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LA DAMA, LA CAPITANA Y EL MAGO

 Uffff!! Lo que cuesta retomar la escritura después de cinco semanas sin acordarme de este blog; desde que anuncié mi ausencia temporal con SON DE MAR (mailing down my Golden river). Y, claro, él se ha vengado. Las visitas se han ido reduciendo y ya sólo entran unas pocas docenas de despistados que buscan algo en Google y se topan con este Sentido Común y esta Música. Se quedan un rato, leen algunas entradas y se van.

 Han pasado tantas cosas…, pero aún no estoy a tono para centrarme en ellas. Mucho 15M, mucho Rubalcaba, mucha crisis de deuda, mucho Moodys, mucha Grecia. Quizá en los próximos días me atraiga la metamorfosis social y política de este movimiento social que es el 15M y de este candidato que es Alfredo. Pero hoy, a modo de suave transición, hablaré de estas cinco semanas, que se fueron en el tiempo pero quedan en el recuerdo.

 Hemos disfrutado cada día, cada cosa, cada persona. Claro, no procede traer aquí todo ni a todos, de modo que me centraré en tres personajes: La Dama, La Capitana y El Mago…Los tres que han absorbido una parte importante de este trozo de vida.

 

 La Dama. No iré con rodeos; la Dama es mi querida madre. Pensé en darle como título “La Vieja Dama”. Pero a pesar de su edad, es tan joven de espíritu que no le haría justicia. El objetivo del viaje a bordo de Wanawaki era, precisamente, llegar a su casa de verano en el delta del Ebro y pasar unos días con ella. Ya sabía que no iba a encontrar una viejecita de casi 93 años, pero tampoco esperaba toparme con ese espíritu jovial, divertido y aventurero que siempre ha tenido pero que ha derrochado especialmente durante las casi dos semanas que allí pasamos. Cinco o seis días subió a bordo y navegó con buenos vientos durante horas.

 Un día que la vimos algo cansada, mi hermano le dice:

 –         Mami (es el único que le llama así) te veo un poco cansada; si no te apetece no vienes hoy a navegar.

–         ¿Cóooomo? ¿Qué no voy a navegar? ¿Y eso, por qué?… Bueno, si es que no me queréis llevar…

 Naturalmente que la llevamos. Su única debilidad: después de unas horas navegando, le pregunto: 

–         Abuba (así la llamamos los demás) ¿te apetece otro bordo o ponemos rumbo al puerto?

–         Al puerto, al puerto, contestó con voz ya algo fatigada.

Tenía otro fallo, disculpable naturalmente. Cada vez que subía a bordo, cantaba aquella habanera, Salió de Jamaica, una de cuyas estrofas cuenta: “…en medio del mar, el barco se hundió. La culpa la tuvo el señor capitán que se emborrachó…”. Esa no, abuba, le decía yo. Vamos a cantar otra.

 Así es esta navarra: viejita y débil de cuerpo pero con una fortaleza y una vitalidad que se alimenta del amor a los suyos.

 Va por ti, Abuba. Nos lo hiciste pasar en grande.

LA DAMA

 La Capitana. Tampoco andaré con rodeos. La Capitana, que realmente lo es por título, es mi compañera de travesía. No solo de esta travesía; andamos compartiendo viaje desde hace casi cuarenta años y lo pasamos muy bien juntos. Es también mujer de corazón bravo, aunque de lento despertar (que no se me enoje). Cada atardecer, sin dejar un solo día, tomaba su música y su alfombra, buscaba un rincón en el pantalán y comenzaba su sesión de yoga. No el yoga que creemos conocer los que de él nada sabemos, sino yoga de verdad. Daba lo mismo que hubiera espectadores o que el pantalán, a veces flotante, se moviera. Y cada atardecer, observándola desde la comodidad de la bañera del barco y de mi gin tonic, renovaba mi asombro y admiración.

 Tuvo un desliz la Capitana. Un día, durante el viaje de vuelta, descansamos en puerto; en un precioso pueblecito, de la costa alicantina: Altea. Como todos los pueblos que aún mantienen encanto, no está pegado a la costa, sino a media ladera de las montañas próximas. Subimos al atardecer con idea de dar un paseo y cenar. Yo la veía inquieta, algo nerviosa; rondaba con demasiada frecuencia uno de los puestecitos de los artesanos de la zona. No sabía que podía estar ocurriendo, pero el caso es que me contagió su inquietud.

