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HEROES Y VILLANOS

Hoy tampoco toca política. Hablaré de comportamientos humanos, de miserias y grandezas; de dignidad y de coraje. Hace unas semanas publicaba un “post”: “Tres Noticias, Tres Ejemplos” en el que refería tres ejemplos de superación, dignidad y coraje, de tres personas totalmente diferentes unas de otras y en situaciones que nada tenían que ver unas con otras. Hace sólo unos días publicaba otro: “Jessica Watson, Olé”, sobre la impresionante hazaña de una chiquilla de 16 años que ha circumnavegado el globo en solitario.

Esta entrada de hoy tiene que ver con las dos referidas. Con la primera, porque se trata de tres comportamientos humanos muy notables, aunque los tres sucedidos con ocasión de un mismo acontecimiento. Con la segunda, porque ese evento al que me refiero era, también, una circumnavegación  en solitario: La Golden Globe Race, antecedente de las míticas BOC Challenge, posteriormente  Velux 5 Oceans y la Vendée Globe.

La historia me la cuenta, yo no conocía los detalles, un buen amigo y buen marino y navegante, además de “recordman” de cruce a nado del estrecho de Gibraltar en mayores de 50 años. Algunos de los que lean esto le identificarán sin demora.

La historia se enmarca en la Golden Globe Race, vuelta al mundo a vela y en solitario; en su edición de 1968. Al contrario que en otras competiciones similares, en esta aventura no se requería, para tomar parte en ella, historial de experto navegante. Esto permitió que además de la crème de la créme de la época, Sir Francis Chichester, Robin Knox-Johnston, Bernard Moitessier, Nigel Tetley y otros, se inscribiera algún neófito con ganas de fama y de triunfo. Este fue el entonces desconocido en el mundo de la vela, aunque navegante amateur, Donald Crowhurst, de 36 años de edad.

Donald construyo para la aventura un trimarán, el Teignmouth Electron, de 40 pies (12 metros), algo novedoso en la época, y mucho más inseguro que los monocascos. Con la premura de tiempo, no pudo completar todo el equipo de seguridad que ideó para compensar tal inseguridad. Tomó la salida con precipitación el último día del plazo permitido, el 31 de octubre de 1968.

Los problemas comenzaron pronto. Durante las primeras semanas la distancia navegada era muy inferior a la planeada y, lo que es peor, con parte del equipo de seguridad sin equipar, la navegación por los mares del sur, por latitudes  “roaring forties” (los “40 rugientes”, como llaman a las latitudes entre los 40º y 50º sur*) suponía un serio riesgo para su vida. Ante esta situación las alternativas eran: la retirada, arruinado y humillado, o continuar la carrera, seguro de su derrota y con riesgo para su vida.

No tomó ninguna de las dos. Adoptó la peor. Convencido de que los adelantos de la época dificultarían el descubrimiento de la trampa, optó por mantenerse navegando por la zona del atlántico sur durante unos cuantos meses, mientras el resto de la flota continuaba la circumnavegación, con la idea de reincorporarse a la competición y “llegar” a la meta en último lugar. Llegando el último no pensaba que nadie fuera a comprobar el rumbo por él seguido. Mientras tanto, iría reportando posiciones falsas. Tan falsas que hubo ocasiones en las que, por los reportes de la organización, el mundo casi le aclamaba ya como virtual campeón.

La competición la ganó Robin Knox-Johnston. Cuando llegó a meta, la organización todavía pensaba que Donald quedaría segundo (y quizá primero una vez computada la diferencia en los días de salida de cada uno).

Pero, finalmente, Donald Crowhurst no ganó. Perdió; perdió la dignidad y la vida. Enloquecido probablemente por el mundo de falsedad que a su alrededor había creado (un navegante solitario, sólo en un entorno hostil durante muchos meses,  se tiene nada mas que a sí mismo y a su imaginación) y aterrorizado ante la perspectiva de dar la cara ante el mundo, decidió saltar por la borda y acabar con todo. Sucedió el 1 de julio de 1969.

Es la historia de un comportamiento indigno al que, quizá, un rasgo final de dignidad  o de cobardía, quién sabe lo que él sintió, puso fin.

Las otras dos conductas a que me refería al principio:

–         Robin Knox-Johnston, ganador de la competición, donó su premio (el equivalente de unos 70 mil euros de hoy) a la viuda e hijo de Crowhurst. Donó el premio pero mantuvo la gloria.

–         Bernard Moitessier, que iba en segunda posición tras Robin decidió sorpresivamente, después de casi seis meses de navegación y con el Cabo de Hornos ya superado y encarando el atlántico en la “recta” final hacia meta, abandonar la carrera para continuar dando otra vuelta al mundo, en solitario pero no en competición. Renunció a la gloria por “su” gloria.

 Agradezco a mi amigo marino que me haya facilitado esta historia, que habla del comportamiento humano ante la adversidad y de la que podemos tomar interesantes lecciones en estos´tiempos confusos.

* Por debajo de esas latitudes se “denominan” a efectos de navegación, los “furious fifties” y los “shrieking –aullantes- sixties”

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  1. Lolita
    24 mayo, 2010 en 11:39 PM

    Ésto me recuerda a lo mismo que se planteaba Hamlet:

    “Ser o no ser, esa es la cuestión:
    si es más noble para el alma soportar
    las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
    o armarse contra un mar de adversidades
    y darles fin en el encuentro.”

    Sin duda Lolita opta siempre por “armarse contra un mar de adversidades” y admira a aquel que renunció a la gloria “por su gloria”, porque no tiene nada que demostrar a nadie,porque cree en sí mismo, esa es la humildad de los genios.

    Gracias marino, es una bonita historia la que a través de Jaime compartes y que demuestra que la honradez es lo que da paz al alma, a uno mismo.

    Lolita.

    • 24 mayo, 2010 en 11:49 PM

      Me alegro de que te haya gustado Lolita.
      Ya contaré otras historias, que la política nos agobia demasiado

  2. El Corsario
    25 mayo, 2010 en 1:56 AM

    Preciosa historia llena de ternura.

    Había oido hablar de la épica regata del 68 pero no conocia los detalles del drama humano de Donald Crow.

    Estoy con Lolita sobre la renuncia a la Gloria y el dinero de Moitessier “por su gloría”, creo que iba el primero con ventaja porque fué un viaje con salidas escalonadas, es muy poetico, por no hablar de la generosidad de Robin K., al donar su premio a la familia de DC, dice mucho de la solidaridad de los navegantes de aquellos tiempos.

    Slds
    El Corsario

    • 25 mayo, 2010 en 11:33 PM

      Buena música Corsario. Al final, entre todos haremos una buena biblioteca musical y,quizá, de bonitas historias que pasaron desapercibidas.

  3. Lolita
    26 mayo, 2010 en 12:42 PM

    Corsario, no me preguntes el motivo porque posiblemente no te conozca de nada pero viendo tus comentarios, “te pega” escuchar a Bruce.Y ahora se me ocurre: “Hungry heart”.

    Lolita.

  4. El Corsario
    26 mayo, 2010 en 10:33 PM

    Todos tenemos algo de Hungry Hearts y todas teneis algo de Lolitas pícaras, ahora se me ocurre: “My Name is Lolita”.. pour toi

    Slds
    El Corsario

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