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MISCELANEA (4) (El Patio de Monipodio)

ºDesde la forzada metamorfosis de Zapatero que se inició en mayo del pasado año, las cosas, mal que bien, se están controlando. Quiero decir que no es que estén mejorando, pero al menos la caída libre se ha amortiguado. Los indicadores macro están dando síntomas de cierta normalización, con dos excepciones de calado: el crecimiento del PIB y el desempleo. Si el PIB no crece, no se crea empleo; si el empleo cae, se consume menos; si se consume menos, las fábricas producen menos; si las fábricas producen menos, y además el crédito escasea, se van a pique; si se van a pique, despiden a los trabajadores; y si hay muchos trabajadores en la calle, el Producto Interior Bruto se estanca. Es como aquellas canciones “bucle” a que aludí en una de mis primeras entradas, que terminan como empiezan.

Aún así, las previsiones de FUNCAS para este año y el que viene, sin ser extraordinariamente optimistas no hacen temer, si no hay sorpresas extrañas, una debacle. El FMI ha mejorado también sus estimaciones en relación con su última predicción, aunque continúa manteniendo a España a la cola del crecimiento entre los países de la UE y alargando el periodo de recuperación de nuestra economía.

Esta es la parte “buena” –hay que ser optimista para ver una parte buena– de la situación: no nos hundimos como Grecia, Irlanda y Portugal; la “S” de “PIGS” (acrónimo que contiene las iniciales de Portugal, Irlanda, Grecia y España, aunque también –detalle de mal gusto de su inventor– significa “cerdos” en inglés) parece que se desentiende del destino común del resto de las letras. La parte “mala” de la situación es todo lo demás: escaso crecimiento, inflación, desempleo, falta de definición en el futuro modelo económico, despilfarro y saqueo –consentido o no– de las arcas públicas, crisis de confianza, etc.

Y lo que es peor, desencuentrocuando no abierto enfrentamientoentre todas las partes con protagonismo en el escenario: gobierno frente a sindicatos, gobierno frente a oposición, sindicatos frente a CEOE (Confederación de Empresarios), CEOE frente al Consejo Empresarial de la Competitividad, CEOE frente al Círculo de Empresarios. Es curioso observar que muchas organizaciones empresariales que hacían piña con la CEOE cuando estaba dirigida por un presunto corrupto como Díaz Ferrán, se vuelvan en su contra ahora que la dirige un empresario de reconocido prestigio como Joan Rosell ¿tendrá algo que ver que sea catalán?

Y, aún mucho más grave, la absoluta desconfianza de los ciudadanos hacia la clase política que gobierna, sea cual sea el partido al que pertenezcan ¿Cómo se van a arreglar las cosas en este Patio de Monipodio en que se ha convertido este territorio?

Detengámonos por un momento en el dueño del patio, en el señor Monipodio. Este personaje era una especie de protector de bandas de buscavidas, a las que servía como  padrino y  aconsejaba en sus “trabajos”. Siempre, claro está, a cambio de algo, fuera comisión o reconocimiento de su indiscutible liderazgo. Era hombre amigo de políticos, jueces y alguaciles y con grande visión de negocios turbios. Pero socialmente era respetable; tenía poder e influencia. En el Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, así se le describe:

“Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor Monipodio, tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía…Parecía de edad de cuarenta y cinco a cuarenta y seis años, alto de cuerpo, moreno de rostro, cejijunto, barbinegro y muy espeso; los ojos, hundidos. Venía en camisa, y por la abertura de delante descubría un bosque; tanto era el vello que tenía en el pecho…las manos eran cortas, pelosas, y los dedos gordos, y las uñas hembras y remachadas; las piernas no se le parecían; pero los pies eran descomunales, de anchos y juanetudos”.

El señor Monipodio era sevillano, como nuestro ínclito Don Manuel, Manolo, éste algo más añoso pero también “alto de cuerpo, moreno de rostro, cejijunto…”.

