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TRABAJO, QUIERO TRABAJO, otra brillante idea (1)

[Entrada en dos actos]

 

Andaba yo preparando una entrada sobre el fiasco en el pacto Sindicatos-Patronal para la negociación colectiva, cuando leo esta noticia en prensa: “Mantener a un funcionario sin trabajo u ordenarle tareas inútiles será considerado acoso laboral”. Me sorprendió y me metí en ella.

Conocida es la sensación general de que los funcionarios trabajan poco. Personalmente soy enemigo de los juicios colectivos, “los catalanes son tacaños, los madrileños chulos, los andaluces vagos, los gallegos equívocos, los belgas tontos, los franceses sucios”, etcétera. Habrá de todos los colores entre tanta gente, digo yo. Es cierto que la educación y la tradición conforman conductas homogéneas, pero eso queda muy lejos de los juicios colectivos, en especial los de carácter peyorativo.

En el caso de los funcionarios el problema, según yo lo veo, es que hay exceso de ellos y este exceso hace, posiblemente, que haya demasiados para las tareas encomendadas. El sistema termina inventando tareas que no tienen utilidad o complicando procesos solo para mantener ocupado al personal. Más que vagos, por utilizar una palabra que se entiende son, como colectivo, profundamente ineficaces. Entiéndaseme; no quiero decir que individualmente lo sean, sino que el sistema lo es y a ellos se lo contagia. Me permito insistir en el adverbio: profundamente. Y también reitero la explicación, para que nadie me aplique esta nueva norma: la culpa la tiene el sistema, y el sistema tiene cara y tiene ojos: los políticos, que con su ineptitud y falta de imaginación, profesionalidad y valentía, lo permiten.

Y dicho esto en descargo de los funcionarios, de cada funcionario, y en el mío propio, trataré de sacar jugo a esta noticia. Antes, para ambientaros en esto de la eficacia o ineficacia que mucos seguramente compartís, os invito a que leáis una de mis primeras entradas: Un Ejemplo de Eficacia Administrativa (El tortuoso caso del vespino). Perdón por la autocita, pero no tiene desperdicio; me refiero a la experiencia, no a mi entrada.

La noticia hace alusión a la “Resolución de 5 de mayo de 2011, de la Secretaría de Estado para la Función Pública, por la que se aprueba y publica el Acuerdo de 6 de abril de 2011 de la Mesa General de Negociación de la Administración General del Estado sobre el Protocolo de actuación frente al acoso laboral en la Administración General del Estado”, publicada el miércoles pasado en el BOE. Ante algo parecido, el que fue presidente del Congreso, Federico Trillo, soltó aquel famoso “manda huevos” sin percatarse del micrófono delator.

Para evaluar correctamente la noticia y evitar juzgar lo que dicen que dice, he leído la resolución. Quizá lo de menos, con ser curioso, es el apartado que se dedica a la tipificación de los supuestos fácticos. Estas son las conductas que sanciona la resolución:

– Dejar al trabajador de forma continuada sin ocupación efectiva.
– Dictar órdenes de imposible cumplimiento con los medios que al trabajador se le asignan.
– Ocuparle en tareas inútiles o que no tienen valor productivo.
-Acciones de represalia frente a trabajadores que han planteado quejas, denuncias o demandas frente a la organización, o frente a los que han colaborado con los reclamantes.
– Insultar o menospreciar repetidamente a un trabajador.
– Reprenderlo reiteradamente delante de otras personas.
– Difundir rumores falsos sobre su trabajo o vida privada.

Algunas son razonables, pero cada uno de nosotros puede recrearse en imaginar –aplicando su propia experiencia– que muchas de estas situaciones son bastante habituales. Sobre todo, me asombra la cantidad de conceptos indeterminados que hay en tan escasa redacción y cuya concreción o interpretación va a correr a cargo de otros funcionarios y a incrementar su actividad, como luego se verá. Me refiero a conceptos como:

De forma continuada, sin ocupación efectiva.
– De imposible cumplimiento.
– Tareas inútiles o sin valor productivo.
– Repetidamente, reiteradamente.
– Rumores falsos.

La normativa introduce otra novedad, a la que ya nos tiene acostumbrados la errática dinámica legislativa de este gobierno: establece obligaciones de denuncia; repito, no derecho a, sino obligación de denunciar. Cualquier empleado público tiene la obligación de poner en conocimiento de sus superiores jerárquicos los casos de posible acoso laboral que conozca; aunque no esté seguro de que finalmente lo sean; aunque no le afecten. ¿Qué sucede si conociendo un caso de posible mobbing no se denuncia? ¿Convierte al que no denuncia en cómplice o en cooperador del acosador?

Entre estas ideas y la inversión de la carga de la prueba que prevé la ley de igualdad de trato, que en algún momento estudiaré, estos amigos se cargan el derecho natural, el derecho romano, la filosofía del derecho y cualquier atisbo de seguridad jurídica. Puritito Orwell.

Pero lo peor de todo, creedme, es el procedimiento que esta estúpida norma (estúpida no por el objetivo que persigue, sino por la forma de perseguirlo) establece para la resolución de estos conflictos. Es lógico; con tantos conceptos indeterminados ha de haber mucha gente, muchas instancias y muchos informes para desbrozar tan espinosos asuntos. Imaginad que un funcionario acusa a su jefe de que le mantiene inactivo (bastante habitual), o de que le pide cosas imposibles (como que despeje una cola de 50 en media hora) o que, por el contrario, le encarga chorradas “sin valor productivo” –que le acerque un cafelito de la máquina– o que le reprende reiteradamente (más de una vez)  aún con toda la razón del mundo, ante terceros.

[Como veo que me alargo, para no cansarme ni cansaros, mañana continúo con la segunda parte de esta entrada]

Hoy os dejo con una canción clásica que cansa tan solo con escucharla. Se trata de Sixteen Tons, que relata la dura vida de un minero del carbón, esos sí tenían trabajo duro de verdad. El autor es Merle Travis, que la grabó en 1946. Sin embargo os la dejo en la versión, antigua -1956- pero muy buena, de Tennessee Ernie Ford, que consiguió ser nº 1 en el Billboard.

SIXTEEN TONS

 

 

Some people say a man is made outta mud.
A poor man’s made outta muscle and blood.
Muscle and blood, skin and bones;
A mind that’s weak and a back that’s strong.

You load sixteen tons an’ what do you get?
Another day older deeper and debt.
St Peter don’t you call me I cause can’t go:
I owe my soul to the company store.

Well, I was born one mornin’ when the sun didn’t shine.
I picked up a shovel, Iwalked out to the mine.
I loaded sixteen tons of Number 9 coal,
An’ the store boss said: “Well, bless my soul.”

You load sixteen tons an’ what do you get?
Another day older deeper and debt.
St Peter don’t you call me I cause can’t go:
I owe my soul to the company store.

Well, I was born one mornin’, it was drizzlin’ rain.
Fightin’ an’ trouble are my middle name.
I was raised in the canebreak by an old mama lion,
Can’t no high-toned woman makes me walk the line.

You load sixteen tons an’ what do you get?
Another day older deeper and debt.
St Peter don’t you call me I cause can’t go:
I owe my soul to the company store.

Well, if you see me comin’, better step aside.
A lotta men didn’t; a lotta men died.
One fist of iron, the other of steel.
If the right one don’t get you, then the left one will.

You load sixteen tons an’ what do you get?
Another day older deeper and debt.
St Peter don’t you call me I cause can’t go:
I owe my soul to the company store.

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