(4) ESTO NO ESTÁ PARA CENAS (¿reformas?)

El futuro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha defendido este lunes ante la Junta Directiva Nacional del PP la necesidad de emprender reformas para que la economía española empiece a crecer, porque “la austeridad no lo resuelve todo y ha avisado de que el control del déficit público, en los primeros momentos, no va a producir efectos positivos (“como todo el mundo sabe”, añadió) en el crecimiento e, incluso, puede ocurrir lo contrario”.

Claro. La situación es tan complicada que la austeridad, es decir los recortes de los que yo hablaba en la entrada (2) de esta serie, no son, ni de lejos, suficientes para resolver el problema de déficit ni, mucho menos, para empezar a crecer. Pero Rajoy es parco en palabras; se ha comido la segunda parte, es decir la entrada (3) de esta serie: los incrementos selectivos de impuestos. Debería haber añadido: “Ni la austeridad ni las subidas de impuestos resuelven todo”. Pero, claro, como aún no ha dicho que va a subir impuestos, que ya lo dirá, no puede decir que lo que no ha dicho aún sea insuficiente para cumplir objetivos.

Rajoy piensa mucho pero dice poco. Y lo poco que dice, lo espacia demasiado en el tiempo.

Hemos (perdón, “he”, que parezco un catedrático) hablado en estos últimos días de la crisis de valores, de los recortes necesarios y del incremento de ingresos por subida de impuestos. Hoy me gustaría centrarme en algunas de las reformas que creo necesarias para reducir en el medio plazo el desempleo y para iniciar una tímida senda de crecimiento. Las especialmente dirigidas a los emprendedores y a la pequeña y mediana empresa que es, a decir de los entendidos, la que más empleo genera.

 4. Pymes y emprendedores.

Las reformas deberían orientarse en dos direcciones: (a) eliminar obstáculos; (b) generar oportunidades. En efecto, el ordenamiento jurídico de nuestro hipertrofiado estado, plagado de diferentes administraciones superpuestas que se hacen competencia unas a otras y que generan una maraña reglamentista muy difícil de sortear, suponen un obstáculo difícilmente salvable para emprendedores y pymes. Para las grandes empresas solo supone una molestia: más trabajo para sus gestores y abogados. Pero las pequeñas no los tienen; han de contratarlos. Y eso supone tiempo que no siempre tienen y gastos que no se pueden permitir. La consecuencia es fácil de intuir: el emprendedor no emprende y la pyme cierra o no crece. Ya están los tiempos demasiado difíciles como para, encima, poner trabas de papel.

Voy a poner un ejemplo ilustrativo:

Donde yo vivo, hay un paseo marítimo con unos cincuenta locales; una especie de pequeño Puerto Banús. El promotor se las prometía muy felices allá por el 2006-7, cuando inició la comercialización. Hoy solo veo dos locales abiertos: una tienda de ropa que apenas vende y un restaurante que, supongo, cerrará en unos días. Otros tres, tienen un bonito cartel, “próxima apertura”, desde hace ya tiempo y que aún estará unos años más. Hay un quinto, una panadería-pastelería, que está a punto de abrir. Las obras ya están terminadas y en el cristal del escaparate, no sé si con el propósito de dar tranquilidad a su futura clientela o simplemente de contarnos su peripecia burocrática, el titular ha pegado el “relato” de su odisea administrativa en unos cuatro metros de folios, con lenguaje y sellos oficiales, que contienen el estado de tramitación de: (a) La licencia de obras (b) La licencia de apertura (c) El informe de impacto medioambiental (d) El permiso de inicio de actividad (e) Las licencias de sanidad (f)…., y que dan cuenta de los interminables paseos del titular por más de media docena de dependencias de diferentes concejalías, consejerías, direcciones, secciones,…Cada licencia, condicionada a la exitosa obtención de la anterior. Y durante todo este tiempo, el emprendedor tiene que asumir el alquiler del local y atender el pago de intereses y amortización de los préstamos que ha tenido que solicitar. Hasta que abra, si aún le quedan ganas y recursos.

Lo anterior es cierto, sin un ápice de invención. Y como este, hay multitud de ejemplos.

