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LAS VIDAS ROBADAS, LOS NIÑOS PERDIDOS

El caso de las adopciones ilegales de niños durante el franquismo y el llamado “tardofranquismo” no ha sido conocido, al menos por el gran público, hasta hace relativamente poco. Su nacimiento mediático se identifica con la causa general del juez Garzón contra el franquismo iniciada hace algo más de dos años y que ha supuesto, por la forma en que la instruyó, uno de los motivos de su imputación penal por prevaricación.

Mi repentino interés por este asunto nace como consecuencia de su reciente aparición en uno de los medios de comunicación más relevantes, como caso estrella y por capítulos, bajo el título genérico de Las Vidas Robadas. Efectivamente, desde hace un par de días, este medio ha iniciado una serie de artículos sobre casos reales de bebés “sustraídos o separados irregularmente de sus padres”, ofreciendo relatos de las propias víctimas e incluso de partícipes activos en estos sucesos.

Los secuestros, bajo la denominación suave de adopciones irregulares o las más crudas y directas de “robo de bebés” o “venta de niños”, sucedieron durante décadas, desde las postrimerías de la guerra civil hasta ya entrados en la década de los ochenta. Al margen de mostrar mi repugnancia por tales crímenes, de lamentar el sufrimiento de las víctimas y de condenar a los culpables, mi interés hoy va por otros derroteros; fundamentalmente:

1. La politización mediática.

2. El aprovechamiento económico.

3. El “reencuentro”.

1. Politización. Como he comentado, el asunto (al menos el interés mediático) surge a raíz de la causa de Garzón, a partir de octubre de 2008, cuando se declaró competente para investigar las desapariciones de decenas de miles de personas durante el franquismo, causa en la que refiere también la desaparición de miles de niños. Una de sus fuentes de información y reflexión es el libro de Miguel Ángel Rodríguez Arias, “El caso de los niños perdidos del franquismo: crimen contra la humanidad” (2008. Editorial Tirant Lo Blanch).

Hoy hay muchos que dicen que, con el juicio al juez Garzón, la causa de los niños desaparecidos se desactivará porque “es un aviso muy claro de que aquí hay cosas que deben continuar sin moverse; que en España todavía no llegó el momento para la justicia y reparación”. Esta es la ideologización o politización “sobrevenida”. Se enjuicia a Garzón –dicen- para, entre otras cosas, desactivar la investigación de estos sucesos. Y los culpables son, qué duda hay, los de siempre, los que aún amparan y justifican el franquismo.

La causa política, de origen, de estos crímenes está clara; al menos la de los que sucedieron durante el franquismo “puro y duro”, es decir durante el periodo que transcurre entre las postrimerías de la guerra civil y un par de décadas tras su finalización. Que sean unos años antes o después no quita ni añade. El mayor ideólogo fue Antonio Vallejo Nájera. Este psiquiatra, que fue Jefe de Psiquiatría del Ejército y según dicen íntimo amigo, a través de cónyuge, de la mujer de Franco, sostenía que hay “una raza, la hispanidad, representante de religiosidad y patriotismo, amenazada por el ambiente republicano, del cual debían ser alejados los niños para sanearlos del “gen rojo” y “reeducarlos” en los valores del régimen”. Ahí es nada; como lo leo lo cuento.

Y puesto que tal conducta (el secuestro de niños) estaba avalada por una eminencia como Vallejo y quien detentaba el poder, todo el poder, era quien era, el Estado secuestraba “de frente y por derecho”, sin esconderse, con absoluta impunidad. Según cuenta Ricard Vinyes, relevante historiador de la represión sobre los niños republicanos en España, “a diferencia de Argentina, donde todos los robos de menores fueron clandestinos, aquí el Estado no se escondía, sino todo lo contrario, estaba orgulloso de ello, porque era una operación de ‘salvamento’ de los niños. Creó una culpa pública en la que los hijos de los ‘rojos’ eran apartados de sus padres para ingresar en instituciones donde redimir los pecados de sus padres y la máxima expresión de esa purga era que esos niños se hicieran curas o monjas”. O, al menos, ser educados en el nacionalcatolicismo imperante en la época. Por muy exageradas que me parezcan estas apreciaciones, no hay duda de que sí existieron motivaciones ideológicas.