Aunque con muy diferente físico, alto, delgado y cursi hasta el amaneramiento y casi la repugnancia, hay otro señor Monipodio que se enseñorea por el patio valenciano repartiendo prebendas y dineros a cambio de aún no sabemos qué; quizá sólo trajes, quizá nada más que vanidad, tal vez sólo el cariño de sus “amiguitos del alma”. Y, tanto el andaluz como el levantino, ayudados, aclamados y ensalzados por quienes de ellos se aprovechan oa sus secretos temen. ¿Cómo no va a haber desencuentro entre electores y elegidos si el premio a sus chalanerías es su reconocimiento público como dignos gobernantes? Pero, por otro lado, ¿de qué nos podemos quejar si, como es prácticamente seguro, confirmamos con nuestros votos la mayoría absoluta del señor Monipodio, versión valenciana?

Porque bien triste es ver que el impasible Rajoy confirma al presunto corrupto y a sus secuaces como candidatos, pero más triste es que su presidencia la avalen más del cincuenta por ciento de los ciudadanos. Ignoro si por premio a su vileza o más bien por temor de que otro que pudiera venir resultará más vil aún.

El patio da para más, para mucho más:

Mientras los políticos de “alto nivel”, los eurodiputados, los del dorado retiro debaten sobre si, a la vista de esta crisis, es más apropiado viajar –a costa del presupuesto– en clase turista o en clase superior y deciden -¿qué tiene de extraño?- lo último, otros, los “del pueblo”, los de Izquierda Unida otrora comunistas quieren que la imagen de los habitantes de un pueblo, Lepe, ridiculizada a través de chistes de dudoso gusto, sea declarada Bien de Interés Cultural, como Patrimonio Inmaterial, para que esa imagen ridiculizada “se proteja y se potencie” ¿Cabe mayor estupidez?

El ínclito Juez de la Horca, Roy Bean o Baltasar Garzón, del que mucho se ha hablado aquí, vuelve de nuevo para ocupar otro rincón del Patio y moviliza a cómplices y adversarios para dividir de nuevo a las españas, en tanto que ETA, Sortu, Bildu,…se adueñan de otra esquina; el terrorismo está más débil que nunca, no dudo que por mérito del gobierno, pero los adversarios no sueltan el bocado de la presunta negociación oculta bajo la mesa.

Los intolerantes, jóvenes sin duda manipulados, que no son capaces de movilizarse por su futuro, se levantan con violencia contra quienes mantienen creencias que no dañan, pero que aquellos no comparten. Asaltan iglesias y atacan a practicantes, amparados y justificados por intelectuales que, precisamente por serlo, deberían practicar la tolerancia. Rectores y Catedráticos como Berzosa y Peces Barba, que no tolerarían una palabra ofensiva contra cualquier otra religión que no sea la cristiana o cualquier otra tendencia política que no sea la conservadora, justifican y apoyan los ataques.

Y, en fin, mientras todo esto pasa, otros siniestros personajes se dedican a lanzar bombas incendiarias en medio del Patio de Monipodio. El ex presidente Aznar (que cada vez que abre la boca es para vomitar estupideces y quitar votos al partido que preside) apoya a Gadafi, ese “amigo extravagante pero amigo al fin”. Y no es que no tenga razón, en el sentido de que el sátrapa fue amigo de todos los que hoy le repudian, pero no es ético apoyar la invasión de Irak en contra de casi toda España y rechazar, también en contra de casi toda España, la acción en Libia. Desde la famosa foto de las Azores y desde la boda de la niña, Aznar puso su vanidad personal, su ego y su soberbia, por encima de los intereses del país que lideraba. Y la vanidad no es conformista; una vez que te vendes a ella, te come hasta las entrañas y se adueña de tu alma. Con tal de lograr protagonismo personal, traiciona Aznar a leales y opuestos, pone a caldo a su propio país, se declara amigo del sátrapa y expone públicamente, ante la mirada de los universitarios americanos ávidos de aprender, sus dudas sobre la capacidad de España de pagar su deuda. Y lo más triste es constatar que sus correligionarios se muestran incapaces de desautorizarle. ¡Cobardes!