Después de cenar en una preciosa terraza casi colgada en el vacío, volvimos a la plaza. Otro paseo y tomamos el camino de vuelta. Cuando iniciamos el descenso, me confiesa con una cara de infinita tristeza:

 –         No puedo irme sin él. Me he enamorado. Tiene unos ojos tan profundos…

–         No me jodas….

 Y volvimos a la plaza.

Va por tí, Capitana. Disfruté con tu compañía.

 

LA CAPITANA

 

EL YOGA DE LA CAPITANA

El Mago. El objeto de su repentino enamoramiento era el Mago. Y, naturalmente, pagamos lo que nos pidieron y se vino al barco con nosotros. El mago era Merlín. No puse pega porque, al margen de que no puedo negar casi nada a la Capitana, Merlín siempre me ha caído bien. De él hablé hace unos meses en CAMELOT (sin segundas). Y de él, decía:

 “Merlín era un hombre sabio y misterioso, amigo de las hadas, los gnomos y los dragones, que ayudaba a los caballeros en su lucha y en su búsqueda del Santo Grial. Tan sabio era Merlín que se ganó el respeto y la admiración de todos aquellos monstruos. Pero, aunque muchos consideren a Merlín un hombre íntegro, según algunas leyendas fue engendrado por el demonio Asmodeo, un espíritu corrompido, como fruto de su ilícita unión con una monja. Merlín fue, sin duda, el mago más poderoso de la epopeya artúrica. Podía hablar con los animales, mutar su forma humana, hurtar su cuerpo de la visión de otros, e incluso controlar el clima y los elementos.”

“Conocía la esencia de todas las cosas, su transformación y su renovación, conocía el secreto del Sol y de la Luna, las leyes que rigen el curso de las estrellas en el firmamento; las imágenes mágicas de las nubes y el aire; los misterios del mar. Conocía los demonios que envían sueños bajo la Luna. Comprendía el grito áspero de la corneja, el volar cantarín de los cisnes, la resurrección del fénix. Podía interpretar el vuelo de los cuervos, el rumbo de los peces y las ideas ciegas de los hombres, y predecía todas las cosas que sucedían después.”

 ¿Cómo no se va a enamorar la Capitana de un hombre así, tan sabio, tan mago, hijo además de un demonio y de una monja? ¿Cómo no íbamos a traerlo con nosotros, con tanto como sabía?

Ahora, ya en casa, la Capitana está pensando en un lugar digno para Merlín.

Va por tí, Mago. Compartiremos a la Capitana.

EL MAGO Y LA CAPITANA

 

EL MAGO

Bueno, pues con estas tonterías y con estas intimidades he logrado romper el hielo de la vuelta. Poco a poco me iré reincorporando; o quizá, quien sabe, alejando.

Y pensando en qué música poner hoy, he recordado otra habanera. Nada mejor que una habanera cuando de mar se habla. He recordado aquella asturiana que, como mi compañera de viaje y de vida, lleva por título La Capitana, de Carlos Rubiera. Quizá, así, la Dama no vuelva a cantar a bordo la otra habanera: la del barco que se hundió; y quizá, así, la Capitana, siga acompañándome hasta el fin de mis días.

Aquí queda, como homenaje a las mujeres de mi vida, La Dama y a La Capitana, esta preciosa habanera.

“Si torno a la mar ye pa ser capitán,
que nun ye vida esta de mariñán.

Y escúchame bien lo que te voy dicir:
de Capitana tengo llevate a ti.”


 

 

Tenia quince años cuandu nun barcu
coló pa Cuba dende Xixón
y a los seis meses tornó pal pueblu
notru veleru de polizón.

Dempués anduvo per munches mares,
nuna goleta y un galeón
y entando en puertu xunto a una neña
siempre encoplaba esta canción:

“Si torno a la mar ye pa ser capitán,
que nun ye vida esta de mariñán.
Y escúchame bien lo que te voy dicir:
de capitana tengo llevate a ti.”

