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EL LEON EN INVIERNO

Esta tarde ha costado más encender la chimenea. La leña es la misma de otros días, encina y acebuche; y no está mojada. Las piñas, que ayudan a iniciar un buen fuego, las recogimos hace un par de días en el sotobosque del pinar que hay a la derecha de la calle del hoyo siete, zona de caída del drive si tienes día de “slice”. En fin, qué le voy a hacer, que todo lo malo sea estar más atento y atizar cuando vaya perdiendo alegría este fuego.

 

El crepitar de los leños interrumpe, con discreción, las notas de un vals de Chopin que suena en el salón; sólo yo escucho, además, el tenue sonido de las teclas del ordenador, mientras esto escribo y, de rato en rato, también el pasar de las páginas del libro que lee Carmela. No hay otros sonidos en el salón de esta casa que hoy, día de temporal fuerte de levante aunque sin lluvia, nos mantiene encerrados entre sus paredes.

 

Así son aquí, en esta tierra de adopción, los días que llaman malos: esos que los meteorólogos de la tele describen como “temporal fuerte de levante en el Estrecho”: tardes dedicadas a escribir, escuchar, leer, hablar,….una vez que ya has roto la calma de la tarde con un paseo por la playa asediada por olas encrespadas o entre los veleros de la marina y empiezas a disfrutar de lo que queda del día con un buen gin tonic.

 

Y así son también las tardes de los días de invierno que llaman buenos; los días de sol y cielo azul, cuando el plan trazado con la improvisación de quien tiene más tiempo que prisa ya ha concluido.

 

Dulce rutina la de quien tiene la suerte, después de bastantes años de trabajo, de disfrutar de su tiempo y de sus aficiones. Todas las tardes dedicamos un par de minutos a esta conversación: ¿Qué te apetece hacer mañana? Pues, no sé, ya veremos. Parece que hará buen tiempo. Estupendo, navegamos si te parece.

 

Navegar o pasear con el dichoso palito de las alegrías  y de las decepciones, qué más da. Tiempo hay para todo. Después, cuando ya se va el dios sol y antes de que se vean las estrellas, encenderemos la chimenea con las piñas que recogimos ayer y nos sentaremos a hablar, a escribir, a leer, a escuchar. ¿Qué más queremos? Cuando uno tiene mucho más camino andado que el que le queda por recorrer, el pasado es una breve película que ve sentado en su butaca, el futuro se hace casi presente y la ambición que aún mantiene es, nada más y nada menos que ser razonablemente, rutinariamente, feliz.

 

Y que Dios nos guarde.

 

 He estado a punto de estropear el día poniéndome a escribir tonterías sobre las Cajas de Ahorro, el despilfarro de las CCAA, la Convención del PP y otras memeces. Felizmente recapacité y escribí sobre mí. Con mis disculpas por la vanidad, no sólo por escribir sobre mí, sino por haberlo hecho bajo el título de aquella magnífica película de Anthony Harvey sobre Enrique II que, aunque solo sea por la extraordinaria interpretación de Peter O’Toole y Katharine Hepburn, merece la pena ver media docena de veces.

 

…………………

 

La placidez de la chimenea, del gin tonic y de Chopin me ha traído a la memoria las Habaneras de Sevilla, de Carlos Cano, cantor “granaíno”, notable y con un estilo propio. No tuvo la suerte que yo tengo. Murió a los cincuenta y cinco años, en pleno éxito y en la flor de la vida.

 

 

Aún recuerdo el piano
de aquella niña
que había en Sevilla,
la novia del embarcado
nunca la siesta dormía.
Sola en los corredores de mecedora,
de consola y lorito, sueña el querer
que a Cuba se fue,
y aquella mujer
está tocando el piano;
escriben sus blancas manos
cartas de amores
que han de volver.

Ay, goleta antillana,
ay, cuánto lo quería,
que era trigo su pelo cuando embarcaba,
que era nieve el pañuelo que adiós decía…
Ay, suspira la fuente,
ay, dormita el pregón…
La copla de un pianillo
se va metiendo por los balcones,
navegan los galeones
que hay en los cuadros del corredor…

Estribillo

Se bambolea
la goleta en el río
se bambolea,
que viene de Sanlúcar
con la marea.
Viva Sevilla
y los barcos que salen
pá las Antillas.
Viva Triana
y los barcos que vienen
desde La Habana.

