque aún pensaba que Amundsen iría al norte y no era, por tanto, competidor. El cambio de planes del noruego, del que Scott se enteraría con cierto retraso, convirtió la conquista del Polo Sur en una carrera; en una encarnizada competición entre dos valientes y entre dos países.

 Ganó Amundsen: el 14 de diciembre de 1911 izó la bandera noruega en las coordenadas. Perdió Scott: cuando llegó al 90º sur, el 17 de enero de 1912, la bandera noruega gualdrapeaba azotada por el viento austral. Perdió la carrera hacia la gloria y perdió la vida misma junto a la de sus compañeros cuando regresaba al campamento base. Uno, consiguió la grandeza; otro, perdió la vida. Ambos están en la historia.

 Dicen que gran parte del mérito en el triunfo del noruego la tuvieron los animales. Amundsen decidió utilizar exclusivamente perros esquimales (groenlandeses) cuyas virtudes de sobra conocía por sus anteriores expediciones al Polo Norte. Scott se decantó por los ponnies siberianos. Nunca el éxito es atribuible a una sola causa, excepto que esa causa sea la suerte. Quienes han estudiado esta carrera épica aseguran que Amundsen contaba con mejor preparación y estrategia en casi todos los aspectos; desde equipamiento de abrigo (pieles frente a lana) y alimentación, hasta elección de la ruta más adecuada. Y también tuvo más suerte. La elección de los perros frente a los ponnies tuvo, sin embargo, vital importancia en el éxito final. A tres semanas de la culminación el alimento se terminaba. Amundsen decidió sacrificar a 24 perros para poder alimentar a los restantes e, incluso, a su propio equipo. Perros y hombres habrían muerto de no haberlo hecho. Perro come carne de perro, a pesar del refrán. Pero jamás un caballo comería carne de caballo.

Su gesta ha sido rememorada en estos días en que cumplía los cien años. Varias expediciones han culminado, como homenaje a los pioneros, similar aventura a la de Scott y Amundsen. Tres de ellas españolas. El vasco Iñurrategui y su equipo pisaron polo el 29 de diciembre; el 1 de enero lo hicieron Larramendi y los suyos. Finalmente, el 4 de enero, lo logró Albert Bosch.

 Muchos pensarán que lo que hace un siglo fue epopeya hoy, gracias a los avances en material, alimentación, comunicación y sistemas de navegación y posicionamiento, no pasa de ser un paseo con toques de aventura. Y razón no les falta. Por eso, entre todas estas expediciones,  destaco la hazaña de Albert Bosch porque la manera en la que la ha concebido, desarrollado y culminado tiene mucho que ver con los pioneros. Albert Bosch decidió culminar la expedición, después del abandono forzado de su compañero Carles Gel, en solitario, sin ayuda externa y solo con sus esquíes y su trineo. Por ir solo, ni perros llevaba.

 Durante 48 días, tras el accidente de Gel, anduvo solo por las heladas tierras australes sin otra compañía que su soledad y sus pensamientos, arrastrando un trineo de 130 kilos en el que transportaba no solo todo lo necesario sino también lo que ya no lo era: los residuos y basuras que él mismo iba generando; para no degradar el entorno.

No conozco –y nunca había oído hablar de él- a Alberto Bosch, pero tiene que ser una de esas personas a las que me refería al principio y que están hechas de otra pasta. Hoy ya sé que antes de estos entretenimientos polares ha competido en trial, ha participado en ocho “dakares”, ha escalado siete cimas tipo Everest, ha corrido más de cien maratones extremas,…voluntad de hierro en cuerpo de acero.

ALBERT BOSCH

Mi homenaje, hoy, para Amundsen y Scott, a “título póstumo” y para este superhombre que ama la aventura, el riesgo y la soledad: Albert Bosch. Y por extensión, a todos los que arriesgan sus vidas para conseguir la grandeza personal y, en ocasiones, un lugar en los libros de la historia de la civilización.

 Los cuarenta y ocho días en soledad de Albert me traen al recuerdo aquella preciosa canción de Georges Moustaki: Ma Solitude.

Con ella os dejo.

