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MISCELÁNEA (esta España mía) (1)

Están sucediendo cosas tan extraordinarias y de tal gravedad que apenas somos capaces de intuir su repercusión en el futuro de esta tierra nuestra. Da miedo escribir sobre ellas; es difícil decir algo original y fácil caer en el lugar común. Por eso hace tiempo que no escribo. De lo importante, no me atrevo; y lo banal, que es casi todo lo demás, carece hoy de importancia. Pero dejar de escribir hace que la tinta de la pluma se seque, que los dedos se emperecen y que el teclado se atore; y cuesta volver a la rutina pretendidamente creativa. Por eso hoy, nada más que por retomar esta costumbre que entretiene y atrapa, pero que cuesta mantener, escribiré sobre asuntos más fútiles.

Antes, no obstante, es obligación rendir homenaje y mostrar mi admiración por el pueblo japonés; por su valor, por su espíritu y por su generosidad: por su yamato-damashii. Qué envidia nos entra cuando observamos su comportamiento; qué decepción cuando lo comparamos con el de civilizaciones como la nuestra.

Y también mostraré mi decepción por la actuación de la clase política del mundo desarrollado, tanto ante el desastre japonés como, sobre todo, ante la crisis del norte de África. Desbordados por los acontecimientos de Japón, pero más que nada condicionados por los intereses particulares de cada estado, hemos mostrado al mundo entero nuestras vergüenzas. Quienes antes fueron amigos y aliados del déspota, le agasajaban y recibían con honores y se tapaban ojos y narices ante vilezas sin cuento, hoy no saben que hacer. Unos se manifiestan en su contra, por la seguridad de su derrota; otros al contrario, por si acaso aquella no se produce, le apoyan. Hay un tercer grupo que no define su posición porque les da lo mismo lo que suceda, quien acabe triunfando; gane o pierda el sátrapa, gane o pierda la democracia, la dictadura o el integrismo religioso, Libia les seguirá vendiendo el petróleo y comprando las armas. De Yemen y Bahrein ya no nos preocupamos como nunca lo hemos hecho con Somalia; no tienen petróleo que vender ni dinero para comprar armas. Veremos cuando llegue el turno a Saudi Arabia.

La decisión que se tomó hace un par de días en el Consejo de Seguridad servirá, seguramente, para evitar muchas muertes en Libia. No se si también para derrocar a Gadafi. Lo que es seguro es que si se hubiera adoptado hace una semana, muchos que murieron vivirían y Libia sería una esperanza real como lo son hoy Túnez y Egipto.

…………….

Pero ya he dicho que no me atrevo a escribir sobre estos dos asuntos de tan profundo calado. Me conformare hoy con glosar algunas de las noticias de esas pequeñas cosas que también han pasado, durante estos días de tinta seca y dedos perezosos, en nuestra querida España (esta España mía, esta España nuestra). Vuelvo así a sacar partido del titulo de aquella canción de Cecilia que ya utilicé en una entrada del pasado diciembre, “¿Dónde tu Cabeza?”, en la que hablaba del informe PISA y de otras tonterías. En esta y en las próximas entradas, hablaré de algunas de estas “pequeñas cosas” que nos pasan; hoy, sobre el tan traído y llevado Plan de eficiencia energética:

1. Sobre el Plan Energético.

Tuvo al menos dos semanas o tres de estrellato. Pero en cuanto los políticos, en este caso los populares, vieron que ya no les producía rendimiento mediático, el asunto murió. Y yo no escribí nada sobre él. Lo poco que tenía que decir, lo diré ahora.

Al principio, cuando lo primero y único que supimos fue la norma sobre limitación de la velocidad a 110, me dije: “espera, no digas nada todavía; primero hay que ver si es eficaz, y luego analizarla dentro del conjunto de las demás medidas que, sin duda, aprobarán”. Así lo hice; me quedé calladito escuchando lo que otros decían y escribían. Unos decían que sí se ahorraba; la mayoría, que no y que era una solemne estupidez; muchos otros, que ya está bien de limitar, de prohibir, de restringir las libertades. Algunos que se las daban de técnicos, aseguraban que la gasolina que se ahorraba yendo más despacio de gastaba al estar más tiempo en trayecto. De todas las estupideces, seguramente esta era la mayor, pues sabido es que el consumo se mide por kilómetros recorridos, no por tiempo invertido; si a 110 consumes un litro menos cada cien kilómetros que a 120, en 500 kilómetros te ahorras cinco litros; tardes lo que tardes ¿o se me escapa algo?

Pues hice la prueba y tengo los datos. A los pocos días tengo viaje de 650 km. En lugar de poner el automático a 133 (los radares saltaban a 135, según leí en algún sitio), lo programo a algo menos de 120. Mi consumo –el de mi coche- descendió de los 11 litros habituales a 9,8. ¡Señores, era verdad lo que dijeron Pepiño, Sebastián y Rubalcaba: un 10,9% de ahorro! (casi ocho euros). Ah, y tardé lo mismo; el truco: hacer menos paradas. De lo que no estoy seguro es de que el Estado se haya ahorrado algo, que al fin y al cabo s de lo que se trataba.

