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LAS EDADES DEL HOMBRE (I)

Creo que fue de mi sabio padre de quien escuché esta historia de la creación del hombre. La recuerdo más o menos así:

“Cuando terminó de hacer el mundo, Dios decidió crear a sus pobladores. Empezó dando vida al caballo. Tras crearlo, Dios le dijo:

– Caballo, tu has sido creado para ayudar al hombre en sus trabajos de hacer crecer frutos sobre la tierra y en las tareas más pesadas. Tendrás una vida de 20 años.

Tras el caballo, hizo Dios al pero y le dijo:

Perro, tu ayudarás al hombre a cazar otros animales para su alimento. Él se servirá de ti y deberás obedecerle. Tendrás 20 años de vida.

Después, creó al mono:

Mono, tu has sido creado a imagen y semejanza del hombre. Aunque no tendrás su inteligencia, gozarás de libertad y no estarás sometido a él. Te daré 20 años de vida.

Finalmente, le llegó el turno al hombre:

Hombre, hijo mío, puesto que tú has sido creado a imagen y semejanza mía, serás el rey de la creación. De la tierra y del resto de los seres vivos obtendrás tu alimento y dominarás sobre el mundo. Tendrás de vida 20 años.

El hombre, que asumió inmediatamente su papel de rey de la creación, se encaró a Dios con esta demanda:

Dios mío, si me has hecho a tu imagen y semejanza y me has concedido el honor de ser el rey de la creación, ¿cómo es que me das la misma vida que al caballo, al perro y al mono?

Sin ocultar su desagrado por tal osadía, y tras recapacitar, Dios le respondió.

Está bien hijo mío, no te falta razón; haré caso a tu petición. Te daré de vida 80 años, tantos como juntos dí al caballo, al perro y al mono. Pero has de tener en cuenta esto: los primeros 20 años, vivirás como un hombre; los siguientes 20 años, trabajarás como un caballo; los terceros 20 años, te tratarán como a un perro; y los últimos 20 años de tu vida, se reirán de ti como de un mono.”

 

Seguramente no fue así como sucedió, pero sirva esta inocente –que no irreverente- historia, como intento gráfico de identificar las diferentes “edades” del hombre con su “misión”, en esta vida. Sin duda, los avances de la medicina, el incremento de la esperanza de vida y la sociedad del bienestar han difuminado las fronteras entre cada tramo de edad y han suavizado los estereotipos de cada comportamiento, pero no cabe duda de que en las edades del hombre pueden identificarse, sin demasiado riesgo de errar, tres etapas diferentes de similar duración y diferente misión. El primer tercio, hasta los treinta, es la etapa de educación, formación y consolidación de la personalidad. El segundo, el del trabajo, la creación, la procreación y la acumulación de reservas para la postrera etapa. Porque esta tercera fase, la de relax, de sosiego, de “reposo del guerrero”, ha de ser vivida con las reservas generadas en la anterior y de los recuerdos acumulados desde nacer. Sólo los más afortunados seguirán creando.

Si Dios o la fortuna han permitido llegar hasta aquí, el inicio de este último tiempo, el tiempo como territorio propio (Manuel Vicent), es el que se ha dado en llamar “la jubilación”, concepto que es generalmente  inseparable de la percepción de una pensión que durará lo que la vida, o las reservas del sistema de pensiones, dure.

Ya que me he permitido empezar esta entrada con la fábula de la creación, permitidme que, antes de entrar en el debate de las pensiones, reproduzca un interesante  artículo -como casi todos los suyos- que el citado Manuel Vicent (escritor y periodista) publicó en prensa en marzo de 2008. Su título: Territorio.

