LA CAIDA DE LOS DIOSES (II)

El día 20 de octubre de 2011 será recordado por la caída de otro dios. El Coronel Muamar Gadafi (مُعَمَّرُ القَذََافِي,) cuyo nombre completo fue Mulazim Awwal Mu’ammar Muhammad Abu Monyar al-Qadhafi. Nació en Sirte, Libia, el 7 de junio de 1942. Murió en Sirte, Libia, el 20 de octubre de 2011.

En febrero pasado, poco después de comenzadas las revueltas del norte de África, publiqué una entrada en este blog: Las Tres marías (2) . En uno de sus párrafos decía: “La segunda ola del tren de las tres Marías ha pasado de largo por el norte de Libia –ya le llegará otra- y sigue su camino hacia el este, arrasando Egipto”.

En esa fecha, Gadafi aún no había declarado la guerra a su propio pueblo; lo hizo poco después. Respondió a las protestas con bombas y asesinó a miles de ciudadanos. Y la ola volvió, esta vez con más violencia. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó entonces una extraña resolución, la 1973, que facultaba a la OTAN a llevar a cabo ciertas actuaciones orientadas a la defensa de la población, pero que no incluían el ataque ofensivo directo ni la actuación en suelo libio. La hipocresía, el petróleo libio y los intereses encontrados de las potencias fueron los artífices de tan disparatada resolución.

Esta limitación en la capacidad operativa de la OTAN y la desastrosa campaña militar permitieron que el conflicto se prolongara durante meses, que se produjeran unos cuantos miles de muertos más y que Gadafi haya acabado destrozado a manos de una panda de enloquecidos sedientos de su sangre en lugar de ser llevado ante el Tribunal Penal Internacional.

La biografía de Gadafi es similar a la de casi todos los dictadores. Con solo 27 años, en septiembre de 1969, ejecutó un golpe de Estado para derrocar al rey Idris I. Gadafi era entonces un simple capitán del ejército libio. Aún así, destacaba en un pueblo con una tasa de analfabetismo del 90% y una extraordinaria división social de su población, estructurada en tribus con escasa relación entre ellas y poco sentimiento nacional. Un caldo de cultivo idóneo para las dictaduras. Los recientes descubrimientos petrolíferos, de cuya riqueza prácticamente se apropió, le permitieron controlar la distribución de recursos y dominar completamente el país. Pero el control no puede establecerse sobre bases exclusivamente económicas. Por eso, inventó un nuevo y único modelo político de estado: la Yamahiriya (república de masas). Un modelo que mezclaba eclécticamente socialismo y capitalismo.

Acabó con la escasa cultura social y política anterior y con cualquiera que pudiera interferir en sus proyectos de absoluto dominio. Quemó libros, anuló ideologías, asesinó o encarceló adversarios. Implantó el terror.

Como cualquier otro sátrapa con poder, influencia y, sobre todo, riqueza en forma de petróleo, Gadafi fue enemigo y amigo, según las circunstancias, de los líderes políticos occidentales. Cometió atentados imperdonables que se le perdonaron. Al fin y al cabo, un asesino que compra armas y vende petróleo a occidente y que, además, mantiene a raya el desarrollo del integrismo islámico en el norte de África, no puede ser enemigo permanente.

Gadafi tenía, como todos los visionarios, una personalidad extraordinariamente atractiva en la que la inteligencia y la locura interactuaban.

– “Tiene todos los rasgos de una persona que presenta un cuadro paranoide activo en el final de su evolución”.
– “Presenta un cuadro claramente patológico, un estado paranoico que le hace incapaz de aceptar cualquier crítica o duda sobre su persona”.
– “Gadafi sufre lo que en psiquiatría se conoce como un desarrollo patológico de la personalidad. Sufre de manía persecutoria y es desconfiado y suspicaz con todos los que le rodean”.

 Son algunas descripciones de su personalidad tomadas de quienes de esto entienden. Tan acertadas como esta premonición de un psiquiatra, escrita antes de su muerte: “No tiene salida con su personalidad y sus circunstancias, no entra en su pensamiento ni la posibilidad de rendirse, ni exiliarse ni suicidarse, todo apunta a que luchará con los ‘fieles’ hasta la muerte, a no ser que sea asesinado antes por alguno de ellos en un acto de desesperación”. “Su única salida es la muerte”.

