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LA ENFERMEDAD ES LA TERAPIA

En mi última Miscelánea (el patio de Monipodio) aludí, al hablar de los necesarios recortes en el gasto público autonómico, al diferente enfoque del mal gobernante entre gastos superfluos y gastos sociales. Aquellos, intocables pare él por necesarios para su boato, propaganda y vanidad. Estos, manejables a su voluntad aunque su reducción convierta bienestar en incertidumbre y progreso en estancamiento. Y aludí concretamente al gobernante catalán Artur Más que, viéndose obligado a reducir el gasto autonómico para soslayar la ruina, ha decidido cebarse en el gasto sanitario; en recortar el presupuesto dedicado a la salud de sus ciudadanos.

Artur ha adoptado, más o menos, la siguiente línea de actuación:

a) Ha retado al gobierno de la nación anunciándole que ni este año ni el que viene cumplirá el objetivo de déficit fijado para las autonomías (para Cataluña, el 1,3%).
b) Sin embargo, es muy posible (según el consejero de economía anunció, aunque ha sido parcialmente desautorizado) que reduzcan el impuesto para las rentas más altas.
c) Y antes de entrar en el análisis de otro tipo de gastos (entre los que se encuentran todos los superfluos que mencioné) ha decidido recortar la partida de gastos sanitarios y educativos.

Este cóctel de medidas, poco dignas de un gobernante responsable al mando de una de las regiones más ricas y avanzadas, ha puesto en pie de guerra a la sociedad catalana. Fundamenta Más las decisiones en la situación de ruina en que el gobierno anterior, el tripartito, dejó las arcas catalanas.

Apenas transcurridos tres meses desde su acceso al poder, que yo alabé sin tapujos en este blog, el President ya ha logrado enfrentarse al gobierno central (sin duda para lograr el apoyo del PP, que éste devolverá cumplidamente cuando necesiten el de CiU tras las generales) y al mismo tiempo a la sociedad catalana. Nada más anunciar la medida y empezar a ejecutarla sin un plan preestablecido, los profesionales de la salud pública han salido a las calles. En descargo de Artur Más diré que si los demás presidentes regionales no han sacado todavía el asunto a la luz es porque están en campaña. A partir del 22 de mayo, el debate sobre el gasto autonómico y la ruina de las regiones será un clamor. Y la Sanidad Pública, la víctima.

Es cierto que el sistema de Salud Pública en España precisa un análisis sosegado, desapasionado y apartidista, y la aplicación de reformas profundas que reduzcan el intolerable déficit que arrastra (cerca de 15 mil millones, un 1,5% del PIB). Las causas de la ruinosa gestión son muchas, demasiadas para siquiera mencionarlas en un somero análisis, pero de todos son conocidas las principales: la población envejece y demanda más servicios; la inmigración crece y apenas financia una mínima parte del gasto que consume; las ineficiencias en un sistema arcaico y oxidado que a nadie parecen preocupar, encarecen sin freno la factura global.

Yo no veo a nuestra ministra de Sanidad, Leire Pajín, preocupada porla sanidad; son otros asuntos los que recaban su atención. Es, en mi opinión personal, más sectaria que gestora; algo muy poco apropiado para una ministra del ramo. No la veo capaz de tomar decisiones sobre cualquier tópico que no cabreen a la mitad de la población. Y, mucho menos aún, capaz de coordinar las estrategias o decisiones de diez y siete consejeros de salud de diferentes partidos, que seguramente sienten por ella un menosprecio personal comprensible. Le falta categoría personal y le sobra chulería política. No sorprende que sea la ministra peor valorada del gobierno.

Habrá que establecer un modelo diferente de financiación del gasto sanitario, sin duda; sea por financiación directa mediante pago -copago-de los usuarios, sea a través de un impuesto específico, estatal o autonómico. Y veremos cómo, lo que antes de las elecciones es asunto tabú, tras estas recabará el consenso de rojos y azules. Y el consenso es la única vía política para resolver el problema. La parte del león del gasto sanitario recae en las autonomías, y es asunto tan sensible el de la salud pública que no podría ser objeto de tratamiento diferenciado en unas y en otras.