Cuando el emprendedor o la pyme salen triunfantes de ese marasmo de papeles y despachos y se plantean la aventura de incorporar ayuda humana para crecer, se topan con los elevados costes de seguros sociales, con reivindicaciones sindicales basadas en convenios hechos para otra dimensión empresarial y con la asunción de un futuro pasivo laboral de coste potencial muy elevado. Y con la dureza del mercado; de conseguir clientes, de lograr que estos le paguen, de obtener créditos, de anticipar impuestos…

No es extraño que miles de pequeñas empresas y negocios de todos los sectores han cerrado en estos años. La falta de voluntad o de imaginación de nuestros gobernantes y su debilidad con los grandes lo ha propiciado. Los dos, cuatro, diez o treinta empleados que de cada una de ellas vivían están en el paro y el dueño arruinado. Sin embargo, por lo general eran negocios viables aun a pesar de la pérdida de clientela.

¿Qué ha pasado?: (a) Los bancos se han negado a renovar los créditos o dar nuevos (b) La crisis, además de generar contracción de la demanda –menos clientes- , provoca que muchos de sus clientes se conviertan en morosos (c) La propia administración, que despilfarra en gasto inútil sus recursos, deja de atender sus obligaciones de pago con estas empresas (d) Aun así, el empresario ha tenido que pagar a la hacienda el IVA correspondiente a las facturas que ha emitido y que no ha cobrado ni, quizá, cobrará (e) En muchos casos están obligados, al pertenecer a un sector determinado, a incrementar salarios por encima de inflación y aun sin tener beneficio (f) O, ante la quiebra inminente, afrontar caros despidos (g) Y, en el supuesto de repunte de actividad, se cuidarán muy mucho de contratar nuevo personal (h)…

¿Qué empresa puede subsistir sin crédito, sin cobrar su trabajo y teniendo que anticipar el IVA?

 ¿Qué haría yo, si tuviera capacidad de decisión?:

 a) Unificar la normativa administrativa en todo el proceso de apertura de empresas en todas las CCAA. Siempre lo dicen; nunca lo hacen.

b) Permitir la apertura de negocios sin tener que esperar a obtener el último papel, condicionada a que finalmente se obtenga.

c) Unificar en un único proceso administrativo todas las licencias que se requieran para la apertura de un negocio, exceptuando los que, por su especialidad o potencial efecto en la salud pública, aconsejen otra cosa.

d) Para hacer (c) posible es necesario crear, en cada CCAA, una consejería de “Empresa y Emprendedores” que, bajo una misma unidad administrativa, englobe todo el proceso.

e) Establecer un periodo de mora máxima en los pagos de la administración, transcurrido el cual se generen intereses punitivos (por encima de mercado) a favor de la empresa.

f) Permitir al empresario compensar su crédito frente a la administración con impuestos que tenga que pagar a la administración.

g) Exigir a la banca a que acepte el descuento de los créditos reconocidos frente a la administración, que habrían de tener el aval del estado o de la comunidad autónoma. Así, la liquidez y solvencia de las empresas no se deteriora.

h) Eximir al empresario de pagar el IVA hasta el momento en que cobre el importe de su facturación (criterio de caja, no de devengo).

i) Presionar a los bancos para que destinen una parte de los recursos generados por el margen entre préstamos del BCE y suscripción de deuda pública (con diferencial de 300 ó 400 pb) a dinamizar el crédito a empresas.

j) Atajar la economía sumergida con especial énfasis en quienes, fraudulentamente, perciben subsidios de desempleo cuando están generando ingresos por actividades no declaradas.

k) Promover la contratación de trabajadores estableciendo exenciones o bonificaciones temporales en la seguridad social, así como deducciones (créditos fiscales) en el impuesto de sociedades (o IRPF, según proceda) por cada empleado de nueva contratación. Al Estado siempre le convendrá más dejar de percibir la seguridad social de un trabajador que cobra su sueldo que afrontar el pago del subsidio de un parado. No solo por economía; sobre todo, por sentido social.

Y por supuesto imponer, si no llegan a un acuerdo CEOE y sindicatos o si el acuerdo no es eficaz, una reforma laboral profunda y una modificación, también radical, del modelo de convenios. Con sentido de Estado y sin demagogia ideológica. Un ciudadano parado consume recursos públicos y, poco a poco, va perdiendo su futuro e incluso su dignidad. Como no puede ser despedido, por que no trabaja, jamás va a obtener una indemnización por despido ¿No es mejor que trabaje, que tenga futuro y que mantenga su dignidad, aunque “solo” tenga derecho a 15 o a 20 días de indemnización por año trabajado, si es despedido? Con respeto a los derechos adquiridos de quienes tienen hoy empleo, naturalmente.

