400 MINUTOS GRATIS

<em>[Un intento de escapar de la política, aunque sea brevemente]

Si…Mauricio, si ya lo se, tu no tienes la culpa.
– ……
– No, mi marido no está ahora, puedo hablar.
– ……
– Y ¿cómo podemos arreglarlo?
– ……
– Ya,…pero es que me prometiste….
– ……
– Bueno, adiós Mauricio, llamo en unos días.

Esta fue una de las primeras conversaciones, la primera de la que soy consciente, de una larga serie; y diré que me produjo cierta inquietud. No dije nada en aquel momento porque, aunque yo no conocía al tal Mauricio, no dudaba de que su conversación con mi mujer tenía explicación sencilla y lógica; quizá un regalo sorpresa –no sería la primera vez- que me quería hacer; tal vez un golpe con el coche que pretendía arreglar sin que yo me enterara.

A los pocos días, sin buscarla, obtuve explicación.

– Te he pasado al plan 30 autónomos -me dice-.
– ?????
– Si, son 400 minutos gratis, de ocho a ocho y treinta por ciento de descuento en establecimiento.
– ¿De qué me estás hablando?
– Del móvil, del teléfono móvil. Que estamos pagando mucho y es una oferta.
– Ah…..bueno, está bien, –contesté finalmente-.

Esta última conversación, más o menos literal, transcurría hace año y medio, o así, entre mi directora de comunicaciones y yo. Mi directora de comunicaciones es desde hace ya unos años, cuando dejé el despacho, Carmela, mi mujer. La anterior, la del despacho, sabía más; pero mandaba menos.

Al principio me sorprendió; no sabía de qué me estaba hablando, aunque en seguida relacioné esta novedad con la conversación anterior con el tal Mauricio. Ahora, después de haber pasado por multitud de planes y de promociones, ya todo me resulta familiar: el “plan autónomos”, el establecimiento, el tráfico itinerante, el “premio a su confianza”. Se me escapa aún el “otros conceptos”, que siempre aparece acompañado de una cifra –no desmesurada-, en cada factura. Me resulta familiar, digo, e incluso entiendo lo que me dice, aunque no los efectos de lo que me dice. Porque resulta que, aunque gracias a sus esfuerzos y a sus llamadas cada vez los planes son más eficientes, cada vez tengo más minutos gratis durante más horas y más días y cada vez aparece mayor la cifra que acompaña al concepto “premio a su confianza”, no veo –o es mi sensación- debidamente reflejados en factura, en su importe final, sus ímprobos esfuerzos.

Con los teléfonos fijos pasa algo parecido, pero aún lo entiendo menos. Eso que llaman la tarifa plana (no se de dónde viene el nombre) y el Asymmetric Digital Subscriber Line o, para entendernos, ASDL, tienen precio fijo unitario y por tanto se tendría que pagar siempre lo mismo, digo yo. Pues no. Van incorporando poquito a poquito nuevos conceptos y quitando poquito a poquito viejos descuentos y, cuando te quieres dar cuenta, estás pagando por lo mismo treinta o cuarenta euros más. Son incógnitas del marketing y de ese oscurantismo contractual de las grandes compañías que se han adueñado de nuestras vidas y acaparan una no despreciable porción de nuestras preocupaciones cotidianas.

Y, cuando mi mujer se da cuenta del engaño, vuelve a llamar. Y se exaspera. Resulta, en efecto, tedioso y desesperante “hablar” con esos impersonales robots parlantes y tratar, inútilmente, de establecer con ellos un imposible diálogo lógico (valga la redundancia etimológica). El vano intento por hacernos entender con razonamientos ante la escasa flexibilidad dialéctica de nuestro “interlocutor” culmina, en ocasiones, en la absurda e hilarante situación de estar gritando a una máquina. Cuando nos damos cuenta ya es tarde; nos sentimos ridículos y estafados porque, además, se trata de líneas 902 que generan el efecto contrario al pretendido con la llamada: incrementan la factura telefónica.

Personalmente, he llegado a la convicción de que no podemos luchar contra ellas; contra estas grandes empresas protegidas por la legislación del estado y que, como decía hace pocos días, cuanto más profunda es la crisis más dinero ganan. Se que es una postura cobarde y yo no suelo serlo, pero hay veces que la claudicación es la estrategia adecuada. Como mucho, podemos tratar de adaptarnos y, quizá, protestar algo; pero nunca buscar el enfrentamiento. Causas más nobles hay que merecen derrochar nuestra energía.

Ahora creo que han cambiado las cosas, pero hasta hace poco tiempo un enfado serio con tu compañía telefónica y la consecuente decisión de pasarte a otra no era cosa sencilla como lo puede ser cambiar cualquier proveedor de servicios, sean médicos, kioskos de prensa, cafeterías, peluqueros o, incluso, abogados. Un cambio de operador te costaba la tranquilidad y la salud. Recuerdo un par de casos de buenos amigos a los que les sucedió algo así. Por enfrentarse a la Gran Matilde y pretender cambiar de compañía, estuvieron varios meses pagando a dos operadoras y sin tener el servicio de ninguna. Sus mujeres les llamaron blandos e ineptos y su autoestima cayó. Hace tiempo que no les veo y, aunque me consta que resolvieron el asunto y la crisis conyugal, que nunca llegó a mayores, se atemperó, lo pasaron mal durante una buena temporada.

Por eso es bueno descentralizar responsabilidades. En mi caso y en mi casa, la de dirección de comunicaciones. En este reparto de funciones, tácitamente asumido, mi directora de comunicaciones se ocupa de la relación con las operadoras. Yo, de lo demás (con ciertas excepciones). Y diré que lo hace con eficacia, aunque con notable desgaste personal. Su desesperación cuando habla con Noemí, Desiré, Abel, Vanesa, Mauricio o Mohamed –porque así de raros son los nombres de los telefonistas de los call centers de estas empresas-, si es que ha tenido la suerte de que el robot le pase con cualquiera de ellos, me hace temer por su salud. Se excita, se exalta, se enardece, se apasiona, grita, se irrita,…se desespera. Cierto es también que, en otras ocasiones o incluso durante la misma conversación, consciente de que un pobre telefonista de call center no es culpable de nada, le pide a su interlocutor humildes disculpas por su tono y este adquiere una dulzura y un sosiego que jamás emplea conmigo. Y suele conseguir mejor resultado.

Lo que más me preocupa es cuando, ante su exaltación, el operador le cuelga el teléfono. El terrible enfado de mi mujer, por otra parte justificado, me aconseja hacer como el rico en las coplas del payador perseguido: “vichar la puerta y alejarme reculando”. Nada ni nadie está a salvo junto a una mujer realmente enfadada.

Durante un año, o así, las conversaciones tenían lugar cada mes o dos meses. Más adelante, el tiempo entre llamadas se redujo drásticamente porque el descuento que, con esfuerzo, acababa de conseguir, desaparecía en la siguiente factura. Las últimas llamadas me han preocupado seriamente. Tanto que decidimos cambiar de operador. Pero cuando ya todo estaba preparado y con fecha para la nueva instalación de fijos, me informa mi directora de comunicaciones que su última gestión ha tenido éxito; que ya no cambiamos; que seguimos con Mauricio.

Menos mal…

—————–

Hace pocos días, tras interesarse por la identidad de nuestros proveedores de otros servicios, me dijo:

– Déjame las facturas de los del gas y de la luz.
– ¿Para qué?, le pregunto.
– Voy a negociar rebajas.
– Está bien, te las busco y te las doy.

De modo que ahora, parece, va a ampliar sus actividades a responsable de suministros energéticos. Aún no ha empezado, pero ya le he observado mirando páginas web de Endesa y Repsol y hasta me ha dicho que, a lo mejor, ponemos los lavaplatos y lavadoras por la noche. No se hacia dónde nos llevará esta dinámica.

Estoy aterrado.

 Pero, a pesar de todo, o precisamente por todo esto (y muchas cosas más), no se que haría yo sin ella.