………………………..

Pero aquí termina mi introducción política. No era mi intención hoy hablar de política y, hasta donde me sea posible, trataré de mantener esa intención al menos durante un par o tres de semanas. Hasta donde me sea posible…

No venía hoy yo a hablar de la Sanidad Pública, sino de la vida de quienes la precisan. Hace algunas semanas leí en la prensa un artículo que me gustó. Acostumbrados a columnistas de redacción, imbuidos de la ideología del medio en el que escriben o a firmas invitadas de políticos, sociólogos o juristas, que sólo hablan de la política y los políticos, o de ellos mismos, sorprende agradablemente leer artículos de enfoque humano. Este es intimista y vitalista. Habla de la vida que tenemos y que tememos perder, al menos tal como hoy la disfrutamos. De lo importante en esta vida: las cosas intrascendentes que siempre dejamos para cuando tengamos el tiempo que nunca tendremos.

En esta vida que la mayoría llevamos, tan influida por lo extraño a nosotros, tendemos a somatizar esas influencias y a metabolizarlas, convirtiéndolas en tumores que van, paulatinamente, devorando nuestras células sanas. Lo que realmente somos y lo que debiéramos sentir va perdiendo terreno y se diluye frente a lo que quieren que seamos y que sintamos; y nos vamos, poco a poco, transformando. Nos importa más lo que hacen que lo que hacemos; dedicamos demasiada energía para mantener y defender lo que creemos son nuestras profundas convicciones, cuando tan solo son opiniones sobre los intereses de otros.

Por eso me ha gustado lo que leí aunque, claro, no me gustaría estar en la situación de sus protagonistas. La terapia, la medicina que ha encontrado –supongo que muy a su pesar– su autor para descubrir lo que es importante en la vida es, paradójicamente, la enfermedad. Su propia experiencia personal durante una estancia en un Hospital Público, de la que extrae vivencias y sentimientos que, si perdurasen (y, naturalmente si la enfermedad se superase) harían que la gente fuera más feliz.

Habla de un nuevo entorno de relaciones humanas:

En los complejos hospitalarios se pueden establecer relaciones de profunda confianza entre los pacientes que ocupan la misma habitación. Se vigilan el sueño, se oyen respirar, se cuentan la historia de su vida. Se puede llegar a un sincero y profundo cambio de experiencias, sentimientos, esperanzas, ilusiones y angustias…”

…de la importancia que tienen, y que a veces olvidamos o marginamos, la familia y los amigos; los de verdad, no los de “todos los días”:

“En los momentos de crisis de salud, cuando todo se tambalea, cuando los cimientos se hunden bajo los pies, las agarraderas son la familia, los viejos amigos de siempre, los que nunca faltan aunque no se vean casi nunca…”

…de la tristeza que produce haberlos olvidado tan a menudo:

“La enfermedad, el grave accidente, nos abren los ojos, arrojándonos de bruces contra los límites de la vida. Y te arrepientes de cada hora que pasas separado de tus seres queridos con la esperanza de, cuando sanes, recuperar el tiempo perdido…”

…de lo cerca que están, una de otra, la angustia y la esperanza:

“La residencia es un microcosmos; la enfermedad grave no deja espacio para considerar ningún problema que esté más allá de este espacio sin tiempo, reino de la angustia y de la esperanza.”

El microcosmos de un hospital cualquiera, es un trabajo de Manuel Mandianes, antropólogo y escritor, que se publicó en prensa hace unas cuantas semanas. No se hasta qué punto Manuel se recuperó de su dolencia; al menos se que continúa activo porque hoy he vuelto a leerle.

http://www.almendron.com/tribuna/33588/el-microcosmos-de-un-hospital-cualquiera/

De la misma manera que a este blog traigo canciones y películas que no son mías (nunca he escrito canciones ni dirigido cine) se me debe permitir hacer referencia a escritos de otros. Naturalmente, citando la fuente. Digamos que me facilita el trabajo.