Es de sentido común; es lo que, en palabras de Rajoy, “entendería todo el mundo”. Que no pregunten a Toxo o a Mendez. Que pregunten a cada uno de los millones de parados que hay, si prefieren seguir como están o tener la posibilidad de trabajar con una indemnización por eventual futuro despido menor que la vigente hoy.

¿Qué esto beneficia a las grandes empresas, a la CEOE? Naturalmente. Pero quien haya tenido paciencia de leer alguna de las entradas anteriores, verá que sugiero otro tipo de medidas que aplaudirían con menos entusiasmo. Es cuestión de equilibrio. De que todos cedamos un poco para que todos ganemos.

Porque si no se hacen las reformas que hay que hacer, Mariano Rajoy, el desempleo crecerá y a las puertas de la Moncloa acudirán cientos de miles de hombres indinados y preocupados, de Worried Men, como esos a los que en esta buenísima versión, mezcla de country, calipso y reagee, canta Willie Nelson con no se quién. I’m a Worried Man: “Cuando fui a cobrar mi paga, me dieron con la puerta en las narices y me dijeron que no volviera. Fui a mi casa con la mala noticia y mi mujer vio mi tristeza. Pero me dijo: los niños necesitan zapatos nuevos. Y soy un hombre preocupado”

Entonces todos nos tendremos que preocupar mucho más porque, si esto no lo arreglas, la calle estallará.


Worried man worried man I’m a weary worried man
Hungry babies don’t understand papa is a worried man

The place I used to draw my pay slammed the door on me today
And told me just to stay away and no come back again
I went back home to bring the news my woman saw that I had the blues
But she said the babies need new shoes and I’m a worried man

Worried man worried man…

[Guitar]

Well there is no way that I can see that I can feed my family
Cause I don’t own no money tree and very little lam
But I said mama don’t you cry I’ll get a job up fore the day’s gone by
I don’t know where though and that is why I’m a worried man

Worried man worried man…
Worried man worried man…

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  1. Inma Cobreros
    14 diciembre, 2011 en 8:31 AM

    Muchas gracias Jaime, por todas esas reflexiones y propuestas, que al menos incentivan las neuronas, que no cabe duda es el mejor capital que tenemos. Unas buenas medidas para los emprendedores. Me gustaría añadir que por mi experiencia en Asesoria, he observado que existe una falta de cultura económica y empresarial en los emprendedores, que muchos proyectos nacen sin viabilidad posible, y que detrás no existe una lógica o manejo correcto del dinero. Cuando viajas a EEUU y Canada, ves como el contacto con las acciones y la cultura empresarial es constante, puede que no sepan donde se encuentra España o no se sabe que rio, pero saben que es una cotización y entienden de dinero. En España esta “mal visto” hablar de dinero, al que se le asocia un monton de cualidades negativas. Puedes terminar los estudios, y salvo que sean empresariales o económicas, seguir sin idea de manejar un negocio o realizar una simple factura. El libro “Los secretos de la mente millonaria” devela como trabaja el subsconsciente y los límites que nos autoimponemos. Puede que sea el momento de tomarse en serio “La cultura económica”.

    • 16 diciembre, 2011 en 10:17 PM

      Hola Inma
      Me alegra verte de nuevo por aquí. Sigue leyendo tanta gente (o tan poca) como antes; pero son más perezosas en escribir o, lo que es más probable, les motivo menos. En fin, que me alegro.
      Tienes mucha razón. En esta tierra se da poca importancia a la enseñanza técnica en las carreras humanistas y a la enseñanza humanista en las técnicas. Y, así, estamos medio cojos cuando nos enfrentamos a la vida profesional. Hay mucho licenciado que jamás ejerce la carrera que estudió, muchos proyectos que no nacen por falta de asesoramiento y muchos que mueren por falta de base financiera.
      Yo participé en una organización, SECOT, formada por “seniors” jubilados que, sin cobrar, tan solo por afición o por mantenerse activos, asesoraban a emprendedores en materia financiera, legal, técnica, etc. Había mucho que hacer, en teoría. Al final me aburrí por falta de asuntos y lo dejé. Pero la idea y el objetivo eran muy buenos.
      En mi época de estudiante era aún peor. Un abogado que terminaba su carrera, ni siquiera había visto un foro ni vestido una toga en su vida; y qué decir de leer un balance. Felizmente tuve suerte y empecé en despachos donde enseguida aprendí cultura económica y empresarial y pronto asesoré en áreas en las que las finanzas, los balances y la empresa eran un “must”. Tuve suerte.
      Esperemos que cambie, porque hoy más que nunca es necesario emprender.
      Besos

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