Es justo decir que al menos fue consecuente; fue también valiente. No huyo, no se exilió, no pactó rendición a cambio de una vida de paz y lujo. Prefirió morir en su Libia, con y entre los suyos.

Así fue. Y así lo predijo el propio Coronel: “Soy el líder de la revolución. No tengo que dimitir. Moriré como mártir”.

Pero el destino juega malas pasadas; no ha querido que muriera como mártir. Seguramente él hubiera preferido caer a manos de occidente, de las fuerzas de la OTAN, lo que le habría permitido disfrutar de un pequeño atisbo de dignidad en el libro de la historia. Pero murió como una rata, sin dignidad y a manos de la turba. Implorando, además, ante sus captores, la clemencia que él nunca tuvo: “Don’t shut, don’t shut”. “Tened clemencia. Tened clemencia. ¿No conocéis la clemencia?”, gritaba el antaño todopoderoso coronel entonces ensangrentado, mientras los rebeldes le rodeaban gritando ‘Allahu Akbar’, Allah es grande”.

La muerte de Gadafi pone fin a muchos problemas, pero abre la puerta a muchos otros. Libia se ha librado del dictador, pero está arruinada, dividida, asolada. Su única riqueza, los pozos de petróleo, tardará tiempo en retomar ritmo de producción. Libia es, a partir de ahora, territorio abonado para una nueva lucha entre occidente, sobre todo Francia y Reino Unido, y el islamismo moderado o radical. El Consejo Nacional de Transición es un grupo heterogéneo y dividido. Hay desacuerdos profundos incluso para decidir el cómo, cuándo y dónde proclamar el discurso de liberación. El CNT no está preparado para lo inmediato y, mucho menos, para lo por venir.

Y mientras unos los problemas se cierran y otros se abren, las declaraciones de los políticos desbordan los medios:

 “Ahora es fácil que los primeros ministros del mundo democrático comparezcan ante las cámaras para congratularse de la desaparición del dictador de los mil disfraces. Pero hace apenas un par de años, los mismos políticos le recibían con los brazos abiertos esperando conquistar sus petrodólares. Y los medios de comunicación nos entreteníamos hablando de la jaima, la camella y la guardia personal de 30 vírgenes, que le acompañaban en sus viajes”, reconocía ayer un medio de difusión.

Con todo, la palma de las declaraciones, se la lleva la que fue anteayer primera dama, ayer candidata demócrata y hoy Secretaria de Estado de EUA, Hillary Clinton; bella diplomacia la suya.

 “Secretary of State Hillary Clinton shared a laugh with a television news reporter moments after hearing deposed Libyan leader Muammar Qaddafi had been killed.
“We came, we saw, he died,” she joked when told of news reports of Qaddafi’s death by an aide in between formal interviews”.

“Llegamos, vimos y murió”, dijo entre risas la dama en torpe emulación del “veni, vidi, vici” de Julio César.

Concluía mi entrada “Las Tres Marías” con un temor, espero que no premonitorio, sobre la tercera de las marías:

La tercera ola, la más potente, la más destructiva, está aún por llegar. Su capacidad de devastación vendrá determinada por los efectos de las dos olas que la precedieron. Si estas han dejado las costas sin defensas, la capacidad destructiva de la tercera María no tendrá límites. Será necesaria mucha fuerza y sobre todo imaginación para pararla. Quizá se pueda reconducir, pero no detener. Si los diques del entendimiento, de los intentos de apertura política y de la todavía relativa paz social se rompen de manera desordenada, con luchas internas, represiones sangrientas, falta de firmeza –o intento de aprovechar la situación- de occidente, o si el conflicto se propaga sin control, la Tercera Gran Ola, la Tercera María, la más destructiva de todas, es decir, la dominación de estos países por el integrismo islámico romperá con violencia en las costas de Europa y del resto del mundo. Cuidado con los Hermanos Musulmanes; permanecen agazapados, a la espera, sin tomar partido….hasta que encuentren el momento”.

Como aperitivo de esta premonición, parece que de las elecciones de Túnez de hoy saldrá triunfador el partido islamista, agazapado durante las revueltas, pero que sabe aprovechar bien la división de los adversarios políticos.