 

Oh! What would I do
If not for you

¿Qué haría yo
Si no fuera por ti?

Así decía una bonita canción que escribió Bob Dylan en 1970, If Not For You, cuya letra os dejo en ingles y en español.

La canta Bob junto con George Harrison.

 

If not for you,
Babe, I couldn’t find the door,
Couldn’t even see the floor,
I’d be sad and blue,
If not for you.

If not for you,
Babe, I’d lay awake all night,
Wait for the mornin’ light
To shine in through,
But it would not be new,
If not for you.

If not for you
My sky would fall,
Rain would gather too.
Without your love I’d be nowhere at all,
I’d be lost if not for you,
And you know it’s true

If not for you
My sky would fall,
Rain would gather too.
Without your love I’d be nowhere at all,
Oh! What would I do
If not for you.

If not for you,
Winter would have no spring,
Couldn’t hear the robin sing,
I just wouldn’t have a clue,
Anyway it wouldn’t ring true,
If not for you.

SI NO FUERA POR TI

Si no fuera por ti,
no podría encontrar la puerta,
no podría ver el suelo,
estaría triste y abatido,
si no fuera por ti.

Si no fuera por ti, muchacha,
yacería despierto toda la noche,
esperaría la luz del día
para que brillara aquí dentro,
pero eso no sería distinto
si no fuera por ti.

Si no fuera por ti,
mi cielo se derrumbaría
y la tristeza se derrumbaría.
Sin tu amor yo no conseguiría nada,
estaría perdido si no fuera por ti,
sabes que es cierto

Si no fuera por ti,
mi cielo se derrumbaría
y la tristeza se agolparía.
Sin tu amor yo no conseguiría nada,
¿Qué haría yo
si no fuera por ti?

Si no fuera por ti,
el invierno no tendría primavera,
no podría oír cantar al petirrojo,
no tendría idea de nada
y, en cualquier caso, nada sería verdad,
si no fuera por ti.

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  1. Lolita
    4 marzo, 2011 en 8:30 PM

    Me parece tan bonita esta entrada, aunque hable de Mauricio…

    No hace mucho, en una reunión con unos clientes, a una señora le llamó su marido y fue imposible no escuchar (por el volumen seleccionado en su móvil) las eufóricas palabras de él: “¡¡¡Preciosa!!!¡¡¡Te quiero!!!¡¡¡Si, te quiero!!!”.La llamada no tenía otro motivo, ella se ruborizó e intentó, por timidez, colgar lo antes posible, pero yo me quedé pensando en lo bonito de las pequeñas cosas.

    Jaime, dile a Carmela que hace bien al negociar, yo protesté hace poco por unos mensajes que me enviaban prestándome servicios que yo no había contratado.

    Os dejo una bonita canción:

    ¡Besos para Carmela!

    • 4 marzo, 2011 en 9:30 PM

      Mauricio es personaje de fantasía, aunque la historia que cuento es real y, supongo, muy común; nos pasa a todos continuamente.
      La llamada del marido de tu clienta era, seguro, producto de un remordimiento de conciencia, algo asi como el “excusatio non petita, accusatio manifesta”.
      O ¿a lo mejor no era el marido?.
      Serrat, magnífico.
      Muchas gracias
      Besos

  2. Lolita
    5 marzo, 2011 en 11:27 PM

    ¿Seguro?A mi me han llamado alguna vez para decirme que me quieren y lo he interpretado como una “exaltación de amor”, sin más.Supongo que depende de la persona que lo haga porque cierto es que muchos/as tapan sus “fechorías” o descansan su conciencia con regalos y piropos.

    Cuando uno está enamorado “hasta los huesos”, a veces, siente el impulso de llamar al otro simplemente para decirle algo bonito (o para escuchar su voz).Me ha pasado hasta a mi, que en mi realidad soy bastante “arisca” (seria o bromista para expresar todo aquello que tenga que ver con los sentimientos), lo más parecido a un gato.

    Entendí lo de Mauricio…

    ¡Besos!