Non je ne suis jamais seul avec ma solitude
(No, jamás estoy solo, con mi soledad.)

 

Pour avoir si souvent dormi avec ma solitude
Je m’en suis fait presque une amie une douce habitude
Elle ne me quitte pas d’un pas fidèle comme une ombre
Elle m’a suivi çà et là aux quatre coins du monde
Non je ne suis jamais seul avec ma solitude

Quand elle est au creux de mon lit elle prend toute la place
Et nous passons de longues nuits tous les deux face à face
Je ne sais vraiment pas jusqu’où ira cette complice
Faudra-t-il que j’y prenne goût ou que je réagisse
Non je ne suis jamais seul avec ma solitude

Par elle j’ai autant appris que j’aie versé de larmes
Si parfois je la répudie jamais elle ne désarme
Et si je préfère l’amour d’une autre courtisane
Elle sera à mon dernier jour ma dernière compagne
Non je ne suis jamais seul avec ma solitude
Non je ne suis jamais seul avec ma solitude

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  1. Lolita
    10 enero, 2012 en 4:14 PM

    Hola Jaime,

    Me gusta esta entrada, y no solo porque trata de algo que desconocía, sino porque es una lectura que hace pensar en el sacrificio, la paciencia y el esfuerzo que requiere cualquier meta. Amundsen hizo algo muy inteligente, no desvelar sus planes; la información es poder.

    Ha de ser una bonita experiencia compartir tu esfuerzo con animales, de ellos también se aprende.

    Hace poco leí o escuché en algún lugar ( no recuerdo bien), que las multinacionales valoran positivamente a aquellas personas que han tenido alguna vinculación con el deporte en su pasado y que han competido ya que se les supone una fuerza mental distinta a la del resto para la toma de decisiones (coherentes) bajo presión, en momentos críticos.

    Un abrazo.

    • 11 enero, 2012 en 10:15 PM

      Hola Lolita.
      De algo había que escribir para salir del bucle de la política. Te vas dejando y dejando y, como de la droga, cuesta salir.
      Besos

  2. Cosimo Piovasco di Rondò
    10 enero, 2012 en 5:55 PM

    Brother!!, te leo pero me falta tiempo para escribirte o será la pereza .. echo en falta unas líneas en tu entrada dedicadas a Shakelton. Para su travesía al polo sur que inició antes que Amundsen y Scott puso este anuncio en prensa:

    “Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío agudo, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, y escasas posibilidades de regresar con vida. Honores y reconocimiento en caso de éxito”.

    De Shakleton, Scott y Amundsen, se dijo:

    “Para conductor científico, denme ustedes a Scott; para viajar veloz y eficientemente, Amundsen; pero cuando uno se encuentra en una situación desesperada, cuando parece que no hay salvación, conviene arrodillarse y pedir a Dios que le envíe a Shackleton.“

    Un abrazo!

    • Lolita
      10 enero, 2012 en 11:36 PM

      El anuncio de Shakelton parece una oferta de trabajo (actual) en tiempo de crisis…

      ¡Me alegra leerte de nuevo, Cósimo!¡Cuánto tiempo!

    • 11 enero, 2012 en 10:18 PM

      Coño, Cosimo, te haces caro de ver.
      Muchas gracias por entrar, sé que estás muy liado.
      La verdad es que no quería hacer demasiado densa la entrada y me centré en el triunfo de Amundsen y en la competición. Pero habría quedado más completa con las citas que citas.
      En cuanto tenga un rato las meto en la entrada.
      Un abrazo

  3. JLC
    10 enero, 2012 en 7:34 PM

    Jaja Cosimo , me has quitado la entrada que pensaba hacer, justamente esos dos comentarios, soy perezoso así que los subscribo y me ahorro el esfuerzo.

