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SHE ONLY SMOKES WHEN SHE DRINKS (Ley 42/2010)

A todos los que la presente vieren y entendieren.

Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la

siguiente Ley.

……….

Por tanto,

Mando a todos los españoles, particulares y autoridades, que guarden y hagan guardar

esta Ley.

Madrid, 30 de diciembre de 2010.

 

La ley parece simple; tan sólo tiene un artículo y dos disposiciones finales. Lo que pasa es que ese artículo único contiene nada menos que veintiocho apartados cuya función es la de añadir, eliminar, modificar o insertar artículos, letras, párrafos, apartados o disposiciones de la Ley 28/2005; sí, la que introdujo las primeras medidas restrictivas. Ya podrían haber simplemente derogado aquella ley del 2005 y redactado una nueva; seguramente habría costado menos. ¿Os acordáis de este diálogo entre los hermanos Marx, Groucho y Chico Harpo actuaba como personaje mudo- en Una Noche en la Opera?

 

– Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?
– No, eso no está bien.
– ¿Por qué no está bien?
– No lo sé, quisiera volver a oírlo.
– Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
– Esta vez parece que suena mejor.
– A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez.
– Tan sólo la primera parte.
– ¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
– No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.
– Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte, y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato… Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
– Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?
– Más de medio metro todavía. Dice ahora… la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
– Eso si que no me gusta nada.
– ¿Qué le encuentra?
– Nunca segundas partes nunca fueron buenas.

Pues esta Ley es parecida. Con lo sencillo que hubiera sido redactarla de nuevo; desde luego, mucho más que el puzzle que han organizado con este “corta y pega” las del ministerio de sanidad. A título de ejemplo, sirva la redacción del apartado uno del artículo único:

 

Uno. Se añaden una nueva letra e) al artículo 2, cuyo contenido pasa a ser el apartado 1 de este artículo, y un nuevo apartado 2, que quedan redactados del siguiente modo:

 

Pero bueno, ¿qué más da? Quedémonos con lo fundamental: YA NO SE PUEDE FUMAR EN CASI NINGUN SITIO. Y, ojo, atémonos los machos, porque lo próximo será:

 

Que no se pueda fumar en el coche de uno, siempre que haya otros viajeros no fumadores o bebés, sean estos fumadores o no. O aunque no haya otros viajeros, porque el efecto de los productos nocivos perdura aun mucho después de apagar el cigarrito. Seguramente, como en el caso de las habitaciones de hotel, se exigirá que cada fumador tenga dos coches: uno en el que se pueda fumar, sólo utilizable por el fumador y otro, en el que pueda montar cualquiera pero en el que jamás se podrá fumar ¿Qué pasa con el coche que el fumador poseía con anterioridad a la entrada en vigor de la futura ley? Pues que sólo él podrá usarlo ¿Y si se adquiere un vehículo de segunda mano? Certificado de Sanidad al canto, me imagino.

     

Aunque seguramente nada de esto valdrá, porque fumar en el coche será pronto prohibido por Interior (Tráfico) y no por Sanidad. Y es que encender un cigarrillo a 120 por hora o en una carretera con curvas o con tráfico es mucho más peligroso -seguramente estaréis de acuerdo- por la distracción que por el efecto de la nicotina.

 

Que no se pueda fumar en la casa propia, a menos que uno viva solo y se comprometa, por leal juramento ante quien corresponda a no recibir en casa a no fumadores. Y, en caso de venta de la vivienda a un no fumador, habrá de asumir a su cargo los gastos de desinfectación.

 

Pueden sonar a broma estas dos situaciones y, de hecho, he tratado de darles un puntito de humor. Pero, desde luego, tienen mucho sentido. ¿Cómo puede permitirse fumar en un vehículo cerrado, con espacio útil de apenas tres metros cuadrados, en el que viajen niños pequeños? ¿Cómo es posible que no se prohiba fumar en una casa en la que permanentemente viven niños? Será un problema de control, pero no de fondo. Y el control, con esta dinámica de denuncias anónimas que están promoviendo los talibanes del ministerio y de las “punto org“, está resuelto. Claro que las denuncias anónimas terminan no siéndolo y pueden dar lugar a venganzas personales. Los patios de vecinos, hoy quizá conflictivos, se convertirían en campos de batalla. 

