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IUVENES DUM SUMUS

 

Gaudeamus igitur,
iuvenes dum sumus.
Post iucundam iuventutem,
post molestam senectutem,
nos habebit humus.

Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra.

Hace pocas semanas, el asesino Rafita cumplió su “condena”. Cuando tenía 14 años –hoy tiene 22-, Rafita asesinó a Sandra Palo, una chiquilla con minusvalía psíquica, de manera brutal. Según parece, quedará libre de cargos y sin historial delictivo. Quitando la vida de Sandra y con poco más que una amonestación y un tirón de orejas, ha resuelto la suya. Porque seguro que no le faltarán ofertas de “cutrelevisiones” basura para contar, a cambio de buenos y sucios dineros, lo que hizo, como lo hizo y por qué (¿por qué?) lo hizo.

Este penoso suceso me da pie para hablar de “la juventud”. Difícil asunto, en el que arriesgas caer en tópicos o invadir terrenos de especialistas para los que no estás preparado.

En algunas entradas he hablado de jóvenes notables; de chiquillas de 16 años que se embarcan en un velero de diez metros para rodear el mundo y triunfar o morir. Son casos excepcionales, como los de otros, casi niños, que triunfan en competiciones deportivas. También lo es, excepcional, el caso de Rafita, aunque otro tipo de “excepcionalidad”. Lo triste es que son más los casos sangrientos que los heroicos, los protagonizados por críos de esta edad.

Delincuencia juvenil siempre ha habido, pero es verdad que en la última década se ha producido un extraordinario incremento, y no sólo en los delitos menores. La comisión de este tipo de delitos menores y su casi impunidad en la práctica deviene, en muchos casos, en una especie de “envalentonamiento” del delincuente, que le impulsa a aventurarse en asuntos mayores.

Pero no voy a hablar de los casos excepcionales, sino del comportamiento de nuestra juventud en general. Aunque sea un “topicazo”, es cierto que actúan de modo muy diferente al de mi generación (nací en el 48); de la misma manera que el comportamiento de mi generación era muy diferente al de la de nuestros padres. El entorno, el progreso social, las comunicaciones y la educación son los cuatro factores que, en mi opinión, afectan en mayor medida a las conductas. Si duda, cada uno es responsable de sus actos, pero si tanto influyen los elementos citados en las conductas individuales, ¿hasta qué punto son culpables los jóvenes de hoy de esas conductas “condenables” y hasta qué punto lo somos nosotros? ¿hasta qué punto lo fueron nuestros padres de sus guerras? 

Intentaré resumir en pocas líneas, reconozco que de manera excesivamente simplista, el entorno de cada una de estas tres generaciones de referencia.

NUESTROS PADRES

En la generación de nuestros padres, el entorno era de guerra, tanto en nuestro país como en Europa (del 36 al 45), precedido de convulsas situaciones políticas y seguido de las penurias de la posguerra. El progreso social, con tremendas desigualdades –tanto de género como de reparto de riqueza- inexistente; sin lo que hoy conocemos como “estado del bienestar”, con una industria sin desarrollar y la población dividida entre rural-urbana en lo económico y hombres-mujeres en los derechos sociales. Las comunicaciones estaban poco desarrolladas: tan sólo radio, algún periódico y censura, mucha censura. La educación era de posguerra y, como tal, diseñada por el bando vencedor.

En este entorno, la juventud dedicaba su esfuerzo a sobrevivir en lo físico y en lo económico. Poca energía quedaba para otras cosas. La vida se hace de puertas para adentro. Lo tuvieron difícil, realmente difícil.

NOSOTROS

En mi generación, la primera felizmente sin guerra después de siglos, el entorno se pacifica. La sociedad, en su conjunto, se dignifica; las desigualdades económicas se atenúan con el crecimiento de la industria y de la clase media. La televisión, la telefonía y los medios escritos mejoran la capacidad de comunicación y la educación se va modernizando poco a poco. Las universidades no están aún masificadas (sobre todo por la dificultad de acceso de gran parte de la población, especialmente la rural) y el acceso al mercado de trabajo es mucho más fácil para los jóvenes licenciados. Para redondear la situación, la dictadura “evoluciona”, rápidamente tras la muerte de Franco, a una moderna democracia.

