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COMEOS LOS UNOS A LOS OTROS

No es exactamente lo que dijo Jesús en la víspera de su pasión, sino más bien, “amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Juan 13,34).
Aunque sí es cierto que en el Antiguo Testamento existen alusiones al título de esta entrada:

“Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio” (Deuteronomio, 28:53)
“Cocimos a mi hijo y lo comimos; al otro día le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos. Pero ella lo ha escondido” (Libro de los Reyes, c 6)

Ha sido la lectura de esta noticia la que me ha impulsado a escribir sobre algo tan extraño hoy, pero tan común antaño, como el canibalismo.

STEFAN RAMIN

“Después de tres semanas de búsqueda en las Islas Marquesas, el cuerpo de Stefan, ex ejecutivo alemán, apareció mutilado y medio carbonizado junto a los restos de una hoguera. El ADN confirmó que había sido desmembrado y asado. Desde el primer momento tres pistas apuntaron a que el turista Stefan Ramin había sido víctima de un rito caníbal”.

Así comienza el relato de este truculento suceso. Aunque es de ese tipo de noticias que mueve más a la curiosidad y morbo que a la compasión, a mí personalmente me afectó porque, como a Stefan, me gusta el mar, la navegación y soñar con islas tropicales.

Stefan y su pareja navegaban los océanos tratando de recrear las aventuras que de jóvenes leyeron: Herman Melville, Jack London, Joseph Conrad, R. Louis Stevenson…En su última singladura, se detuvieron –el 16 de septiembre– en la isla tropical Nuku Hiva. No imaginaba Stefan que su final no iba a ser tan afortunado como el de su autor favorito, Herman Melville, que a punto estuvo de acabar también en los estómagos de los indios Kaioi en la misma isla Nuku Hiva, como relató en su libro “Taipí, un edén caníbal”. Herman logró huir de los caníbales; a Stefan se lo comieron.

Las viejas tradiciones vuelven. Los habitantes autóctonos de las islas Marquesas, la tribu Kaioi, practicaron el canibalismo no hace demasiado tiempo; algunos de sus descendientes han querido revivir sus orígenes.

Porque aunque el canibalismo es hoy considerado una aberración, en tiempos no demasiado lejanos fue rito, tradición e incluso práctica gastronómica. No estaban muy alejadas las palabras de Yaveh de las de otros dioses, otras religiones. Todas ellas, las religiones, tienen fundamentos comunes. Solo las que sobreviven, algunas de ellas, evolucionan y se suavizan.

El primer testimonio directo de canibalismo que tenemos proviene de Cristóbal Colón y de la isla La Española. Sus habitantes, los “caribes” (de ahí el término caníbal) atacaban a los “arawak” para robar sus posesiones y para comerse a sus niños, que cebaban después de haber sido convenientemente castrados.

El canibalismo, o la antropofagia cometida por el hombre, tiene (tuvo) diferentes motivaciones, si bien la ritual o religiosa se lleva la palma. Con la excepción de Europa, donde el moderno cristianismo se implantó temprano y solo se comían unos a otros por lo que se llamó (quelle finesse “canibalismo gastronómico ancestral” (aunque el término “ancestral” sugiere tradiciones pasadas), en el resto del mundo la antropofagia se basó en la cultura religiosa 0, lo que viene a ser lo mismo, en inquietudes sobrenaturales. Las victorias frente al adversario creaban también ocasión idónea para, tras derrotarlo, comérselo.

En Sudamérica, las tribus guaraníes lo practicaban bajo la creencia de que era una “forma de adquirir ciertas capacidades y aptitudes de la víctima”. “El principio básico que sustentaba la antropofagia guaraní era que la persona acumula energía a lo largo de su existencia, y que esa energía puede ser utilizada por otra persona para expandir la conciencia. El objetivo vital de los guaraníes era trascender los límites de la existencia cotidiana accediendo a lo que llamaban la tierra sin mal”. Por eso trataban de comer solo a los mejores. Imagino la lucha que tendría el indio guaraní por ser más fuerte que los demás para no dejarse comer o, de no conseguirlo, aparentar mediocridad para que nadie les deseara como festín.

