Inicio > CULTURA, EDUCACION Y SOCIEDAD, MUSICA > EL PRAETIUM DOLORIS (¿cuánto por este muerto?)

EL PRAETIUM DOLORIS (¿cuánto por este muerto?)

En mi última entrada, Home, Sweet Home, sobre el valor de las cosas materiales, aludía a ese dicho tan cierto: “Siempre fue cosa de necios confundir valor y precio”. Hoy que hablo del precio de la muerte, del valor de una vida, ambos conceptos vuelven a estar juntos, también en lo inmaterial.

Me mueven a escribir sobre esto dos noticias leidas estos últimos dias que, aunque se refieren a sucesos muy diferentes acaecidos en culturas lejanas geográfica y socialmente, tienen mucho que ver. Hablan ambas del precio de la muerte.

España, país democrático, civilizado y, en teoría, con un sistema judicial justo y evolucionado.

“Un año de prisión, multa de 5.400 euros y un año de inhabilitación…. Esta es la pena que ayer asumió el presidente de Promociones Hábitat, Bruno Figueras, por un delito contra el derecho de los trabajadores, por el fallecimiento de cinco operarios que trabajaban para la empresa en julio de 2006….La condena es fruto de un acuerdo entre las partes que contempla una indemnización para las víctimas de 2,7 millones de euros, con lo que no ha sido necesario que se celebre el juicio.”

 Lo que sorprende en este asunto no es si la resolución es o no justa según las responsabilidades de cada uno y el derecho positivo del lugar, sino el hecho de que sea posible, en un ordenamiento jurídico como el nuestro, que las condenas por delitos tipificados en el código penal puedan ser objeto de negociación y acuerdo entre las partes, según cuál pueda ser el importe de la indemnización a recibir por las víctimas; mejor dicho, en este caso, por los familiares de las víctimas.

 

China, país totalitario, comunista (aunque extremadamente capitalista) y con un sistema judicial sometido al partido único.

 “Un niño perdió la vida tras ser aplastado por un camión cuando se dirigía a su escuela en la aldea de Yunfeng, en la provincia china de Sichuan. El conductor, Ao Yong, atropelló a Xiong Maoke, de cinco años, en la localidad de Luzhou, en el oeste del país.

Pero como si este terrible suceso fuera poco, el chofer dio marcha atrás al inmenso vehículo y volvió a pisar al menor. Según informa el “Daily Mail”, el sujeto lo habría hecho para evitar pagar las facturas médicas en caso de que el niño ingresara a un hospital. Según informó el citado medio, el pago de una indemnización en caso de muerte resulta más barato en aquel país que no ofrece atención médica gratuita a sus ciudadanos.

La Policía afirmó que el camionero discutió durante horas con los familiares del niño para pactar una indemnización. Mientras, el cadáver de Xiong permaneció bloqueado bajo la rueda del camión.”

Poco después, las autoridades matizaron la noticia en el sentido de que el niño no fue atropellado dos veces, sino solo una –la que lo mató-, aunque si confirmaron que el conductor no salió del camión hasta haber negociado la indemnización con los familiares.

 

Dos sucesos muy diferentes en origen, que llevan al mismo resultado: muerte. Dos procedimientos muy diferentes en su desarrollo que conducen a un desenlace común: determinar el precio de esa muerte. El primero se negocia en frío, pero al calor de los despachos; entre los abogados de las partes y ante tribunales y con un elevado coste económico, administrativo y temporal. El segundo se negocia en caliente, pero ante la presencia del cadáver del niño en el frío asfalto; entre el causante de la muerte y la familia del muerto; sin tribunales de justicia y sin coste de ningún tipo: ni tiempo, ni abogados, ni burocracia.

 Ambos tienen en común algo fundamental: cuando la vida carece de valor, por haberla perdido, la muerte tiene aún un precio para los que quedan. Y ese precio es negociable, sea ante los tribunales de justicia o ante el cadáver aún caliente de quien la perdió. Sea en España o en China. Cueste mucho o cueste poco en tiempo y dinero.

 

Traídas las cosas a este extremo, y tras habernos estremecido por el suceso chino sin que el acaecido en España nos haya generado sentimiento alguno, la pregunta es obvia. Si no obvia, sí al menos oportuna desde una mentalidad algo cínica: Si el fondo del asunto es, “mutatis mutandis” el mismo, ¿Qué sistema es mejor? ¿Cuál más justo? Aceptada la oportunidad de la pregunta, aun en su cinismo, la respuesta es también obvia: sin duda, el sistema chino; la negociación directa entre causante y víctimas, inmediata y sin coste. La reparación del daño terrible e inmaterial con lo único amterial que cabe -dinero- y en el más breve tiempo posible. La justicia, cuando es inmediata, es mucho más justa.

 

Porque sabido y asumido es lo contrario: que la justicia lenta no es justicia. De poco sirvieron las indemnizaciones por el caso del aceite de colza, aceptadas tardíamente ante el riesgo a no tenerlas nunca; quince años después de las docenas de muertes que produjo. Menos valor tendrán aún las compensaciones por el trágico asunto de la Talidomida, con docenas de miles de vidas arruinadas, judicialmente vivo cincuenta años después de que acaeciera. El caso Hábitat tardó, tan solo, cinco años. Pero, aun así, una eternidad comparada con las escasas horas que consumió la negociación por la muerte del pobre niño chino. Sin duda es un planteamiento ciertamente cínico; pero no exento de cierto sentido común.