El tiempo también es un territorio. A cierta edad el tiempo que te quede por vivir será tu único patrimonio. Mientras seas joven no pasa nada si parte de ese patrimonio lo cedes de buen grado a otra persona, o si lo malgastas o, incluso, si permites que cualquier idiota te lo arrebate.
La vida te dará todavía algunas oportunidades para recuperarlo. Pero cuando el caudal empiece a agotarse no deberás permitir que nadie interfiera, fiscalice o coarte ese tiempo de tu exclusiva propiedad.
Cualquiera puede ser rey de ese territorio invisible, solo que para llegar a dominarlo hay que dar un golpe de estado: si pierdes esa batalla ya no serás nadie. Un día, tal vez a causa de una depresión o porque el dedo de un ángel te haya tocado la frente, tendrás la evidencia del valor del tiempo que te queda antes de disolverte en el espacio. Será lo más parecido a una revelación. De pronto, descubrirás un hecho tan simple como este: que la vida te pertenece a ti y a nadie más.
Debes saber que nadie te va a agradecer el haber cedido la soberanía si no fue por tu gusto y placer. Habrás sido un esposo fiel, un padre ejemplar, una hormiga de oro para la empresa y un ciudadano honorable, pero no serás el tipo que un día decidió ser libre, ya que el tiempo también es la libertad. A partir de una edad no intentes volar en un ala delta ni correr los cien metros lisos a menos que te pongan un féretro en la meta. Hay retos más difíciles que uno debe afrontar cuando ya se divisa un gato negro en la línea del horizonte.
Dios creó el tiempo, pero dejó que nosotros hiciéramos las horas. Ese pequeño territorio de cada día será imposible de gobernar si el tiempo no es tuyo y no eres tú quien marca las horas para regalarlas y compartirlas con esa clase de personas que te hacen crecer por dentro. Esa dádiva será también tu salvación.
Estas cosas le decía el Maestro al discípulo mientras paseaban una noche muy oscura por una ciudad abandonada. Al llegar a una plaza el discípulo creyó que había salido la luna llena sobre los tejados, pero sólo era la esfera iluminada del reloj de una torre, donde también había una veleta oxidada en forma de gallo. En ese momento sonaron doce campanadas y el Maestro le hizo observar al discípulo que aquel reloj no tenía agujas ni números. Su esfera parecía la córnea de un ojo que les miraba en la oscuridad. El tiempo también es el silencio, de modo que a una edad lo más sabio a veces es callar, pero nunca obedecer, dijo el Maestro.
El gallo oxidado de la veleta cantó anunciando la madrugada.

 

 Guardemos, pues, para nosotros y para compartirlo sólo con quien queramos, ese último tiempo que nos queda antes de disolvernos en el espacio y que de nosotros queden tan solo recuerdos, porque ese tiempo es nuestro territorio.

Para que la fábula de la creación no se haga realidad; para que no se rían de nosotros como de los monos. 
Antes de continuar, quizá mañana, os dejo con un bonito tango cuya letra es un poema peruano de autor, al menos para mi, desconocido: Cuando estemos viejos. Lo canta Polo Marquez

Cuando estemos viejos
y se nos achique el paisaje en los ojos
y el sol del invierno se nos ponga flojo
y nos cachetee la cara el espejo
cuando estemos viejos
y tiemblen mis manos al tomar las tuyas
y nos falte el llanto
la risa y la bulla
de esos dos diablillos
que ya estarán lejos.

Cuando estemos viejos
cuando estemos solos
cuando no haya nada
y nos duela todo
cuando solo exista la casa vacía
y anden en silencio tu sombra y la mía
nos querremos tanto!
que nuestro cariño
llenará la ausencia de esos dos chiquillos…

Cuando estemos viejos
yo te lo prometo,compañera mía!
serán nuestros años plenos de dulzura
serán nuestras horas llenas de poesía
andaremos juntos,viejitos inquietos
las 4 estaciones de un mundo de nietos
y verás,mi vida,que miente el espejo
pues seremos novios
cuando…estemos viejos…

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  1. Joselito
    9 octubre, 2010 en 9:38 AM

    Querido Jaime,

    Qué gusto leerte….y reflexionar sobre lo que escribes.No dejes de hacerlo por favor. Aunque a veces no tengamos tiempo de añadir algún comentario, te leo cada vez que escribes – bendita tecnología una vez más, que nos permite estar tan cerca aunque estemos geográficamente tan distantes.

    Hoy, sábado de un largo puente lluvioso, amanecí temprano, alargando claramente los 20 años de trabajar como un caballo y, tan pronto como amaneció mi compañera, puse las 4 Estaciones de Vivaldi y me “encontré” con tu blog…sobre el tiempo, ese recurso tan escaso y que a veces no sabemos valorar.