II

Se calla el pianillo,
tras los visillos
suena el piano,
qué dulce lo toca ahora
la novia del embarcado.
Las mecedoras bailan sus habaneras,
con su son de caoba, manigua y ron,
y se abre el balcón,
suspira el pregón.,
ay, barrio del Baratillo,
tiene color de Murillo
la siesta triste
de aquel salón…
Ay, novio marinero,
ay, capitán de mi puerto.
Qué blancas son las velas de tu goleta,
qué secretas las penas de mi pañuelo.
Ay, que se fue pá Cuba,
ay, que venga por Dios…
Que venga por el río,
con su goleta, desde Sanlúcar,
que esta copla de azúcar
pone más dulce mi corazón.

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  1. OLOMAN
    22 enero, 2011 en 9:01 PM

    Hoy estas melancólico, como dijo no se quien (Napoleon, Churchil, Sacha Guitry o los hermanos Marx):
    Viejos vinos para beber.
    Viejos troncos para quemar.
    Viejos amigos para charlar.
    Viejos libros para leer.

    • 22 enero, 2011 en 9:43 PM

      Fue el que te falta: Sir Francis Bacon (no creas que lo sabia; lo acabo de mirar).
      No, no es melancolía. Estaba leyendo el Sueño del Celta (me siento incapaz de concentrarme en el y a lo mejor ni lo termino) y, como sucede a veces, me he quedado absorto mirando el fuego. Ya sabes que dicen hay cuatro cosas que nunca te cansas de observar: el fuego, la nieve, el mar y….a una mujer bonita.
      Bueno, pues dejo el libro y me pongo a escribir sobre esas memeces políticas; de repente, me he sentido profundamente aburrido sin motivos para estarlo. ¿La culpa? Mía, por empeñarme en escribir de política.
      Alguien me lo dijo el otro día: deprime un poco tu blog, siempre escribes de política.
      Pues eso es lo que ha pasado. Nada de melancolía. Un simple intento de escapar de uno mismo para refugiarse en uno mismo.
      Un abrazo

    • 22 enero, 2011 en 9:55 PM

      Pero la cita es preciosa. Muy adecuada a esta etapa de la vida en que nos encontramos.
      Abrazos

  2. Lolita
    23 enero, 2011 en 1:47 AM

    Muy bueno Carlos Cano.Me arrepiento de no haber ido a verle a su último concierto cuando era más jovencita, nadie quiso acompañarme (no era música “de moda” para mi edad).Hoy, hubiera ido sola.

    Es una suerte poder disfrutar de ese tipo de momentos que describes, con Carmela.

    Yo adoro levantarme temprano en verano para pasear por la playa cuando todavía no hay nadie en ella.Lo suelo hacer sola, porque en esta época nadie quiere madrugar.En invierno, me escapo de vez en cuando por pueblos del interior, me divierte pasear,observar sus casitas,hablar con los lugareños, entrar a las tascas, bares y restaurantes típicos para picotear lo que sea costumbre en el lugar, me gusta el olor a leña.Siempre se aprende algo nuevo.

    ¡¡¡Y no es fácil encender “con arte” una chimenea!!!Que todo tiene su técnica, aunque parezca que no.

    Respecto a la política, recuerdo que leí en un libro de Pío Baroja, hace años, algo que me hizo gracia y fue la existencia, en un pueblo ficticio,de dos partidos políticos (los Ratones y los Mochuelos), unos liberales y otros conservadores, los dos robaban, unos con más disimulo y otros con menos.

    Aquí te dejo una de mis preferidas de Chopin:

    ¡Un abrazo!

    • 23 enero, 2011 en 3:11 PM

      ¡¡Vaya trasto debías de ser para que nadie quisiera acompañarte!!
      Un trasto bucólico y solitario, pero trasto al fin.
      El Mochelo y el Ratón eran, en malo, como Don Camilo y Peponne, de Guareschi.