Después, analicé el conjunto de medidas. La que me gustó menos (por decirlo claramente, la considero una absoluta estupidez) fue la del “plan renove” de neumáticos. ¿A quien se le ocurre? A Sebastián, al de las bombillas. Ah, claro. ¿No es estúpido ofrecer hoy un descuento que se materializará unas semanas más tarde? Cualquiera con dos dedos de frente deducirá, sin dedicar dos minutos a pensar, que hasta que el descuento esté operativo, nadie va a comprar un producto más caro hoy que dentro de unas semanas. Es la perversión de una economía o de un sector (como en España la vivienda) en deflacción: nadie consume hoy porque mañana estará más barato.

Pero es que, además, no van a ser semanas sin comprar una puñetera rueda, sino meses. Porque resulta que nuestro brillante ministro no ha considerado oportuno hablar con los fabricantes o recabar asesoramiento de los técnicos y ha decidido, por su cuenta, subvencionar unos neumáticos (Clase A, de alta eficiencia) que ni siquiera existen en España, ya que dependen de un reglamento europeo que no entrará en vigor hasta 2012 y de unos parámetros técnicos aún por definir. Si sólo fuera un error sin efectos frente a terceros, pudiera perdonarse; pero resulta que las Good Year, Firestone, Michelin, Pirelli y otras, están que trinan porque, desde que se anunció la medida, no venden. Y todo esto sin contar con que la medida afecta tan solo a no más de 60 mil vehículos de los muchos millones que tiene nuestro parque automovilístico.

Consecuencias: los fabricantes sin vender y los coches apurando sus gastadas ruedas con serio peligro para sus ocupantes. Más paro, más accidentes. Brillante.

Estas son, quizá, las medidas más “(im)populares” de las veinte que ha adoptado el Gobierno. Pero visto el Plan en su conjunto, me atrevo a afirmar, aún con alta probabilidad de errar en mi análisis, que todo el Plan es una absoluta inutilidad. Como lo fue el Plan de Acción 2008-2012 (aún teóricamente no finalizado), enmarcado en el más amplio proyecto de Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética en España 2004-2012, ambos elaborados por el IDAE. Como todos los proyectos de todos los gobiernos, sobre todo cuando inician legislatura, es grandilocuente, impactante, impresionante,…apabullante. Pero, como todo el que no sabe exactamente qué hacer, los técnicos o políticos del IDAE se han limitado a llenar páginas y páginas de cifras, números, mensajes, propuestas….que sin duda les han llevado horas de trabajo; pero cuando llegas al tan deseado resumen ejecutivo, observas con estupor que la mayoría de los objetivos son de este tenor: “Campaña de comunicación”, “Incorporación de criterios de eficiencia energética” “Elaboración de un estudio de…”, “Creación de una comisión de…”.

Y así, cuando recientemente le preguntaron a Sebastián por el cumplimiento del Plan 08-12 mencionó, sin sonrojo, que se había cumplido en un noventa y tantos por ciento. Efectivamente, pensamos –con razón– los mal pensados: más del 90% de las comisiones previstas se han creado y más del 90% del presupuesto comprometido se ha gastado. Pero ¿se han conseguido ahorros de más del 90% de lo previsto? La respuesta es, rotundamente, no. Porque, si se hubiera conseguido al menos el 90% de los ahorros planteados ¿de qué se iba a necesitar ahora un plan nuevo con veinte medidas, muchas de ellas redundantes?

En política, los números redondos son fundamentales: primero se piensa en un número, cualquiera; luego se llena con las ideas (¿no debería ser al contrario?).

Hay algo no obstante que, en mi ingenuidad, aún me sorprende; quizá tendría sentido que alguien con criterio e influencia se interesase en ello. O, siendo mucho menos ambicioso, que me lo explicase. Mencioné antes el ahorro que me supuso aquel viaje posterior a la limitación a 110. Tal ahorro se esfumó y diré por qué: por la perversión en el sistema de fijación de los precios de la gasolina. Es muy posible que tenga una explicación coherente, aunque difícilmente convincente. Todos entendemos que el precio de la gasolina en las estaciones de servicio está afectado por cuatro elementos fundamentales: (a) coste del petróleo en origen; (b) resto de costes (refino, distribución, generales, etc.); (c) impuestos especiales y (d) margen de los distribuidores. En un escenario en el que (b) y (c) permanezcan inalterables y solo (a) suba, es lógico que el precio al consumidor se eleve para que el operador pueda mantener (d), es decir su margen, inalterado.