La juventud de mi generación dedicó sus energías a vivir, a formarse con el debate y la lectura, y a trabajar en un entrono no opresivo. Mas facil que nuestros padres, menos difícil que nuestros hijos.

NUESTROS HIJOS

Algunos pueden pensar que la vida se ha facilitado mucho para la generación actual.  La sociedad se ha abierto (¿demasiado?). La educación ha evolucionado sin rumbo fijo, extraordinariamente influida por la política y los políticos. Hay una especie de carrera por ver quién descubre para los más jóvenes, para los niños, más derechos nuevos, más libertades no buscadas, más aprendizajes innecesarios. A ver quien da más. Es paradójico observar que a los 16 años no puden comprar tabaco ni cerveza, pero sí pueden abortar sin conocimiento de padres; que se prohiben (parece, según reciente propuesta) la venta de “bollitos y chuches” en escuelas, pero que se les enseña (y casi se les motiva) en webs oficiales a practicar sexo “homo” incluso a los que no lo son y a manejar mejor la mano o los aparatos en ejercicios de onanismo que todos aprendimos por nuestra cuenta; que se les enseña “ciudadanía” pero que se les proteje con desmesura ante una “cachetada” de su profesor o de su madre, incluso condenando a estos y aplicando medidas de alejamiento.

Hoy leen mucho menos de lo que lo hacía la generación anterior pero saben mucho más de la vida, aunque no estoy seguro de que sea la vida que les interesa. No hay barreras en la comunicación; Internet y las redes sociales han eliminado cualquier barrera pero les ha sometido a su dictadura: horas y horas ante la pantalla, sea de la TV o del PC. Su vida la pasan en su habitación de día y en la calle de noche. Disfrutan el presente pero les aterra el futuro porque, aunque les exigimos resultados académicos, les hemos cerrado las puertas al mercado de trabajo. No quieren ser como nosotros, igual que nosotros no quisimos ser como nuestros padres.

No, no parece que se les haya facilitado la vida. Más bien al contrario.

Esta generación dedica sus energías a vivir el presente, porque el futuro que les hemos dejado no lo ven……no lo quieren ver.

Quizá les hemos protegido demasiado de niños pero, demasiado pronto, les hemos considerado adultos sin haberles enseñado a serlo. Nos ha faltado energía para seguir formándoles.

Por eso, aunque el “Gaudeamus” tiene más de dos siglos, la primera estrofa que encabeza esta entrada parece escrita para ellos: “Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes“. Quizá más tarde no tengamos ocasión.

Como temía, no he dicho más que tópicos y quizá haya pecado de pesimismo. Sin duda, muchos jóvenes no se verán reflejados en estas reflexiones, como muchos de nosotros no vemos a nuestros hijos de esta manera pero, también sin duda, muchos otros sí.

Os dejo “Esos Locos Bajitos”, de Serrat.

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  1. 22 julio, 2010 en 1:01 PM

    Un placer conocer a quien, sin duda, a cultivado la semilla de la sabiduría en sus hijos. Yo solamente tengo el honor de conocer “virtual y telefónicamente” a uno: Jaime. Se nota de dónde viene. Ya lo creo.
    El contenido de este post es tremendamente aleccionador para aquellos que somos padres nóveles (bueno, no tanto ya, con tres Churumbeles)a los que nos aterroriza el no saber transmitir esos valores que consideramos esenciales para que sean “personas”. Por fortuna, no existen manuales sólo el sentido común y, sobre todo, rodearlos de un cariño sin igual (cariño no significa “malcriadez”).
    Con todo, si me lo permites (permíteme que te tutee), te transmitiré algunas consideraciones:
    1º.- He leído el post escuchando la BSO de Forrest Gump…lo recomiendo.
    2º.- Estudié Derecho y, de todas las asignaturas, la que más de decepcionó fue el Derecho Penal. ¿Por qué?. Sólo se tutelan y se hablan de tipos penales referentes al “chorizo”, “al actor”, al que “comete”, “al que por razón de cargo”…etc…en ningún sitio se hace mención del que sufre la violación de sus derechos. Y no me vale que el Estado tutele, que el Ordenamiento Jurídico tutele, ni todas esas pamplinas. En el caso del “fulano” este del “Rafita” es estremecedor: sin antecedentes, sin pena, sin castigo, sin ningún tipo de sanción, “por ser menor”. Cuando haces referencia a la “comisión de delitos menores”, yo lo cargo de cinismo, de estupefacción, de un Estado al que no ha sabido “compensar” a unos padres que han perdido a su hija y a una “disminuida psíquica” a la que todo el mundo olvidará. Qué pena y qué injusta y falta de epieiqueia que tiene nuestro Ordenamiento Jurídico.
    Como bien dices, los niños o jóvenes de hoy en día leen poco, pero saben mucho y se escudan en su condición de menores para cometer este tipo de atrocidades.
    2º.- Un aplauso gigante en cuanto a la reflexión sobre el tema de los !16 años¡. Edad en la que uno no puede comprar alcohol pero puede “abortar”. Qué gran paradoja.
    3º.- En cuanto a la juventud, prefiero considerar que “todas las juventudes tienen el deseo de vivir intensamente”. Sólo cuando la has disfrutado (en la medida que puedes o te dejan) puedes sentarte y reflexionar sobre lo que deseas a partir de ahora.
    4º.- El problema no es que no veamos el futuro, sino que, si es el que vemos, éste nos aterra. Nos movemos en un entorno de competencia brutal donde, desgraciadamente, se premia al mentecato y triunfa el “chorizo”. Para aquellos que nos mueven otro tipo de sinergias pues nos “jode”.
    Bueno, que no me enrollo más.
    Enhorabuena por estos posts.
    Aurelio.