      Los politicos, no todos claro, tienden a robar. Porque para ellos, robar no es como para los demás. No lo entienden igual que los demás. Para ellos es suficiente con abrir un poquito la mano y cerrar un poquito los ojos. A cualquiera de nosotros le costaría mucho más esfuerzo.
      Quizá sea tan sólo eso; no cuestión de moral, sino de esfuerzo.
      Precioso el nocturno.
      Besos

      • Lolita
        23 enero, 2011 en 4:39 PM

        ¿Trasto bucólico y solitario?¡¡¡Pero qué maléfico eres!!!

        ¡Lolita nunca ha sido solitaria!¡Todo lo contrario!No, no soy “la loca de los gatos” (a modo de broma).

        Cambiando de tema, creo que uno de los factores que incitan a abrir un poquito la mano es pasar demasiado tiempo en el poder.

        ¡Besines!

        Lolita.

      • 27 enero, 2011 en 8:30 PM

        Hola Lolita
        Perdonad el retraso en contestar comentarios. La chimenea me medio chamuscó los sesos y he andado un poco perdido.
        ¡Era cariñoso! Lo de trasto, digo.
        Hubo otra Lola que se enfadó mucho más con unos “versos” de un “poeta”, simpatiquísimo. Se llamaba Jorge Llopis y escribió un libro: “Las mil peores poesías de la lengua castellana”. Era un tipo divertido que también escribía en La Codorniz. Como lo lei de chavalito, con la mente aún bastante virgen, mi memoria almacena literalmente bastantes de sus “peores poesías”. Esta se la dedicó a otra Lola:
        “Pobre Lola,
        Mi memoria no la olvidará jamás.
        Era lozana y notoria;
        Y era natural de Soria,
        Además.

        Qué lástima de muchacha
        Sin chichas, quedó flacucha.
        Pocha por la mucha lucha.
        Deshecha, hecha una facha.
        Pachucha:”

        ¿A que es mucho mejor lo de “trasto bucólico y solitario”?
        Besos

      • Lolita
        28 enero, 2011 en 11:57 AM

        Que bellos sus denuestos,
        tan bien dispuestos.

        Me surge una duda,
        que por mi mente deambula,
        la muy garrapatuda.

        Escoger trasto campestre,
        sería reconocerme agreste.

        Escoger trasto solitario,
        ni por mil denarios.

        Puede que sin chicha,
        sea la mejor dicha,
        sin parecer Tarara(*),
        que flacucha acabara.

        Es una broma, Jaime.

        ¡Un abrazo!

        (*)Canción popular: “tiene la Tarara unas pantorrillas, que parecen palos de colgar morcillas”.

  3. Carmen Cacho
    23 enero, 2011 en 8:25 AM

    De los mejores que te he leído. Parece como si hubieras atendido a mis clases sobre los cinco sentidos. Me encanta seguirte. La regla de oro de un buen escrito, cualquier escrito es esta: un único tema, visibilidad, concreción y siempre ir a la yugular o al corazón. Este es del corazón y es estupendo. Un abrazo, fuerte, fuerte. Carmen C.

    • 23 enero, 2011 en 3:24 PM

      Hola Carmen.
      Por fin asomas el hociquillo. Sabía que leías de vez en cuando, pero me encanta que entres. Ya sabes que siempre ha sido un placer para nosotros leerte.
      Te presentaré a los demás lectores: Carmen ha sido una de las mujeres, no de mi vida, pero sí en mi vida. Durante bastantes años hemos compartido tiempo y de ella he aprendido bastante. Si Carmen no es hoy una escritora de fama, es porque no ha tenido padrinos ni suerte; pero escribe como los ángeles que saben escribir.
      Por eso vale mucho su comentario.
      Advierto que Carmen, filóloga en lengua inglesa, comete un anglicismo: no es que no haya “atendido” (en) sus clases: lo que no he hecho es “asistir” (to attend) porque si lo hubiera hecho, vaya si habría atendido (y aprendido).
      Un abrazo Carmen, y gracias.