En el lado opuesto del Patio otro presidente, el de la mayor empresa española y la quinta mayor “teleco” del mundo lanza una de esas bombas de racimo como las que “el amigo extravagante” usa para asediar y conquistar Misrata: (i) Telefónica bate record histórico de beneficios; (ii) Telefónica garantiza un dividendo mínimo de 1,75 € por acción (un 10% más o menos) para sus accionistas; (iii) Telefónica dará un bonus a sus 1900 directivos –además, claro, de sus supongo elevados sueldos- de 450 millones de euros; (iv)… Pero, claro, como las filiales españolas no son todo lo rentables que podrían ser, Telefónica se ve en la penosa obligación de eliminar el 20% de su plantilla en España, unos 6.000 empleos. Independientemente de la oportunidad del anuncio y del fondo del problema (más paro) esta medida supondría un coste para el estado 250 millones. ¿Qué importa este gasto? Rubalcaba, Salgado, Gómez, dicen en voz queda que “no están de acuerdo con la medida” ¿es esta toda su reacción? Claro que Alierta es el presidente del nuevo Consejo Empresarial de la Competitividad, ese G17 que se esta dando el pico con Zapatero, y no conviene ser demasiado enérgico con él. Los sindicatos, por su parte, apenas han reaccionado ¿a qué esperan para movilizarse? ¡Cobardes!

Pero al fin y al cabo, ¿Qué es este gasto comparado con el despilfarro de las administraciones periféricas, CCAA, Diputaciones y municipios, que siguen gastando a espuertas lo que no tienen, lo que no tenemos? Que ahorre el que venga, dicen los que gobiernan ciudades y regiones; o, si da la casualidad de que estos imbéciles me siguen votando, pues ya veremos; emitiremos “bonos patrióticos”, como Artur Mas, y “pelota p’alante”.

Este es el toro a lidiar ahora; lo demás es casi broma. Después de los ajustes impulsados por Zapatero desde mayo del año pasado y mucho más que las reformas pendientes, el foco de preocupación es el despilfarro de Las Comunidades Autónomas, que controlan el 40% del gasto público. Este es el reto que nadie quiere afrontar en serio: el control del gasto autonómico, especialmente del inútil, del que no genera empleo. Hay elecciones a la vista y nadie se atreve a anunciar recortes que pudieran quitar algunos votos. Será a partir del día 22 de mayo cuando los nuevos presidentes y alcaldes levanten las alfombras, pongan el grito en el cielo y disparen las alarmas del “inmenso agujero que el anterior equipo de gobierno ha dejado”. Y será entonces cuando empiecen los recortes; los temibles e inevitables recortes, que justificarán con el despilfarro del anterior gobernante.

Pero no alberguéis esperanza. No recortarán lo inútil, lo superfluo, lo propagandístico. Harán como Artur Mas, el único que, ya con las elecciones a la espalda y con un culpable identificado, el tripartito, ha anunciado -y ya está implantando- recortes.

Mantendrán embajadas, gastos de representación, teléfonos móviles a costa de presupuesto, coches oficiales y escoltas, campañas y subvenciones a favor de fundaciones y colectivos propagandísticos, sectarios o vendedores de nuevas tendencias sexuales, obras faraónicas en palacios de gobierno y en aeropuertos vacíos, televisiones públicas propagandísticas y ruinosas, ineficiencias administrativas y subcontratas de servicios innecesarios a empresas públicas controladas en las que colocar amigos o a empresas privadas de amigos que aseguren futura colocación del político de turno y de su familia.

Y ¿dónde recortarán? Está claro: en Sanidad, en dependencia y en Educación. Es cierto que son servicios deficitarios, pero es que en nuestro sistema tienen que serlo. Y su déficit tiene necesariamente que ser financiado con la parte de nuestros impuestos que hoy, tristemente, se dedica a sufragar todos los gastos inútiles que nuestros políticos no quieren, ni a tiros, recortar. ¿Cómo podemos tolerarlo? No se pueden reducir gastos sociales mientras existan gastos políticos superfluos que recortar.

