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EL GRAN MONJE Y LA GAVIOTA

Una entrada intranscendente.

Hace unos días comenzaba una entrada (Give my Love to Rose) refiriéndome a Rubalcaba (call me Freddy), en símil quizá indebido, como el Gran Buitre Negro. Me quedé pensando y decidí que no era tan malo el símil.

A esta especie se la conoce, además de por el científico, Aegypius Monachus, con otros nombres de fantasía; uno, por el parecido: El Gran Monje; otro, por su comportamiento: el Gran Depredador. Característica adicional, y no despreciable, es que este pájaro (el buitre) no presenta subespecies. Es único en su especie.

Hasta aquí, nadie me puede negar el cierto parecido entre una y otra especie, el Gran Monje y Don Alfredo. Este parece, como aquel, un monje; especialmente cuando se frota las manos como hacían los curas de mi colegio antes de cascarte. Y por otro lado ¿alguien duda de su capacidad depredadora? No continuaré por el camino fácil y grosero de describir las demás características del animal: ave carroñera, de oscura silueta y cuya cabeza aparece adornada de un plumón negro. Quedémonos con los parecidos básicos y dejemos los potencialmente ofensivos.

Sí es en cambio cierto que Don Alfredo, como el Gran Monje, pasa mucho tiempo en el aire planeando (en ambos sentidos del término). En contadas ocasiones bate las alas de forma imperceptible, lenta y profundamente. Químico de formación, sabe cómo aprovechar las corrientes de aire caliente que le mantienen en vuelo, e incluso le permiten ascender, sin aparente esfuerzo. Y político de profesión, intuye perfectamente cuándo es el momento de abalanzarse sobre la presa: suavemente como buitre, o veloz y en picado como águila que también es.

Inició el Gran Monje su primer gran vuelo en 1982. De nodriza actuaba Felipe González. Sus presas más notables en aquel primer gran vuelo, fueron la secretaría de estado de Educación en el 88, el ministerio del ramo en 92 y 93 (aún recordamos con nostalgia su pelea con el cojo manteca en aquellas sonadas huelgas estudiantiles) y más tarde, hasta 1996, el ministerio de Presidencia. La batalla perdida en el 96 provocó su retiro y, durante ocho años, sus presas fueron de menor tamaño. Anduvo lamiéndose las heridas y recomponiendo su plumaje para mejorar el planeo.

Remontó nuevamente el vuelo en 2004. Algunos dicen que entre el 11 y el 14 de marzo de aquel año, anduvo removiendo la carroña de tal manera que llevó a su bando a la victoria.  Adquirió fuerzas renovadas y pudo volver a las presas de gran tamaño: la representación del gobierno en el congreso, el ministerio del interior, la vicepresidencia primera y, finalmente, la candidatura a la presidencia del gobierno por el PSOE. Lo sorprendente, que dice mucho de la capacidad de Don Alfredo es que, como el Gran Buitre Negro, puede llevar en vuelo varias presas entre sus enormes y prensiles garras. Mantiene Don Alfredo en vuelo, sin aparente esfuerzo, las cuatro presas conseguidas en estos siete años.

La gaviota es también pájaro fuerte; y listo. Pero después del atracón que se ha dado hace unos días quedó perezosa, parecía que sin ganas de levantar el vuelo. O quizá fue que solo estaba expectante ante el guirigay que reinaba en el bando de los buitres. Uno de ellos acababa de devorar a una compañera que mostró síntomas de debilidad y estaba a punto de hacer lo propio con el antes jefe de bando, en estado lastimoso tras la batalla de dos semanas atrás. El resto del bando esperaba expectante a ver cuál de los buitres resultaba vencedor para rendir su calva cabeza ante él. Él, el Gran Monje, salió victorioso. Los suyos, seviles ante el vencedor y temerosos de ser expulsados del bando, humillan, respetan y sirven. Este es, en verdad, un símil no poco acertado de lo que ha sucedido esta semana en el partido.

Y la Gaviota, hace poco sobrada de fuerzas, ahora teme al Gran Buitre Negro.

No se en cual de las innumerables especie y subespecies de este ave habría que encuadrar a la gaviota Mariano. Porque hay casi un centenar de especies y no se cuantas subespecies, pertenecientes a los ocho géneros en que se divide la gran familia de las gaviotas. Conociéndole, es muy posible que dado su carácter mutable, que no mutante, sea unas veces de una especie y otras de otra diferente. Ahora utililiza la de gaviota reidora.

Al caso. Pues resulta que el Gran Monje acaba de levantar el vuelo tras su festín. La gaviota, expectante durante tanto tiempo, también. Ambos están, ya, en vuelo. Midiendo fuerzas.