En tiempos de Hernán Cortés esta fea costumbre se convirtió en práctica habitual en actos religiosos y tras las escaramuzas; “incluso se solía llevar sal a las batallas para salar a los enemigos muertos, de forma que les durase más tiempo su carne y pudieran volver con ella a sus poblados y repartirla entre sus familiares”.

Comieron carne humana los nativos amazónicos, los aztecas, los pigmeos, los indígenas de la cuenca del río Congo, las tribus de Nueva Guinea, los guaraníes, los polinesios, los pobladores de Asia central,…Pocas civilizaciones han escapado de esta sana, por lo visto, costumbre.

Pero en defensa de aquellas gentes y de aquellos tiempos hay que decir que la llegada de civilizaciones más humanistas no acabó con el canibalismo. Las guerras, la maldad humana, la locura o simplemente ciertas situaciones de extrema necesidad, lo han mantenido activo en nuestros días. Veamos algunos casos acaecidos en estos “tiempos modernos”:

14 de febrero de 1779. En Kealakekua Bay en Hawái, el comandante de la expedición marina inglesa James Cook y algunos de sus hombres, fueron muertos y consumidos por la población local, tras un intento fallido de secuestrar a su rey en represalia a los robos de los nativos.

1809. Los 66 pasajeros y la tripulación del barco The Boyd fueron muertos y comidos por maoríes en la península de Whangaroa, en la isla Norte, como parte de un utu (‘venganza’) por el azotamiento con látigo de un maorí que rehusó trabajar en el barco durante el viaje desde Australia.

Durante la segunda guerra mundial, las tropas japonesas lo practicaron ocasionalmente. Según el historiador Yuki Tanaka, “el canibalismo era a menudo una actividad sistemática conducida por escuadrones enteros y bajo la dirección de oficiales.”

Durante los 900 días del sitio de Stalingrado en 1941, también durante la gran guerra, en el que murieron alrededor de 1.500.000 de personas, se practicó con frecuencia canibalismo entre sus habitantes.

1972. Los sobrevivientes del accidente aéreo en los Andes en 1972 lograron mantenerse con vida alimentándose de los cuerpos de las víctimas mortales del accidente.

En el último cuarto del siglo pasado, cuando el hambre extrema asolaba gran parte de la China, la carne humana, de cualquier tipo, costaba entre uno y tres dólares la libra. “Tanto era el sufrimiento entre la gente pobre que muchos niños debajo de los 12 años eran vendidos como comida. Podías ir a cualquier tienda y pedir por un filete”.

Además de los provocados por venganzas, accidentes o hambrunas, los casos de locura individual han sido también abundantes en las últimas décadas. Citaré algunos.

El 11 de julio de 1981 Issei Sagawa asesinó y se comió a Renée Hartevelt. Hoy, Sagawa vive en libertad en Tokio y es una pequeña celebridad en Japón como conferenciante y comentarista de reality shows.

En 1999, en Venezuela, José Dorangel Vargas, llamado “el come-gente del Táchira“, asesinó a varias personas para luego consumir la carne.

En marzo de 2001, Armin Meiwes grabó en vídeo como cortó el pene, asesinó, descuartizó y se comió a Bernd Brandes con quien contactó por Internet y que supuestamente le pidió que lo matara y luego le devorara.

El 8 de octubre de 2007, José Luis Calva Zepeda mató a su novia Alejandra Galeana Garabito, cuyo cuerpo fue hallado “destazado y algunas partes fritas en un sartén”.

Andrei Chikatilo (1936 – 1994), asesino en serie ruso, fue el responsable de la muerte de un gran número de niños y niñas. Durante la mayor parte de su vida Chikalito sufrió de impotencia y sólo lograba gratificación sexual al torturar o asesinar. A menudo mutilaba y consumía la carne de sus víctimas incluyendo pechos, genitales y otras partes.