Y, todo esto, sin entrar en el debate (de imposible evolución porque -como antes decía- todos están enfrentados con todos) de la oportunidad de revisar nuestro modelo de estado descentralizado. Porque cuando un partido plantea la posibilidad de reducir gastos redundantes, el partido contrario le acusa públicamente de querer “cargarse” el estado autonómico “que tanto nos ha costado conseguir” y que tanto ha facilitado el entendimiento entre las “diferentes regiones, nacionalidades, sensibilidades, etcétera” de nuestra España. Y los partidos nacionalistas, chantajistas necesarios para cualquier gobierno que no disponga de mayoría absoluta en el Parlamento, se cierran en banda.

Todos saben que el debate que se propone no es recentralización frente a descentralización; el debate, necesario e inevitable, es racionalización frente a despilfarro. Todos saben, todos lo entienden, pero nadie lo quiere. Cualquier avance en esta línea supondría la amortización de puestos de trabajo expresamente creados para los amigos.

Como titulaba su artículo hace unas semanas un conocido periodista, “O Estado del Bienestar o Estado de las Autonomías” ¿Con cual nos quedamos? Porque las dos fórmulas son incompatibles. No somos lo suficientemente ricos.

………………

Lo que yo creo es que si no cogemos el toro de las diez y siete autonomías por los cuernos y si nuestros políticos continúan toreando como lo hacen, huyéndole la cara al toro y empujándose unos a otros hacia las astas del morlaco en lugar de hacer artísticos quites, la única manera de evitar que la UE y el FMI nos apliquen la puntilla o el descabello en forma de obligadas subidas de impuestos y más recortes sociales, será mandar a los corrales no al toro, sino a toda la cuadrilla, y cortar la coleta a todos estos diestros ineptos.

Pero entonces ¿Quién toreará?

Pues…casi me da lo mismo. Cuanto más escribo de estas míseras cuestiones políticas que nos dominan, más me doy cuenta de que cada vez me importan menos. Y no deja de ser triste. Pero así es la vida; uno va haciéndose mayor, abandona las concentraciones urbanas, se aisla y empieza a ver los toros desde la barrera. Lo que antes le preocupó ya casi no le afecta. Así es.

A pesar de todo lo que sucede, soy capaz de sonreir…

Aunque las naciones estén en guerra y los negocios se enturbien,
Yo me quedo, a ver qué pasa…

Desempolvo mi mente cada mañana,
Leo las necrológicas en el periódico
Y, si veo que no estoy muerto,
Me tomo un buen desayuno y vuelvo a la cama.

¡!Que les den a todos¡¡

Menos esta última expresión, así canta mi querido Pete Seeger (del que hace mucho no os hablo) esta versión de su “My Get Up And Go”. Muy a su estilo, en directo y con una bonita introducción de su five strings banjo.

 


How do I know my youth is all spent?
My get up and go has got up and went
But in spite of it all I’m able to grin
And think of the places my get up has been.

Old age is golden so I’ve heard said
But sometimes I wonder as I crawl into bed
With my ears in a drawer, my teeth in a cup
My eyes on the table until I wake up.
As sleep dims my vision I say to myself:
Is there anything else I should lay on the shelf?
But though nations are warring and business is vexed
I’ll stick around to see what happens next.

When I was young my slippers were red,
I could kick up my heels right over my head.
When I was older my slippers were blue,
But still I could dance the whole night thru.
Now I am older my slippers are black,
I huff to the store and I puff my way back.
But never you laugh; I don’t mind at all,
I’d rather be huffing than not puff at all.

I get up each morning and dust off my wits
Open the paper and read the obits
If I’m not there I know I’m not dead
So I eat a good breakfast and go back to bed

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