 Y es que Don Mariano ha desvelado, ¡por fin¡, algunos de sus secretos mejor guardados. Ayer compareció en rueda de prensa y habló. Así habló:

«Nunca antes un partido político había tenido en su mano la posibilidad de coordinar desde las administraciones territoriales una agenda de reformas tan ambiciosa, y nunca antes había sido tan urgente y necesario»

Lo primero es cierto; lo segundo, no. Gobernando en media docena de comunidades dígame, Don Mariano, si no era urgente y necesario reformar lo que en ellas sucedía antes de ahora.

Así habló; y parturient montes, nascetur ridiculus mus; es decir, la montaña parió un ratón. Porque aunque habló de su decálogo, no como si fuera Moisés en el Sinaí, que al fin y al cabo era un simple recadero, sino mostrándose como el propio autor: como Yaveh, fue un decálogo escaso, esquelético. Explicó Don Mariano sus diez medidas de recortes: “menos coches, menos móviles, menos entes, menos consejeros, menos delegaciones, menos dietas…”. Y no se atrevió a anunciar “menos televisiones públicas” porque ahora, precisamente, las necesitarán más que antes; porque tienen que contar lo bien que lo hacen; y porque teme como a un nublao a la gaviota reina: a Esperanza.

Bien es cierto que los recortes son necesarios pero faltaron, en su discurso, las grandes palabras del triunfador.

La pelea será brava. Vencerá el ave que lleve al contrario a su territorio. El territorio político lo domina el buitre; el de gestión, la gaviota.

Y parece que estos tiempos son más de gestión que de política. Y también me da la sensación de que la sagacidad (para muchos, la capacidad manipuladora) del buitre, ya no será arma letal. Ya todos la conocen.

 

De pájaros hay mucho en la música. Pero hoy es sencilla la elección. No voy a cantar al Gran Buitre Negro; le veo poco futuro. Voy a dedicar la música de hoy a la Gaviota. A ver si a esta gaviota se le pega algo de la grandeza de aquella otra extraordinaria; la que escribió en 1970 Richard Bach y llevó al cine Hall Bartlett en el 73. Pero mejor que la obra, aunque no hubiera sido sin ella, y mucho mejor que el film, es la música que creo el grandioso Neil Diamond: un album completo, no una sola canción.

Supongo que ya todos sabréis que me estoy refiriendo a Johnnatan Livingston Seagul, Juan Salvador Gaviota. Es un canto a la superación personal, encarnado en una joven gaviota díscola a la que solo le gustaba volar. Su conducta provoca la expulsión del grupo. En soledad, continúa su aprendizaje buscando la perfección. Muchas veces cae, muchas se levanta. Tras su etapa solitaria, Johnnatan regresa junto al bando a compartir con ellos sus experiencias y llevarles a una vida mejor.

No quiero que penséis que las comparaciones establecidas entre Don Alfredo y el Gran Monje o entre Don Mariano y Johnnatan tienen otro propósito que el de la oportunidad. Aunque es cierto que, en efecto, el primero tiene aspecto de monje, y el segundo en su logo una gaviota. Pero sabed que, igual que hay buitres nobles y que comen carroña porque así los hizo Dios, las gaviotas, por mucho que las ensalcen Richard y Neil, por mucho que como el buitre tengan vuelo majestuoso, son de los pájaros más sucios y más agresivos que hay.

De las canciones del album de Neil Diamond, todas preciosas, os dejo con BE

 

BE


Lost
On a painted sky
Where the clouds are hung
For the poet’s eye
You may find him
If you may find him
There
On a distant shore
By the wings of dreams
Through an open door
You may know him
If you may

Be
As a page that aches for a word
Which speaks on a theme that is timeless
While the Sun God will make for your day
Sing
As a song in search of a voice that is silent
And the one God will make for your way

And we dance
To a whispered voice
Overheard by the soul
Undertook by the heart
And you may know it
If you may know it

While the sand
Would become the stone
Which begat the spark
Turned to living bone
Holy, holy
Sanctus, sanctus

Be
As a page that aches for a word
Which speaks on a theme that is timeless
While the Sun God will make for your day
Sing
As a song in search of a voice that is silent
And the one God will make for your way

 

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  1. Lolita
    3 junio, 2011 en 3:38 PM

    Vaya, bonito libro, “Juan Salvador Gaviota”…

    He de confesar que me lo leí (con calma) hace poco y gracias a ti.Y también confesaré que debía haberlo hecho antes, en el colegio.Una monja muy distinta a todas, que había pasado temporadas en el extranjero ayudando a los demás, además de enseñarnos los pilares fundamentales de otras religiones, culturas y técnicas de relajación, nos recomendó ese libro en concreto;libro cuyas páginas pasé sin detenimiento (cosas de la adolescencia).

    En fin, gracias.

    Besos.

    • 3 junio, 2011 en 9:18 PM

      Me alegro de que lo hayas disfrutado.
      Siempre hay que tratar de volar alto y aprender por uno mismo algo mas de lo que los demas te pueden enseñar.
      Besos

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