    Admiro a los exploradores polares porque a mi el frío me asusta un poco.

    abrazos

    • 11 enero, 2012 en 10:20 PM

      Hola Chikychicheri.
      Se te ha adelantado Cosimo. No te preocupes que acabo de colgar otra entrada en la que podrás acotar, corregir, añadir,…lo que quieras.
      Un abrazo

  4. Luis
    10 enero, 2012 en 8:32 PM

    Cuando pensaba que terminaba de leer un post excelente, brillantemente escrito y con admirable simplicidad estudiada, quedo aún más gratamente sorprendido por Ma solitude, que me trae muchos muchos buenos recuerdos.
    Gracias de nuevo por este blog, y encima sin hablar ni una palabra de la conquista de Olula.
    Un saludo

    • 11 enero, 2012 en 10:22 PM

      Hola de nuevo Luis.
      Me alegro de que te haya gustado la entrada y la música. La verdad es que Moustaki trae buenos recurdos.
      Hoy colgué otra música nostálgica; unos años más antigua.
      Gracias por seguir leyendo.
      Un abrazo

  5. 17 enero, 2012 en 11:42 PM

    Hola Jaime,
    bonito e interesante post y la verdad me alegro del alto en la cuestión política aunque esta frase: ” Un giro de 180 grados. Y nada dijo porque, sobre todo, no quería alertar a su competidor”.
    me ha recordado a otro que ha mentido (tema “las uvas de la ira”), pero no seré yo la que vuelva al bucle…
    Yo también creo que existen personas que están hechas de otra pasta ..
    Nota: me ha encantado escuchar el tema musical..
    Un beso

    Guadiana

    • 20 enero, 2012 en 9:26 PM

      Hola Guadianita.
      Cada vez que te veo por aquí me invade la alegría y se me acaba la tristeza de no haberte visto durante tanto tiempo.
      En la vida hay veces que tienes que virar aunque no lo tengas previsto. En ocasiones, nos marcamos caminos que, cuando vamos a emprender, ya se han cerrado.
      Gracias por lo de la música. Me esfuerzo bastante en encontrar la apropiada pero luego me doy cuenta de que son pocos los que la escuchan.
      Pero en fin, uno escribe sobre todo para él mismo. Y para algunas pocas almas escogidas como tú.
      Un beso enorme

  6. 21 enero, 2012 en 2:20 AM

    Mi querido Jaime ,

    Me encanta lo bien que me recibes siempre, bueno, recibes bien a todo el mundo y eso te honra pero yo me ocupo de lo mío y lo dicho, me encanta lo bien recibida que me siento y te doy las gracias por ello.

    Aunque no me veas (que imagino……. me puedes ver) siempre ando por aquí, tardaré unos días más o menos en visitarte pero estoy, no siempre escribo o por falta de cosas, ideas, argumentos, “contra argumentos”, etc.. que aportar o por que ya es tiempo de descuento y el cansancio y la pereza me pueden y no encuentro la energía para hacerlo o porque el tema me escuece demasiado ( “las uvas de la ira”) para la hora en que te leo y podría o querría decir algo pero no son horas para alterarme, más bien todo lo contrario.
    En todo caso por aquí ando paseando – ahora ya sabes que a veces soy muy sigilosa- , leyéndote y disfrutando muchísimo, te lo aseguro.

    Y respecto a la música, no sé lo que hacen los demás pero espero que sigas esforzándote de la misma manera porque yo disfruto de tu esfuerzo.

    He leído las últimas entradas y me parecen preciosas, mejor, fascinantes y aunque no es mi mundo lo vivo como si lo fuera, las leeré de nuevo con calma, (hoy hablé /discrepé /”semidiscutí ” -la ignorancia es atrevida- con unos amigos sobre el accidente del Costa Concordia) y expondré mi “ignorante” punto de vista.

    Hasta entonces…

    Un beso enorme.

    S. Guadiana

    • 25 enero, 2012 en 7:05 PM

      Hola Guadiana
      ¿Cómo no voy a recibirte bien? Cada vez que te veo por aquí me alegras el día un poco más.
      Me contarás algún día el escozor de las uvas de la ira. Y, si me das alguna idea de tus aficciones, prometo compensar.
      Lo del Costa Concordia tendrá muchas causad y muchas derivadas, pero lo que parece fuera de discusión es el comportamiento vil de Schettino. Hoy leía en algún sitio que el nombre del capitán es el insulto más utilizado estas semanas: “Eres un pedazo de schettino”, y cosas a sí.
      Besos

  1. 16 enero, 2012 en 5:18 PM

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