Ahora bien, atribuir también motivación ideológica o política a los sucesos posteriores, los acaecidos en las décadas de los setenta y de los ochenta me parece, en el mejor de los casos, notablemente exagerado; en el peor, “francamente” (el adverbio viene a cuento) interesado. Sin duda que existía una presión socio-cultural (la humillación y menosprecio social de la madre soltera) y una demanda de parejas insatisfechas con capacidad adquisitiva y que ambas situaciones generaron una probable mercantilización “del producto no deseado”. Pero el hecho de que esa mercantilización se produjera a través de tramas organizadas, no creo que pueda ser atribuible a interés político o ideológico de un régimen, sino a corruptos que se amparan en las debilidades del poder y de la actuación de buena fe de otras personas. De la misma manera que los cientos de casos de corrupción de hoy, organizada en y amparada por la política, son achacables a sus autores y a las debilidades de nuestra democracia; pero no a la democracia.

Y por tanto, quiero distinguir entre la ideología, como causa motivadora o simplemente como excusa de estos sucesos, que la hubo, y su utilización política partidaria, sesenta o setenta años después, que la hay. Y quiero condenar la politización interesada que se está haciendo –y la que se va a hacer- en estas semanas previas a las elecciones. Sabido es que los políticos “progresistas” pretenden por todos los medios, al menos en períodos preelectorales, identificar a la oposición, a los “conservadores”, con el franquismo (con el “tardofranquismo); de hablar de ellos, políticamente, como hijos del franquismo. Poco vamos a tardar en ver y escuchar en los medios interesados, vinculaciones entre el partido popular, el juicio a Garzón, la iglesia y los secuestros de niños.

Así, por ejemplo, la periodista catalana Monserrat Armengou que ha organizado en TV3 una serie documental sobre este asunto: “Lo que empezó siendo un robo de niños con perfil de “represión política”, más tarde, entre las décadas del ’60 y el ’80, adquirió otro, de “represión moral”, especialmente contra las madres solteras a las que se les sacaba su hijo en clínicas de toda España, que luego se extendió a mujeres casadas por iglesia”. Y añade: “Si bien es cierto que en ese momento no podemos hablar de represión política, seguimos hablando de franquismo, porque el grueso de esas adopciones se produjeron en los años sesenta y setenta, cuando Franco estaba vivo, y porque toda la estructura de su régimen fue la que permitió tramas que lucraron con niños”, en las que estuvieron involucrados médicos, militares, curas y monjas”. Sin comentarios; así lo dice.

¿Cuándo se atreverá el partido popular a condenar el franquismo? Cuando lo haga, quitará la poca fuerza moral que aún puedan tener, para algunos, quienes sostienen tan peregrinos argumentos como esta tal Montse Armengou.

2. Aprovechamiento económico. La continuidad lógica de estos hechos debería ser la persecución del delito, la identificación de responsables y culpables y la reparación de daños. Pero me da la sensación de que no va a ser así. Aunque la fiscalía ya ha empezado a “darse por enterada” veo complicado que estos asuntos vayan a seguir una vía judicial. En todo caso, administrativa, quizá con modificaciones en los registros pertinentes (en el caso de que lo pretendan los particulares) y con reconocimiento público del hecho. Veo complicado que existan compensaciones económicas por daño moral, aunque no tengo razones, excepto la lógica, para asegurarlo.

Sin embargo, del desarrollo mediático de este asunto, sí que se van a lucrar unos cuantos; los de siempre y algunos que están aprendiendo de los de siempre. Los medios escritos han empezado a avivar el asunto, a crear foros, a despertar el interés de los interesados, sean o no víctimas reales. Los audiovisuales, las cutrelevisiones que viven de la inmundicia, sacarán jugosa tajada de estas tristes historias entrevistando, previo pago, a víctimas, familiares, médicos, directores de hospitales y orfanatos, presidentes de asociaciones, curas o monjas y otros personajes que puedan tener algo que ver, aunque sea tangencialmente, con esto. Los “debates y tertulias” y las peleas en directo, están aseguradas.

Y, lo que más sorprende, han empezado a proliferar asociaciones de todo tipo. ANADIR, que parece la asociación pionera, cifra en 261 los casos probados. Habrá muchos más, qué duda cabe; lo que sorprende es que, aún estando en una fase incipiente, existan ya multitud de asociaciones con el mismo objeto. No he hecho un rastreo serio, pero en las pocas páginas que he visitado para escribir esto, detecto las siguientes:

Andas, Derecho a Saber
Plataforma de Afectados de Clínicas de toda España
Causa Niños Robados
La Voz de los Afectados
Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares (ANADIR)
Adoptados Bilbao
Afectados Clínica San Ramón. Santa Cristina y Belén
Plataforma por las Víctimas de las Desapariciones Forzadas del Franquismo

Seguro que hay muchas más y que nacerán otras tantas. Yo no se quién las financia, si las cuotas de los asociados –supongo que no- o los fondos públicos –me temo que sí-. Reconozco que soy mal pensado y es muy posible que me equivoque, aunque es probable que no. Porque si damos dinero para asociaciones tan estrambóticas como las que todos hemos oído (los famosos “mapas del clítoris”, “pies zambos de Zimbabwe” y similares causas) ¿cómo no vamos a financiar, con cargo a los presupuestos de cualquier ministerio, a estas asociaciones con fines tan altruistas y a las que en el futuro se creen?