    • 25 julio, 2010 en 11:08 PM

      Hola Aurelio
      Bienvenido. Gracias por tu comentario; y, sobre todo, por la introducción y la despedida.
      Denso comentario aunque, como nos pasa a todos, creo que generalizas situaciones extraordinarias. Felizmente no son abundantes los “rafitas”. En mi entrada pretendía precisamente, aunque la excusa me la da la noticia sobre él asesino, hablar de conductas o actitudes de generaciones, no de personas.
      El derecho penal trata de conductas, de actores y de penas porque ese es su objeto. No es su misión tratar de las víctimas, aunque sí lo es que reciban compensación, pero a través de la pena impuesta. La falta de epieikeia es más achacable a los que imparten justicia, e incluso a la sociedad política, que a los textos legales.
      Y, respecto del futuro que (os) viene, no me refiero a que no lo vean sino, como menciono tras los puntos suspensivos, a que ….no lo quieren ver. Como dices y como dije, el futuro que ven, el que hemos dejado, “aterra”.
      Sé que generalizo y que exagero, pero son reflexiones personales, y ahí, mientras no ofendas, todo cabe..
      Un abrazo

  2. Yuri
    22 julio, 2010 en 1:50 PM

    Ya me conoces, no me resisto a no dejar un comentario. En general estoy de acuerdo contigo pero quería añadir un par de cosas.

    Creo que has idealizado o simplificado tu generación un poquito… Te has olvidado que lo que tú explicas como “La juventud de mi generación dedicó sus energías a vivir…” algunos lo vieron como unas puertas abiertas al exceso. A sobrecompensar la austeridad de postguerra y la represión de influencia católica. Los 80 fueron la pera por usar una palabra suave. Y eso influyó mucho a la generación siguiente (los que ahora son padres de entre 30 y 40).

    Tú, con muchísimo respeto y cariño, no estás en edad de padre si no ya de abuelo. Con eso quiero decir que los que ahora llamas “nuestros hijos”, son el fruto de los que crecimos con padres treintañeros en los 70, 80 y 90 y vieron algunos de esos (vuestros) excesos.

    Yo creo que no se puede para nada echar la culpa de la situación de la juventud actual si no a sus padres, que son un poco más jóvenes que tú y un poco mayores que yo. Los que ahora tienen 40. Muchos una generación desencantada diría yo.

    Desde mi (quizás equivocada) opinión, lo que se ha perdido es el núcleo familiar. Al estar la economía tan mal, que los dos padres tienen que trabajar (bueno y por el feminismo que empujó a la mujer a TENER QUE tener una carrera profesional), los hijos han crecido casi solos.

    El internet, que es una maravilla en muchos sentidos, tiene un lado oscuro. El lado que permite acceso infinito a contenido basura no recomendable para la mente influenciable de los jóvenes. Y como no hay regulación y es difícil controlar el acceso y la calidad…

    También toda la violencia excesiva que se ve en películas, videojuegos y los noticieros. Me dirás que a nadie le impresiona ya una bomba, ver gente muerta, etc… Estamos insensibilizados.