Exiliado Ben Alí, encarcelado Mubarak y muerto Gadafi, ¿quién será el próximo en caer?

¿Qué canción traer hoy? La música árabe no me gusta. Pero como el tema de hoy trata de dictadores, música adecuada no falta. Pinochet fue un sátrapa, como Gadafi. Derrocó a Salvador Allende y arruinó a su país. Asesinó, secuestró, encarceló, torturó; como Gadafi. Uno de los mártires de la dictadura fue el poeta y cantor Victor Jara. Este poema que hoy traigo se lo dedicó el poeta inglés Adrian Mitchel en 1977 y lo cantó, un año más tarde, uno de los míos: Arlo Guthrie.
En memoria de Víctor y de todos los que han caído bajo las botas de Gadafi.

Le rompieron los huesos de ambas manos
Lo golpearon en la cabeza
Le desgarraron con descargas eléctricas
Y entonces lo mataron a tiros.
Sus manos eran suaves, sus manos eran fuertes
(Sucedió en el Estadio de Victor Jara –antes Estadio de Chile-, el 1 de septiembre de 1973)

Victor Jara of Chile
Lived like a shooting star
He fought for the people of Chile
With his songs and his guitar
His hands were gentle, his hands were strong

Victor Jara was a peasant
He worked from a few years old
He sat upon his father’s plow
And watched the earth unfold
His hands were gentle, his hands were strong

Now when the neighbors had a wedding
Or one of their children died
His mother sang all night for them
With Victor by her side
His hands were gentle, his hands were strong

He grew up to be a fighter
Against the people’s wrongs
He listened to their grief and joy
And turned them into songs
His hands were gentle, his hands were strong

He sang about the copper miners
And those who worked the land
He sang about the factory workers
And they knew he was their man
His hands were gentle, his hands were strong

He campaigned for Allende
Working night and day
He sang “Take hold of your brothers hand
You know the future begins today”
His hands were gentle, his hands were strong

Then the generals seized Chile
They arrested Victor then
They caged him in a stadium
With five-thousand frightened men
His hands were gentle, his hands were strong

Victor stood in the stadium
His voice was brave and strong
And he sang for his fellow prisoners
Till the guards cut short his song
His hands were gentle, his hands were strong

They broke the bones in both his hands
They beat him on the head
They tore him with electric shocks
And then they shot him dead
His hands were gentle, his hands were strong

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  1. andreas guadalupe
    25 octubre, 2011 en 10:41 PM

    Hola Jaime, comparto todo lo que afirmas en tu entrada, sobre todo los miedos. Cuando estallaron las revoluciones me alegré porque siempre he pensado que estos países necesitaban su propia revolución francesa que los introdujera en la edad contemporánea. El problema es que aquí no hay ideólogos ilustrados que la canalicen hasta el final, aquí los que están agazapados en la sombra tienen poco que ver con las luces de la racionalidad y demasiado con la superstición y el fanatismo por eso siempre nos queda la sensación de que, en estos países, la Historia discurre al revés y que tras cada sátrapa que derrocan retroceden en ella unos cuantos siglos. Aunque, si somos justos, hay que reconocer que ya Averroes polemizaba con los Hermanos Musulmanes de su época que se querían cargan la filosofía por ser contraria al Islam. Lo penoso es que hayamos saltado del siglo XII al XXI sin que hubieran dejado huellas de modernidad ni declaraciones de los derechos del hombre y del ciudadano. Un saludo.

  2. Redmond_G
    27 octubre, 2011 en 8:55 AM

    En un mundo globalizado, las tiranías existen y perduran por la tolerancia de aquellos que se llaman demócratas y que solo tiene una prioridad: el interés económico. Las sonrisas con los visitantes tiranos son una vejación mas a los pueblos maltratados por la tiranía. La conocida “doctrina Estrada” (¿te acuerdas?) consagró el interés por encima de las buenas prácticas internacionales. ¿Qué fue del caballo que regaló Gadafi a Aznar? ¿llegó a subirse a él, el expresidente?). Nada mas auténtico que un político que hace política (analizar los problemas sociales y aplicar las soluciones adecuadas), y no ejercicio de poder ( sacar ventajas, para el partido, para un grupo de presión, para el mismo) y nada mas que eso.
    Sigue escribiendo, es un buen oficio.

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