3. El reencuentro familiar. Tiene algo que ver con lo anterior. Serán las asociaciones y los medios los que promoverán estos reencuentros y me atrevo a pensar que no por motivaciones humanitarias. Lo siento, pero así lo veo. En el diario que ha relanzado el asunto leo una invitación directa:

“Participa en Eskup. ¿Crees que eres un niño robado o conoces a algún caso? Envíanos un correo electrónico. Cuéntanos tu caso.

“Hijo busca madre, madre busca hijo”.

Es muy difícil ponerse en el lugar de otro, especialmente en asuntos como este. En función del marco temporal que antes mencioné, los “niños robados por el franquismo” tendrán edades entre los 50 y 70 años. Respecto a los más jóvenes, me resisto a identificar sus casos con el franquismo, en todo caso con el mercantilismo o con el crimen sin apellido ideológico. Y, a aquellas edades, no me resulta fácil intuir las razones que pueden tener los protagonistas de aquellos tristes sucesos para buscar un reencuentro familiar. Al margen, naturalmente, del instinto que todos tenemos de indagar sobre nuestros orígenes. Tratándose de sentimientos tan personales, en esto puedo elaborar muy poco.

Pero me intriga. Una vez producido el reencuentro entre un hijo de 50 o 70 años y sus padres, si viven, o sus hermanos ¿qué se dirán? ¿Cómo se relacionarán a partir de entonces?

¿Serán más felices sabiendo que antes de saber?
……….

De todas las canciones que se me ocurren, que no son tantas, quizá la que más convenga a esta entrada es la que cantó “a capela”, sin instrumental, la reina del country, Emmylou Harris, de la que ya he traido alguna música: CALL MY CHILDREN HOME

Oh may they hear my calling…calling.. and come back home some day.
¿Escucharán mi llamada y volverán a casa algún día?

 

Those lives were mine to love and cherish.
To guard and guide along life’s way.
Oh God forbid that one should perish.
That one alas should go astray.

Back in the years with all together,
Around the place we’d romp and play.
So lonely now and oft’ times wonder,
Oh will they come back home some day.

I’m lonesome for my precious children,
They live so far away.
Oh may they hear my calling…calling..
and come back home some day.

I gave my all for my dear children,
Their problems still with love I share,
I’d brave life’s storm, defy the tempest
To bring them home from anywhere.

I lived my life my love I gave them,
to guide them through this world of strife,
I hope and pray we’ll live together,
In that great glad here after life.

I’m lonesome for my precious children,
They live so far away.
Oh may they hear my calling…calling.. and come back home some day.

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  1. lolita
    15 marzo, 2011 en 5:06 PM

    Pues si, Jaime, que pena que todo acabe siempre siendo utilizado para otros fines.

    Y aunque no tenga nada que ver con tu entrada: pobres japoneses.Estoy segura de que remontarán, por su capacidad de sacrificio.

    Dejaré una frase que leí en el muro de facebook de una amiga y que da mucho que pensar:

    “Esperar que la vida te trate bien porque seas buena persona es como esperar que un toro no te ataque porque seas vegetariano.” (Dennis Wholey)

    Besos.

    • 17 marzo, 2011 en 12:44 AM

      Hola Lolita.
      Es curioso, de los pocos comentarios que ha motivado esta entrada, hay cuatro (que logicamente no he dejado filtrar) de personas afectadas por el asunto y que me pedían ayuda. Les he contestado directamente y redirigido a ANADIR.
      Debe de haber muchos más casos -reales o sospechados- de los que pensamos.
      Los Japos remontan siempre. Los que quedan….la economía se recupera, la vida no.
      No se quien es el tal Wholey, pero es frase típica de un “amargao”. ¿Por qué tienes que esperar algo de la vida solo por ser buena persona? ¿No te basta con estar satisfecho contigo mismo por serlo? ¿O prefieres ser mala persona si así la vida te trata bien?
      Bueno, al fin y al cabo, son frases hechas.
      Pero lo mejor, siempre, es huir del toro aunque no te hayas comido a su hermano. Y tratar bien a la vida, en lugar de esperar inutilmente que ella te trate bien a tí.
      Besos, gato

      • Lolita
        17 marzo, 2011 en 10:41 AM

        ¡Que risa tu comentario a “la frase”!Si que es de “amargaos”, si.Tienes razón.

        Besos.

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