  4. Joselito
    23 enero, 2011 en 11:37 AM

    Jaime, me alegro de que, en esta ocasión, nos hayas descrito algo cotidiano, una tarde de invierno en vuestro refugio gaditano. Qué gusto¡¡¡¡ y qué merecido lo tenéis los dos ¡¡¡ A los que todavía nos quedan unos cuantos años para conseguir el retiro, nos has pintado magistralmente algo por lo que seguir luchando… Gracias y que cambie el tiempo.

    Un abrazo fuerte,

    • 23 enero, 2011 en 3:28 PM

      Hola Joselito
      No es tanto merecimiento como suerte y edad. Lo primero,ojala lo tengas siempre; lo segundo, ya verás, en seguida. No sabes lo rápido que pasa todo lo que nos rodea.
      El tiempo, el meteorológico, sigue igual: espléndido para la chimenea.
      Un abrazo fuerte

  5. Sarah Guadiana.
    23 enero, 2011 en 10:36 PM

    Me alegro de que al final no estropeases el día.

    Te leí anoche, era ya tarde y pude visualizar perfectamente esas escenas como si se tratase de momentos de una bonita película( la noche ayuda).
    Que sensación tan agradable.

    Gracias por compartirlo.

    Besos
    S. Guadiana

    • 27 enero, 2011 en 8:32 PM

      Hola Guadiana
      Fue un momento de debilidad; o de despiste; o de paz, quizá.
      Un beso muy fuerte

  6. Jesus
    24 enero, 2011 en 6:20 PM

    Hoy si, hoy salgo de mi letargo invernal para apludir a mi, aunque él no lo quiera, “melancólico” amigo.
    La melancolía es esa situación de genio destemplado y tristeza recurrente, vaga, profunda y sosegada, en que el individuo que la padece no encuentra gusto ni diversión en nada hasta que cae en ella.
    Víctor Hugo consideraba que la melancolía era “la dicha de estar triste”, pues la consideraba una placentera sensación de tristeza.
    Disfrutala pues, amigo mio o ¿acaso no es melancolía escapar de uno mismo para refugiarse en uno mismo?
    Un abrazo
    Jesus

    • 27 enero, 2011 en 9:08 PM

      Jesus, Jesús, ¿dónde has andado metido?
      Me alegra un montón tenerte aquí de nuevo.
      Pues insisto en que no hubo melancolía en el asunto de la chimenea. Puede que tuviera el genio destemplado, pero no hay tristeza en mi vida; ni vaga, ni profunda, ni sosegada ni recurrente. Ni siquiera transitoria.
      Pero ¿qué sabe uno lo que le pasa, si es que le pasa algo?
      Intentaré seguir tu consejo, disfrutar; pero no de la melancolía, sino de la vida.
      Un abrazo Jesús

  7. Cosimo Piovasco Di Rondò
    24 enero, 2011 en 6:43 PM

    Pero que bien vives chaval!!! La verdad es que te lo has “buscao” y te lo mereces, qué coño! Yo aspiro también a esa “razonable” felicidad.
    Un fuerte abrazo
    Cosimo

    • 27 enero, 2011 en 9:11 PM

      Tú si que me conoces, Cosimo.
      Es buena vida, nada más y nada menos que eso.
      Si algún día a cualquiera de vosotros os apetece dejaros caer por el sur, tendréis asiento al fuego, tertulia, un buen gin tonic y una excitante navegada.
      Abrazos

  8. Fabrizio de Corvera
    24 enero, 2011 en 9:59 PM

    ¡¡¡Dios mio!!! una chimenea, la sposa, un libro, un ordenador y Chopin cerca del mar.

    Tu non è umano, ma l’invidia di ogni essere umano.

    El Principe di Salina

    • 27 enero, 2011 en 9:16 PM

      Como aquel viejo chiste del cura que decía: “yo, con mi rosario y mi café, estoy feliz; ¡Rosario, traeme el café!”
      Pues yo, con un poquito más, pero no mucho. Lo fundamental es tener parejita y tiempo; y saber llenar el tiempo.
      Un abrazo Príncipe.

  9. odile
    8 febrero, 2011 en 11:48 PM

    * Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.
    INGMAR BERGMAN

  10. odile
    8 febrero, 2011 en 11:52 PM

    La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Groucho Marx

  1. 2 marzo, 2012 en 1:19 AM

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