    PD: Alguien ha salido de su guarida…

    • 8 marzo, 2011 en 9:54 PM

      Hola Lolita.
      Nada es seguro en cosas del amor, excepto lo que uno cree que lo es. Y somos tan crédulos…
      Nos queda la segunda opción ¿era el marido?
      Lo que si es seguro, en lo poco que te conozco, es que a ti te llamará mucha gente para decirte “requiebros”
      Un beso, gato.
      PS: sí, salió. A ver cuando es la próxima vez.

  3. Virginia lópez-Chicheri
    8 marzo, 2011 en 6:48 PM

    Absolutamente genial… La dedicación de Carmela es encomiable y agotadora. Estuve 3 meses intentando cambiar mi ADSL desde Wanadoo que funcionaba fatal a Telefónica, nunca más se me ha ocurrido ningún otro operador por barato y ventajoso que parezca, son simplemente patrañas mentirosas las ofertas de las compañias. Al final me quedo para casi todo con “Matilde”, nombre de mujer, que siempre somos mas eficaces en esos menesteres. ABRAZOS LA SEXTA.

    • 8 marzo, 2011 en 9:56 PM

      Hola Virginita.
      Gracias…da gusto tener lectores así de complacientes.
      Todos los que han tenido problemas con los operadores, y son muchos, disfrutarán con la entrada, porque es muy real.
      Muchos besos

  4. Sarah Guadiana.
    10 marzo, 2011 en 10:17 PM

    Que bueno, efectivamente cualquiera se puede sentir identificado con esta entrada.

    Mis respetos a tu directora de comunicaciones, la entiendo perfectamente y que cierto, para lidiar estos toros hay que tener, más que valentía, una paciencia y una perseverancia digna del mismísimo Buda.
    En muchas ocasiones, desempeñando el mismo cargo de directora de comunicaciones, he pasado por todos esos estados anímicos que pasa “la jefa” y la verdad ¡¡¡es agotador!!!.

    Bueno, de entrada yo para evitarme el rato de diálogo de besugos con el robot, cuando pregunta el motivo de la consulta le suelto una frase en un “idioma inventado” y a la segunda me pasa amablemente con un comercial(así le llaman). En ese momento me siento satisfecha porque el primer asalto lo he ganado yo, después cuando toca lidiar con Wilson o con el primo segundo de Mauricio, el contador suele cambiar… y yo acabar la gestión o bien agotada pero satisfecha por haber resuelto o con sensación de impotencia y gran cabreo por no haber resuelto nada.

    El colmo lo he vivido esta misma tarde, llama un hermano heavy de Mauricio y después de explicar que quiere informarme de una fantástica oferta para que “hablar me cueste menos”, ¿que sabrá el lo que yo hablo y cuanto me cuesta?, sin decirme de que operador era (no era de Matilde), me pregunta mi nombre, a lo que yo con amabilidad (lo juro, fui amable)le contesto que “lo siento pero no atiendo ofertas por teléfono y no tengo tiempo para atenderle”. Sin cortarse un pelo, me dice “bueno, pero no sea usted tan maleducada y escuche, le pregunto con quien hablo”, me dieron ganas de hacerle algo horrible aunque fuese delito penado. Cambié el tono, le puse en su sitio (esto lo dudo un poco, creo que él sigue y seguirá sin saber estar), digamos que me puse yo en mi sitio, dije adiós y colgué.

    Lo mejor de todo es que aunque admito que despertó mi instinto animal, no consiguió fastidiarme la mini siesta. Menos mal que no atiendo ofertas telefónicas….

    Mis respetos, apoyo y saludos a la directora de comunicaciones y recursos energéticos.

    Besos
    Sarah Guadiana

    • 17 marzo, 2011 en 12:36 AM

      Hola Guadiana
      Perdóname; no es cortés dejar a nadie “con la palabra en la boca” nada menos que una semana. No se dónde he estado metido.
      Al menos, estas experiencias se cuentan con cierto regocijo. Son enfados que se pasan pronto. La pena es que lo pagamos con los pobres “comerciales”, porque es el escudo que ponen las intocables corporaciones.
      Muchos besos

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