    Lo que no hay son líderes de la juventud que valgan la pena. Eso es lo que falta, crear sueños. Muchos (no todos) de los jóvenes de hoy en día (hablo de entre 15 y 25 años) no tienen retos y
    no entienden lo que son las restricciones, el sacrifio o lo que realmente importa. Y como no tengas un hogar en el que te motiven, creo que es difícil que ellos se motiven solos.

    El otro día salí de copas un poco pronto. Flipé. Las niñas que rondaban los 17 iban casi desnudas. Está todo demasiado sexualizado. Pero cómo no va a estarlo? Tú compara tus ídolos musicales de los 70 con las Beyoncé, Shakira, Kylie, etc de ahora? los ídolos musicales eran ídolos porque cantaban BIEN. Los de ahora lo que prima es lo buenos que están.

    Vamos, que lo que yo creo es que se les ha robado la inocencia a través de los medios (televisión, películas, internet…) y que están desubicados. Porque son inmaduros en muchos aspectos pero en otros demasiado avanzados (la edad media de perder la virginidad hoy en día está en TRECE años!!!!!!!).

    Y que la culpa es de nosotros que somos mayores y hemos dejado que esto pase. Sobre protegerlos en tonterías como un cachete bien dado (muchos me han caído a mi y no tengo ningún trauma) y darles libertad en temas para los que no están preparados.

    Pero como me dijo un profesor ya fallecido: La juventud es como un péndulo, una generación es comedida y sensible, la siguiente es un desastre.. pero se compensa. Nosotros que somos más cabales y nos estamos dando cuenta de lo que está pasando, espero que les inculquemos a nuestros hijos el sentido común. Me aterra pensar que mis (futuros) hijos se vayan a comportar como los adolescentes que veo hoy en día. Pero los hijos de esos adolescentes serán otro desastre como ellos. Eso sí, conque los adolescentes de hoy no gobiernen.. me vale!

    • 25 julio, 2010 en 11:59 PM

      Caramba Yuri, que “pedazo” de comentario. A ver por donde empiezo.
      Empezaré diciendo que muchas de las cosas que dices las comparto, pero las entradas en el blog deben ser razonablemente concisas. Y, claro, hay muchas cosas que he dejado fuera. Por eso dices, con razón, que he simplificado; no solo en mi generación, sino en toda mi reflexión. Pero no estoy de acuerdo en que la haya idealizado. No, al menos en cuanto a nuestra actitud. Tuvimos las cosas mejor que la anterior y la siguiente y lo aprovechamos. No fue nuestro mérito, fue nuestra ventaja.
      Los 70 fueron estupendos, intensos, mejor que los 80. No se que edad tienes, pero yo los viví. Pasaron muchas cosas y casi todas transcendentes. Y los movimientos sociales muy creativos. No hubo excesos, o no demasiados.
      En fin, a lo mejor es pura presunción mía.
      Tengo edad de abuelo y de hecho lo soy, no tienes que excusarte, pero a bisabuelo aún no llego. Es decir, que entre el 70 y el 80, mis hijos tenían un padre de 22 y 32 años, respectivamente (con “respectivamente” me refiero a las décadas, no a los hijos), lo que tu llamas padres “treintañeros”. De mis nietos, “fruto de mis hijos”, de 12 y 5 años, solo espero que tengan vida feliz, pero no los considero pertenecientes a la generación que llamo “nuestros hijos”. Pero en fin, cada uno tiene que tener sus referencias y me temo que al hablar de generaciones lo he hecho con referencia a la mía: mis padres, con 92, yo 62 y mis hijos 22 a 41. Y con cierta elasticidad la de mis hijos la extiendo media docena de años, digamos hasta los 15-16.
      Y, Yuri, si lees “con despacio” mi post, verás que no echo la culpa a tu generación, sino más bien a la mía.
      En todo lo que dices después, estoy muy de acuerdo.
      Y los cantantes de “mi generación” y de la anterior, muchos de los cuales tienen cabida en este blog, además de cantar bien contaban cosas. En alguna entrada dije que “el tango es un pensamiento que se baila”. También dijo Ray Charles que todas las canciones de country y de gospel cuentan historias.
      Pero Yuri, no me negarás que muchas eran tambien guapas: Emmilou Harris, Tina Turner, Nina (la de Nina&Frederick) y muchas otras. Y uno de los tipos más guaperas del mundo de la canción es Harry Belafonte. Sí, el de los Calypsos.
      Algún día pondré música de estos.
      Gracias por tus comentarios
      Un abrazo