Cuandu la guerra tuvo n’Habana,
de cañoneru,sirviendo al Rey,
anduvo en tratos con la metralla
y una cubana de Camagüey.

Cuandu y dixeron una mañana
que ya firmaben la rendición,
foy despidise de la mulata
con un abrazu y la so canción.

“Si torno a la mar ye pa ser capitán,
que nun ye vida esta de mariñán.

Y escúchame bien lo que te voy dicir:
de capitana tengo llevate a ti.”

 

 

 

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  1. Pier
    14 julio, 2011 en 8:47 PM

    Feliz de leerte otra vez! Y te digo que me gusta esta “digresion” familiar, porqué, para mi, lo que queda al final son los afectos familiares, que son las cosas mas importante de la vida… Un homenaje a la Dama, que tenga siempre su espiritu joven y uno a la Capitana, porqué creo que los hombres sin Capitanas podemos perdernos …

    • 15 julio, 2011 en 10:53 PM

      Caramba Pier, bienvenido de nuevo. Hace un año o por ahi, cuando se inicio este blog, mandabas algun comentario.
      La familia es importante. Pregunta a Don Corleone… Bueno, las familias como la mia, mas aun.
      Asi es. La Dama me guió cuando fui chaval. La Capitana tomo el relevo.
      Un abrazo

  2. CORSARIO
    15 julio, 2011 en 12:27 AM

    Yo de barcos entiendo poco , de mujeres sólo espero que un poquito más, pero de lo que no me cabe ninguna duda es que esa DAMA es una autentica “Dame du la Mer”, no hay mas que ver esa expresión de determinación y calma, la de una mujer que ha pasado por muchas tempestades y ha conseguido salir airosa de ellas, bravo por la “Dame du Mer” ¡¡

    Que tengas buena proa y que el barco y la Capitana te lleven a buen puerto ¡¡

    CORSARIO

    • 15 julio, 2011 en 10:56 PM

      Si, ya se que entiedes poco de barcos, Corsario. Lo tuyo siempre han sido los trucs de 16 ejes.
      Ya estoy en buen puerto. Y con la Dame du Mer en el recuerdo.
      Abrazos

  3. Joselito
    15 julio, 2011 en 9:41 AM

    Jaime, me alegro de volver a leerte, sabiendo además que has acumulado nuevos recuerdos junto a los tuyos. Se echaba en falta tu blog¡¡¡

    Un fuerte abrazo para la Capitana, que está en plena forma, y para tí ¡¡¡

    • 15 julio, 2011 en 10:57 PM

      Hola Joselito.
      Cuesta volver despues de cinco semanitas.
      Abrazare a la Capitana de tu parte.
      Uno fuerte para ti

  4. Cosimo Piovasco di Rondò
    18 julio, 2011 en 11:27 AM

    Hola Brother, estás hecho un Ulises!
    Abrazos,
    Cosimo

    • 20 julio, 2011 en 12:20 AM

      Bueno, algo menos épico y con mi Penélope a cuestas. Y mi relato desmerece algo respecto al de Homero.
      Abrazos

  5. Redmond
    19 julio, 2011 en 5:46 PM

    Me recuerda lo que comentas de la Dama, el caracter de Leonor de Aquitania, Mujer de Enrique II Plantagenet, que con ochenta años se plantó en Tarazona a la boda de su nieta Leonor, que casaba con Alfonso VIII de Castilla. Supongo que pasaría el Estrecho de Calais en un bajel como hizo tu madre, y que bajaría hasta aquí en un carretón. ¿Te figuras? Nadie le desautorizaba jamas, pues su autoridad residía en su prestigio de buena política.

