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EL PRECIO DE LA DIGNIDAD (2)

Ingrid Betancourt (1961), política Colombiana, luchadora por la libertad y contra la corrupción, candidata la Presidencia colombiana en las elecciones de 2002 y secuestrada en ese mismo año por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) cuando iniciaba conversaciones para conseguir la paz con este movimiento revolucionario-terrorista.

Seis años y medio duró su secuestro en la selva colombiana. Durante este periodo, tuvo el apoyo, la solidaridad y el respeto de políticos, medios y sociedad. Hace un par de años, en julio de 2008, el ejército colombiano logró su liberación, lo que significó un triunfo no sólo para ella, sino para todo el país y, en especial, para su presidente Alvaro Uribe.

El respeto que la sociedad internacional sentía por Ingrid motivó la concesión de importantísimos premios y honores internacionales: Legión de Honor de la República Francesa, propuesta para el Premio Nobel de la Paz y el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, entre otras distinciones.

Todos nos alegramos de su liberación, a pesar de que algunos medios comentaron que había algo de teatro en la Operación Jaque; que el escenario y la posterior aparición ante los medios distaba de ser espontánea. Más de seis años de duro secuestro y la leyenda que se había forjado en torno a ella, además de su indudable belleza y aparente simpatía, alimentaban esa alegría que todos, de buena fe, sentimos.

Hoy, todo ha cambiado para Ingrid y un ídolo de barro ha vuelto a caer en pedazos.

Ingrid Betancourt ha decidido vender su honor y su dignidad por un puñado de dólares. Tanto da cual sea la cantidad, diez o cien, o si es cantidad cierta o simplemente, como en este caso, expectativa de recibirla tras el juicio que seguiría a su demanda ante el Estado Colombiano. Porque Ingrid, volviendo la espalda a quienes creyeron en ella, a quienes ella creyó los suyos y que efectivamente lo fueron mientras la dignidad duró, ha decidido demandar al Estado Colombiano y exigirle una indemnización que compensara las penurias y el tiempo del secuestro.

Y da lo mismo, absolutamente lo mismo, que haya decidido retirar la demanda. Y no hacen al caso las presiones que haya tenido para hacerlo. La dignidad no se pierde por un tiempo y luego se recupera; quien la rinde o la vende, la pierde para siempre.

Ingrid, nos has traicionado a todos; incluso a quienes, como yo, solo supimos de ti tangencialmente y solo nos interesamos por tu caso cuando se hizo famoso.

Te mereces, como nunca nadie se ha merecido una canción, la que hoy traigo al blog.
Su título: Respirando Dignidad
Su autor e intérprete: Julián Conrado.

Y ¿quién es Julián Conrado? Nada menos que un trovador colombiano, guerrillero “fariano”, de las FARC y seudónimo de Guillermo Torres. Tu secuestrador. Julián murió en marzo de 2008. No en revuelta guerrillera, sino por causas naturales.

Te mereces esta paradoja: que el guerrillero secuestrador dedique, por mi intermediación y a título póstumo, esta canción “Respirando Dignidad”, a la innoble e indigna Premio Príncipe de Asturias y Caballero de la Legión de Honor, Ingrid Betancourt.

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