Todos conocemos, porque la sufrimos, la rapidez de reacción al alza del precio final cuando el de origen (precio del brent) sube; y a regañadientes lo aceptamos, aunque sepamos que la gasolina que nos están sirviendo procede de petróleo adquirido a precios muy inferiores. Y nos produce notable enfado observar que lo contrario no sucede con la misma celeridad: los precios en gasolinera tardan muchísimo en caer aunque el brent se desplome. Pero lo que resulta verdaderamente exasperante e incomprensible (si no conociéramos el favoritismo –varias veces aquí denunciado– de los gobiernos a favor de las grandes empresas), es que el precio final suba cuando sube el de origen, y continúe subiendo cuando aquel baja.

Pues esto es lo que me pasó en el regreso de aquel viaje. Primer trayecto: la crisis libia encarece el brent hasta los 118 $; precio de la gasolina: 1,441 €. Segundo trayecto, una semana después: la catástrofe japonesa provoca, por parada en la industria y menor demanda, una caída en el precio de origen; el brent cae a 113 $ ¿y la gasolina? ¿Bajó algo? ¿Se mantuvo? ¡NO! Continuó subiendo: 1,468 €.

Quede aquí reflejado el hecho y mi protesta.

Bueno, amigos, no quiero hacer demasiado larga esta aburrida entrada. Mañana seguiré con cualquier otro asunto sin interés.

…….

Esta versión de Stand By Me, cantada por músicos callejeros de diferentes partes del mundo bajo el proyecto Playing for Change, puede servir, sobre todo en esta noche de luna llena, como homenaje al pueblo japonés: aunque el cielo se derrumbe sobre sus cabezas y las montañas se sumerjan en el mar, no tendrán miedo, no derramarán una lágrima,….siempre que, aquel a quien necesitan, permanezca a su lado.

“Cuando la noche llega y el camino está oscuro,
Y la luna es la única luz que se ve,
No tendré miedo; no, no tendré miedo,
Mientras que la gente permanezca a mi lado”

“Si el cielo que miramos
Se derrumba sobre nosotros,
Y si las montañas
Se derrumban hacia el mar,
No lloraré, no lloraré.
No, no derramaré una lágrima
Siempre y cuando tú permanezcas a mi lado”.

STAND BY ME.

This song says, no matter who you are,
No matter where you go in your life
At some point you’re going to need
Somebody to stand by you.

Oh yeah! Oh my darlin’ Stand by me!
No matter who your are, no matter where you go in life
You gon need somebody, to stand by you.
No matter how much money you got, or the friends you got,
You gon need somebody, to stand by you

When the night has come, and the way is dark,
And that moon is the only light you see.
No I won’t be afraid, no I-I-I won’t be afraid
Just as long as the people come and stand by me.

Darlin’ darlin’ stand by me, Ooo stand by me Oh stand
Stand stand by me C’mon stand by me stand by me

If the sky that we look upon
Well should tumble and fall
And the mountains should crumble to the sea
I won’t cry, I won’t cry, no I won’t she’d a tear
Just as long as you stand, stand by me

Oh darling, darling stand by me, oh stand by me,
Oh please stand, stand by me, stand by me.

Oh darling, darling stand by me, ohh stand by me,
Please stand, stand by me, stand by me.
Ohhh baby, baby… (interlude)

Oh darlin’ darlin’ stand la la nomie
Ooo stand la la nomie, O stand O stand stand
Stand by me c’mon stand by me, stand by me.
Stand la la nomie, oh won’t you stand, la la nomie,
Oh stand la la nomie, stand by me, c’mon stand by me.

When the night has come, and the way is dark
And the moon, is the only light you see
I won’t be afraid, lala nomie, I won’t be afraid
Not as long, not as long as you stand by me.

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  1. Sarah Guadiana.
    24 marzo, 2011 en 11:37 PM

    Hola Jaime.
    Después de días sin tiempo para disfrutar de tus entradas, que por cierto a mi nunca me resultan aburridas, todo lo contrario muy entretenidas, agradables e instructivas, espero retomar mis ligeros o caudalosos afloramientos.

    No puedo más que estar de acuerdo contigo: mi respeto y admiración por la forma en la que el pueblo japonés afronta sus difíciles y durísimos momentos. Quién nos vería….

    Mi decepción, incomprensión, vergüenza y absoluta desconfianza, por la actuación de la clase política de este mundo, que podemos llamar desarrollado pero al que llamaría más bien desnortado, interesado, desvergonzado y muchos “ado” más.

    También estoy de acuerdo en lo manifestado sobre “El Plan Energético” ¿cúal es el plan??????? debe ser un plan muy, muy secreto y de sus objetivos o más bien posibles resultados tan solo algunas mentes preclaras deben tener idea (si pienso en el plan de ahorro de alguna institución pública que conozco, no logro decidir si reir o llorar, lo decidirá mi cansancio….).

    En fin una vez más no aporto nada, lo siento, otra vez será.

    Este vídeo, este tema, esta “idea” siempre me ha parecido estupendo.

    Gracias por estar.

    Besos.
    S. Guadiana

    • 27 marzo, 2011 en 9:47 PM

      Muchas gracias Guadiana.
      Un placer leerte “after so long”
      La versión de “somewhere…” preciosa. Muy original.
      Un beso fuerte

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