    • 20 julio, 2011 en 12:28 AM

      Algunas cosas tenían en comun: la belleza y el carisma. Y los 8 hijos que tambien tuvo. Leonor con el Plantagenet, la Dama con un señor del que Enrique II habría aprendido muchas cosas.
      De Leonor tengo la imagen, magnifica, que le dio Katherine Hepburn en aquel peliculon: El Leon en Invierno.
      Un abrazo Redmon

  6. nacho
    22 julio, 2011 en 8:33 AM

    Que buenos recuerdos, seguimos disfrutando de la Dama y el mar por estos lares. Esperamos veros pronto, grácias por las fotos. Bss

    • 22 julio, 2011 en 8:30 PM

      Hola Nacho, si que disfrutamos; a ver si podemos el año que viene repetir…
      Abrazos

  7. 18 agosto, 2011 en 10:23 PM

    Hola Jaime,

    Ahora con más tiempo (sobre todo para no desesperarme con mi agonizante ordenador, que va tan lento que aburre al aburrimiento) he vuelto a entrar en tu espacio y tengo una extraña sensación, me siento como si estuviera deambulando por una casa de la que se han ausentado sus dueños dejando la puerta abierta.
    Resulta extraño pero me gusta esta sensación de clandestinidad, estoy dando un paseo por aquí y no hay nadie, estoy yo sola, a mi aire, prometo no tocar ni romper nada durante mi visita.

    Respecto a tus damas no puedo decir nada que no haya dicho ya, me caen bien, por tus descripciones me parecen dos mujeres a las que se puede admirar y eso es un lujo.

    Entiendo perfectamente a La Capitana en su flechazo con el mago, hace años viví algo muy muy muy parecido, también de vacaciones, los mismos rodeos, la misma inquietud, el mismo regreso al aceptar que no podía irme sin él y fue también por su mirada. Me enamoré y tuve que rendirme, así que regresé a la tienda, pagué por él lo que me pidieron y me lo llevé conmigo.
    En este caso el sujeto (que no objeto) era un pequeño cachorro de perro y al tenerlo conmigo pude comprobar que efectivamente era muy especial, tan especial como me mostró su mirada.
    Supongo que Merlín ya tiene su lugar en vuestra casa y me encanta que compartas a La Capitana con él.

    Ahora acabo mi clandestina visita, pero volveré, me han quedado estancias sin visitar. Me gusta esto de andar sigilosamente por aquí ahora que no hay nadie.

    De todos modos espero que tu ausencia se deba a que estás pasando unas estupendas vacaciones y estás tan entretenido y ocupado que dejas el blog para otros momentos más de “león de invierno”.

    Besos
    Sarah Guadiana

    • 30 agosto, 2011 en 10:24 PM

      “Someone has been sleeping in my bed”. Creo que algo asi dijo Blancanieves cuando vio su cama deshecha. Algun enanito se coló en su ausencia y se echó un sueñecito. Es el riesgo de dejar la puerta de tu casa abierta.
      A Blancanieves no le importó. A mi me ha encantado que alguien como tú haya estado deambulando por mi casa, medio abandonada y deshabitada. Disfruta de ella ahora que no hay nadie. Enreda y usa lo que quieras; ponte cómoda, escucha música y lee, sobre todo lee. No es aún tiempo de chimenea y no hay piscina. Pero el interior es muy acogedor.
      Mis damas son magníficas; medio brujas, medio magas, guapas y buenas. Nada les falta que yo quisiera que tuvieran.
      ¿Cómo que “el mago” Merlin es un objeto? ¿no viste sus ojos? ¿puede algo que no tenga vida tener esos ojos? En fin, tal lo compartimos, que está permanentemente mirándonos desde un rincón del dormitorio, a media distancia del techo y del suelo, sin tocar este y sin que aquel le toque; como un mago sobrevolando a media altura.
      Espero verte cuando vuelva, quizá antes de la luna de septiembre. O, al menos, percibir tu ausencia en el ambiente.
      De verdad, Guadiana, me encantó este xomentario tuyo.
      Besos

  8. Hipolito
    21 enero, 2014 en 10:38 PM

    Buen relato y homenaje a “sus” mujeres.Que seria de nosotros sin la mujer que nos dio la vida y la compañera que nos ayuda a pasar por ella?

    • 3 febrero, 2014 en 6:09 PM

      Muchas gracias Hipólito.
      Tienes razón, si lo fuera por la que me dio la vida, ni vida tendría.
      Y sin la capitana, no sé que habría sido de mi.
      Abrazos

  1. 2 marzo, 2012 en 1:20 AM
  2. 25 junio, 2012 en 9:53 PM

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