Hoy me ha costado poco encontrar música. Cuando un poco más arriba he escrito la expresión “los viejos amigos de siempre”,  me ha venido a la mente la canción que me dedicaron, en mi despedida del despacho hace ya casi ocho años (“Joder cómo pasa el tiempo” titulé mi penúltima entrada) un par de amigos. Martita y Miguel, si leéis esto, sabed que lo recuerdo con cariño y agradecimiento.

Hoy, os la dedico a todos: You’ve Got A Friend, con Carole King, Celine Dion, Shanaia Twain y Gloria Stefan. Muy bonita.

Si el cielo sobre ti se hace más oscuro
y se llena de nubes
Y ese viejo viento del norte empieza a soplar
Mantén la calma y llámame en voz alta
Pronto me escucharás llamando a tu puerta.

When you’re down and troubled
And you need some loving care
And nothing, nothing is going right
Close your eyes and think of me
And soon I will be there
To brighten up even your darkest night

You just call out my name
And you know wherever I am
I’ll come running to see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I’ll be there
You’ve got a friend

If the sky above you
Grows dark and full of clouds
And that old north wind begins to blow
Keep your head together
And call my name out loud
Soon you’ll hear me knocking at your door

You just call out my name
And you know wherever I am
I’ll come running to see you
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I’ll be there

Ain’t it good to know that you’ve got a friend
When people can be so cold
They’ll hurt you, and desert you
And take your soul if you let them
Oh, but don’t you let them

You just call out my name
And you know wherever I am
I’ll come running to see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I’ll be there
You’ve got a friend

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  1. Sarah Guadiana.
    24 abril, 2011 en 2:05 AM

    Hola Jaime.

    Otro afloramiento, hoy voy a compartir alguna de mis reflexiones sobre el tema, quizá podríamos construir un embalse a ver si el afloramiento da para producir energía para abastecer a un hospital.

    De los políticos y la Sanidad Pública prefiero no hablar, solo puedo darte la razón y decir que para defenderla habrá que luchar mucho porque se la quieren cargar, hace ya mucho tiempo que están en ello.

    Efectivamente los complejos sanitarios son un microcosmos, son una entidad compleja que tiene vida en si misma, vive, late y funciona 24 horas al día, 365 días al año.
    Durante el día son como una ciudad con bullicio y mucho movimiento, mucho “tráfico” o como un organismo vivo, con sus órganos funcionando en extraña sincronización o con absoluta independencia, cosas que pueden resultar incompresibles o desesperantes para el que lo ve desde fuera, es decir el que no forma parte de esa peculiar “maquinaria”. Y por la noche, al igual que esa ciudad o ese ser vivo, sigue funcionando, sigue latiendo, pero más sosegadamente, en estado de vigilante reposo.

    Los hospitales son interesantes si te fijas en el tema humano, todos los días se puede ver todo el catálogo de sentimientos y emociones, esto es lo que tienen de bueno y al mismo tiempo de “no tan bueno”, allí se ve y se respira cada día la esperanza, la desesperanza, la tristeza, la alegría, la angustia, la tranquilidad, la preocupación, el alivio, el miedo, la risa, el llanto, el agradecimiento, la indignación, todo, se ve todo. Cada paciente o acompañante está con el sentimiento o emoción que le toca en ese momento y el personal del hospital está con todos y todas ellas.

    Estoy de acuerdo con lo que dice Manuel Mandianes, allí se establecen relaciones curiosas, solidarias, de camaradería entre los pacientes y entre los acompañantes, para cuidarse, apoyarse y darse ánimos unos a otros.
    Creo que es una reacción instintiva, de supervivencia, siempre lo he dicho, los hospitales son lugares hostiles porque cuando se va a ellos es por un problema, de la importancia que sea, de salud y lo normal es sentirse asustado, el paciente y preocupados los suyos. Se entra con una sensación de indefensión y desamparo importante, hasta que el microcosmos te acoge y el engranaje te tiene en cuenta y pasa ocuparse de ti. También ahí se establece una relación importante con el personal sanitario.

