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MAS DURA SERA LA CAIDA (the harder they fall)

 

¿Fatalidad, destino, suerte, azar? ¿Cómo puede calificarse lo sucedido a los cuatro personajes de esta historia real?

Sin duda, el hecho que quebró sus trayectorias vitales fue producto del azar. Si Jesús Neira hubiera pasado cinco minutos antes o después por el hotel Majadahonda, las vidas de los cuatro habrían seguido su línea habitual: un felíz o infeliz anonimato. Pero el azar quiso que pasara justo en el momento en que Antonio Puerta estaba golpeando a su novia, Violeta Santander. Y fue ya la decisión de Neira, no el azar, la que le impulsó a intervenir. Lo sucedido a cada uno de los personajes de esta historia después de aquel hecho, y de sus consecuencias físicas inmediatas, no es ni fatalidad ni obra del destino. Simplemente consecuencia de las decisiones personales que cada uno de ellos adoptó; de su propio comportamiento. Bien es verdad que la conducta de cada uno estuvo dramáticamente influida por “el suceso”, pero todos fueron libres de elegir otro camino . Yo no creo en el destino como algo inevitable (“fuerza desconocida  que se cree obra sobre los hombres y los sucesos”, según el DRAE”, ni como “una fuerza superior que conduce la vida por una senda de la que no puede uno desviarse”). Creo en el libre albedrío y en la capacidad de decidir.

El azar,  la suerte, buena o mala, existen, qué duda cabe. Pero en lo que sucede a partir del momento en que la suerte ha jugado su baza, cada uno de nosotros tiene protagonismo y decisión. El éxito o el fracaso, y todos los matices que hay entre uno y otro, es más responsabilidad de uno mismo que del destino. Viene a cuento y a mi recuerdo una noticia que leí hace meses en la prensa. Relataba el suicidio de un hombre, de origen y trayectoria modesta, pocos años después de haber sido agraciado con un premio de diez millones de euros en la lotería primitiva. Es lógico pensar que una suerte así (nadie dudaría en calificarlo como buena –buenísima- suerte) cambia para bien la vida de cualquiera. El caso es que este hombre no supo gestionar la suerte. Sus amigos se convirtieron en buitres, el nuevo estatus provocó la ruptura del matrimonio, inició negocios que no supo controlar y que convirtieron rápidamente los activos en deudas. Su vida se quebró de tal manera que no supo continuarla y decidió acabar con ella. 

Los hechos son conocidos:

 El 2 de agosto de 2008, Antonio Puerta agrede a su pareja en el hotel Majadahonda. Jesús Neira sale en defensa de la mujer y Puerta le golpea. El golpe de Puerta provoca un derrame cerebral a Neira, que no es detectado en las primeras visitas a hospitales. Finalmente ingresa en Puerta de Hierro y entra en coma, del que sale dos meses después. Permanece más de ocho mesen en el hospital.

Los personajes (y su rol), también:

Antonio Puerta, el agresor.

Violeta Santander, la víctima.

Jesús Neira, el héroe.

Isabel Cepeda, la esposa del héroe.

Estos eran los roles iniciales. Los que el azar les dio en aquel momento. A partir de entonces, las sanguijuelas de la políticas y de los medios, que no el destino, comienzan a jugar su papel de manejar como si fueran marionetas a cada uno de los personajes. Gracias a ellos, políticos y prensa,  el alma de los personajes se transmuta; y la tragedia comienza.

PUERTA

El agresor se convierte en víctima.

Antonio Puerta. Pobre Antonio. Es deleznable agredir físicamente a un mujer, a un niño, a un discapacitado o a cualquiera con capacidad física notablemente inferior; con razón o sin ella. Pero las mismas fuerzas que encumbraron a Neira, se abatieron contra Puerta hasta lo indecible. Antonio era fuerte en lo físico pero un monigote intelectual. Hijo malcriado de un empresario de éxito, sin problemas económicos, tomó la deriva de la droga y la vagancia. La menor de las condenas fue la que le impuso el juzgado de Getafe por la agresión a Violeta. La mayor, la condena de la sociedad y, especialmente, de las sabandijas que se lucraron política y económicamente a su costa. Y esa condena, a pesar de que en España no hay pena capital, le condujo a la muerte hace escasamente una semana.