    Quizás, gracias a ti, cambie el plan previsto de 4 madrugones de caballo en el puente para acumular recuerdos, siendo todavía jóvenes antes de disolvernos en el espacio…

    GRACIAS POR APORTARME LUZ en esta mañana lluviosa de Madrid,

    Un fuerte abrazo¡¡¡¡

    Joselito

    • 9 octubre, 2010 en 12:15 PM

      Querido Joselito
      Lo que da gusto es leer tus comentarios. Siempre agradables.
      Pero no alargues demasiado la etapa del caballo; aunque tampoco es bueno llegar a la del perro. Lo malo es que es la vida quien te marca las etapas, no tu quien se las marcas a ella.
      Seguramente el secreto está en mezclar todas las etapas en cada día de la vida, que es lo que, al fin y al cabo, dices al final de tu comentario.
      Conocerás una canción que mi querido Pete Seeger extrajo del Eclesiastés (no se si la he metido en alguna entrada; si no, prometo que lo haré): Turn, Turn, Turn.

      To Everything there is a season
      And a time to every purpose, under Heaven

      Me alegro de haberte hecho cambiar el plan!! Aquí, en el South Country, tambien jarrea.
      Un abrazo fuerte

  2. Belén
    9 octubre, 2010 en 11:01 AM

    Para mi es, sin duda, una de tus entradas más emocionantes.

    En cualquiera de esas fases, independientemente de la edad, por lo que “hablábamos” de la suerte hace un tiempo,te puede ocurrir lo inesperado.De modo que yo no preocuparía excesivamente por lo que puedan pensar los demás de mi actitud, más o menos “mono”, puesto que es “el tiempo que me queda de mi oportunidad”, de mi vida.

    Si hablo de mi, no haría nada extraordinario, tan solo disfrutar con intensidad de los lugares de mi infancia, de la playa donde he veraneado siempre, de la casita de campo en la que he pasado muchos fines de semana de invierno, de dos pueblecitos que adoro.Y si hablamos de personas, de mi familia.

    Si hablamos de las últimas etapas, en las que yo no me encuentro todavía, es bonito eso que dices y que dice “tu canción”, poder dedicar tu tiempo a quien te ha acompañado la mayor parte de tu vida, con quien has superado dificultades, poder dedicarte a ella en silencio, poder disfrutar de “vuestro momento” sin que, como dicen algunos que van a la televisión a desnudar su intimidad, “lo sepa todo el mundo” (“Mari, te quiero, que lo sepa todo el mundo”).

    Pero cada uno tiene una manera de ver las cosas y de aprovechar la vida, y yo creo que eso es lo que verdaderamente vale, “el no dejarse llevar por el tiempo” o por personas sin más, como parece decir el precioso texto que has dejado.

    ¿Qué más da comportarnos como “monos” si es lo que verdaderamente queremos hacer y es como queremos morir?Siempre hay alguien dispuesto a reirse de uno, hagas o no el payaso.Puede que muchos de los que rien, en el fondo deseen hacer exactamente lo que uno hace pero no se atrevan, de modo que si lo que quieres hacer forma parte de “tu yo más puro” y de “tu esencia”: ¿Por qué no hacerlo?Hacer lo contrario sería traicionar tus ideales de vida y…es tu tiempo, no el de los demás.

    Un abrazo.

    • 9 octubre, 2010 en 12:21 PM

      Gracias Belén.
      No es extraño que te parezca una entrada emocionante. Apenas hay nada mío: la fábula de la creación que escuche a mi padre, el texto que hace años leí a Manuel Vicent, el poema que he descubierto, recién, en la red. Sólo los he puesto juntos.
      Pero me pareció una entretenida manera de abordar el asunto de las pensiones. Lo dificil es como seguir, porque es aburrido…..ya veremos.
      Te veo, además de sagaz como te veía Corsario, muy romántica.
      Besos

  3. Belén
    10 octubre, 2010 en 12:33 PM

    Gracias a ti, Jaime.