Edward Gein (1906 – 1984) asesinó al menos tres personas: su hermano, la camarera de un bar llamada Mary Hogan y la dueña de la ferretería local, Bernice Worden. En 1957 la policía investigó la casa de Gain encontrando el cuerpo de Worden junto con los restos de al menos 15 mujeres. La mayoría de los restos habían sido robados de un cementerio cercano. Gein canibalizó algunos de los cuerpos, incluyendo el corazón de Worden.

En 1981, Anna Zimmerman, de 26 años, alemana y madre de dos niños asesinó a su novio por rabia y venganza, desmembró el cuerpo y congeló los restos. Con el tiempo descongeló porciones y los consumió junto a sus hijos que no sospechaban del hecho. Uno de los pocos casos conocidos de mujeres caníbales.

Los dictadores africanos Jean-Bedel Bokassa, Idi Amin Dada y Francisco Macías Nguema dejaron también su huella en la historia caníbal. Todos ellos fueron sospechosos de comer carne humana con fines mágicos, para lograr poder absoluto.

La ley del Mar

Mención aparte merece la llamada Ley del Mar. Han sido muchos los casos de náufragos que, tras permanecer días y días sin alimento, se han visto en la necesidad de comerse unos a otros. Pero como los marinos son gente de ley, lo hacían con cierto orden, es decir, no siempre aplicando la ley del más fuerte. Cuando ya no quedaba otra alternativa y la debilidad extrema anunciaba la muerte, sorteaban entre ellos, si eran más de uno, quién habría de servir alimento. El desafortunado solía aceptar su suerte, si no voluntariamente, porque desde luego no tenía otra opción.

A esta modalidad de fortuna se dio en llamar la ley del mar. Son bien conocidos los casos de la fragata francesa La Meduse en 1810, el ballenero estadounidense Essex en 1820, o el del yate británico Mignonette en 1884.

Pido disculpas por la crudeza de esta entrada y de las fotos que la acompañan. Puede parecer, y seguramente lo será, asunto intrascendente; no es algo que hoy día preocupe. El caso es que la lectura de la noticia me picó la curiosidad y, una vez satisfecha, he querido compartirla.

Aunque aún me queda una duda morbosa: ¿A qué sabe la carne humana?

Porque, claro, no es una pregunta que se le haga normalmente a un criminal antropófago cuando se le juzga. Ni es respuesta que se suela dar voluntariamente. Javier Methol, uno de los supervivientes del accidente de los Andes, respondió con diplomacia y sabiduría a esta cuestión: “Tiene el sabor de la salvación. Nosotros no comimos, no saboreamos esa carne. Nosotros nos salvamos con ella. Tiene el mismo gusto de la hostia, el cuerpo de Cristo. El sabor de la salvación no se percibe en la boca, sino en el alma”. Esta vez me quedo con la duda.

Aún con todo lo que antecede, de lo poco que he investigado sobre el canibalismo lo que más me ha gustado ha sido la relación que sugirió el inefable Dalí entre el amor y el canibalismo. Extraigo esta joya de una entrevista que le hicieron sobre algo tan vigente hoy como la fiesta de los toros:

¿Acaso lo monstruoso forma parte de la fiesta, para usted?

– ¡Y no! Me gustaría muchísimo reventar seres vivos. No lo haré, porque estoy contra la pena de muerte. Pero cuando se trata de animales, tengo menos escrúpulos. Más sufren, más contento me pongo. Lo que más me gustaría, sería poner bombas en el interior de 8 cisnes y verlos explotar estroboscópicamente.

¿Cómo concilia ese aspecto cruel de su carácter con el amor que profesa a su mujer?

Gala, de cualquier manera, es una excepción en todo. Pero siempre dije que si Gala muriera, me gustaría comerla.

¿La trocearía?

No. Si fuese posible que, muerta, Gala empequeñeciera como una aceituna, entonces la tragaría. El canibalismo es una de las manifestaciones más evidentes de la ternura.

De la isla Naku Hiva escribió Robert Louis Stevenson: “He visto amanecer en muchos rincones del mundo, pero en ninguno me ha emocionado tanto la salida del sol como en esta isla”. Stefan no volvió a ver el amanecer de la isla. Aunque según declaró su madre, en ella murió feliz, no estoy yo muy seguro.

 ———————————–

Me he vuelto tarumba tratando de encontrar música adecuada. Hay muchas veces que, según voy escribiendo, mi disco duro cerebral va buscando entre los archivos y encuentra tema sobre la marcha. Otras veces investigo después de completado el escrito y no tardo demasiado en encontrarla. Hoy ha sido realmente complicado.

Pero como soy perseverante, busqué, busqué y busqué…y encontré esta joya.

Como muchas canciones, cuenta una historia real que caló en la cultura popular y transmitida oralmente de padres a hijos, se convirtió en el típico cuento infantil para entretener y asustar a los niños. William Makepeace Thackeray lo recreó en poema en 1845 y más tarde Bob Roberts en canción, en una bella canción que hoy os dejo en versión de Ralph Steadman.

Cuenta la aventura de tres jóvenes que robaron un barco y se hicieron a la mar. Cuando se acabó el alimento en medio del océano, decidieron los dos mayores comerse a Little Billee. Pero no se lo comieron….Escuchadla con atención y con oidos de crío. Poned cara de susto, coread el estribillo y… sed felices.

“Colgaron del cuello a Gorging Jack y Guzzling Jimmy; pero nombraron almirante a Boy Billie”.

LITTLE BOY BILLY

There were three men of Bristol city They stole a ship and went to sea.

There was Gorging Jack and Guzzling Jimmy And also Little Boy Billie.

They stole a box of captain’s biscuits And one large bottle of whisky.

But when they reached the broad Atlantic They’d nothing left but one split pea.

Says Gorging Jack to Guzzling Jimmy ‘We’ve nothing to eat, so I’m going to eat thee.’

Says Guzzling Jimmy, ‘I’m old and toughest So let us eat Little Boy Billie.’

‘Oh Little Boy Billie, we’re going to kill and eat you, So undo the top button of your little chemie.’

‘Oh may I say my catechism That my dear mother taught to me?’

So he went up to the main-top gallant And there he fell down on his knee.

But when he reached the eleventh commandment He cried, ‘Yo-ho! For land I sea!

‘I see Jerusalem and Madagascar And North and South Amerikee.

I see the British fleet at anchor And Admiral Nelson KCB.’

They hung Gorging Jack and Guzzling Jimmy But they made an Admiral out of Boy Billie.

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  1. Francisco.
    2 noviembre, 2011 en 3:15 PM

    Me a gustado mucho este articulo. Saludos.

    • 3 noviembre, 2011 en 1:18 AM

      Muchas gracias Francisco.
      Un abrazo

  2. jesus
    28 septiembre, 2013 en 9:29 PM

    He buscado los capitulos de la biblia y en ninguno de ellos he encontrado las citas que refieres sobre canibalismo haber si me das tu bibliografias o links de donde las has obtenido.

    • 2 octubre, 2013 en 2:02 PM

      Hola Jesús.
      Mis disculpas por tardar tanto en contestar tu comentario (entro muy poco en el blog estos días) y mi agradecimiento por leerlo.
      Te diré que estoy muy lejos de ser experto en la Biblia y menos aún en canibalismo.
      El caso es que la noticia de Stefan Ramin me impactó y decidí escribir sobre ella. Y al investigar un poco sobre el tema, tropecé con las citas bíblicas que, hay que decirlo, me impresionaron.
      Si introduces las citas (o las palabras iniciales) en un buscador, te aparecerá la información. No puedo decir que las fuentes sean fieles, pero así me lo parecieron.
      Mis cordiales saludos.

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