AGUIRRE Y NEIRA

 

El héroe se convierte en villano

.

Jesús, el héroe, es el personaje estrella. Encumbrado por los medios y por los políticos que le ponen como ejemplo de ciudadano comprometido socialmente y luchador contra la violencia de género; defensor de valores y mujeres. A los dos meses del suceso, Aído, ministra de Igualdad, le condecora con la Gran Cruz del Mérito Civil; Esperanza Aguirre, por no quedarse atrás, le impone la Medalla de Oro al Mérito Ciudadano y un año más tarde le nombra presidente del Consejo Asesor del Observatorio Regional de la Violencia de Género; un puesto vacío de contenido en un órgano sin actividad, pero quizá con coche, chofer y sueldo, lo ignoro. Jesús se crece, se envanece; comienza su periplo por las cadenas de TV y la prensa

AIDO Y NEIRA

escrita. Hace declaraciones explosivas a favor de la (de su) violencia, del (de su) consumo de alcohol, se posiciona políticamente en la extrema derecha y, en fin, insulta a siniestro y, finalmente, también a diestro cuando Aguirre le destituye.

Se convierte en articulista de prensa y colaborador de medios e incluso llega a escribir un libro “España sin Democracia” en el que arremete contra todo y contra todos. El Psoe le critica; el PP “defiende su libertad de expresión”; los partidos y los medios siguen jugando al ping pong con él como pelota. Otros escriben libros sobre él (Javier Esteban, autor del libro Diario de Jesús Neira. El hombre que dijo basta). La vanidad crece, crece, crece…La personalidad se va desmoronando.

Su declive, iniciado aunque él no lo intuyera desde el mismo momento en que empezó a ser agasajado por unos y otros, se acentúa cuando, en septiembre de este año es detenido por conducir ebrio. La presidenta de Madrid le apea del cargo. Todos se le echan encima. Una dinámica que recuerda a aquella película, y de ahí el título de esta entrada,  “The Harder They Fall” (“más dura será la caída“; Mark Robson 1956) con Bogart y Rod Steiger. Eddie Willis (Humphrey Bogart) es un veterano periodista que será requerido como agente de prensa por Nick Benko (Rod Steiger) para que consiga hacer del gigantesco pero torpe aspirante a boxeador “Toro” Moreno (Mike Lane),  un gran campeón amañando sus combates. Toro se lo cree: que gana por su arte y su fuerza. Todos se enriquecen a su costa, hasta que Toro no da más de sí y el público no admite más engaños.

Dos días después de la muerte de Puerta, su agresor, Neira, “Toro”  ingresa en el hospital con derrame cerebral.

VIOLETA EN EL PLATÓ

La víctima se enriquece

.

Violeta Santander pudo haber muerto de la paliza. No hubiera sido extraño. Hace pocos días, en un suceso similar –en el metro de Roma– una mujer recibe un puñetazo de su pareja; cae inerte y nadie le hace caso, no hay “Neiras” a la vista. A los dos días, muere. Pero Violeta tuvo suerte. El azar quiso que Neira pasara por ahí –ni cinco minutos antes ni un minuto después– y se salvó. A costa de la muerte, diferida y real de Puerta,  y de la caída en desgracia de Neira.

Hoy, libre de su agresor y perseguida por los medios, adquirirá notoriedad y buen dinero contando vidas propias y ajena, insultando a tirios y troyanos y quien sabe si demandará a Neira por provocar indirectamente la muerte de Puerta. “Anas Rosas”, “Norias” y otros programas de similar calibre intelectual le ofrecen plata y platós para ganar “share”. Eso si, Violeta dice que se siente acosada por los medios; se deja querer.

Su reciente ingreso en un centro psiquiátrico encarecerá el “caché”.

ISABEL CEPEDA

La otra víctima se convierte en heroína

.

Isabel Cepeda, la mujer del “héroe”, parece ser la única que ha mantenido la dignidad. En los pocos artículos sobre los que me he basado para documentar mínimamente esta entrada, he leído respecto de Isabel referencias a la dignidad, a la fortaleza, a la presencia de ánimo, a la compostura, a la lealtad. No ha hecho sangre de otros. Sus intervenciones han tratado más de defender a su marido que atacar al agresor. Espero que no derive, que continúe valorando más la dignidad que la notoriedad y el dinero.

¿Qué deparará el destino? Lo que los personajes y los buitres quieran. Comienzan a surgir personajes tangenciales: La hermana del fallecido, Isabel Puerta, ha pedido “intimidad y respeto” para los familiares, que no son “personas públicas“. ¿No es eso “pedir guerra”? ¿no está echando cebo a la cutrelevisión? ¿no quiere convertirse, ella misma, en “persona pública“? El abogado de Puerta ha empezado también a hacer declaraciones; como en los sistemas de reciclaje de residuos, hay que tratar de sacar partido de lo que ya no sirve.

La dinámica de esta semana ha sido trágica y hace cierto eso de que la realidad supera a la ficción. El día 12 muere Puerta. El 14 Neira entra en coma. El 16 Violeta ingresa en el psiquiátrico. ¿Qué será lo próximo? Terminarán liándose Neira y Violeta para dar de comer a los buitres?

Suceda lo que suceda, Isabel, mantén la dignidad. Y recuerda estas palabra de Kipling y de Gutry, que ninguno de los otros conoció:

 “If you can meet with Triumph and Disaster

And treat those two impostors just the same

 (Si puedes encararte con el triunfo y el fracaso

y tratar a esos dos impostores de la misma manera)

 

“Un hombre inteligente se repone pronto de un fracaso, un hombre mediocre no se repone jamás de un triunfo

Para ti, Isabel, porque creo en tí, y porque yo creo en los finales felices y espero que el tuyo lo sea, te dedico We Believe in Happy Endings, de Bob McDill, interpretada por Johnny Rodriguez.

Who can tell just how it starts
Angry words and broken hearts
Till silently we sit apart
You and I
But in awhile the anger’s gone
And we forget who’s right or wrong
Then one of us will end it all
With just a smile

We believe in happy endings
Never breaking
Only bending
Taking time enough for mending
The hurt inside

We believe in new beginnings
Giving in
And forgiving
We believe happy endings
You and I

Just a word is all it takes
And so it pass
The silence breaks
And looking back it makes us ache
For what we’ve done

And so we cling together now
And wonder why we’re oh so proud
When all that matters anyhow
Is our love

We believe in happy endings
Never breaking
Only bending
Taking time enough for mending
The hurt inside

We believe in new beginnings
Giving in
And forgiving
We believe in happy endings
You and I

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  1. 20 octubre, 2010 en 10:38 PM

    Interesante artículo, pero lo que más me llama la atención es que acabo de escribir un post sobre la “fortuna” la suerte y su importancia en la vida de cada uno, un poco irónicamente y sin trasladarlo a situaciones concretas. Si te divierte mira mi Blog

    Abrazos

    • 22 octubre, 2010 en 1:05 PM

      Lo leeré, Jesús.
      Siempre son interesantes tus entradas y, como dice Belén, derrochan cultura.
      Abrazos

  2. Cosimo Piovasco Di Rondò
    21 octubre, 2010 en 10:57 AM

    El azar es para los descreidos!!

    La historia que relatas tiene mucho de tragedia griega. Aquí el mito que se derrumba es Antonio Neira. Y es probable que ya se estén negociando los derechos con A3 o T5, pura basura en todo caso a la que sin querer damos pábulo. Nos alimentan como a las ocas y cagamos como las ocas, es lamentable.

    Hablas de cuatro personajes. En el mundillo teatral suele figurar un personaje secundario que se conoce como el “quinto en discordia” cuya función es terciar entre los rivales femeninos y masculinos, conoce sus secretos, sus íntimas intenciones, es un personaje parásito sin dimensión propia pero que asiste a la historia y la completa. Aquí el quinto en discordia somos todos nosotros, el público que asiste a este execrable espectáculo.

    Al hilo de esto, Robertson Davies escribió una estupenda trilogía (la trilogía de Deptford), el primero de los volúmenes se titula “El quinto en discordia”, reeditado en el 2007 por una magnífica editorial con muchísimo mérito (Luis Solano) que se llama Libros del Asteroide, y que está recuperando excelentes títulos para luchar contra la literatura mediocre que nos venden, también como a las ocas, es lamentable ver la lista de libros más vendidos. Cito de la página 23 del libro: “Esa es una de las crueldades del teatro de la vida: todos pensamos que somos protagonistas, y cuando se hace evidente que somos simples personajes secundarios o figurantes, raramente lo reconocemos” Que gran verdad a tener en cuenta cada día ¿no?

    Por cierto, y aunque nada tenga que ver, otra perla que tengo anotada del libro y que describe una sensación que me persigue desde mi infancia y que nunca la había visto reflejada en ningún lugar ni compartida con nadie: “Pasaba noches enteras en vela, desde la una de la mañana hasta el amanecer, evocando su imagen. Entonces sufría una y otra vez el peor horror de un enamorado: era incapaz de recordar la cara de la persona amada -lo escribo convencido de que sólo me entenderá alguien que haya sufrido esa abyección de la adoración-” (pág. 279).

    Abrazos!

    Cósimo Piovasco di Rondó

    PD ¿Por dónde anda El Corsario?

    • 22 octubre, 2010 en 1:17 PM

      Hola Cosimo
      Me has despistado con lo de “Antonio Neira”. Antes no me habría fijado, pero tras documentarme para la entrada, sí. No se si te refieres a Antonio Puerta o a Jesús Neira. Supongo que a Jesús. Es el ídolo caido; pero la víctima es Antonio.

      Lo que dices sobre el Quinto en Discordia y nuestra equivocada percepción como protagonistas tiene que ver también con la entrada inicial de este blog “Justificación de este blog”, y con la constante manipulación de que somos objeto. El subtítulo del blog es “Que nuestro propio Sentido Común nos defienda de las influencias externas interesadas. Tengamos Criterio Propio“. Bueno, unos lo consiguen más que otros; me consta que tú sí. Y yo, trato.

      Hay una sensación más inquietante que la que describes: cuando no eres capaz de recordar tu propio rostro. Trata de imaginarlo sin acudir al espejo, mirar el carnet, o evocar fotografías propias.
      Un abrazo

  3. Belén
    21 octubre, 2010 en 6:29 PM

    Jamás entendí la actitud de Violeta.Al tiempo, creo recordar que negó la agresión de Antonio Puerta.Era de locos todo aquello, en vez de plantarle cara y agradecer que alguien le hubiese librado de ese energúmeno.

    ¿Cómo se llegará a perder la voluntad de tal manera?¿Cómo es posible que alguien no abra los ojos ante semejante situación?¿Miedo?No creo…¿Dependencia?¿Hasta ese punto?

    Que me perdonen las mujeres que hayan vivido algo parecido pero yo creo que el problema está en no terminar una situación en las primeras faltas de respeto serias.

    Cósimo, yo creo que cuando uno está enamorado tiene las sensaciones y sentimientos más extraños…Cualquier cosa es posible.

    • 22 octubre, 2010 en 1:21 PM

      Hola Belén
      Supongo que tras lo que pasó, Violeta sólo pensaba en el partido que podría sacar del suceso y su conducta estaba condicionada a eso. Pero a lo mejor no; a lo mejor sólo era amor ciego que, cuando es muy ciego, anula la dignidad. Quien sabe.
      Besos

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