    Es dificil escribir un blog “que enganche”, pero tú lo haces muy bien, sobre todo, ameno.Cuando uno se une a estos asuntos de escribir se da cuenta de que hay días en los que las ideas inundan la cabeza y otras en los que el cerebro es lo más parecido a un erial y no hay manera de exprimirlo.

    El romanticismo en la actualidad es algo casi imposible de llevar, el “individualismo” se está “apoderando” de las personas.Estas cuestiones las trata Sabina como nadie, de una forma increiblemente real, como la vida misma, sin más.

    Os dejo aquí una de mis preferidas de Mark Knopfler, muy ilustrativa.

    Un abrazo.

    PD:Intrigadísima con la próxima entrada acerca de las pensiones.El comienzo ya ha sido prometedor.

  4. Cosimo Piovasco di Rondó
    11 octubre, 2010 en 1:30 PM

    Bonita entrada, si señor. Recuerdo bien la columna de Vicent en la última página de El Pais, edición dominical, creo qeu la tengo escaneada, me gusto mucho. Lo curioso es que la necesidad de buscar el ocio en esa última etapa de la vida es algo muy reciente. La expectativa de vida se ha multiplicado por tres en los últimos doscientos años. Antes el ser humano venía al mundo para cumplir las dos tareas básicas: supervivencia y reproducción. La búsqueda de la felicidad en el sentido más amplio de la palabra y del “ocio” en particular, es cosa reciente, desde que el hombre se ha encontrado con 40 años de tiempo extra y tiene que vivirlos.

    Creo que recientemente has leído “La Tregua” de Benedetti, un estupendo libro para el tema de la entrada. Quizá conoces aquello que dice que los hombres piensan que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

    Abrazos,

    Cósimo

    • 12 octubre, 2010 en 7:40 PM

      Gracias Barón
      Es verdad que en estos últimos años, la función de reproducción se va diluyendo y la de supervivencia adquiriendo mayor relevancia. Pero así como la felicidad es compatible con cualquier momento y actividad de la vida (se es o no se es razonablemente feliz), la necesidad de buscar el “ocio” o actividades para llenarlo, se acentúa en los años de edad más avanzada, en esos que llamas “encontrados”. Pero, lo digo por experiencia, es dificil encontrar el ocio así, de repente, cuando lo necesitas. Como casi todas las búsuqedas, hay que planificarla.
      La Tregua me gustó mucho. Triste, triste…pero no te deja el alma amarga.
      La cita que atribuyen a GGM es bonita y, precisamente, en la Tregua tiene una variante: El hombre rejuvenece cuando se enamora, pero mucho más cuando una mujer joven se enamora de él.
      Abrazos

  5. El Corsario
    12 octubre, 2010 en 12:49 AM

    Creo que esa frase es de Gabriel García Marquez en su carta de despedida.. Muy bonita

    “los hombres piensan que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.”

    Saludos

  6. Sarah
    13 octubre, 2010 en 7:55 PM

    Hola Jaime.
    He llegado a tu blog por una concatenación de casualidades y la verdad, es un placer leerte.

    Hoy me voy a atrever a dejar un comentario en esta entrada, porque me ha parecido especialmente bonita. Preciosa la fábula de la creación y también el artículo de Manuel Vicent.

    Yo no hago una lectura de ese tiempo a mayores, que nos ha regalado la evolución, como un tiempo de ocio a rellenar. Yo veo esa última etapa de la vida, como la etapa en la que uno ya ha cumplido (el que lo ha hecho) con todo aquello que le inculcaron y lo que de él/la se esperaba.

    Es una etapa en la que, una vez que se ha cumplido con el deber, se tiene ya todo el derecho a decidir ser y vivir como realmente apetezca, pese a quien pese, porque el tiempo pasa y estás vivo, por lo que hay que tomarlo como un lujo, aprovecharlo y vivir lo que te reste de vida como realmente quieras hacerlo.

    Así entiendo yo lo de “Ese pequeño territorio de cada día será imposible de gobernar si el tiempo no es tuyo y no eres tú quien marca las horas para regalarlas y compartirlas con esa clase de personas que te hacen crecer por dentro”, es decir vivir ese tiempo, el que sea, como realmente deseas vivirlo.