 

—————————

 

 

Pues si, yo soy uno de los afectados por esta Ley. ¿A que parece que estoy en contra de ella? Pues no, amigos, estoy a favor.

 

Mi historia de fumador empezó hace más de cincuenta años (y sólo tengo 62). Debió de ser como a los diez años; el “novio” de una tata, supongo que como soborno, nos ofreció a mi hermano y a mi un “ideales”; aquellos cigarrillos con papel amarillo, empaquetados en una cajita de cartón azul. Me agarré un mareo de impresión y decidí dejar el tabaco. Claro que sólo había fumado uno en toda mi vida.

 

Más tarde, como a los doce o trece, fumé algún “bisonte” suelto. El paquete costaba ocho pesetas; el cigarrillo suelto –antes se vendían sueltos en bares y piperas- cuarenta céntimos de peseta. Y así anduve tonteando algún tiempo. Creo que el vicio lo cogí a los quince, con unos cigarrillos de papel dulce que se llamaban “Antillana”. Más tarde me pasé al rubio barato con los “Dominó”, quince pesetas y con filtro.

 

Los Celtas, Ducados, BN, Rex, etc., han sido compañeros inseparables durante años. Hoy, ya mañana no, ese huequito en la mesita de al lado de donde leo o duermo, lo ocupa el Marlboro corto.

 

He tenido “benditas lagunas”. Un par de veces, tres años o algo más cada una y otra nada menos que siete años y medio. Es difícil dejarlo y fácil retomarlo. Y es paradójica la radicalidad del “adiós” con la suavidad del reencuentro. Hoy un cigarrito “porque lo tengo dominado y se que no voy a caer”; pasado mañana otro “me supo bien y, como se que no voy a recaer”; más tarde, una temporadita sin comprar, gorroneando a los amigos “no, si yo soy sólo fumador social, no compro”. Hasta que se compra; pero incluso comprando: “qué bien, llevo un ritmo de sólo cinco por día; me sale barato y seguro que esto no es malo”. Pero pronto: “joder, si este paquete lo compré antier y ya está vacío”.

 

En un par de meses más, ya estás saliendo a las cuatro de la mañana en busca de la droga.

 

Esta es la vida de un fumador tipo. En mi caso, relatado por aproximación, he fumado durante la mitad de mi vida. Hoy estoy en esa penúltima fase del reencuentro, la de consumir una cajetilla en dos o tres días, a una media de entre siete y diez. Y no voy a seguir tentando a la suerte, bastante buena la he tenido hasta ahora.

 

Por eso digo que YO SOY UNO DE LOS AFECTADOS. Porque, mis queridos amigos, en este momento estoy fumando un cigarrito. Y es posible, casi puedo decir que probable, que el ÚLTIMO QUE ME QUEDA en el paquete y en mi casa me lo fume antes de acostarme o, a más tardar, mañana tras el desayuno. Y se acabó.

 

Seguiré siendo fumador pasivo gracias a mi querida Carmela, pero trataré de mantenerme fuerte en mi decisión, igual que lo he hecho en cada una de las veces que lo he dejado. Excepto, quizá, si tengo la mala suerte de caer en un psiquiátrico, en una cárcel o en una residencia de mayores. Porque, siendo los únicos lugares públicos con zonas habilitadas a lo mejor, entonces, quiebra mi voluntad. ¿Qué más se puede hacer en esos lugares?

 

———————————

    

Pero, al margen de mi historia pasada y previsiblemente futura, me parece que esta Ley tiene sentido. Aunque, como muchos dicen y no les falta razón, estamos gobernados por “represores” y “prohibicionistas” que coartan nuestras libertades (no fumar, no gritar ni vociferar, no correr en coche ni en las calles, no mencionar el jamón en presencia del moro, no piratear música o “pelis”, no colgar crucifijos en los “coles”, no…), el tabaco mata. Y mata a muchos de los que fuman y a algunos de los que no. Un par de datos nada más:

 

Mil “pasivos” mueren al año en España. Y del orden de 53.000 “activos”. Esta última cifra, desde la Ley de 2005, se ha ido reduciendo a un ritmo del 3%-4%. Quizá sea por avances de la medicina, pero yo creo que es porque menos gente fuma hoy que ayer.  

 

De las muertes en mayores de 35 años, el 15% se producen por culpa del tabaco (tumores malignos, cardiopatías y enfermedades respiratorias)

 

¿No merece la pena, aunque sea como algunos interpretan, forzando las libertades, dificultar el consumo? Alguno, como yo pretendo hacerlo, picará y lo dejará.

 

Claro que, en el fondo de todo esto reside una tremenda hipocresía. Facilitemos la venta; dificultemos el consumo. La venta produce ingresos de cerca de 10.000 millones de euros. El presupuesto para el desarollo de políticas sanitarias es de 4.800 millones de euros.

 

Poderoso caballero es don dinero.

 

Amigos, abandono definitivamente (let’s hope!), sin pena y con esfuerzo, el tabaco. Me concentraré en otros placeres. En esta canción que os dejo encontraréis un par de ellos; de placeres: Ella (cualquiera que para cada uno sea “ella”) y la bebida (con moderación)

 

SHE ONLY SMOKES WHEN SHE DRINKS, de Joe Nichols.

So you lit her cigarette
You’re feelin’ pretty good
You think you’ve got a shot
Most girls you probably would
Yeah this is that kind of place
But she ain’t that kind of girl
You’re readin’ it all wrong
Let me tell you about her/

She only smokes when she drinks
She only drinks now and then
Now and then when she’s tired
Of bein’ let down by men
You can give her a light
But it’s not what you think
Everybody knows she only drinks alone
And she only smokes when she drinks

Did you ask her to dance
Let me guess, she told you no
Got to take her some place quiet
And see how far that goes
Oh, don’t take it all that hard
When she smiles and turns you down
For a complicated girl
She ain’t that hard to figure out

She only smokes when she drinks
She only drinks now and then
Now and then when she’s tired
Of bein’ let down by men
You can give her a light
But it’s not what you think
Everybody knows she only drinks alone
And she only smokes when she drinks

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  1. Oscar Cantero
    4 enero, 2011 en 9:42 AM

    Jaime,
    En primer lugar feliz año nuevo ya que no hemos tenido la ocasión de vernos.
    Cómo sabes yo también soy un fumador enpedernido y en el fondo también estoy a favor de la ley pero lo que me molesta es que la ciudadanía vuelve a ser víctima del intervencionismo estatal en contra de la libertad individual. Hace dos días prohibieren los toros, ayer el tabaco en lugares públicos cerrados(para mí propiedades privadas)…¿Y mañana?
    Un abrazo

    • 4 enero, 2011 en 8:15 PM

      Hola Oscar, feliz año.
      Tienes razón, hay demasiado intervencionismo. Lo de los toros en Catalunya no tiene sentido (ya escribí una entrada sobre eso). Esta mañana escuchaba a ZP en una entrevista de radio y tampoco estaba de acuerdo con esa medida. Pero se adoptó. Una solemne estupidez.
      Lo que pasa es que si quieren prohibir el tabaco en lugares públicos, tiene que haber ley y sanciones, porque me da la sensación de que por simple persuasión no nos entraría en el coco.
      ¿Y mañana? ¿Recuerdas aquella canción? Let’s forget about tomorrow,…..for tomorrow never comes.
      Un abrazo

  2. Lolita
    4 enero, 2011 en 11:48 AM

    Esta entrada me ha recordado a mis dieciseis, cuando una prima y yo, dos o tres veces, para sentirnos mayores y en un “ataque de ganas de riesgo”, le cogimos a mi tio unos “bisonte” y subimos a la terraza del edificio a escondidas con un bote de desodorante (para después), de modo que volvíamos oliendo a cosas peores que el tabaco.

    Yo estoy a favor de todo lo que impida fumar y aunque parezca absurdo, desde que ya “no está de moda”, se tiende a pensar que psicológicamente es más débil el que lo hace.

    Y todo esto lo dice alguien que NO fuma en su día a día (por muchos motivos) pero que de uvas a peras (meses o años), en alguna fiesta, pierde la cabeza y se fuma un “cigarro forastero” (solo uno) que gorronea aprovechando que lleva en la mano un gin tonic (forastero también).

    ¡Jaime, mucho ánimo!

    • 4 enero, 2011 en 8:22 PM

      O sea, Lolita, que estás de acuerdo con la ley. Me parece bien.
      Mira, me pillas en mi casa del sur, con un gin-tonic en la mano, y con “she” fumando a mi vera. Cambiando el título de la canción de la entrada, I Only Drink when She Smokes. Pero no siempre, claro.
      El ánimo me sobra (y también la chulería).
      Gracias Lolita

  3. Beatriz Perez
    4 enero, 2011 en 3:48 PM

    Muy bueno el post. Y muy realista. En mayo me pidieron una fianza de 300$ por el alquiler de un apartamento en Manhattan una semana, por si hubiera que desinfectarlo en el caso de que me fumara un cigarro… Esto se parece cada vez más a un Mundo Feliz. Todos obedientes, una sociedad perfecta.

    • 4 enero, 2011 en 8:30 PM

      Hola Beatriz
      Muchas gracias por entrar en el blog y por comentar.
      ¿Es cierto o broma lo del apartamento en Manhattan? Entre Orwell y Huxley anda el juego.
      Pero en fin, yo no se si tu fumas o no; yo, ya sabes que sí. Y me parece bien la Ley ¿y tú? ¿y a tí?.
      Si yo hubiera sido el legislador le habría dado quizá otro enfoque en algunos detalles, pero el asunto es: ¿por qué otros tienen que aguantar algo tan apestoso -y nocivo- como el humo de un fumador, el olor del tabaco seco de un cenicero?. Yo creo que es más importante su libertad de no sufrirlo que la nuestra de fumar.
      Un “smokeless kiss”

  4. OLOMAN
    4 enero, 2011 en 8:41 PM

    Te has olvidado cuando le mangabas a tu padre los “especiales emboquillados” que le hacia el portero de Montalvan 5, la casa del tio Joaquin Garrigues. Eran paquetes de 500 cigarrillos y si le cogias 10 0 12 ni se notaba

    • 5 enero, 2011 en 2:18 PM

      Recuerdo, olonaM, recuerdo.
      Siestas en La Granja, yo 10 años, tu 15,….¿quien era el inductor? ¿quien el inducido?
      Et pourtant, je t’aime.
      Un abrazo, brother, como dice Cosimo, el Baron ausente.

  5. Fabrizio de Corvera
    6 enero, 2011 en 8:09 PM

    Si no fumo me irrito, si me irrito molesto, si molesto me odian, si me odian me entristezco, si me entristezco me deprimo y si me deprimo necesito fumar.

    Y vuelta a empezar.

    Aqui si que ¡¡¡marchese Sr.zapatero!!! y no nos prohiba mas

    • 9 enero, 2011 en 8:02 PM

      Hola Fabricio
      Te veo poco feliz con esta ley. Estando como estamos en un régimen monárquico, creo que al menos a los Príncipes se les debiera permitir fumar. Son menos peligrosos -no lo digo por tí, naturalmente-, intoxicándose que intoxicando.
      Discúlpame la broma.
      También me he tomado a broma (o, al menos, con filosofía) la ley pero como trato de ser positivo, aproveché para dejar el vicio.
      Un abrazo

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