¿Qué es lo que determina el precio de la muerte, el “Pretium Doloris”, como eufemísticamente se denomina en práctica jurídica? ¿Acaso el valor de la vida que se truncó? Y, de ser así ¿cómo se determina el valor de esa vida? ¿Por la capacidad de producción de lo material? ¿Por el dolor –inmaterial– que dejó? ¿Por la cantidad de vida que, en teoría quedaba? ¿Por la capacidad económica del causante?…..

¿Por la habilidad de los negociadores?

 Porque, desde luego, aunque para cada uno lo que más vale sea su propia vida, no todas las vidas tienen el mismo valor, ni el mismo precio cuesta arrebatarlas.

La vida del Vendedor de Yuyos no le importó a casi nadie; su muerte, pocos la sintieron. Era un rapaz que se ganaba la vida vendiendo por los pueblos “poleo, carqueja, flor de romerillo, yuyos milagreros, yerbas pa’ olvidar “. La imaginaron, o la tomaron de la vida real, Pablo del Cerro y Atahualpa Yupanki. No encuentro la versión de Atahualpa ni la (preciosa) de Cafrune con Marito. Os dejo la de Juan Carlos Ghioni.

Nadie supo como murió. Tan solo, un día a todos les faltó:

 

 

Te dormiste un día, vendedor de yuyos,
con un sueño largo, cansado de andar.

Nunca más se oyeron los pregones tuyos

” Poleo, carqueja, flor de romerillo,
yuyos milagreros, yerbas pa’ olvidar “.

Llenabas las siestas con tu voz de grillo,
cuando aparecías por el arenal.

Se te vio en las carpas y en las procesiones,
místico y profano rezar y bailar,
pregonando en medio de las libaciones:
” Yuyitos del campo, pa’l bien y pa’l mal”.

Vendedor de yuyos,
¡cuántos resentidos buscaban tu alforja,
sintiendo el pregón!.

Ese fue el destino de tu triste vida:
vivir en silencio, vendiendo ilusión.

Te dormiste un día, vendedor de yuyos,
con un sueño largo, cansado de andar.

Nunca más se oyeron los pregones tuyos:
” Yuyitos del campo, pa’l bien y pa’l mal”.

” Poleo, carqueja, flor de romerillo,
yuyos milagreros, yerbas pa’ olvidar “.

Llenabas las siestas con tu voz de grillo,
cuando aparecías por el arenal.

Anuncios
  1. andreas guadalupe
    25 noviembre, 2011 en 12:57 AM

    Hola Jaime, terrible la temática de esta entrada ¿se puede cuantificar el valor de una vida? ¿Por qué unas vidas cotizan más que otras? ¿Quien te indemniza por la muerte de tus hijos de hambre o de sed, o de torturas o de maltrato? Que sucede si el que mata es el Estado? Al leer lo del pobre niño chino recordé que cuando estuve en Pekin me conmocionó comprobar como en la prensa publicaban las fotografías de los condenados a muerte con la fecha de la ejecución y la reseña del delito cometido. En un centro de enseñanza de mi localidad falleció un alumno mientras subía las escaleras de camino al aula, el chico murió de un aneurisma pero la familia denunció a la dirección del Centro por si acaso cobraban alguna indemnización. En fin, creo que lo que planteas es tal cual, ¿en base a qué se fija una cuantía? ¿ que tipo de justicia es la más justa? ¿Todas las vidas tiene el mismo valor? Seguro que mientras escribo esto hay alguien que está siendo privado de su vida en alguna parte del mundo, en algunos casos nos rasgaremos las vestiduras y reclamaremos responsabilidades, en otros, sentiremos la injusticia pero pensaremos que nos queda muy lejos de nuestra realidad económica y política, habrá que hacer algo pero…. Un abrazo Jaime.

    • 1 diciembre, 2011 en 1:07 AM

      Hola Guadalupe.
      Muchas gracias por seguir leyendo (y comentando) a pesar de lo vago que estoy con este blog. Aun no entiendo como escribía tanto antes (en mayo del año pasado, 31 entradas) ¡Una por dia! No se como podia. Las ideas se van agotando a pesar de que la actualidad sea tan dinámica.
      Muchas preguntas te haces, casi todas de difícil contestación.
      Una de las cosas que mayor valor da a la vida que se pierde es la proximidad que tenía con los que se quedan. La muerte de un ser querido vale más que la de veinte asesinados en México o la de 100 masacrados en un atentado no se dónde. Pero, claro, eso son sentimientos; y los sentimientos alteran el valor de las cosas y de las vidas.
      Perdona el retraso en contestar.
      Un beso

  2. andreas guadalupe
    2 diciembre, 2011 en 1:01 AM

    Gracias Jaime, leer tus entradas siempre es placentero y motivador, además al ser más espaciadas nos mantienes espectantes, Si el cuerpo demanda un ritmo más lento será por algo, Es cierto que me incorporé recientemente al blog pero he ido poco a poco poniéndome al día y me encanta como escribes, los análisis tan objetivos y la honestidad de tus reflexiones. Un beso.

    • 2 diciembre, 2011 en 10:20 PM

      A ti gracias, Guadalupe.
      “Si el cuerpo demanda un ritmo…”. Gracias por facilitarme autoexcusa. Me confortaré con ella. Ponte al dia y mándame comentarios. Me gusta y adorna mi vanidad.
      Y gracias por esos elogios.
      Besos

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: