(1) ESTO NO ESTÁ PARA CENAS (la crisis de valores)

“Esto no está para cenas”. Es una de las pocas frases que hemos escuchado de Mariano desde que arrasó en las elecciones del 20N. Alguna más dijo este último sábado ante los suyos en Pontevedra: “Lo que viene para España es muy difícil”; “Tengo las ideas claras”; “El país saldrá adelante”. Y poco más, aparte de apelar al consenso que él, cuando oposición, no facilito.

Rajoy es hombre de pocas palabras y muchos silencios. Tiene sentido que así sea, al menos durante este larguísimo proceso de relevo gubernamental. Hay momentos en que las palabras sobran pero también hay momentos en que la palabra es lo único que reconforta. Hay silencios que ensordecen pero también hay ocasiones en que el silencio es lo único que se quiere escuchar. Eso sí, siempre que las energías ahorradas en ese silencio sirvan para tomar la palabra y la acción cuando sea preciso.

Y también dijo Mariano: “Vamos a intentar hablar con todo el mundo, pero también tenemos que ser rápidos y ágiles en todas las decisiones que tomemos”. De momento, ha hablado o, al menos, ha escuchado; eso nos consta. Porque en estos pocos días recibió a banqueros, a sindicatos, a patronos, a políticos europeos. Se ha reunido con Geithner, el secretario de economía de Obama; ha visto a Sarko y a Merkel. En fin, a “todo el mundo” como a él le gusta decir. Trabajar,está trabajando.

Pronto llegará el momento de la acción; de ser “rápidos y eficaces”. Y de acertar, naturalmente. Y será preciso blindarse tanto frente a las críticas más aceradas como frente a los elogios más interesados. La personalidad de MR favorece ese blindaje.

A poco que leamos prensa, conocemos las demandas, las exigencias a veces, de los grupos de interés domésticos (sindicatos, patronal, partidos, medios…) y del núcleo duro del euro. Yo no soy parte de esos grupos de presión; soy un ciudadano normal, como muchos millones, y me precio de tener cierto criterio aunque nula influencia. Así que voy a listar mis demandas o, dicho de otra forma, diré lo que yo haría:

 

  1. Crisis de valores.

 Por encima de la crisis financiera hay en España una profunda crisis de valores de la que, obvio es decirlo, no es el gobierno saliente el culpable. La culpa es de todos aquellos que pudiendo haber controlado o impedido el latrocinio no lo han hecho; y, lo que es peor, incluso en ocasiones lo han cometido, provocado o aprovechado en beneficio propio.

 La ética no se regenera con una Ley votada en Cortes, ni con un Real Decreto. Se comienza a combatir con acciones concretas, certeras y, sobre todo firmes, que tiendan a acabar con los núcleos de cucarachas. No es suficiente un spray; hace falta una fumigación profesional, aislando lo que haya de preservarse, atacando con productos químicos de efecto fulminante y protegiéndose con mascarillas para no contaminarse.

 Basta ya de justificar, defender u ocultar la corrupción propia mientras se airea la ajena. Rajoy sabe dónde, dentro de su partido y de los gobiernos o empresas por él controlados o protegidas, existen nidos de cucarachas. Una campaña de depuración interna le haría ganar la fuerza moral que hoy, a pesar de su mayoría absoluta, aún no tiene.

¿Qué haría yo, si tuviera capacidad de decisión?:

a)     Cambiar el sistema de renovación del Tribunal Constitucional, de manera que no dependa de la voluntad o de las trabas que cada partido quiera poner cuando ve que su “cuota” se reduce por mor del resultado electoral

b)     Cambiar el sistema de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, de manera que se elimine cualquier contaminación política. Que realmente vuelva a ser lo que debió ser: garante de la independencia judicial.

c)      Despolitizar el nombramiento de responsables de los órganos reguladores: Banco de España, Comisiones Reguladoras, Agencias Estatales y cualesquiera otras asociaciones o fundaciones de control estatal.

d)     Impedir que cualquier imputado pueda formar parte de listas electorales. En política, la presunción de inocencia debe respetarse, pero la corrupción, e incluso la apariencia de corrupción, perseguirse. “Es preferible que se libren cien culpables a que se condene a un inocente”; es cierto, pero impedir formar parte de una lista electoral no es, aún, “condenar”. La experiencia demuestra con escasísimas excepciones que los imputados, incluso aquellos que finalmente no fueran condenados, no eran acreedores de la confianza ciudadana. La salud de la democracia es un bien superior que debe ser preservado incluso a riesgo de alguna aislada equivocación. Los potenciales efectos secundarios, no queridos, de un antibiótico que salva vidas no pueden impedir tomarlo para salvarlas.

e)     Dinamizar la acción de la justicia contra los servidores públicos corruptos y cualquier cooperador necesario es vital para demostrar ese retorno a los valores. Ya está bien de dilaciones interesadas que eternizan procesos, de indultos otorgados a los amigos que favorecieron, de prescripción praeter legem o contra-legem de delitos cometidos por amigos que favorecieron.

f)       Modificar en lo que haya de hacerse la legislación penal para exigir a los condenados la devolución de lo robado y el pago de las responsabilidades civiles con todos sus bienes presentes y futuros y para perseguir, especialmente, el alzamiento de bienes.

g)     No basta con establecer nuevos controles que eviten futuros casos de corrupción. Es preciso perseguir hasta sus últimas consecuencias, hasta encarcelarlos y hasta que devuelvan lo robado, a los ladrones (directivos que, tras arruinarlas, se llevan millones) de cajas de ahorro, de fondos europeos, de “ERE’s” andaluces, de “correas” valencianas”, de “velódromos” mallorquines, de “palaus” catalanes, de consortes de infantas, de bandidos de derechos de autor, de…..Acciones ejemplares sobre conductas pasadas, perseguibles con códigos penales o éticos, tranquilizarían a la población y contribuirían a que volviera a considerarse la actividad política como una profesión altruista, como un servicio público.

h)    Huir del sectarismo, del “buenismo”, del “igualitarismo”, del “cuotismo” y del pago de favores en el nombramiento de cargos de la máxima responsabilidad, sean ministros, responsables de empresas públicas o presidentes de órganos reguladores. Para el cargo hay que valer, no solo “estar ahí” ni “haber estado conmigo”. El cargo es para servir al ciudadano, no a quien nombró. Basta ya de ministros (y de ministras, si se me permite) peleles, alocados, inanes intelectualmente o, simplemente, ineptos; sin formación ni experiencia. Un ministerio que maneja miles de millones en recursos públicos y cuyas decisiones producen efectos multiplicadores, positivos, ha de estar bajo la responsabilidad de un intelecto solvente. Hay mucha capacidad desperdiciada y demasiada ineptitud utilizada.

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Muchas cosas me dejo en el tintero. Pero esto no es nada más que un blog de un ciudadano normal como muchos millones más; que se atibuye cierto criterio y sentido común y que, tan solo, pretende volver a creer en su país, en la clase política que lo gobierna y, cómo no, en la división real de poderes.

Mariano Rajoy, tienes el mando y tienes la palabra. Toma el mando, toma la palabra y toma, pronto, la acción. Con coraje y honestidad.

Y recuerda siempre que, aunque eres presidente porque diez millones lo quisieron, eres predidente para cuarenta y cinco millones. Algo que costó comprender a tu antecesor.

¡Vaya trabajo tengo! Como va a ser esta una entrada “por capítulos”, tendré que buscar música para cada uno. Y para Rajoy o nuestra política no es fácil encontrar música adecuada. Utilizaré, pues, la metáfora. Y puesto que hoy hablos de silencios, de acciones y de regeneración ética, me quedaré con lo sencillo, con el silencio. THE SOUND OF SILENCE es una preciosa canción de Simon & Garfunkel, mítico duo de los años sesenta, mis años. Fue escrita por Paul Simon en 1964, en homenaje y como protesta por el asesinato de uno de los políticos más carismáticos del siglo XX: J. F. Kennedy.

El sonido del silencio lo provocó la muerte de un político. Ojala este silencio del político no se prolongue, que pronto sus palabras lleguen a nuestros oidos y llenen nuestros corazones y que de sus acciones, en el tiempo, renazca nuestra fé en la POLÍTICA, con mayúsculas.

“Fools” said I, “You do not know Silence like a cancer grows. Hear my words that I might teach you, Take my arms that I might reach out you.” But my words like silent raindrops fell, And echoed In the wells of silence.”

(Tontos, dije, no sabéis que el silencio crece como un cáncer. Escuchad mis palabras, que yo podría enseñaros, tomad mis brazos, que yo podría alcanzaros. Pero mis palabras caen como gotas de lluvia silenciosas y retumban en los pozos del silencio.)

Os dejo con esta maravilla.


Hello darkness, my old friend,
I’ve come to talk with you again,
Because a vision softly creeping in,
Left its seeds while I was sleeping,
And the vision that was planted in my brain
Still remains
Within the sound of silence.

In restless dreams I walked alone
Narrow streets of cobblestone,
‘Neath the halo of a street lamp,
I turned my collar to the cold and damp
When my eyes were stabbed by the flash of a neon light
That split the night
And touched the sound of silence.

And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more.
People talking without speaking,
People hearing without listening,
People writing songs that voices never share
And no one dared
Disturb the sound of silence.

“Fools” said I, “You do not know
Silence like a cancer grows.
Hear my words that I might teach you,
Take my arms that I might reach out you.”
But my words like silent raindrops fell,
And echoed
In the wells of silence.

And the people bowed and prayed
To the neon god they made.
And the sign flashed out its warning,
In the words that it was forming.
And the sign said, the words of the prophets are written on the subway walls
And tenement halls.
And whisper’d in the sounds of silence.”

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