    Y sin duda, no me importará en absoluto que se rían de mí como un mono. Tomando tu frase de la fábula: “Aunque no tendrás su inteligencia, gozarás de libertad y no estarás sometido a él. Yo estaré encantada de ser el mono y de que muchas personas se rían pensando que no tengo su inteligencia, porque yo seré feliz gozando mi libertad y no estando sometido a ellos.

    Saludos y gracias por compartir tu sentido común, tu música y tu sosiego.

    Sarah

    • 14 octubre, 2010 en 10:53 PM

      Hola Sarah.
      Gracias por tu comentario. Me alegro muchísimo de esa concatenación de casualidades; el placer de leerte es mío también.
      El objetivo de esa edad, de la mía y de los que están como yo, no es solo “rellenarlo con ocio”. Cosimo hablaba de la búsqueda de la felicidad y, dentro de ella, del “ocio” (también lo entrecomillo). Y el “ocio”, sea de actividad física o intelectual, o mejor una combinación de ambas, es fundamental para tener libertad e independencia y “vivir como realmente quieras hacerlo” usando tu frase. Yo creo que, quizá con distintas palabras, queremos decir lo mismo; lo mismo que dice Vicent.
      Y que se rian. “Ande yo caliente…”
      Por favor, sigue comentando.
      Un abrazo

  7. Cosimo Piovasco Di Rondò
    14 octubre, 2010 en 4:47 PM

    Sarah….

    Hace algún tiempo, no mucho, “conocí” a una Sarah (conocer es aquí verbo excesivo) un personaje virutal que, sin conocerme (por eso digo lo de “excesivo”), quiso intercambiar cartas de amor, algo así como un ejercicio literario e imaginativo en el que todo era ficción (la verdad de las mentiras que diría Vargas Llosa). Le dije que no tres veces. Desistió. Ahora somos buenos amigos, tiene nombre, pareja, trabajo, ideología, una casa y un coche y todas esas cosas que tenemos las personas reales. Y un nombre que no es Sarah. Tomamos café de vez en cuando y nos contamos cosas reales.

    Al leer tu nombre me ha recordado aquello.

    Abrazos

    Cósimo

    • 14 octubre, 2010 en 11:43 PM

      Me has intrigado. ¿Cómo llegó a tí, si no te conocía ni la conocías? ¿qué pasó con la cuarta vez?.
      Cuenta, cuenta….

    • Sarah
      15 octubre, 2010 en 2:21 AM

      Hola Cósimo.
      Que divertido.
      “Conociste” a una Sarah virtual que no te conocía y a pesar de tus tres negativas acabáis siendo amigos reales. También estoy intrigada. ¿Dónde estuvo el punto de conexión?

      Yo también soy una Sarah virtual y también tengo unas cuantas cosas,de esas que tenemos las personas reales.

      Y aunque no soy tu Sarah, me alegro de que el nombre te haya traído un recuerdo agradable.

      Abrazos

      Sarah

  8. Cosimo Piovasco Di Rondò
    15 octubre, 2010 en 11:59 AM

    jeje! de acuerdo, rascaré el picor de vuestras intrigas!

    La red es un laberinto inextricable, un sendero zigzagueante de jardines que se bifurcan, como diría Borges. Sarah me encontró en un lugar en el que algunos escribíamos Haikus (malísimos por cierto)y me mandó un mensaje privado. La idea era crearnos dos identidades falsas (edad, apariencia, ciudad, país, profesión etc.. etc…) y darle carrete a un intercambio epistolar, con la condición de no desvelar nunca, por nada del mundo, nuestra identidad real, que desmerecería en mucho nuestras almas ficticias. No me fie ni un pelo, claro, la red tiene también sus peligros. El caso es que la Sarah real (que no se llama Sarah) es una persona estupenda, conoce tres cuartas partes del mundo y es divertida. Jaime, no hubo cuarto intento, ante mi negativa a sus insistencias, desveló su identidad y un día que tenía que hacer unas gestiones en cierto ministerio tomamos un café, una cita a ciegas divertida y desde entonces somos amigos.

    Abrazos,

    Cósimo Piovasco di Rondó

  1. 2 marzo, 2012 en 1:18 AM

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