    Esta sensación de desamparo creo que se ve aumentada por las dimensiones de los hospitales, por sus estructuras laberínticas (van creciendo por necesidades de espacio de una forma curiosa, se generan espacios aprovechando huecos y robando a otros espacios) y por la forma de moverse del personal ¿nunca te has fijado en que en los hospitales cuando te cruzas con trabajadores por los pasillos casi siempre van mirando “al horizonte”?, no suelen mirar (a los ojos) a la gente que está en los pasillos o en las salas de espera y eso es por algo.

    Y también es cierto que allí cambia la vida, los horarios, las preocupaciones cotidianas, la distribución y utilización del tiempo, es decir, cambian las prioridades en general y quizá la situación de salud -más o menos grave- y el hecho de disponer de muchas horas para pensar y no preocuparse de nada más que de uno mismo, hace que la gente haga su “balance” y se cuestione muchas cosas. Lo que me gustaría saber es, en todos los “finales felices”, ¿son duraderas las decisiones tomadas en cuanto al “reposicionamiento” de las cosas realmente importantes?. Supongo habrá todo tipo de respuestas.

    Bueno, por hoy no digo nada más.

    ¿Llegará el caudal de este afloramiento para generar algo de energía?, aunque sea para abastecer a un hospital pequeño!!

    Por una Sanidad 100 x 100 Pública.

    Besos

    S. Guadiana
    PD: como siempre, precioso tema musical

    • 27 abril, 2011 en 1:07 PM

      Hola Sarah Guadiana
      Este enorme afloramiento, casi inundación, merece tu nombre completo, Sarah Guadiana. Especialmente en esta sequía de semana santa.
      Si hubiera leido este comentario antes de escribir la entrada, cosa bastante dificil, lo habría utilizado como referencia en lugar del artículo de Manuel Mandianes.
      Reflejas tan bien la vida de un hospital, como un organismo vivo y la vida en un hospital, como profesional o paciente, que da la sensación de que la conoces muy bien (espero que más como profesional que como paciente).
      En fin, estoy aprendiendo mucho. Espero también que mi aprendizaje de la vida hospitalaria me llegue por estas vías epistolares y no por las de la propia experiencia.
      Un abrazo fuerte y muchas gracias

      • Sarah Guadiana.
        30 abril, 2011 en 2:16 AM

        Hola Jaime.
        Efectivamente, conozco bien ese microcosmos más como profesional que forma parte de ese engranaje, que como paciente o acompañante, aunque también como estos últimos.

        Hay dos cosas -entre otras muchas- que nunca debemos olvidar aquellos que formamos parte de ese minimundo. Una de ellas es que estamos ahí para algo muy importante, lo más importante, cuidar de los que necesitan de nuestro cuidado (en todos los aspectos y en todas las funciones que ahí dentro se desempeñan, cada uno, cada categoría, tenemos unas tareas diferentes y complementarias en busca de un mismo fin).
        Y la otra es que la vida, en un instante, te cambia “el papel” que interpretas y en cualquier momento pasas de ser cuidador o ser cuidado.

        Por todo esto creo que es muy importante prestar atención a la parte humana, a la parte emocional, de este minimundo tan curioso. Es lo que permite tener siempre presente nuestra función y sobrevivir en el intento.

        Un beso fuerte y de nada…..

        Sarah Guadiana

      • 30 abril, 2011 en 11:53 PM

        Hola Guadiana
        Yo he tenido la suerte, toco madera, de necesitar poco de vuestros cuidados. Pero es cierto lo que dices; la necesidad de atención en esas situaciones abarca todo: no sólo la técnica y la calidad sino, de manera muy importante, también el aspecto humano.
        Las prioridades en la vida de cada uno van cambiando en función de muchas cosas: tu edad, tu lugar, tu tiempo, tu trabajo, tu familia. Pero, sobre todo, en función de tu salud.
        Si esta se deteriora, hay que recolocar todo lo demás.
        Muchos besos y que sigamos todos lo mejor posible.

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