  3. chiky
    23 julio, 2010 en 3:06 PM

    Yo creo que cada uno recordará con cariño la genereción en q

    A mi por ejemplo me gustaban las cosas que decía y como las decía Janis Joplin

    McGee. Freedom is just another word for nothing left to lose,
    Nothing don’t mean nothing honey if it ain’t free, now now.
    And feeling good was easy, Lord, when he sang the blues,
    You know feeling good was good enough for me,
    Good enough for me and my Bobby

  4. chiky
    23 julio, 2010 en 3:32 PM

    se me corto…..

    “…..en que le tocó vivir”

    El escritor Jose Luis Sampedro que ya tiene un horizonte lejano decía que lo que más le impresionó del siglo XX es la estupidez y brutalidad humanas, sin embargo recordaba con cariñp los años 1935-45, aunque con amargura por haber tenido que emigrar por la guerra.

    Chiky

    • 26 julio, 2010 en 12:52 AM

      Hola Chiky
      Estoy de acuerdo. Cada uno ha sido feliz en su momento. Los viejos pueden analizar su vida, casi entera; su futuro está en sus creencias. Tu y yo, lo que hemos vivido, que es más de lo que nos queda. Y lo hemos pasado bien. Los chavales de ahora lo han pasado y lo estan pasando bien; costumbres distintas, diferente entorno y otra manera de ser felices. Pero recordarán su niñez y su juventud con cariño.
      Mi duda, y creo que su duda, está en el futuro. Que, para ellos, es aún muy largo.
      “No hay nadie que, al menos durante un minuto de su vida, no haya sido el hombre más feliz del mundo”.
      “No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”
      Estos dos pensamientos, que una persona (muy querida para mí) que lee este blog pero que -aún- no hace comentarios, identificará en seguida, dicen de otra manera lo que quiere expresar Sampedro. Siempre hay algo por lo que estar orgulloso; siempre hay algo que te ha hecho feliz.
      Janis Joplin, igual que Jimmy Hendrix son dos víctimas (casi gemelas en edad, actividad, estilo y muerte) de los excesos de los 70 a que Yuri se refería en su comentario. Ambos, magnificos soul singers, murieron de sobredosis en el 70. Una con 27 y otro con 28 años.
      Un abrazo

  5. Nabokov
    29 julio, 2010 en 2:38 PM

    Creo que olvidas que esta generación es la primera que no tiene uno de sus progenitores dedicado en exclusiva a ellos; la de los padres cansados de trbajar que no quieren dedicar la media hora que tienen de estar con sus hijos a pelear para educarles, corregirles y encaminarles. Creo que es la generación con los padres más egoistas que se ha conocido hasta ahora y que intentan corregir su falta de entrega con permisividad, complacencia y alta financiación. Antes con un sueldo vivía dos padres y cuatro hijos. Ahora con dos sueldos viven los padres con un hijo único.

    Si además añades la creciente estupidez social, que tan bien reflejas en tus ejemplos (no pueden fumar pero sí abortar, no pueden ver una corrida de toros pero sí una masacre en el telediario), los pobres bastante bien están saliendo.

    No procede culpar a los jóvenes, sino a los que tan mal les hemos educado.

    • 29 julio, 2010 en 8:33 PM

      Hola de nuevo Nabokov
      He olvidado, o he omitido, muchas cosas; no se puede -o no he sabido- incluir en una entrada todo lo que afecta. Lo que mencionas en tu comentario es cierto. Todo interactúa: el “pasotismo” y falta de tiempo y energía de los padres, todo este elenco de “nuevos derechos” que los chavales aprovechan, la dificultad en entrar al mercado laboral, la influencia tremenda de la TV -de una TV cutre, violenta y chabacana- que ha suplido cuanquier otra fuente de “aprendizaje”.
      Y de todo eso, como dejo entrever en mi entrada, no tienen ellos la culpa. Ellos tienen la suya, no la nuestra.

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